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martes, 31 de enero de 2017

Los últimos de Filipinas

«Los últimos de Filipinas», la original, dirigida en 1945 por Antonio Román, con un gran elenco de actores, es una bella película, de factura impecable, que está por lo menos a la altura de las grandes superproducciones estadounidenses de la época.

Sirve como antídoto contra la pésima película del mismo título dirigida por Salvador Calvo en 2016, film ridículo y panfletario, contra España y de espaldas a la historia. Apoyado y subvencionado, por supuesto, por el Gobierno del PP y por los grandes consorcios mediáticos.

Tomado de la Agencia FARO



LOS SOLDADOS DE BALER

No decimos los héroes, á cosa hecha. Soldados eran cuando se defendieron como tales; soldados duros, inconmovibles ante el empuje del enemigo; soldados en toda la extensión de la palabra; soldados como lo fueron todos los españoles mandados por jefes como don Juan de Austria, Roger de Lauria, Gonzalo de Córdova, el duque de Alba, Reding, Álvarez, el Empecinado y Mina.

Soldados que creían en la honra nacional, cuando aguantaron asedio estrechísimo, cuando se defendieron, en tanto que los otros capitulaban; soldados de verdad; pues, sin esperar ajeno auxilio, abandonados de todos, menos de la fe que alentaba en sus corazones, supieron demostrar que el indomable espíritu que anima nuestra raza, dormita tal vez unos momentos, pero no se extingue, no muere, no acaba.

Miente ó se engaña quien afirma que el espíritu no doma ni moldea la carne. Hemos visto en Francia, los últimos supervivientes de la famosa carga de Reichschoffen; hemos visto en España, al héroe de las Tunas, á los voluntarios catalanes que combatieron en Tetuán y en Wad-Ras á las órdenes de Prim. Sobre todas aquellas caras bronceadas, fulguraba y fulgura una luz que no ilumina las facciones de los demás soldados. Los cuerpos se yerguen con mayor gallardía, las frentes se levantan con mayor dignidad. Es que todos aquellos hombres han recibido el bautismo de gloria; es que todos han visto la muerte cara á cara. Y así como el fuego deja una marca indeleble sobre cuanto toca, así también la gloria y la muerte imprimen un indeleble sello sobre sus elegidos.




Ved sus rostros morenos, curtidos por la intemperie, atezados por la flameante hoguera del sol de los trópicos; ved su continente marcial, la firmeza de sus movimientos, la rapidez y energía del gesto, la mirada fija, serena, dura, sostenida; esa mirada que doma á los felinos, que hace retroceder á los otros hombres; ved la inmovilidad de las facciones, petrificadas por el peligro continuo; mirad uno por uno á esos hombres, y, al advertir su continente reposado y decidido á un tiempo, su apostura gallarda, os explicaréis su conducta heróica, diréis: «Esos son los héroes de Baler; esos, esos solamente son los soldados de España.»

Merced á su titánico arrojo, nuestro pabellón ondeaba aún en Filipinas once meses después de haber capitulado Manila.

Sitiados por los tagalos en Baler, pueblecillo en la costa oriental de la Isla de Luzón, resistieron cerca de un año, desde el convento que les servía de fuerte, las agresiones constantes de sus feroces enemigos; y sólo cuando, faltos de salud, víveres y municiones, se vieron imposibilitados en absoluto de defenderse, aceptaron una capitulación gloriosa, con todos los honores de guerra. Una escolta de honor, formada por sus mismos contrarios, les acompañó hasta las puertas de la capital, en donde fueron recibidos por los victoriosos yankees con vítores y palmas.

Cuando todos los muros se cuartean, cuando todo se hunde, cuando la desolación y la ruina anonadan todo lo fuerte y todo lo inconmovible, saludemos con respeto, con religioso respeto, á ese puñado de valientes que quizá algún día se convierta en legión; descubrámonos á su paso, y digamos una vez más, con entusiasmo, con orgullo: «¡Estos son los soldados de España! ¡estos son hombres!»

ÁLBUM SALÓN (Barcelona, 1.º de marzo de 1899)

domingo, 29 de enero de 2017

Historia de la prensa carlista

Hoy, día de San Francisco de Sales, Patrón celestial de los periodistas católicos, queremos acordarnos de todos los periodistas tradicionalistas de los siglos XIX y XX que pusieron sus plumas al servicio de Dios y de la Patria y dedicaron sus mayores esfuerzos y sus propias vidas al Ideal imborrable de la Tradición española, Tradición inmortal que los irreductibles de la Causa tres veces santa, como buenos hijos de la Iglesia y de España, seguimos defendiendo y defenderemos siempre a toda costa. Con su sacrificio en mente, reproducimos un artículo de Claro Abánades sobre la prensa tradicionalista aparecido en El Siglo Futuro en abril de 1935.

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia,
Patrón de los periodistas católicos

PRENSA TRADICIONALISTA

El Liberalismo entró en España en el siglo XVIII. Se le abrieron las fronteras y se introdujo en la política, en el campo, en las ciudades, en los hogares. Llevó la discordia a las familias. Sembró la cizaña en el pueblo. La paz, la fraternidad, el amor a la Patria, el apego a la Religión fueron faltando. España cayó en su mayor postración. Faltaban alientos, porque mató el error el fuego de las esperanzas y el consuelo de la fe. Quedó un grupo de hombres a quien no se le pudo arrancar ni la fe en los destinos de la Patria, ni la esperanza en el triunfo. Malandrines de la moral, renegados de su
Dios, asaltantes de alcázares y templos, saqueadores de honras, echaron, con su baba inmunda, una mancha a la gloriosa historia de un pueblo, que causó envidia y admiración al mundo.

Pero todo pasa ante la Verdad. Despojos, ruinas, escombros, miserias, fango, inmundicias, hojas secas que el viento distribuye por todas partes. Todo pasa. Y lo que no, ya pasará. Los tiempos se suceden. Las lecciones de la Historia muéstranse con singular elocuencia.

Se atacó a la Tradición, y la Tradición, con su vejez, con sus arrugas venerables, levanta su voz, y ostentando su estandarte dice a las generaciones:

—Soy inmortal. No muero nunca, Porque, si muriera, el Progreso caería herido de muerte. Yo sostengo en el rescoldo de la hoguera de las Revoluciones el hálito de vida de los pueblos. Entre el polvo de los castillos, entre las piedras calcinadas de los templos incendiados, entre el estrago de las falsas doctrinas, soy como el Fénix. Sin mi, la Civilización perecería. Sin mi espíritu no habría más que escorias muertas. Anciana soy, como una de las primeras obras de la Creación. Pero soy necesaria, porque soy la única destinada por Dios a dar juventud eterna a la obra de los hombres.

Así habla la Tradición a esta generación, del mismo modo que habló a las anteriores, de la misma manera como hablará a las venideras. Inmutable, seguirá desplegando sus banderas por los siglos de los siglos. Y triunfará y acabará por ser vencedora en las lides de la inteligencia y de la política, de la guerra y de la paz.

Para ello se ha servido de sus hombres, de los que nunca claudicaron entre los halagos del error. Para ello ha tenido en sus filas un ejército de abnegados, de mártires, de sabios y de santos. Para ello se esgrimió la espada. Para ello ha contado con quienes han movido su pluma defendiendo nobles ideales. Espadas sostenidas por manos en las que se reflejaban los latidos de un corazón generoso. Plumas que vertían por sus puntos esencias de verdades salvadoras.

Judíos, liberales, masones, regalistas, herejes, hombres sin Dios, incendiarios de iglesias, desamortizadores, volterianos, todos ellos volcaron sus odios, sus malas pasiones sobre los defensores de la Tradición en España. Pero éstos han sabido defender sus ideales en la plaza, en el Parlamento, en el campo de batalla y con sus denodados campeones de la Prensa. Prueba de ello es este SIGLO FUTURO, en el que se han sostenido batallas difíciles, logrando triunfos que pasarán a la historia, en la que puede figurar, señalado con piedra blanca, el de hoy, en que sale remozado, con todos los adelantos modernos, dispuesto a continuar luchando por Dios, la Patria y el Rey.



Ahí va una relación incompleta de los periódicos tradicionalistas de que tenemos noticia, en los que fueron propugnadas las redentoras doctrinas de nuestra Comunión: El Pensamiento de la Nación, de Madrid, fundado por Balmes en 1845. Su sabio fundador se propuso dar fin al pleito dinástico manteniendo la idea de casar a Doña Isabel con su Augusto primo Don Carlos Luis de Borbón y de Braganza.

La Reconquista, de Madrid. Fue su director Melgar, hacia el año 1868, en la época de la revolución que destronó a Doña Isabel.

El Pensamiento Español. Le dio vida el insigne novelista Navarro Villoslada, que aparecía ya como director del mismo en 1858. Se publicaba todavía, en los primeros meses de la guerra carlista que se inició el 1872, y los comentarios que hacía de las noticias del teatro de operaciones desconcertaban a la Prensa liberal. Este diario tuvo su segunda época en 1919, inspirado por el gran Mella y dirigido por Miguel Peñaflor.

El Padre Cobos, periódico satírico, muy difundido en España y codiciado en el extranjero en los años de su publicación (1854 a 1856). Entre sus redactores figuraron don Cándido Nocedal, Navarro Villoslada y Selgas.

La Regeneración, diario que llegó a dirigir, por el año 1870, don Antonio Aparisi Guijarro.

La Esperanza. Luchador infatigable del Tradicionalismo en los años que precedieron a la revolución septembrina. Fue suspendido, como toda la Prensa carlista, durante la guerra del 72 al 76. Don Pedro de la Hoz [lo fundó] para mantener la fe y el entusiasmo de los que [después de la Primera Guerra Carlista] se conservaron fieles a la Causa, para educar políticamente a la generación nueva y para convencer a los que hablan abrazado las ideas liberales del error que padecieron. Colaboraron Melgar, el conde del Pinar, don Juan Antonio Vildósola y otros cultísimos correligionarios.

La Restauración, periódico en el que Aparisi ostentó en sus artículos su indomable carácter y su amor a la Religión y a los principios que eran firmes cimientos de la sociedad española.

El Pensamiento de Valencia, diario dirigido también por Aparisi, y en el que colaboraron don León Galindo de Vera, el conde de Caltavulturo, don José Royo y «Fernán Caballero».

La Libertad Cristiana, que apareció al ser destronada. Doña Isabel, y en el que mostró las galas de su pluma y su fe en el Tradicionalismo el conde de Orgaz, presidente que fue del Centro parlamentario carlista en 1871 y 1872.

La Perseverancia, fundado en Zaragoza por don Bienvenido Comín hacia 1867.

El Legitimista Español, en el que en los días de la revolución de 1869 sostuvo brillante campaña de propaganda católico-monárquica don Cruz Ochoa y Zabalegui, uno de los mejores oradores en las Cortes de 1869 a 1873.

La Unidad. Diario que se publicaba en Oviedo en 1869, dirigido por don Guillermo Estrada, uno de los prohombres de la Comunión Tradicionalista, que, en la Prensa y en el Parlamento, llenó muchas páginas de su historia.

Altar y Trono. Revista de Madrid, fundada por don Antonio Juan de Vildósola en los años anteriores a la última guerra carlista, y en la que colaboró Melgar.

La Convicción, [fundado en Barcelona por Luis María de Llauder en 1870].

El Cuartel Real, órgano oficial del Carlismo de 1872 a 1876. Lo dirigió don Salvador Morales. Publicaba los partes oficiales de la guerra, principalmente de la campaña del Norte, y las Reales Ordenes y disposiciones de Don Carlos y de su Gobierno.

La Fe, periódico muy leído en toda España, después de la guerra, por ser el diario oficial de la Comunión Católico-monárquica. Fué dirigido por don Vicente de la Hoz y de Liniers y por Vildósola.

El Estandarte Real.— Ilustración político-militar (1889-90). Director, Francisco de Paula Oller. Se publicaba con preciosos fotograbados y dibujos de los mejores artistas.

El Correo Español.— Después de La Fe fue el portavoz del Augusto Caudillo Don Carlos de Borbón y Austria de Este. Sus directores fueron en distintas ocasiones don Luis María de Llauder, don Leandro Herrero, don Juan Vázquez de Mella, don Benigno Bolaños («Eneas»), don Salvador Morales y don Miguel Fernández («Peñaflor»).

EL SIGLO FUTURO.— De su larga historia y de las campañas que se dispone a realizar nada debemos decir. Hoy aparece remozado, y quiera Dios que sea el denodado campeón que pregone el triunfo definitivo de nuestra Causa en plazo brevísimo.

Desde la Restauración a nuestros días han sido muchos los diarios, semanarios y revistas que en distintas poblaciones, han visto la luz para formar en el disciplinado ejército del periodismo tradicionalista.

Recordamos los Siguientes:

El Papelito, de Madrid; El Intransigente, de Zaragoza; El Almogávar Leridano; El Pensamiento Galaico, diario de Santiago; El Amigo del Pueblo, de Barcelona; El Restaurador, de Tortosa; La Cruz, de Madrid, revista;  La Voz de Vizcaya, de Bilbao; Biblioteca Popular Carlista, de Barcelona; El Legitimista Español, de Buenos Aires; El Estandarte Católico, de santiago de Chile; El Centinela, de Burgos; El Pilar, de Zaragoza; El Intransigente, de Madrid; La Hormiga de Oro, de Barcelona, revista ilustrada; El Deber, de Olot: El Vigía de la Torre, de Molina de Aragón; El Criterio Católico, de Barcelona, diario; La Gacetilla, de Madrid; España, de Buenos Aires; Lo Crit de la Patria, Lo Crit d'Espanya y La Carcajada, de Barcelona; La Verdad, de Santander; El Basco, de Bilbao; El Correo de Guipúzcoa, de San Sebastián; El Loredán y La Avanzada, de Barcelona; El Correo de Tortosa; El Centro, de Valencia; La Bandera Española, de Córdoba; El Obrero, de Granada; El Alavés, de Vitoria; El Radical, de Sevilla; La Lucha, de Valencia; El Rigoleto, de Madrid; Ausetania, de Vich; La Bandera Regional, de Barcelona; Lau-Caru, de Bilbao; El Combate, de Jaén; El Libertador, de Úbeda; Laurac-bat y Betit-bat, de Bilbao; El Norte Andaluz, de Jaén; El Correo de la Provincia, de Tarragona; La Comarca Leal, de Vich; El Nuevo Cruzado, de Barcelona; La Lealtad Navarra, de Pamplona; Juventud Carlista, de Madrid.

En 1912 fundó el que esto escribe, en compañía de beneméritos escritores de la Comunión, El Combate, del que no se publicó más que un número porque dificultades legales no lo consintieron. En sustitución apareció un semanario ilustrado que mereció por el Augusto Caudillo de la Tradición ser declarado órgano de nuestras Juventudes. La nueva publicación fue Juventud Tradicionalista. Con ella se consiguieron magníficos éxitos, y gracias a ella y a los que la redactábamos se organizaron grandiosos actos de propaganda en Madrid y en algunas ciudades y pueblos de Castilla. A la sazón había en España, entre otros, los siguientes periódicos, defensores de nuestro Credo:

DIARIOS: El Correo Español, Madrid; El Correo Catalán, Barcelona; Diario de Valencia; El Correo del Norte, San Sebastián; El Correo de Zamora; El Pensamiento Navarro, Pamplona; El Salmantino, Salamanca; El Correo de Galicia, Santiago; El Correo Leridano; El Norte, Gerona; El Principado, Gijón.

BISEMANARIOS: El Restaurador, Vigo.

SEMANARIOS: La Voz de la Tradición, Barcelona; Aurrerá, Bilbao; El Tesón Aragonés, Zaragoza; La Bandera Regional, Barcelona; El Jaimista, Vitoria; El Cruzado, Mondoñedo; El Cruzado de Castilla, Palencia; El Radical, Marchena; La Verdad, Granada; La Defensa, Elche; El Radical, Orense; El Maestrazgo, Castellón; La Reconoquista, Tarragona; El Castell Bergadá, Berga; Ausetania, Vich; El Porvenir, Toledo; La Defensa, Gerona; El Radical, Reus: La Tradición, Tortosa; El Requeté, Coruña; Lealtad Riojana, Haro; Tierra Hidalga, Burgos; El Conquistador, Orihuela.

MENSUAL: Vademécum del Jaimista, Barcelona; España, Buenos Aires.

Esta es, en síntesis, la relación de los luchadores de la Prensa. Periódicos todos de limpia historia, enemigos de campañas innobles, campeones de la verdadera libertad, francos, leales a sus principios, incapaces de venderse al oro liberal. Y como los periódicos, los periodistas.

La Tradición es una cantera inagotable. Sus materiales son de la roca viva de la Verdad y de la Historia, Los artífices, los que trabajan esos materiales, han sido y son los mantenedores de la Justicia, los que han consagrado vigilias y vigilias a mojar su pluma en el sacrificio, sin importarles las persecuciones, multas, cárceles, destierros. Han vivido en pleno ambiente de oposición. No han buscado destinos ni han querido prosperar en un régimen liberal, ni han pretendido sinecuras. La mayor parte murieron como buenos soldados, al pie de su trinchera, como si la pluma fuera el cañón que les defendiera de sus adversarlos.

Balmes, Donoso, Vildósola, Navarro Villoslada, La Hoz, Herrero, Bolaños, los Nocedales, Mella, Melgar, Selgas, Aparisi y Guijarro, «Fernán Caballero», Pereda, Cruz Ochoa, Estrada, Morales, Sánchez Asensio, Botella, «Peñaflor», Yáñez... Esos nombres son bastantes para acreditar la limpia historia del periodismo tradicionalista. Los más murieron pobres. Todos ellos acabaron su vida con la satisfacción del deber cumplido para con su Dios y para con su España.

Dejaron una estela de glorias. Sembraron el campo de la política de buenas semillas. Y el fruto no se hará esperar.

Otros más, muchos más ocupan hoy puestos en las avanzadas de la Prensa católico-monárquica. Sabrán imitar las virtudes y procurarán seguir las enseñanzas de los maestros. Porque «per in secula seculorum» y en el entender de que ¡Dios no muere!, los nuevos cruzados del pensamiento español continuarán manejando sus plumas, a la vez que nuestros grandes oradores convencerán a las multitudes de que ni la Religión ni la Patria se pueden salvar si no nos colocamos todos bajo los pliegues de la redentora bandera de la Tradición.

CLARO ABÁNADES

El Siglo Futuro (22 de abril de 1935)

Don Claro Abánades (1879 - 1974)

Después del artículo de Abánades, las posteriores páginas de El Siglo Futuro describen la trayectoria de los siguientes periódicos tradicionalistas activos en 1935:

El Pensamiento Navarro, de Pamplona; El Pensamiento Alavés, de Vitoria; El Correo Catalán, de Barcelona; La Unión, de Sevilla; La Constancia, de San Sebastián; La Croada, de Barcelona; Frohsdorf, de Barcelona; Lealtad Riojana, de Logroño; El Correo de Tortosa; Diario de Jerez; Eco de Jaén; Tradición, de Santander; Tradición Astur, de Gijón; Mi lectura, de Tolosa; Boletín de orientación tradicionalista; La Independencia, de Almería; Seny, de Manresa; Patria, de Villacarrillo; Ausetania, de Vic; España, de Las Palmas; La Tradición, de Tortosa; a.e.t., de Pamplona; Espanya Federal, de San Feliu de Llobregat; Rubricata, de Olesa de Montserrat; El lunes, de Zaragoza; El Tradicionalista, de Valencia; Joventut, de Valls; Terra Ferma, de Lérida; Boinas Rojas, de Aguilar de la Frontera.

Véase también nuestra relación de periódicos carlistas digitalizados y la obra Apuntes bibliográficos de la Prensa Carlista (1917), de José Navarro Cabanes.

jueves, 26 de enero de 2017

El efecto Trump


 
En la historia de los grandes imperios de la Antigüedad podemos encontrar varias circunstancias que coinciden en sus caídas: crisis económicas, cambios climáticos, problemas políticos y sociales y llegada de nuevos pueblos en calidad de inmigrantes, invasores e incluso ambos. Estas circunstancias no son aisladas: el cambio climático suele implicar desplazamientos en masa y grandes perjuicios económicos que ocasionan conflictos sociales y políticos, a menudo agravadas por la llegada de pueblos extranjeros que aumentan la tensión social. 

No hace falta tener mucha imaginación para ver una relación entre estos factores y la situación actual: la Crisis económica global, el Calentamiento Global y la continua inmigración africana a Europa corresponden con estas circunstancias. Si comparamos la situación actual con la de los imperios de la Antigüedad podemos suponer que la situación climático-política se irá agravando y el Calentamiento Global ocasionará grandes perjuicios a la economía mundial y grandes problemas sociales, que agravarán la situación política. Finalmente los musulmanes, cultural y demográficamente más fuertes que los occidentales, construirán estados de poca duración en el lugar de los actuales (en muchos lugares ya constituyen "estados dentro del estado").

Sin embargo, esto es una comparación de una situación anterior y puede no darse, por no mencionar que hay que tener en cuenta que tanto la introducción de elementos extraños en la cultura occidental como la opresión de la corrección política contra cualquiera que intente criticar la situación actual ha cristalizado en un movimiento de reacción doble (contra los elementos extraños y en mayor medida contra lo políticamente correcto) como es la Alt-Right, que a la hora de presuponer la creación de "estados bárbaros" habría que tener en cuenta.

Pasemos al presente. La situación actual nos presenta un cambio que a la mayoría probablemente se le esté pasando desapercibido: Estados Unidos está perdiendo su papel de primera potencia mundial. Por un lado, China lleva discutiendo el papel de única superpotencia económica a Estados Unidos desde hace unos años, y por otro el "efecto Trump" está debilitando políticamente a Estados Unidos. Donald Trump ha canalizado en su persona dos bandos de una guerra ideológica que se lleva fraguando desde hace tiempo y que ha adquirido gran relevancia al tomar parte el (ex)presidente Obama (mientras seguía en el cargo) y diversas estrellas de Hollywood, por lo que el conflicto ahora engloba a todos los estratos de la sociedad estadounidense --que es vox populi en el mundo occidental, con el descrédito de su imagen política que ello conlleva.

Trump se ha alzado con el poder, así que durante cuatro años el presidente de los Estados Unidos se encontrará con la hostilidad de la mitad del país y de la mayoría de la opinión pública. Esto implica que además de que Estados Unidos se encuentra dividido, la política estadounidense se internará en sí misma, primero por el enfrentamiento entre Trump y sus detractores y luego por una ola de revanchas cuando estos lleguen al poder. A esta situación hay que añadir el relevante papel que ha ocupado Rusia en la victoria de Trump, por lo que la primera potencia mundial pasa de meterse en asuntos de otros países a que otro país se meta en sus asuntos. Por esta misma razón no es difícil pensar que Estados Unidos va a perder en breve su hegemonía política.

A diferencia del caso de China (pues el proceso de "reemplazo" ha empezado ya) es más difícil prever quién ocupará el puesto que Estados Unidos deja vacante, sin embargo quién tiene las mayores posibilidades es Rusia: un país con una política exterior muy intensa, que ha salido victorioso de los enfrentamientos con las estructuras supranacionales, ha intervenido en los asuntos internos de la primera potencia mundial y cuenta con una imagen exterior de país fuerte y estable (algo de lo que actualmente carece EEUU) y con un presidente que lleva casi veinte años en el poder y que tiene el carisma suficiente como para levantar las simpatías de contrarrevolucionarios e izquierdistas a la vez.

Ante este panorama ¿qué posición nos toca jugar a los carlistas? Aunque la situación interna de España no es tan favorable a un triunfo carlista como hace cuarenta años, la situación externa en cambio sí que es mucho más favorable a un triunfo carlista que hace cuarenta años e incluso crearía una gran inercia en el plano internacional.

Hasta hace poco, Estados Unidos era la cabeza de la ortodoxia democrática; por lo que una salida de tal ortodoxia implicaba el inevitable aislamiento político. En cambio, Estados Unidos va perdiendo la hegemonía política y económica, siendo sustituida por dos estados que entran fuera de la ortodoxia liberal: China, una dictadura comunista en lo ideológico y ultra-capitalista en lo económico, y Rusia, que aunque tiene la estructura formal de una democracia, no parece obedecer al discurso dominante. Esta situación deja un margen de actuación menos estrecho, que le permitiría a una España carlista ponerse bajo la protección de una de las dos potencias, preferentemente Rusia, por mayor cercanía geográfica a la Península y relativamente ideológica al discurso carlista, una alianza que interesaría bastante a Rusia, pues le daría un importante apoyo en un espacio tan geo-estratégicamente importante como es España, con mayor atención al Estrecho de Gibraltar.

La constitución de un Estado carlista, intolerable para la ortodoxia liberal, conllevaría a la Unión Europea un problema de primera magnitud, puesto que su expulsión (caso bastante probable) implicaría un antecedente para la salida de otros países de la Unión Europea de un peso mayor que el caso de Reino Unido; antecedente que los partidos anti-europeístas no tardarán en aprovechar.