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sábado, 20 de agosto de 2016

El carlismo en América

[A finales del siglo XIX] era natural que el carlismo agrupara a sus hombres en todas partes que fuera posible. Desde hacía muchos años representaba a Don Carlos en América del Norte, don Rafael Diaz de la Cortina, pero no conocemos resultados tangibles de su actividad, ya que no era campo propicio para la labor, pero en América del Sur había gran cantidad de carlistas o hijos de carlistas que conservaban sus ideales. En 1898 fue nombrado representante de Don Carlos el Dr. don Francisco de P. Oller, quien creó juntas carlistas en las repúblicas de la Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú y el Ecuador. En Chile la presidía Respaldiza.

Creóse entonces el periódico El Legitimista Español, que se publicó en Buenos Aires y que siguió publicándose hasta 1912.


No hubo graves incidentes, si dejamos a parte el Ecuador, con referencia a la propaganda carlista. En Quito se produjeron alborotos por haber publicado el periódico El Grito del Pueblo de dicha ciudad un manifiesto de Carlos VII. Mayor gravedad, por haber maniobrado la masonería, lo ocurrido en la revista ecuatoreña El Industrial, pues publicó [en 1898] el programa carlista copiado de una edición de 50.000 ejemplares que hizo circular por toda América del Sur el Dr. Oller. Los elementos anti-católicos hicieron aparecer en Quito una hoja apócrifa con la adhesión de las órdenes religiosas, alto clero, y otros importantes elementos, al credo del legitimismo español. Para protestar de ella hubo un mitin en la plaza de toros de Quito y la multitud enardecida por los agitadores asaltaron la redacción de El Industrial, que fue saqueada e incendiada, pudiendo escapar sus redactores que tuvieron que permanecer algunos días ocultos.

El presidente de la República del Ecuador don Eloy Alfaro, comisionó al Encargado de negocios en Buenos Aires para que verificase la autenticidad del manifiesto de adhesión tan discutido, y el Dr. Oller contestó que era una superchería de los elementos anticatólicos de Quito, pues las ochenta y tantas firmas que llevaba el documento apócrifo había sido suplantadas. El gobierno del Ecuador se dio por satisfecho. Es innegable que más de uno que aparecía como firmante, sentía afecto para la causa carlista, pero ninguno habría cometido la torpeza de intervenir en una cuestión política extranjera y menos de forma tan absurda.

En el año siguiente, 1899, hizo una excelente campaña de propaganda carlista la escritora “Eva Canel”, por Argentina y otros países de América del Sur.

Melchor Ferrer: Historia del Tradicionalismo Español, tomo 28, vol. I; p. 231

Véase también: La prensa carlista en Buenos Aires (Bernardo Lozier Almazán)

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