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viernes, 23 de abril de 2021

Reseña: Misa y Ofrenda Floral por el 570º aniversario del nacimiento de Isabel la Católica en la Capilla Real de Granada.


Nota previa: debido a la prohibición expresa de la Capilla Real de Granada de realizar fotografías o vídeos en el interior de sus instalaciones no se van a realizar en esta entrada reproducciones fotográficas del evento.


Este 22 de abril de 2021 se han cumplido exactamente 570 años del nacimiento de Isabel la Católica (n. 22 de abril de 1451), y para conmemorar este 570º aniversario, se ha celebrado en la Capilla Real de Granada (así como en otros lugares, como el Palacio de Juan II, casa natal de la Reina Católica) un acto especial que, entre otras cosas ha incluido una ofrenda floral y una misa, de la que hoy vamos a hacer la reseña.

Como es de todos conocido, la Reina Católica descansa junto a su esposo Fernando el Católico, su hija Juana de Trastámara, su yerno Felipe de Habsburgo y su nieto Manuel de la Paz en la Capilla Real de Granada. La Capilla Real constituye el tercer elemento de la tríada de lugares "isabelinos" conformada por el Palacio de Juan II, un antiguo palacio real castellano dónde nació la Reina Isabel la Católica y que hoy es regentada por las agustinas, el Real Palacio Testamentario, dónde hizo testamento y murió la Reina Católica, hoy centro de interpretación, y, finalmente, la Capilla Real, dónde reposan sus restos mortales. El Palacio de Juan II, de hecho, también ha tenido una función relevante en el aniversario del nacimiento de la Reina, aunque la Capilla Real ha tenido un papel especial por tener en ella el cuerpo de Isabel la Católica, la cual -no lo olvidemos- ostenta el título de Sierva de Dios.



Monumento funerario de mármol de los Reyes Fernando (izq.) e Isabel (der.) los Católicos en la Capilla Real de Granada.

Fuente: Capilla Real de granada.

Para los que no conozcan la Capilla Real, éste es el lugar de sepultura de los Reyes Católicos, que quisieron hacerse enterrar en la ciudad de Granada. La Capilla se encuentra anexa a la Catedral de Granada, formando un sólo conjunto con la Catedral y la Iglesia del Sagrario. Se puede acceder a ella desde la Gran Vía de Colón, principal arteria de la ciudad de Granada, y, de hecho, es de los primeros edificios a los que es posible acceder en el centro histórico del que forman parte, desde la Gran Vía, junto a la Madraza (antigua escuela islámica hoy usada como centro de conferencias por la Universidad de Granada), la cual se encuentra justo enfrente de la Capilla. 

La Capilla Real supone uno de los principales monumentos de la ciudad, por lo que la visita turística por la Lonja, la Capilla y el Museo-Sacristía supone uno de sus principales atractivos. Además, como espacio religioso tiene su horario de misa pública, es uno de los puntos neurálgicos del Día de la Toma, al custodiarse el Pendón de los Reyes Católicos en la Capilla Real, y se celebran importantes celebraciones por la Toma de Granada (2 de enero) y el Día de la Hispanidad (12 de octubre). También se celebran los aniversarios de la muerte de los Reyes Fernando (23 de enero) e Isabel (26 de noviembre).


Tremolación del pendón de los Reyes Católicos el 2 de enero en la Capilla Real. Fuente: EL IDEAL.


La Capilla Real tiene dos puertas: la primera da acceso a la Lonja, la antigua zona de mercaderes y que hoy en día sirve como puesto de compra de tickets y entrada a la Capilla, y la puerta principal, por dónde habitualmente se accede a la Misa de la Capilla y que lleva directamente al interior del recinto. A continuación, tenemos dos salas separadas por una reja: en la primera están las capillas de la Santa Cruz y San Ildefonso, y en la segunda se encuentran el presbiterio, el retablo mayor y los sepulcros de mármol de los Reyes Católicos y Juana I y Felipe el Hermoso. Estos monumentos se encuentran sobre una pequeña cripta (por la que se entra y se sale por unas escaleras frente a los sepulcros o "mausoleos" de los Reyes) en la que se encuentran los cuerpos de los Reyes Católicos, Juana I, Felipe el Hermoso y el Infante Manuel de la Paz en sencillos ataúdes o sarcófagos de plomo. 


Fachada exterior de la Capilla Real. Fuente: Capilla Real de Granada. 

En el frente, la entrada principal a la Capilla. A la izquierda, la usada por los turistas en visitas culturales.


Ahora, entremos de lleno en el evento. La puerta de la Capilla se abrió más o menos a las 19:00 horas, dónde ya esperaba un pequeño número de gente. Los asistentes irían entrando a la Capilla Real hasta las 19:30, hora en la que empezaría la Misa y Ofrenda floral. Para esto, la Capilla estableció un aforo limitado, con lugares señalados en los bancos y asientos en los que la gente debía sentarse, no dejando a nadie quedarse en pie. El número total de asistentes resultó bastante modesto, limitado al aforo máximo, pero tenemos constancia de que hubo gente que no pudo acceder por haberse alcanzado ya el aforo máximo.

El acto dio inicio con un discurso inaugural (que comenzó con unos problemas de megafonía) por una mujer cuyo nombre completo no hemos podido averiguar, pero que pertenece al Círculo Cultural Hispanista, con sede en Madrid -y que al parecer también ha organizado una ofrenda floral allí, en el Paseo de la Castellana, por motivo del aniversario del nacimiento de la Reina Católica. El contenido del discurso básicamente se limitaba a recalcar la importancia del acto celebrado.



Acto seguido, se dio inicio a la ofrenda floral, en la cual aquellos que hubiesen traído ramos de flores o simplemente flores para entregar en el sepulcro de los reyes, debía colocarlas frente a ellos siguiendo una ruta determinada (que se volvería a repetir al término de la misa para que los fieles pudieran recibir la Comunión). Acabada la ofrenda floral, dio inició la Misa en conmemoración del nacimiento de la Reina Isabel.

La Misa, fue una ceremonia oficiada por dos sacerdotes y un número más amplio de monaguillos, que contó con la música del órgano de la Capilla y el canto del coro. Se trató de una misa cantada y acompañada por el órgano y el coro, lo que servía (además de darle una gran belleza) para dotarle de una gran solemnidad, a la altura de un acto tan importante como el aniversario del nacimiento de la Reina Católica. Lo más destacable, sin embargo, lo constituyó el sermón del sacerdote que daba la homilía. Éste aprovechó la lectura de los Hechos de los Apóstoles del día 22 de abril (en la que el Apóstol Felipe se encuentra con un eunuco miembro de la corte de Etiopía y que peregrinaba a Jerusalén, haciéndole conocer la Buena Nueva a partir de una lectura que estaba haciendo del libro de Isaías) con una de las características más importantes de Isabel la Católica: la Evangelización de América.



Retablo mayor de la Capilla Real. Fuente: Capilla Real de Granada.

El sermón hacía especial hincapié en el papel que ejerció la Reina Católica como auténtica madre de la Iglesia hispanoamericana. Por ello, se exponía como ejemplo paradigmático la reciente visita del Nuncio de su Santidad en España, el prelado filipino Bernardito Cleopas Auza, a la Capilla Real de Granada, en el transcurso de la cual se emocionó al entrar en presencia de la Reina Católica, a la cual la América Española, Filipinas y él mismo deben su fe.

Además de ello, el predicador recordó, especialmente a los defensores de la causa de su canonización, que la mejor forma de honrar a Isabel la Católica no es otra forma sino mediante la oración y la vida cristiana: la imitación de las virtudes de Isabel la Católica. Recordó que la Reina dedicaba dos horas al día a la oración, dándole a Dios así un "diezmo" de su tiempo y sacando de Él la fuerza para sobreponerse a las adversidades familiares (que no fueron pocas), que dos días a la semana dedicaba a hacer justicia a los pobres y a oír en audiencia a todo aquel que lo requiriese, y destacando en último lugar la gran importancia que tenía para ella la familia. 

Finalmente, acabada la Misa, se abrió la cripta en la que se encuentra sepultada la Reina Isabel la Católica y la Sacristía-Museo, siguiendo la misma ruta turística que no se hacía desde el último estado de alarma. Los visitantes tuvieron la posibilidad de bajar a la cripta y presentar sus respetos a los restos mortales de la Reina, además de recoger una "estampita" que se abre con forma de libro y en cuyo interior, entre otras cosas, hay escrita una oración para la Reina Isabel. 


Cripta de la Capilla Real. Fuente: Capilla Real de Granada.

En el centro, se encuentran los sarcófagos de los Reyes Católicos. En los "bancos", los sarcófagos de Felipe el Hermoso, Juana la "Loca" y el Infante Manuel de la Paz.

Luego de eso, tuvieron la oportunidad de dirigirse a la Sacristía-Museo, dónde se encuentran múltiples objetos de la Reina Isabel, como su corona, su cetro y su misal, así como otros objetos como la espada del Rey Fernando, los guiones de los Reyes y su Pendón, diversos cuadros góticos y dos estatuas orantes a tamaño real de los Reyes, para finalmente salir por la tienda -con múltiples objetos religiosos y profanos que normalmente están disponibles en la tienda (Librería) de Cruz de Elvira (Plaza de Alonso Cano). 



Museo de la Capilla Real. Fuente: Capilla Real de Granada.
Sacristía de la Capilla Real habilitada como Museo. En primer término, puede observarse (en el triángulo de cristal), la corona de la Reina, la espada de Fernando el Católico y el cetro de Isabel la Católica. Al final, también se ven, a ambos lados de un modesto retablo, estatuas orantes de los reyes Católicos.


lunes, 15 de marzo de 2021

Exposición temporal. Laetare: la memoria de la madera. Reseña y reportaje fotográfico.

 

Laetare: la memoria de la madera.



Desde el sábado 13 de marzo de 2021 hasta el próximo 4 de abril de 2021 -salvo días del Triduo a la Virgen de los Dolores y el Lunes Santo- está abierta en el Museo-Convento de las Carmelitas Calzadas (calle Monjas del Carmen, Realejo, Granada) la exposición temporal Laetare: la memoria de la madera, en ocasión del 60º aniversario de la bendición de la imagen de la Virgen de los Dolores que es titular de la Real Cofradía de la Virgen de los Dolores. La exposición estará abierta todas las tardes desde las 16:00 hasta las 18:00, y la entrada es gratuita, aunque se puede dejar un donativo a discreción del visitante para el convento y la Cofradía.


 Museo-Monasterio de la Encarnación (1508) en Calle Monjas del Carmen (Realejo).



La Real Cofradía de la Virgen de los Dolores nació en 1940 al amparo del Tercio de Requetés de Isabel la Católica. Su sede originalmente estaba ubicada en la iglesia de Santa María Magdalena (Calle Puentezuelas) hasta 1960, en que se trasladó a la iglesia del monasterio de San Antón (Calle Recogidas), y finalmente volvió a trasladarse a la iglesia de San Pedro y San Pablo (Carrera del Darro) en 1970, por lo que ha recibido el sobrenombre de la Hermandad viajera. La imagen de la Virgen de los Dolores procesiona el Lunes Santo desde el Monasterio de San Bernardo, frente a la iglesia de San Pedro y San Pablo. En la capilla de la Virgen de los Dolores de esta última puede encontrarse una bandera del Tercio Isabel la Católica-Cofradía de la Virgen de los Dolores de 1945.


Capilla de la Virgen de los Dolores en San Pedro y San Pablo (Darro).
A la derecha, se puede ver una bandera con el aspa de San Andrés con el año de 1945.


Los orígenes de la cofradía se remontan a 1937, en el antiguo Palacio de los Tello (en el recientemente desaparecido restaurante El Ventorrillo: Paseo del Violón, Granada), que tenía una capilla con una imagen de la Virgen de los Dolores, y que fue empleada por el Tercio como cuartel general desde sus orígenes. Ahí, el Viernes Santo de 1937, el entonces Comandante de Caballería Manuel Rubio Moscoso hizo el voto en nombre del Tercio Isabel la Católica de crear una cofradía dedicada a la Virgen de los Dolores, el cual se hizo efectivo en 1940, acabada la Guerra, en la que el Cardenal Agustín Parrado dio su aprobación a los estatutos de la Cofradía. En 1960, ante la decisión de los propietarios, los Gómez de Cortinas, de emplear la imagen para culto interno, se encargó una nueva imagen al imaginero andaluz Aurelio López Azaustre (1925-1988), mientras que la cofradía empleaba una imagen provisional de la Virgen de los Dolores de la iglesia de San Antón. La nueva imagen de la Virgen de los Dolores fue terminada y bendecida en la iglesia de Santa María Magdalena (aún sede de la Hermandad) en 1961.

La exposición se articula en torno a un pequeño recorrido formado por dos de los patios del Convento que comunican entre sí, y una pequeña sala que comunica con la entrada del convento, dando lugar a un recorrido circular en el que el visitante acaba la visita en el mismo sitio por el que ha entrado. Nada más entrar, nos encontramos con un pequeño puesto de venta de productos de la Cofradía regentado por una hermana de la misma, quién sirve como primer contacto del visitante con la exposición. El primero de los patios (que tiene una preciosa escultura en piedra de la Virgen del Carmen en el centro), al que se accede por el lateral derecho de la entrada, está destinado a hacer una breve historia de la devoción a la Virgen de los Dolores en Granada antes del establecimiento de la Real Cofradía de la Virgen de los Dolores en 1940. El segundo patio está destinado a la cofradía per se, y, especialmente al evento que constituye el núcleo de la exposición: la talla en 1961 de la imagen actual de la Virgen de los Dolores por Aurelio López Azaustre. La última sala complementa la colección de este segundo patio.




 

El material de la exposición incluye una amplia variedad de objetos fundamentalmente religiosos, que van desde medallas, pequeñas imágenes de la Virgen de los Dolores a cuadros, pasando por objetos litúrgicos y ceremoniales procedentes de la Cofradía, como un traje de penitente u algunos vestidos y atavios de la Virgen, así como fotografías y recortes de periódicos que sirven para poner en escena al visitante y adentrarlo en la historia de la cofradía y de su imagen titular.

En el primer patio, nos encontramos con diversos materiales que sirven a la exposición para crear un ambiente que evoca la importancia de la devoción de la Virgen de los Dolores en Granada antes de 1940. Encontramos cuadros, medallones de madera e imágenes del siglo XVI en adelante. Cabe destacar unos retablos pertenecientes a antiguos altares, con las oraciones que leía el sacerdote en latín y nos evocan el ceremonial de la misa antes del Vaticano II y el Posconcilio.

En el segundo patio, que forma un contenido temático con la última sala, nos adentramos más a fondo en lo que es la propia Cofradía, con múltiples aspectos que nos remontan a la historia de la Real Cofradía desde su fundación en 1940 hasta casi nuestros días, y que incluye objetos litúrgicos, como recortes de periódicos, fotografías o diplomas. Entre los más importantes cabe destacar la bandera blanca detrás del manto de la Virgen que ocupa el lugar central del patio, y en el que se lee: "COFRADIA N(uestra) SEÑORA DE LOS DOLORES", "TERCIO DE ISABEL LA CATÓLICA" y "AÑO DE 1940", con el escudo de la Cofradía, las fotografías y recortes de periódicos en torno a la talla y bendición de la Virgen en 1961, un ¿exvoto? que hace referencia a esto, y las cruces militares y la faja de general concedidas a la Virgen de los Dolores y los diplomas que lo atestiguan y con fecha en 2014 y 2015 respectivamente.


¿Exvoto? que deja de la constancia de la creación de la imagen de la Virgen de los Dolores por el imaginero Aurelio López Azaustre y su bendición en la iglesia de Santa María Magdalena en 1961.


Faja de General (2014) y Cruces Militares (2015) concedidas a la Virgen de los Dolores.


El interés, sin embargo, que ofrece esta exposición radica en la alta simbología tradicionalista de la Real Cofradía de la Virgen de los Dolores, así como en la gran cantidad de objetos litúrgicos de esta cofradía que tienen simbología propia del Requeté y la Comunión Tradicionalista.

Ya hemos mencionado brevemente la bandera, sin embargo, también nos podemos encontrar en la exposición una bandera rojigualda con el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María bordados, y una gran cantidad de símbolos del Requeté en los objetos litúrgicos de la Cofradía. Ya hemos mencionado a la bandera, con el escudo de la cofradía compuesta por el aspa de Borgoña bajo tres clavos -a los que posteriormente se añadiría una corona real y una corona de laurel entregada por la Hermandad de ex-combatientes del Requeté-, aunque no deja de llamar la atención este escudo con el aspa de Borgoña en un traje de penitente, así como no pocos objetos litúrgicos con el águila bicéfala y la cruz de Borgoña sobre fondo blanco de la Comunión Tradicionalista en no pocos objetos litúrgicos.






La Real Cofradía de la Virgen de los Dolores fue famosa por hacer alarde durante la Posguerra de una gran cantidad de simbología tradicionalista, provocando una gran tensión con la Falange y algún que otro importante conflicto.


Este hecho nos debe llevar a esta reflexión final, y es que a pesar de los intentos de la cultura oficial de ningunear al carlismo como una mera anécdota o partido político fracasado, o un movimiento con poca presencia práctica en Granada (así lo define el "Mapa de la Memoria Histórica de Granada", portavoz del nuevo relato histórico oficial sobre esta época), la influencia del carlismo en la cultura popular española no ha sido nulo.


Esta última foto la pongo como curiosidad: un aspa de Borgoña bajo el escudo del Convento de la Encarnación. Esta bandera pertenece al Convento, no a la exposición, sin embargo no he podido averiguar más del motivo por el que se ha puesto la Cruz de San Andrés bajo el escudo del Convento.

Para acabar, quiero animar a todos los tradicionalistas y simpatizantes que vivan en Granada o en la zona próxima y puedan desplazarse a Granada aprovechen para dirigirse al Realejo y visitar la exposición (repetimos: todas las tardes de 16:00 a 18:00 hasta el 4 de abril, salvo los días del Triduo a la Virgen de los Dolores y el Lunes Santo). A fin de cuentas, es gratuita (salvo lo que deseen dejar de donativo) y se ve en un momento, además de ser altamente recomendable.


Enlaces externos (para obtener información actualizada):

Real Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores - Granada (Facebook): Real Cofradía Ntra. Sra. de los Dolores (Granada)

Museo Carmelitas Granada (Facebook): Museo Carmelitas Granada


Fuentes: 

RFHCSSG (s.f.). Real Federación de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de la Ciudad de Granada. Real Cofradía de la Virgen de los Dolores. URL: https://www.hermandadesdegranada.com/real-cofradia-de-nuestra-senora-de-los-dolores/

Real Cofradía de la Virgen de los Dolores (2021). LAETARE. La memoria de la madera. 60 años. Los Dolores de la gubia de Azaustre (folleto).

Museo Carmelitas (s.d.). Museo Carmelitas (folleto).

sábado, 6 de marzo de 2021

Celebración por los mártires de la Tradición en Granada

Como cada año por estas fechas, hoy hemos celebrado dignamente en Granada la festividad de los mártires de la Tradición, instituida por S. M. Carlos VII (q.s.g.h.) para honrar la memoria de todos los que dedicaron y entregaron sus vidas por la Santa Causa de la Tradición española.

Tras la comida en buena compañía de nuestro capellán, Rvdo. D. Javier Utrilla (FSSPX), nos acercamos al cementerio San José de nuestra ciudad, donde yacen los restos mortales de destacados carlistas granadinos y de otros muchos desconocidos. Allí rezamos por el descanso eterno de todos ellos, así como por cuantos españoles dieron sus vidas por Dios y por la Patria.

Frente a la hermosa sepultura del General de Brigada Manuel Fernández de Prada, el presidente del Círculo Tradicionalista de Granada, Rodrigo Bueno, leyó la biografía de este militar ejemplar, así como el siguiente texto del periodista Francisco Guerrero Vílchez, fundador del periódico tradicionalista granadino La Verdad

Gloria a los Mártires de la Tradición 

Gloria a su fundador, que con la caridad que le caracterizaba instituyó la fiesta solemne del 10 de Marzo, para perpetuar el recuerdo de aquellos sublimes soldados de la Tradición que sufrieron por su Dios, por su Patria y por su Rey. 

Para esta fiesta, notables escritores y nobilísimos corazones han escrito y sentido el martirio de la causa de la Religión Católica y el derecho de la Legitimidad desterrada. 

Hoy el más humilde de los carlistas granadinos os deposita una lágrima sobre vuestras tumbas y una oración por vuestras benditas almas. 

Y... otra lágrima sobre la tumba y otra oración por el alma de aquel nuestro Rey don Carlos VII, que compartió con vosotros penalidades y destierro. 

También suplicamos a Dios Nuestro Señor levante el velo que cubre hoy con lóbrega oscuridad a tantas almas que debieron ser carlistas y por cuya Causa debieron de hacer lo que vosotros hicisteis, en vez de permanecer en la mortal atonía de la indiferencia, ya que no les permita aún su conciencia declararse enemigos vuestros. 

La Causa de Dios no puede morir, y saldremos de las nuevas catacumbas cuando suene en el reloj de la Providencia la hora de grandes justicias. 

Nuestra fe, como la de aquellos humildes pescadores, nos salvará y regenerará la Patria. ¡Adelante, con el corazón puesto en Dios, la Patria y el Rey! 

¡¡Sursum... Carlistas!!

Seguidamente la piadosa margarita María Bravo depositó cuatro velas sobre la losa sepulcral, mientras se recitaban los siguientes versos: 
Al clamor de la Patria afligida
Raza de héroes, del polvo salid;
Que a besar vuestra sangre vertida
Hoy acuden los hijos del Cid.

Con la Cruz por bandera y escudo, 
Por corona el sangriento laurel 
Aun mostráis, en el pecho desnudo 
La honda huella del hierro cruel.

Sin desmayo en la lucha homicida,
Del deber escuchando la voz,
Ofrecisteis la sangre y la vida
Por el Rey, por la Patria y por Dios.

Sobre el fúnebre mármol que os cierra
Ruge herido el hispano león;
Y se abate, cubriendo la tierra
Vuestro, ayer, invencible pendón

Hoy con paso tardío y doliente
Vuestra tumba el guerrero al pisar
De su llanto, en la amarga corriente
Sus laureles arroja quizás.

Vuestra sangre fecunda la Historia
Como fuente inmortal de virtud;
Y reciben su beso de gloria
Las cenizas que ampara la Cruz. 

Tras el canto del Oriamendi y los vítores de rigor, uno de los asistentes pronunció un sentido:

¡Gloria a los mártires y a los soldados de la Tradición!

Después nos desplazamos hasta la tumba del General Carlos Calderón, que da nombre a nuestro Círculo, frente a la cual se rezaron otras preces. Un sobrino tataranieto de nuestro General, el magistrado José Raúl Calderón, autor del exitoso libro Proceso a un inocente. ¿Fue legal el juicio a Jesús? (2009), nos habló de su ilustre antepasado y de la madre de éste, D.ª Josefa Vasco, no menos entregada a la Causa tres veces santa, por lo que recibió de Carlos VII el título de Marquesa de la Caridad. También nos refirió las gestiones que se siguen haciendo para dignificar esta sepultura.

Antes de marcharnos, acudimos al patio de los caídos por Dios y por la Patria, donde colocamos otra vela por el requeté Ángel Vidal Muñoz, a quien ya homenajeamos en nuestro acto en celebración del glorioso Alzamiento Nacional el pasado 18 de julio. En el mismo patio tuvimos ocasión de rezar asimismo por el alma del heroico Alférez de la Guardia Civil Ulpiano Bravo Sahagún, muerto en la Cruzada de Liberación, que se halla también allí enterrado y que es abuelo y bisabuelo, respectivamente, de dos miembros de nuestro Círculo Tradicionalista.

A las 7 de la tarde se celebró en la capilla María Reina la santa misa tridentina en sufragio por los mártires de la Tradición, con la que dimos por concluida esta jornada en merecida memoria de nuestros muertos. El sermón de D. Javier Utrilla puede escucharse en el siguiente enlace:



Imágenes del acto:





miércoles, 20 de enero de 2021

Valores tradicionales: Crónica de una saga de maestros

Hemos recibido el interesante libro «Valores tradicionales: Crónica de una saga de maestros» (Penguin Random House, 2020, 449 págs.), por Carlos Font Guerrero, recientemente a la venta en papel y en formato digital. Su autor, maestro jubilado, ha tenido la amabilidad de regalarnos dos ejemplares, uno de ellos para uso y disfrute de los integrantes del Círculo Tradicionalista de Granada «General Carlos Calderón». 

Aunque su título no permita intuirlo, buena parte de la obra se dedica a narrar con todo detalle y en más de cien páginas (del capítulo 20 al 35) las andanzas carlistas del cordobés de nacimiento y granadino de adopción Carlos Cruz Rodríguez, bisabuelo del autor. Y lo hace de forma en parte novelada, pero bien documentada, con muchos textos originales y un rigor histórico que suele echarse en falta en no pocos historiadores que tocan el tema de la Santa Causa. Estas páginas darían perfectamente para un libro aparte, pero Carlos Font ha estimado oportuno incluirlas junto con la historia de sus otros ascendientes, íntimamente ligada a la de España y sus guerras intestinas, desde la de 1833-1840 hasta la de 1936-1939. 

A través de los textos que dejó escritos –y que se reproducen en el libro–, Font ha podido recrear la actuación política y militar de su bisabuelo, que es la parte que más nos interesa. Carlos Cruz estudiaba magisterio en Granada cuando sobrevino a España la desastrosa revolución de Septiembre de 1868, cuyos excesos permitieron el resurgir del carlismo. Él mismo cuenta cómo constituyó la Junta carlista de Belicena y cómo en 1872 colaboró al triunfo de la candidatura como diputado a Cortes por Santa Fe de su correligionario y amigo Carlos Calderón y Vasco, de quien tanto hemos hablado en otras ocasiones. Al igual que Calderón, Cruz tomó parte poco después en la tercera guerra carlista; en 1873 acaudilló incluso una de las tres partidas carlistas que se alzaron en la provincia de Granada y, tras esta peripecia tan poco conocida, marchó al Norte, combatiendo a las órdenes del General Ollo y padeciendo después la emigración. 

La lectura de este libro, especialmente de los fragmentos autobiográficos de Carlos Cruz Rodríguez, nos ha recordado mucho a otro titulado «Recuerdos de un carlista andaluz (un cruzado de la causa)» (1982) sobre los hechos no menos heroicos en esa misma guerra del alcalaíno Rufino Peinado, a cuyos descendientes tuvimos también ocasión de conocer hace cosa de año y medio. 

Como única nota negativa –sin desmerecer por ello el conjunto– hemos de advertir que en su epílogo Font hace un alegato en favor de la democracia liberal y pinta las guerras carlistas y la Cruzada de Liberación (que él no llama así, evidentemente) como luchas fratricidas causantes del retraso de España. Pero este análisis, que está en plena consonancia con la historiografía oficial, se olvida de Napoleón, de Bolívar, de Riego, de la acción de las logias masónicas, de las matanzas de frailes, de las desamortizaciones, de las quemas de iglesias, de los incesantes pronunciamientos liberales, de los cantonalistas, de los filibusteros, de los yankees, de Abd el-Krim, de la Semana Trágica, del terrorismo anarquista, de las huelgas violentas, de los separatismos, de la injerencia de Stalin en nuestra patria y de un largo etcétera en que nada tuvo que ver el carlismo, salvo por el hecho de querer poner remedio a todo ello. 

Y es que los carlistas, que amamos profundamente a España, la hemos deseado ver en todo momento próspera y en paz, alejada de las convulsiones que a la larga acarrea siempre el sistema demoliberal, pues éste, al negar la autoridad de Dios sobre la sociedad entera, elimina todo principio de orden y autoridad. Y aunque las nuevas pedagogías no incidan en ello, las consecuencias de esta pérdida de autoridad las sienten como nadie los maestros. 

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Lectura para acabar el año: «La sociedad tradicional y sus enemigos» (2019), por José Miguel Gambra

En estas Pascuas de Navidad y para finalizar el año, queremos recomendar la lectura del libro La sociedad tradicional y sus enemigos, escrito por el Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, D. José Miguel Gambra. Su primera edición fue en 2019, aunque se ha presentado este año 2020. Esta obra imprescindible para todo tradicionalista puede adquirirse por solo 14,25 € en cualquiera de los siguientes enlaces:

* La sociedad tradicional y sus enemigos en Guillermo Escobar Editor
La sociedad tradicional y sus enemigos en Librería Balmes
* La sociedad tradicional y sus enemigos en Casa del Libro
* La sociedad tradicional y sus enemigos en Marcial Pons
La sociedad tradicional y sus enemigos en FNAC
La sociedad tradicional y sus enemigos en El Corte Inglés



Descripción:

Los tiempos modernos han sido el escenario de las guerras más cruentas y sanguinarias de la historia. Aun con distintas máscaras, sus protagonistas han sido siempre los mismos, el liberalismo y el totalitarismo, enfrentados a muerte a raíz, justamente, de los comunes prejuicios filosóficos en que ambos se basan. Uno y otro, amén de teñir de sangre la historia, reducen la existencia humana, individual y colectiva, a la más desgraciada servidumbre. En el caso del totalitarismo, por principio. En el del liberalismo, como inevitable consecuencia de hecho.

Este es, en pocas palabras, el diagnóstico tradicionalista sobre la modernidad. Las páginas de este libro desentrañan las premisas comunes de lo que en realidad es una gigantesca guerra intestina entre dos hermanos deudores de la misma ideología. Sin embargo, su planteamiento no es, al estilo moderno, el de una crítica formal, abstracta, externa... En La sociedad tradicional y sus enemigos, José Miguel Gambra expone cabalmente los rasgos definitorios del legado carlista y los caracteres de la única tradición, de origen divino, a la que según sus principios el hombre debe someterse. Solo a partir de la elucidación de esta tradición, que no es otra que la tradición de las Españas, le será dado al autor mostrar, en su verdadero alcance, la monstruosidad de aquellas premisas.

Presentación del libro en Murcia:

viernes, 20 de noviembre de 2020

El alpujarreño General Arévalo, al servicio del Altar y del Trono en cuatro guerras

Los lectores asiduos de nuestro cuaderno de bitácora habrán sin duda leído acerca del General carlista granadino Carlos Calderón y Vasco, del que tanto hemos hablado en otras ocasiones. Este bizarro caballero español, que da nombre al actual Círculo Tradicionalista de Granada “General Carlos Calderón”, no es, sin embargo, el único natural del reino de Granada que llegó a lo más alto del escalafón militar carlista.

En entradas anteriores hemos hablado del no menos heroico Brigadier carlista granadino Manuel Fernández de Prada, Marqués de las Torres de Orán y en esta ocasión nos disponemos a escribir sobre el General fernandino y carlista José María de Arévalo, que nació tal día como hoy, un 20 de noviembre del año 1791. Este pundonoroso militar combatió por la bandera sagrada de Dios, la Patria y el Rey en nada menos que cuatro cruentas guerras civiles, que mejor cabría definir como cruzadas. Murió en el exilio y casi en la indigencia, pero con el consuelo de recibir, poco antes de expirar, el cariño de la Familia Real proscrita en febrero de 1869.

En el mes de marzo de ese mismo año, se agolpaba la gente a una de las principales tiendas de la Puerta del Sol a contemplar con cierto sentimiento que se admiraba de encontrar dentro de sí un cuadro en ella expuesto. Representaba a un anciano moribundo en un pobre lecho de un modestísimo cuarto, y sobre el cual e inclinaban tristemente, silenciosos y visiblemente conmovidos, un apuesto joven y una elegantísima señora de la misma edad, cuyo noble porte daba claras muestras de la alteza de su cuna. El cuadro representaba la muerte del general Arévalo, visitado en aquellos supremos instantes por Don Carlos VII y su esposa, Doña Margarita.

El General Arévalo retratado en un
álbum de personalidades carlistas

José María de Arévalo nació en Capileira (reino de Granada) en 1791. A los 16 años, en octubre de 1808, obtuvo la gracia de cadete en el Colegio de Caballeros Cadetes de Granada, en el que en enero del año siguiente fue promovido a subteniente, pasando destinado al Regimiento de la Alpujarra.

Luchó en la Guerra de la Independencia, enfrentándose a los franceses en 1809 en Aranjuez, Almonacid y Ocaña, hallándose en 1811 en el reconocimiento de la Silla del Moro (Granada) e interviniendo en 1812 en la acción de Vélez Rubio (Almería), en la de las alturas de San Martín de Baza (Granada) y en la defensa del castillo de Caravaca (Murcia), haciéndolo en 1813 en el sitio de Murviedro (Valencia) y en el de Tarragona. En 1812 había sido ascendido a teniente.

Destinado en 1815 al Regimiento de Ultonia, tres años después fue trasladado al de Voluntarios de Castilla, pasando poco después a la situación de retirado en Murviedro.

Al producirse la revolución liberal de 1820 no se unió a ella, por lo que fue sometido a procedimiento sumarial, huyendo en 1823 y uniéndose, al mando de veinte hombres, a las fuerzas realistas del general Samper, quien le concedió el empleo de capitán y con el que intervino en la toma de Vinaroz y en los dos sitios de Valencia.

El 27 de abril de 1823, durante el primer sitio de la plaza de Valencia, los constitucionales se apoderaron del convento de Corpus Christi. Hallándose el comandante Arévalo de jefe de la línea avanzada del Quarte, logró penetrar el primero en dicho convento, desalojando de él a los enemigos que lo ocupaban, después de un reñido combate que duró más de diez horas y con sólo cuarenta hombres contra más de doscientos que tenazmente lo defendían, causándole la pérdida de catorce hombres e hiriendo a veinte más. Se destacó con igual valor y bizarría en la salida que hicieron los enemigos, en número de quinientos hombres, el día 29 de abril con el fin de destruir las obras del citado Cantón, a los que rechazó al mando de sólo ciento cincuenta hombres y consiguió encerrar en la plaza, sin que lograsen su intento.

También persiguió, al mando de una columna, a la partida del llamado “sastre Francisco”, a quien derrotó cerca de Turís (Valencia), participando seguidamente en el levantamiento del sitio de Murviedro y en el sitio y rendición de la plaza de Alicante.

Los años siguientes sirvió en el 1.er Regimiento de Tiradores y en el de Córdoba, solicitando en junio de 1825 la licencia ilimitada, que le fue concedida. Estando en esta situación recibió en el mes de septiembre de 1826 la Cruz de San Fernando de 2.ª clase, Laureada, en recompensa de las acciones realizadas durante el primer sitio de Valencia.
El General Arévalo retratado en la
obra Bocetos tradicionalistas.

Era ya comandante de Infantería en el Ejército isabelino cuando en el año 1835 solicitó y obtuvo su licencia absoluta para presentarse a principios del siguiente mes de junio al general carlista Cabrera.

La justa fama de jefe de claro talento y vasta ilustración, sobre todo en asuntos militares, de que el señor de Arévalo llegó precedido al campo carlista dio lugar a que el caudillo tortosino le nombrara secretario suyo y e confiriese poco después la dirección de las ''Academias'' que creó en las tropas de su mando a fin de que sus subordinados adquiriesen el mayor grado posible de cultura, especialmente en lo relativo al arte de la guerra, debiéndose, por lo tanto, muy en particular a José María de Arévalo la formación de aquella distinguida y bizarra oficialidad del Ejército carlista del Centro que, tan gallardamente dirigido por el General Conde de Morella, se cubrió de gloria militar en tantos y tan sangrientos combates, lo mismo en los días de los éxitos que en los de las retiradas.

La vida del jefe carlista Arévalo fue íntimamente unida a la historia de la primera guerra civil por Aragón, Valencia y Murcia; describir ésta sería preciso para detallar los servicios de aquél, porque en cuanto D. Ramón Cabrera recibió el nombramiento de Comandante General Carlista del Bajo Aragón, nombró Jefe de Estado Mayor de su División al señor de Arévalo; bástenos, pues, recordar que éste se distinguió más particularmente en las acciones de Chert, Prat de Compte, Azuara, Zurita, La Yesa, Muniesa, Alcanar, Terrer, Cantavieja, Puente de Alcance, Torrecilla, Cherta, Siete Aguas, Plá del Pau, Maella, Carboneras, Morella y, sobre todo, en Chulilla, la última victoria de los carlistas del Centro, que fue dirigida por el jefe Arévalo, cogiendo unos setecientos prisioneros al General Ortiz.

Cuando el General Cabrera salió del Centro con la expedición del General Gómez Damas, dejó al señor de Arévaol de Comandante General interino del Bajo Aragón, trasmitiéndole todas sus facultades; tal era la confianza que le inspiraba su Jefe de Estado-Mayor.

Al concluir la primera guerra civil era ya Mariscal de Campo carlista D. José M.ª de Arévalo, y honraba su pecho, entre otras varias condecoraciones, con la Gran Cruz de la Real y Americana Orden de Isabel la Católica y con la Cruz de primera clase de la Real y Militar Orden de San Fernando.

En Francia permaneció emigrado el General carlista Arévalo hasta que en 1847 fue a Gibraltar, desde donde se trasladó a su país natal, Las Alpujarras, con el cargo de Jefe de Estado-Mayor del Teniente General carlista Gómez Damas encargado por Carlos VI de promover un levantamiento en Andalucía; pero aquel proyecto fracasó y entonces aquellos dos bravos generales carlistas hubieron de trasladarse a Inglaterra para volver más tarde a Francia, pues ambos prefirieron morir en la expatriación antes que reconocer a la Reina cuyo trono habían combatido con las armas en la mano.
La visita de los Reyes al General Arévalo
narrada por el periódico parisino L'Union
y traducida por La Esperanza (9/2/1869).

Cuando fue destronada Doña Isabel, al reorganizar Don Carlos sus fuerzas, promovió a Teniente General al señor de Arévalo, y le destinó a su Consejo de París, capital en la que falleció cristianamente aquel bravo, entendido y leal veterano poco después, teniendo el consuelo de verse asistido en su última enfermedad por la augusta señora Doña Margarita de Borbón, el ''Angel de la Caridad'', como la apellidaron los enfermos y los heridos, tanto del campo liberal como del campo carlista.

El insigne Aparisi y Guijarro relató así sus últimos instantes:

Casi vivía de limosna el teniente general Arévalo; ya dije que doña Margarita le consoló y él la bendijo; ahora añado que cuando D. Carlos le abrazó moribundo, el valiente guerrero se echó a llorar.

Carlos VII presidió el funeral. En cementerio del P. Lachaise, según la pía y noble costumbre de España, no se pronunció ningún discurso. Pero ninguno de los leales servidores de Carlos VII pudo contenerse, y de todos los corazones después de las preces, salió el mismo grito, que pronto levantaría ecos por doquier: «¡Viva Carlos VII!»

Su fidelidad a nuestra bandera perduró en su descendencia a lo largo de generaciones. Un hijo suyo, José Arévalo Brugada, fue fusilado por los liberales en la primera guerra. Su yerno, el brigadier Antonio Santa-Pau Cardos, combatió por Carlos VII en la tercera junto a sus hijos (nietos del General Arévalo) Francisco, Antonio y José María Santa-Pau y Arévalo. Y varios nietos de este último (tataranietos del General Arévalo) lucharon en la última Cruzada: Luis Arturo y José María Angulo de Santa Pau murieron ambos por Dios y por España; y Jaime Angulo de Santa Pau se alistó al Tercio de Requetés María de Molina y sirvió después en diferentes unidades del Ejército nacional. Aquí puede verse, en una sola familia, la continuidad venerable de los principios salvadores de nuestra Patria, defendidos con la pluma y con las armas hasta en seis ocasiones, desde la guerra de Independencia hasta la Cruzada de Liberación.


Fuentes:

* Isabel Sánchez, José Luis: José María Arévalo en el Diccionario Biográfico Español.
* Barón de Artagan: José María Arévalo en Bocetos tradicionalistas (1912), pp. 109-111.
* Aparisi y Guijarro, Antonio: Opúsculos, tomo IV, p. 121.

lunes, 16 de noviembre de 2020

«Los conservadores», artículo escrito en 1875 por los carlistas en armas contra el conservadurismo liberal


Visión satírica del "pronunciamiento de Sagunto".

El conservador es el genio del mal en este mundo; es un monstruo anfibio, sin cola ni cabeza, porque ha abandonado aquella entre los demagogos, y ésta entre los católicos, para concentrar toda su vida en el estómago. Colocado entre los socialistas, que combaten par la verdad lógica derivada de la libre razón, y los católicos, que mueren por la verdad eterna, que es Dios, el conservador, incapaz de morir por nada, pretende defender el justo medio, y se cierne en el aire como el alma de Garibay, sin punto de apoyo donde fijarse. Vive de las desgracias de los que se baten por sus derechos y de los que luchan por sus deberes. No cree en Dios, pero se une á los católicos para indignarse contra los demagogos que lo niegan, y se reúne también á los demagogos para reírse de los católicos, que lo adoran. Dícese católico, y profesa la libertad de cultos; llámase monárquico, y proclama al pueblo rey. Si el católico le arguye en nombre de la Religión, responde que la Religión no tiene nada que ver con la política. Si el patriota saca las consecuencias de la libertad, se declara ante todo conservador del orden. Búrlase de los que defendemos el derecho divino y el divino origen de la autoridad, oponiéndonos el dogma infalible de la soberanía popular; pero al mismo tiempo lanza sus rayos contra los que gritan que el gobierno del pueblo es la república con todas sus consecuencias. Cuando el populacho exaltado pone en peligro su existencia, saluda al sacerdote y acoge á la Iglesia, dándose golpes de pecho para que la demagogia no triunfe. Cuando los católicos triunfan, únese al exaltado populacho, y quema iglesias y degüella frailes. 

El es el mismo que, tratándose de una manifestación contra los demócratas, se alía con los carlistas para iluminar por el Papa; el mismo que en las jornadas de Somorrostro, en que amenazaban los carlistas, reunía á las damas de la aristocracia para que fabricasen hilas para los soldados de la república; el mismo que ahora fabricará balas para aplastar á los republicanos y a los carlistas. No creyendo en Dios ni en el diablo, en la monarquía ni en la república, y uniéndose, ya a los carlistas para batir á los republicanos, ya a los republicanos para batir a los monárquicos, siempre está dispuesto a ser hipócrita en religión y traidor a la libertad, con tal de que el estómago esté satisfecho. Cujus Deus venter est

Es el tipo más siniestro, más odioso, más pérfido, más corrompido en política; pero el más hábil, toda vez que al egoísmo de esos miserables, incapaces de sentir y creer, se llama hoy habilidad. A estos argumentos que nosotros le dirigimos, y a otros que le puedan dirigir los defensores de la democracia, este cobarde, que a falta de armas nobles esgrime siempre su única arma, la mentira, responderá solapadamente que él es católico, pero no fanático; que es liberal, pero no demagogo. Y así seguirá su brillante carrera, prosperando, conservando siempre la fortuna que ha amasado con la sangre del pueblo que le deja vivir en sus entrañas. Y así, esos vampiros continuarán coadyuvando a que en la infeliz España medio pueblo se degüelle con el otro medio, por conservarse ellos en el poder. Y en el poderse mantendrán, pretextando, por un lado, que el tiempo de la monarquía legítima pasó para no volver, y, por otro, que el pueblo no está todavía bien educado para la libertad... ¡Y así lograrán su doble infernal objeto de explotar al pueblo y de corromperle; de matar su virilidad, pudriendo su alma, para mejor dominarle y manejarle! 

¡Oh, no! Eso no será siempre ni por mucho tiempo; no puede ser. Cuando España entera ha enviado lo más llorido de su juventud, lo más sano y honrado de su población, a morir por la santa idea de nuestros padres, y no ha tenido un solo pueblo, una voz sola que haya salido a los campos a aclamar y a derramar su sangre por el hijo de doña Isabel; cuando para desplegar al viento su bandera el alfonsismo ha aguardado al momento en que el carlismo triunfante amenazaba a la revolución impotente, para aprovecharse de un motín y hacer causa común con ella, es que está bien convencido de que solo por sorpresa, en última extremidad, y como remedio desesperado para prolongar la agonía de la desacreditada revolución, puede ser tolerado por la fatigada opinión pública. Su bandera, en efecto, es la misma bandera revolucionaria, reforzada de hipocresía y de maldad. 

Los carlistas de España entera la conocen bien desde ha cuarenta años. Aquello que cayó seis años ha por corrompido y funesto, no puede sostenerse hoy con los mismos hombres e iguales procedimientos. Solo puede servir para aumentar más y más la discordia en el campo enemigo, y bajo este punto de vista nos tenemos que felicitar de lo que está sucediendo estos días. 

Empezamos la guerra cuando reinaba D. Amadeo, y D. Amadeo cayó, y cayó la república, y ha caído la dictadura. Caerá también, y pronto, el hijo de doña Isabel, si por ventura llega a Madrid. Ellos son siempre los mismos hombres, con el mismo ejército y las mismas ideas, y con los mismos procedimientos. 

Nosotros también somos los de siempre, siempre leales, siempre honrados, siempre carlistas hasta morir. Ellos, o nosotros. No hay medio. Hasta aquí hemos dicho: ¡vencer ó morir! Desde hoy, seguros de que el enemigo, cambiando de postura y de careta, revela su impotencia incurable, haremos como los soldados de Fabio, que no juraron morir o vencer, sino volver vencedores, y vencieron en efecto.

El Cuartel Real, Tolosa 5 de enero de 1875

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