Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY

miércoles, 11 de julio de 2018

Nuestra visita a doña Sylvia Baleztena

El pasado 8 de julio por la tarde, durante las fiestas de San Fermín en Pamplona, uno de los miembros de nuestro círculo tradicionalista de Granada y en representación de la Secretaria Política de S. A. R. Don Sixto Enrique de Borbón, fue a presentar sus respetos y a felicitar las fiestas a D.ª Sylvia Baleztena Abarrategui, hija de D. Ignacio Baleztena Ascárate.

La familia Baleztena, de rancio abolengo carlista, requetés en la Cruzada y diputados jaimistas en las Cortes, representa lo mejor del carlismo, de Navarra y de España. Muy amablemente nos recibió en su casa, nos la mostró y nos contó anécdotas sobre ella y su familia. Estando ella sentada en su salón, para ver a la gente disfrutar de la fiesta, fuimos testigos de como la gente le saludaba y le felicitaba por su valentía de lucir en el balcón una hermosa bandera de España. Lamentablemente también pudimos ver como unos proetarras malnacidos la insultaron e hicieron gestos obscenos a los que ella respondió con una sonrisa.

Que Dios la guarde muchos años, le dé buena salud y la mantenga fiel a España y la Tradición.








martes, 10 de julio de 2018

Jaime Balmes y Andrés Manjón

Hojas de calendario

JULIO
10
Martes
Los siete hijos de Santa Felicitas, mártires

 Por estos días, cabalmente, del mes de julio conmemoramos el aniversario de la muerte de dos de nuestros más famosos y modernos varones ilustres: el glorioso aniversario de dos sacerdotes españoles sabios y santos: de nuestro Balmes amadísimo que finó el 9 de julio de 1848, y de nuestro amadísimo Don Andrés Manjón, que allá en su Sacro Monte de Granada emigró de este mundo en tal día como hoy del año de 1923. Y por cierto que hasta los pájaros cantaron sus exequias como aquella ave canora que cantó los funerales de Santa Isabel de Hungría, de la amada Santa Isabel.

 ¡Balmes y Don Andrés Manjón! ¡Qué sacerdotes tan sabios y tan santos, qué modelos de vida purísima y virginal, qué dos Doctores de la iglesia española, qué dos entendimientos tan altos, tan excelsos, tan soberanos y fecundos! Fueron dos faros gigantescos, dos lumbreras, dos soles, cuya luz esplendorosa jamás se extinguirá.

 Balmes fué uno de los talentos más próceres que han brillado en el mundo; talento (en mi leal saber y entender) de la misma gloriosa estirpe que San Agustín y Santo Tomás, como el agudo Cayetano y el Doctor eximio y piadoso y venerable Padre Suárez. Por lo que hace a Don Andrés Manjón, fué el Sócrates y el Aristóteles y el Platón de la Pedagogía; y quizá y aun sin quizá no existe en el mundo quien le haya pasado de vuelo en esta línea. En la literatura universal no hay autores más claros, más diáfanos, más cristalinos que estos dos escritores; de cuyas obras inmortales puede decirse aquello que decía Cervantes cuando decía que «los niños las manosean, los mozos las leen, los hombres las entienden y los viejos las celebran».

 Balmes fué maestro de maestros y doctor de doctores en la ciencia de la Filosofía, de la Sociología, de la Filosofía de la Historia y de la más portentosa Apologética. Don Andrés Manjón fué maestro y doctor de todos los maestros que se dedican a la crianza cristiana de los niños, y él fué siempre un primorosísimo, perfectísimo y sublime pedagogo.

 Y supuesto que estos dos aniversarios se conmemoran en dos días consecutivos de un mismo mes, conviene a saber, el 9 y el 10 de julio..., esta circunstancia trae a las mientes el recuerdo de otros dos santos canonizados ya por la Iglesia, San José de Calasanz y San Agustín, cuyas fiestas se celebran también en dos días consecutivos, que son el 27 y el 28 de agosto. Y por cierto que a cuento de estos dos santos tan vecinos hace un curiosísimo paralelo el Maestro Sarda y Salvany, paralelo digno en verdad de su ingenio soberano; paralelo del cual saca después una moraleja de mucha enjundia, concerniente al altísimo aprecio y a la singular estima que nuestra Santa Madre Iglesia hace de los que se dedican a la crianza cristiana de los niños.

Jaime Balmes (Vich, 1810-1848)

 Oigamos algunos párrafos de ese paralelo:

* * *

 «Calasanz y Agustín (dice Sardá) señalan, en efecto, como los dos polos del magisterio católico.

 En Agustín, la superior inteligencia y exposición de los divinos misterios se eleva, por decirlo así, hasta lo que el hombre puede en este concepto tener de más allegado a los ángeles; en Calasanz, el ministario doctrinal se humilla en algún modo y se abate hasta confundirse casi con la sencilla infantil catequística de las madres.

 Ocupa el uno cátedra altísima, que no reconoce superior en la tierra mas que en la infalible de Pedro. Personifica el otro la escuela popular que es casi al nivel y rasero del hogar doméstico de la más pobrecilla choza.

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 Por análogos, o mejor dicho, por idénticos conceptos, es Escuela Pía la del grande Agustín, como fué Escuela Pía la del humildísimo Calasanz. Por análogos, o mejor dicho, por idénticos conceptos, son niños grandes las generaciones que hace quince siglos apacientan, con Santo Tomás y Bossuet, su espíritu en las sublimes páginas De Civitate Dei; como son niños pequeños las otras que ante el cartel de la pared o con el silabario en la mano aprenden, trescientos años ha, los rudimentos del arte de leer y escribir, y de la doctrina, en las escuelas del bienhechor instituto calasancio.

 ¡¡Extraña observación nos ocurre cada año al fijar por este tiempo nuestros ojos en el dietario eclesiástico! Las fiestas del humilde sacerdote español y del primero de los cuatro Doctores Máximos de la Iglesia universal, no son iguales en España en rito o sea en categoría litúrgica. El Oficio de San José de Calasanz, aun para el Clero que no pertenece a su Orden, es de rito superior al de San Agustín.

 ¡Cómo si el Espíritu de Dios que guía la mano de la Iglesia, al formular ésta el cuadro de sus solemnidades, hubiese querido con esto recordar a los pueblos cuánto ama ella y cuánto enaltece y cuánto glorifica entre las más sublimes tareas del apostolado católico, la al parecer más humilde y menos enaltecida de todas, la de la catequística popular!»
* * *
Andrés Manjón (Sargentes de la Lora, 1846​-Granada, 1923)
Suya es la frase lapidaria:
«Las escuelas laicas son la ruina y la negación de la Patria,
la anarquía en forma de vendaval, el arte de hacer fieras.»

 Hasta aquí el gran Sarda y Salvany. Cuyo paralelo entre San Agustín y San José de Calasanz, puede aplicarse también en su tanto a Balmes y a Don Andrés Manjón.

 Pero tanto el sublime Obispo de Hipona como el excelso Doctor Humano (que este es el más adecuado sobrenombre de nuestro Balmes) no se olvidarán nunca de los niños y del vulgo de las gentes.

 Bien lo pregonan y lo cantan, por lo que hace a San Agustín, el libro popular de sus maravillosas Confesiones y su tratado sobre el modo de catequizar a los niños y a la gente ruda. Y por lo que a Balmes se refiere, recuérdense sus diálogos populares en catalán y su precioso librito intitulado La Región al alcance de los niños. La Iglesia y sus grandes servidores siempre están oyendo el mandato del divino Maestro:

 —DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN A MI.

 No desoigamos nunca tan divina y amorosa voz.

       CHAFAROTE

Fuente: El Siglo Futuro (10 de julio de 1934)

lunes, 25 de junio de 2018

Reseña: Imperiofobia y Leyenda Negra, de María Elvira Roca Barea.


Imperiofobia y leyenda negra.
Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio Español.
María Elvira Roca.
Biblioteca de Ensayo Siruela. 479 pp.


«Imperiofobia y leyenda negra» es una obra sobre el fenómeno de las Leyendas Negras, especialmente extrapolado al caso español. Toda la obra gira en torno al concepto de lo que Elvira Roca denomina imperiofobia. En pocas palabras, cuando una nación adquiere una posición dominante o hegemónica sobre las demás —o sea, se convierte en un Imperio— empieza a crearse en torno a ella una serie de tópicos con el propósito de desacreditarla o denigrarla.

En la obra, Elvira Roca examina este fenómeno en diversos casos, que son, como indica el subtítulo, el Imperio Romano, Rusia y Estados Unidos, y traslada las conclusiones al caso español. La tesis principal de este libro es que la Leyenda negra española no es un fenómeno único en la historia, sino que responde a unas características que se repiten a lo largo del tiempo.

Es más, incluso cita una serie de constantes en todos los casos: diversos pueblos agrupados bajo el Imperio, tendencia del Imperio a la autocrítica, naciones conquistadas por el Imperio que lo denigran como medio de resarcirse por la conquista o como medio de afirmación nacional, y ataques por parte de potencias extranjeras que ocultan envidia, temor o pretensiones de sustituirla como potencia hegemónica.

Entre los tópicos de las leyendas negras, se cita la raza impura, el Imperio que se hace o mantiene por mera casualidad (el Imperio inconsciente), el Imperio subordinado a siniestros intereses internacionales (España y EE.UU.), el bajo nivel cultural y el Imperio depredador o genocida que saquea a todos los pueblos que conquista.

Se trata de un libro monográfico, destinado más al análisis de un caso que a la simple literatura apologégica o anti-negrolegendaria, si bien también tiene algunas partes destinadas a analizar los tópicos de la Leyenda negra.

Es un libro ameno y bien construido, y la verdad es que a pesar de la sorpresa inicial de que se haya convertido en un best-seller debido al considerable tamaño utilizado, algo bastante extenso para la simple literatura de divulgación, a la larga es algo que se entiende bastante bien.

La obra se organiza en tres partes: una primera en la que se estudia la imperiofobia en los casos romano, estadounidense y ruso; una segunda en la que se estudia la Leyenda negra y sus tópicos de forma regional, en los países más relacionados con ella (Italia, Alemania, los Países Bajos e Inglaterra, aprovechando también para desmontar algunos de los tópicos más comunes, junto a una sección más larga destinada a América), y finalmente una tercera parte, donde estudia la evolución de la Leyenda negra desde la Ilustración hasta nuestros días.

La sección americana de la segunda parte es de las más interesantes, pues expone la "maquinaría imperial" en América, y su relación con la integración de los indígenas en el "imperio", así como diversos logros que ponen a España por delante de otros países europeos, como son las tesis de autores como Vitoria y Suárez, el Protomedicato de las Indias, las universidades españolas, los pactos con los indígenas, las reducciones y las misiones franciscanas o cómo los mineros de Nueva España eran los mejor pagados de Occidente.

Lo más curioso —y tal vez la principal novedad con respecto a otras obras al uso— es que es la primera vez que se reniega de una forma tan radical de la Ilustración. Se dice, por ejemplo, que Carlos III se pasó el resto de su reinado intentando tapar los agujeros que provocó con la expulsión de los jesuitas en 1767, y se nos cuenta cómo el gran aparato creado en América acabaría desmontado tras las independencias por la influencia del prusiano Alexander von Humboldt. Éste criticó el sistema de sistema de intervencionismo estatal para estabilizar los salarios, desestimó e ignoró el Barroco americano y luego entregó información sobre la América española a Estados Unidos, pues las autoridades españolas le habían permitido libertad de acceso a los documentos; finalmente su influencia trascendió a las autoridades mexicanas, que aplicaron las sugerencias de Humboldt con funestos resultados.

Se hace una defensa implícita de la tradición española frente al legado de la Ilustración, cuyos exponentes menospreciaron el pensamiento clásico español, así como el legado cultural de España en América, de forma que serían relegados al olvido hasta ser redescubiertos por la investigación científica en el siglo XX.

Cabe agradecer a la autora de este libro, Elvira Roca, aunque se confiesa atea y de familia republicana y masona, la pequeña apología del catolicismo que se hace, dónde se enfatiza que, desde el principio de la llamada Reforma, los católicos no recurrieron a la propaganda difamatoria del mismo modo que los protestantes, sino que procuraron recurrir siempre a la verdad, hasta el punto de reunir Felipe II una comisión para defender la actuación de los conquistadores en América. También es de señalar que la cita de Chesterton «cuando se deja de creer en Dios, en seguida se comienza a creer en cualquier cosa» encabeza la tercera parte del libro, dedicada a la Leyenda Negra desde el "Siglo de las Luces" hasta nuestros días.

El pero de este libro es el uso para la Monarquía Católica del término Imperio, inexacto jurídicamente, aunque se entienda su significado de "potencia hegemónica". Otra pega es la alabanza, a la hora de defender España, de la Unión Europea y otros sistemas liberales (como lo que se intuye que es el Estado del Bienestar), con el aparente propósito de defender el sistema español como "moderno". Sin embargo, teniendo en cuenta que nos movemos en un marco demócrata y liberal, creo que podemos hacer la vista gorda.

viernes, 15 de junio de 2018

Tertulia sobre el supuesto fin de ETA en Granada

El presidente de nuestro Círculo tradicionalista, Rodrigo Bueno, asistió ayer en el Realejo a una interesante charla organizada por el Club de Tertulia Secondo Venerdi que versó sobre el supuesto fin de la organización terrorista ETA y el maltrato que reciben continuamente sus víctimas, que siguen siendo humilladas y acosadas por los amigos de los asesinos ante la impasibilidad del gobierno y las instituciones.

La tertulia contó con la presencia de Maite Araluce Letamendia, actual presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo e invitada de honor, además de otras víctimas del horror rojo-separatista como nuestro paisano Dionisio Bolívar.

La actual presidente de la AVT, hija del mártir Juan María de Araluce y Villar, quien fuera presidente de la Diputación de Guipúzcoa y antiguo combatiente requeté, nos comentó que había recibido encantada el libro que reseñamos en nuestra entrada anterior «Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo» (Ediciones Auzolan, 2017) de nuestro correligionario Víctor Ibáñez, quien nos encargó que le transmitiéramos su afectuoso saludo, como así hicimos.



Reseña de «Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo»

Si del casi millar de muertos a manos de ETA, solamente unas decenas eran tradicionalistas, cabría pensar que una monografía sobre el conflicto entre una ETA creciente y un carlismo inactivo es meramente anecdótico; sin embargo, Víctor Ibáñez ha demostrado que no así en absoluto.

El conflicto entre el carlismo vasco-navarro y ETA procede de un odio visceral de ésta al carlismo causado por la existencia de aquel como una prueba viviente que afirma con su sola existencia la falsedad de las doctrinas nacionalistas.

El carlismo vasco representa las raíces más profundas de la tradición vasca, que se autoafirma en un ejercicio de españolidad, como muestran los tercios de requetés vasco-navarros ofrecidos voluntarios en la Cruzada contra la Segunda República, desmintiendo doblemente las tesis del carlismo como antecedente del nacionalismo vasco y de la Guerra Civil como una invasión española del País Vasco.

Dentro del odio al carlismo, había también en componente racial, o mejor dicho, de autoodio racial, pues desde sus inicios el nacionalismo vasco ha sido una corriente profundamente racista, por mucho que en los primeros años de ETA intentaran reemplazar el término raza por el de etnia. El carlismo representaba al vasco de raza, siendo las grandes familias carlistas antiguos linajes con sus ocho apellidos vascos, mientras que, por el contrario, las filas de los etarras estaban engrosadas por los mismos hijos de los inmigrantes andaluces a los que ellos condenaban. Como se cita en el libro, cada cual conoce sus apellidos.

La estrategia etarra de eliminación del carlismo consiste en el terror y la eliminación de opositores mediante el arma psicológica. Esta estrategia se establece a tres niveles: un primer nivel consistente en la detección de opositores, con la posterior amenaza directa contra su persona y/o su familia; el segundo nivel consiste en el ataque a sus propiedades y, finalmente, la eliminación física de la persona, en la mayoría de los casos realizada mediante ataques por la espalda o por sorpresa cuando la víctima está sola, utilizando ametralladoras y coches robados.

Con esta estrategia se consigue amedrentar a la víctima, evitando un activismo de oposición, y aislar socialmente a la víctima y a sus familias, por temor a represalias. En segunda instancia, se logra un clima de terror que tiende a concluir con la huida de la víctima y su familia a entornos más seguros, bien a zonas vecinas del País Vasco para ejercer su actividad rutinaria en su lugar de trabajo, caso de numerosos funcionarios, o de un auténtico exilio interior, buscando lugares más tranquilos. Para nombrar a los afectados por esto hoy día se utiliza el término trasterrados.

Con este sistema, millares de familias vascas abandonan la región. Se calcula que en torno al 10 % de la población vasca huiría a otras regiones españolas, y si bien no se constató una bajada de la población, esto se debió a la inmigración masiva en aquellos años, que contribuyó a sustituir la composición social anterior, pero sí que se constata un crecimiento demográfico bastante menor que otras regiones españolas.

A esta situación, hay que añadir el clima de desamparo por parte del Estado y los atentados contra monumentos de tipo simbólico, como es el Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada. También hay que añadir que muchos de los muertos carlistas no eran simples miembros del común, sino personalidades políticas relevantes, como presidentes de diputaciones o alcaldes, o gente con un importante lugar dentro de sus comunidades y muy conocidas, por lo que su eliminación contribuía a aumentar el terror y la sensación de desamparo.

El libro de Víctor Javier Ibáñez Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo (Ediciones Auzolan, 2017, 228 páginas) no es una obra total que se dedica a explicar todo un tema de forma global, sino que es de ese tipo de monografías dedicada a un tema concreto, que en este caso es el conflicto entre tradicionalistas y etarras, explicando el desarrollo histórico y cronológico de los hechos, por lo que nos encontramos con diversas descripciones de los sucesos y con múltiples testimonios de aquellos que los vivieron.

De esta forma, la mayoría de los capítulos nos hablan de los atentados tal y como se desarrollaron, contra carlistas, víctimas relacionadas con el carlismo y otras víctimas colaterales, amén de monumentos simbólicos. Sólo dos de los siete capítulos se dedican a explicarnos el proceso general, si bien presuponen algunos conocimientos básicos al lector; se nos habla, por ejemplo, de la naturaleza de ETA en el contexto del fenómeno terrorista de la época, con una aproximación somera a sus primeros pasos y a sus doctrinas, pero sin indagar demasiado en éstas.

A nivel general, la obra es de buena factura. Las descripciones y los testimonios de familares que permiten una buena aproximación a los sucesos, transmitiendo además la situación de ansiedad y de desesperación que se debió vivir en la época. Los únicos defectos son algunas erratas ortográficas, de la que ninguna obra, por especializada que sea, está exenta, y que pueden ser corregidas en ediciones posteriores.

Los capítulos dedicados a la situación general son bastante completos, si bien consideramos que sería bueno ahondar un poco más en la ideología separatista etarra; los sucesos que relata permiten deducir ciertos tipos de mecanismos y actuaciones que no se abordan explícitamente, e incluso se pueden comprender diversas situaciones como la nacionalista catalana actual (e incluso podemos establecer un paralelismo, salvando las distancias, entre la reacción por la muerte de Carrero Blanco y la reacción provocada por el intento de separación de Cataluña protagonizado recientemente por Puigdemont) o ciertas estrategias de dominio y control de la izquierda actual.



miércoles, 6 de junio de 2018

Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti, conde de Padul

Hoy hace exactamente 83 años fallecía en Granada Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti (1866-1935), maestrante de Granada y conde de Padul.

D. Isidoro nació el 1 de septiembre de 1866 en una familia granadina de la nobleza. Fue bautizado el 5 en la Iglesia de San Salvador. Era hijo de Isidoro Pérez de Herrasti y Antillón (1838-1903), Conde de Antillón, y de Josefa Pérez de Herrasti y Vasco (prima tercera de Josefa Vasco Gómez, madre del General Carlos Calderón). Por vía paterna era sobrino tataranieto de Andrés Pérez de Herrasti y Pulgar Viedma (1750-1818), general granadino y benemérito de la Patria que se destacó por la heroica defensa de la plaza de Ciudad Rodrigo durante el asedio francés. Su padre, Isidoro Pérez de Herrasti y Antillón, debía el título de Conde de Antillón a los méritos de su abuelo materno, Isidoro de Antillón y Marzo (1778-1814), que había formado parte de la Junta de Defensa de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, si bien fue adicto a la causa liberal.

D. Isidoro (padre) había formado parte de la Junta carlista de Granada desde el Sexenio Revolucionario, llegando a ser presidente de la misma durante algunos años, aunque en 1888 se uniría a la escisión de Ramón Nocedal. Su hermano, Antonio Pérez de Herrasti y Antillón (1839-1900), permanecería en cambio leal a Don Carlos y fue siempre muy querido por el Duque de Madrid.

Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti casó con Rosario Solís, hija de los marqueses de Valencina. Era asimismo primo hermano del que fuera jefe regional de la Comunión Tradicionalista en Andalucía Oriental durante la II República, D. Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti, y del hermano de éste, el célebre articulista del diario El Siglo Futuro Fernando de Contreras.

Aunque D. Isidoro había militado, al igual que su padre, en el Partido Integrista, y en 1924 recibió de manos de Alfonso (XIII) el título de Conde de Padul, su lealtad y entrega por la Causa carlista durante la década de 1930 están fuera de toda duda. No en vano, D. Juan M. Rubio Moscoso (1911-), último superviviente del tercio de Requetés Isabel la Católica de Granada, nos decía que la mayoría de los combatientes de dicho tercio procedían de El Padul, y creemos que mucho tendría que ver en ello la labor de D. Isidoro Pérez de Herrasti.

Entre las generosas obras de caridad de D. Isidoro, podemos citar la instalación en Padul de un hospital para los heridos del pueblo en Melilla en 1921, y la donación de unas escuelas a la villa de Padul el año siguiente.

Por carta de 14 de mayo de 1956, le sucedió en el título de Conde de Padul su sobrino Antonio Pérez de Herrasti y Orellana (Madrid, 1898-1974).*

Fotografía tomada durante la entrega de unas escuelas donadas a la
villa de Padul por los señores de Herrasti (ABC, 01/02/1922)

A la muerte de D. Isidoro, El Siglo Futuro, órgano de la Comunión Tradicionalista, publicaba la siguiente necrológica:

EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR CONDE DE PADUL

En Granada, donde residía, falleció, confortado con los Santos Sacramentos y la bendición de Su Santidad, nuestro ilustre y benemérito amigo el excelentísimo señor don Isidoro Pérez de Herrasti, conde de Padul, de abolengo tradicionalista, caballero intachable y persona de extraordinario relieve social, que prestó siempre grandes servicios a nuestra Causa.

Era sobrino de aquel don Antonio Pérez de Herrasti, que estuvo con su esposa al servicio de Don Carlos, y primo hermano y cuñado de nuestro don Fernando Contreras, a quien tanto se aprecia y se respeta en esta Casa.

La muerte del señor conde de Padul constituye, pues, una pérdida dolorosa para nuestra Comunión política, en la que siempre militó con el desinterés y el entusiasmo de estos próceres, que sólo buscan a Dios y a la Patria en sus acciones y guían su conducta con esas miras tan elevadas.

Al testimoniar a la viuda, doña Rosario Solís; a su cuñado, don Fernando Contreras, y a sus sobrinos, el marqués de Albayda y los señores de Yanguas Messía, la expresión de nuestra más sincera condolencia, suplicamos a los lectores de EL SIGLO FUTURO pidan en sus oraciones por el eterno descanso de este caballero católico, modelo de esposos, aunque es de esperar, pensando cristianamente, que una vida dedicada a servir y confesar a Dios tendrá ya el premio que Él ha reservado a los que se hacen acreedores a recibirlo.

El Siglo Futuro (7 de junio 1935)

ENTIERRO DEL CONDE DE PADUL 
GRANDIOSA MANIFESTACIÓN DE DUELO

GRANADA, 8.— El entierro del conde de Padul ha constituido una imponente manifestación de duelo. Todas las clases sociales de Granada figuraban en el cortejo fúnebre. Destacóse, por un minero, la representación del pueblo de Padul, que tanto debe al finado.

Figuraban en el acto las Escuelas del Ave María, Damas Apostólicas y las que don Isidro fundara en el pueblo indicado, y Clero parroquial con cruz alzada. El cadáver era conducido por los vecinos de Padul y colonos del señor conde.

Presidían el duelo el excelentísimo señor Obispo de Huesca, llegado expresamente de su diócesis; don Gabriel Parrado, en representación del señor Arzobispo de esta Archidiócesis; el deán de la Metropolitana, doctor Cavero; los marqueses de Albayda y Cartagena, vizconde de Santa Clara de Avedlllo y el señor Gómez de las Cortinas.

Al llegar el cortejo a la parroquia de San Pedro, en donde está el enterramiento de la familia Herrasti, fué colocado el cadáver en el templo y se le hizo el oficio de sepultura, despidiéndose el duelo. Los restos mortales del conde de Padul fueron subidos al cementerio y recibieron tierra en el panteón de la familia.

Enviamos a la señora viuda nuestro más sentido pésame, que hacemos extensivo al primo del finado, don Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti, jefe regional tradicionalista de Granada.

Rogamos a los lectores de EL SIGLO FUTURO encomienden a Dios nuestro Señor el alma del conde de Padul, que, piadosamente pensando, ya habrá recibido el premio a toda una vida generosa y fecundamente cristiana. ¡Descanse en paz!—

Pedro Amor Maldonado.

El Siglo Futuro (8 de junio 1935)

Escuelas de don Isidoro en El Padul

* Antonio Pérez de Herrasti y Orellana (Madrid, 1898-1974) era hijo de Antonio Pérez de Herrasti  y Perez de Herrasti y de María Concepción Orellana. Fue II Conde de Padul, IV Conde de Antillón, XIII Marqués de Albaida y de la Conquista. Casó con Matilde de Narváez y de Ulloa, hija de los Marqués de Oquendo. Le sucedió su segundo hijo, Ramón Pérez de Herrasti y Narváez (nacido en Madrid el 22 de octubre de 1927), III Conde de Padul, VI Conde de Antillón, Marqués de Albayda y Marqués de la Conquista. Es Caballero Maestrante de Granada y Grande de España. Casó con Begoña Urquijo y Eulate, nacida en 1932.

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