miércoles, 27 de mayo de 2026

Una entrevista con Blas Piñar en la Revista Montejurra (1964)

Traemos hoy una interesante entrevista a Blas Piñar publicada en la revista Montejurra (n.º 43) de agosto de 1964. 

Como introducción a la misma, permítasenos decir que el célebre patriota que casi tres años después sacaría la revista Fuerza Nueva, como «revulsivo de la conciencia nacional dormida», luchó durante los años del desarrollismo franquista por mantener vivos los ideales del Alzamiento Nacional y la unidad entre todas las fuerzas del 18 de Julio, en un momento en que habían desaparecido las rencillas del pasado originadas en aquel famoso Decreto de Unificación (rencillas que tan intempestiva y absurdamente pretenden resucitar algunos 70 años después, no sabemos con qué finalidad). 

Blas Piñar junto a Don Sixto de Borbón
durante los años de la Transición.

En nuestra opinión, el sentir católico y tradicional de España que defendía el notario toledano lo acercaba al tradicionalismo probablemente más que al falangismo. No en vano, nada menos que Manuel Fal Conde dijo en una ocasión que «pensar así, sentir así y expresarse así» —como lo hacía Blas Piñar— era «ser carlista». [1]

Fal Conde (figura harto tergiversada tanto por huguistas como por neotradicionalistas), apoyaría la revista Fuerza Nueva y su ideario. Lo cuenta el mismo Piñar, quien en 1966 visitó a Fal en Sevilla:

[Fal Conde] estaba operado de tráquea. Le era difícil hablar. Nos entendimos perfectamente a pesar de ello. Le expuse mi proyecto de fundar la revista Fuerza Nueva, y le expliqué lo que sería su ideario. Me brindó su apoyo. Más aún, me prometió, y cumplió su promesa, de hacerme llegar la dirección de mil tradicionalistas, a los que podía escribir en su nombre, a fin de darles cuenta del proyecto y pedirles que se suscribieran. Así lo hice”. [1]

El apoyo iba más allá: la Comunión Tradicionalista de aquellos años lo tuvo frecuentemente en sus actos y fue uno de los oradores estrella en los Montejurras de 1964 y 1967. Como se aprecia en sus memorias, fue además amigo entrañable de carlistas tan señalados como José Luis Zamanillo, Roberto G. Bayod o Rafael Gambra [2], así como de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, abanderado de la Tradición, con quien todavía en 2004 seguía realizando actos conjuntos.

Blas Piñar es una figura que merece ser recordada por el Tradicionalismo español. Muerto Franco, en los multitudinarios 20N de la Plaza de Oriente (donde también hablaron a las multitudes representantes de la Comunión Tradicionalista como José María Codón, Jesús Evaristo Casariego o Juan Sáenz-Díez), algunos sacaron la impresión de que Piñar buscaba lucirse. Creemos que esa impresión es injusta, pues era un hombre que actuaba por convicción y no por interés. José Miguel Orts (q.e.p.d.) comentó en una ocasión a quien esto escribe cómo Piñar había colaborado en el humilde boletín de la AET valenciana llamado Resurgir, que hacían a ciclostil un puñado de estudiantes carlistas. 

Blas Piñar no era sólo un patriota amigo del carlismo. Era el mejor orador que ha alumbrado España en los últimos cien años. Hasta aquí la introducción y damos paso a la entrevista en Montejurra (sus apreciaciones sobre Carlos Hugo resultan hoy sorprendentes, mas hay que tener en cuenta que por entonces el príncipe aún no había enseñado la patita).


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Blas Piñar en un acto de la Comunión Tradicionalista de Valladolid
y la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés
por los xxv años de paz (1964). Fuente: Montejurra (n.º 40)
El 1 de abril de este año luminoso en que España cumple sus veinticinco años de paz, Valladolid, adelantada siempre de todas las gestas españolas, quiso conmemorar tan gloriosa fecha con un acto de dimensión trascendente, organizado por todos los ex combatientes de la capital y provincia: boinas rojas, camisas azules, estrellas de alféreces provisionales, marinos y todos los ex combatientes de cualquier procedencia que guerrearon unidos por el ideal magno de España. A este acontecer de recuerdo histórico y de proyecto de futuros fecundos, fue invitado para dirigir su palabra de excepción, don Blas Piñar. Aprovechando su estancia en Valladolid solicito del señor Piñar su respuesta a unas preguntas que deseaba hacerle para su publicación en la Prensa española. Don Blas Piñar accedió amablemente; un agobio de ocupaciones ha impedido al Sr. Piñar responder a mi cuestionario antes, pero sus ideas, con alguna distancia del 1 de abril de 1964, cobran aun más vigencia, están producidas sus palabras en un ambiente de mas calma y serenidad.

Naturalmente que don Blas Piñar no ha de ser presentado a los lectores. Blas Piñar es figura nacional y que traspasa las fronteras, para constituirse internacionalmente también, en uno de los hombres más genuinamente representativos de la intelectualidad y de la política española actual. Si diré tan sólo que Blas Piñar merece ser declarado corno el orador de España: es romero genial en tantos lugares donde es necesario hacer afirmaciones españolas, desempolvar olvidos, crear ilusiones de futuro. Piñar está situado ya entre los hombres cumbres de la oratoria española de todos los tiempos. Su palabra sirve siempre a los grandes dogmas nacionales, y su corazón impulsa a este hombre magnifico por las rutas seguras de la más perfecta interpretación de la política constructiva y de unidad.

¿Qué sensación ha experimentado usted al venir a Valladolid para hablar en un acto de auténtica unidad entre todos los excombatientes de la Cruzada? 

— Ponerme en contacto directo con los excombatientes españoles constituye para mí un motivo de personal alegría. Cada vez que esta oportunidad se me ofrece, en actos públicos como el celebrado en Valladolid el día en que conmemoramos los veinticinco años de la Victoria, o en reuniones de carácter privado, puedo constatar cómo, no obstante el confusionismo y la desorientación del momento, su espíritu está en pie y un instinto especial y varonil les hace enfocar los problemas vivos de la nación con soltura, gallardía y lealtad hacia los ideales que defendieron hace cinco lustros con las armas en la mano. 

¿Cómo entiende usted el significado genuino de estos 25 años de Paz? 

— Estimo que los veinticinco anos de paz han sido el fruto de una Cruzada victoriosa, que ha removido el país hasta sus tuétanos, ha llenado de savia vigorosa a los estamentos sociales, y ha conseguido, a pesar de las deserciones de algunos y de las dificultades de todo orden que se han puesto a la marcha ascendente de la nación, una España unida y en orden. 

¿Conexión que usted ve entre las ideas de Victoria y Paz en el sentido de nuestra Victoria y de nuestra Paz? 

— La conexión entre Victoria y Paz me parece absoluta e irrompible. Cualquier intento de ruptura entre ambas lo estimo frívolo, cobarde o suicida. Si la Paz se desentraña y desenraiza de la Victoria, se esfumará rápidamente, y delante de nosotros mismos. 

El matrimonio que se celebró en Valladolid entre Isabel y Fernando, en alguna manera signo de unidad, ¿podría tener alguna semejanza al abrazo unitario de los excombatientes vallisoletanos en el día 1.º de abril con aquel matrimonio que enlazó para siempre a Castilla y Aragón?

— Creo que sí, en alguna manera, al menos. Para mí, el acto que se celebró el uno de abril de 1964 en el Teatro Calderón de Valladolid, a pesar de su falta de eco en la prensa y en los medios de difusión de alcance nacional, es histórico. Por la ciudad que albergó el acto, por la historia política del local, por la fecha que se conmemoraba, por la identidad de pensamiento de los asistentes, por el carácter de las organizaciones que lo patrocinaron y de los hombres que presidieron, y por el entusiasmo indescriptible e inenarrable que respaldó las ideas que allí se expusieron, estimo que la unidad de los excombatientes españoles es más fuerte ante los peligros que amenazan nuestra paz, que ante el enemigo descubierto que disparaba desde el otro lado de las trincheras. 

Las ideas fundamentales del Movimiento, Tradicionalismo y Falagismo, ¿entiende usted que pueden formar un cuerpo de doctrina sustancialmente igual y que asegure la permanencia del 18 de julio? 

— Naturalmente. Lo he creído así toda mi vida. Recordará Vd. que en el acto del primero de abril yo convoqué a los españoles en torno a las banderas del 18 de julio, es decir, en torno a la Tradición revolucionaria o a la Revolución tradicionalista. 

¿Qué aconseja usted a las nuevas juventudes españolas para que se incorporen plenamente a los ideales del 18 de julio y sepan seguir adelante, perfeccionándolo, lo que nació de la Victoria del 1.º de abril? 

— Estudio atento de la realidad española, observación aguda y vigilante de la tiranía comunista que ha sojuzgado a una gran parte del planeta y de la debilidad de los sistemas liberales para combatirla. La solución está en la continuidad del Estado nacido de la Cruzada, purificándole de errores e imperfecciones, que no deben asustarnos, pues son inherentes a toda empresa humana. La mayor imperfección seria asustarnos de nuestras imperfecciones y, oyendo al enemigo, desmontar con nuestras propias manos lo mucho y bueno hasta ahora construido. La tarea política que incumbe a quienes trabajan o han de trabajar en ella en un futuro próximo, no es la de desmonte y derribo, sino la de continuidad y perfección. 

¿Quería decir unas palabras sobre cómo ve usted en el plano político y de realizaciones nacionales a los carlistas, falangistas, alféreces provisionales, marinos voluntarios, excautivos y demás excombatientes de España? 

— Creo que son la guardia activa del Movimiento, los centinelas mayores de la lealtad. Su historia y sus heridas, su ardor y su coraje —si la unidad entre ellos se mantiene—, son garantía de que el proceso político español no cerrará en falso la revolución tradicionalista. 

¿Qué sugerencia le produce a usted el que los Reyes Católicos se unciesen en matrimonio en Valladolid, muriese en Medina del Campo Isabel la Católica y viviese y muriese de amor en Tordesillas Juana la Loca? 

— Que esta tierra tiene un sentido misional hispánico, y que es preciso recorrer y peregrinar por estos lugares para saborear un poco de la mejor España. 

¿Cómo ve usted, como figura española, al Duque de Madrid? 

— Conocí hace algún tiempo al príncipe Carlos-Hugo. Me ha parecido un hombre serio y alegre, a la vez, preparado, ágil de inteligencia y de palabra, conocedor a fondo de los problemas del país y dotado de una evidente seguridad en sí mismo. 

El sentido social del Duque de Madrid, su entrega total a los obreros y clases menos dotadas, ¿no cree usted que es algo fundamental para un Príncipe en el año 1964?

— Cierto, y no solo para un príncipe de 1964, sino también para todos aquellos que desempeñan o han de desempeñar una tarea dirigente en el país. La lección de Don Carlos en las minas de Asturias ha sido ejemplar, en el sentido más amplio de la palabra. 

¿Querría decirnos algo sobre viabilidad del concepto de unidad y regionalismo en el pensamiento político tradicionalista español? 

— Siempre he estimado que la gran reforma administrativa española prescindiendo de razones históricas que también son de capital importancia, consiste en descentralizar la cabeza gigantesca y absorbente de un poder que mediatiza y demora las soluciones de los problemas y que va emperezando a todos en una resignada y fatigosa gestión de los asuntos, me parece opuesta a la creación de una sociedad con vida, en la que las estructuras menores y subordinadas tienen una esfera natural de jurisdicción y de competencia. Una descentralización de este tipo no solo no está reñida con la unidad, sino que es su auténtica garantía. 

Hasta aquí don Blas Piñar. Sus palabras son una siembra que aflorará en cosecha ubérrima, sin duda, en tantos corazones españoles, especialmente en los corazones de esa juventud que se abre ahora a la vida emocional de España y que es el asiento, el pilar de bienandanzas futuras. Otra lección, magistral, de don Blas Piñar, cuya ejecutoria yo la definiría así servir-nobleza-España. 

Y firmó en la tierra isabelina de Medina del Campo, a 21 de junio de 1964, en el año de Gracia en que se cumplen los veinticinco años de la Paz y Victoria de España.

ANTONIO MARÍA SOLÍS GARCÍA

Fuente:  Montejurra (n.º 43)

Excombatientes requetés y falangistas desfilando de la Catedral
al Teatro Calderón de Valladolid para asistir a aquel acto político de 1964.


A continuación, el discurso que Blas Piñar pronunció en Valladolid:


El orador comenzó diciendo que el acto que nos congregaba en el Teatro Calderón, a pesar de la diversidad de uniformes y de la presencia de bellas mujeres, era un acto esencialmente militar. Exalta el importante papel jugado por el Ejército a través de la Historia de España. Dice el orador que fue el Ejército de España quien se opuso al Comunismo y que en torno de este Ejército se embanderó todo un pueblo, un pueblo que se hizo milicia. Sigue analizando el momento crucial de nuestra historia en que todo un pueblo lucha por la defensa de sus ideales, de su idiosincrasia espiritual y que fue así como España tomó las armas. Para España tomar las armas es un modo natural de cumplir su destino. Hace un canto a Onésimo Redondo, a Ramiro Ledesma y a José Antonio y a las Banderas de Castilla, pero, añade que, ¡no lo olvidemos!, también de esta tierra salió el Requeté. Dice cómo mientras en el Alto del León morían los falangistas, en Somosierra morían los requetés. Así, se hizo una unidad con la sangre de los héroes y de los mártires. El orador hace un extraordinario canto a la unidad. En este acto están los de José Antonio y los de Onésimo, los de Vázquez de Mella y Zumatacárregui: los de Yagüe, los de Mola y los de Franco. No solamente celebramos 25 años de paz, celebramos 25 años de victoria, conmemoramos las bodas de plata de la Victoria del heroísmo. Tenemos que actualizar, que aproximar a nosotros, lo que fue nuestra gesta. Ataca duramente a quienes quieren volver a España a viejos moldes, a viejas teorías liberales. El comunismo no tiene miedo a los estados liberales, teme a los estados confesionales y católicos como el nuestro, como ha dicho Franco. Afirma el señor Piñar que queremos una España española, no queremos esclavizarnos a Europa, queremos vivir a lo español. Queremos un Estado al servicio del hombre, una economía al servicio de la política, pedimos una Administración al servicio de una gran política. Expresó cómo la Revolución ha de ser TRADICIONALISTA. Habla de cómo él ve la realidad unitaria de España en una identificación del TRADICIONALISMO y la Revolución. Tiene frases de extraordinaria belleza y cariño para la gloriosísima enseña del Carlismo, la Cruz de San Andrés. El orador dedica palabras emocionadas al Tradicionalismo en un arrebato de elocuencia y fervor: Ese Tradicionalismo que él considera identificado al espíritu de la Revolución, que abandera la Falange. 

Las palabras finales del eximio orador fueron éstas: 

¡Por Dios, por la Patria y por el Rey! ¡España Una, Grande y Libre! ¡Viva España! ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Viva el Rey!

Las carlistas, que en gran número ocupaban gran parte del Teatro Calderón, estallaron en una ovación delirante. UNICA, que no sólo fue, naturalmente, su ovación, sino la de toda la concurrencia unida verdaderamente en los cimeros ideales españoles que allí se habían expuesto y vitoreado. Finaliza el acto con los himnos de la Infantería, del Carlismo, de Falange Española de las JONS y de España, que fueron cantados por todos entre golpeteos de corazón que quería saltar del pecho al exterior... 

Inolvidable jornada españolísima la del 1 de abril en Valladolid, en la que todos los ex-combatientes se abrazaron entrañablemente. Jornada en la que el Carlismo vallisoletano hizo un acto de presencia realmente definitivo.

Fuente: Montejurra (n.º 40)


Notas:
[1] A los 80 años del acto fundacional de La Comedia, por Blas Piñar
[2] Piñar, Blas: Escrito para la Historia (I)


lunes, 25 de mayo de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (III). Noelia y la prioridad nacional (3ª parte).


La rendición de Granada, de Francisco Padilla y Ortiz.


La prioridad nacional en su contexto.

La prioridad nacional, por lo que se asume de su uso en los medios, consiste en la priorización de los nativos españoles con respecto a los ciudadanos extranjeros en lo relativo al acceso a ayudas y servicios. Cómo dijimos en la parte anterior, ésta es una política de sentido común que corresponde tanto a la justicia como a la prudencia. Por un lado, es justo que el Ayuntamiento de Almuñécar, por ejemplo, priorice las necesidades de los almuñequeros por encima de los motrileños: ya que la primera obligación de la Justicia es dar a cada uno lo suyo, y los gobernantes deben cumplir sus obligaciones con respecto a sus gobernados. Por otro, la escasez de recursos o la alta demanda de servicios obligan a establecer prioridades, y éstas deben fijarse en relación a la naturaleza de los servicios y el propio gobierno: en este caso, han de priorizarse las necesidades de los ciudadanos españoles con respecto a las de los extranjeros.

Volviendo a la cuestión de los extranjeros, cualquiera podría aducir que el deber de caridad –la solidaridad o la empatía— obliga a dar auxilio a los extranjeros pobres en estado de necesidad, y que se debe tratar a los españoles y no-españoles en el mismo plano de igualdad. Sin embargo, existe un problema y es la circunstancia en la que nos encontramos: por un lado, desde hace varias décadas hemos tenido unas tasas de desempleo extremadamente altas, y no parece prudente acoger a grandes cantidades de población en esa circunstancia ni procurar darles trabajos y condiciones de vida dignas cuando no somos capaces de dárselas a nuestra propia población. Esto ha sido un motivo constante de queja desde el gobierno de Zapatero, y aunque las tasas de desempleo han mejorado mucho desde entonces también hemos desarrollado otros tipos de problemas: largas lista de espera en los servicios sanitarios por una no-concordancia entre la demanda de éstos y los servicios disponibles, incremento del coste de la vivienda y el alquiler de ésta en todas las capitales y grandes ciudades, en particular Madrid. Por otra parte, llevamos muchos años recibiendo inmigración en grandes cantidades, y eso, amén de la conocida criminalidad y de las implicaciones demográficas que conlleva, ha generado también un fuerte impacto en los salarios y en el mercado de la vivienda que no ha beneficiado a la población nativa –a fin de cuentas, sólo una persona de izquierdas creería que traer millones de extranjeros a una ciudad no provocaría ninguna consecuencia por el incremento de la demanda de trabajos o viviendas.


Personas esperando para recibir atención médica en un Hospital. 
Fotografía de elEconomista.es.

Caridad exacerbada, sanidad universal y la ruptura del Contrato Social.

¿Por qué tenemos una parte de la población en contra de la prioridad nacional, entonces? La respuesta es la misma que la que da el nombre a este epígrafe: esa caridad distorsionada que se esconde bajo el nombre de solidaridad y empatía. Los contrarios a la “prioridad nacional” aducen que el mero concepto es un acto de discriminación entre españoles y extranjeros, y en su lugar proclaman el acceso universal a los servicios públicos españoles: en particular a la Sanidad. 

Esto a priori no debería resultar muy problemático, pero plantea ciertos inconvenientes tanto a nivel práctico como de la aplicación del “contrato social”. Aplicando el caso concreto a los servicios sanitarios, el establecimiento de un sistema de sanidad gratuita y universal genera un problema: un efecto llamada a cualquier persona para trasladarse a España y ser tratado en los hospitales españoles, lo cual generaría una mayor presencia de extranjeros en España que incrementaría todavía más el problema de las ya largas listas de espera. A nivel “legal”, sin embargo, genera otro problema que parte de la falacia del sistema sanitario “gratuito”: los servicios públicos no son gratuitos. Ni el sueldo de los médicos, enfermeros y otro tipo de personal, los medicamentos, el mantenimiento de las instalaciones ni otras infraestructuras son gratuitas, sino que son mantenidos por el erario público. Aquí es donde entra el Contrato Social al que hacía referencia.

De acuerdo a la mentalidad del ciudadano promedio, el Estado del Bienestar funciona a modo de una mutua de seguros. El ciudadano debe pagar una onerosa tasa de impuestos, así como tolerar prácticas semi-mafiosas de Hacienda y de las Administraciones Públicas, bajo la promesa de que ese dinero –o mejor dicho, parte de él— se dedica a una serie de servicios públicos que podrá utilizar de forma gratuita. Algunos de estos servicios son utilizados de forma prolongada sólo durante un período de la vida del ciudadano, como la educación pública (infancia y juventud) o la propia sanidad (especialmente en la vejez), y otros sólo se utilizarán eventualmente, especialmente si el ciudadano hace uso de sanidad o educación privada. Si este sistema no existiera el ciudadano podría ahorrarse una buena parte del suelo, y emplearlo en educación o sanidad sólo cuando lo necesitara; pero ante una situación ante un accidente cuyo costo superase las disponibilidades económicas, se encontraría en graves problemas. 

Dicho de otra forma, la relación gasto-uso es de tipo recíproco, y a cambio de sus impuestos el ciudadano espera una serie de servicios: de ahí el conato de revuelta anti-fiscal que se dio a raíz de la DANA en Valencia. Por su parte, cuando se abre el acceso universal de ciertos servicios como la Sanidad a todo el que desee hacer uso de ella sin cumplir las obligaciones correspondientes es cuando el ciudadano siente que ese contrato social se rompe: por un lado, porque debe cumplir unas obligaciones a las que se exime al extranjero, y por otro, porque sabe que el sobrecoste repercutirá sobre él; dicho de otra forma, que le estamos pagando la Sanidad a los extranjeros.



Diseño con el lema "Sólo el pueblo salva al pueblo" de Los Artistas del Barrio
La idea común de que la presión fiscal que sufre la población a manos de las Administraciones Públicas está destinado a una función social, cuando la población española tuvo que ir en masa a auxiliar a las zonas afectadas por la inacción (o incluso obstaculización) de las Administraciones.

Imaginemos que una mutua decide un día que toda persona que necesite atención médica en uno de sus centros podrá utilizarla de forma gratuita; sin embargo, sus asegurados deberán seguir pagando. Y lo que es más: como la llegada de nuevos usuarios buscando atención médica gratuita generará costes adicionales –recordemos que los salarios de los médicos y el material no son gratuitos— la diferencia debe ser abonada por los clientes de pago, a lo cual se añade que al haber más gente la espera se hace más larga y el servicio en general empeora. Esto es lo que implica la sanidad universal que se proclama como alternativa a la “prioridad nacional”.

En términos políticos, esto además supone un cambio en la constitución del Estado del Bienestar: éste pasa de funcionar como una especie de “aseguradora” en la que rige un contrato de obligaciones mutuas, a funcionar como una ONG a gran escala en la que sus miembros están obligados a una relación servil de caridad forzosa.

 

Empatía y fin del Estado-Nación.

A raíz del debate de la prioridad nacional en redes, un tuitero que responde al seudónimo de Ciriaco, hizo el siguiente apunte: 

«Si existe España, la “prioridad nacional” es un supuesto obvio e indiscutible. Si no existe esa prioridad nacional es que no existe la nación misma.»


Este planteamiento trae una serie de implicaciones muy importantes para el medio plazo: el Estado-Nación está en proceso de disolución. Dentro del paradigma de la Nación-Estado, toda nación con un territorio determinado tiene derecho a tener un Estado, por lo que el derecho a existencia del Estado depende exclusivamente de la nación; éste es el principio que guía al nacionalismo vasco y catalán, por ejemplo. Así mismo, a nivel interior la nacionalidad es lo que hace que de cara al derecho un marqués y un labrador sean iguales ante la ley; y, dentro del contexto del sufragio universal, ambos tengan exclusivamente un voto, mientras que los extranjeros carecen de derecho a voto y a ejercer cargos políticos. Así mismo, en el marco de la democracia los gobernantes y los magistrados basan su legitimidad de forma directa en el pueblo –entendiendo aquí pueblo y nación como una misma cosa—, lo cual (al menos en teoría) obliga a los gobernantes a satisfacer los intereses de sus electores. Esto es lo que se rompe con la disolución de la unidad entre Estado y Nación.


Iván Redondo, expresidente de Gabiente de la Presidencia (bajo Pedro Sánchez),
último exponente de los proyectos de la "España plurinacional". El hecho de que desde 
las altas esferas del Estado se hable en estos términos demuestra que se considera que no se concibe que ésto afecte a la legitimidad del Estado.


A esto cabe añadir otro debate que ha traído la cuestión de la prioridad nacional: que es lo que hace ser español o, como afirma Ciriaco, si la nación española existe y qué es lo que hace ser español. Es decir, si hay un aspecto biológico o étnico en lo español –lo que implica que la Nación es algo previo e independiente del Estado—, o si nacer en España te hace ser español (ius solis), o si es tener la nacionalidad española lo que te hace español. Este último supuesto es el que predomina en nuestra legislación y de cara a buena parte de la opinión pública, pues es la más práctica y la que implica razonamientos menos incómodos, pero trae una consecuencia sumamente problemática: es el Estado el que hace a la Nación y no a la inversa. Así mismo, es destacable hasta qué grado España se ha convertido en un laboratorio político del desmantelamiento nacional: las “nacionalidades históricas” de la Constitución, el “España es un concepto discutido y discutible” del entonces presidente Zapatero, la normalización del concepto “Estado Español” en vez de “España” por la izquierda o las recientes declaraciones del ex-director de Gabinete de la Presidencia de Gobierno según las que preparó un informe para convertir España en un "Estado plurinacional". La idea consecuente es incluso peor que la anterior: la Nación puede que no exista, pero el Estado sí.

El resultado de todo esto es que el Estado pasa de ser un accidente (ente cuya existencia depende de otro ente auto-suficiente) cuya existencia depende de la Nación a constituirse en una entidad autónoma de ésta. Si a esto se añade el principio de no-discriminación bajo la idea de la “empatía”, la nación española, si es que existe, pasa a ser un colectivo más de entre todos los que habitan el territorio bajo jurisdicción del Estado Español. A su vez, el Estado aparece como una fuerza de la naturaleza cuyos líderes parecen regir ya no en virtud del mandato del pueblo español (recordemos que España no existe) ni aún en virtud del bien de los ciudadanos titulares de la ciudadanía (pues primar sus intereses sería discriminar a los no-ciudadanos) sino de una especie de Mandato del Cielo orientado hacia los Derechos Humanos.


Ahora bien, ¿recuerdan cuando dijimos en la segunda parte de nuestra entrada que a nivel religioso el Estado se ha convertido en una deidad de una religión neoazteca que requiere de sacrificios humanos? Pues bien, ésto que hemos explicado aquí es la dimensión exclusivamente política de todo ésto. En el día de hoy, se puede decir que los movimientos nacionalistas deben cumplir un propósito bien claro: hacer que los Estados vuelvan a ser patrimonio exclusivo de sus naciones respectivas con todo lo que eso supone a nivel institucional; y, por otro lado, los movimientos católicos que aspiran a restaurar el Reinado Social de Cristo deben aspirar a poner fin al culto neoazteca del Estado y crear un Estado católico con lo que eso incluye (de lo cual ya hemos indagada parcialmente en las entradas anteriores).

sábado, 16 de mayo de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (III). Noelia y la Prioridad nacional (2ª parte).


El mundo moderno está lleno de las antiguas virtudes cristianas que se volvieron locas. Las virtudes se volvieron locas porque se han aislado unas de otras y andan solas. 
(Gilbert Keith Chesterton, 1874-1936).

La sociedad post-cristiana como un Reinado Social de Cristo distorsionado.

Ahora bien, yendo a una perspectiva moralista cabe preguntar si el régimen del bienestar actual podría responder, por su preocupación por el prójimo, a los criterios del Reinado Social de Cristo. Y aunque parezca extraño, la respuesta es que SI. La Quas Primas resume el contenido del Reinado Social de Cristo como el sometimiento de las naciones y la gobernación de los Estados en la santísima Ley de Jesucristo, que se puede resumir en el mandato "amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo”. Por supuesto, en contra de esto se puede aducir que la primera mitad del mandato no se cumple; pero en cambio el régimen actual se basa a nivel moral en la segunda parte del mandato evangélico. Y ése es el problema: un problema que nos entra en relación con la muerte de Noelia Castillo y con el debate relacionado con la prioridad nacional.

El Estado del Bienestar se construye en términos morales en base a una caridad distorsionada, o mejor dicho: una caridad aislada de otras virtudes y principios, y que oficialmente se conoce como la empatía. Chesterton decía que las ideas del mundo moderno son ideas cristianas que se separaron unas de otras y en consecuencia se volvieron locas. Es lo que ha sucedido en la actualidad con la Caridad, entendida hoy como una especie de humanismo buenista y sensiblero. Este buenismo defiende ideas loables a priori, pero si se aplica en una sociedad concreta con problemas concretos termina siendo desastroso. Pensemos en el ejemplo de Irene Montero al que hemos aludido anteriormente: el exceso de empatía hacia el criminal (muy común en la izquierda) da lugar al amparo de los criminales y la consiguiente desprotección de toda la sociedad. Algo que, en resumen, atenta tanto contra la Prudencia, como a la Justicia y a la propia Caridad.


La política desde la perspectiva de las virtudes.

Tomado de la filosofía griega, el sistema ético cristiano gira en torno a las cuatro virtudes cardinales: Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza; que se complementa por las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Muchos de los tratados políticos hasta el siglo XVIII, eran indicaciones morales a los gobernantes, y solían insistir en cada una de las virtudes. Así mismo, en el sarcófago de los Reyes Juana I y Felipe el Hermoso podemos encontrar la representación alegórica de las virtudes cardinales, las virtudes teologales y las artes liberales; y así mismo, en diversos monumentos políticos de la época monárquica (Edad Media y Moderna) es muy común encontrar asociados a las expresiones del poder político representaciones de las virtudes cardinales. Aquí en Granada, además del sarcófago de los padres del Emperador, los podemos encontrar en los relicarios de la Capilla Real, la portada de la Real Chancillería y la cúpula de la iglesia del Monasterio de la Cartuja junto a las armas reales.

Esto no es un mero brindis al Sol. La Justicia era el atributo principal del poder, relacionable con la virtud cardinal de la Justicia. La Fortaleza es la virtud necesaria para para defender un reino y es la virtud necesaria, como fuerza física y como voluntad, para la imposición de la Justicia y el Estado de Derecho. La Prudencia, entendida como la capacidad de discernir entre el bien y el mal, y entre cuándo es “tiempo para la paz y tiempo para la guerra”, es la virtud política por antonomasia. La templanza con la clemencia, entendida como la no aplicación del rigor de la justicia de acuerdo a lo establecido por Séneca en su Tratado de la clemencia, o de saber equilibrar las distintas virtudes entre sí. Adicionalmente, podemos relacionar la Caridad con el bien común o el servicio al pueblo, y la Fe con la virtud de quién cumple los contratos y los juramentos.


Vista lateral izquierda del sarcófago de Juana I y Felipe el Hermoso, además de elementos heráldicos, se pueden observar diversas figuras alegóricas -no siempre identificables por el deterioro- que representan las virtudes cardinales, las virtudes teologales y las artes liberales, que representan el ideal de monarquía cristiana y renacentista.

Tomando este concepto, es posible comprender el régimen actual de cara a las virtudes teologales: y más, en particular, se puede caracterizar como de injusticia absoluta. Así, nos encontramos con el fenómeno de las okupaciones: usurpaciones de viviendas u otros inmuebles en los cuales la Administración elige ponerse del lado de los criminales en vez de proteger el derecho a la propiedad de las víctimas. Con el fenómeno de la inmigración ilegal: extranjeros que ingresan de forma ilícita al país, recibiendo posteriormente ayuda por parte de la Administración o incluso siendo “premiados” vía regularización. La incapacidad legal (o falta de voluntad) de las fuerzas del orden público para actuar contra criminales o de retener a criminales reincidentes, combinado con la práctica inexistencia del derecho a la legítima defensa en España o de cualquier medio que permita actuar a la sociedad en caso de incompetencia del Estado generan un estado de impunidad para los criminales y consecuente indefensión para el resto de la sociedad. A todo esto cabe añadir las propias injusticias del sistema legal, a veces incluso en contradicción manifiesta con sus principios constitucionales, como es el caso de la situación de discriminación por parte de las leyes feministas por todos conocidos, los “delitos de odio” –prácticamente un caballo de Troya contra la libertad de expresión—, el sectarismo de la Ley de Memoria Histórica, y un largo etcétera.

En último lugar, debido a las consecuencias a nivel de alta política que acarrea, cabe destacar el trato de favor concedido a Cataluña y País Vasco con el consiguiente agravio comparativo con respecto a las comunidades que sí se han mostrado leales al Estado y el mensaje transmitido al resto de Comunidades Autónomas de que la deslealtad institucional conlleva trato de favor. El crecimiento del nacionalismo andaluz seguramente responde a este fenómeno, así como al mayor status social que se ha concedido a la población nacionalista con respecto a los fachas -prácticamente lo más bajo de la escala social hasta hace unos años- y con particular atención al fetiche pronacionalista de la izquierda española (todos los andalucistas son rojos). Así mismo, es de destacar las consecuencias de la inversión de las prioridades de la política española con respecto a su población: la Justicia es darle a cada uno lo suyo, y los gobernantes, en consecuencia, se deben a las necesidades de su población con respecto a los extranjeros. En este aspecto, tenemos las pretensiones del Gobierno Nacional de establecer sanidad gratuita y universal a todo el mundo sabiendo que hay listas de espera muy prolongadas, a Isabel Ayuso sacando pecho del crecimiento demográfico de Madrid cuando en la Villa y Corte no se puede encontrar casa para alquilar, y las que se encuentran están a precios muy elevados, o a Málaga intentando fomentar el turismo mediante una Comic-Con pésimamente gestionada cuando el centro de esta ciudad está muy tensionado por el turismo.


Cúpula de la iglesia del Monasterio de la Cartuja. Bajo el Espíritu Santo (Centro), y dentro de la esfera se pueden observar figuras alegóricas alternadas con las Armas Reales de Castilla y León. Desde abajo y en el sentido de las agujas del reloj: 
Justicia, ¿Templanza?, ¿Prudencia? y Fortaleza.  

Noelia Castillo, exceso de empatía y prioridad nacional. 

Además de este sistema de injusticia absoluta al que cabe añadir la incapacidad del sistema legal de hacer cumplir los propios constitucionales –el derecho al uso a la lengua española en aquellas comunidades que son bilingües se haya muy limitado por las Administraciones Autonómicas (algunas en manos del PP) por ejemplo—  el panorama ético-moral legal encuentra su base en lo que podríamos denominar una caridad distorsionada.

La empatía puede definirse como un amor abstracto por la humanidad o una caridad exacerbada no limitada por las otras virtudes: en particular, la Justicia, la Fortaleza ni la Prudencia. Este amor exacerbado por los criminales, por ejemplo, trae como consecuencia limitar la acción de las Fuerzas del Orden o rechazar la función punitiva y disuasoria del sistema penal, y esto a su vez genera la sensación de impunidad entre los criminales y que combinado con la práctica inexistencia del derecho a la legítima defensa en España da lugar a una indefensión absoluta por parte de la sociedad. Así mismo, la compasión a los inmigrantes ha llevado a la actual política pro-inmigración del Gobierno de España, sin tener en cuenta las consecuencias de una constante recepción de inmigrantes durante un tiempo prolongado a efectos de transformación demográfica, presión sobre el mercado del alquiler o el mercado laboral fruto del incremento de la población, criminalidad, o incluso la sobresaturación de servicios públicos por la demanda de éstos –cabe destacar el estado del Metro de Madrid—; y, mucho menos, en relación con el contexto determinado del país, como la actual situación de la vivienda, las “listas de espera” en Sanidad o el mercado de trabajo: situaciones sociales que se harán aún más extremas con la constante llegada de la población extranjera.



Fotografía de Aylan Kurdi (2015), un niño de tres años que se ahogó intentando huir de la Guerra Civil Siria. Esta fotografía fue utilizada por la propaganda occidental para hacer que la población, por la compasión que producía, aceptara la oleada migratoria de refugiados sirios en Europa. Como resultado, muchos países europeos abrieron sus puertas y se llevó a cabo un incremento notable de la inseguridad cuyo mayor exponente fueron las Violaciones de Nochevieja (2015) en Alemania, con un saldo de más de 200 agresiones sexuales. Así mismo, los atropellos y atentados enfocados especialmente en mercados navideños u otras celebraciones se han convertido en algo común en Alemania. 

Es aquí donde la cuestión enlaza con la prioridad nacional y Noelia Castillo. Por un lado, la prioridad nacional se relaciona con un deber de justicia y de prudencia: el gobierno se debe antes a los nacionales que a los extranjeros, y en un contexto de escasez de recursos deben fijarse prioridades. Por otro, ésta se ha rechazado por medio de la empatía, la cual a día de hoy constituye el mecanismo más útil para manipular a la opinión pública occidental. Ésta ha sido el mecanismo por el que a nivel público se ha justificado la eutanasia de Noelia: se ha explotado la compasión provocada por su estado y su deseo de morir, y se ha tachado de poco menos que psicópata, fanático y enemigo de la humanidad a quién se ha posicionado en contra de ello. Para colmo, el caso de Noelia Castillo es paradigmático con el estado de injusticia por defecto del sistema legal español: se trata de una víctima de violación (varias, de hecho) que se intentó suicidar fruto de una de ellas, y que no sólo no se han llevado al juzgado, sino que la muerte de Noelia ha garantizado que dichas violaciones queden impunes.

 

(Continuará…)

sábado, 9 de mayo de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (III): Noelia y la Prioridad Nacional (1ª parte)



Introducción.

Retomamos la serie de entradas sobre Noelia Castillo aprovechando un reciente debate que ha salpicado las redes, a raíz del reciente pacto de investidura en Extremadura entre Vox y el Partido Popular –que seguramente incumplirá—, en particular sobre una de las cláusulas del mismo que ha levantado bastantes ampollas entre la izquierda y parte de la "derecha" (peperos): la prioridad nacional. Es decir, la priorización de los nacionales sobre los extranjeros en el acceso a ayudas y servicios –especialmente en un contexto subyacente de escasez de éstos.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con Noelia Castillo? Hay un factor común en lo que respecta al caso de Noelia Castillo, el debate de la prioridad nacional y el motivo por el que hemos redactado estas entradas: la cuestión de fondo de estos artículos no es la eutanasia sino indagar sobre las implicaciones prácticas del Reinado Social de Cristo, no mediante su divina presencia –según palabras del Cardenal Pie a Napoleón III— sino mediante los perniciosos efectos de su ausencia. En la primera parte de estas entradas hemos hablado sobre las consecuencias de la secularización en la destrucción o debilitamiento de las redes de ayuda social más allá de la familia nuclear; y en la segunda nos hemos introducido superficialmente en los efectos de la secularización a nivel político en relación a la creación de las leyes y la administración de Justicia, así como a nivel “teológico” en la transformación de facto del Estado en la deidad de una religión neo-azteca que demanda sangre humana.


Qué es el Reinado Social de Cristo.

Una cosa que llevo observando durante un tiempo a esta parte es que las personas de izquierdas son incapaces de entender el concepto de “moral individual”: no son capaces de concebir que una premisa ética esté orientada a su cumplimiento independientemente de un propósito revolucionario, anti-sistema o de reforma social; y por eso (y por otras cosas más) son incapaces de comprender el Evangelio, y creen que Jesús pretendía realizar una revolución o diseñar una especie de sistema social proto-comunista. El Evangelio, no obstante, no dice lo mismo. En primer lugar, porque cualquier católico sabe que Jesús es la segunda persona de la Trinidad y que además es el Mesías, el Rey de Jerusalén, y por lo tanto de haber querido implantar un sistema político, lo habría hecho, y no habría terminado colgado de una cruz.

¿Qué es el Reinado Social, entonces? Explicado de forma sencilla la aplicación de los principios del Evangelio a nivel social y político constituye una inquietud legítima: el Reinado Social de Cristo es la respuesta a esa inquietud. La duda radica, sabiendo que algunos preceptos como darle todos los bienes a los pobres o dar asistencia en tu casa a los extranjeros no son aplicables a nivel político –el primero porque si eres el gestor del Estado, ese dinero no es tuyo y debe estar destinado a otros menesteres, y el segundo por los riesgos que conlleva a la población nativa cuya protección es el deber principal del Estado—, cómo llevar a cabo su aplicación práctica.

 

Paradigma judicial y paradigma ejecutivo. 

Antes de entrar en materia, hay un aspecto fundamental en cuanto a teoría política sobre el que me es conveniente explicar, y es la existencia de dos modelos o paradigmas de gobierno: lo que aquí vamos a llamar el modelo judicial y el modelo ejecutivo.

Los historiadores modernistas, estudiando la monarquía española en particular y las monarquías europeas de los siglos XVII-XVIII en general, han hablado de dos formas de entender la Monarquía: la monarquía judicial y la monarquía ejecutiva. La primera parte de la idea de que la atribución de la Monarquía y el poder político en general es la Administración de Justicia: los Consejos de la Monarquía, por ejemplo, eran vistos principalmente como tribunales supremos, y en general la principal atribución del Rey era la de Juez. La monarquía ejecutiva, en cambio, ante la situación de guerra general del siglo XVII y los problemas que generaban los diversos fueros y privilegios de ciudades o reinos, priorizaba la administración y el gobierno político (la “ejecución”), hasta convertirse en lo que convencionalmente llamamos las “monarquías absolutas”.


Detalle de la Puerta del Perdón de la Catedral de Granada, en la que se ve la cartela "IVSTITIA". Esta Puerta es la que dispone más simbología monárquica de la Catedral, estando también las armas de Fernando el Católico y el Emperador, y las cartelas "Justicia" y "Fe".

Por extensión, estos dos tipos de comprender la monarquía (y el poder en general), implica una diferencia entre la atención a un método (la legalidad, ya sea positiva o natural) o priorizar la obtención de resultados. Hoy este paradigma judicial se puede observar perfectamente en el “Estado de Derecho”, la priorización de los Derechos Humanos, la Libertad, el Orden… e incluso en la incapacidad de muchos pensionistas de comprender que si el sistema de las pensiones no es sostenible su “derecho a una pensión” no vale para nada –o, para los más modernos, el “Porque-la-Ley” responde a esta misma mentalidad. Por otro lado, desde que en 2020 aceptamos ser encerrados de forma inconstitucional y contra nuestro más fervoroso instinto de conservación de la libertad en vistas a “salvar vidas”, la sociedad española entró en un fuerte giro “ejecutivista”, en la que el perdón a los golpistas independentistas, y la sentencia de inconstitucionalidad de los confinamientos que no supusieron ningún efecto político y penal, no hizo sino desacreditar aún más el “Porque la Ley”. Así mismo, la falta de consecuencias internacionales de la invasión de Ucrania o la masacre de Israel en Palestina, por un lado, y los buenos resultados de Nayib Bukele en el Salvador, por otro, han dado aún más peso a esta mentalidad más pragmática o anti-legalista.

Estos dos modelos no son absolutos: de hecho, ambas cosmovisiones pueden incluso interrelacionarse. El modelo judicialista, entendido como aquel centrado en la Justicia, es el método es el más utilizado sobre el papel; mientras el ejecutivo tiende a ser la práctica real del poder. Por otro, la aplicación del modelo ejecutivo, entendido como una priorización de la obtención de resultados y el pragmatismo, requiere tener bien claro el fin moral (y “judicialista”) de su actuación –como puede ser la conservación del Estado, y, en consecuencia, la seguridad de su población.

 

Reinado Social de Cristo y Justicia.

Dicho esto, necesito que el lector asuma una idea básica: antiguamente la atribución principal de la Soberanía no era la función Legislativa ni el ejercicio práctico del poder, sino la Administración de Justicia. Explicado de esta manera, el Reinado Social de Cristo adquiere particular sentido si tenemos en cuenta el concepto judaico de la Ley: la Ley de Dios o Ley Mosaica se entendía como un conjunto de mandatos de Dios a los hombres que incluían tanto seguir las fiestas y costumbres litúrgicas como los preceptos morales y determinadas cuestiones que hoy vemos más políticas como las relativas al matrimonio, herencia, ect. La crítica de Jesús a los Fariseos viene dada por el excesivo legalismo de éstos, y cabe destacar cómo San Pablo se refiere tantas veces en su Epístola de los Romanos a la Justicia, a los santos como “justos”, y al proceso de santificación u obtención de gracia como “justificación” –que entendemos como “hacerse justo a ojos de Dios”. En un sentido más amplio, podemos considerar la Ley de Dios no sólo como la Ley revelada sino en lo que conocemos bajo el concepto de Derecho Natural.

Aquí es donde entra el Reinado Social de Cristo. Si asumimos que el principal objetivo del Gobierno es la Justicia, entonces debemos buscar que nuestras leyes sean tan semejantes al derecho natural es una cuestión mayor. Dicho de otra forma, si hay una Ley de Dios y un Derecho Natural, nos conviene incorporarlo a nuestro sistema de Derecho para que nuestras leyes sean justas. Quitando el elemento teológico –pues, de acuerdo a la filosofía tradicional, la justicia es darle a cada uno lo que corresponde, y a Dios le corresponde adoración y reverencia como creador— esto incluye una base teórica a nivel antropológico que también es importante, y que requiere de clarificación doctrinal: pensemos en las leyes feministas actuales que dan presunción de inocencia a la mujer, al existir una teoría previa que considera que toda denuncia en violencia de género está fundamentada por defecto y es imposible que una mujer denuncie por defecto; al ser la naturaleza humana caída y con tendencia a la perversidad y a la mentira, esto es indiscutiblemente falso y ha dado lugar a importantes abusos a nivel jurídico.

Otro elemento también clave que podemos mencionar es en lo que respecta a la responsabilidad. Por poner otro ejemplo práctico, hace poco hubo un escándalo en redes por un vídeo de una conversación entre la ex-ministra Irene Montero e Iván González Ranedo (“Samantha Hudson”), en la que éste se quejaba de la criminalización de los violadores, y Montero, aunque lo matizaba un poco, llegó a comentar que castigarlos no era tan importante. Esto puede parecer demencial, pero tiene sentido dentro de su lógica retorcida: para el izquierdista el criminal es consecuencia de sus condiciones socio-económicas o de su educación, lo que significa no es responsable de sus actos y, en consecuencia, no pueden ser sometidos a responsabilidades penales. Es decir, una antropología tan retorcida como ésa llevada al campo del derecho implica la impunidad absoluta de los violadores, lo cual unido al monopolio de la violencia legal por el Estado y la práctica inexistencia del derecho a la legítima defensa en España, provocan un desamparo absoluto tanto a las víctimas como al resto de la sociedad. 

(continuará…)

miércoles, 15 de abril de 2026

La Cofradía de Ntra. Sra. de los Dolores de Granada impone la medalla de Isabel la Católica a la Virgen y recuerda su origen carlista

El 27 de marzo de 2026 quedará señalado en la memoria de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores como una fecha de especial trascendencia. La noche caía fría y húmeda sobre la iglesia de San Pedro y San Pablo, envolviendo el templo en una atmósfera familiar, casi íntima, que parecía anticipar la solemnidad del momento.

En ese marco, el reverendo don José Luis Rubio Willen, director de la Comisión para la beatificación de Isabel la Católica y descendiente de requetés del Tercio Isabel la Católica, protagonizó uno de los instantes más significativos de la jornada al imponer la Medalla de la Sierva de Dios Isabel la Católica a la Virgen de los Dolores de Granada. Un gesto cargado de simbolismo, identidad y lealtad a los principios fundamentales de la Cofradía, a la que él mismo perteneció en su juventud.


D. José Luis Rubio Willen

Lealtad a esos requetés granadinos del Tercio Isabel la Católica, que hicieron un voto a la Virgen de los Dolores de la capilla del palacete de los Tellos durante el transcurso de la última Cruzada Nacional. Este voto consistía en fundar una cofradía cuando llegase la tan ansiada paz, paz que solo llegaría tras la Victoria Nacional.


Estampa repartida por D. José Luis Rubio Willen. Mención clara al Carlismo. 

Tercio de Requetés Isabel la Católica


El origen carlista, requeté y militar fue el que configuró la fundación de la Hermandad, como lo demuestran la procedencia de sus fundadores, la historia y los múltiples símbolos que, a día de hoy, siguen procesionando por las calles de Granada.

Este acto conducido por la Providencia, sirvió para recordar nuestros orígenes y nuestra razón de ser, una sacudida de conciencia para aquellos que mantenían nuestra rica historia postrada en el olvido, para aquellos que lejos de engrandecer la Historia de nuestra Hermandad parecían haberla querido despojar al baúl de los recuerdos. Fue nuestro sacerdote vallisoletano, natural de Granada, e hijo y sobrino de requetés y fundadores de la Hermandad, quien, junto con Jesús Juan Gómez Torres, hijo de otro fundador de la Hermandad, y el apoyo de amigos y colaboradores, igualmente hermanos de la Cofradía, y con el firme propósito de mantenerse fieles a su identidad, promovieron la imposición de la medalla de la Sierva de Dios Isabel la Católica.


Medalla Isabel la Católica

Solo la Providencia Divina podría haber tejido lo del Viernes de Dolores pues no hay mente humana capaz de hilar tan fino: el segundo hermano en antigüedad, jóvenes hermanos que luchan incansablemente desde hace años por la identidad y verdad histórica de la Hermandad, un sacerdote desligado por completo desde hacía setenta años de la Hermandad hicieron posible, con la ayuda de Dios, la imposición de la medalla de Isabel la Católica. También asistieron Caballeros y Damas del Capítulo Isabel la Católica y miembros del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón.


Antonio Martín Sánchez, Jose Luis Rubio Willen, Jesús Juan Gómez Torres

Todo comenzó con una bella procesión de entrada en la Iglesia de San Pedro y San Pablo, Cruz y ciriales en alto, incienso purificando y por detrás cuatro sacerdotes; D. José Luis Rubio Willen, D. José Gabriel Martín Rodríguez, D. Francisco Javier Espigares Flores y D. Manuel García Gálvez. El coro acompañaba está solemne procesión al Altar.

La Santa Misa fue celebrada por D. Francisco Javier Espigares Flores y concelebrada por el resto de sacerdotes. En la homilía se predicó sobre la tradición Carlista de la Hermandad y sobre la obra de la Sierva de Dios Isabel la Católica, realzando la santidad de su vida y la evangelización del nuevo mundo, donde se nos animó a la oración por su pronta beatificación. Al finalizar la Santa Misa se procedió a la tradicional imposición de medallas a los nuevos hermanos, llegando a imponerse hasta 80 medallas. Y llegó el momento que muchos estábamos esperando, la imposición de la medalla de Isabel la Católica por parte del reverendo D. José Luis Rubio Willen, director de la comisión de la Sierva de Dios Isabel la Católica, quien dedicó unas palabras y unas preces a Nuestra Señora la Virgen de los Dolores.



Después de los protocolarios saludos, regalos y recuerdos, y una vez movido el paso del Santísimo Cristo de la Misericordia se procedió a la colocación del paso de Nuestra Señora de los Dolores en su lugar. La primera levanta corrió a cargo del reverendo D.José Luis quien tuvo el inmenso honor de tocar el martillo. El broche final tuvo lugar en el Hotel Palacio Mariana Pineda, donde se compartió un ágape en un ambiente distendido. Durante la sobremesa, las anécdotas y recuerdos cofrades del reverendo don José Luis Rubio Willen suscitaron el interés y la atención de los presentes.



Y como se dijo en la Santa Misa, en la imposición de la medalla y en el ágape final; Señor lleva pronto a los altares a la Sierva de Dios Isabel la Católica. Y a nosotros danos la fuerza de mantener el espíritu fundacional de la Hermandad.

A.L.D.R.





lunes, 13 de abril de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (II)



Introducción. 

En la parte anterior, comentábamos como el caso de Noelia Castillo, joven catalana sometida a eutanasia el pasado 26 de marzo de 2026, constituye un paradigma de cómo ha afectado la pérdida de la religiosidad a nivel social: en particular, la pérdida del sentido moral de la tolerancia al sufrimiento, la debilitación de las redes de apoyo familiar provocadas por el divorcio, la baja natalidad o incluso otros factores no relacionados con lo religioso como la pérdida del arraigo y la emigración.

En esta segunda parte, empezaremos a tratar el aspecto más relacionado con la ausencia del Reinado Social de Cristo y sus repercusiones a nivel jurídico. En particular, comenzaremos con la discriminación entre el status de la eutanasia como un mal necesario o un derecho, aplicable a otras cuestiones como el aborto o el divorcio, y el por qué de la consideración como un derecho da lugar a una extensión potencialmente ad infinitum. Y, en consecuencia, la transformación paulatina del Estado poscristiano en deidad de un auténtico culto de sacrificios humanos.


La cuestión de la eutanasia. 

Vayamos por partes. Sin entrar en cuestiones morales, la justificación de la eutanasia en cuanto mecanismo para evitar que una persona agonizante sufra más de lo necesario no es tan disparatada a priori como pueda suceder. Por lo menos, los interesados en la política como tal podemos comprender la necesidad de poner en la balanza dos males y la necesidad de elegir entre uno de ellos: elegir entre salvar a un anciano o a un niño, por ejemplo, sabiendo que salvar a uno implicará necesariamente la muerte del otro. Otro ejemplo sería romper el cuello o matar a un animal herido que no tiene sanación posible sabiendo que la opción “humanitaria” implica dejarle agonizando. En los Tercios, la llamada popularmente “daga vizcaína” se conocía como “misericordia”, ya que se empleaba para rematar a soldados heridos, amigos o enemigos, para evitarles la agonía una vez heridos mortalmente. Se elige, en consecuencia, un mal objetivo para evitar males mayores.


Detalle de "Rocroi. El último Tercio" de Augusto Ferrer-Dalmau (2011).

Esta es la cuestión con respecto al aborto o a la eutanasia. Se trata de un mal: una decisión que si es posible se debe evitar a toda costa, y que no se debe aplicar a menos que no quede alternativa mejor posible. El problema radica en que cuando se vende el aborto o la eutanasia no se hace tanto como un mal (aunque se justifique de esa manera) sino como un derecho. Esa es la trampa: el derecho es algo bueno y legítimo, que se debe extender; la Administración, al menos de acuerdo al Derecho actual, está obligada a garantizar el cumplimiento de todo derecho y a eliminar a cualquier posible obstáculo para su cumplimiento. Si yo, en el campo de batalla, reconozco que uno de mis camaradas está herido de muerte y no hay salvación posible, quizá sea necesario darle muerte para ahorrarle la agonía como un mal necesario; pero si de repente el médico de campaña me advierte que es posible salvarlo o al menos no es necesario matarle para evitar su agonía, estoy moralmente obligado a no matarle y a hacer todo lo posible para garantizar su supervivencia, aunque las posibilidades de éxito sean escasas. Pero en el momento en que yo tengo derecho a matar a mi compañero malherido, aunque el médico de campaña me advierte de que tiene salvación, no sólo puedo matarlo si es mi deseo, sino que puedo denunciarlo ante la Justicia militar por obstaculizarme en el ejercicio de mi legítimo derecho a dar muerte a un compañero malherido.

Dicho de otra forma. En el momento en que el aborto, el divorcio o la eutanasia se reconocen como derechos, tanto la Administración como la sociedad van a hacer todo lo posible para que se extiendan tanto como fuera posible incluso más allá del posible factor de contagio que implica su “normalización”. En el momento en que el aborto, la eutanasia o el divorcio son vistos, no como decisiones radicales a una situación extrema, sino como derechos, por su propia naturaleza se van a procurar extender todo lo posible: es eso lo que ha convertido el divorcio en una salida de resolución de conflictos, al aborto en un método anticonceptivo más, y a la eutanasia como alternativa a ancianos enfermos o sanos, personas de cualquier edad que requieran de silla de ruedas o cualquier otro tratamiento, jóvenes con depresión, ect.

 

La degradación de la vida humana.

Volvemos en esto al caso particular de Noelia Castillo: el pasado 27 de marzo (Viernes de Dolores) salió a la luz una nota manuscrita de Noelia fechada en 2024 en el que solicitaba la paralización de su eutanasia –que debía haberse llevado a cabo el 2 de agosto de 2024— pero aunque finalmente el proceso se detuvo, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña no aceptó la carta como prueba de la “voluntad cambiante” de Noelia alegando que le habían hecho redactar esa carta de forma involuntaria aprovechando un estado de somnolencia. Esto es relevante porque la actual ley de eutanasia es muy restrictiva, y requiere que el solicitante muestre estar en libre uso de su voluntad –y, por lo tanto, estar en condiciones mentales óptimas—, de hecho las declaraciones de representantes del Gobierno sobre el caso, pidiendo aligerar los procesos, sugieren que el caso mediático de Noelia Castillo ha sido alentado por el PSOE con el objetivo del que ya he hablado previamente de facilitar el uso de ese derecho.


Nota manuscrita de Noelia Castillo, fechada a 29 de julio de 2024, solicitando un aplazamiento de su eutanasia, programada para el 2 de agosto, que finalmente sería interrumpida.

Sin contar las más que razonables dudas de que Noelia Castillo estuviese en pleno uso de sus facultades mentales –pues nadie al verla en el show morboso de Sónsoles Onega la haría responsable de prestarse para ese esperpento, cómo sí harían responsable a su madre y a la propia Onega— la cuestión moral está en la consideración de estos procesos como un mero procedimiento administrativo. Y aquí tengo que hacer, obviando las distancia y lo normi de lo que voy a decir— es imposible no hacer la comparación con el nazismo. Si bien éste ejercía la muerte de forma industrial y el Estado "del Bienestar" como un procedimiento administrativo, existe una cosa que el III Reich y el Régimen del 78 tienen en común en la aplicación de la muerte: la eliminación de la cadena de responsabilidad. Los funcionarios del Reich alegaban en los Juicios de Núremberg que simplemente obedecían órdenes de sus superiores, sin plantearse en ningún momento la moralidad de sus actos, y al ser un procedimiento administrativo que requiere la firma de diversos funcionarios, informes y seguir unas normas determinadas, no existe ningún funcionario a quién podamos hacer responsables de dar muerte a un inocente, y no hay ninguno que se plantee que están tratando de una vida humana: para cada uno de los funcionarios, no es más que otro sujeto a administrar mediante un procedimiento determinado por unas normas fijas.


El Estado como un dios que exige sacrificios humanos. 

Uno de los ejemplos más drásticos, e incluso siniestros, en lo relativo a la eutanasia es el de Reino Unido. Allí se ha llegado a imponer que la eutanasia a niños pequeños incluso en contra de la voluntad de sus padres. Uno de los casos más famosos fue el de Charlie Gard (2017), un bebé de diez meses de edad que sufría de una enfermedad artificial y al que, aunque no estrictamente eutanasia, la Burocracia británica decidió retirar la respiración artificial para “no prolongar su sufrimiento” provocando su muerte, todo en contra de la decisión de sus padres. Más siniestro aún fue el caso de Indi Gregory (2023), una bebé de ocho meses que padecía una enfermedad mitocondrial incurable y a la que la Justicia británica decidió desconectar de la respiración artificial de nuevo con la oposición de sus padres, pero que en esta ocasión contaron con una oferta de la Santa Sede se hacerse cargo del tratamiento del niño en un hospital en Italia bajo su administración, y tras negarlo, la Justicia rechazó incluso la solicitud de los padres de ser trasladado el bebé a su casa para que muriese allí.


Indi Gregory (♰2023), con sus padres.

En el caso particular del Estado británico ya hacemos un salto de gigante desde un mero procedimiento administrativo –aunque la situación se va a ampliar aún más— a una situación en la que el Estado, particularmente la Burocracia, no parece conformarse con ser mero administrador de las vidas de las personas, e incluso juez que determina –aún en contra de su voluntad o la de sus familiares— si esas vidas merecen seguir siendo vividas o no, sino que incluso parece que quiere sangre: no le basta con decidir si una persona sigue viviendo o no, quiere que el mayor número posible de personas se quiten la vida. Otro caso bastante famoso fue el de Christine Gauthier, una militar veterana y atleta paralímpica que solicitó al Estado canadiense la instalación en su casa de un ascensor para su silla de ruedas, y éste le ofreció la eutanasia. E insisto que, aunque paradigmáticos, no son casos aislados. 

La época poscristiana ha hecho que el Estado tras proclamar la no-religión oficial, se ha terminado convirtiendo en el César-Dios de una religión pagana, y, entre todas las que hay, ha elegido la peor de todas las existentes: la religión azteca. 

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