lunes, 25 de mayo de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (III). Noelia y la prioridad nacional (3ª parte).


La rendición de Granada, de Francisco Padilla y Ortiz.


La prioridad nacional en su contexto.

La prioridad nacional, por lo que se asume de su uso en los medios, consiste en la priorización de los nativos españoles con respecto a los ciudadanos extranjeros en lo relativo al acceso a ayudas y servicios. Cómo dijimos en la parte anterior, ésta es una política de sentido común que corresponde tanto a la justicia como a la prudencia. Por un lado, es justo que el Ayuntamiento de Almuñécar, por ejemplo, priorice las necesidades de los almuñequeros por encima de los motrileños: ya que la primera obligación de la Justicia es dar a cada uno lo suyo, y los gobernantes deben cumplir sus obligaciones con respecto a sus gobernados. Por otro, la escasez de recursos o la alta demanda de servicios obligan a establecer prioridades, y éstas deben fijarse en relación a la naturaleza de los servicios y el propio gobierno: en este caso, han de priorizarse las necesidades de los ciudadanos españoles con respecto a las de los extranjeros.

Volviendo a la cuestión de los extranjeros, cualquiera podría aducir que el deber de caridad –la solidaridad o la empatía— obliga a dar auxilio a los extranjeros pobres en estado de necesidad, y que se debe tratar a los españoles y no-españoles en el mismo plano de igualdad. Sin embargo, existe un problema y es la circunstancia en la que nos encontramos: por un lado, desde hace varias décadas hemos tenido unas tasas de desempleo extremadamente altas, y no parece prudente acoger a grandes cantidades de población en esa circunstancia ni procurar darles trabajos y condiciones de vida dignas cuando no somos capaces de dárselas a nuestra propia población. Esto ha sido un motivo constante de queja desde el gobierno de Zapatero, y aunque las tasas de desempleo han mejorado mucho desde entonces también hemos desarrollado otros tipos de problemas: largas lista de espera en los servicios sanitarios por una no-concordancia entre la demanda de éstos y los servicios disponibles, incremento del coste de la vivienda y el alquiler de ésta en todas las capitales y grandes ciudades, en particular Madrid. Por otra parte, llevamos muchos años recibiendo inmigración en grandes cantidades, y eso, amén de la conocida criminalidad y de las implicaciones demográficas que conlleva, ha generado también un fuerte impacto en los salarios y en el mercado de la vivienda que no ha beneficiado a la población nativa –a fin de cuentas, sólo una persona de izquierdas creería que traer millones de extranjeros a una ciudad no provocaría ninguna consecuencia por el incremento de la demanda de trabajos o viviendas.


Personas esperando para recibir atención médica en un Hospital. 
Fotografía de elEconomista.es.

Caridad exacerbada, sanidad universal y la ruptura del Contrato Social.

¿Por qué tenemos una parte de la población en contra de la prioridad nacional, entonces? La respuesta es la misma que la que da el nombre a este epígrafe: esa caridad distorsionada que se esconde bajo el nombre de solidaridad y empatía. Los contrarios a la “prioridad nacional” aducen que el mero concepto es un acto de discriminación entre españoles y extranjeros, y en su lugar proclaman el acceso universal a los servicios públicos españoles: en particular a la Sanidad. 

Esto a priori no debería resultar muy problemático, pero plantea ciertos inconvenientes tanto a nivel práctico como de la aplicación del “contrato social”. Aplicando el caso concreto a los servicios sanitarios, el establecimiento de un sistema de sanidad gratuita y universal genera un problema: un efecto llamada a cualquier persona para trasladarse a España y ser tratado en los hospitales españoles, lo cual generaría una mayor presencia de extranjeros en España que incrementaría todavía más el problema de las ya largas listas de espera. A nivel “legal”, sin embargo, genera otro problema que parte de la falacia del sistema sanitario “gratuito”: los servicios públicos no son gratuitos. Ni el sueldo de los médicos, enfermeros y otro tipo de personal, los medicamentos, el mantenimiento de las instalaciones ni otras infraestructuras son gratuitas, sino que son mantenidos por el erario público. Aquí es donde entra el Contrato Social al que hacía referencia.

De acuerdo a la mentalidad del ciudadano promedio, el Estado del Bienestar funciona a modo de una mutua de seguros. El ciudadano debe pagar una onerosa tasa de impuestos, así como tolerar prácticas semi-mafiosas de Hacienda y de las Administraciones Públicas, bajo la promesa de que ese dinero –o mejor dicho, parte de él— se dedica a una serie de servicios públicos que podrá utilizar de forma gratuita. Algunos de estos servicios son utilizados de forma prolongada sólo durante un período de la vida del ciudadano, como la educación pública (infancia y juventud) o la propia sanidad (especialmente en la vejez), y otros sólo se utilizarán eventualmente, especialmente si el ciudadano hace uso de sanidad o educación privada. Si este sistema no existiera el ciudadano podría ahorrarse una buena parte del suelo, y emplearlo en educación o sanidad sólo cuando lo necesitara; pero ante una situación ante un accidente cuyo costo superase las disponibilidades económicas, se encontraría en graves problemas. 

Dicho de otra forma, la relación gasto-uso es de tipo recíproco, y a cambio de sus impuestos el ciudadano espera una serie de servicios: de ahí el conato de revuelta anti-fiscal que se dio a raíz de la DANA en Valencia. Por su parte, cuando se abre el acceso universal de ciertos servicios como la Sanidad a todo el que desee hacer uso de ella sin cumplir las obligaciones correspondientes es cuando el ciudadano siente que ese contrato social se rompe: por un lado, porque debe cumplir unas obligaciones a las que se exime al extranjero, y por otro, porque sabe que el sobrecoste repercutirá sobre él; dicho de otra forma, que le estamos pagando la Sanidad a los extranjeros.



Diseño con el lema "Sólo el pueblo salva al pueblo" de Los Artistas del Barrio
La idea común de que la presión fiscal que sufre la población a manos de las Administraciones Públicas está destinado a una función social, cuando la población española tuvo que ir en masa a auxiliar a las zonas afectadas por la inacción (o incluso obstaculización) de las Administraciones.

Imaginemos que una mutua decide un día que toda persona que necesite atención médica en uno de sus centros podrá utilizarla de forma gratuita; sin embargo, sus asegurados deberán seguir pagando. Y lo que es más: como la llegada de nuevos usuarios buscando atención médica gratuita generará costes adicionales –recordemos que los salarios de los médicos y el material no son gratuitos— la diferencia debe ser abonada por los clientes de pago, a lo cual se añade que al haber más gente la espera se hace más larga y el servicio en general empeora. Esto es lo que implica la sanidad universal que se proclama como alternativa a la “prioridad nacional”.

En términos políticos, esto además supone un cambio en la constitución del Estado del Bienestar: éste pasa de funcionar como una especie de “aseguradora” en la que rige un contrato de obligaciones mutuas, a funcionar como una ONG a gran escala en la que sus miembros están obligados a una relación servil de caridad forzosa.

 

Empatía y fin del Estado-Nación.

A raíz del debate de la prioridad nacional en redes, un tuitero que responde al seudónimo de Ciriaco, hizo el siguiente apunte: 

«Si existe España, la “prioridad nacional” es un supuesto obvio e indiscutible. Si no existe esa prioridad nacional es que no existe la nación misma.»


Este planteamiento trae una serie de implicaciones muy importantes para el medio plazo: el Estado-Nación está en proceso de disolución. Dentro del paradigma de la Nación-Estado, toda nación con un territorio determinado tiene derecho a tener un Estado, por lo que el derecho a existencia del Estado depende exclusivamente de la nación; éste es el principio que guía al nacionalismo vasco y catalán, por ejemplo. Así mismo, a nivel interior la nacionalidad es lo que hace que de cara al derecho un marqués y un labrador sean iguales ante la ley; y, dentro del contexto del sufragio universal, ambos tengan exclusivamente un voto, mientras que los extranjeros carecen de derecho a voto y a ejercer cargos políticos. Así mismo, en el marco de la democracia los gobernantes y los magistrados basan su legitimidad de forma directa en el pueblo –entendiendo aquí pueblo y nación como una misma cosa—, lo cual (al menos en teoría) obliga a los gobernantes a satisfacer los intereses de sus electores. Esto es lo que se rompe con la disolución de la unidad entre Estado y Nación.


Iván Redondo, expresidente de Gabiente de la Presidencia (bajo Pedro Sánchez),
último exponente de los proyectos de la "España plurinacional". El hecho de que desde 
las altas esferas del Estado se hable en estos términos demuestra que se considera que no se concibe que ésto afecte a la legitimidad del Estado.


A esto cabe añadir otro debate que ha traído la cuestión de la prioridad nacional: que es lo que hace ser español o, como afirma Ciriaco, si la nación española existe y qué es lo que hace ser español. Es decir, si hay un aspecto biológico o étnico en lo español –lo que implica que la Nación es algo previo e independiente del Estado—, o si nacer en España te hace ser español (ius solis), o si es tener la nacionalidad española lo que te hace español. Este último supuesto es el que predomina en nuestra legislación y de cara a buena parte de la opinión pública, pues es la más práctica y la que implica razonamientos menos incómodos, pero trae una consecuencia sumamente problemática: es el Estado el que hace a la Nación y no a la inversa. Así mismo, es destacable hasta qué grado España se ha convertido en un laboratorio político del desmantelamiento nacional: las “nacionalidades históricas” de la Constitución, el “España es un concepto discutido y discutible” del entonces presidente Zapatero, la normalización del concepto “Estado Español” en vez de “España” por la izquierda o las recientes declaraciones del ex-director de Gabinete de la Presidencia de Gobierno según las que preparó un informe para convertir España en un "Estado plurinacional". La idea consecuente es incluso peor que la anterior: la Nación puede que no exista, pero el Estado sí.

El resultado de todo esto es que el Estado pasa de ser un accidente (ente cuya existencia depende de otro ente auto-suficiente) cuya existencia depende de la Nación a constituirse en una entidad autónoma de ésta. Si a esto se añade el principio de no-discriminación bajo la idea de la “empatía”, la nación española, si es que existe, pasa a ser un colectivo más de entre todos los que habitan el territorio bajo jurisdicción del Estado Español. A su vez, el Estado aparece como una fuerza de la naturaleza cuyos líderes parecen regir ya no en virtud del mandato del pueblo español (recordemos que España no existe) ni aún en virtud del bien de los ciudadanos titulares de la ciudadanía (pues primar sus intereses sería discriminar a los no-ciudadanos) sino de una especie de Mandato del Cielo orientado hacia los Derechos Humanos.


Ahora bien, ¿recuerdan cuando dijimos en la segunda parte de nuestra entrada que a nivel religioso el Estado se ha convertido en una deidad de una religión neoazteca que requiere de sacrificios humanos? Pues bien, ésto que hemos explicado aquí es la dimensión exclusivamente política de todo ésto. En el día de hoy, se puede decir que los movimientos nacionalistas deben cumplir un propósito bien claro: hacer que los Estados vuelvan a ser patrimonio exclusivo de sus naciones respectivas con todo lo que eso supone a nivel institucional; y, por otro lado, los movimientos católicos que aspiran a restaurar el Reinado Social de Cristo deben aspirar a poner fin al culto neoazteca del Estado y crear un Estado católico con lo que eso incluye (de lo cual ya hemos indagada parcialmente en las entradas anteriores).

sábado, 16 de mayo de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (III). Noelia y la Prioridad nacional (2ª parte).


El mundo moderno está lleno de las antiguas virtudes cristianas que se volvieron locas. Las virtudes se volvieron locas porque se han aislado unas de otras y andan solas. 
(Gilbert Keith Chesterton, 1874-1936).

La sociedad post-cristiana como un Reinado Social de Cristo distorsionado.

Ahora bien, yendo a una perspectiva moralista cabe preguntar si el régimen del bienestar actual podría responder, por su preocupación por el prójimo, a los criterios del Reinado Social de Cristo. Y aunque parezca extraño, la respuesta es que SI. La Quas Primas resume el contenido del Reinado Social de Cristo como el sometimiento de las naciones y la gobernación de los Estados en la santísima Ley de Jesucristo, que se puede resumir en el mandato "amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo”. Por supuesto, en contra de esto se puede aducir que la primera mitad del mandato no se cumple; pero en cambio el régimen actual se basa a nivel moral en la segunda parte del mandato evangélico. Y ése es el problema: un problema que nos entra en relación con la muerte de Noelia Castillo y con el debate relacionado con la prioridad nacional.

El Estado del Bienestar se construye en términos morales en base a una caridad distorsionada, o mejor dicho: una caridad aislada de otras virtudes y principios, y que oficialmente se conoce como la empatía. Chesterton decía que las ideas del mundo moderno son ideas cristianas que se separaron unas de otras y en consecuencia se volvieron locas. Es lo que ha sucedido en la actualidad con la Caridad, entendida hoy como una especie de humanismo buenista y sensiblero. Este buenismo defiende ideas loables a priori, pero si se aplica en una sociedad concreta con problemas concretos termina siendo desastroso. Pensemos en el ejemplo de Irene Montero al que hemos aludido anteriormente: el exceso de empatía hacia el criminal (muy común en la izquierda) da lugar al amparo de los criminales y la consiguiente desprotección de toda la sociedad. Algo que, en resumen, atenta tanto contra la Prudencia, como a la Justicia y a la propia Caridad.


La política desde la perspectiva de las virtudes.

Tomado de la filosofía griega, el sistema ético cristiano gira en torno a las cuatro virtudes cardinales: Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza; que se complementa por las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Muchos de los tratados políticos hasta el siglo XVIII, eran indicaciones morales a los gobernantes, y solían insistir en cada una de las virtudes. Así mismo, en el sarcófago de los Reyes Juana I y Felipe el Hermoso podemos encontrar la representación alegórica de las virtudes cardinales, las virtudes teologales y las artes liberales; y así mismo, en diversos monumentos políticos de la época monárquica (Edad Media y Moderna) es muy común encontrar asociados a las expresiones del poder político representaciones de las virtudes cardinales. Aquí en Granada, además del sarcófago de los padres del Emperador, los podemos encontrar en los relicarios de la Capilla Real, la portada de la Real Chancillería y la cúpula de la iglesia del Monasterio de la Cartuja junto a las armas reales.

Esto no es un mero brindis al Sol. La Justicia era el atributo principal del poder, relacionable con la virtud cardinal de la Justicia. La Fortaleza es la virtud necesaria para para defender un reino y es la virtud necesaria, como fuerza física y como voluntad, para la imposición de la Justicia y el Estado de Derecho. La Prudencia, entendida como la capacidad de discernir entre el bien y el mal, y entre cuándo es “tiempo para la paz y tiempo para la guerra”, es la virtud política por antonomasia. La templanza con la clemencia, entendida como la no aplicación del rigor de la justicia de acuerdo a lo establecido por Séneca en su Tratado de la clemencia, o de saber equilibrar las distintas virtudes entre sí. Adicionalmente, podemos relacionar la Caridad con el bien común o el servicio al pueblo, y la Fe con la virtud de quién cumple los contratos y los juramentos.


Vista lateral izquierda del sarcófago de Juana I y Felipe el Hermoso, además de elementos heráldicos, se pueden observar diversas figuras alegóricas -no siempre identificables por el deterioro- que representan las virtudes cardinales, las virtudes teologales y las artes liberales, que representan el ideal de monarquía cristiana y renacentista.

Tomando este concepto, es posible comprender el régimen actual de cara a las virtudes teologales: y más, en particular, se puede caracterizar como de injusticia absoluta. Así, nos encontramos con el fenómeno de las okupaciones: usurpaciones de viviendas u otros inmuebles en los cuales la Administración elige ponerse del lado de los criminales en vez de proteger el derecho a la propiedad de las víctimas. Con el fenómeno de la inmigración ilegal: extranjeros que ingresan de forma ilícita al país, recibiendo posteriormente ayuda por parte de la Administración o incluso siendo “premiados” vía regularización. La incapacidad legal (o falta de voluntad) de las fuerzas del orden público para actuar contra criminales o de retener a criminales reincidentes, combinado con la práctica inexistencia del derecho a la legítima defensa en España o de cualquier medio que permita actuar a la sociedad en caso de incompetencia del Estado generan un estado de impunidad para los criminales y consecuente indefensión para el resto de la sociedad. A todo esto cabe añadir las propias injusticias del sistema legal, a veces incluso en contradicción manifiesta con sus principios constitucionales, como es el caso de la situación de discriminación por parte de las leyes feministas por todos conocidos, los “delitos de odio” –prácticamente un caballo de Troya contra la libertad de expresión—, el sectarismo de la Ley de Memoria Histórica, y un largo etcétera.

En último lugar, debido a las consecuencias a nivel de alta política que acarrea, cabe destacar el trato de favor concedido a Cataluña y País Vasco con el consiguiente agravio comparativo con respecto a las comunidades que sí se han mostrado leales al Estado y el mensaje transmitido al resto de Comunidades Autónomas de que la deslealtad institucional conlleva trato de favor. El crecimiento del nacionalismo andaluz seguramente responde a este fenómeno, así como al mayor status social que se ha concedido a la población nacionalista con respecto a los fachas -prácticamente lo más bajo de la escala social hasta hace unos años- y con particular atención al fetiche pronacionalista de la izquierda española (todos los andalucistas son rojos). Así mismo, es de destacar las consecuencias de la inversión de las prioridades de la política española con respecto a su población: la Justicia es darle a cada uno lo suyo, y los gobernantes, en consecuencia, se deben a las necesidades de su población con respecto a los extranjeros. En este aspecto, tenemos las pretensiones del Gobierno Nacional de establecer sanidad gratuita y universal a todo el mundo sabiendo que hay listas de espera muy prolongadas, a Isabel Ayuso sacando pecho del crecimiento demográfico de Madrid cuando en la Villa y Corte no se puede encontrar casa para alquilar, y las que se encuentran están a precios muy elevados, o a Málaga intentando fomentar el turismo mediante una Comic-Con pésimamente gestionada cuando el centro de esta ciudad está muy tensionado por el turismo.


Cúpula de la iglesia del Monasterio de la Cartuja. Bajo el Espíritu Santo (Centro), y dentro de la esfera se pueden observar figuras alegóricas alternadas con las Armas Reales de Castilla y León. Desde abajo y en el sentido de las agujas del reloj: 
Justicia, ¿Templanza?, ¿Prudencia? y Fortaleza.  

Noelia Castillo, exceso de empatía y prioridad nacional. 

Además de este sistema de injusticia absoluta al que cabe añadir la incapacidad del sistema legal de hacer cumplir los propios constitucionales –el derecho al uso a la lengua española en aquellas comunidades que son bilingües se haya muy limitado por las Administraciones Autonómicas (algunas en manos del PP) por ejemplo—  el panorama ético-moral legal encuentra su base en lo que podríamos denominar una caridad distorsionada.

La empatía puede definirse como un amor abstracto por la humanidad o una caridad exacerbada no limitada por las otras virtudes: en particular, la Justicia, la Fortaleza ni la Prudencia. Este amor exacerbado por los criminales, por ejemplo, trae como consecuencia limitar la acción de las Fuerzas del Orden o rechazar la función punitiva y disuasoria del sistema penal, y esto a su vez genera la sensación de impunidad entre los criminales y que combinado con la práctica inexistencia del derecho a la legítima defensa en España da lugar a una indefensión absoluta por parte de la sociedad. Así mismo, la compasión a los inmigrantes ha llevado a la actual política pro-inmigración del Gobierno de España, sin tener en cuenta las consecuencias de una constante recepción de inmigrantes durante un tiempo prolongado a efectos de transformación demográfica, presión sobre el mercado del alquiler o el mercado laboral fruto del incremento de la población, criminalidad, o incluso la sobresaturación de servicios públicos por la demanda de éstos –cabe destacar el estado del Metro de Madrid—; y, mucho menos, en relación con el contexto determinado del país, como la actual situación de la vivienda, las “listas de espera” en Sanidad o el mercado de trabajo: situaciones sociales que se harán aún más extremas con la constante llegada de la población extranjera.



Fotografía de Aylan Kurdi (2015), un niño de tres años que se ahogó intentando huir de la Guerra Civil Siria. Esta fotografía fue utilizada por la propaganda occidental para hacer que la población, por la compasión que producía, aceptara la oleada migratoria de refugiados sirios en Europa. Como resultado, muchos países europeos abrieron sus puertas y se llevó a cabo un incremento notable de la inseguridad cuyo mayor exponente fueron las Violaciones de Nochevieja (2015) en Alemania, con un saldo de más de 200 agresiones sexuales. Así mismo, los atropellos y atentados enfocados especialmente en mercados navideños u otras celebraciones se han convertido en algo común en Alemania. 

Es aquí donde la cuestión enlaza con la prioridad nacional y Noelia Castillo. Por un lado, la prioridad nacional se relaciona con un deber de justicia y de prudencia: el gobierno se debe antes a los nacionales que a los extranjeros, y en un contexto de escasez de recursos deben fijarse prioridades. Por otro, ésta se ha rechazado por medio de la empatía, la cual a día de hoy constituye el mecanismo más útil para manipular a la opinión pública occidental. Ésta ha sido el mecanismo por el que a nivel público se ha justificado la eutanasia de Noelia: se ha explotado la compasión provocada por su estado y su deseo de morir, y se ha tachado de poco menos que psicópata, fanático y enemigo de la humanidad a quién se ha posicionado en contra de ello. Para colmo, el caso de Noelia Castillo es paradigmático con el estado de injusticia por defecto del sistema legal español: se trata de una víctima de violación (varias, de hecho) que se intentó suicidar fruto de una de ellas, y que no sólo no se han llevado al juzgado, sino que la muerte de Noelia ha garantizado que dichas violaciones queden impunes.

 

(Continuará…)

sábado, 9 de mayo de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (III): Noelia y la Prioridad Nacional (1ª parte)



Introducción.

Retomamos la serie de entradas sobre Noelia Castillo aprovechando un reciente debate que ha salpicado las redes, a raíz del reciente pacto de investidura en Extremadura entre Vox y el Partido Popular –que seguramente incumplirá—, en particular sobre una de las cláusulas del mismo que ha levantado bastantes ampollas entre la izquierda y parte de la "derecha" (peperos): la prioridad nacional. Es decir, la priorización de los nacionales sobre los extranjeros en el acceso a ayudas y servicios –especialmente en un contexto subyacente de escasez de éstos.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con Noelia Castillo? Hay un factor común en lo que respecta al caso de Noelia Castillo, el debate de la prioridad nacional y el motivo por el que hemos redactado estas entradas: la cuestión de fondo de estos artículos no es la eutanasia sino indagar sobre las implicaciones prácticas del Reinado Social de Cristo, no mediante su divina presencia –según palabras del Cardenal Pie a Napoleón III— sino mediante los perniciosos efectos de su ausencia. En la primera parte de estas entradas hemos hablado sobre las consecuencias de la secularización en la destrucción o debilitamiento de las redes de ayuda social más allá de la familia nuclear; y en la segunda nos hemos introducido superficialmente en los efectos de la secularización a nivel político en relación a la creación de las leyes y la administración de Justicia, así como a nivel “teológico” en la transformación de facto del Estado en la deidad de una religión neo-azteca que demanda sangre humana.


Qué es el Reinado Social de Cristo.

Una cosa que llevo observando durante un tiempo a esta parte es que las personas de izquierdas son incapaces de entender el concepto de “moral individual”: no son capaces de concebir que una premisa ética esté orientada a su cumplimiento independientemente de un propósito revolucionario, anti-sistema o de reforma social; y por eso (y por otras cosas más) son incapaces de comprender el Evangelio, y creen que Jesús pretendía realizar una revolución o diseñar una especie de sistema social proto-comunista. El Evangelio, no obstante, no dice lo mismo. En primer lugar, porque cualquier católico sabe que Jesús es la segunda persona de la Trinidad y que además es el Mesías, el Rey de Jerusalén, y por lo tanto de haber querido implantar un sistema político, lo habría hecho, y no habría terminado colgado de una cruz.

¿Qué es el Reinado Social, entonces? Explicado de forma sencilla la aplicación de los principios del Evangelio a nivel social y político constituye una inquietud legítima: el Reinado Social de Cristo es la respuesta a esa inquietud. La duda radica, sabiendo que algunos preceptos como darle todos los bienes a los pobres o dar asistencia en tu casa a los extranjeros no son aplicables a nivel político –el primero porque si eres el gestor del Estado, ese dinero no es tuyo y debe estar destinado a otros menesteres, y el segundo por los riesgos que conlleva a la población nativa cuya protección es el deber principal del Estado—, cómo llevar a cabo su aplicación práctica.

 

Paradigma judicial y paradigma ejecutivo. 

Antes de entrar en materia, hay un aspecto fundamental en cuanto a teoría política sobre el que me es conveniente explicar, y es la existencia de dos modelos o paradigmas de gobierno: lo que aquí vamos a llamar el modelo judicial y el modelo ejecutivo.

Los historiadores modernistas, estudiando la monarquía española en particular y las monarquías europeas de los siglos XVII-XVIII en general, han hablado de dos formas de entender la Monarquía: la monarquía judicial y la monarquía ejecutiva. La primera parte de la idea de que la atribución de la Monarquía y el poder político en general es la Administración de Justicia: los Consejos de la Monarquía, por ejemplo, eran vistos principalmente como tribunales supremos, y en general la principal atribución del Rey era la de Juez. La monarquía ejecutiva, en cambio, ante la situación de guerra general del siglo XVII y los problemas que generaban los diversos fueros y privilegios de ciudades o reinos, priorizaba la administración y el gobierno político (la “ejecución”), hasta convertirse en lo que convencionalmente llamamos las “monarquías absolutas”.


Detalle de la Puerta del Perdón de la Catedral de Granada, en la que se ve la cartela "IVSTITIA". Esta Puerta es la que dispone más simbología monárquica de la Catedral, estando también las armas de Fernando el Católico y el Emperador, y las cartelas "Justicia" y "Fe".

Por extensión, estos dos tipos de comprender la monarquía (y el poder en general), implica una diferencia entre la atención a un método (la legalidad, ya sea positiva o natural) o priorizar la obtención de resultados. Hoy este paradigma judicial se puede observar perfectamente en el “Estado de Derecho”, la priorización de los Derechos Humanos, la Libertad, el Orden… e incluso en la incapacidad de muchos pensionistas de comprender que si el sistema de las pensiones no es sostenible su “derecho a una pensión” no vale para nada –o, para los más modernos, el “Porque-la-Ley” responde a esta misma mentalidad. Por otro lado, desde que en 2020 aceptamos ser encerrados de forma inconstitucional y contra nuestro más fervoroso instinto de conservación de la libertad en vistas a “salvar vidas”, la sociedad española entró en un fuerte giro “ejecutivista”, en la que el perdón a los golpistas independentistas, y la sentencia de inconstitucionalidad de los confinamientos que no supusieron ningún efecto político y penal, no hizo sino desacreditar aún más el “Porque la Ley”. Así mismo, la falta de consecuencias internacionales de la invasión de Ucrania o la masacre de Israel en Palestina, por un lado, y los buenos resultados de Nayib Bukele en el Salvador, por otro, han dado aún más peso a esta mentalidad más pragmática o anti-legalista.

Estos dos modelos no son absolutos: de hecho, ambas cosmovisiones pueden incluso interrelacionarse. El modelo judicialista, entendido como aquel centrado en la Justicia, es el método es el más utilizado sobre el papel; mientras el ejecutivo tiende a ser la práctica real del poder. Por otro, la aplicación del modelo ejecutivo, entendido como una priorización de la obtención de resultados y el pragmatismo, requiere tener bien claro el fin moral (y “judicialista”) de su actuación –como puede ser la conservación del Estado, y, en consecuencia, la seguridad de su población.

 

Reinado Social de Cristo y Justicia.

Dicho esto, necesito que el lector asuma una idea básica: antiguamente la atribución principal de la Soberanía no era la función Legislativa ni el ejercicio práctico del poder, sino la Administración de Justicia. Explicado de esta manera, el Reinado Social de Cristo adquiere particular sentido si tenemos en cuenta el concepto judaico de la Ley: la Ley de Dios o Ley Mosaica se entendía como un conjunto de mandatos de Dios a los hombres que incluían tanto seguir las fiestas y costumbres litúrgicas como los preceptos morales y determinadas cuestiones que hoy vemos más políticas como las relativas al matrimonio, herencia, ect. La crítica de Jesús a los Fariseos viene dada por el excesivo legalismo de éstos, y cabe destacar cómo San Pablo se refiere tantas veces en su Epístola de los Romanos a la Justicia, a los santos como “justos”, y al proceso de santificación u obtención de gracia como “justificación” –que entendemos como “hacerse justo a ojos de Dios”. En un sentido más amplio, podemos considerar la Ley de Dios no sólo como la Ley revelada sino en lo que conocemos bajo el concepto de Derecho Natural.

Aquí es donde entra el Reinado Social de Cristo. Si asumimos que el principal objetivo del Gobierno es la Justicia, entonces debemos buscar que nuestras leyes sean tan semejantes al derecho natural es una cuestión mayor. Dicho de otra forma, si hay una Ley de Dios y un Derecho Natural, nos conviene incorporarlo a nuestro sistema de Derecho para que nuestras leyes sean justas. Quitando el elemento teológico –pues, de acuerdo a la filosofía tradicional, la justicia es darle a cada uno lo que corresponde, y a Dios le corresponde adoración y reverencia como creador— esto incluye una base teórica a nivel antropológico que también es importante, y que requiere de clarificación doctrinal: pensemos en las leyes feministas actuales que dan presunción de inocencia a la mujer, al existir una teoría previa que considera que toda denuncia en violencia de género está fundamentada por defecto y es imposible que una mujer denuncie por defecto; al ser la naturaleza humana caída y con tendencia a la perversidad y a la mentira, esto es indiscutiblemente falso y ha dado lugar a importantes abusos a nivel jurídico.

Otro elemento también clave que podemos mencionar es en lo que respecta a la responsabilidad. Por poner otro ejemplo práctico, hace poco hubo un escándalo en redes por un vídeo de una conversación entre la ex-ministra Irene Montero e Iván González Ranedo (“Samantha Hudson”), en la que éste se quejaba de la criminalización de los violadores, y Montero, aunque lo matizaba un poco, llegó a comentar que castigarlos no era tan importante. Esto puede parecer demencial, pero tiene sentido dentro de su lógica retorcida: para el izquierdista el criminal es consecuencia de sus condiciones socio-económicas o de su educación, lo que significa no es responsable de sus actos y, en consecuencia, no pueden ser sometidos a responsabilidades penales. Es decir, una antropología tan retorcida como ésa llevada al campo del derecho implica la impunidad absoluta de los violadores, lo cual unido al monopolio de la violencia legal por el Estado y la práctica inexistencia del derecho a la legítima defensa en España, provocan un desamparo absoluto tanto a las víctimas como al resto de la sociedad. 

(continuará…)

miércoles, 15 de abril de 2026

La Cofradía de Ntra. Sra. de los Dolores de Granada impone la medalla de Isabel la Católica a la Virgen y recuerda su origen carlista

El 27 de marzo de 2026 quedará señalado en la memoria de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores como una fecha de especial trascendencia. La noche caía fría y húmeda sobre la iglesia de San Pedro y San Pablo, envolviendo el templo en una atmósfera familiar, casi íntima, que parecía anticipar la solemnidad del momento.

En ese marco, el reverendo don José Luis Rubio Willen, director de la Comisión para la beatificación de Isabel la Católica y descendiente de requetés del Tercio Isabel la Católica, protagonizó uno de los instantes más significativos de la jornada al imponer la Medalla de la Sierva de Dios Isabel la Católica a la Virgen de los Dolores de Granada. Un gesto cargado de simbolismo, identidad y lealtad a los principios fundamentales de la Cofradía, a la que él mismo perteneció en su juventud.


D. José Luis Rubio Willen

Lealtad a esos requetés granadinos del Tercio Isabel la Católica, que hicieron un voto a la Virgen de los Dolores de la capilla del palacete de los Tellos durante el transcurso de la última Cruzada Nacional. Este voto consistía en fundar una cofradía cuando llegase la tan ansiada paz, paz que solo llegaría tras la Victoria Nacional.


Estampa repartida por D. José Luis Rubio Willen. Mención clara al Carlismo. 

Tercio de Requetés Isabel la Católica


El origen carlista, requeté y militar fue el que configuró la fundación de la Hermandad, como lo demuestran la procedencia de sus fundadores, la historia y los múltiples símbolos que, a día de hoy, siguen procesionando por las calles de Granada.

Este acto conducido por la Providencia, sirvió para recordar nuestros orígenes y nuestra razón de ser, una sacudida de conciencia para aquellos que mantenían nuestra rica historia postrada en el olvido, para aquellos que lejos de engrandecer la Historia de nuestra Hermandad parecían haberla querido despojar al baúl de los recuerdos. Fue nuestro sacerdote vallisoletano, natural de Granada, e hijo y sobrino de requetés y fundadores de la Hermandad, quien, junto con Jesús Juan Gómez Torres, hijo de otro fundador de la Hermandad, y el apoyo de amigos y colaboradores, igualmente hermanos de la Cofradía, y con el firme propósito de mantenerse fieles a su identidad, promovieron la imposición de la medalla de la Sierva de Dios Isabel la Católica.


Medalla Isabel la Católica

Solo la Providencia Divina podría haber tejido lo del Viernes de Dolores pues no hay mente humana capaz de hilar tan fino: el segundo hermano en antigüedad, jóvenes hermanos que luchan incansablemente desde hace años por la identidad y verdad histórica de la Hermandad, un sacerdote desligado por completo desde hacía setenta años de la Hermandad hicieron posible, con la ayuda de Dios, la imposición de la medalla de Isabel la Católica. También asistieron Caballeros y Damas del Capítulo Isabel la Católica y miembros del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón.


Antonio Martín Sánchez, Jose Luis Rubio Willen, Jesús Juan Gómez Torres

Todo comenzó con una bella procesión de entrada en la Iglesia de San Pedro y San Pablo, Cruz y ciriales en alto, incienso purificando y por detrás cuatro sacerdotes; D. José Luis Rubio Willen, D. José Gabriel Martín Rodríguez, D. Francisco Javier Espigares Flores y D. Manuel García Gálvez. El coro acompañaba está solemne procesión al Altar.

La Santa Misa fue celebrada por D. Francisco Javier Espigares Flores y concelebrada por el resto de sacerdotes. En la homilía se predicó sobre la tradición Carlista de la Hermandad y sobre la obra de la Sierva de Dios Isabel la Católica, realzando la santidad de su vida y la evangelización del nuevo mundo, donde se nos animó a la oración por su pronta beatificación. Al finalizar la Santa Misa se procedió a la tradicional imposición de medallas a los nuevos hermanos, llegando a imponerse hasta 80 medallas. Y llegó el momento que muchos estábamos esperando, la imposición de la medalla de Isabel la Católica por parte del reverendo D. José Luis Rubio Willen, director de la comisión de la Sierva de Dios Isabel la Católica, quien dedicó unas palabras y unas preces a Nuestra Señora la Virgen de los Dolores.



Después de los protocolarios saludos, regalos y recuerdos, y una vez movido el paso del Santísimo Cristo de la Misericordia se procedió a la colocación del paso de Nuestra Señora de los Dolores en su lugar. La primera levanta corrió a cargo del reverendo D.José Luis quien tuvo el inmenso honor de tocar el martillo. El broche final tuvo lugar en el Hotel Palacio Mariana Pineda, donde se compartió un ágape en un ambiente distendido. Durante la sobremesa, las anécdotas y recuerdos cofrades del reverendo don José Luis Rubio Willen suscitaron el interés y la atención de los presentes.



Y como se dijo en la Santa Misa, en la imposición de la medalla y en el ágape final; Señor lleva pronto a los altares a la Sierva de Dios Isabel la Católica. Y a nosotros danos la fuerza de mantener el espíritu fundacional de la Hermandad.

A.L.D.R.





lunes, 13 de abril de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (II)



Introducción. 

En la parte anterior, comentábamos como el caso de Noelia Castillo, joven catalana sometida a eutanasia el pasado 26 de marzo de 2026, constituye un paradigma de cómo ha afectado la pérdida de la religiosidad a nivel social: en particular, la pérdida del sentido moral de la tolerancia al sufrimiento, la debilitación de las redes de apoyo familiar provocadas por el divorcio, la baja natalidad o incluso otros factores no relacionados con lo religioso como la pérdida del arraigo y la emigración.

En esta segunda parte, empezaremos a tratar el aspecto más relacionado con la ausencia del Reinado Social de Cristo y sus repercusiones a nivel jurídico. En particular, comenzaremos con la discriminación entre el status de la eutanasia como un mal necesario o un derecho, aplicable a otras cuestiones como el aborto o el divorcio, y el por qué de la consideración como un derecho da lugar a una extensión potencialmente ad infinitum. Y, en consecuencia, la transformación paulatina del Estado poscristiano en deidad de un auténtico culto de sacrificios humanos.


La cuestión de la eutanasia. 

Vayamos por partes. Sin entrar en cuestiones morales, la justificación de la eutanasia en cuanto mecanismo para evitar que una persona agonizante sufra más de lo necesario no es tan disparatada a priori como pueda suceder. Por lo menos, los interesados en la política como tal podemos comprender la necesidad de poner en la balanza dos males y la necesidad de elegir entre uno de ellos: elegir entre salvar a un anciano o a un niño, por ejemplo, sabiendo que salvar a uno implicará necesariamente la muerte del otro. Otro ejemplo sería romper el cuello o matar a un animal herido que no tiene sanación posible sabiendo que la opción “humanitaria” implica dejarle agonizando. En los Tercios, la llamada popularmente “daga vizcaína” se conocía como “misericordia”, ya que se empleaba para rematar a soldados heridos, amigos o enemigos, para evitarles la agonía una vez heridos mortalmente. Se elige, en consecuencia, un mal objetivo para evitar males mayores.


Detalle de "Rocroi. El último Tercio" de Augusto Ferrer-Dalmau (2011).

Esta es la cuestión con respecto al aborto o a la eutanasia. Se trata de un mal: una decisión que si es posible se debe evitar a toda costa, y que no se debe aplicar a menos que no quede alternativa mejor posible. El problema radica en que cuando se vende el aborto o la eutanasia no se hace tanto como un mal (aunque se justifique de esa manera) sino como un derecho. Esa es la trampa: el derecho es algo bueno y legítimo, que se debe extender; la Administración, al menos de acuerdo al Derecho actual, está obligada a garantizar el cumplimiento de todo derecho y a eliminar a cualquier posible obstáculo para su cumplimiento. Si yo, en el campo de batalla, reconozco que uno de mis camaradas está herido de muerte y no hay salvación posible, quizá sea necesario darle muerte para ahorrarle la agonía como un mal necesario; pero si de repente el médico de campaña me advierte que es posible salvarlo o al menos no es necesario matarle para evitar su agonía, estoy moralmente obligado a no matarle y a hacer todo lo posible para garantizar su supervivencia, aunque las posibilidades de éxito sean escasas. Pero en el momento en que yo tengo derecho a matar a mi compañero malherido, aunque el médico de campaña me advierte de que tiene salvación, no sólo puedo matarlo si es mi deseo, sino que puedo denunciarlo ante la Justicia militar por obstaculizarme en el ejercicio de mi legítimo derecho a dar muerte a un compañero malherido.

Dicho de otra forma. En el momento en que el aborto, el divorcio o la eutanasia se reconocen como derechos, tanto la Administración como la sociedad van a hacer todo lo posible para que se extiendan tanto como fuera posible incluso más allá del posible factor de contagio que implica su “normalización”. En el momento en que el aborto, la eutanasia o el divorcio son vistos, no como decisiones radicales a una situación extrema, sino como derechos, por su propia naturaleza se van a procurar extender todo lo posible: es eso lo que ha convertido el divorcio en una salida de resolución de conflictos, al aborto en un método anticonceptivo más, y a la eutanasia como alternativa a ancianos enfermos o sanos, personas de cualquier edad que requieran de silla de ruedas o cualquier otro tratamiento, jóvenes con depresión, ect.

 

La degradación de la vida humana.

Volvemos en esto al caso particular de Noelia Castillo: el pasado 27 de marzo (Viernes de Dolores) salió a la luz una nota manuscrita de Noelia fechada en 2024 en el que solicitaba la paralización de su eutanasia –que debía haberse llevado a cabo el 2 de agosto de 2024— pero aunque finalmente el proceso se detuvo, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña no aceptó la carta como prueba de la “voluntad cambiante” de Noelia alegando que le habían hecho redactar esa carta de forma involuntaria aprovechando un estado de somnolencia. Esto es relevante porque la actual ley de eutanasia es muy restrictiva, y requiere que el solicitante muestre estar en libre uso de su voluntad –y, por lo tanto, estar en condiciones mentales óptimas—, de hecho las declaraciones de representantes del Gobierno sobre el caso, pidiendo aligerar los procesos, sugieren que el caso mediático de Noelia Castillo ha sido alentado por el PSOE con el objetivo del que ya he hablado previamente de facilitar el uso de ese derecho.


Nota manuscrita de Noelia Castillo, fechada a 29 de julio de 2024, solicitando un aplazamiento de su eutanasia, programada para el 2 de agosto, que finalmente sería interrumpida.

Sin contar las más que razonables dudas de que Noelia Castillo estuviese en pleno uso de sus facultades mentales –pues nadie al verla en el show morboso de Sónsoles Onega la haría responsable de prestarse para ese esperpento, cómo sí harían responsable a su madre y a la propia Onega— la cuestión moral está en la consideración de estos procesos como un mero procedimiento administrativo. Y aquí tengo que hacer, obviando las distancia y lo normi de lo que voy a decir— es imposible no hacer la comparación con el nazismo. Si bien éste ejercía la muerte de forma industrial y el Estado "del Bienestar" como un procedimiento administrativo, existe una cosa que el III Reich y el Régimen del 78 tienen en común en la aplicación de la muerte: la eliminación de la cadena de responsabilidad. Los funcionarios del Reich alegaban en los Juicios de Núremberg que simplemente obedecían órdenes de sus superiores, sin plantearse en ningún momento la moralidad de sus actos, y al ser un procedimiento administrativo que requiere la firma de diversos funcionarios, informes y seguir unas normas determinadas, no existe ningún funcionario a quién podamos hacer responsables de dar muerte a un inocente, y no hay ninguno que se plantee que están tratando de una vida humana: para cada uno de los funcionarios, no es más que otro sujeto a administrar mediante un procedimiento determinado por unas normas fijas.


El Estado como un dios que exige sacrificios humanos. 

Uno de los ejemplos más drásticos, e incluso siniestros, en lo relativo a la eutanasia es el de Reino Unido. Allí se ha llegado a imponer que la eutanasia a niños pequeños incluso en contra de la voluntad de sus padres. Uno de los casos más famosos fue el de Charlie Gard (2017), un bebé de diez meses de edad que sufría de una enfermedad artificial y al que, aunque no estrictamente eutanasia, la Burocracia británica decidió retirar la respiración artificial para “no prolongar su sufrimiento” provocando su muerte, todo en contra de la decisión de sus padres. Más siniestro aún fue el caso de Indi Gregory (2023), una bebé de ocho meses que padecía una enfermedad mitocondrial incurable y a la que la Justicia británica decidió desconectar de la respiración artificial de nuevo con la oposición de sus padres, pero que en esta ocasión contaron con una oferta de la Santa Sede se hacerse cargo del tratamiento del niño en un hospital en Italia bajo su administración, y tras negarlo, la Justicia rechazó incluso la solicitud de los padres de ser trasladado el bebé a su casa para que muriese allí.


Indi Gregory (♰2023), con sus padres.

En el caso particular del Estado británico ya hacemos un salto de gigante desde un mero procedimiento administrativo –aunque la situación se va a ampliar aún más— a una situación en la que el Estado, particularmente la Burocracia, no parece conformarse con ser mero administrador de las vidas de las personas, e incluso juez que determina –aún en contra de su voluntad o la de sus familiares— si esas vidas merecen seguir siendo vividas o no, sino que incluso parece que quiere sangre: no le basta con decidir si una persona sigue viviendo o no, quiere que el mayor número posible de personas se quiten la vida. Otro caso bastante famoso fue el de Christine Gauthier, una militar veterana y atleta paralímpica que solicitó al Estado canadiense la instalación en su casa de un ascensor para su silla de ruedas, y éste le ofreció la eutanasia. E insisto que, aunque paradigmáticos, no son casos aislados. 

La época poscristiana ha hecho que el Estado tras proclamar la no-religión oficial, se ha terminado convirtiendo en el César-Dios de una religión pagana, y, entre todas las que hay, ha elegido la peor de todas las existentes: la religión azteca. 

viernes, 27 de marzo de 2026

Noelia Castillo y el Reinado Social del Anticristo (I)

El pasado 26 de marzo, eósfera de la Fiesta de la Encarnación, toda España recibía una noticia que llevaba esperando, ya sea con expectación o con angustia: Noelia Castillo Ramos, una muchacha de 25 años, había recibido la eutanasia tras un proceso burocrático de dos años que su padre, con ayuda de Abogados Cristianos, llevaba luchando para frenar.

La muchacha sufría un trastorno límite de la personalidad –lo cual entre otras cosas, supone tener ideas suicidas—, había estado viviendo en diversos centros de acogida tras el divorcio de sus padres y haber perdido éstos su custodia, y, para colmo de males, tras haber sido violada en diversas ocasiones: una de ellas en grupo tras lo que, unos pocos días después, intentó suicidarse saltando desde un quinto piso. Afortunadamente fracasó en su intento, pero quedó parapléjica perdiendo movilidad parcial en sus piernas, y sufriendo dolores graves que le llevó, desde 2023, a pedir la eutanasia a la Administración. 

Finalmente, en este año ha sido ejecutado el proceso, convertido en un auténtico show morboso dirigido por Sonsoles Ónega y el equipo del programa “Ahora Sonsoles”, en un esperpento que parece sacado de un capítulo de Black Mirror y como muchos no recuerdan desde la búsqueda de Julen Roselló en 2019, -y he oído mencionar a algunos incluso el nombre de Alcásser, imagino que el crimen de 1992. De todo esto hay muchísimas cosas que comentar, pero yo voy a comenzar por un solo punto: los efectos del Reinado Social de Cristo –o mejor dicho, de la falta de él— en nuestra sociedad. Y es que desde la firma de la Constitución del 78 ya han pasado casi 50 años: tiempo más que suficiente para que determinados problemas germinen. 


Noelia Castillo Ramos (♰2026). Rogamos una oración por su alma.

Una de las consecuencias más llamativas a nivel a social -pues está en el centro del propio debate de la eutanasia- es el tratamiento del dolor: para el ciudadano promedio, dejar que una persona se quite la vida cuando sufre de grandes dolores o problemas crónicos es un acto de humanidad, de la misma forma en que un animal muy enfermo debe ser “dormido” para aliviarle su sufrimiento, o si encuentras un animal moribundo o con alguna extremidad quebrada de la que no cabe recuperación posible, lo más humanitario es romperle el cuello porque lo contrario supondría dejarle agonizando hasta su muerte. Simplemente, si no hay ningún tipo de “sobrenaturalidad”, el dolor carece del más mínimo sentido, y no hay ningún motivo para alargar los sufrimientos de una persona.

Otro aspecto a mencionar es la debilitación de los lazos familiares como consecuencia del divorcio, la caída de la natalidad y la restricción de la familia de forma casi exclusiva a la familia nuclear. Un compañero de Burgos comentó que la culpa como causa primera es de los padres por su divorcio: eso fue la causa de que Noelia Castillo acabase en manos de la Administración Pública y que su enfermedad mental, si no se produjo en ese momento, sí se debió de agravar. Otro punto a mencionar es que el paso a la Administración se produjo al no contar con ningún familiar que pudiera hacerse cargo de ella: es decir, si sus padres hubiesen tenido más hermanos o ella hubiese tenido primos mayores de edad con los que tuviese buenas relaciones y hubiesen podido hacerse cargo, quizás mucho de esto no habría sucedido. Y esto es aplicable no sólo a Noelia, sino a muchos menores de edad que han terminado tutelados por la Administración del Estado –o las Autonómicas, en su caso— con consecuencias como las menores prostituidas en Baleares. Dicho de otra forma, el reducir la familia a lo nuclear supone perder una red de apoyo social en caso de que por un imprevisto –divorcio o empobrecimiento, como es el caso de Noelia por ambos lados— esa familia nuclear se rompa.

Así mismo, como otra consecuencia no tan importante a priori, es la pérdida del papel social de las órdenes religiosas y de los conventos como red de protección social adicional. Me explico: uno de los bulos que se ha extendido es que Noelia fue violada en un centro de menores por menas; pero en una entrevista ella explicó que la violación múltiple que sufrió fue cuando ya era mayor de edad en una discoteca, y no fue la primera, sino que antes había sido abusada mientras dormía por un exnovio. Esta “mala suerte” puede estar relacionada con un concepto que descubrí en una entrevista del canal Terra Ignota: los psicópatas integrados. Un psicópata no es meramente un asesino, sino una persona sin empatía que utiliza a los demás como peones, y además de ser muy numerosos –creo recordar que 1 de cada 1.000 personas, pero hablo de memoria, así que consideren el dato como algo más bien ilustrativo— pasan fácilmente desapercibidos, y hay dos cosas que les atraen como polillas a la luz: el poder –por eso entre los políticos y altos empresarios hay una concentración superior de psicópatas integrados que en el resto de la sociedad— y las personas vulnerables, incluso las que ya han sufrido a manos de un psicópata integrado. Es decir, si ha tocado sufrir uno, es bastante probable que acabes en manos de otro, y ese creo que fue el caso de Noelia. 

Volviendo a lo relativo a los conventos, si Noelia hubiese sido consciente de su vulnerabilidad y además tuviésemos normalizado el convento no como una anormalidad para místicos sino como un espacio seguro para mujeres (que a efectos prácticos es lo que es un convento), Noelia podría haber contado con una red social de protección adicional: al menos de forma temporal hasta que contase con una familia estable que le sirviera de pilar emocional y material. Así mismo, cabe destacar el papel de las parroquias y las cofradías como redes sociales propias creadas dentro del seno de la Iglesia Católica.


Enlace al programa de Terra Ignota sobre psicópatas integrados: Psicópatas integrados: están entre nosotros. Con Iñaki Pinuel y Zabala

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