viernes, 28 de agosto de 2015

Antonio Garzón Marín (1905 - 1981)

Hace 34 años moría D. Antonio Garzón Marín, quien fuera jefe de la Comunión Tradicionalista en Andalucía Oriental en los años 60 y 70.

Nació en Linares en 1905 y se casó con doña María Auxiliadora Valdenebro Muñoz, de cuya unión nacieron ocho hijos.

Había sido jefe provincial de la Comunión Tradicionalista y candidato tradicionalista a Cortes por Jaén en 1936. Fue miembro de la presidencia colegiada de la Junta Nacional de la Comunión Tradicionalista-Carlista y nombrado jefe de la Comunión en Andalucía Oriental por S.M.C. don Javier en 1967, [1] cargo que desempeñó en los difíciles años 70.

Formó parte de la junta de gobierno provisional de la Comunión Tradicionalista reorganizada y constituida legalmente en 1977, que acordó como primera medida el envío de un telegrama de adhesión a S.A.R. don Sixto Enrique de Borbón Parma. [2]

Caballero de la Real Orden Militar de Montesa, agricultor y ganadero, fue hombre de profundas calidades humanas, tenaz siempre en la lucha por sus ideales.

A la edad de setenta y seis años entregó su alma a Dios en Sevilla, donde vivía desde los años cuarenta.

Su acendrado amor a Dios y a España supo de dificultades e ingratitudes que sobrellevó con espíritu cristiano.

R. I. P.

ABC de Sevilla (1/9/1981)

[1] Véase nota de prensa aquí.
[2] Véase nota de prensa aquí.

lunes, 10 de agosto de 2015

Grabados de la Tercera Guerra Carlista en Granada

El 10 de mayo de 1873, aparece un grabado del artista luso Rafael Bordalo Pinheiro en el Illustrated London News: un grupo de prisioneros carlistas en la vieja prisión morisca de La Alhambra, en Granada, aguardando la deportación, vía Cádiz, a las islas Canarias (p. 448).


Estos guerrilleros carlistas fueron capturados en las montañas vecinas por las tropas del Gobierno, explica el Illustrated London News (p. 449), y prosigue el seminario: «(...) debe señalarse que la causa carlista encuentra en Granada, como en el resto de España, inquebrantables partidarios entre el clero (...)».


El otro grabado del mismo número nos muestra al arzobispo de dicha ciudad denunciando a la República desde lo alto de su púlpito; este dibujo, a diferencia de los demás, está firmado (Regamer parece ser la firma), pero no estamos seguros de que sea también de Bordalo Pinheiro.

Por fin, el 17 de mayo, publica la revista la última colaboración de nuestro artista, quien continúa siendo mencionado como «Señor Pinheiro» (p. 455): estamos ahora ante un excelente grabado que nos muestra, en doble página (pp. 464-465), un grupo de prisioneros carlistas, de nuevo en la prisión de La Alhambra, en Granada, flanqueados por varios guardias armados.


La escena, de típica atmósfera romántica —y que podía haber sido dibujada por el lápiz de un Doré, cuando evoca el grupo de galeotes que D. Quijote encuentra y acaba por liberar— nos muestra ahora un Bordalo más seguro al juntar esta banda de feroces y sombríos guerrilleros de la causa legitimista, auténticos bandoleros ataviados con sus mantas, sus sombreros típicos, sus grebas y botas o zapatillas, con rostros rudos esculpidos en la granítica masa popular de España tal como la imaginaban, con un ápice de «leyenda negra», los europeos de la época... El texto que acompaña a este dibujo merece ser citado. En esta ocasión en vez de aludir a la guerra con el título de «Sketches in Spain», el Illustrated London News le da el encabezamiento de «The Carlist Wars» (p. 455).

La contrarrevolución legitimista (1688-1876)

viernes, 7 de agosto de 2015

La Abadía del Sacromonte, enclave de la España latente

Un foco de conspiración carlista, un centro de espiritualidad y cultura

Manuel Fernández Espinosa

Por debajo de la Granada oficial y superficial del siglo XIX late un hervidero de carlismo perseverante. Este carlismo se concentra en la Real, Insigne y Muy Antigua Abadía del Sacromonte, emplazada al noreste de la ciudad de La Alhambra, en lo que con anterioridad se llamaba Monte Valparaíso antes de llamarse Sacromonte. El Sacromonte sería uno de los lugares que más polémicas suscitaría, desde que en 1595 fueron hallados unos restos óseos que se identificaron con las reliquias de los discípulos de Santiago Apóstol: San Cecilio, San Tesifón y San Hisicio, amén de unos libros -los famosos Libros Plúmbeos ó Plomos del Sacromonte- que fueron desacreditados como una falsificación histórica que, todo parece indicarlo así, urdieron algunos moriscos interesados que, con estos libros apócrifos, trataban de conciliar el cristianismo con el islam tras la Guerra de las Alpujarras. A despecho de los Libros Plúmbeos, el celo católico elevó en el Monte Valparaíso un complejo religioso con Via Crucis, capillas rupestres (las Santas Cuevas), un Colegio y un Seminario, así como la Abadía propiamente que se edificó en el siglo XVII, constituyendo un enclave formidable de la religiosidad, la cultura y la tradición de Granada.

A finales del siglo XIX los canónigos del Sacro Monte todavía seguían fuertes en la Abadía, convertida en inexpugnable bastión del carlismo. A la Abadía venían a refugiarse los carlistas perseguidos de la Andalucía oriental: Granada, Málaga, Almería y Jaén, bien da cuenta de ello el carlista D. Rufino Peinado y Peinado, cuyo padre no sabemos si pasó más tiempo escondido al recaudo de la Abadía que en su casa de Castillo de Locubín (Jaén) y a la Abadía del Sacromonte venía el canónigo madrileño D. José Torres a reclutar jóvenes como el mismo Rufino. Estaría por abordar un estudio en profundidad de lo que supuso la granadina Abadía del Sacromonte para el carlismo sureño, lo cierto es que si en Granada puede irse a buscar en foco del carlismo hay que ir a la Abadía del Sacromonte.


Venerable D. José Gras y Granollers

Pero no serían solo canónigos conspiradores y facciosos los que poblarían la Abadía, con ellos —en comunión de ideales, pero consagrados a tareas más espirituales y culturales— convivieron grandes personalidades de la Iglesia española del siglo XIX, a los que visitaban asiduamente personalidades de la cultura granadina de dimensión nacional e internacional. El carisma personal que atraería y concentraría la movilización espiritual y cultural sería el catalán P. José Gras y Granollers (1834-1918), proclamado Venerable el 25 de marzo de 1994. El Venerable Padre Gras llegaría a la Abadía del Sacromonte en 1866 ganando por oposición una canongía en la Abadía, instalándose desde entonces aquí, tras muchas peripecias propias de un sacerdote católico del siglo XIX, hostigado y perseguido por los poderes laicistas. En 1866 fundaba una sociedad religioso-literaria llamada "Academia y Corte de Cristo" cuyo objeto él mismo definía con estas palabras: "La Academia de Cristo no tiene otro objeto más que extender todo lo posible el reinado intelectual y moral de Cristo sobre todas las almas, y preservarlas del doble veneno del error y de la desmoralización que hoy rebosa en todas partes". Para ello se puso a la obra, bajo el lema de "Hacer el bien" y con encomiable celo apostólico, dedicándose él mismo y los hombres que congregó a su alrededor a una perseverante labor publicística que exaltaba la divinidad y la realeza de Jesucristo-Eucaristía.

Formó la Academia y Corte de Cristo con hombres de confianza y peso científico, clérigos y seglares, que compartían con el P. Gras el mismo fervor. El consejo directivo lo formaban D. José Martín Gutiérrez, magistral, y D. José de Ramos López, canónigo. El Consejo consultivo quedó compuesto por el Abad del Sacromonte, D. Nicolás del Paso y Delgado, el Chantre D. Antonio Sánchez de Arce y Peñuela, el provisor eclesiástico D. José Oliver, el canónigo y director del Colegio de Santiago, D. Juan Manuel Moscoso, el también canónigo D. Isidoro de Velasco, el capellán real D. Servando Arbolí, el abogado D. José Salvador de Salvador y los catedráticos universitarios: D. Nicolás del Paso y Delgado, D. Leopoldo Eguilaz Yanguas, D. Manuel de Góngora y D. Francisco Javier Simonet Baca.

Francisco Javier Simonet, arabista y carlista

Conviene reparar en estos tres eminentes científicos que pertenecieron a la Academia y Corte de Cristo:

El almeriense D. Manuel de Góngora y Martínez (1822-1884) fue un prominente arqueólogo español al que le debemos el hallazgo de la Cueva de los Letreros (Vélez Blanco), uno de los más importantes enclaves arqueológicos de pintura rupestre, donde asimismo se descubrió el Indalo que se ha convertido en símbolo de identidad almeriense y emblema del grupo artístico llamado el Indalismo, con Jesús de Perceval (1915-1985) como líder. Góngora no fue una figura provinciana, sino que fue miembro de institutos arqueológicos europeos como el de Roma, el de París y el de Berlín.

En cuanto a Leopoldo Eguílaz y Yanguas (1829-1906) y Francisco Javier Simonet y Baca (1829-1897) podemos decir que ambos, aunque no eran granadinos nativos, se vincularon a Granada por tener en la universidad granadina a su Alma Máter. Pertenecieron ambos al grupo, tan desconocido hoy y tan relevante para la cultura hispánica, de los llamados "Orientalistas Granadinos". Este grupo quedó caracterizado por el mismo Simonet en su escrito "Noticia de los orientalistas que ha producido la Universidad [de Granada]". En esta relación se pone en evidencia que muchos de los miembros del grupo de Orientalistas Granadinos empezaron estudiando el sánscrito, derivando posteriormente al estudio del árabe, no eran todos nativos de Granada (Eguílaz era murciano y el mismo Simonet era malagueño), pero en el momento crucial de su formación intelectual coincidieron en Granada, teniendo dedicaciones profesionales diversas como docentes, como clérigos o como diplomáticos, no pocos de ellos permanecieron en Granada hasta su muerte y mantuvieron relaciones entre sí. Este grupo intelectual no permaneció instalado en la comodidad de su cátedra universitaria, sino que realizó una labor expedicionaria muy significativa para recopilar manuscritos árabes, sobre todo en Marruecos, a partir de 1859.
Simonet, tal vez el más conocido, fue catedrático de lengua árabe en la Universidad de Granada y le debemos, entre sus muchas y acreditadas aportaciones intelectuales, una obra fundamental: "Historia de los mozárabes españoles" (1867). Según uno de los condiscípulos de Simonet, Almagro Cárdenas, Simonet "fue carlista antes que literato". La afirmación tal vez sea hiperbólica, pero es lo suficientemente elocuente como para comprobar que el perfil de los intelectuales vinculados a la Academia y Corte de Cristo del P. Gras y, por ende, a la Abadía del Sacro Monte, no eran en modo alguno tibios hombres que no se comprometieran con la Religión Católica y la Patria.

El P. Gras, por su parte, no quedó tampoco restringido al ámbito provinciano. Por mucho que su figura hoy sea la de un desconocido, su colosal labor propagandística fue reconocida por prestigiosas entidades internacionales, entre las que cabe destacar el Consejo Superior del Museo y Biblioteca Eucarísticos de Paray-le-Monial (al que fue adscrito como miembro perpetuo en 1882), fue nombrado representante en España de la revista internacional "Le Règne du Jésus-Christ", en 1885 se convirtió en miembro del Comité Permanente de la Sociedad de los Fastos Eucarísticos y participó en el Congreso Eucarístico de París del año 1888, presentando una ponencia bajo el título "El pacto de Cristo con España" que el mismo Barón de Sarachaga tradujo al francés. La relación del P. Gras con el núcleo del Hiéron de Paray-le-Monial (que yo mismo he tratado en los artículos enlazados abajo) no puede pasar desapercibido.

Y es que, como el mismo P. Gras afirmó:

"La Academia y Corte de Cristo no es lo que vulgarmente se entiende por una cofradía, no es una mera asociación de culto al Santísimo Sacramento o una empresa de propaganda religiosa; somos todo esto y mucho más que esto; somos un apostolado, una cruzada de hombres, mujeres y niños para hacer triunfar el bien, frente a frente de la organización, propaganda y desbordamiento universal del mal".

La Academia y Corte de Cristo fue otra manifestación exterior de un núcleo permanente que, pese a todos los avatares históricos, está latente en la Cristiandad y siempre en España.


Enlaces relacionados:

Fernández Espinosa, Manuel, EL HIERON DU VAL D'OR AL SERVICIO DEL REINADO SOCIAL DE CRISTO, publicado en RAIGAMBRE (Revista Cultural Hispánica), 7 de febrero de 2015.

Fernández Espinosa, Manuel, CARLISMO EN EL SUR, publicado en RAIGAMBRE (Revista Cultural Hispánica), 2 de junio de 2015.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Lo que los progres no sabían de Vázquez de Mella

Hace unas pocas semanas, como todos sabréis, tuvo lugar el infame cambio de nombre de la Plaza Vázquez de Mella. A un héroe hispánico como él, literato, político, filósofo, erudito y leal a la Santa Causa, le fue arrebatada la que fue su plaza para dársela a un individuo de "orgasmos democráticos", así le definía Juan Manuel de Prada. Un cambio que se hizo a espaldas del pueblo y con su oposición (hubo un sabotaje por parte de la organización Change.org contra la petición de que se mantuviese el nombre) y como era de esperar, todos los partidos (excepto el PP, que se abstuvo por razones económicas, lo cual era de esperar, pues solo les importa tener los bolsillos bien llenos como buenos liberal-capitalistas que son) votaron a favor de la usurpación. Los más optimistas quisieron ver en dicho cambio una oportunidad para que el insigne Verbo de la Tradición abandonase Chueca, plagado de sodomitas. Y yo no me cansaré de decir que un barrio entero no puede ser exclusiva propiedad de unos cuantos degenerados, sino que pertenece como patrimonio a todos los ciudadanos, en este caso de Madrid, y Vázquez de Mella estuvo allí mucho antes de que Chueca se convirtiese en cortijo particular de los traseros rotos.

Y bien, ¿donde está lo gracioso del asunto? Probablemente, cuando los partiduchos de turno quisieron arrebatarle a Vázquez de Mella la plaza que con tantos méritos él ganó, no contaron (sobre todo los progres, esos que alardean de feministas siendo su primer objetivo el de denigrar a la mujer) con que Vázquez de Mella fue el mismo que pidió el voto femenino en 1910 (¿dónde estaban los sociatas entonces?) Vázquez de Mella decía de la mujer:

«La mujer es la personificación de la ternura y de la delicadeza. [...] Bien se puede afirmar que la mujer tiene el instinto de la distinción.»
«El trato con la mujer cuando conserva el sello cristiano y no ha sido manchado por el hombre, pule el sentimiento, aguza el ingenio, hace el gesto señoril, perfuma con la cortesía la vida y alimenta esas dos lámparas que ardían antes a la puerta del hogar y que se van apagando, el respeto y el honor.»

Naturalmente, Vázquez de Mella siempre denunció el feminismo de postín:

«Ahora estamos en presencia de un doble movimiento feminista; un movimiento feminista de naturalismo pagano y un movimiento feminista cristiano surcan el mundo».
«El movimiento naturalista coincidió con la revolución y con la restauración del naturalismo pagano, [...] que pide la emancipación de la mujer. Pero, ¿la emancipación de qué? En el movimiento feminista revolucionario, aunque algunas veces los más hábiles lo disimulen, lo que se pide es la emancipación de la mujer de la religión y del vínculo conyugal que hace indisoluble el matrimonio, podría demostrar que esa emancipación sería la vuelta a la depravación pagana de la mujer», de la que la sacó «el Cristianismo, quien la transformó, la regeneró, la sublimó y quien la levantó de esclava a reina, quien la sacó de la ergástula para ponerla en el trono.»
«El límite infranqueable de todo verdadero feminismo estará [...] en la unidad e indisolubilidad de la familia y también es claro y no hay necesidad de recordarlo, pero tales son los tiempos que corremos que no sobrará el hacerlo, en la frontera misma que marca el sexo, porque no habría nada tan absurdo y repulsivo como un hombre afeminado, si no existiese otra cosa tan repugnante como es la mujer hombruna y masculinizada. Son el anverso y el reverso de la misma aberración.»
«¿Qué pide el movimiento feminista cristiano en todas partes y especialmente en España? Pide la igualdad jurídica y pide también una igualdad social y política. Yo soy partidario de todas esas igualdades bien entendidas, aunque no soy igualitario, ni creo en la palabra 'igualdad'…»

Vázquez de Mella también aclaró que no pedía la participación de la mujer para acabar siendo una mera cifra estadística más en el sistema parlamentario individualista, sino que la deseaba para la democracia real y orgánica, la genuinamente hispánica.

«El gobierno representativo, en un periodo que no creo será muy largo, ha de sustituir indudablemente al régimen parlamentario; porque el régimen representativo está fundado en la naturaleza de las cosas y no en artificios.»
«Así que yo dentro de estas clases [habla del régimen representativo] soy partidario de la concesión del voto a la mujer como lo tenía en la sociedad antigua. En la Edad Media la mujer tenía el voto en el gremio y muchas veces era, -como viuda del maestro- su cabeza; y el gremio fué en parte, base de la representación municipal y con esta, e independientemente de ella, la incluyó en la de las Cortes.»
«Si vais a representar a la propiedad, ¿no van a estarlo las propietarias? Si vais a representar a las corporaciones científicas, ¿no han de tener voto las que forman parte de ellas? Si las grandes empresas industriales, ¿no van a representar las que a veces están a la cabeza de algunas extraordinarias?»
«Y no se objete la inconstancia e incapacidad de la mujer para negarle un puesto político en el Parlamento, pues por mal que lo hagan, seguramente no lo harán peor que los hombres.»
«Los hijos de los que no quieren dar el voto a las madres, votan contra sus madres. ¡Qué no tienen capacidad! ¡Y han formado sus corazones! ¡Que votarían mal! ¡Y los han formado a ellos! ¿Y los hijos buenos formados por ellas van a decir que las madres harían mal uso del voto?»
«¡Que la mujer no tiene bastante capacidad para votar! ¡Oh, Dios mío! ¡Y trece millones de analfabetos en España la tienen!»

A los que dicen que el voto femenino llevará a la discordia a las familias replica:

«La discordia estallará, aunque no hubiese el voto; si el voto del marido atenta contra las creencias y contra la conciencia de las esposas, las madres derramarán llantos al ver a su marido votar contra aquello que ellas estiman que es una creencia muy firme…»
«Yo soy demócrata, soy un entusiasta de la democracia; pero según la democracia se entienda.» «Yo combato la democracia y el sufragio universal individualista y pido el sufragio total por clases», que son «categorías de personas individuales o colectivas unificadas por un interés social común.»
«El hombre abstracto no se encuentra en la realidad y el verdadero individuo es irrepresentable… lo que se da es el hombre de grupo, que pertenece siempre a una clase social determinada.»
«Las clases son naturales, los partidos artificiales. Si se suprime una, la nación queda destrozada y mutilada, si se suprimen todas, queda aniquilada…» «Suprimid un partido, suprimid dos; la sociedad no se hunde por eso, al contrario, queda más ligera del peso que la oprime. Suponed que una mañana han desaparecido los partidos parlamentarios y sus grupos. ¿Creéis que la sociedad española iba a vestir por ello de luto?»
«Unas cortes verdaderas tienen que ser un espejo de la sociedad y reproducir exactamente sus elementos y sus intereses colectivos…» No los partidos, que nunca pueden ser permanentes, sino circunstanciales.

Quizá a los feministas de postín les desagrada pensar que el tradicionalismo siempre defendió a la mujer, y les da rabia reconocerlo. Por eso le quitan su plaza para dársela a un cualquiera. Quizá nos quieran hacer olvidar los herederos de la Ilustración masónica que hasta su infame llegada a nuestra Patria en 1812 la mujer podía entrar en la Universidad (y de hecho, España dio grandes sabias como Lucía de Medrano, catedrática de Humanidades en la Universidad de Salamanca en el siglo XVI, Beatriz Galindo "la Latina", así llamada por su erudición de las lenguas clásicas, o María Isidra Guzmán de la Cerda, catedrática de filosofía en Alcalá de Henares).

Quizá nos quieren hacer olvidar que la misoginia la trajo el liberalismo (Rousseau decía que la mujer solo existía para darle placer al hombre, además de ser el artífice de su expulsión de la Universidad). Quizá nos quieren hacer olvidar a nuestras grandes heroínas, como Isabel la Católica, Agustina de Aragón, María Pita, Inés de Suárez o Isabel Barreto. Quizá quieren hacernos olvidar que en los concejos de la Castilla medieval el voto femenino y el masculino valían lo mismo (pues quien votaba era el propietario de la casa, fuese hombre o mujer, y se daban casos de ser la mujer la propietaria y votar en nombre de toda la familia); o que mientras en el siglo XIX una Europa contaminada de liberalismo silenciaba a las mujeres, estas contaban con voto en las Legaciones Pontificias. ¿O quizás prefieren que olvidemos la oposición de las izquierdas durante la Republiqueta al voto de la mujer por considerarlas conservadoras? ¿Quizá que el primer sufragio femenino no llegó con su Republiqueta sino con la dictadura del general Primo de Rivera?

Quién sabe...



martes, 4 de agosto de 2015

La estancia en Granada de Rafael Gambra

Mi lejana estancia en Granada
por Rafael Gambra (1983)

Puesto que tengo ya nietos, permítaseme ejercer uno de los derechos universalmente reconocidos a los abuelos de todos los tiempos: evocar algún recuerdo de su primera y ya lejana juventud.

En este caso, de mi única estancia en la hermosa ciudad de Granada, allá donde más cabe compadecer al ciego. Hace ya cuarenta y cinco años, y sólo duró dos meses, por más que en ellos cursé, en cierto modo, toda una carrera. Pretendo evocar con ello un momento de ilusión y de heroísmo en la vida española en el que nos cupo esperar una recuperación de la fe, de la tradición y de las glorias que creímos perdidas.

Se iniciaban ya los meses invernales de 1938; contaba yo dieciocho años. Venía a la sazón —boina roja, cazadora caqui y macuto a la espalda— de pasar varios meses y muchos fríos en el Alto del León, con el Tercio navarro de Abárzuza, y acudía a los cursos de Alférez Provisional de Infantería que se realizaban, desde tiempo atrás, en esa ciudad.

A mi llegada a Granada me enteré de que no lo hacía a la templada Andalucía que yo conocí en la plana de Sevilla y de Morón, sino a una ciudad de invierno frío, cuyas heladoras amanecidas habría de sufrir cada día en las interminables operaciones ficticias por el cerro de la Perdiz, a orillas del Darro, traspasados los jardines de la Alhambra, blancos de escarcha, o en el Llano de la Cartuja baja, frente a la dorada Sierra Elvira. También aprendí que para ser admitido en la Academia era necesario llevar maleta, utensilio que, en guerra, considerábamos tan inaceptable como llevar paraguas. Nos lo enseñaba enseguida una cancioncilla con que nos recibían los cadetes veteranos ya de un mes:

Pobre Pirulo, que llegas a Granada,
Sin la maleta, no serás oficial.
Aunque tú traigas catorce laureadas
Si no traes maleta te suspenderán... 

Llano de la Perdiz en Granada, donde se divisa el monasterio Jesús del Valle,
 lugar en el que fue enterrado el general Carlos Calderón y Vasco

Mandaba aquella improvisada Academia de la Cartuja Alta un coronel mutilado y de avanzada edad —el coronel Izquierdo—, cascarrabias y gritón, pero que era al final un padre para tanto muchacho —casi niños— que pasaban por su mando, camino muchos de ellos, de un bello morir. Los instructores de operaciones eran alemanes. Después de cuarenta años viendo películas de boches siniestros, torpes y malvados, chocará oír que, a pesar de su dureza en el ejercicio, los cadetes los queríamos porque eran buenos con nosotros. Recuerdo a un capitán Feita (¿se escribiría así?) al que debían haber explicado que la única exclamación era ¡caramba! Se enfurecía a menudo si el despliegue no resultaba a su gusto, y resultaba cómico oírle gritar en el colmo de la indignación ¡¡caramba!!

No tenía yo en Granada parientes ni amigos. Se me brindó, sin embargo, un verdadero hogar para los pocos días en que disfrutamos de fiesta o de permiso. Por un azar conocí pocos meses antes —estando ya en el frente— una pequeña revista carlista titulada LA VERDAD que se publicaba hacía muchos años precisamente en Granada. Era su fundador y director don Francisco Guerrero Vílchez, antiguo capitán de Carlos VII, que exhibía en la revista, bajo el lema DIOS-PATRIA-REY, el título de «Caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita». La revista no era más que dos hojas de tamaño grande, creo que quincenal, y publicaba por el Corpus un número extraordinario con ilustraciones y mucha publicidad local. En esas páginas habían aparecido mis primeras colaboraciones, tan ingenuas como podría esperarse de los diecisiete años de edad.

Al poco de mi llegada rendí visita a mi director literario. Contaba a la sazón don Francisco ochenta y muchos años, pero me acogió con ánimo paternal y conté en su casa con un refugio seguro y cariñoso. Incluso me dijo que parecía mentira que «un intelectual como yo» tuviera que ir por el mundo con un macuto y buscando quien le cosiera y lavara la ropa. Creo que murió poco después de la Victoria. Muerte feliz y oportuna que culminaba en triunfo toda una vida de lucha por la Causa.

LA VERDAD fue, después de la derrota en la última Guerra Carlista, uno de los islotes de carlismo que pervivieron contra toda adversidad hasta alcanzar el renacer carlista del Alzamiento Nacional. Haga Dios que otros islotes que hoy perviven en esta hora triste de España lleguen a conocer parecida reviviscencia.


Rafael Gambra Ciudad
Boletín "Fal Conde",
Granada, febrero de 1983

sábado, 1 de agosto de 2015

Himno a la bandera del Requeté



Es roja y gualda nuestra bandera,
su lema dice: "Dios, Patria y Rey". 

Con sus guerreros la vida entera 
luchar valientes es nuestra ley.

Miradla, Bravos: Esos colores
que nos hechizan de sangre y sol
y el lema augusto son los amores
del invencible pueblo Español

Ella fulgura con luz de gloria
por los laureles que conquistó,
lema y colores son una historia
que otra más grande no escribió.

A los combates con ella iremos,
llenos de empuje, valor y fe
y un día y otro celebraremos
triunfos y glorias del Requeté.

Bandera insigne, Bandera santa,
Bandera que eres la Tradición
de un pueblo noble, que lucha y canta
y es de siglos la admiración.

Marcha adelante siempre triunfando
de cerca iremos todos en pos,
que es nuestra gloria morir luchando
por nuestra Patria, por nuestro Dios.

El Requeté (Buenos Aires, 1 de enero de 1939)

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