miércoles, 24 de agosto de 2022

Tradicionalismo y fascismo (I) : una coincidencia



Folletón de EL SIGLO FUTURO

por José Luis Vázquez Dodero (noviembre-diciembre de 1934)

UNA COINCIDENCIA

Utinam frigidus esses, aut calidus! Sed quia tepidus es, et nec frigidus nec calidus, incipiam te evomere ex ore meo. (Apoc. III, 15-16)

No recuerdo haber leído en ninguno de los muchos libros que se han dedicado al fascismo lo que éste supone en relación con la filosofía pura. Cualquier régimen político es la aplicación de unos principios que pertenecen al reino de la filosofía. Así como no hay hecho artístico sin una estética que lo informe, así tampoco hay política sin una metafísica que le sirva de basamento. Basta asistir a una discusión parlamentaria o escuchar un debate político para echar de ver al punto que la política, por mucho que quiera hacérsela ciencia práctica, ciencia y arte de realidades, tiene fundamentos especulativos, razones, principios, «porqués», instancias superiores adonde se acude como suprema justificación de los actos de gobierno.

Nada escapa al imperio de la Idea, porque la Idea rige al mundo, como luego se explicará al hablar de
la doctrina fascista.

Según sea la metafísica profesada, así será la política que se propugne. Y más en concreto puede decirse que toda política depende, en principio, de una cuestión que en cualquier tratado de filosofía aparece entre otras muchas sin que reparemos con facilidad en su trascendencia. ¿Tiene el entendimiento humano aptitud para conocer la verdad? ¿Existe la certeza? He aquí un título previo que hay que discutir en política también, aunque muchos la crean ajena a él.

No es cosa de hacer una larga divagación histórica sobre este punto. Me parece a mí que todas las políticas que han gobernado al mundo pueden dividirse con arreglo a este criterio sencillo y elemental: políticas que creen en la Verdad y políticas que no creen en ella; regímenes basados en la certeza, y regímenes escépticos respecto a la aptitud humana para alcanzarla.

La Edad Media, era de fe, es un gran período histórico de creencia en la verdad objetiva. La misma creencia religiosa y metafísica, el mismo ímpetu genesíaco, nacido de la confianza del hombre en sus propias fuerzas, animan las cuestiones de la «Suma», y los títulos de las «Partidas», y los versos de la «Divina Comedia» y la imponente canción de piedra de las catedrales. Y así la política. Política de sillar de catedral y de terceto dantesco, sin vacilaciones en la perfección de sus once sílabas por verso.

Cuando la Reforma en lo religioso y la filosofía criticista en lo metafísico hicieron vacilar el pilar intelectual de la política, surge lo que con nombre abarcador y sintético llamaremos Revolución. Entonces la política se basa en la igual impotencia de todos los hombres para conocer la verdad. La Igualdad de la Revolución era ésta; no la antinatural igualdad de condiciones en lo social.

En las políticas de la Verdad todo descansa, por el contrario, en la igualdad potencial de todos los hombres para conocerla.

Desde los Reyes Católicos hasta el siglo XVIII España tuvo esa política que conoce la Verdad y si es necesario la impone, porque la Verdad en política es el Bien al hacer aplicación de sus principios, y el Bien es el objeto a cuya consecución deben tender, como las flechas al blanco, todos los actos del mando. Llevada de esta filosofía optimista y vital, Isabel la Católica hizo una limpia temerosa al tomar posesión del trono, y después, absorbiendo y transformando la corrupción del Renacimiento pagano y de la Reforma disolvente, sus sucesores perpetuaron su política dotando a España de un Renacimiento y una Reforma privativos y autóctonos.

El liberalismo se engendró de la fuga del alma propugnada por el luteranismo y del pesimismo de la filosofía criticista de Kant.

La tragedia de esta política de verdades subjetivas y parciales, donde, una vez declarado incapaz el entendimiento, nadie tiene derecho al monopolio de lo verdadero, consiste en que la noción de lo verdadero, el concepto de verdad, va impreso en lo más hondo de la naturaleza humana.

Así como los actos del entendimiento son siempre afirmativos, y no puede haber negación más que en cuanto al objeto sobre que versa la operación intelectual, así, por mucho que el hombre quiera huir de la Verdad, su concepto siempre le sigue, le acosa, le posee y le subyuga. Por eso el signo trágico del liberalismo consiste en la asombrosa paradoja de que mientras declara que no hay Verdad absoluta y sí sólo verdades relativas y subjetivas (con los mismos derechos, por consiguiente), está declarando implícita y explícitamente que hay una Verdad absoluta, que es él mismo: que es la verdad de que la Verdad no existe, y está reclamando para su tesis los privilegios y prerrogativas de la Verdad absoluta que niega. Es una tesis que se devora a sí misma, es un principio que devora sus consecuencias, como Saturno devoraba a sus hijos.

Saturno devorando a un hijo, pintura de Francisco de Goya

Pues bien: he aquí que después de dos siglos de liberalismo, comienza a hablarse de su fracaso y comienzan sobre todo a percibirse síntomas evidentes de un saludable retomo a la Verdad objetiva.

Rusia es uno de ellos. Rusia es el gran bofetón a la política agnóstica, porque siendo la última consecuencia lógica de sus postulados, ha sido escuela de absolutismo en lugar de espejo de agnosticismo, como era natural que fuera. La política de los soviets es en cierto modo política de Verdad objetiva, porque es política de Error absoluto. ¿No es significativo el hecho de que cuando un sistema llega al ápice de su desenvolvimiento se eche mano de sus principios antagónicos?

Pero entre los novísimos movimientos, ninguno como el fascismo significa el deseo y la necesidad de volver por los fueros de la Verdad perdida. Bajo esos términos tan frecuentes de «Estado fuerte», «movimiento integral», «Estado totalitario», palpita la Verdad, que quiere otra vez sacudir sus alas y mostrar al mundo su faz radiante. «Estado fuerte» no es otra cosa sino un Estado en que Bien y Mal, Verdad y Error, Patria y Antipatria no tengan los mismos derechos ni reciban de una ley cruzada de brazos un trato idéntico. Es la enunciación de que la Verdad debe estar tutelada, protegida como el supremo bien social, contra cualquier asalto.

Lo «totalitario» es, sencillamente, la expresión del deseo de que «todos» se agrupen estrechamente en torno a la Verdad, que es la Religión, que es la Patria, que es el Orden, que es la Propiedad.

Esta parece una coincidencia digna de señalarse entre Fascismo y Tradicionalismo. El Tradicionalismo español no ha sido otra cosa sino una «Comunión» —«Comunión» se llama y no partido— que ha defendido frente a todos los accidentalismos, las fragmentaciones y los subjetivismos, la necesidad de salvar «totalitariamente» las esencias de lo español, el contenido de la civilización hispánica que ahora llamamos, con un vocablo perfecto, Hispanidad.

El Tradicionalismo (1) es por esencia una política de Verdad objetiva. Por eso el Tradicionalismo ha propugnado siempre que frente a la doctrina de la Revolución, ya descarada y clara, ya disfrazada y en pequeñas dosis, no cabía más que oponer íntegra, perfecta y pura toda la Verdad y sólo la Verdad.

La doctrina de la libertad que de aquí se deriva es sustancialmente la que informa la política fascista. Para cuanto redunde en beneficio de la Verdad y por consiguiente del Bien, libertad plena; para el Error y el Mal, cadenas.

«La libertad del individuo —dice expresando estos conceptos un poco vagamente uno de los acuerdos del Congreso fascista de Roma— encuentra un doble límite en la libertad de las otras personas jurídicas y en el derecho soberano de la nación a vivir y desarrollarse.»

Los partidos políticos desaparecen lo mismo en el Fascismo que en el Tradicionalismo, porque los partidos implican una concepción del Estado en que los supremos intereses de la Verdad se posponen a sus propios mezquinos intereses.

El Fascismo es obra de un «partido» que sigue impropiamente llamándose tal, puesto que el nombre más adecuado dada la ideología que lo nutre, sería el equivalente al de Comunión, que usa el Tradicionalismo español.

El asco, la repulsa más violenta hacia los partidos arranca a Mussolini apostrofes virulentos contra la política que ellos representan, como arrancó a la elocuencia de Mella magníficos acentos de indignación patriótica.

«Los partidos de oposición —dice Goad acertadamente justificando la actitud fascista— con sus objeciones artificiales y sus tergiversaciones de los fines del gobierno mediante una Prensa partidista subvencionada, sólo crean dudas y desconfianzas, oscureciendo y debilitando la voluntad nacional. No hay nación, como no hay individuo, que pueda prosperar si tiene el ánimo constantemente debilitado y embargado por tales consideraciones secundarias. Además, el gobierno de partidos, por su misma esencia, contribuye a crear una actitud mental de oposición y de crítica, estorbando la confianza y la cooperación constructiva.»

D. Juan Vázquez de Mella (1861-1928)

Y en este mismo sentido había dicho ya Vázquez de Mella que la única aspiración de los partidos era el Poder, y por eso en las discusiones se pone de manifiesto que no separan, a los que en él turnan, diferencias substanciales de principios, sino sólo de procedimientos y de práctica; de manera que la bandera y la enseña común a todos —la de la Patria— no existe, porque la destrozan con sus intrigas, matando todas las grandes unidades morales.

En fin, Mussolini en su «Dottrina del Fascismo» escribe esta frase: «Un partido que gobierna totalitariamente una nación, es un hecho nuevo en la historia».

Lo que prueba que el partido fascista no quiere ser, aunque se llame tal, «partido», sino «Comunión» patriótica y nacional cuyos intereses se confundan con los intereses de la patria.

Coinciden, pues, Tradicionalismo y Fascismo en ser políticas que rechazan el escepticismo como principio informativo, partiendo de la aptitud humana para conocer la Verdad, y para conocerla con certeza. Probada esta aptitud y admitida esta certeza, nace la «seguridad» en que determinados principios son salvadores, y de esta «seguridad» se engendra la negación de beligerancia a los principios contrarios, «seguro» germen de mal y de ruina.

Es decir, para los dos movimientos hay un depósito sagrado de cosas intangibles que no pueden jamás, en nombre de una teoría o una opinión cualquiera, quedar a merced de las veleidades de los que las sustentan.

Para el Fascismo como para el Tradicionalismo, la democracia es irracional, porque somete la calidad al número y porque concede pretendidos derechos de opinión sobre que no constituyen materia opinable. Se puede turnar sobre lo accidental; sobre lo sustancial, nunca afirman ambos. Se puede «opinar» sobre el estilo artístico que convenga a una determinada casa; pero en cuanto a que los cimientos estén arriba, no hay opinión posible, porque edificar «sobre» cimientos es un principio arquitectónico sustancial e inderogable.

Fascismo y Tradicionalismo se basan en el fracaso de los dogmas revolucionarios: de la «Libertad», que no es un fin, sino un medio; de la «Igualdad», que no existe más que espiritualmente, pero en modo alguno en lo social y en lo político; de la «Fraternidad», que es un mito si antes se suprime a Dios como fundamento de la moral, pues sólo en Él, como Padre común, somos los hombres hermanos.

El Tradicionalismo se adelantó al Fascismo y supo profetizar las consecuencias de un sistema que le haría nacer.

El nacimiento del Fascismo fue una necesidad biológica elemental Sólo cuando se habían apurado las consecuencias del liberalismo y cuando la nación estaba a punto de aniquilarse, se pensó en instaurar la firmeza de lo inconmovible.

Marcha fascista sobre Roma (1922)

Por el contrario, el Tradicionalismo tiene una línea clara e ininterrumpida de admoniciones y advertencias desde que comenzó lo que Maeztu llama la «dispersión de la Hispanidad», es decir, cuando empezaban a instaurarse los «principios» y no habíamos apurado todavía las «consecuencias».

De Forner a Maeztu, pasando por el «Rancio», Donoso, Balmes, Mella y el incomparable Menéndez Pelayo, una legión de cíclopes ha puesto sus espaldas para apuntalar la España que se cuartea.

Como al Tradicionalismo en España, al Fascismo italiano no le han valido las fórmulas medias de transacciones y acomodamientos. Ambos tienen la mirada puesta en la consecución íntegra del bien de las naciones. La transacción y el pacto sólo son buenos en circunstancias especialísimas. Erigirlos en sistemas es empequeñecerse y hacer ganar terreno al adversario.

A Fascismo y Tradicionalismo les resulta igualmente extraña la candidez con que Dom Sturzo escribe estas palabras que cierran su libro sobre Italia y el Fascismo:

«En Italie aussi, l'heure sonnera de l'avenèment d'une démocratie généreuse et progressive qui, par les methodes de liberté», reconciliera tous les partis et rendra au pays, vis a vis de l'Europe, son vrai caractère de grande puissance pacifique.» (2)

Está en boga hablar de la vuelta a la Edad Media. Son ya lugar común las citas de Berdiaeff en esta materia. Berdiaeff en su «Nueva Edad Media» no ha descubierto nada nuevo. Su éxito se debe a que ha puesto de relieve unas cuantas verdades filosófico-histórico-políticas con extraordinaria brillantez.

Pero ¿qué significa la vuelta a la Edad Media? Es inevitable tocar este punto al hablar de Fascismo y Tradicionalismo. Nos suministrará una prueba más de esta «coincidencia» general que venimos examinando entre ambos movimientos.

Ruiz del Castillo concibe los términos Edad Media y Renacimiento como términos genéricos o modos vitales que se repiten en el curso de la historia. Las Edades Medias son épocas constructivas, de ordenación, jerarquía y trabajo; épocas de fe y de entusiasmo. Los Renacimientos son, por el contrario, eras de dispersión y particularismo destructivo en que el hombre derrocha paganamente y sin norte fijo, con escepticismo destructor, los tesoros acumulados en las edades de parsimonia
y cordura. (3)

Por consiguiente, como dice Pemán, cuando se habla de vuelta a la Edad Media no se debe entender la vuelta a todo lo que en esa Edad se aceptaba, sino al ideal genérico y al «modo» vital que la Edad Media encarna y representa. (4)

He aquí por qué, de un modo amplio y general. Fascismo y Tradicionalismo son movimientos coincidentes. Uno y otro nacen al final de una gran orgía renacentista. Uno y otro son una llamada de atención al hombre, para que, recogiéndose en sí mismo, contemple las cosas, otra vez, «sub especie aetemitatis». Uno y otro miran, como dioses términos hifrontes, con una cara al pasado y con otra al porvenir.



(1) Aunque no es necesario, se hace la salvedad de que siempre que nombro Tradicionalismo me refiero única y exclusivamente a la doctrina política española, que no tiene nada que ver con la escuela filosófica francesa del mismo nombre.

(2) Dom Sturzo: «L'Italie et le Fascisme». Traducido al francés por Marcel Prebot.

(3) Esta bella teoría recuerda, por su ritmo cíclico uniforme la famosa de los «corsi e ricorsi», de Juan Bautista Vico. Es sabido que Vico cree que tres especies de edades alternan periódicamente en la Historia: la «divina», la «heroica» y la «humana», a las cuales corresponden politicamente la «teocracia», la «aristocracia» y la «democracia».

(4) El ilustre jurista Giorgio del Vecchio, uno de los más autorizados tratadistas contemporáneos de Filosofía del Derecho, ha publicado un interesante artículo: «Estado fascista y viejo régimen», en el que defiende al Fascismo de la acusación de reaccionario. Tomando la expresión «medievalismo», no en sentido lato como acabo de emplearla, sino estricto, presenta al Fascismo como un movimiento original y «sui géneris» ajeno a la concepción jurídica medieval. (Vid. «Acción Española», número 45).

jueves, 10 de marzo de 2022

A los mártires de la Tradición

Un año más, los integrantes del Círculo Tradicionalista de Granada «General Calderón» hemos celebrado la fiesta de los mártires de la Tradición, instituida por Don Carlos VII. 

Hoy, 10 de marzo, fecha ineludible para todo carlista, hemos acudido al cementerio municipal de San José para honrar a los que ofrecieron sus vidas por nuestra sacrosanta Religión y nuestra amadísima Patria, la inmortal España.

Ante la tumba del requeté Ángel Vidal Muñoz, muerto en campaña durante la Cruzada de Liberación a los 18 años de edad, nuestro correligionario Javier A. ha depositado una vela encendida. Después de un momento de duelo y tras el rezo de un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por el eterno descanso de los mártires de la Santa Causa, hemos leído el siguiente poema de Pedro Sánchez Eguzquiza:



A los mártires 

Musa cristiana, dulce compañera
de mi existencia que el pesar consume,
deja oír tu armonía placentera
y no permitas que el dolor me abrume.
Préstame tus acentos soberanos
para que eleve canto resonante
en honor de los mártires hispanos
que, en lid horrisonante,
por Dios y por el Rey y por la Patria
la sangre de su pecho derramaron
é infamias infinitas repararon. 

Del seno oscuro de nación extraña
se extendieron mefíticos errores
que invadieron á España
incubando miserias y dolores.
Hombres funestos de ambición impía,
cegados por sacrílego delirio,
por diabólica vía
la nave de la patria condujeron
y en bárbaro martirio
sus hijos más notables perecieron.
Corrió sangre inocente
al pie de los altares;
levantó la impiedad su altiva frente
derrocando las leyes seculares
que á España hicieron colosal y fuerte
y en toda su extensión reinó la muerte.
Muerte en almas, y muerte en corazones;
muerte moral de las inteligencias;
muerte de las antiguas tradiciones,
muerte de las virtudes y las ciencias;
muerte en el llano, muerte en la montaña;
muerte en pueblos, aldeas y ciudades,
muerte del cenobita con vil saña:
muertes sin fin; sin fin de iniquidades.

Por salvar los principios homicidas
que á la patria arrastraban á la tumba,
en hórrida balumba,
sacrificaron sin piedad las vidas,
que eran á un tiempo su sostén y ornato;
perdieron las colonias;
con fiero desacato
inundaron los templos
con el lodo de torpes ceremonias;
las sagradas riquezas
legado de otras épocas mejores,
las áureas bellezas
que produjeron ínclitos mayores
de nuestra raza prez y justa gloria,
redujeron á míseras cenizas;
y do estendía el arte sus fulgores,
do la virtud intrépida victoria
conseguía del vicio y la flaqueza;
do místico plantel de puros lirios
exhalaba perfumes celestiales,
de la naturaleza
triunfando y' de sus lúbricos delirios,
ángeles pareciendo y no mortales,
horrenda asolación tendió sus alas
y el vicio se adornó con torpes galas. 

Un río de ambición y podredumbre
en que flotaban sórdidas maldades
cubrió los horizontes españoles.
Inmensa muchedumbre
de crímenes, traiciones, falsedades
el infierno abortó, ahogar buscando
en su licor abyecto y nauseabundo
á España, cuya fe iluminó al mundo.
Y creyeron gozosas las naciones
que España fenecía
entre las convulsiones
y espantosa agonía
que la agitaron con terrible espanto;
y el averno llenóse de alegría
al ver á su enemiga en tal quebranto,
y el ángel tutelar de las Españas,
cubierto el rostro de tristeza suma,
batió sus alas de nevada pluma,
y del suelo amasado con hazañas
huyó con rapidísima presteza
sumiéndose del cielo en la grandeza. 

¡Finis Hispaniæ! parecía escrito
con rojos caracteres en las nubes,
pero al soplo bendito
del Criador que mora entre querubes,
de la española tierra
brotaron en legiones
héroes incontables
que el llano, la ciudad y la alta sierra
ilustraron con bélicas acciones,
y rescataron con su sangre pura
á la patria con actos de heroísmo
salvándola piadosos del abismo. 

¿Quién, mártires sagrados
cantar pudiera con potente acento
los hechos esforzados,
el cristiano ardimiento,
el desprecio de bienes terrenales,
la audacia y el denuedo temerarios
que mostrasteis en luchas desiguales
pasmando á vuestros mismos adversarios?
En la impía centuria
que amontonó las ruinas por do quiera
con satánica furia,
sólo vosotros con fulgente lumbre
brilláis como del sol la roja esfera;
sólo vosotros renováis la gloria
de aquella raza que formó la urdimbre
de nuestra patria, extraordinaria historia. 

¡Qué cuadro de heroísmo nos presentan!
Quién de prosapia noble,
abandona su espléndida morada
do brillantes se ostentan
en armonía doble
las glorias de la ciencia y de la espada,
y ni las continuadas privaciones
de vivir en movibles campamentos;
ni la falta del lujo y atenciones
que siempre rodearon su existencia
ni los combates árdidos, cruentos
en que, soldados rasos, toman parte
con pasmosa bravura y competencia;
ni el ostracismo largo
donde, fieles siguiendo á su estandarte,
comen el pan amargo
que les ofrecen extranjeras gentes
amenguan su entusiasmo de creyentes

Quién de amada familia rodeado
expone con viveza
de la patria los males;
toma luego las armas del soldado
é imitando sus hijos su entereza
el hogar, entre gritos maternales,
unidos y resueltos abandonan
y en tremebundas lides
elocuentes pregonan
su valor de cristianos adalides. 

Junto al cadáver del amado esposo
yace llorando, inconsolable madre
sin que su corazón halle reposo;
y al ver aproximarse al hijo triste,
enjugando su llanto
le dice: «Las pisadas de tu padre,
de quien honor y vida recibiste,
sigue, hijo mío; sin pavor ni espanto;
por nuestra Patria y Religión pelea.
No temas á la muerte
ni la mísera suerte
que me aguarda. De Dios cumplida sea
la voluntad, que allá en el cielo
será recompensado nuestro duelo.» 

Y jóvenes y ancianos
y hasta niños, doncellas y mujeres
tan heróicas proezas realizan
que pasmaran á griegos y espartanos
á quienes las historias eternizan.
Ilustres soberanos,
con pobre solio y sin igual corona
renuevan las hazañas de Pelayo,
y en la abyección que á España desmorona
luchan sin tregua, luchan sin desmayo
seguidos de entusiastas servidores,
de sabios y guerreros
que ora con los fulgores
de su pasmosa ciencia;
ora con los severos
acentos de su vívida elocuencia;
ante la ,juventud que los admira;
ante el público absorto y suspendido
de sus mágicos labios;
ante la plebe ciega que delira
vomitando satánicos agravios;
en los campos sangrientos de batalla,
á la impiedad triunfante
y al vicio dominante
se oponen con valor fuerte muralla.

Y mueren sonrientes,
ora besando santo escapulario
mientras estallan bombas estridentes
que sin cesar envía su adversario;
ora envueltos en mísera pobreza
por no reconocer el despotismo,
continuando con férrea entereza
á su bandera inmaculada fieles;
ya de rudo ostracismo
apurando las hieles;
ya de mundana gloria
menospreciando el brillo,
siempre obedientes á la ley cristiana,
siempre leales á su gran caudillo. 

¡Y cuántos son los mártires insignes!
¡Cuantos héroes surgen en tu seno
querida é infelice patria mía!
¿Quién los podrá contar? ¿Quién las hazañas
á nuestra edad indiferente extrañas,
que realizan con valor sereno
cantara con insólita armonía?
Entonces del sepulcro do te asientas
surgirías, oh España desdichada;
entonces por completo renovada
lavarías las múltiples afrentas
que extranjeras naciones
y de hijos desgraciados las traiciones
te arrojaron con torpe vilipendio,
mancillando tu gloria refulgente
y á tus plantas abriendo abismo hirviente. 

¡Oh mártires sagrados! desde el cielo
donde gozáis la bienaventuranza,
después de vuestras luchas en el suelo,
á España proteged con mano fuerte.
De la sima do ciega se avalanza,
de la región oscura, de la muerte
donde la arrastra, bárbara locura,
apartadla piadosos;
y á vuestros esforzados descendientes,
reliquias de la raza más bravía,
á cuantos van en pos de la bandera
que defendisteis con tesón valientes,
enviad una chispa de la hoguera
que vuestro ser abrasa,
inspiradles aquel viril denuedo
aquel valor sin tasa
con que. firme la mano, el pecho ledo,
combatisteis las turbas liberales
que inundaron á Espata en duros males. 

Y tú, Rey Caballero
de la impiedad acérrimo adversario,
creyente fiel, magnánimo guerrero,
en grandiosas empresas temerario,
tú que sufriste la amargura intensa
de morir tras larguísimo destierro
sin salvar á la patria que se hunde;
hoy que has hallado eterna recompensa,
bélico ardor en nuestro pecho infunde
y suplica al Señor llegue la hora
de que, siguiendo tus heroicas huellas,
aniquilemos la horda destructora
que á nuestra patria destrozar pretende.
De tu hijo y sucesor haz que sigamos
las órdenes resueltas que acatamos,
y á la impiedad que por do quier se extiende
sin encontrar en su carrera valla,
venceremos en ardida batalla. 

Marzo de 1910.

(Cantos a la Tradición, por Pedro Sanchez Eguzquiza)

viernes, 4 de marzo de 2022

El General español «No importa» en el espíritu de resistencia ucraniano

En unas recientes declaraciones en televisión, Pablo Iglesias ha venido a decir que los ucranianos no tienen nada que hacer en la guerra abierta que les ha declarado Vladimir Putin. Supuestamente, al preguntarles sobre el particular, unos militares amigos de Iglesias le habrían dicho: 

—«Es imposible [que el Ejército ruso sea derrotado], dada la correlación de fuerzas que hay entre el Ejército ruso y el Ejército ucraniano y las milicias civiles». 

—«¿Cuál es la única manera de derrotar al Ejército ruso?»—, habría inquirido el exvicepresidente podemita. 

—«Una misión militar internacional liderada por Estados Unidos con otros países de la OTAN».

Ante esta presunta respuesta, Iglesias añade: «Estaríamos hablando de una conflagración mundial con una potencia que tiene armamento nuclear». 

A nadie se le escapa que el antiguo dirigente del partido morado, punta de lanza del aberrosexualismo y el feminismo radical en nuestro país, amigo de etarras y separatistas de todo pelaje, está al servicio del eje Moscú-Teherán-Caracas, del que ha recibido durante muchos años suculenta financiación y apoyo propagandístico, por lo que no nos sorprende que su discurso derrotista para los ucranianos sea el que interesa a sus aliados.

Preciso es recordar en este contexto la persecución que sufren los católicos desde 2014 en las zonas controladas por los cismáticos prorrusos. Al producirse la invasión putiniana el pasado 24 de febrero, el sacerdote ucraniano Basil Kovpak, de la Fraternidad de San Josafat, vinculada a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ha exhortado en un comunicado a los fieles católicos de la Tradición «a formar un frente espiritual, a tomar el escudo de oración, el Santo Rosario, y no soltarlo hasta la victoria final». 

Entretanto, el sobrevenido «pacifista» Iglesias, que tanto se ha destacado siempre por su ardiente defensa del bando frentepopulista en la guerra de España y del bando soviético en la Segunda Guerra Mundial, manda el siguiente mensaje al pueblo ucraniano: «lo mejor que pueden hacer es rendirse incondicionalmente a Putin, porque no tienen nada que hacer».

Probablemente Pablo Iglesias no haya oído hablar nunca del General No importa. La historia de España no es su punto fuerte y menos los episodios que tienen que ver con nuestras grandes gestas, de las que abomina. Pero recordemos quién fue ese General. El periódico realista El Procurador General de la Nación y del Rey, en su número 139, correspondiente al 16 de febrero de 1813, lo explicaba:

Preguntaba un oficial frances en una tertulia de españoles qual era el mejor General de quantos sostenian la causa de la España. Cada uno de los tertulios fué citando á aquel que en su juicio tenian por mejor: pero el oficial Frances á todos respondia. No es ese. Volvieron á citar otros y otros, y volvió, el frances á repetir lo mismo: hasta que apurados los nombres de todos los generales no tuvieron ya los Españoles General alguno que citar. Entonces el oficial Frances les habló en estos ó semejantes términos. Señores, el General mejor que tiene España, y el que al fin ha de salvarla es el General No importa. Este, este es el que á nosotros nos está haciendo las muelas, el que nos aburre, y el que ultimamente ha de dar con nosotros y nuestro Emperador al traves. Ganamos una batalla que creemos decisiva.... No importa, dicen los Españoles, si esa se perdió, otra se ganará. Ocupamos una Provincia.... No importa: otro dia la desocuparán. Dispersamos un exército.... No importa: en tal parte se reúne otro. Tomamos una plaza.... No importa: mañana ó el otro se reconquistará. Hacemos en fin qualquiera genero de progreso…. No importa, y con este No importa nos resisten, nos aniquilan, nos desesperan. Por eso digo que el gran general que ha de salvar la España, es el No importa

Ucrania parece tenerlo todo en contra. La OTAN no va a intervenir directamente. Enfrente tienen una potencia militar con armamento nuclear, muy superior a sus capacidades, que se ha anexionado ya con éxito parte de su territorio. Lo más que pueden pedir son oraciones, ayuda humanitaria y armas. No otra cosa pedían los requetés en la Cruzada: «Mientras quede un terrón por conquistar, una sola cosa pediremos: fusiles para nuestros voluntarios y frentes donde combatir», escribía en diciembre de 1936 el periodista tradicionalista granadino Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti.

El P. Basil Kovpak orando
por Ucrania ante el
Santísimo Sacramento.

El ejemplo era siempre el mismo: «Quisiera y pido á Dios que el general No importa presida nuestra empresa», dijo Carlos VII en diciembre de 1872, antes de volver a cruzar la frontera española para ponerse al frente de sus hombres en una guerra que sabía también desigual. «Emblema de nuestra raza» llamaba Vázquez de Mella al General No importa en un memorable artículo de 1905, añadiendo que «el perpetuo NO IMPORTA español (...) nos recuerda el deber de no rendirnos nunca al infortunio y alzar altivos la frente en las horas de las grandes tristezas nacionales, recordando las magnificencias del pasado». Y más recientemente, Rafael Gambra, en otro artículo escrito en 1986 en el Boletín Fal Conde del anterior Círculo Tradicionalista de Granada, sentenciaba, en relación a la actitud que deben seguir actualmente los carlistas: «Nuestros mayores nos dieron el ejemplo y la consigna: NO IMPORTA. Lo que se nos exige no es vencer sino luchar».

Aunque nuestras simpatías están con nuestros hermanos católicos, no consideramos que España deba intervenir militarmente en este conflicto y rezamos para que se restaure pronto una paz justa y duradera. No obstante, constatamos que el General No importa es hoy ucraniano, que se yergue altivo ante el invasor moscovita, y ante ese heroico General, no podemos, como españoles y tradicionalistas, sino quitarnos el sombrero.

domingo, 20 de febrero de 2022

Gran éxito en la I Jornada Tradicionalista Granadina

La primera Jornada Tradicionalista Granadina, celebrada ayer, 19 de febrero de 2022, en la ciudad de de los cármenes, ha sido todo un éxito, tanto por la sabiduría y buena oratoria de los tres ponentes invitados, como por la afluencia de público, que llenó el salón a rebosar. 

Medio centenar de asistentes participaron a lo largo de la jornada en las diversas charlas y tertulias que tuvieron lugar en un restaurante céntrico, pues finalmente no pudo celebrarse, como estaba previsto, en el Convento de las Comendadoras de Santiago, en cuyo muro se dejó un cartel indicando la nueva ubicación. 

Acompañaron a los carlistas y simpatizantes de la Santa Causa granadinos, correligionarios de Málaga, Algeciras, Almería, Sevilla y otras localidades de la España meridional, en un ambiente distendido de amistad y camaradería.

El acto dio comienzo a las 12 con la presentación de los conferenciantes por parte de Rodrigo Bueno, en nombre del Círculo Tradicionalista de Granada General Calderón, quien expuso a continuación la permanencia histórica del carlismo en nuestra ciudad y provincia. Esta vio nacer a generales carlistas como José María Arévalo, Manuel Fernández de Prada o Carlos Calderón, así como a abnegados periodistas tradicionalistas como Francisco Guerrero Vílchez, y experimentó un florecer de boinas rojas en la Cruzada Nacional de 1936, con la formación del Tercio de Requetés Isabel la Católica, cuyos ideales se mantuvieron en el anterior Círculo Fal Conde de Granada, del que es continuador el Círculo General Calderón.

D. Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo, presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista, conocido en toda España por su abundante presencia mediática y querido por su locuacidad y autenticidad, tomó la palabra y contó lo que el carlismo significa para él y lo que le evoca la defensa de estos santos ideales. En segundo lugar intervino D. Javier M.ª Pérez-Roldán, secretario general de dicha Comunión, que disertó sobre la lucha contra la Revolución y acerca de la importancia de ser contrarrevolucionario en nuestros días. Cerró la tanda de conferencias matutinas el profesor D. Javier Barraycoa, quien, recién llegado de Barcelona, habló, entre otras cuestiones, del deber moral de la participación de los católicos en la vida social y política.

La agradable comida en el restaurante, con sus charlas a los postres y corrillos en el patio, permitió entablar nuevos contactos y amistades, que servirán sin duda para reorganizar y potenciar el tradicionalismo tanto en nuestra ciudad como en nuestra región, Andalucía Oriental.

La tertulia de la tarde, en ambiente más familiar aún, no fue menos interesante y permitió aclarar ciertas dudas sobre algunos de los principios defendidos por el Tradicionalismo español. También despertaron interés los libros de la Asociación Editorial Tradicionalista y se vendieron varios ejemplares de La intolerancia doctrinal, del Cardenal Pie, y de El laureado Tercio de Requetés de Ntra. Sra. de Montserrat, tan en boga en nuestros días por la ignominiosa retirada de la estatua del Requeté que se hallaba en el recinto de la abadía de Montserrat frente a la cripta en la que descansan cientos de requetés mártires de la Cruzada, así como de Escolios para el combate, del profesor Barraycoa, entre otros.

No podemos dejar de mencionar en esta crónica al periodista Danilo Albin, que tuvo la amabilidad de dedicarnos un artículo en el diario enemigo Público, el cual permitió que varias personas más se enterasen del acto y acudiesen. ¡Desde aquí le mandamos un caluroso saludo y nuestro agradecimiento por la propaganda gratuita!

La Causa de la Tradición avanza. ¡Por Dios, por España y por la Monarquía tradicional!













viernes, 18 de febrero de 2022

sábado, 12 de febrero de 2022

Acude a la Primera Jornada Tradicionalista Granadina

El próximo 19 de febrero de 2022 (sábado) tendrá lugar (Dios mediante) la Primera Jornada Tradicionalista Granadina en la Hospedería de las Comendadoras de Santiago (Granada), en la que intervendrán a partir de las 11:30 como oradores los Sres. D. Telmo Aldaz, D. Javier M.ª Pérez-Roldán y D. Javier Barraycoa, todos ellos destacados tribunos del Tradicionalismo español, con los que almorzaremos después en el convento de las Comendadoras de Santiago, seguido lo cual habrá tertulia, presentación de libros de la Editorial Tradicionalista y oración en la capilla del convento. 

Si no has reservado ya tu plaza, nos gustaría invitarte a que lo hagas. Por favor, además de acudir, te pedimos que compartas el siguiente cartel con tus amigos o conocidos que puedan tener interés. Muchas gracias. 

Círculo Tradicionalista de Granada General Carlos Calderón




martes, 9 de noviembre de 2021

Un rasgo de hidalguía de Carlos Calderón

por Natalio Rivas Santiago (1865-1958)

Nunca he sido carlista; pero siempre, rindiendo culto a la justicia, he afirmado que el partido tradicionalista español ha sido en nuestra Historia un modelo de constancia y consecuencia que no ha tenido parigual.

Arranca su actuación política en la muerte de Fernando VII, y, tras un siglo de lucha sin descanso, ha sufrido la derrota en tres guerras civiles, y, sin embargo de ello, ha subsistido sin decaer su espíritu ni rendirse su voluntad. Multitud de familias, lo mismo las más ilustres que las más modestas y humildes, han ido legando a sus descendientes el culto a las ideas, constituyendo su apretada comunión una falange que nunca ha claudicado.

A pesar de separarme de sus componentes la más radical diferencia política, he contado en dicha agrupación con muchísimos amigos, lo que me ha ofrecido ocasión de conocer de cerca su manera de ser. No he tratado uno solo que no fuera un cumplido caballero y que en todos sus actos no resplandeciera la más noble hidalguía. La imparcialidad me impone reconocerlo.

Pues bien: en los días venturosos, y ya tan remotos, de mi juventud, presencié un episodio que quiero rememorar como demostración viva de cuanto llevo dicho. Creo que de los que actuaron en él, acaso sea yo el único superviviente.

El año 1892 es sabido que se celebró en toda España con inusitada solemnidad el cuarto centenario del descubrimiento de América. Entre los muchos actos que habían de tener lugar figuraba el viaje a Granada de S. M. la Reina Regente, Doña María Cristina, acompañada del Rey niño Don Alfonso XIII, ambos de inolvidable y grata memoria.

El estar sepultada en la referida capital la gloriosa Reina Católica, alma del descubrimiento, prestaba singular importancia a las fiestas del centenario. Además, allí la Soberana descubriría el magnífico monumento dedicado a conmemorar la visita de Cristóbal Colón a su augusta protectora, esculpido por el inmortal artista Mariano Benlliure.

El anuncio de la visita de los Reyes produjo en Granada enorme contento. Yo recuerdo todos los detalles porque acababa de ser elegido diputado provincial, y lo mismo la Diputación que el Ayuntamiento tuvieron que ocuparse de preparar el más lucido recibimiento a los augustos huéspedes.

Hubo que pensar, ante todo, en qué edificio había de alojarse la Corte. Todos deseábamos que fuese el mejor. Después de discutir cuál sería el más idóneo para el caso, el entonces alcalde, don Manuel Tejeiro, indicó que ninguno podía aventajar al Carmen, llamado de Los Mártires, situado en la Alhambra, con vistas a la vega y a Sierra Nevada, donde hubo de estar aposentado el gran poeta don José Zorrilla cuando fue coronado. A todos nos pareció de perlas la iniciativa; pero inmediatamente alguien hizo notar que siendo tan hermosa mansión de la propiedad de don Carlos Calderón y Vasco éste no la cedería, precisamente, por ser los Reyes los que habían de ocuparla.

Calderón no vivía en Granada. Su residencia permanente era París. Carlista de abolengo, había sido jefe de la escolta personal de Don Carlos VII durante la última contienda civil, y se creía que, adversario irreconciliable de la Monarquía reinante, se negaría a ceder su casa —que nadie habitaba— para que fuera alojamiento de los Soberanos.

Se discutió sobre aquella dificultad, y el alcalde tomó, muy resuelto, la responsabilidad de hacer la petición en nombre de la ciudad.

Dirigió un extenso y expresivo telegrama al opulento prócer carlista, y éste contestó con otro cuyo texto no recuerdo, pero sí la esencia de su contenido. En él hago memoria que decía que para los Reyes de España, que no lo eran más que de hecho, no cedería su casa, pero que para la ilustre dama que ocupaba el trono, no como Reina, pero sí como augusta señora, tenía la más alta satisfacción de ofrecerla.

A mí no me sorprendió, porque, como he dicho antes, conocía yo muy bien la hidalguía que caracterizaba todos los actos de los tradicionalistas.

No hay que decir que los elogios que se prodigaron a Calderón fueron tan justos como unánimes.

Y entonces, para preparar de la manera más digna y espléndida el aposento de las personas reales, rivalizaron en celo todas las señoras granadinas, lo mismo las de estirpe aristocrática que las adineradas de la clase media, llevando a Los Mártires tapices, cuadros, mármoles, esmaltes y muebles de época riquísimos y artísticos y cuanto creyeron que había de embellecer la regia mansión. Y no es preciso consignar que en la elección y colocación de tantas preciosidades presidieron el gusto y la elegancia, que son patrimonio de las damas de mi amada tierra.

Y, desgraciadamente, fueron estériles tan lujosos preparativos, porque la desgracia quiso que el Rey niño enfermara en Huelva y tuvieran, por prescripción facultativa, que trasladarlo a Madrid.

Pero el gesto caballeroso de don Carlos Calderón quedó como honroso recuerdo en la memoria de todos.


Rivas, Natalio: Retazos de historia: páginas de mi archivo y apuntes para mis memorias (sexta parte del anecdotario histórico contemporáneo), Editora Nacional, Madrid, 1952.

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