Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY

miércoles, 26 de febrero de 2014

LXXXVI aniversario de Juan Vázquez de Mella

Reproducimos hoy el siguiente artículo de Azorín, aparecido en ABC en 1952, con motivo del aniversario del Verbo de la Tradición:

MELLA

Fui amigo de don Juan Vázquez de Mella y Fanjul. Se le llamaba, corrientemente, Mella; alguna vez, Vázquez Mella. Era un hombre más bien bajo que alto, recio, fornido, de ancha caja torácica, fuertes las manos; la barba, roja, en punta; claros y reidores los ojos.

Era naturalmente jovial; gustaba de las chanzas –de las malicias– bondadosas. El cuello corto en la base ancha le daba cierto aspecto imponente; el respeto se matizaba –ante él, en su interlocutor– con una sonrisa.

Los ciervistas, en el Congreso, nos sentábamos en el centro, debajo del reloj; cerca estaba don Ramón Nocedal, representante del “integrismo”, diputado por Pamplona; un poco más allá, la minoría carlista, con Barrio y Mier, con Mella, Don Juan de La Cierva –querido e inolvidable mentor político– y don Juan Vázquez de Mella se profesaban sincero afecto, mutua admiración.


Por incumbencias del periodismo, por amistad, visité varias veces a Mella; le vi primero –que yo recuerde– en la calle de la Cruz, número 42; extrañaba yo que un hombre como Mella, que trabajaba reciamente, pudiera vivir en callejita penumbrosa por lo angosta y atronada siempre por el paso de los coches.

Vi luego a Mella en el paseo del Prado, 18, donde murió. Tenía Mella su tertulia en el salón de conferencias del Congreso, en su casa, en algún café; en el Congreso, de cuando en cuando, se acercaba a otra tertulia que teníamos varios amigos y que se titulaba de las Cornejas: malagorábamos siempre, como siniestras cornejas, descalabros y perturbaciones políticos.

Descollaba en la tertulia de Mella Rafael Comenge, alto, hercúleo, jovial en todo momento. Había nacido en Alberique, Valencia; recordaba a menudo a su pueblo con cariñosas palabras; desempeñó, con valor cívico en tiempos de revuelta, un alto cargo en Filipinas; fue diputado y notable periodista: buen amigo.   

En la noche, acabada la tertulia, acompañaban todos a Mella hasta su casa, paseando, disertando Mella; el cual no quería despedirse de sus acompañantes; volvía con ellos a desandar lo andado; todos, en fin –siempre escuchando, embelesados, a Mella–, tornaban, como en un rito, como en una ceremonia solemne, a emprender el mismo camino y dejar, al cabo, en su casa a Mella.

Cuando Mella vivía en el Prado, solía subir hacia la Cibeles, lentamente, con su bastón; el bastón lo usaban todos los políticos; todo el mundo usaba bastón. Ahora veo que lo usan oficiales y jefes en el Ejército norteamericano, en el Ejército inglés.

Solía Mella detenerse en un puestecito de libros que había en el Prado, frente a la calle de Los Madrazo; allí le encontraba yo muchas veces. Mella, al verme, daba unos golpecitos en el suelo con el bastón y preguntaba: “¿Qué dice el señor Azorín?” Ya es sabido que Mella definía así mi estilo: “Donde otros ponen coma, Azorín pone punto.” Tenía Mella el gusto por la Historia; le apasionaba la Historia. En la conversación familiar, su palabra se deslizaba fácil, irreprochable; al hablar con él, surgía en seguida la Historia; comenzaba y no se detenía. Presenciábamos sus amigos un desfile mágico, sorprendente, de personajes antiguos, de episodios pretéritos, de escenas remotas, todo con sus fechas exactas, con pormenores pintorescos.

Su oratoria era como su conversación: tan fácil, tan correcta. En su oratoria, naturalmente, subía, iba subiendo poco a poco el tono; llegaba, en fin, a lo inspirado, a lo profético, a lo apocalíptico. Levantaba los brazos; miraba fulminador; rugía su voz. Cuando acababa, era el león que se desploma, jadeante. Vi muchas veces que el cuello duro de la camisa lo tenía blando, arrugado, empapado en sudor. He dicho antes “profético”: las profecías políticas de Mella se han solido confirmar de un modo increíble.

Elegido académico, demoraba su entrada en la Academia; siendo director don Antonio Maura, se hizo una intimación afectuosa a ciertos recalcitrantes; Mella contestó que iba a redactar inmediatamente su discurso de entrada.
“Verán ustedes –nos decía a los amigos–: voy a decir esto.”
Y se estaba media hora hablando. Como se repitiese la escena, Comenge le dijo sonriendo:
“¡Pero, don Juan, que venga un taquígrafo que recoja esto que está usted diciendo, y el discurso está hecho!”
Era Mella desprendido: pudo ser mucho y no fue nada. Vivía independiente. Lo circunstancial se convertía en él en lo definitivo; en cierta ocasión, nos anunció que se marchaba a Galicia por unos días y se estancó allí meses. Había en Mella un fondo de nostalgia por algo que no se ha visto; este hombre tan jovial, tan campechano, tenía en lo hondo una perspectiva lejana de melancolía: era la melancolía dulce seductora, insinuante, de los paisajes de su tierra nativa.

AZORÍN

sábado, 8 de febrero de 2014

Ellos y nosotros


¿Qué diferencia a liberales y tradicionalistas? El artículo que reproducimos, aparecido en el periódico granadino La Verdad hace 94 años, lo expone con claridad. Aunque las circunstancias de hoy son distintas, la hipocresía liberal no ha variado un ápice desde entonces.

Ellos y nosotros

Hay muchos… inocentones que, atentos solamente a las formas externas, apenas se les alcanza que los liberales católicos son los escribas y fariseos hipócritas de los tiempos modernos.

Y el error en este punto reviste caracteres tan graves, que algunos de nuestros amigos tienen por buenos y aun excelentes a esos tales, porque ostentan apariencias místicas de santones, y se tratan con sacerdotes, y pertenecen a ciertas Cofradías, y acuden a determinadas procesiones religiosas…

¡Y no faltan quienes afirman que esos liberales son tan católicos, y aún más, que los jaimistas!

Es, por tanto, indispensable desvanecer las dudas y salir valerosamente por los fueros de la verdad.

Cuando los tradicionalistas discutimos con los aludidos, especialmente si pertenecen a la mesticería andante, y nos mostramos refractarios a toda unión con lo que ellos denominan las derechas españolas, ya sabemos la cantinela con que nos salen; la misma que en carta, le dirigió un liberal al infatigable Sr. Roma… Ellos son tan católicos como el que más, llámese como se llame.

¡Alto ahí!... Tan católicos como un jaimista verdadero, convencido y consecuente no… ¡¡mil veces no!!

¿Los liberales tan católicos y tan patriotas como los legitimistas españoles?

Pero ¿acaso son ni lo uno ni lo otro?

Recordemos sus principios y sus hechos…

En lo religioso, fieles a las heréticas doctrinas que profesan, nos dieron unas Constituciones, opresoras para la Iglesia, y proclaman, en el artículo 11 de la actual, una tolerancia de cultos que, en la realidad y en la práctica, es el más descarado libertinaje, a la sombra del que viven o pueden vivir todas las confesiones disidentes, cuando no se convierte en verdadera persecución contra el Catolicismo…

¡Así rompieron la santa unidad católica en España, que fue el cimiento milenario de su prosperidad y su grandeza!

¿Y en lo civil o político?... Ellos destruyeron también la unidad nacional, sembrando las más contrarias y funestas doctrinas, encendiendo la guerra civil entre los españoles, dividiendo a los pueblos en mil banderías y siendo causa de la decadencia e ignominia de la Patria.

Perdieron las colonias; empobrecieron la Hacienda; corrompieron los corazones; introdujeron la perturbación social.

¿Cómo, pues, tienen los liberales la audacia de afirmar que son tan católicos como cualquier jaimista?

¿Hemos tenido, por ventura, la menor participación en alguno de los males enumerados?

¿No hemos protestado en todo momento y apelando a todos los medios, con la palabra, con la pluma, con el fusil, contra esas desventuras e injusticias?

Y siendo pobres, nos consideramos mil veces más honrados que muchísimos liberales, porque los jaimistas no manchamos nuestras manos con los latrocinios a la Iglesia y a los gremios.

Ellos, en cambio, han dejado pobre el culto de Dios y pobres a los obreros, a quienes pretenden consolar mostrándoles los asilos y hospitales como único refugio de su soledad y remedio único de sus desventuras, cuando con sus instituciones tradicionales tenían recursos bastantes para hacer frente al infortunio y morir en su lecho con el consuelo de su familia.

¿Y aún os horrorizáis, ¡oh liberales!, cuando los socialistas, que vosotros habéis creado y alimentado en vuestro regazo, claman, entre rugidos de rencor, que la propiedad es un robo?

Pues, ¡qué!, ¿no se limitan a seguir el ejemplo que les habéis dado y a deducir las consecuencias de las premisas que habéis sentado vosotros?

Compárense sus principios con nuestros principios, su conducta con nuestra conducta, y veréis que entre los liberales y los jaimistas media un abismo en cuanto a la fe católica y en cuanto al ardiente patriotismo.

Abismo que no salvan necias protestas ni vanas declamaciones.

MARIO ARAMENDIA Y ERCE

La Verdad, Granada,  31 de Mayo de 1920
http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/catalogo_imagenes/impresion.cmd?path=58523&posicion=1

sábado, 1 de febrero de 2014

Dalmacio Iglesias en Granada



Discurso pronunciado por Dalmacio Iglesias en Granada (octubre de 1910)



Sorprendió la agradable visita del elocuente diputado carlista por Gerona, don Dalmacio Iglesias, que tuvo por objeto visitar a su señor hermano D. Gabino.

Como un rayo cundió la noticia y a poco fue visitado por bastante número de tradicionalistas, quienes le ofrecieron sus respetos y fue invitado a que visitara el Círculo de la Unión Tradicionalista, quien con satisfacción de todos lo hizo a las nueve de la noche estando sin invitación alguna, llenos los amplios salones. Poco después entró nuestro queridísimo presidente el Ilmo. Sr. D. José Luis de Andrada, el cual fue sorprendido con tan hermoso espectáculo, pues acababa de llegar de Sevilla. Invitado el señor Iglesias por nuestro Jefe, dirigió un breve y fogoso discurso.

El Sr. Iglesias subyuga con el calor de su oratoria vibrante y en conceptos de convicción honda y fogoso entusiasmo, se derrama su alma toda, comunicando energías al auditorio.

Llamó a la causa tradicionalista causa seis veces santa: tres por Dios, dos por la Patria y una por el Rey. Dijo que España es la patria de los radicalismos: el radicalismo del bien y el radicalismo del mal. Quien quiera mantenerse en el término medio semeja al que afirma que dos y dos son cinco por no estar con quien afirma que son seis o que son cuatro.

El escudo de España es emblema de la causa tradicionalista: arriba la cruz, Dios rematando la corona del Rey que con las flores de lis enlaza las distintas regiones representadas por sus armas (regionalismo dentro de la unidad de la Patria).

Excitó y alentó a los concurrentes a perseverar en la noble causa de Dios con periodos de arrebatadora elocuencia que fueron acogidos con estruendosos aplausos. A este propósito recordó unas palabras de Monseñor Segur.

Al sentarse sonó una salva de aplausos, que duró largo rato.

Nuestro querido Jefe, que no pierde ocasión por propagar nuestra doctrina, rogó e invitó al Sr. Iglesias que demorase siquiera un día su regreso, a lo cual accedió. Entonces el Sr. Andrada solicitó permiso para celebrar una velada en el espacioso teatro del Círculo de Obreros Católicos de la Gran Vía. La concurrencia llenaba el local hasta más no poder. Asistieron aristocráticas damas, entre ellas las señoras de Barrantes, Pérez de Herrasti y señoritas Fernández de Córdoba y Navarro. Ocuparon la presidencia los señores don Dalmacio Iglesias, don Mariano Fernández Sánchez Puerta, el Ilmo. Sr. D. José Luis de Andrada, don José Carrillo de Albornoz, D. Antonio Blanes, D. Antonio Serra Morant y el muy ilustre Sr. D. José Carulla, D. José Raya y el director de LA VERDAD.

A las diez menos unos minutos comienza el acto previa presentación que del orador hizo el Presidente en frases llenas de hidalguía y galanura. Al levantarse el Sr. Iglesias una estruendosa salva de aplausos y vivas se oyó bastante rato hasta que el orador inició silencio y dijo:

Amigos míos, nuevamente han querido mis amigos que viniese a moletaros con mi palabra y yo que soy soldado de fila he obedecido en la seguridad de que nada voy a deciros que no sepáis.

Dirije un recuerdo a los entusiastas y tenaces vascos que en las montañas del norte mantienen el fuego del amor a Dios y a la Patria.

En mi, agrega, Cataluña saluda a Andalucía, Gerona saluda a Granada. Vosotros sois descendientes de los que conquistaron a Granada y estos vinieron del Norte. 

Si la historia de la Reconquista se abre con una página inmortal en las montañas del norte, en Granada se cierra con broche de oro después de haber hondeado por toda la Península la bandera de Dios, Patria y Rey. En Granada despidieron los Reyes Católicos a Cristóbal Colón y en Barcelona lo recibieron a su regreso de descubrir el Nuevo mundo. Cuando Granada volvió al seno de la Iglesia, el primer Rey que tuvo fue con Isabel de Castilla, Fernando V de Aragón y Cataluña.

Cataluña y Granada son dos hermanas que se aman y se unirán para juntas, emprender una cruzada más grande que la enviada de la Reconquista, porque los moros luchaban a banderas desplegadas, pero el liberalismo lucha confundiéndolo todo y ocultándose para no ser descubierto.

Los catalanes tienen a la Virgen de Montserrat; los granadinos a la Virgen de las Angustias. Dios dio a su madre por madre al hombre en el monte Calvario diciéndole a S. Juan: Hijo he ahí a tu madre. La Virgen de las Angustias es madre de los granadinos y de todos los españoles porque todos fueron dados a Ella por hijos en el Calvario. La Virgen tiene que ser nuestra capitana en la lucha que se avecina. No hay un solo tradicionalista que no la siga. 

Yo miro a la Europa latina y veo la religión y la moral destruidas y arrancadas, los reyes bamboleándose en sus tronos como el marino asido a la cuerda de su escala y el anarquismo destruyéndolo todo. El apartar al hombre de la Cruz trae consigo la explotación del hombre por el hombre. La situación de Europa latina es la de España: desenfreno moral y abandono de los intereses materiales. Todo abandonado. 

Hemos llegado a tal punto en relajamiento moral que, cuando llega una semana sangrienta en Barcelona, para los incendiarios y asesinos y violadores de cadáveres todo es conmiseración mientras que para las pobres víctimas no hay sino una campaña de publicidad por parte de la prensa liberal para obtener una ganancia infame. Y es digno de notarse que a todo aumento de libertinaje sigue inmediatamente un aumento en la fuerza pública. Cuando se expulsaron las órdenes religiosas en 1835 se dedicaron sus edificios a cuarteles. Por eso yo digo a los anticlericales: Destruid conventos, pero no tendréis más remedio que abrir más cuarteles. 

Habla el orador de la conducta de Francia e Inglaterra para con nosotros, afirmando que siempre han ido a su negocio en las alianzas que han concertado.

Ninguna fue beneficiosa para nosotros. Y a esto nos quieren llevar. Nos quieren precipitar en un abismo porque cuando al hombre se le arranca del fondo de su alma la moral que es el freno de sus pasiones, el hombre se convierte en bestia. Y ¿dónde está el remedio para nuestros males? ¿Acaso en la República? Yo bien sé que la República no son los republicanos; pero en España por desgracia, la república es lo mismo que los republicanos; República es sinónimo de anarquía y desorden. La salvación no puede venir de aquí. Pero ¿vendrá la salvación de España de lo actual? ¿Qué remedio, qué solución nos presenta lo actual? La libertad de cultos, de asociación, de imprenta, etc. Es decir, el libertinaje. El anticlericalismo es anticatolicismo, más aún, anticristianismo. 

En el orden administrativo nos da como solución la expropiación de los bienes de la Iglesia y esto fue un robo inmenso y las regalías de la corona y el pase regio que son actos de cesarismo absolutista. Dice que lo actual busca la tiranía del catolicismo para dar libertad a todos los cultos falsos. Habla del parlamentarismo calificándolo de gran calamidad.

Y el Parlamento español, afirmó, es la mayor vergüenza que ha podido caer sobre nuestra Patria. No hay en el Parlamento más que una camarilla a la orden de los ministros. Los diputados según el régimen actual en cuanto son admitidos al Congreso ya no representan cada uno a su distrito, sino que se llaman representantes de la Nación porque así pueden votar en contra de su distrito cuando convenga al gobierno.

En el orden ejecutivo lo actual nos ofrece el centralismo que mata la vida de la región y la provincia, creación artificiosa. La base del centralismo es el caciquismo que resucita la gleba del feudalismo. El cacique es la encarnación de todas las maldades.

A continuación expone el programa tradicionalista que encierra soluciones para los tres órdenes: religioso, administrativos y ejecutivo. Afirma que existe una cuestión religiosa; la vuelta de la unidad católica. Dice que los únicos tolerantes somos los católicos porque estamos en posesión de la verdad.

La intolerancia está en los enemigos que son un eco del non serviam lanzado en el Paraíso. El programa de Pío X que puede resumirse en el instaurare omnia in Christo es nuestro programa. Queremos que se gobierne católicamente. Condenamos cuanto el Syllabus condena. El Syllabus es la piedra de toque. A todo el que se proclama católico yo le preguntaría ¿aceptas el Syllabus? Si lo acepta es católico, si no, no. Por eso solamente dos partidos pueden llamarse católicos: el integrista y el nuestro. 

Queremos monarquía representativa. Nos parece ridículo que el rey reine y no gobierne. En nuestro programa las leyes obligan al rey lo mismo que al último súbdito. Los reyes no son para divertirse. En España no hubo nunca absolutismo. La monarquía española fue siempre representativa y las cortes castellanas verdadera representación de los pueblos. Los tradicionalistas tenemos fama de absolutistas y nada tan opuesto a la verdad. El origen del tradicionalismo está en un acto contrario al absolutismo, el decreto de Fernando VII aboliendo la ley Sálica.

Dice que el tradicionalismo hubiese triunfado si no lo hubieran impedido la traición y la venta. El Tradicionalismo cayó rendido pero no vencido.

Afirma que los liberales defienden la libertad lo mismo que los herejes, para ocultar los vicios que los corroen.

No queremos cortes parlamentarias, queremos cortes cuyos individuos sean verdaderos mandatarios del distrito al que den cuenta de su gestión. Queremos cortes en las cuales todos los diputados juntos representen a la Nación, pero cada uno de ellos no represente más que a su distrito. Queremos descentralización en los tres órdenes: legislativo, administrativo y judicial. 

La Nación es un conjunto de regiones y cada región cuando es mayor de edad debe regirse por sus propias leyes. El municipio es la primera molécula del organismo social. La región se compone de municipios y la Nación de regiones.

Cuando se dio la ley de jurisdicciones nosotros nos alegramos porque los tradicionalistas no hemos delinquido jamás contra la bandera. Esto nos sirve a nosotros para pedir una ley de jurisdicciones a favor de la Iglesia. Si el ejército ha de conocer de los delitos contra la Patria ¿por qué no ha de conocer la Iglesia en los delitos contra la religión? No queremos jurisdicciones en exceso sino solo las esenciales.

Respecto a la cuestión social, el tradicionalismo pertenece a la escuela del inmortal Pontífice León XIII; ni socialismo, ni individualismo. Queremos que pobres y ricos se consideren como hermanos. Queremos que se proteja a los trabajadores con leyes e instituciones bienhechoras. Queremos fijar un salario mínimo y resucitar la vida gremial de nuestros siglos grandes, las corporaciones de seguros; procurar la construcción de habitaciones para obreros. La Iglesia empezó por ahí, por redimir al esclavo, y procurar atraer al obrero a la vida de familia. La vida de la familia cristiana no aparta al hombre del sendero del bien. 

A continuación describe el cuadro tristísimo de la familia obrera actual en que el marido se da a la taberna o al garito y la mujer a su taller, quedándose hijos abandonados al vicio. La consecuencia de esto es el decrecimiento de la población por la falta de nacimientos. Pone como ejemplo a Francia que ya no procrea como antes. Nación que no produce y multiplica sus ciudadanos camina a la bancarrota y al abismo.

Los tradicionalistas no somos enemigos de la libertad y el progreso.

Hace un estudio filosófico de la libertad y la voluntad. No hay libertad para el error y el mal; solo la hay para el bien. El liberalismo obra en este punto lo mismo que el padre que diera a su hijo a elegir entre un veneno y un manjar.

El liberalismo no cumple sus deberes de gobernante. Ya no existe ni aun la libertad liberal; ya no hay libertad para el bien y la verdad. Libertad para todos pero no para los católicos. Estamos en plena tiranía liberal. Ejemplo tenemos en Portugal donde no hay para los religiosos sino injurias y calumnias.

Yo no extrañaría que como el año 35 se diga el mejor día que los frailes han envenenado las aguas para que venga el cólera. Tal está la libertad que ni sus mismos defensores la conocen. 

Oíd lo que decía el poeta liberal Núñez de Arce:

¡Libertad, libertad! No eres aquella
virgen, de blanca túnica ceñida,
que vi en mis ensueños pudibunda y bella.
No eres, no, la deidad esclarecida
que alumbra con su luz, como una estrella,
los oscuros abismos de la vida.

No eres la vaga aparición que sigo
con hondo afán desde mi edad primera,
sin alcanzarla nunca… Mas ¿qué digo?
No eres la libertad, disfraces fuera,
¡licencia desgreñada, vil ramera
del motín, te conozco y te maldigo!

El clericalismo, estamos bajo el poder del clericalismo, dicen los liberales haciendo de paso una distinción entre catolicismo, religión y clericalismo. Y yo pregunto ¿dónde está la influencia del clericalismo? ¿Es la teocracia? Sólo existió en el pueblo hebreo.

¿Está, por ventura, en la absorción por la Iglesia de las funciones legislativas? Señaladnos los curas que hay en el Congreso. La ley que concede a todo ciudadano el derecho a ser elegido diputado, se lo niega a los sacerdotes por el hecho de serlo.

¿Está acaso en el poder judicial? ¿Cuántos frailes hay en los Tribunales de justicia? No hay más que la influencia social legítima que las órdenes religiosas ejercen en la sociedad y que es un freno para las pasiones, por eso los viciosos las odian intensivamente, como los ladrones odian a la guardia civil. 

El clero no es enemigo del progreso. Para probar esto cita el orador una larga lista de religiosos que han dado impulso a las ciencias con sus inventos. El catolicismo fundó esas instituciones benéficas que se llaman Montes de Piedad. En la religión católica se inspiraron los mayores genios de la literatura y de las artes; ella movió los pinceles de Murillo, Zubarán, el divino Morales, Velázquez, etc. Y ella dio sus armonias a Morat y Beethoven.

Por la Cruz fue Colón a descubrir un nuevo mundo conquistando dilatadas colonias que por no haberlas sabido mantener se perdieron todas en manos del liberalismo. Y es que la masonería no solamente se olvida de los negocios del alma, sino también de los de la Patria.

Queremos progreso material y moral. El progreso para ser, ha de ser humano, ha de ser integral; es decir, progreso en el alma y en el cuerpo. Los liberales no quieren progreso moral sino solo material. Ellos son los retrógrados porque quieren volver al estado en que se hallaba la humanidad antes del triunfo del cristianismo y quieren perder la dignidad del cristiano.

Pero nos hablan mucho de europeización y no copian de Europa nada más que lo malo. Ya los campos están deslindados. Ya no hay más que dos banderas; la que remata la cruz y la que luce el triángulo masónico. Es la lucha de siempre. Ya no caben términos medios. Ya no caben mestizos ni neutrales. Tan criminal es el que asesina a su madre como el que no la defiende de los asesinos.

Las protestas católicas no producen resultado porque no nos han tenido miedo y solo del miedo hacen caso. Cita un caso del hombre de «las hostilidades implacables». 

Hay que luchar. Hoy se puede decir con Tertuliano: omnis homo miles est. Las fuerzas para la lucha hay que buscarlas en el Sagrario. Con las fuerzas que aquí se tomen no hay miedo a sucumbir.

Se dirige a las señoras y les dice: aquellas malas hembras de Junio en Barcelona, os ofendieron. Luchad por el honor que os ultrajaron. Trabajad porque vuestros esposos y vuestros hijos cumplan con sus deberes. Imitad aquellas damas inglesas que encerraron a sus maridos porque no fuesen a votar a los enemigos. Tened el valor de Judit y la firmeza de Susana. Imitada las mujeres bíblicas. 

No hay que arredrarse ante el peligro. Hay que propagar nuestra doctrina por todas partes. Todos debemos ser misioneros del tradicionalismo.


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