Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY
Animamos a nuestros lectores a publicar comentarios, siempre que lo hagan desde el respeto a nuestra Santa Causa, al Abanderado de la Comunión Tradicionalista, a su Secretaría Política y a la dinastía legítima. Se borrará todo comentario irrespetuoso, derrotista o que no guarde relación alguna con nuestras publicaciones.

jueves, 27 de diciembre de 2018

El médico y periodista católico José Fernández Martínez

José María Fernández Martínez
(Alcudia de Guadix, 1848-Baza, 1928)
Fotografía tomada de Myheritage
Tal día como hoy hace exactamente 80 años, el 27 de diciembre de 1928, fallecía en Baza, confortado con los Santos Sacramentos y la bendición de Su Santidad, don José Fernández Martínez, doctor en Medicina y Cirugía y Terciario franciscano.

Su obra Armonía entre los hechos verdaderos y la verdadera ciencia dictamen sobre la epidemia española de 1885 lo definía como Alumno premiado en oposición con el Accesit, en la asignatura de Patología quirúrgica, con el Premio ordinario en las de Terapéutica, Materia médica, Arte de recetar, Obstetricia, Enfermedades especiales de la mujer y de los niños, Clínica médica, Primer curso, Clínica quirúrgica segundo curso, y Clínica médica, segundo curso, y con el Premio estraordinario del grado de Licenciado en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Granada.

Católico a macha martillo, batalló en las filas del Tradicionalismo integrista sin ceder un ápice en cuanto significó la defensa de la Religión y de las santas tradiciones españolas.

Fundó en Granada y dirigió con gran acierto y competencia un periódico que se llamó El Triunfo y en el que luchó con gran tesón contra el liberalismo, que por aquellas calendas ya empezaba a invadirlo todo y filtrarse en todo.

Con la muerte del señor Fernández Martínez perdió la causa católica un gran adalid, pues aunque anciano, que al morir contaba ochenta años de edad, siempre estuvo en la brecha, dispuesto al sacrificio por la causa de Dios. Su fallecimiento causó general sentimiento entre los que le conocían y trataban, pues a sus excelentes cualidades de cultura y saber unía un carácter afable que le granjeó el respeto de todos.

De haber vivido pocos años más, habría llegado a ver el gran resurgir de la bandera de «Dios, Patria y Rey», con el retorno a la casa común del Tradicionalismo de la Comunión integrista en la que militaba, que se había separado del legitimismo carlista en 1888, si bien mantuvo la ortodoxia en el resto de los principios y desde 1906 actuó en estrecha alianza con la Comunión carlista.

Recibieron el pésame del diario integrista madrileño El Siglo Futuro su esposa doña Dolores Funes Yagüez; y sus hijos María de las Angustias, Torcuato Francisco, Juan y Antonia María. *

El Ayuntamiento de Granada dedicaría una calle a tan insigne médico y periodista, merecimiento que también recibió su compañero de prensa, el veterano carlista don Francisco Guerrero Vílchez, todo un héroe y adalid del tradicionalismo de quien ya hablamos en entradas anteriores.

Calle Periodista José Fernández Martínez en Granada

Como buen católico español, en 1893 se sumó a las protestas generales contra las actuaciones que pretendían romper la centenaria unidad católica de España, enviando al director de El Siglo Futuro, la siguiente carta:

Sr. D. Ramón Nocedal 
    Muy señor mío, de mi mayor consideracion: 
Apresúrome á unir mi protesta á las ya hechas por la construccion y posible apertura del templo protestante en la capital de la nacion. Hechos tales son un reto audazmente lanzado contra Jesucristo y su Iglesia, é implican, más que una ofensa á los sentimientos católicos del pueblo español, una acusacion de complicidad de estos mismos sentimientos contra la soberanía social de Jesucristo. 
    Sí, el pueblo español, que no ha tolerado, tolera, ni tolerará, que se le quite ó niege el calificativo de católico, aun á trueque de dejar cobarde ó traidoramente le hagan girones la bandera del Catolicismo, debe tener esculpidas en su corazon las palabras del inmortal Pio IX, cuando decia: «Llámese á las cosas por su propio nombre.» 
    Y si es católico, si quiere que tal se le llame, y que por tal se le tenga, obre como tal, siempre y en todas partes, en toda ocasion y forma, sin respetos indebidos y sin pueriles temores; y si no lo es, si sus obras lo contradicen, ya porque tolere bajo mentidas hipótesis imposiciones denigrantes, ya porque consienta bajo falaces y ambíguas leyes lo que su conciencia rechaza, lo que á su dignidad se opone, y lo que á su honor mancha, deje en buen hora se lleven el calificativo de católico para otra nacion ú otros hombres de más viriles energías, y que no ya con palabras, sino con obras, et ex tota mente tua, et ex toto corde tuo, et ex tota anima tua, ame á su Dios y lo defienda, ame á su Iglesia santa y por ella dé la vida. 
    Pues el pueblo español, á no ser así, convencido, como dice un adagio vulgar, de que «el hábito no hace al monge,» debe persuadirse, llámese ó no, téngasele ó no por católico, que sólo lo será de hecho, si pelea legítimamente; mas si los oportunismos del dia, los realismos de la época, ó los malquistamientos del siglo le llevan y hacen obrar en derrotero opuesto, ó le conservan, al ménos, en su indisculpable y vergonzosa inaccion, sepa, sin género de duda, que sobre su frente, manchada siempre con la construccion, y ojalá no apertura del templo protestante, y sobre su corazon envilecido con la tolerancia infausta y estemporánea del art. 11 de la Constitucion, llevará grabada aquella sublime sentencia de la Verdad Eterna: Qui non est mecum, contra me est
    Baza, 17 de Enero de 1893. 
        JOSÉ FERNANDEZ MARTINEZ,
            Dr. en Medicina y Cirujía.

* Información tomada en su mayor parte de El Siglo Futuro (31 de diciembre 1928)

lunes, 24 de diciembre de 2018

Nuestra reunión carlista navideña en Baeza (Jaén)

El pasado 22 de diciembre de 2018, sábado de Témporas de Adviento, tuvo lugar en Baeza un acogedor y entrañable encuentro de varios tradicionalistas venidos de las provincias de Jaén, Córdoba, Granada, Málaga y Almería.


Tras una abundante y deliciosa comida navideña en un restaurante céntrico, muy cerca de donde hace unas pocas semanas tuvimos ocasión de escuchar la magnífica conferencia sobre el reinado social de Cristo del Rvdo. D. Javier Utrilla, el presidente del círculo tradicionalista de Granada, Rodrigo Bueno, pronunció el siguiente discurso:

Queridos correligionarios, permitidme unas palabras: 
Muchas gracias, Roberto, por haber organizado este banquete, y muchas gracias a todos los que habéis venido. Esta reunión navideña no es una mera comilona. Estamos aquí porque compartimos una misma fe, la de Jesucristo, y unos mismos principios, los de la tradición española. 
Desde hace décadas vivimos tiempos decadentes. Creo que todos los que estamos en esta mesa incluso hemos nacido en ellos, pero Dios nos ha dado la gracia de no dejarnos arrastrar por la corriente neopagana. Por eso estamos aquí, en la noble ciudad de Baeza, celebrando entre correligionarios la Natividad del Señor. 
Este año se ha cumplido el 40 aniversario de una Constitución atea y antiespañola que se hizo invocando el consenso entre conservadores, socialistas, comunistas y separatistas. Este texto nefasto, que hizo tábula rasa de toda legislación anterior, que echó por tierra nuestra victoria en la Cruzada de Liberación, permitió una infinidad de males, los cuales no han hecho sino empeorar. Y aún hay quien pretende hacernos creer que la causa de los males puede ser la solución a los mismos. 
La situación política que atraviesa nuestra Patria es verdaderamente trágica, pero no debemos perder la esperanza. Tras un larguísimo letargo hay síntomas que indican que la mentalidad de nuestro pueblo puede estar cambiando. Opongámonos con todas nuestras fuerzas al marxismo y al separatismo, pero no olvidemos que quien ha engendrado a ambos es el liberalismo. 
Recientemente hemos visto a algunos liberales contradecirse, parece que ni ellos mismos creen realmente en la doctrina que predican y que llevamos dos siglos padeciendo. ¿Cómo van a creer en la tan cacareada libertad de expresión los que han pedido el cierre de canales de televisión de la extrema izquierda? ¿Cómo van a creer en la democracia parlamentaria y en la libertad de asociación, si reclaman la ilegalización de partidos y asociaciones separatistas? ¿Cómo van a defender la libertad de cultos quienes piden que se cercene esa libertad a los mahometanos? 
Pero pedir estas cosas tan poco liberales (aunque hipócritas) ha dejado de escandalizar a mucha gente, lo cual es buena señal. Aprovechemos el momento. Pongamos de manifiesto las contradicciones del liberalismo y presentemos el pensamiento católico en todo su esplendor; procuremos que la gente entienda que la ideología demoliberal, que trata de seducir con su buenismo aparente, lejos de ser la solución, es la causa de una infinidad de problemas políticos y sociales. Sin liberalismo, jamás habría habido en España izquierdismo, ni separatismo, ni islamismo. 
Los católicos debemos ser los primeros en luchar por el derecho a la vida y contra la ideología que promueve la repugnante sodomía; pero no olvidemos que eso es, en realidad, defender la ley natural, que ni siquiera debería considerarse una «particularidad católica». Es preciso que vayamos más allá y combatamos por el reinado social de Jesucristo, por los derechos de Dios y de la Iglesia en la sociedad. Esos son realmente los principios no negociables para los católicos. 
Toda lucha contra el aborto que no incida en la necesidad imperiosa de recuperar la virtud de la castidad como modelo para toda la sociedad, es una batalla que cojea y que está condenada al fracaso. Deberían cerrarse todos los medios de comunicación con contenido pornográfico, también en Internet. Hay que concienciar sobre la plaga dañina de la pornografía, un mal que está causando estragos y está destrozando familias. Hagamos que los liberales vean sus contradicciones. Digámosles: «tu supuesta libertad de embrutecerte atenta contra mi libertad cierta como padre de familia de proteger a mis hijos de contenido obsceno en Internet». 
Declarémosles también la guerra a los anticonceptivos, pues aunque la mayor parte del clero ya no se atreva a decirlo en los púlpitos, sabemos que es pecado mortal usarlos, incluso dentro del matrimonio. Y por mucho que nos quieran hacer creer lo contrario, está demostrado que a más anticonceptivos, más abortos. Nunca ha habido tantos anticonceptivos como hoy, y nunca ha habido tampoco tantos niños asesinados en el vientre materno. 
Y es que la lucha contra la pornografía es la misma que contra los anticonceptivos, la misma que contra el aborto, la misma que contra la promiscuidad y el concubinato, la misma que contra el aberrosexualismo, y, realmente, la misma que contra el laicismo, pues el laicismo ha apartado a Dios de la sociedad, y desterrando a Dios desaparece la moral. 
Parece que los enemigos de la religión hayan tomado por lema la célebre frase de Dostoievski: «si Dios no existe, todo está permitido». Lo único que no permiten, claro, es que haya católicos que aún queramos regirnos por la ley de Dios. 
Quienes gobiernan en España no hacen más que "salir del paso". No piensan en las siguientes generaciones, sino en las siguientes elecciones; no les interesa nuestro porvenir, sino una posible moción de censura o unos posibles pactos electorales. Tenemos una colosal crisis de natalidad que está dejando a España sin niños y a unos españoles sin futuro, pero eso parece no preocuparles en absoluto. 
Por eso la monarquía tradicional, católica, templada y representativa, lejos de ser una idea desfasada, es hoy más necesaria que nunca. Es imprescindible un rey legítimo de origen y de ejercicio, que reine y gobierne, porque al no tener nada que perder, y nada que ganar –salvo la dicha espiritual y material del pueblo–, puede dedicarse a gobernar para el bien común, rodeándose de hombres sabios, la verdadera aristocracia. 
Queridos amigos: quisiera pediros que mantengamos un ambiente de auténtica camaradería y hermandad en nuestra Comunión. No nos dediquemos a pelearnos y atacarnos gratuitamente entre nosotros en las redes cibernéticas mientras los enemigos de España y de la Civilización Cristiana se afanan por rematar la faena y apagar cualquier rescoldo de españolidad. 
Recordemos las proféticas palabras de Vázquez de Mella: «Pronto habrá, después de un primero de Mayo terrible, un Dos de Mayo más glorioso que el de 1808». Ese 2 de Mayo más glorioso que el de 1808 se plasmó en un 18 de Julio de 1936, al que le siguió un 1º de Abril de 1939. Honremos a nuestros antepasados manteniendo vivo el espíritu del 2 de Mayo y del 18 de Julio, pues Dios sabe si algún día tendremos que imitarles. 
No somos una organización como otra cualquiera, porque nuestros principios son inmortales, y la Comunión Tradicionalista, como el Ave Fénix, es capaz de resurgir de sus cenizas, como ha demostrado varias veces su gloriosa historia. 
Como decía el general Tristany, nuestra gran comunión nacional es el eterno símbolo y personificación perpetua del leal y verdadero pueblo español. Con justicia éramos conocidos como la Guardia Civil de la Iglesia en España. Mantengamos ese espíritu de lealtad y de lucha. 
Es preciso que el león español, encadenado por un sistema extranjero, contrario a su ser, y convertido por él en cordero, levante por fin su abatida cabeza, sacuda fuertemente su melena, rompa sus cadenas y vuelva a marchar, sereno y firme, por la Historia. 
No seamos derrotistas ni nos dejemos engañar por las apariencias. Recordemos que Nuestro Señor nació pobre, desvalido, sin más amparo que el de un pobre carpintero, sin más abrigo que unos toscos pañales, y sin más lecho que un pesebre y un puñado de paja. Y sin embargo, ese Niño era el Creador de todas las cosas y el que vencería a la muerte y al pecado. 
Acudamos al portal de Belén con fe y esperanza. Pidamos al Niño Dios que vuelva a bendecir nuestra Patria y que confunda a esas legiones de Herodes modernos que quieren matarlo; que por odio a la Encarnación promueven el infanticidio; que por odio a la Santísima Virgen María, esclava del Señor, promueven el feminismo; que por odio al Evangelio, promueven el laicismo; y que, por odio a la naturaleza creada, promueven el aberrosexualismo y el reinado social del demonio. ¡No prevalecerán! 
¡GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD!



A continuación tomó la palabra José Luis Santos, joven y entusiasta carlista malagueño, que hizo un canto a la integridad tradicionalista en estos términos:

Queridos y estimados correligionarios todos: 
Tras haber sido partícipes del magnánimo discurso que ha precedido al presente, quisiera resaltar brevemente y con más contundencia en tiempos estos de depravación de principios, la necesidad ineludible e inevitable del integrismo.
En efecto, el integrismo que solo puede ser intrínsecamente carlista, ese santo celo por salvaguardar la pureza y ortodoxia de la inalterable Doctrina; esa noble e incansable lucha en pos de mantener inmaculados e impolutos nuestros sagrados fundamentos; en definitiva, ese bastión contrarrevolucionario inexpugnable e inquebrantable. 
Este recitado integrismo se hace palpable en el dualismo del Altar y del Trono. Por un lado, para la defensa acérrima de la verdadera Tradición, no se puede sino ser íntegramente católico. Este es el factor determinante que confiere identidad a la Tradición. No es posible bajo ningún concepto, pues, transigir sobre la verdad católica, la única verdad que nos alumbra frente a este embustero mundo de tinieblas. Hemos de adherirnos al Catolicismo sin reservas, hacer de nuestra consigna un estandarte completamente intolerante para con el error. Por esta nuestra condición radical, orgullosamente somos enemigos declarados e irreconciliables de esta sociedad deicida surgida y amparada en los preceptos del liberalismo.  
Esta fidelidad a la Religión queda reflejada sobremanera en las palabras del procurador en Cortes por la Iglesia, don Ramón Nocedal y Romea, que con valentía pronunció ante esa caterva de masones y demás enemigos de Dios en el Congreso, lo siguiente: 
«Yo no predico la guerra civil, ni el motín, ni la algarada, pero á esos y á cuantos oigan mi voz, quiero decir que desoyen la Voz venida del Cielo, y desobedecen la Voluntad Soberana que nos manda unirnos en apretado haz, y lanzarnos en falange á reivindicar nuestros derechos conculcados, á defender la Verdad desconocida, á restaurar el Imperio absoluto de nuestra Fe íntegra y pura, y á pelear con los partidos liberales, á quienes no yo, sino León XIII llama imitadores de Lucifer, hasta derribar y hacer astillas el árbol maldito. Queremos la Unidad Católica [que no confesionalismo] con todas sus consecuencias. Tenemos por aborrecible la libertad de conciencia, la libertad de cultos. Queremos luchar contra el liberalismo, el progreso y la civilización moderna.» 
Para el mantenimiento de esta unidad religiosa, para la supervivencia del Orden Social Cristiano, para la restauración del legítimo Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, es imprescindible la figura del Monarca. El restablecimiento total del Altar no se dará sin el del Trono. Hago mía la siguiente declaración que pueden hallar en la hemeroteca de Su Santidad el Papa Pío XII: «Los requetés, los Católicos prácticos. Los que salvaron a España. Cuantos se habían propuesto la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los Derechos y el Honor de Dios y de la Religión. Los llevo muy adentro en mi corazón y los bendigo.» 
Por consiguiente, sin tapujo alguno, puedo afirmar que en España el Catolicismo es el carlismo, y el carlismo es el Catolicismo. Y como es imposible que el carlismo concreto y determinado, y el anti-carlismo determinado y concreto, sean simultáneamente Católicos; de aquí que habiéndose declarado solemnemente que el carlismo es el Catolicismo, haya también que declarar con igual solemnidad que el no carlismo es el anti-Catolicismo. * [VÉASE NOTA MÁS ABAJO]
Magistralmente nos deleita don Juan Vázquez de Mella acerca de la sacralidad de la institución monárquica: «el Rey ha de ser y propiamente es sin duda, Vicario de Cristo en la tierra». Tiene así el divino cometido de representar a Dios en la gobernación de sus dominios, siendo la personificación misma de España. No Soberano de ese innovador y falaz “Reino de España” homogéneo, centralista y jacobino, sino de los Reinos de España, en la diversidad federativa de sus sagrados Fueros. 
Para finalizar, no quisiera olvidar remarcar el evidente deber de todo carlista, haciendo especial énfasis en la juventud: el de ser realmente españoles. Español no es aquel que tenga un color de piel determinado. La españolidad no se circunscribe a una raza. Español es todo aquel que es creyente en una misma y sola Fe (la Verdadera, Santa Católica y Apostólica) y es súbdito de un solo y mismo Rey (el legítimo, Don Enrique V). 
Esta lealtad incumbe que tengamos como réprobo e inadmisible cualquier tipo de accidentalismo, ese peligro que tanto nos acecha y que, como nos enseña la historia y  podemos observar amargamente tanto otrora como a día de hoy, a demasiados ha arrastrado  hasta las feroces garras de la traición más infame. Por el contrario, seamos mártires de la Santa Causa al grito de DIOS, PATRIA, FUEROS y REY. 
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva España Católica!
¡Viva Enrique V!

También se dirigieron a los asistentes Javier, estudiante de Almuñécar, que brindó por nuestros dos reyes, al que corresponde por derecho una corona de oro y el que ciñe una corona de espinas; y Jesús, de Córdoba, con sentidas palabras llenas de amor y preocupación por España, por la que todos los presentes nos mostramos dispuestos a darlo todo en estos sombríos tiempos que corren.


Seguidamente y de manera espontánea nos pusimos todos a cantar tradicionales villancicos y compartimos una agradable tertulia en un ambiente distendido de camaradería.

Tras la comida, todos los reunidos menos Carlos y el delegado de Juventudes Tradicionalistas, Manolo Molinero, que tenían que partir antes, realizamos una visita turística por la hermosa ciudad de Baeza, admirando sus señoriales palacios e iglesias, así como el bello paisaje jiennense con sus campos de olivos, con nuestras boinas puestas y exhibiendo nuestras banderas de España con el Sagrado Corazón y la Cruz de Borgoña, con la que combatieron los numerosos requetés andaluces, a quienes estamos dispuestos a imitar.




* NOTA: José Luis hace esta afirmación porque asegura que en España actualmente no hay ninguna otra agrupación política que defienda íntegramente el reinado social de Jesucristo. [cfr. LO BON CATOLICH, Barcelona 21/6/1883] Los tradicionalistas no equiparamos necesariamente carlismo a catolicismo y viceversa y nos remitimos a las enseñanzas de la Iglesia (ya en el siglo XIX) y a lo afirmado por Carlos VII sobre este particular: se puede ser católico sin ser carlista, pero no se puede ser carlista sin ser católico.  

jueves, 13 de diciembre de 2018

Carlos Cruz Rodríguez, combatiente y periodista carlista

Recuperamos hoy la memoria de un gran carlista andaluz que había quedado en el olvido, D. Carlos Cruz Rodríguez, de cuya existencia hemos sabido por medio de su bisnieto, que ha tenido el acierto de ponerse en contacto con nosotros, cosa que desde aquí le agradecemos.

Cordobés de nacimiento, durante el Sexenio Revolucionario D. Carlos Cruz contribuyó a la organización de la Comunión católico-monárquica en Granada, participando en el fallido alzamiento por Carlos VII que tuvo lugar en nuestra patria chica en marzo de 1873, y que él mismo narraría en 1890 (hace casi 3 años lo reprodujimos en nuestro cuaderno de bitácora). Posteriormente combatió en el Norte en las filas de la Legitimidad y, perdida la guerra, marchó al exilio con Don Carlos, hasta que pudo regresar a España.

Durante las décadas siguientes contribuyó abnegadamente a la prensa carlista, siendo corresponsal del diario carlista madrileño El Correo Español en Sevilla, y trabajó como profesor de la Escuela Católica del Sagrado Corazón de Jesús de dicha capital. Estuvo casado con Estelvina Fernández Gamboa, según leemos en el padrón de vecinos de Sevilla.

Desconocemos la fecha en que falleció D. Carlos Cruz Rodríguez, siendo la noticia más reciente que hemos encontrado de él un artículo que escribió en 1916 para la Revista de Morón, aludido en El Correo Español.

En la obra «Bocetos tradicionalistas» (1912), el Barón de Artagan (Reynaldo Brea) dejó escrita la biografía que reproducimos a continuación sobre este tradicionalista de pro que tanto hizo por la Santa Causa en Granada y en toda España.

Carlos Cruz Rodíguez (Córdoba, 1846-¿Sevilla?, ¿?)
(fotografía tomada de La Hormiga de Oro, 30-3-1907)

Nació el dio de 1846 en Córdoba; pero se crió en Granada, donde desde poco después de ser destronada Doña Isabel organizó juntas carlistas, públicas las unas y secretas las otras; se ocupó en trabajos militares que, por entonces, consistían en procurar atraer las simpatías del Ejército hacia el carlismo; y, en fin, á las órdenes de la Junta Provincial católico-monárquica de Granada, dirigiendo la de Belicena (fundada por él), contribuyó en las elecciones políticas á que el jefe carlista don Carlos Calderón fuese proclamado Diputado á Cortes por el distrito de Santa Fé.

El día 1.° de Marzo de 1873 mandó el Sr. Cruz Rodríguez una de las partidas carlistas que salieron de Granada, teniendo que retirarse todas ellas á causa de la activa persecución de que las hizo objeto el General Salamanca, Gobernador Militar de Málaga. En Julio de aquel mismo año marchó al Norte, presentándose en Puente-la-Reina al General carlista D. Nicolás Ollo, quien le destinó á la Brigada de transportes de la División de Navarra, con el empleo de Alferez de Administración Militar; sirviendo en aquel Cuerpo, asistió á la toma de Estella, Viana, Lumbier y Valcarlos, á la acción de Mañeru á la batalla de Montejurra, al combate de Velabieta, al bloqueo de Tolosa, á la conquista de Portugalete y á las memorables batallas de Somorrostro, de San Pedro Abanto y de Abárzuza.

Después sirvió D. Carlos Cruz Rodríguez sucesivamente en el Batallón de Bilbao (con el cual se encontró en la acción de Monte Gárate), en el Regimiento de Caballería de Navarra (en el que estuvo un año á las órdenes del Brigadier Zaratiegui, primeramente, y luego á las del Coronel Plana) y, por último, en el Batallón 2.° de Navarra, asistiendo con él á los combates de Palomeras de Echalar, Tres Mugas y alto del Centinela, llegando á obtener el empleo de Comisario de Guerra. Con Don Carlos de Borbón entró en Francia el día 28 de Febrero de 1876; estuvo emigrado tres meses, y al regresar á España se dedicó á ejercer la carrera de Maestro Superior.

Ha sido colaborador de El Estandarte Real, de la Biblioteca Popular Carlista, de La Carcajada y de El Nuevo Cruzado (publicaciones de Barcelona), de La Bandera Española, de Córdoba, y de El Obrero, de Granada, sufriendo en este último una denuncia el día 11 de Mayo de 1898, por la autoridad militar, á causa de haberse declarado el estado de guerra en toda la Península. Entonces fué reducido á prisión en Sevilla (su habitual residencia) y conducido por la Guardia Civil á Granada, en cuya capital permaneció hasta ser absuelto por el Consejo de Guerra en 1.° de Diciembre de aquel mismo año.

El señor de Cruz Rodríguez, que obtuvo en campaña las medallas de Montejurra, de Vizcaya y de Carlos VII, también se ha distinguido y conquistado lauros como escritor; publicó hace ya unos quince años una Geografía Militar de España, ilustrada con doce mapas; fué corresponsal literario de El Correo Español, de Madrid, desde el año 1898 hasta el de 1908; la Juventud Carlista de Manresa le honró por entonces con el nombramiento de Socio honorario; ha obtenido varios diplomas de premios en certámenes literarios, y en Mayo de 1908 fué agraciado con una Medalla de Oro con el busto de Carlos VII por su escrito titulado Influencia de la mujer en la vida de la Comunión tradicionalista española.

Es nuestro querido amigo el veterano militar é ilustrado escritor D. Carlos Cruz Rodríguez de los tradicionalistas de buena cepa, en él los años no logran amortiguar en lo más mínimo los entusiasmos y la inquebrantable adhesión con que en su juventud se adhirió á la Causa Católico-Monárquica.


Barón de Artagan (1912): Bocetos tradicionalistas (pp. 291-293)

martes, 30 de octubre de 2018

Visita a la casa museo del canónigo D. José Gras y Granollers, apóstol del reinado social de Cristo, en el centenario de su muerte

El pasado domingo se celebraba, según el calendario católico romano tradicional, la fiesta litúrgica de Cristo Rey, instituida por el papa Pío XI en 1925 en su encíclica «Quas Primas». Con motivo de esta magna festividad, varios católicos de Granada y algunos venidos de fuera (la mayoría sin afiliación política alguna, pero todos con el ardiente deseo de que el reinado social de Jesucristo sea restaurado en España), visitamos en el callejón Alberzana, en el pintoresco barrio del Albaicín, la casa provincial de las Hijas de Cristo Rey, instituto que fundara el venerable canónigo del Sacromonte D. José Gras y Granollers (1834-1918), cuyo centenario celebramos.

En esta casa, de construcción morisca y gran valor artístico, falleció D. José Gras hace cien años, y precisamente en la cripta de la iglesia adyacente de San Gregorio Magno, se halla enterrado este catalán y granadino de pro que esperamos ver algún día en los altares. Desde la década de 1993 la casa alberga además un interesantísimo museo sobre su vida y su obra, lamentablemente poco conocido, pero que no debería dejar de visitar nadie que viva en Granada o venga de visita a nuestra ciudad.

Nos abrió las puertas la Rvda. M. María Jesús, religiosa que, según nos contó ella misma, ha tenido que padecer mucho por Cristo, llegando a ser secuestrada en una ocasión por la guerrilla narco-comunista de las FARC cuando desarrollaba su apostolado de la enseñanza en Colombia. La amabilísima madre María Jesús (quien para mi pesar, y sin duda debido a malas influencias en los tiempos que corren, no llevaba hábito) tuvo la bondad de enseñarnos todas las dependencias de la casa y salas del museo, hablándonos con gran cariño del fundador de su orden y apóstol del reinado social de Jesucristo.

Es bastante desconocido en España, incluso en el campo católico tradicional, que D. José Gras fue uno de los precursores más insignes de la realeza de Jesucristo, que sería proclamada (dogmáticamente, según afirmó el Padre Solá) por el papa Pío XI en la citada encíclica «Quas Primas».
Las alusiones a la realeza de Cristo están
presentes hasta en los muebles de la casa.

Animado por el deseo de dar una respuesta contundente a la obra blasfema de Ernest Renant, que negaba la divinidad de Nuestro Señor, D. José Gras —muy afín al tradicionalismo carlista, causa en la que militó durante el Sexenio Revolucionario— dedicó toda su larga vida a propagar ese título tan glorioso de Jesucristo, amén de fundar nada menos que una Congregación de religiosas que llevan el nombre de «Hijas de Cristo Rey», religiosas celosísimas que desde su fundación se dedicaron exclusivamente a la crianza cristiana de niñas, ricas y pobres, y que por doquier derramaron siempre la fragancia confortativa de la realeza de Jesucristo.

Así describiría el propio padre Gras su llegada al Sacro Monte en 1866 y la pasión que le conducía:

“Conducido por la mano de Dios a estos gloriosos sepulcros, apenas llegado al Santuario donde la antigua Ilíberys, guarda las cenizas de sus apóstoles, dirigí mis ojos sobre toda España y vi a nuestro pueblo extrañamente aletargado. Elevé y extendí todavía mi mirada y distinguí a la Europa descreída avanzando armada, para arrancar del pensamiento y del corazón español la fe de Santiago y de Cecilio. Entonces traté de despertar a nuestro heroico pueblo, y organizarlo sagradamente por medio de la Academia y Corte de Cristo para hacer frente a las legiones de blasfemos e incendiarios que se preparaban a arruinar nuestra UNIDAD CATÓLICA...”

Como nos indicaba en 1934 el periodista tradicionalista Chafarote en un artículo de sus notorias Hojas de calendario, el dogma de LA REALEZA DE JESUCRISTO es el dogma más radicalmente antiliberal. El liberalismo es la herejía moderna; y todas las presentes calamidades de España y de todo el mundo no son ni más ni menos que consecuencias naturales o lógicas de esa calamitosa y universal herejía en que está siniestramente anegado el mundo entero. Por aquí se podrá rastrear, por tanto, la principalidad y trascendencia del dogma de la Realeza de Jesucristo, que es la oposición per diametrum al funesto liberalismo. Por aquí se puede rastrear también la gloria que para España redunda, por haber sido el solar de las apostólicas Hijas de Cristo Rey y la cuna de su santo fundador D. José Gras y Granollers, el centenario de cuya muerte solemnizamos cabalmente este año.

Mientras visitábamos las dependencias en las que vivió y murió el apóstol de Cristo Rey, elevamos en diversas ocasiones nuestras preces al Señor, y no pudiendo contener el fervor nos pusimos a cantar todos a viva voz el «Christus vincit», concluyéndolo con un sonoro «¡Viva Cristo Rey!».

Por si hubiéramos tenido poco con la espléndida visita, durante la cual incluso pudimos disfrutar de unas vistas magníficas del Albaicín y la Alhambra desde la azotea de la casa, las Hijas de Cristo Rey nos regalaron a cada uno un ejemplar de «La pasión de un hombre de bien», completa biografía de D. José Gras escrita en 2006 por el Rvdo. D. Juan Sánchez Ocaña.

Transcribimos a continuación algunas notas biográficas de este gran santo, a quien imploramos por la Santa Madre Iglesia y por la salvación y gloria de nuestra Patria, hoy sin ventura.


Notas biográficas del venerable D. José Gras y Granollers

Un caballero de Cristo y su Reinado social
(...)
II
D. José Gras y Granollers

Sus empresas apostólicas han sido de más (...) y de más alientos que las de su egregio antecesor D. Juan de Cueto y Herrera.

Libros que leía D. José Gras durante
su juventud en Agramunt.
Don José Gras y Granollers ha fallecido el día 7 del corriente mes de julio en Granada y en la paz del Señor, a los ochenta y cuatro años, lleno de días (como dirían los libros santos), es decir, de merecimientos y virtudes, y ha dejado en herencia varias instituciones apostólicas, entre las cuales las más principales son la “Academia” y la “Corte de Cristo" y el instituto religioso de las “Hijas de Cristo Rey”.

El amor al Santísimo Sacramento y a María Santísima, el Reinado Social de JESUCRISTO, el apostolado social de la mujer, la restauración de las costumbres cristianas, la santificación de las fiestas y, finalmente, la guerra contra la blasfemia, contra el lujo y contra los malos libros y contra los periódicos malos, fueron los grandes amores de este siervo de Dios, bueno, prudente y fiel. Pero sobre todos estos amores le robaba el corazón más que ninguno el “Reinado social de JESUCRISTO”; razón por la cual grabaríamos hoy, si pudiéramos, con letras de oro en las columnas de EL SIGLO FUTURO el glorioso nombre del Muy Ilustre Señor Doctor DON JOSÉ GRAS Y GRANOLLERS.
Imprenta en la que trabajó en Madrid
D. José Gras, como redactor del diario
tradicionalista «La Regeneración».

El cual allá en el prologo del más popular de todos sus libros y opúsculos de propaganda católica, es decir, en un “Devocionario”, escribía hace ya muchos años estas grandes verdades en las cuales cifraba siempre el insigne sacerdote todas sus apostólicas empresas:

“Cristo nuestro Dios, nuestro Padre y nuestro Redentor “está hoy políticamente destronado en todas las naciones”; y este destronamiento sacrílego, que no sólo entraña el destronamiento virtual de todos los reyes, sino también la abolición de toda autoridad y jerarquía, es la proclamación religiosa, política y social del caos, dogma único de la más lógica y sangrienta de todas las sectas, el “nihilismo”. 
Periódicos en los que
colaboró D. José Gras
“Toda la vida, todo el honor y toda la gloria que el Catolicismo ha hecho germinar en las almas y en los pueblos por espacio de diez y nueve siglos, tienen su origen y fundamento en la soberanía inefable de nuestro Divino Salvador; soberanía cuya restauración social declaran necesaria Nuestro Santísimo Padre León XIII, nuestro Episcopado y los publicistas católicos más eminentes de Europa.” 
“Para atraer el mayor número posible de espíritus a la “profesión práctica”, esto es, a la defensa pública de este dogma, fundamos hace quince años la “Academia y Corte de Cristo”, cuyo lema CRISTO REINA tratamos de convertir en verdad resucitadora de la moribunda sociedad moderna.”

A los treinta y dos años de su edad ganaba el difunto Doctor por oposición su canonjía en la Colegiata del Sacro Monte, en el cual y en más de cincuenta años seguidos ha explicado varias asignaturas. A los dos meses de ser canónigo, conviene a saber, el 15 de Diciembre de 1866, fundaba su bienhechora referida “Academia y Corte de Cristo”, cuyos estatutos fueron aprobados por el grande amigo y gran maestro de EL SIGLO FUTURO, por el Exmo. Sr. D. Bienvenido Monzón, inolvidable Arzobispo de Granada y amigo íntimo de aquellos dos santos que se llaman el Venerable Padre Claret y la Venerable Vizcondesa de Jorbalán.
Cáliz con el que consagraba D. José Gras.

Aquellos grandes amores de que hablábamos arriba son precisamente los amores que el celoso fundador de la “Academia y Corte de Cristo” quiere que arraiguen y acepen (para que luego florezcan y den frutos de bendición) en el corazón de todos los sacerdotes y seglares (hombres, mujeres y niños) que quieran ser académicos y cortesanos de Cristo Rey.

Esta “Academia y Corte de Cristo”, “obra de culto y obra de propaganda” (que tal es y así la llamaba su celosísimo fundador), nació años antes de que se fundase allá en Friburgo la famosa “Obra de San Pablo”, cuyo fin era “elevar a la Prensa a la dignidad de apostolado, y santificar, no solamente a los periodistas, sino también a los impresores y vendedores de periódicos, para que todos juntos, “sicut castrorum acies ordinata”, batallasen por la restauración del Reinado Social de JESUCRISTO”.
Cuadro que representa
a D. José Gras bajando
en burro del Sacromonte.

Por cierto que cuando en Febrero de 1879 (año de la famosa romería de periodistas católicos de todo el mundo al Vaticano) oyeron todos en Roma y de labios del abate Esseira la historia de la mentada “Obra de San Pablo”, pudo decir con razón nuestro egregio canónigo D. José Gras y Granollers que ya hacía tiempo que tiraba también a ese mismo blanco aquí en España la “Academia y Corte de Cristo”. Fue entonces cuando el mismo fundador (véase la colección de la revista “El Bien” habló en ella de EL SIGLO FUTURO, y con palabras de alabanza habló también de los redactores y dependientes de nuestro periódico y de la “Asociación de San José” que entre todos ellos habían formado.

III
Las Hijas de Cristo Rey.

Pero la obra principal y más apostólica del difunto canónigo del Sacro Monte, la que está fundada sobre cimientos más robustos, la que le ha hecho digno de ser contado entre los Patriarcas de Órdenes religiosas, será siempre ese moderno Instituto, cuyo sólo nombre es ya de por sí una alabanza de Nuestro Señor JESUCRISTO; el Instituto de las HIJAS DE CRISTO REY, fundado a 26 de Mayo de 1876 y canónicamente aprobado treinta años más tarde por la Santidad de Pío X.
Escritorio de D. José Gras.

El día del Sagrado Corazón de Jesús, del año de gracia de 1877, tomaron los primeros hábitos de “Hijas de Cristo Rey” las religiosas Sor Inés de Jesús y Sor Carmen del Sagrado Corazón; y en el magnifico discurso que a estas primeras religiosas y a los asistentes les predicaba aquel día memorable nuestro difunto canónigo, palpitaba, como en todos sus pensamientos, palabras y obras el amor más fervoroso y ardiente al Reinado social de JESUCRISTO (I).

El fin de ese Instituto nos lo declara el mismo fundador con las palabras que siguen, las cuales, con ser tan elocuentes, no lo son tanto como lo fueron las del sermón referido:

—“Este Instituto (dice), donde se da enseñanza religiosa, literaria y de labores a niñas ricas y pobres, "tiene también por objeto hacer que Cristo sea predicado en la familia y en la sociedad por la mujer". En todos los tiempos la mujer ha prestado eminentes servicios al Catolicismo; y en los nuestros, en que la indiferencia reina tan desastrosamente entre los hombres, puede prestarlos muy grandes, especialmente como esposa y como madre. En este último concepto, ella es la primera dulcísima predicadora de la soberanía de Cristo ante sus hijos, y la que llena de fragrancia y de luz el oriente o la aurora de la vida.
“Pues bien: formar jóvenes sólidamente instruidas y virtuosas para que un día lleguen a ser madres y apóstoles radiantes, ¿no es, por ventura, una de las obras, más fecundas y propias para desinfectar a la sociedad actual de los miasmas que la infestan?...  
Casullas de D. José Gras.
“Desde el momento que la mujer se hizo pregonera y apóstol de la Resurrección de JESUCRISTO, siempre se ha mostrado hacia la Iglesia llena de la más profunda gratitud. Ella es la primera que baja a las Catacumbas; y si hay que desafiar las iras de los tiranos, Inés, Eulalia, Leocadia y Cecilia no se harán esperar. Si hay que levantar conventos, hospitales o templos católicos, las riquezas de las Paulas, de las Mercedes y de las Franciscas romanas se pondrán a disposición del Vicario de JESUCRISTO. Si una gran nación, con su Rey a la cabeza, cae un día a los pies de San Remigio para confesar a JESUCRISTO y recibir el bautismo, a una mujer, a Clotilde, es a quien se debe tanta gloria. Si hace falta en la Iglesia de Dios un gran santo y un gran doctor que sea el terror y la confusión de la herejía pelagiana, Mónica, el modelo perfecto de la madre cristiana, llorará y suspirará en la presencia de Dios y atravesará los mares en pos del hijo extraviado hasta que logre verlo convertido. Cuando después de siete siglos de lucha, nuestra católica España quiere arrojar de su lado a los sectarios de la Media Luna, una mujer, Isabel de Castilla, enarbola en las torres de Granada el estandarte de la Cruz, y termina gloriosamente la obra de Pelayo. 
“Bajo una irrupción, moralmente más terrible que la musulmana, están hoy los pueblos de Europa, y la mujer ha de concurrir a rechazarla, tomando parte en la cruzada de obras católicas “cruzada restauradora del reinado de Cristo.” 

IV 
Algo de integrismo. 

Lo principal y casi lo primero que se lee en el ESQUEMA O BOSQUEJO DEL PROGRAMA INTEGRISTA son estas palabras:
D. José Gras mantuvo amistad con el
 sacerdote tradicionalista catalán
D. Félix Sardá y Salvany, autor de
la célebre obra El liberalismo es pecado.

“Proclamamos LA SOBERANÍA DE JESUCRISTO, y ante todo y sobre todo le adoramos y acatamos, y anhelamos porque universalmente se cumpla su voluntad en lo público y en lo privado, y así en la tierra como en el cielo. Queremos que su santa doctrina informe todas las cosas, y que leyes, costumbres, actos, instituciones tengan por fundamento la Ley eterna, que en la tierra custodia y enseña la Iglesia de Dios y su Vicario infalible.” 

Cualquiera que sin ser integrista ni saber siquiera qué cosa sea el integrismo, se haya enfrascado en la lectura de los escritos del Doctor Gras y Granollers, creerá ciertamente a ojos cerrados que las palabras anteriores están tomadas al pie de la letra de cualquier libro, de cualquier opúsculo o de cualquier artículo del insigne canónigo del Sacro Monte. Y cualquier integrista que lea de buenas a primeras los escritos del fundador de la “Academia y Corte de Cristo”, los leerá y los saboreará con delectación morosa, y tomará para siempre por espejo, por dechado o por doctrinal de integrismo a este apostólico sacerdote. Tanto se parecen y aun tan iguales son su bandera y la nuestra, su emblema, su divisa, su ejemplar y los del partido integrista.
En las abundantes imágenes
de Cristo Rey, D. José Gras
siempre quiso que se representase a
Nuestro Señor como Divino Niño.

Tres fueron siempre los textos sagrados predilectos del Muy Ilustre Señor D. José Gras y Granollers; los tres campean en el frontispicio de su libro más popular, que es el precioso “Devocionario” de la referida “Academia y Corte de Cristo”, y en los tres se proclama la realeza o soberanía de CRISTO y de la Virgen. El primer texto está tomado del Evangelio de San Juan, y es el versículo 37 del capítulo 18 donde se cuenta que, habiendo preguntado Pilatos a Nuestro Señor si era Rey, respondió nuestro divino Salvador con estas palabras:

—“Así es, como tú lo dices: YO SOY REY. 

El otro texto le forman unas palabras de León XIII, que se leen en la carta que escribió al Arzobispo de Colonia en 26 de Febrero de 1880, y cuyo tenor es como sigue:

—“Que todos, cada cual en su cargo, se afanen por “restaurar el Reino de Cristo, no sólo en los corazones, sino también en toda la sociedad humana”. 

Dormitorio en el que falleció en olor de santidad el padre Gras.
Finalmente, el tercer texto es el versículo onceno del Salmo 44, en donde proféticamente canta el Real Profeta la realeza de la Santísima Virgen Nuestra Señora: “Astitit Regina a dextris tuis in vestitu deaurato”; a tu diestra está la Reina engalanada con vestidura bordada de oro.

Tanto era, como estáis viéndolo, el entrañable amor que al Reinado social de Cristo y de la Virgen profesaba el apostólico fundador de las “Hijas de Cristo” y de su “Academia y Corte”.

¿Será razón que EL SIGLO FUTURO celebre ahora con palabras de mucha alabanza la bendita memoria de este insigne caballero de Cristo y de su Reinado social?

V
Epitafio. 

Si a mí me encomendasen la traza del epitafio para la tumba de nuestro venerable difunto, yo grabaría en la losa sepulcral, y en forma epigráfica, las mismas palabras latinas con que el propio Doctor Gras y Granollers impetraba la bendición apostólica que “permanter”, es decir, muy amorosamente le fue otorgada por la Santidad de León XIII en 15 de Abril del 1880.

Tumba de D. José Gras y de la M. Inés de Jesús,
ante la que rezamos fervorosamente. 
En esas palabras se cifran tanto la “doctrina” fundamental como como las “obras” principales del insigne Canónigo del Sacro Monte, conviene a saber, la confesión, la proclamación, la defensa de todos los derechos divinos de JESUCRISTO y su culto de adoración en todas partes:

DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI 
divina jura defendit 
ejusque adorationis cultum 
in populis fovit.

J. MARÍN DEL CAMPO

Tomado de:

El Siglo Futuro (22 de julio de 1918)
El Siglo Futuro (23 de julio de 1918)

Véase también su biografía en el diario La Cruz (10 de septiembre de 1918).






sábado, 20 de octubre de 2018

Los tradicionalistas de Granada contra la masonería, artífice del separatismo

Hace más de cien años, cuando las logias masónicas estaban inmersas en consumar su traición a España y separar las islas españolas de Ultramar de la Madre Patria, los católicos de Granada (carlistas e integristas sin distinción alguna, además de algunos católicos posibilistas) remitían a las Cortes la siguiente exposición, exigiendo las medidas necesarias para acabar con el separatismo, medidas que incidían en la necesidad imperiosa de prohibir el derecho a la propagación de ideas disolventes y de la asociación para conspirar contra Dios, contra la Patria y contra la Monarquía:

Exposición a las Cortes: 
Los que suscriben, españoles de todas veras y hermanos de los que derraman su sangre defendiendo la integridad de la patria en aquella hermosa Antilla, último y querido resto de nuestra antigua preponderancia en América, llevan su voz al seno de la Representación Nacional y confiados en la hidalguía y en el patrio y nobilísimo amor de los que los han de escuchar, reverentemente exponen: 
Que por la infame labor de algunos hijos bastardos sin entrañas de amor y sin conciencia de Ley divina ni humana se está formando para nuestra patria un porvenir de horrores y desventuras calamitoso y desgraciado, y sin esperanza de remedio como no lo pongan, por un acto de independiente heroísmo, las Cortes que, ante todas las cosas y sobre todos los respetos humanos, deben ser y son españolas.  
Fotografía de una reunión masónica a finales del siglo XIX.
Este porvenir, que ya no es porvenir, puesto que nos va envolviendo de cada vez más, y pronto la tempestad nos rodeará por todos lados desencadenada y furiosa, este cercano porvenir es consecuencia legítima de la propaganda sistemática de ideas impías y disolventes consentidas por las leyes que nos rigen: por aquellas leyes que, si no están escritas con la vehemencia del reo que desea la libertad, no para abrazarse con sus hermanos en vínculos de paz y amor, sino para volverse a unir con el crimen en miserable contubernio. Porque ¿cómo pueden estar esas leyes escritas por manos leales al rey si consienten la propagación de las ideas anarquistas? ni ¿cómo por manos humildes y que se cruzan delante de Dios si favorecen y amparan a la masonería, ni por manos que sepan empuñar el acero ante los peligros de la patria si dan carta de seguridad a las ideas parricidas del filibusterismo?
No se nos llame ahora medrosos y soñadores de peligros inverosímiles, que no venimos del campo del miedo los católicos, como un hombre eminentísimo dijo un día a la Revolución setembrina, porque las pruebas de nuestro aserto están en manos de la justicia española.
La Masonería, amparada de las leyes que nos rigen; galardoneada a veces por sus hazañas antisociales con los puestos encumbrados de la política; sentada, quizás en la silla de la Administración filipina, ha preparado en el secreto de sus logias la tremenda insurrección de Cuba, alentada y sostenida por hordas sin religión y sin honor, y que, como tromba formada por el torbellino de las pasiones más ruines, no tienen conciencia de su maldad ni aún para siquiera arrepentirse de sus devastaciones y exterminios; a sus manos traidora y alevosamente mueren los hijos de España en la espesura de la manigua, sin ver la mayor parte de las veces la mano cobarde del asesino: esa sangre española tan vilmente derramada, clama y pide que, por lo menos, sea declarado hijo bastardo de España el solapado atizador y mantenedor de guerra tan inicua. 
Pero no bastaba a los francmasones promover y apoyar la insurrección cubana. Prevaliéndose de sus misteriosas influencias con las que hipócritamente van minando el orden social, han trabajado en Filipinas para arrojar de allí a las órdenes religiosas, raza de sabios y de santos que son la vida sana de aquellas islas, el sostén de su fe y de su adhesión a España y causa del equilibrio milagroso entre indios y europeos; pero impotentes hasta hoy para tamaña empresa, que es como concluir con el espíritu de España en aquel hermoso archipiélago para acabar después con el cuerpo, han pretendido y pretendiendo están, matar el cuerpo con arma filibustera para que vuele el espíritu. Convictos y confesos están los reos de tamaño crimen: encarcelado el Gran Oriente de la Masonería en aquellas islas; perseguido en España Morayta como presunto conspirador contra la madre Patria; porque han sido tan osados los masones y se creen tan impunes, que muchos no niegan su delito; pero aún corren sueltas y sin grilletes las ideas masónicas en España; sueltas y con derecho a la propagación y a la asociación, que vale tanto como decir libres, libérrimas para conspirar contra Dios, contra la Patria y contra el Rey. 
Libertades que permiten la propaganda antipatriótica y antimonárquica de periódicos antes sectarios que españoles, son libertades liberticidas que no tardarán en llenar de luto y de horror a nuestra pobre patria. 
Por tanto, y a fin de cortar en su raíz la causa de tan graves males, los recurrentes, usando de su derecho, 
SUPLICAN A LAS CORTES 
Que declarando con harta, más razón que en ningún otro tiempo quizás, que la Patria está en peligro, acuerdo mirarlo cara a cara con urgencia y conjurarlo decretando al efecto lo siguiente:  
1.° Se declara ideal, facciosa y traidora a la Patria la Asociación de la Masonería, negando el fuero de españoles a cuantos a ella pertenecen, despojándolos en el acto de lodo empleo o cargo público, y haciendo además una ley contra los traidores a la nación. 
2.° Se suspende la acción de las leyes que permiten en cualquier forma la propaganda anti religiosa y antimonárquica que está destruyendo a nuestra España. 
3.° Que nuestros Gobiernos apoyen, protejan y alienten cuanto la defensa del catolicismo exige para evitar los malos que ahora y a deshora ha preparado siempre, y sigue preparando la Masonería, y cuantos con sus fines perversos, antimonárquicos, y antisociales simpatizan.
Granada 27 de Agosto de 1896.
Marqués de Valdeflores.—Juan Creus.—Conde de Antillón.—Antonio Pérez de Herrasti y Antillón.—Marqués de las Torres de Orán.—Luis de Andrada y Pérez de Vargas.—Conde del Prado.—Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti.—Ramón Hernández Santaló.—Pedro Ortega.—Enrique Pérez Sesmero.—Juan de Dios Vico y Bravo.—José Tripaldi.—Luis Morell y Terry.—Abelardo Gonzales Olid.— Ricardo Garnier.— (Siguen las firmas). 
Fuente: El Aralar (9/9/1896)


Nótese la similitud de estas banderas creadas por separatistas
antiespañoles. Todas ellas comparten el triángulo y la estrella
de cinco puntas, símbolos inequívocamente masónicos. 
Como bien afirmaban nuestros paisanos y correligionarios en esta exposición, que fue presentada a las Cortes por D. Juan Vázquez de Mella y aplaudida en el Congreso antimasónico de Trento, no debe haber derecho alguno a las «libertades liberticidas». Y añadimos nosotros que, como escribió el tradicionalista Leandro Herrero en su obra El gobierno carlista: lo que es en teoría y práctica (1873), por encima de los derechos del hombre está el precepto de que «ningún hombre tiene derecho a degradarse».

Bien haríamos en aprender de esta exposición para acabar hoy con el problema del separatismo en la Península, que amenaza con desmembrar totalmente nuestra amada España para regocijo del sectarismo internacional. Pues tenga hoy más o menos influencia la francmasonería en nuestra Patria, su magna obra, el liberalismo, el destructor de la Civilización cristiana, sigue imperando hoy con más fuerza que nunca, y es la verdadera causa del filibusterismo anti-catalán y anti-vasco (por anti-español). Más de un siglo después, el remedio para salvar a España sigue siendo el mismo. No es ciertamente el conservadurismo, como tampoco el chauvinismo chabacano. La verdadera solución no es otra que la restauración de la unidad católica y la tradición católico-monárquica española, ideales que encarna exclusivamente la Comunión Tradicionalista

miércoles, 3 de octubre de 2018

¿Qué es el liberalismo? Definición precisa de Gabino Tejado

Gabino Tejado Rodríguez
(Badajoz, 1819 - Madrid, 1891)

«Véase, sobre todo, la especie de doctrinas y de hechos, de grupos y de hombres, que desde la Revolucion Francesa acá, se designan constante y universalmente con el apellido de liberales; y si no hemos de burlarnos del lenguaje comun y del sentido comun, hallaremos como hecho evidente que el tal apellido tiene plenamente ganado el derecho á ser estimado por la conciencia pública como calificativo de todas las ideas, de todas las instituciones y de todas las personas que desde aquella época funesta vienen volcando todos los fundamentos sociales, y señaladamente la autoridad y la libertad.

Es vano y pueril, cuando no es maligno y pérfido, querer protestar contra este hecho evidente. Las cosas son lo que son, y las palabras lo que significan en el comun lenguaje, y en el órden de cosas á que han sido constante y universalmente aplicadas.

Pues bien, sinceramente estudiado el lenguaje comun, y el órden de cosas á que ha sido constante y universalmente aplicada la palabra liberalismo, no se expresa con ella sino el conjunto de varias especies pertenecientes á un género comun de sistemas, que, con mayor ó menor intensidad, por vias más ó menos directas, se proponen secularizar la vida humana; es decir, apartar de toda norma de derecho divino la actividad de individuos y sociedades, tomando por criterio único y exclusivo de todo acto moral, privado ó público, la mera razon y la mera voluntad del hombre.

Esto es el liberalismo, considerado en su esencia; y esto es lo que, en el lenguaje comun, significa la palabra. Es decir:—en el órden intelectual, soberanía absoluta de la razon humana;—en el órden moral, soberanía absoluta de la voluntad humana; y estas dos soberanías, produciendo:

1.° En el órden religioso,—el racionalismo; es decir, la razon del hombre, erigida en autora única y único criterio legítimo de sus creencias, con sus derivados—el protestantismo, y todas sus innumerables variedades, sólo conformes en negar la autoridad de la Iglesia;—el deismo, que niega á Jesucristo y toda religion positiva;— el ateismo, bajo sus varias formas de materialismo, panteismo, positivismo y sus análogas;—el escepticismo dogmático, y el antes definido eclecticismo, con sus naturales derivaciones, el indiferentismo, el latitudinarismo y el nihilismo.

2.° En el órden político, la Soberanía Nacional, ó la de clases determinadas ó grupos indeterminados, ó la del príncipe, erigida en única fuente de la autoridad social, y único juez y regulador de todas las esferas y de todos los movimientos de la vida pública; es decir, la anarquía democrática, ó la oligarquía parlamentaria, ó el absolutismo monárquico, dictatorial ó cesáreo.

3.° En el órden económico: el predominio exclusivo de los intereses materiales, rigiendo la vida entera de la ciencia, de la literatura, de las artes, del Gobierno, de la administracion pública, y engendrando—ora el Individualismo, que al fin para en ser guerra social por la competencia entre productor y productor, entre la produccion y el consumo, y entre el capital y el trabajo;—ora el Socialismo y el Comunismo, que si llegaran á prevalecer, serian la muerte de toda produccion, causada por el sofocamiento de toda actividad individual.

Esto es el Liberalismo. La raiz comun de todas las sectas en que se divide indefinidamente, es el Naturalismo, ó sea la negacion, más ó menos radical y explícita, del órden sobrenatural; y por consiguiente, la expulsion, más ó menos radical y explícita tambien, de las normas divinas en la vida del individuo y de la sociedad.

Y es así que esta es, digo ahora, ni más ni menos, la nota característica de la Revolucion; luego el Liberalismo no es más ni menos que la Revolucion.

Luego el Liberalismo no es, no, una forma política; no es un sistema que tenga por objeto único establecer condiciones determinadas á las relaciones entre el Soberano y los súbditos; no es la monarquía constitucional, ni el régimen parlamentario, ni la república; no es la autocracia, ni la aristocracia, ni la mesocracia, ni la democracia; mejor dicho, puede ser todo eso, y puede no ser nada de eso. El Liberalismo es, pura y simplemente, la Revolucion.»

Tejado, Gabino: El Catolicismo liberal (1875); pp. 165-167

viernes, 28 de septiembre de 2018

El brigadier carlista granadino Manuel Fernández de Prada, Marqués de las Torres de Orán

Nuestros lectores conocen sobradamente la historia del general carlista granadino Carlos Calderón y Vasco, que da nombre a nuestro círculo tradicionalista y a quien nos preciamos de haber sacado del olvido casi total en que se hallaba. Hoy recuperamos la memoria de otro gran militar granadino de la Santa Causa, que fue el último Jefe de la artillería carlista de Navarra y alcanzó, finalizada la Tercera guerra carlista, el grado de Brigadier.

Como en el caso de Calderón, nuestro biografiado de hoy permanecería leal a Carlos VII hasta el final de sus días. Hablamos de D. Manuel María Fernández de Prada y Pareja, III Marqués de las Torres de Orán (1834-1913).


Manuel Fernández de Prada y Pareja (Granada, 1833-1913),
ilustrísima personalidad granadina: fue teniente coronel,
coronel graduado, caballero de la Orden de Alcántara,
gentilhombre de Cámara, etc.
Fotografía proporcionada por Fernán Altuve-Febres.

Manuel María Fernández de Prada y Pareja nació en Granada y fue bautizado el 24 de julio de 1833 en la parroquia de San Justo y Pastor. Era el cuarto hijo del coronel de Caballería Jose Antonio Fernández de Prada Ruiz Canduela, natural de San Antonio de Larán (Perú), y de Maria Ana Pareja y Villarreal, I Marquesa de las Torres de Orán, natural de Medina-Sidonia.

Tomamos del libro de Reynaldo Brea Príncipe heroico y soldados leales (1912) los siguientes apuntes biográficos:

D. Manuel Fernández de Prada y Pareja nació en Granada el año 1834; á los diez y seis años de edad ingresó como Caballero Cadete del Real Cuerpo de Artillería en el Alcázar de Segovia, ascendió á Subteniente alumno en 1853; terminados los estudios reglamentarios fué promovido á Teniente del Cuerpo en 1855 y destinado al primer Regimiento á pie, de guarnición en Barcelona, en donde al año siguiente recibió el bautismo de fuego en las sangrientas jornadas de los días 19, 20 y 21 de Julio, por las cuales se le concedió el grado de Capitán.

En 1859 marchó á la guerra de África con el segundo Regimiento de Artillería Montada; batióse durante aquella gloriosa campaña en el paso del río Azmir y en las batallas de los Castillejos Guad-el- Jelú, Tetuán y Vad Ras, por las cuales obtuvo el grado de Comandante y la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando.

D. Manuel M.ª Fernández de Prada y Pareja,
Marqués de las Torres de Orán (Granada, 1834-1913),
finalizada la guerra carlista, luciendo la faja de Brigadier.
Regresado á España, ingresó el señor Fernández de Prada en la Religiosa y Militar Orden de Alcántara y en la Real Maestranza de Caballería de Granada; ascendió á Capitán del Cuerpo en 1863; asistió á la batalla de Alcolea, por la que se le concedió el empleo de Comandante, y ganó los grados de Teniente Coronel y de Coronel peleando contra los republicanos de Sevilla, Cádiz y Málaga.

Al proclamarse la República en 1873, solicitó su licencia absoluta el señor Fernández de Prada, quien á principios de 1874 ingresó en el Ejército carlista del Norte con el empleo de Coronel; pero habiendo tenido la desgracia (á poco de entrar en campaña) de que el caballo que montaba le despidiese de la silla, los graves y crueles padecimientos que con motivo de esta caída sufrió por largo tiempo, le impidieron tomar parte en las operaciones militares hasta mediados de 1874, por cuya época tomó el mando de la 2.ª Batería Montada, á cuyo frente distinguióse en las acciones de Oteiza, Biurrun y Monte San Juan, ganando la Placa Roja del Mérito Militar.

En 1875 confirióse al Coronel Fernández de Prada el mando de la artillería de la División de Navarra; concurrió á la mayor parte de los hechos de armas que tuvieron lugar en dicha provincia; distinguióse en la línea del Carrascal (cuyo artillado dirigió) en el ataque de Viana, en el cañoneo de Pamplona, en la acción de Santa Bárbara de Mañeru (á fines de Enero de 1876) y en la retirada de Estella, emigrando, al fin, á Francia al concluirse la guerra, figurando entre los jefes que acompañaron hasta el último instante de la campaña á Don Carlos, cuyo augusto señor, poco antes de repasar la frontera, premió sus leales y distinguidos servicios con la faja de Brigadier.

En 1893 se expidió Real Carta de sucesión en el título de Marqués de las Torres de Orán á favor del Brigadier carlista D. Manuel Fernández de Prada, quien fué nombrado, hace ya muchos años, Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Granada.

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Hasta aquí la biografía redactada por el Barón de Artagan (Reynaldo de Brea). Según el peruano Fernán Altuve-Febres en su artículo Los Lores, Arróspide y Bryce del Perú y su parentesco con los Marqueses de las Torres de Orán, nuestro personaje marchó después de la guerra carlista al Perú y residió en la Hacienda de Larán, que pertenecía a su familia, donde en 1879 vería como unos negros amotinados de las fincas vecinas acababan a hachazos y machetazos con la vida de su hermano Antonio, quien había liberado a sus esclavos 24 años antes y era considerado como un patriarca por sus trabajadores negros, a quienes quería con idolatría. De Manuel diría el peruano Juan de Arona: 

Manuel [Fernández de] Prada, poco menos que transeúnte en la hacienda, fue dejado por muerto con tremendo machetazo en la frente que le infirió la torpe negrada. A este caballero lo había conocido, siendo yo muy niño en Granada, en España, en momentos de partir para la guerra de Africa.​

De acuerdo con Altuve-Febres, tras recuperarse de este infeliz suceso, Manuel Fernández de Prada llegó incluso a tomar nuevamente las armas y ayudó en la resistencia contra la invasión chilena durante la Guerra del Pacífico (1879-1884). Altuve-Febres afirma en su artículo que nuestro biografiado murió en el exilio en 1893. Esto último sabemos que no es cierto, pues nos consta que falleció en Granada en 1913, como podrá dar fe el cementerio de San José de nuestra ciudad, donde está enterrado.

De nuevo en España, en 1893 se le expidió Real Carta de sucesión en el título de Marqués de las Torres de Orán, que heredó de su hermano Antonio, asesinado en el Perú. Asimismo, fue nombrado Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Granada. Ese mismo año lideró en nuestra ciudad el movimiento electoral católico, tal como se menciona en la crónica del cuarto Congreso católico español.

El Marqués de las Torres de Orán falleció en Granada el 9 de agosto de 1913, según figura en la necrología que le dedicó el diario El Correo Español. Hasta el final de su vida mantuvo sus ideales tradicionalistas, y era suscriptor del dicho diario, órgano de la Comunión Tradicionalista.

Sepultura de Manuel María Fernández de Prada y Pareja en el
cementerio San José de Granada (panteón 21 del patio de la Ermita).

Casó con su sobrina Mariana Vasco y Fernández de Prada y fue padre de don Manuel Maria Fernandez de Prada y Vasco, maestrante de Granada y IV Marqués de las Torres de Orán.

Al estallar la Cruzada de Liberación en el verano de 1936, Manuel María Fernández de Prada y Vasco y tres de los siete hijos de éste, Antonio Jesús, José María (ambos abogados) y el menor, Francisco de Asís, que se encontraban en Madrid, fueron aprestados por los rojos por su sola filiación tradicionalista, siendo acusados de pertenecer al Requeté de la capital. El 19 de agosto de 1936, los detenidos, el padre y sus tres hijos murieron gloriosamente por Dios y por España, asesinados por las hordas revolucionarias.

Esta familia de tres generaciones de carlistas que lo dieron todo por la Santa Causa, sin apenas haber recibido reconocimiento por ello, merece nuestras oraciones y nuestro recuerdo.

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