Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY
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jueves, 30 de mayo de 2019

Novena al Rey San Fernando

Secundando el llamamiento de nuestros correligionarios de Galicia, en Granada varios tradicionalistas hemos rezado las oraciones de la preciosa Novena al Rey San Fernando del Padre Fray Diego José de Cádiz (impresa en Sevilla en 1796), y lo hemos hecho ante una imagen suya que se encuentra en una capilla lateral de la iglesia de San Ildefonso.


Tras las consideraciones y puntos de cada día de la Novena, hemos dicho las siguientes oraciones para todos los días:

Amabilísimo, poderosísimo y benignísimo Criador mío; mi Dios en quien creo, mi Padre a quien amo, y mi Señor en quien espero; Vos sois nuestro único bien, nuestra vida verdadera, y nuestra eterna felicidad; la virtud de los justos, la justicia de los santos, y la santidad de los escogidos; la perseverancia de los buenos, la bienaventuranza de los que perseveran, y la corona de los bienaventurados. Yo humilde criatura vuestra formado a vuestra imagen y semejanza, os adoro en espíritu y verdad, os alabo con toda la verdad de mi corazón, y os doy gracias por los innumerables beneficios que os habéis dignado hacerme; y os suplico por los méritos infinitos de vuestro Unigénito mi Redentor, y por los de vuestro amado Siervo San Fernando, que pues lo hicisteis Rey de España, y lo dotasteis del espíritu de la prudiencia, y del celo militar y religioso, que a los Santos Josué, Matatías, y sus hijos los macabeos, para que pelease vuestras batallas contra los enemigos de vuestro augusto Nombre, como aquellos lo hicieron, me concedáis la imitación de sus virtudes, y el hacerme digno con ellas de su protección, y de vuestra misericordia en la vida y en la muerte, para cantarlas después eternamente en el Cielo. Amén. 

Seguida a esta se dirá la siguiente 

ORACION. 

Fidelísimo, piísimo, y catolicísimo Rey San Fernando, ilustre macabeo de la Ley de gracia, fortísimo debelador del Imperio Mahometano: Invictísimo conquistador de los Reinos Católicos, Columna de la Fe, perseguidor de sus enemigos, y exterminador de los herejes: gloria, honor, y felicidad de nuestra España, protector de sus Monarcas, defensor de sus dominios, y conservador de su Religión y de su Fe. Por la altísima perfección con que ejercitasteis esta virtud, y por el espíritu y fervor con que la defendisteis conforme a la voluntad de Dios, y a vuestra grande obligación, os suplico que le pidáis nos conceda la conservación de la Santa Fe en este Reino; que en ella imite yo vuestros ejemplos, que me conceda su Majestad lo que por vuestra intercesión le pido en esta Novena, si fuere de su divino agrado; y que después de una muerte santa le goce para siempre en la eterna bienaventuranza. Amén.

Ahora se rezarán tres Padre nuestros y Ave Marías gloriados en honor de la Santísima Trinidad, pidiendo por la intercesión de San Femando el remedio de las necesidades de la Santa Iglesia de nuestro Católico Reino, de este este Pueblo, y cada uno por el de las suyas propias, y se hará por este orden. 

COPLAS. 

   Fernando, pues vuestra espada
Hizo a la España feliz:
Haz, que en ella la raíz
Del error no tenga entrada.
   Padre nuestro, &c. 

   Venciste los enemigos
De Dios, y de tu Reinado:
Haz, que muertos al pecado,
De Dios vivamos amigos.
   Padre nuestro, &c. 

   Os confió el Rey del Cielo
La defensa de su honor:
Consigue a todos su amor,
Y el imitar vuestro celo.
   Padre nuestro, &c. 

   Toda España con fe pía
Os implora en su aflicción:
No niegues tu protección
A quien en ella confia,

V. Ruega por nosotros, Fenando bendito y Santo,
R. Para que de Cristo Jesus las promesas consigamos.

PARA TODOS LOS DÍAS 

ORACION.

Inmortal Rey de los siglos, clementísimo Jesús, Salvador, Redentor y Abogado mío: Cabeza de las Potestades, y de los Principados del Cielo; Rey de los Reyes, Señor de los Señores, y Dueño absoluto de todo cuanto tiene ser sobre la tierra; Dominador del universo: Justicia, Santificación, y Redención de los hombres; Santo de los Santos, y Santísimo Santificador de los escogidos, entre los cuales habéis condecorado a vuestro Siervo San Fernando con las sublimes virtudes, prerrogativas, y excelencias que a los Santos Reyes David, Josías y Ezequías, reuniendo en él los dones, y las gracias de los demás caudillos Santos de vuestro antiguo escogido Pueblo, y lo hallasteis tan a medida de vuestro corazón, que cumplió en todo vuestra santísima voluntad, y llenó enteramente vuestros Soberanos designios: yo os ruego humildemente, que por su intercesión y sus méritos conservéis siempre la Religión y la Piedad en este Reino Católico, preservándolo de la impiedad y del error; que prosperéis a nuestros Católicos Monarcas, con su Real Familia, y valeroso ejército; y que a imitación del mismo Santo vivamos en santidad y justicia todos los días de nuestra vida, para que después consigamos el veros y gozaros para siempre en el Reino de la gloria. Amén.

Conclúyase con una Salve a María Santísima nuestra Señora en sufragio de las Benditas Ánimas del Purgatorio, consuelo de los agonizantes, y para que nos asista a todos en la hora de la muerte.

lunes, 20 de mayo de 2019

Crítica del artículo de Javier Ugarte “Fal Conde: Carlismo y modernismo”

Nuestro colaborador extranjero Arvo Jokela nos ha enviado la siguiente crítica de un artículo del profesor Javier Ugarte Tellería sobre Fal Conde y su supuesta relación con el modernismo artístico. En esta ocasión, su aportación a nuestro cuaderno de bitácora, escrita en inglés, ha podido ser traducida al español con el objetivo de ampliar el número de lectores.

Los administradores de Reino de Granada nos vemos en la necesidad de señalar que, aunque coincidimos en buena medida con la crítica, no necesariamente compartimos todas las afirmaciones vertidas en la misma. En la parte inferior de esta entrada publicamos también la versión original en inglés.

Manuel Fal Conde (1894-1975),
Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista
entre 1935 y 1955. 

Javier Ugarte Tellería, “Fal Conde: Carlismo y modernismo”, en la Revista Universitaria de Historia Militar 7/13 (2018), pp. 482-513

Le presentamos a Herr Fal Conde, el modernista antimoderno.

¿Sabía usted que Manuel Fal Conde era un modernista antimoderno, formado por el espíritu que dio origen al fascismo genérico? No se preocupe, yo tampoco. Ah, que no me entiende... No se preocupe tampoco, intentaré explicárselo.

La historia comienza con un historiador británico llamado Roger Griffin. Según este autor, a finales del siglo XIX había cada vez más jóvenes enajenados por lo que él llama “la modernidad”, es decir, la cultura occidental, que iba perdiendo más y más un sistema de valores homogéneos, convirtiéndose en decadente debido a “la secularización y las fuerzas disolventes de la modernización”. Para estos jóvenes, esta “modernidad” se tradujo simplemente en mezquindad, un aburrido utilitarismo, “el triunfo de lo prosaico en la sociedad burguesa”. Anhelaban un nuevo orden, un tipo diferente de modernización, definido por un espíritu trascendente y una nueva sensación común del propósito vital. A su vez, este sentimiento dio lugar a un nuevo nacionalismo totalitario y, más tarde, al fascismo, que era parte del “modernismo político antimoderno”.

Bien, eso es todo en cuanto a Griffin y otros tipos listos. Y ahora es cuando entra en escena un historiador español, Javier Ugarte Tellería. En una revista bastante especializada, este señor publicó el año pasado un artículo que decía: sí, todo eso es verdad y Manuel Fal Conde también seguía esa misma corriente.

¿Ofrece acaso Ugarte alguna prueba de ello? Oh, sí, unas cuantas. Voy a tratar de enumerarlas. Así que tome asiento, pero se lo advierto: el viaje está lleno de baches. Fal Conde fue un modernista antimoderno porque:

1) tuvo por maestro al Padre Gabino Márquez;
2) frecuentaba los ambientes jesuitas, que eran “extraordinarios agentes de movilización”;
3) en la universidad se relacionó con Sánchez de Castro;
4) estuvo entre los jóvenes formados en teorías apocalípticas y místicas sobre la historia de España, concebidas por autores como Balmes y encauzadas por Menéndez Pelayo;
5) su mentor político era Manuel Senante, que predicaba el derrocamiento de la República;
6) editó “El Observador”, folleto en el que llamó a la defensa de la Religión y de la Patria;
7) formó parte de una élite de jóvenes católicos profesionalmente modernos;
8) despreciaba la política parlamentaria y era intransigente;
9) era seguidor de Vázquez de Mella y Víctor Pradera;
10) en su vía insurreccional organizó el acto del Quintillo;
11) era una figura carismática;
12) tiene aspecto vehemente en las fotos;
13) se rebeló contra su época;
14) formó el Requeté, una milicia muy al estilo genérico fascista;
15) representó una de las corrientes teóricas que finalmente convergieron y desembocaron en el franquismo.

¿Está claro? ¿Alguna pregunta?

Leches, hace mucho tiempo que no leía tantas tonterías juntas sobre el carlismo.
La nueva Covadonga insurgente (1998)

Ugarte Tellería no aspira a un doctorado de posgrado, pero su estilo se parece mucho a la estrategia de los doctorandos de abrumar con detalles y tecnicismos. Su obra más importante, para gloria de la historiografía, es La nueva Covadonga insurgente, un estudio sobre los orígenes del alzamiento antirrepublicano en la región vasco-navarra en 1936. Uno de los críticos de este libro alabó a Ugarte por su “estilo original” y “facilidad de escritura”, y otro elogió su “poderoso marco comparativo”. El libro realmente es divertido de leer, aunque quizá, en lugar de “original”, el calificativo debería ser “extravagante”. Combina el estudio antropológico, el ensayo cultural, el relato familiar, el análisis en teoría política comparada, la arrogancia de la erudición propia y la mera especulación. No obstante, tras leer algunos centenares de páginas, empecé a desear que Ugarte tuviese un poco menos de “facilidad de escritura” y algo menos de “poderoso marco comparativo”. Su problema principal es que no consigue resistir la tentación de explorar todas y cada una de las asociaciones que le vienen a la mente, de manera que el lector se ve obligado a seguir todas las correlaciones, relaciones, emparejamientos o vínculos que Ugarte pueda imaginar, y puesto que, según parece, pasó algún tiempo en Alemania con una beca, la mayoría de estas asociaciones van en esa dirección. Sin embargo, lo que era una molestia menor y quizás divertida en su Covadonga, se convierte en el rasgo principal de su artículo sobre Fal Conde.

¿Sabía que Fal Conde tenía cosas en común con Paul Althaus, Karl-Otto Apel, Hannah Arent, Peter L. Berger, Karl-Dietrich Bracher, Martin Broszat, Ernst Cassirer, Engelbert Dollfuss, Johann Droysen, Hans-Georg Gadamer, Jurgen Habermas, Martin Heidegger, August Andreas Hillgruber, Adolf Hitler, Emanuel Hirsch, Clemens Maria Hofbauer, Karl Jaspers, Ernst Kantorowicz, Gerhard Kittel, Siegfried Kracauer, Frank-Lothar Krol, August Lehmkuhl, Karl Lueger, Niklas Luhmann, Hermann Lübbe, Theodor Mommsen, Ernst Nolte, Friedrich Nietzsche, Hieronymus Noldin, Joachim Ritter, Friedrich Schlegel, Carl Schmitt, Paul Schultze-Naumburg, Georg Simmel, Albert Speer, Eric Voegelin y Max Weber? Yo tampoco, incluso habiendo leído el artículo de Ugarte, en el que se enumera a todos ellos (por no mencionar unos veinte otros nombres en las notas a pie de página). Ninguno de ellos escribió jamás una sola frase sobre Fal Conde, ninguno de ellos conoció a Fal Conde y probablemente ninguno de ellos oyera hablar de Fal Conde, sin embargo, se alude a ellos en el texto para demostrar que Fal era un tradicionalista modernista antimoderno. Solo porque Ugarte ofrece un “poderoso marco comparativo”. Quizá sea esta también la razón por la que en las ocho primeras páginas del artículo de 31 páginas no habla en absoluto de Fal Conde. ¿Sería tan amable de darnos marcos comparativos un poco menos poderosos la próxima vez?
Estética del modernismo
nacionalsocialista alemán

Al revisar la lista de argumentos que se supone respaldan la teoría del modernismo antimoderno de Fal, no podemos dejar de hacernos preguntas sobre las audaces asociaciones que ofrece Ugarte. ¿Qué diantres tenían que ver Gabino Márquez, Sánchez de Castro, Menéndez Pelayo o Senante, tradicionalistas carcas que miraban al siglo XVI como la edad de oro, con el modernismo (ya sea antimoderno, promoderno o lo que sea, y mucho menos con el “fascismo genérico”)? Habrá que imaginárselo. ¿Que para ellos la política “era la prolongación de la religión”? Caramba, el integrismo en su mejor momento, la reacción contra el liberalismo decimonónico, contra la restauración alfonsina, contra el pidalismo, contra el vacilante Carlos VII. Esa doctrina, considerada anticuada y paleo-reaccionaria ya en la época de la escisión nocedalista en 1888, afirmaba que la política y la religión eran una sola pieza; sin embargo, Ugarte no menciona a los líderes integristas Nocedal y Olazábal ni una sola vez, y menciona la palabra “integrismo” tan solo dos veces y solamente de pasada. ¿Que los jesuitas fueron los tutores de Fal? Pues bien, desde principios del siglo XX muchos de ellos fueron el blanco de la virulenta propaganda integrista. En realidad, podrían haber estar vinculados a la ACNP y al Opus Dei, pero eso no los convertía en aliados, sino en enemigos del tradicionalismo, ya que la orden quedó mancillada por el malminorismo, el accidentalismo y, en general, la idea demócrata-cristiana de la política. ¿Vázquez de Mella y Víctor Pradera los mentores políticos de Fal? De ninguna manera. Tanto Mella como Pradera fueron partidarios de una estrategia de grandes pactos de derechas, el primero en la década de 1910 y el segundo en la década de 1930, y ambos estaban dispuestos a negociar. No así Fal Conde que, firme e intransigente, alejó a la Comunión Tradicionalista de cualquier compromiso político. Él no era su “fiel seguidor”, sino realmente todo lo contrario. Mientras Pradera intentaba montar una gran alianza monárquica, fue Fal quien deshizo esos planes en 1934/1935. Si Fal colocó a Pradera a la cabeza del Consejo de Cultura y lo citó en una carta a Franco, lo hizo simplemente por razones tácticas (parece ser que al propio Franco le impresionó el Estado Nuevo).

Ugarte no ofrece un solo dato nuevo sobre Fal y todo lo que dice de él es ya conocido; no hay nada que haya descubierto él mismo. Causa desazón, ya que hay algunos huecos en lo que sabemos de la vida de Fal. No conocemos casi nada acerca de su posición política durante la Dictadura de Primo de Rivera, ¿estuvo en la Unión Patriótica? ¿En el Somatén? ¿En cualquier otro organismo? No, Ugarte no se molesta en indagarlo. ¿Cuándo se afilió Fal al integrismo? En 1930 ya era el dirigente de este partido en Sevilla, lo que apunta a alguna vinculación anterior, pero en lugar de investigar el tema, Ugarte prefiere fantasear con los filósofos alemanes. ¿Cuál fue realmente el papel de Fal Conde en la Sanjurjada? ¿Participó en una conspiración previa a estos sucesos, ocupó algún cargo organizativo en Sevilla durante el golpe? A Ugarte no le importa, se complace en comparar la Sanjurjada con el Putsch de la Cervecería de Hitler, que está claro que es más fácil y más divertido. Para empeorar más las cosas, Ugarte nos sale con ciertos hechos biográficos que generan confusión: que su padre era un tal “Juan Fal” (y no, como se creía anteriormente, Domingo Fal Sánchez); que en 1930 Fal se unió a una “Comunión Integrista-Tradicionalista” y que esta agrupación era una amalgama conjunta jaimista-integrista de “savia nueva” (no fue así, pues la fusión de los integristas con los jaimistas llegaría 2 años después). Peor aún, aunque la bibliografía existente sobre Fal es escasa, Ugarte no parece conocer estas pocas obras publicadas; su fuente de datos principal parece ser el folleto de Poole y Valdés de 1935, y no sabe nada del trabajo de Marín y Burgueño de 1975. Es posible que ni siquiera sea consciente de que sus especulaciones sobre la supuesta modernidad tradicionalista ni siquiera son originales; ya en 2012 Caspistegui redactó un artículo titulado “Paradójicos reaccionarios” y se centró en la modernidad carlista enfrentada a la República, aunque no de manera tan obsesiva como el artículo de Ugarte y tratando más bien de la organización y los aspectos técnicos, si bien en algunos párrafos también especuló sobre los vínculos percibidos entre el carlismo de los años 30 y el espíritu modernizador de la época. En tal caso, supongo que sería demasiado esperar que Ugarte reconociese asimismo anteriores trabajos que plantean el carlismo como el partido español más moderno, como los referidos al Marqués de Cerralbo por Jordi Canal (2006) o Fernández Escudero (2012).

Aparte de los vacíos fácticos que a Ugarte no le interesa explorar, hay otras cuestiones relacionadas con Fal Conde que suplican una investigación y que Ugarte ha ignorado por completo. Para mí, la clave es la opinión de Fal sobre, ejem, el carlismo. ¿Cómo es que llegando con su herencia integrista, tibia respecto a los asuntos monárquicos y dinásticos, fue tan firme e intransigente, si no sectario, al forjar la estrategia de alianzas de la Comunión entre 1934 y 1936? ¿Cómo es que Fal, y para el caso, también otros antiguos integristas, se convirtieron en la columna vertebral del javierismo, y en los tiempos de caos y fragmentación de las décadas de 1940 y 1950 fueron, por así decirlo, la mayoría de los carlistas militantes? ¿Qué estaba en la mente de Fal cuando se opuso a la petición de Don Javier de asumir el título de rey y por qué, de repente, cambió de opinión a principios de la década de 1950? ¿Por qué se mantuvo firmemente con Don Javier en los años 60 y 70, a pesar de que los Borbón-Parma ya parecían claramente distanciados de la ortodoxia tradicionalista? Cualquier intento de biografía política de Fal Conde debe abordar estos temas como cuestiones fundamentales, condición sine que non para entender al hombre y al político. Sin embargo, Ugarte ha preferido seguir su inclinación por la especulación, el “marco comparativo” y las argucias eruditas y desorganizadas.

Ugarte ha concebido su artículo como un análisis de los fenómenos culturales y sociales de masas, pero su razonamiento también fracasa aquí estrepitosamente. Sí, probablemente haya que convenir que las condiciones locales y familiares están sobrevaloradas en lo que respecta al atractivo del carlismo, y sí, la pregunta de por qué en la década de 1930 Andalucía, de repente, presenció un renacimiento tan imponente del carlismo, es realmente fascinante. Ugarte lo notó, y tiene la respuesta: fue “un modo de rebeldía y contestación” con el propósito de “épater le bourgeois”, el estado de ánimo personificado por Jean des Esseintes en la novela de Huysman “A rebours”. ¿Entendido? Sí, según Ugarte, en el Quintillo de 1934 había 650 Jeans de Esseintes que anhelaban la perfección estética, disgustados con el utilitarismo mezquino, atrapados en el misticismo, educados por jesuitas y con un lavado de cerebro de los profesores de la Hispalense. Realmente me ha sorprendido que Ugarte, que presenta el Quintillo como una “nueva forma de concebir la política”, no haya logrado poner los puntos sobre las íes y escribir que el Quintillo era como los desfiles de Núremberg, con antorchas encendidas, incontables pancartas y toda la liturgia del estilo nazi. Al parecer, ya tenía bastante con comparar la Sanjurjada con el Putsch de la Cervecería y las concentraciones de requetés con Hitler volando en un Ju-52 en su campaña electoral. Sin embargo, no se priva de comparar el estilo público de Fal con el de Mussolini. Nunca he visto un vídeo de Fal Conde pronunciando un discurso, pero todos los relatos disponibles presentan la figura de un orador equilibrado, más bien alegre, lógico, firme, pero de tono suave y sereno. No me parece que la reserva sobre la ausencia de “histrionismos” sea suficiente como para justificar la comparación con un bufón, un estrafalario comediante como Mussolini.

Sería preciso un nuevo artículo para enumerar todas las afirmaciones de Ugarte que podrían no ser pura basura, pero que caen simplemente en la categoría de lo “discutible”, aunque se presenten como hechos probados. De hecho, algunos autores afirman que Herrera Oria o José María Gil Robles eran tradicionalistas, pero también hay pruebas suficientes para ponerlo en duda. Rafael Gambra siguió a Víctor Pradera en la línea de los grandes teóricos tradicionalistas, pero eso parece insuficiente para justificar la afirmación de que era “el discípulo de Pradera”; su maestro era claramente Vázquez de Mella. Pero, según Ugarte, Mella y Pradera son una especie de gemelos ideológicos. No debe conocer o se niega a reconocer que Mella consideraba a Pradera un traidor que abandonó la idea de gran alianza ultraderechista en favor de una coalición minimalista, del más bajo común denominador. Por cierto que calificar a Pradera como un firme partidario de la vía insurreccional no coincide con su aparente afición por los pactos entre bambalinas y coaliciones de partidos. Luego, Ugarte atribuye a Fal Conde un gran cálculo realista al referirse a su estrategia contra la República, y es verdad que las excelentes aptitudes de Fal en términos de organización parecen confirmar esta opinión. Sin embargo, uno no puede dejar de preguntarse cómo podría haber sobrevivido a la comprobación de la realidad más elemental el utópico plan de alzamiento solo con carlistas ideado por Fal en la primavera de 1936, y cómo es posible que un político razonable llegase a creer que en la tremendamente movilizada sociedad española de mediados de los años 30, unos cinco mil requetés podían llevar a cabo con éxito un golpe de Estado. Y, por cierto, el Requeté tenía poco que ver con otros tipos de formaciones paramilitares urbanas que proliferaban rápidamente en Europa, puesto que era predominantemente una organización rural.

Ugarte ha dicho que su artículo es solo un primer esbozo de la biografía. La idea de que vaya a escribir una monografía de tamaño completo me hace temblar. Cruzo los dedos para que renuncie a esa idea. De lo contrario, en algún momento nos toparemos con otra enciclopedia de filosofía alemana y teoría política salpicada aquí y allí de asociaciones más o menos absurdas con Fal Conde. El artículo de marras demuestra su amplia cobertura, supuestamente para demostrar la teoría sobre el modernismo antimoderno de Fal; ¡Gabino Márquez especializado en filosofía alemana! ¡Las diatribas de Senante oponiéndose al Estado tiránico correspondían al Kulturpessimismus alemán! ¡“El Observador” se parecía mucho al “magma cultural católico” en Baviera! ¡Las élites católicas españolas profesionalmente modernas produjeron un clima comparable al del ambiente völkisch de Múnich! ¡Las teorías de Víctor Pradera evocan el concepto de Belagerungszustand de Carl Schmidt! ¡La organización perfecta del Quintillo fue como la de Hitler haciendo uso de la tecnología al volar en un Ju-52 durante su campaña electoral! ¡Rebelarse contra el espíritu predominante de la época se encuentra en el marco del fascismo genérico! ¡Ser carismático apostando por el espíritu de los símbolos y mitos, como señaló Casirrer! ¡El Requeté era una milicia urbana muy al estilo del fascismo genérico! El tradicionalismo español finalmente convergió y produjo el franquismo, como en el caso de los pensadores católicos alemanes Kittel, Althaus y Hirsch, ¡que acabaron apoyando el nazismo!

Admito que me incomoda algo el lenguaje agresivo y virulento que estoy empleando, sin duda muy distinto del de las revisiones académicas. Pero aún así pienso que es procedente. Una revisión historiográfica al uso haría honor al artículo de Ugarte y le permitiría salirse con la suya con su palabrería científica. En realidad, lo que ha hecho y lo que supuestamente pretende continuar es la desfiguración del arte historiográfico. Al no ofrecer ninguna información objetiva nueva, lo que hace Ugarte es anegarnos con innumerables asociaciones no verificables y sueltas que sirven a su aparente gusto por mostrar lo erudito que es. Me doy cuenta de que la Revista Universitaria de Historia Militar es un periódico especializado capaz de aceptar artículos que nada tienen que ver con la “historia militar” y con un abstract en inglés que es un desastre lingüístico que hay que tratar de imaginarse para entenderlo. Pero cuando Ugarte haya terminado la gran biografía de Fal Conde que planea, probablemente todos estemos condenados a imaginarnos qué otra cosa más absurda será capaz de producir la historiografía española sobre el carlismo.


Arvo Jokela


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Javier Ugarte Tellería, “Fal Conde: Carlismo y modernismo”, [in:] “Revista Universitaria de Historia Militar” 7/13 (2018), pp. 482-513

Meet herr Fal Conde, der anti-modern Modernist 

Did you know that Manuel Fal Conde was an anti-modern modernist, formatted by the spirit which gave rise to generic fascism? Do not worry, neither did I. Ah, you do not understand… Do not worry either, will try to explain.

The story begins with a British historian named Roger Griffin. According to him, in the late 19th century there were more and more young people alienated by what he names “modernity”, i.e. Western culture increasingly deprived of a homogeneous value system, the culture decadent due to “secularizing and disembedding forces of modernization”. For these young people, this “modernity” translated simply into pettiness, dull utilitarianism, “triunfo de lo prosaico en la sociedad burguesa”. They were longing for a new order, a different type of modernization, the one defined by a transcendent spirit and a new common sense of purpose. In turn, this sentiment gave rise to new totalitarian nationalism and later, to fascism, which was part of “anti-modern political modernism”.

Well, this is all Griffin and few others smart fellows. And now comes a Spanish historian, Javier Ugarte Tellería; in a rather niche periodical he published an article which says: yes, this is all true, and Manuel Fal Conde was riding the same wave.

Does Ugarte offer any proof? Oh yes, quite a lot. I will try to list them. So, take a seat and be warned, the ride will be bumpy. Fal Conde was an anti-modern modernist because: 1) his juvenile master was Gabino Márquez; 2) he frequented the Jesuits, who were “extraordinary agents of mobilization”; 3) at the university he listened to Sánchez de Castro; 4) he was among the youth educated on apocalyptic and mystical theories on Spanish history, produced by the likes of Balmes and channelled by Menéndez Pelayo; 5) his political mentor was Senante, who preached toppling the republic; 6) he edited “El Observador”, where he called for defence of religion and fatherland; 7) he formed part of the young professionally modern Catholic elites; 8) he dismissed parliamentary politics and was intransigent; 9) he was the follower of Vazquéz de Mella and Pradera; 10) on his insurrectional path he organized Quintillo; 11) he was a charismatic figure; 12) he looks dominant on photos; 13) he rebelled against his era; 14) he built requeté, amilitiavery much in generic fascist style; 15) he represented one of the theoretical flows which ultimately converged and produced Francoism.

Clear? Any questions?

Gosh, it is long time since I have read so much nonsense on Carlism in one go.

Ugarte Tellería is not a postgraduate doctorate hopeful, yet his style very much resembles their trademark strategy of blinding with science. His major title to historiographic glory is La nueva Covadonga insurgente, astudy on roots of anti-republican rising in the vasco-navarrese area in 1936. One of the reviewers of this book applauded Ugarte for “original style” and “ease of writing”; another one praised his “powerful comparative framework”. The volume is indeed fun to read, though perhaps instead of “original” it should rather be named “extravagant”; it combines anthropologic study, cultural essay, family tale, analysis in comparative political theory, swaggeringof own erudition and pure speculation. However, after few hundred pages of reading I have started to wish that Ugarte had slightly less “ease of writing” and slightly less “powerful comparative background”. His key problem is that he cannot resist the temptation to explore every association which appears in his mind; the result is that the reader has to follow every correlation, relation, pairing or linkage Ugarte can think of, and because he apparently spent some time on a grant in Germany, most of these associations go in this direction. However, what was a minor and perhaps amusing nuisance in Covadongabecomes the key feature of his article on Fal Conde.

Do you know what Fal Conde had in common with Paul Althaus, Karl-Otto Apel, Hannah Arent, Peter L. Berger, Karl-Dietrich Bracher, Martin Broszat, Ernst Cassirer, Engelbert Dollfuss, Johann Droysen, Hans-Georg Gadamer, Jurgen Habermas, Martin Heidegger, August Andreas Hillgruber, Adolf Hitler, Emanuel Hirsch, Clemens Maria Hofbauer, Karl Jaspers, Ernst Kantorowicz, Gerhard Kittel, Siegfried Kracauer, Frank-Lothar Krol, August Lehmkuhl, Karl Lueger, Niklas Luhmann, Hermann Lübbe, Theodor Mommsen, Ernst Nolte, Friedrich Nietzsche, Hieronymus Noldin, Joachim Ritter, Friedrich Schlegel, Carl Schmitt, Paul Schultze-Naumburg, Georg Simmel, Albert Speer, Eric Voegelin and Max Weber? Neither do I, even having read the Ugarte article, where they are all listed in the text (not to mention further 20 or so names in footnotes). None of them has ever written a single sentence about Fal Conde, none of them has ever met Fal Conde and probably none of them has ever heard about Fal Conde, yet they are referred in the text to prove that he was a modern anti-modernist Traditionalist. Just because Ugarte offers a “powerful comparative background”. Perhaps this is also the reason why on the first 8 pages of the 31-page article he does not elaborate on Fal Conde at all. Could I please ask for somewhat less powerful comparative background next time?

Reviewing the list of arguments supposed to back the theory of Fal’s anti-modern modernism one cannot stop wondering about audacious associations that Ugarte offers. What on earth Gabino Márquez, Sánchez de Castro, Menéndez Pelayo or Senante, die-hard traditionalists who pointed to the 16th century as to the golden era, had to do with modernism (be it anti-modern, pro-modern or whatever, let alone with “generic fascism”)?One can only guess. That to them “politics was extension of religion”? Gosh, this is Integrism at its best, the reaction against 19th-century Liberalism, against Alfonsist restauration, against Pidalismo, against vacillating Carlos VII. Considered antiquated and paleo-reactionary already at the Integrist breakup in 1888, the doctrine claimed that politics and religion were one and integral piece; however, Ugarte does not mention Integrist leaders Nocedal and Olazábal a single time, and actually he names Integrism only twice and only in passing. Jesuits as Fal’s tutors? Well, since the early 20th century they became the target of virulent Integrist propaganda; they indeed might be linked to ACNP and Opus Dei, but this renders them not the allies but the enemies of Traditionalism, asthe order got tarnished with malmenorismo, accidentalism and in general the Christian-democratic format of politics. Vázquez de Mella and Pradera as political masters of Fal? No way. Both de Mella and Pradera preached grand right-wing alliances, the former in the 1910s and the latter in the 1930s, and both were keen to negotiate. Fal was not; adamant and intransigent, he steered Comunión away from any political compromise. He was not their “fiel seguidor” but in fact exactly the opposite. While Pradera tried to mount a generic monarchist alliance, it was Fal who smashed these plans in 1934-1935. If Fal placed Pradera on top of Concejo de Cultura and quoted him in a letter to Franco it was merely because of tactical reasons (Franco was apparently impressed with Estado Nuevo).

Ugarte does not offer a single new piece of data on Fal and all he refers is known already; there is nothing he found himself. It hurts since there are some gaps in our knowledge about Fal. We know close to nothing about his political stand during primoderiverismo; was he engaged in Unión Patriótica? In Somatén? In any other structures? No, Ugarte does not bother. When Fal got engaged in Integrism? In 1930 he was already the leader of its Seville branch, which suggests some earlier ties, yet instead of inspecting the issue Ugarte prefers to fantasize about German philosophers. What was actually Fal’s involvement in Sanjurjada, did he engage in conspiracy before the coup, did he hold any admin position in Sevilleduring the rebellion? To Ugarte it does not matter, he rather indulges in comparing Sanjurjada to Hitler’s Beer Putsch, which is definitely easier and more fun. To make it worse, Ugarte coins some factual info which seems to confuse: that his father was a certain “Juan Fal” (not, as previously believed, Domingo Fal Sánchez); that in 1930 Fal joined a “Comunión Integrista-Tradicionalista” (while in fact the party name was Partido Tradicionalista Integrista) or that this grouping was a joint Jaimista-Integrista “new-blood-type” amalgam (it was not, the merger with the Jaimistas came 2 years later). Still worse, even though existing literature on Fal is scarce, Ugarte does not seem to know all of these very few pieces published; his key source of data appears to be the 1935 booklet by Poole and Valdés, and he knows nothing about the 1975 work of Marín and Burgueño. Perhaps he is not even aware that his speculations on alleged Traditionalist modernity are by no means innovative; already in 2012 Caspistegui produced a piece titled “Paradójicos reaccionarios” and focused on Carlist modernity pitted against the Republic; though not equally obsessive as Ugarte’s piece and dealing rather with organization and technicalities, in few paragraphs it also speculated about perceived links between Carlism of the 1930s and the modernizing spirit of the era. In this case it is perhaps too much to expect that Ugarte would also acknowledge earlier works on Carlism as the most modern Spanish party, produced with reference to Cerralbo by Canal (2006) or Fernández Escudero (2012).

Apart from factual gaps which Ugarte is not interested to explore, there are other issues related to Fal which beg investigation and which Ugarte ignored altogether. To me, the key one is Fal’s view on, well, Carlism. How come that arriving with the Integrist heritage – lukewarm about monarchical and dynastic issues – he was so firm, intransigent if not sectarian when forging Comunión’s alliance strategy in 1934-1936? How come that Fal – and for that matter, also other former Integrists – became the backbone of the Javieristas, and in times of chaos and fragmentation of the 1940s and 1950s they were, so to say, most Carlist of all the Carlists? What was in Fal’s mind when he opposed the calls for Don Javier to assume the monarchical title, and why out of the sudden he changed his mind in the early 1950s? Why he stood firmly by Don Javier in the 1960s and 1970s even though the Borbón-Parmas were already clearly at odds with Traditionalist orthodoxy? Any attempt at political biography of Fal must tackle these questions as fundamental, conditio sine que non to understand the man and the politician. However, Ugarte prefers to follows his penchant for speculation, “comparative background” and erudite, disorganized gimmick.

Ugarte formatted his article as an analysis of massive cultural and social phenomena, yet his reasoning fails miserably also here. Yes, probably one has to agree that local and family conditions are overvalued when it comes to the Carlist appeal and yes, the question how come that in the 1930s Andalusia out of the sudden witnessed such an imposing renaissance of Carlism is indeed fascinating. Ugarte noted it, and he has the answer. It was “un modo de rebeldía y contestación” with the purpose to “épater le bourgeois”, the mood epitomized by Jean des Esseintes from the Huysman’s novel “A rebours”. Understand? Yes, according to Ugarte at Quintillo there were 650 Jeans de Esseintes longing for aesthetic perfection, disgusted with petty utilitarism, trapped in mysticism, educated by Jesuits and brainwashed by Hispalense professors. I was actually surprised that Ugarte, who presented Quintillo as “nueva forma de concebir la política”, failed to dot the i’s and cross the t’s by writing that Quintillo was like the Nürnberg parades, with burning torches, countless banners and all the Nazi-style liturgy.He apparently felt satisfied comparing Sanjurjada to Beer Hall Putsch and requeté rallies to Hitler flying Ju-52 on his electoral trail. He does not fail, however, to compare the public style of Fal to this of Mussolini. I have never seen a footage of Fal speaking, yet all accounts available present a figure of a balanced, rather amiable, logical, firm but soft-tone and serene speaker; it does not seem to me that the reservation about missing “histrionismos” is enough to warrant comparison to the buffoon, clownish, extravagant comedian like Mussolini.

It would take a new article to list all Ugarte’s claims which may not be pure rubbish but fall merely into the “debatable” rubric, even though they are presented as proven facts. Indeed some scholars claim that Herrera Oria or José-María Gil Robles were Traditionalists, but there is also enough evidence to doubt it. Rafael Gambra did follow after Pradera in line of great Traditionalist theorists, but this seems insufficient to substantiate the claim that he was “the disciple of Pradera”; his master was clearly de Mella. Then, according to Ugarte, de Mella and Pradera are some sort of ideological twins; he either does not know or refuses to acknowledge that de Mella considered Pradera a traitor, who abandoned the concept of grand ultra-right alliance in favour of a minimalist, lowest-common-denomination coalition. By the way of Pradera, dubbing him a firm supporter of insurrectional path does not match his apparent penchant for back-stage haggling and party coalitions. Then, Ugarte attributes to Fal a great deal of realistic calculation when referring his anti-Republican schemes, and indeed Fal’s excellence in terms of organization seems to confirm this view. However, the Carlist-only rising, planned by Fal in the spring of 1936, makes one wonder how such Ruritanian plans might have survived a simplest reality check and how come any reasonable politician could have believed that in the extremely mobilized Spanish society of the mid-1930s some 5,000 requetés can successfully carry out a coup d’etat. And by the way, requeté had little to do with various types of urban paramilitary formations mushrooming across Europe, as it was predominantly a rural organization.

Ugarte wrote that his article was just a first sketch of the biography, which makes me tremble that he is going to write a full-size monograph. I keep my fingers crossed he abandons the idea. Otherwise in some time we shall get another encyclopaedia of German philosophy and political theory, here and there dotted with more or less nonsensical associations to Fal Conde. The article in question demonstrates their wide range, supposed to prove the point about Fal’s anti-modern modernism; Gabino Márquez specialized in German philosophy! Senante’s diatribes about opposing tyrannical state corresponded to the German Kultur pessimismus!“El Observador” was very much like “magma cultural Católico” in Bavaria! professionally modern Spanish Catholic elites produced the climate comparable to the Völkisch ambience of Munich! theories of Pradera evoke the Belagerungszustandes concept of Carl Schmidt! perfect organization of Quintillo was like Hitler’s taking advantage of technology when he flew Ju-52 during his electoral campaign! rebelling against the predominant spirit of the time was within the framework of generic fascism! being charismatic banked on the spirit of symbols and myths, as pointed out by Casirrer! requeté was urban militia very much in generic fascist style! Spanish Traditionalism ultimately converged and produced Francoism, just like in case of Germany Catholic thinkers Kittel, Althaus and Hirsch, who eventually supported Nazism!

Yes, I am somewhat uneasy about the hawkish and virulent language I am using, definitely far from the language of academic reviews. However, I still think it is appropriate. A usual historiographic review would do the honour to Ugarte’s article and let him get away with his scientific claim. In fact, what he did and what he apparently intends to continue is disfigurement of historiographic craft; having offered no new factual information at all, Ugarte indulges in an inundation of non-verifiable, loose associations serving his apparent predilection for showing off how erudite he is. I realize that Revista Universitaria de Historia Militar is a niche periodical, that they might accept articles which have nothing to do with “historia militar” and that their English abstract is such a linguistic disaster that it takes guessing to understand. However, with Ugarte’s full-scale Fal’s biography finished, we shall be probablyall condemned to guessing how much more absurd the Spanish historiography on Carlism is able to produce.


Arvo Jokela

jueves, 9 de mayo de 2019

Himno a las Banderas de la Tradición

Paso a las Banderas de la Tradición,
las Banderas Reales de nuestra inmortal Nación,
Paso a las Banderas de los Requetés,
las del santo Lema de mi Dios, de mi Patria y Rey.

Santas Banderas bendecidas
por las que damos nuestras vidas.

¡Requetés victoriosos levantad orgullosos
las Banderas de la Madre España,
hasta el sol divino que las baña!
¡Requetés generosos a luchar valerosos!

Floten al viento las Banderas
de nuestra Santa Tradición,
las que llevaron los soldados
de Don Carlos de Borbón,

las de la Cruz y de la Espada,
las de la bella Flor de Lis,
las de los Fueros sacrosantos
de la Patria más viril.

Son las Banderas que nosotros
defenderemos con tesón,
hasta morir en la pelea
por salvar a la Nación.

Bajo su sombra combatiendo
los valerosos Requetés
desterrarán los enemigos
de su Patria y de su Rey.



miércoles, 8 de mayo de 2019

¡Adelante, boinas rojas! (himno tradicionalista)


¡Adelante, boinas rojas!
por la Fe y el ideal.
¡Adelante, boinas rojas!
por una España inmortal.

¡Rojas boinas españolas,
huestes henchidas de ideal
que conservaron ¡ellas solas!
el sentimiento nacional.

Son los caudillos de la Fe,
son sembradores de ilusión
que con la vista puesta en Él
harán triunfar la Tradición.

¡Adelante, boinas rojas!
por la Fe y el ideal.
¡Adelante, boinas rojas!
por una España inmortal.

Siempre en vanguardia en el combate
sereno y noble el corazón
en la bravura de un embate
vibra el espíritu español.

Luchan pletóricas de Fe
luchan vibrantes de ilusión
y con la vista puesta en Él
harán triunfar la tradición.

¡Adelante, boinas rojas!
por la Fe y el ideal.
¡Adelante, boinas rojas!
por una España inmortal.





Letra: M. Casado Rubio
Múscia: Luis Lerate y Antonio Sáenz
(Compuesto durante la Segunda República o la Cruzada de Liberación)

jueves, 2 de mayo de 2019

Al 2 de Mayo. (Romance)

El león español vence y humilla
al águila napoleónica de la Francia liberal.

¡Qué imborrable la memoria
del grandioso 2 de Mayo,
blasón de la antigua España
y afrenta de los tiranos!

Codicia fue del francés
el noble solar hispano,
y ya en su torpe ambición
creyó tener subyugados
a los valerosos hijos
del gran Apóstol Santiago.

¡Pronto pregonó la Historia
la fecha del desengaño!
¡España a los españoles!
El pueblo entero clamando
como una tromba de fuego,
como huracán desatado,
con su fiereza inaudita,
heridos y ensangrentados,
con las garras, cual leones,
y de españoles, con ánimos
acomete al invasor,
y cual gigante acosado
presenta su noble pecho
a la muerte resignado,
sacrificando sus vidas
de la muerte en holocausto.

Loor a vuestra memoria,
mártires del amor patrio,
y ensanchemos nuestros pechos
en el día 2 de Mayo.

MANUEL FRANCO RUIZ

Granada, 27 Abril 1919

La Verdad (Granada, 28 de abril de 1919)

domingo, 10 de marzo de 2019

A los mártires carlistas

Himno a los mártires:

Los carlistas, asombro del mundo,
Como bravos supieron luchar
Por librar a la España querida
Del oprobio y baldón liberal.

Y su sangre, semilla fecunda
De carlistas ha sido y será,
Pues la causa que tiene sus mártires
No se pierde ni extingue jamás.

Sus ejemplos valor nos infunden
Y cual ellos sabremos luchar
En el día tal vez no lejano,
Cuando ruja el furioso huracán.

Si nos hiere una bala traidora,
Nada importa, habrá un mártir más;
Si al cuerpo le cubre la tierra,
Tendrá el alma una gloria inmortal.

Niceto (La Verdad, 10 marzo 1904)




Hoy, 10 de marzo de 2019, los tradicionalistas de toda España —y aún de los países hispánicos de Ultramar— honramos a cuantos nos precedieron en la lucha contra el liberalismo, y muy singularmente a todos los que vertieron su sangre por la Santa Causa de la Religión, la Patria y la Legitimidad.

Entre tantos leales que nos vienen a la cabeza, nos acordamos en esta fecha del periodista Francisco Guerrero Vílchez, veterano de la Tercera Guerra Carlista y director del periódico carlista granadino LA VERDAD (1899-1941) y autor de las siguientes líneas, tomadas del libro Homenaje de la Comunión Carlista á los Mártires de la Tradición y del Derecho (1908), que hacemos nuestras:


A vosotros, mártires de la Tradición, cuyos heroicos hechos se encuentran consignados en la Historia, constituyendo una de sus más brillantes páginas; la Patria, por orden de nuestro Augusto Jefe, os consagra el día de hoy.
Francisco Guerrero Vílchez (Granada, 1854-1941)

Sí, vosotros representáis el genuino y caballeresco carácter español: por eso la Patria viste hoy de luto recordando las proezas de sus héroes y el valor de sus mártires.

¡Hoy es día de luto para la España tradicional!

¡Oremos, pues, por esos valientes; oremos por nuestros hermanos!

¡Nobles compañeros que disteis vuestra generosa sangre en defensa de la más santa de las causas y por la verdadera libertad, descansad en vuestras tumbas!

Vuestra empresa, digna es de soldados de la Religión y del Trono.

La patria agradecida a tan sublime abnegación, os dedica el recuerdo que merecéis.

Vuestra sangre será semilla de nuevos entusiasmos y germen de nuevos campeones.

Cuando nosotros reclutas disponibles de nuestro Rey continuemos la obra que hace años emprendisteis, y con la ayuda de Dios el éxito corone nuestros esfuerzos, vuestra será la victoria.

Al dedicaros El Tradicionalista este Homenaje y recuerdo, creo que experimentará siquiera la satisfacción propia del que hace un bien; pues honrando vuestra memoria se cumple con un deber de hermanos y se honra a los valientes que murieron por Dios, su Patria y el Rey.


 Francisco Guerrero Vílchez        
Director de «La Verdad» (Granada).

lunes, 18 de febrero de 2019

El comunismo también es liberal

Dada la confusión conceptual y terminológica que impera actualmente, hay quienes consideran liberalismo y comunismo extremos opuestos. Nada más lejos de la realidad. Aunque los defensores del libre mercado y de una democracia de partidos con bajos impuestos se hayan autoproclamado en nuestros días representantes exclusivos del liberalismo, la ideología o más bien pseudo-religión liberal nacida en el mal llamado Siglo de las luces, con su racionalismo, su enciclopedismo, sus «derechos del hombre y del ciudadano», su militarismo, su guillotina y su reinado del Terror, puede ser también perfectamente reivindicada como propia por la socialdemocracia y hasta por el comunismo, como veremos seguidamente.

Lo que la Iglesia católica entiende por liberalismo quedó definido por el magisterio pontificio hace más de un siglo. En su encíclica Libertas praestantissimum (1888), el Papa León XIII, siguiendo el ejemplo de sus antecesores y basándose en los doctores de la Iglesia y las Sagradas Escrituras, precisaba la condena a esta doctrina, ya definida —ex cathedra e infaliblemente, en opinión de muchos teólogos— en el famoso Syllabus (1864) de Pío IX. La encíclica leonina no hablaba de una economía de bajos impuestos, ni del tamaño que debía tener la administración pública, si bien este mismo Pontífice abordaría la cuestión social en los posteriores documentos magisteriales Rerum Novarum (1891) y Graves de Communi Re (1901). No condenaba tampoco la democracia como forma de elegir a los gobernantes, pero sí como fundamento del poder, pues el poder no viene del hombre, sino de Dios. Sin embargo, actualmente no existe en ningún lugar del planeta la democracia que aceptaba León XIII como legítima, entendiéndose hoy el término, por contra, como sinónimo de liberalismo con sufragio universal.

Habida cuenta que tanto neoliberales como comunistas coinciden en que el origen del poder no es divino, sino humano, y que ambos se definen como demócratas en el sentido liberal, no es difícil entender que unos y otros son liberales. Y es que además de tener una misma progenie que se remonta al reinado de Robespierre, siguen compartiendo una serie de principios, incluida la hipócrita premisa liberal de «libertad para todos» excepto para quienes ellos mismos consideran «enemigos de la libertad». No en vano, la nota característica de los liberales es que siempre pretenden legislar y gobernar exclusivamente para los suyos, como pone de manifiesto, por ejemplo, la manida expresión «unión de los demócratas», como antaño «unión liberal».

Así se entiende mejor que tantísimos corifeos y adalides del neoconservadurismo liberal en nuestros días hubiesen militado activamente en el comunismo en los años 60 y 70 del siglo pasado, pues realmente jamás cambiaron sustancialmente de principios.

En 1932 el genial redactor «Fabio» del diario tradicionalista El Siglo Futuro explicaba en un artículo esta estrecha vinculación a la que nos referimos y hemos considerado de gran interés reproducirlo a continuación.




GENEALOGIA POLITICA

Libertades y dictaduras

La Constitución del comunismo ruso dispone que los soviets tengan Congreso dos veces al año. No se cumple a la letra; esto de promulgar Constituciones para luego no cumplirlas en lo que tienen de incómodo, es de todos los climas revolucionarios.

El séptimo de los Congresos celebrados por los soviets fue en diciembre de 1919. Allí dijo Lenin:

«Nosotros no hemos prometido jamás que nuestra Constitución garantizaría la libertad y la igualdad en general. En cuanto a la libertad hay que concretar a qué clase y a qué fines está reservada; en cuanto a la igualdad, ¿para quién ha de ser sino par a aquellos que trabajan...? Esto es, y no otra cosa, lo afirmado en la Constitución: la dictadura de los trabajadores y de los campesinos reducidos a la extrema pobreza, para suprimir la burguesía.» 

Hasta aquí Lenin. De este exclusivismo que constriñe la libertad comunista a los comunistas, infieren algunos que el comunismo ruso, que es el que anda por todas partes, nada tiene que ver con el liberalismo, ni es liberal. Dos afirmaciones que analizaremos brevísimamente.

¿Nada tiene que ver el comunismo con el liberalismo?... Se afirma esto inmediatamente después de afirmar que dentro del liberalismo caben todas las ideas y todos los partidos, y todos tienen igualmente expedito el camino para el logro de la mayoría que los encumbre al poder... Y no se advierte que, aunque otras relaciones de más profunda trabazón lógica, inquebrantable, no unieran y compenetraran el comunismo con el liberalismo, ya en eso habría sobrada relación.

Sólo por esa libertad liberal de propaganda, que ya puntualizaremos, el liberalismo es la incubadora universal de todos los errores. En ella cabalmente se incubó el comunismo ruso, como se incubaron todos los comunismos y todos los socialismos y todas las anarquías en todas partes.

Sin salir, pues, de las razones que se alegan par a demostrar que el comunismo nada tiene que ver con el liberalismo, tenemos razones suficientes, apodícticas, de todo lo contrario.

Otro hecho lo confirma. El liberalismo económico con su excesivo individualismo, con su excesiva concurrencia libre, con la intromisión de su Estado en la sociedad doméstica y en toda sociedad independiente de él por su naturaleza, con su centralismo despótico, provoca el colectivismo socialista o comunista, y allana el camino a la absoluta negación de toda sociedad que no sea el Estado o la Confederación, omnipotente, infalible, con todos los atributos de la divinidad, pero de una divinidad sin entrañas y absurda.

Tienen mucho que ver con el liberalismo, cuyo Estado es el Estado socialista en embrión y la Confederación comunista, y la fisiocracia anárquica, el socialismo, el comunismo ruso y todos los comunismos y todas las anarquías. Es el germen de todas, económica y políticamente. Por eso dice Pío XI, hablando del socialismo educador, que «es hijo del liberalismo y padre del bolchevismo».

La segunda afirmación, la de que el comunismo no es liberal, tiene algo de sofística.

Ciertamente la libertad soviética es para los soviets, como dice Lenin... Adviértase que la libertad socialista es para los socialistas, y la libertad republicano-socialista es para los republicanos socialistas. Pero la libertad del liberalismo ¿para quién es?...

Es verdad que cuando el liberalismo empieza en una nación católica es capaz de proclamar hasta la unidad católica en su primera Constitución, aunque a renglón seguido proclame todos los principios negadores y destructores de esa unidad. Es verdad que cuando empieza en una nación católica donde no tiene prosélitos, proclama libertad para todos: derechos iguales para la verdad y el error. Pero aun entonces su himno será el que ahora lo es de la República socialista: «Constitución o muerte».

Esta restricción va ensanchando el campo de su exclusivismo hasta que manifiestamente la libertad liberal no es para la Iglesia, no es para las tradiciones del pueblo, es para la revolución que él se ha encargado de sembrar con sus principios.

La libertad liberal es para el liberalismo, fase primera del derecho nuevo; es para el derecho nuevo con toda su genealogía, de que él es padre.

Tenemos, pues, prácticamente, experimentalmente, históricamente, que si la libertad comunista es para los comunistas, y la libertad republicano-socialista es para los republicanos socialistas, la libertad liberal es para los liberales. En el comunismo, la dictadura comunista; en la República socialista, la dictadura republicano-socialista; en el liberalismo, la dictadura liberal que es la primera de todas estas dictaduras del derecho nuevo.

La naturaleza de esta libertad no puede ser más idéntica en todos. Es una sola libertad con diversas fases y manifestaciones diversas en el curso de su lógica y necesaria evolución.

La mejor definición de esta libertad, que sin duda puede genéricamente llamarse liberal, pues esa es su naturaleza desde que empieza en el liberalismo hasta que acaba en la anarquía, la dan los judíos en sus Protocolos: La libertad, dicen, es el derecho de hacer cada uno lo que quiera conforme a la ley; pero la ley la hacemos nosotros...

¿No es esta la libertad comunista? ¿No es esta la libertad socialista?... Pues esa es la libertad liberal.

Y esta es la legalidad de que con tanto respeto ha de hablarse y a la que dicen que ha y que adherirse en razón de poder constituido; la que dispone eso que llaman mayorías liberales, socialistas, comunistas y anarquistas, sin más razón que la fuerza del número, tan fácil de explotar por la ambición y la audacia.

FABIO

El Siglo Futuro (2 de febrero de 1932)

sábado, 5 de enero de 2019

El mal menor, por Juan Vázquez de Mella



La guerra exclusivamente defensiva lo mismo en las luchas guerreras que en las sociales y en las batallas de doctrinas, no es más que una triste necesidad de los débiles. Y cuando no es así, por fuerte que sea el ejército que limita sus empresas a resistir la violencia, no conseguirá otra cosa que pactar con la muerte, transigir con desventaja con el enemigo y abdicar hasta la esperanza de la victoria.

Con esa estrategia del mal menor se puede hacer el recuento de todas las batallas que se han perdido; pero no es posible empezar la lista con una sola que se haya ganado.

Durante todo el siglo décimo nono, no hay en España una sola década en que no haya perdido algo la fortaleza de la fe: Un día cae una almena, otro se ciega un foso, más tarde se derrumba una torre, después se cuartea un muro, y no está toda en el suelo, porque ha habido los soldados de la tradición que acometieron por fuera al adversario. ¿Y todavía habrá quien defienda semejante estrategia, que no es más que la teoría de la derrota? La sabiduría popular la comenzó en uno de sus gráficos apotegmas: «El que pega primero pega dos veces»; pero los católicos españoles repetimos filosóficamente la súplica del general griego: «Pega, pero escucha». Y la Revolución, que no es en sus distintas formas más que la fuerza impía, pega, pero no escucha; y si escucha es para llamarnos ¡provocadores! —como el lobo de la fábula al cordero que bebía más abajo— y después pega otra vez. Y sin embargo no aprendemos. La ley del escarmiento, que rige para los gatos, no rige para los católicos españoles.

Los que pueden vencer, los que vencerán sin duda, si se lo proponen valerosamente, son los que no acataron las instituciones enemigas, ni entraron en su legalidad, ni se resignaron a la estrategia de la sola defensa, sino que tomaron resueltamente la ofensiva; que a la táctica ofensiva se deben las victorias; que por no saber seguirla los católicos, vamos perdiendo cada día un girón de nuestra bandera y un pedazo de nuestra independencia.

Juan Vázquez de Mella

Fuente: Álbum Histórico del Carlismo: 1833-1933-35, pp. 307-308.


A este fantástico texto de Vázquez de Mella, con el que estamos plenamente de acuerdo, solo añadimos lo siguiente: no nos limitemos a arremeter contra el que meramente defiende (aunque ello pueda ser en algún momento necesario), sino lideremos, a campo abierto, el ataque al enemigo, ganando de este modo las simpatías de los que defienden desde la fortaleza, que verán en nosotros, sus salvadores, el mejor ejemplo a seguir y correrán presurosos a abandonar sus puestos para ingresar en nuestras filas. Porque los católicos (católicos verdaderos, entiéndase bien) que se defienden y no atacan, por muy equivocados que estén, no son nuestro enemigo, sino aquellos a quienes precisamente queremos salvar.

miércoles, 2 de enero de 2019

Los tradicionalistas hemos celebrado la Toma de Granada

Como cada año, este 2 de enero los tradicionalistas granadinos hemos celebrado que Granada y España son católicas.

Después del Te Deum en la catedral (con la notable ausencia del arzobispo que no entendemos y una aburrida homilía que no ha hecho alusión a la Toma de Granada), hemos acudido a la Capilla Real, donde reposan los ínclitos Reyes Católicos, por quienes hemos rezado. Ante sus tumbas y luego en la Plaza del Carmen hemos visto tremolar el pendón de nuestra ciudad, mostrando nuestras banderas de España con el Sagrado Corazón de Jesús.

Como siempre, los granadinos han salido por miles a la calle a celebrar la Toma y han vitoreado a la Legión, exhibiendo más que nunca nuestros símbolos nacionales. En la plaza del Carmen y la calle Reyes Católicos no cabía un alfiler. El grupúsculo de renegados y energúmenos a los que inexplicablemente las autoridades reservan un rincón en la plaza, cada vez es más insignificante.

Como nota negativa, nos ha parecido un tanto ridícula la pintoresca comparsa de moros y cristianos (de lo que no hay costumbre en la ciudad) que se ha realizado en esta ocasión, con trajes que parecían de carnaval, después del desfile de la Legión y de la comitiva oficial con el pendón; pensamos que puede tratarse de un intento del Ayuntamiento de quitar solemnidad a la Toma.






El viernes 2 de Enero de 1492, a las 3 de la tarde aparecieron en las almenas de la torre más alta de la Alhambra de Granada, el estandarte de Santiago Apóstol y el pendón real de Castilla. Ante este glorioso espectáculo el coro de la real capilla prorrumpió con el solemne Te Deum y todo el ejército cristiano penetrado de profunda emoción se postró de rodillas en acción de gracias. 

Cuando el rey moro llegó a la presencia de los Reyes Católicos, que esperaban su llegada en la Ermita de San Sebastián, quiso apearse del caballo y besar sus manos en señal de homenaje, pero el Rey Fernando el Católico se apresuró a impedírselo y le abrazó en prueba de su afecto y consideración. 

El rey moro se acercó al cristiano y se procedió a la entrega solemne de las llaves del palacio y fortalezas, diciendo: «Tuyas son ó rey pues que Allah así lo ha dispuesto, usa de tu triunfo con clemencia y moderación». Don Fernando tomó las llaves las puso en manos de la Reina, de la Reina en manos del Príncipe, su hijo y del Príncipe las tomó Don Iñigo de Mendoza, Conde de Tendilla a quien el Rey había nombrado teniente de la Alhambra. 

El Rey moro Boabdil, después del acto de sumisión, pasó a reunirse con su familia que se había adelantado con los efectos más preciosos por el camino de las Alpujarras. Entre tanto el rey moro seguía el camino llegó a un montecillo desde donde se descubría por última vez la ciudad de Granada. Allí detuvo el caballo y al dirigir su mirada postrimera sobre aquellos lugares de su pasada grandeza, su corazón se llenó de dolor y no pudo menos que llorar. Le replicó su madre: «llora, llora como mujer la pérdida de un reino por cuya defensa no has sabido morir como un hombre». 

Al atardecer, los Reyes Católicos dejaron el mando de la ciudad al Conde de Tendilla y volvieron a su campamento de Santa Fe. Tres días más tarde, el 5 de Enero, harían su entrada pública y solemne en Granada.


La rendición de Granada,
por Carlos Luis de Fibera y Fieve, 1890.

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