Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY

miércoles, 3 de octubre de 2018

¿Qué es el liberalismo? Definición precisa de Gabino Tejado

Gabino Tejado Rodríguez
(Badajoz, 1819 - Madrid, 1891)

«Véase, sobre todo, la especie de doctrinas y de hechos, de grupos y de hombres, que desde la Revolucion Francesa acá, se designan constante y universalmente con el apellido de liberales; y si no hemos de burlarnos del lenguaje comun y del sentido comun, hallaremos como hecho evidente que el tal apellido tiene plenamente ganado el derecho á ser estimado por la conciencia pública como calificativo de todas las ideas, de todas las instituciones y de todas las personas que desde aquella época funesta vienen volcando todos los fundamentos sociales, y señaladamente la autoridad y la libertad.

Es vano y pueril, cuando no es maligno y pérfido, querer protestar contra este hecho evidente. Las cosas son lo que son, y las palabras lo que significan en el comun lenguaje, y en el órden de cosas á que han sido constante y universalmente aplicadas.

Pues bien, sinceramente estudiado el lenguaje comun, y el órden de cosas á que ha sido constante y universalmente aplicada la palabra liberalismo, no se expresa con ella sino el conjunto de varias especies pertenecientes á un género comun de sistemas, que, con mayor ó menor intensidad, por vias más ó menos directas, se proponen secularizar la vida humana; es decir, apartar de toda norma de derecho divino la actividad de individuos y sociedades, tomando por criterio único y exclusivo de todo acto moral, privado ó público, la mera razon y la mera voluntad del hombre.

Esto es el liberalismo, considerado en su esencia; y esto es lo que, en el lenguaje comun, significa la palabra. Es decir:—en el órden intelectual, soberanía absoluta de la razon humana;—en el órden moral, soberanía absoluta de la voluntad humana; y estas dos soberanías, produciendo:

1.° En el órden religioso,—el racionalismo; es decir, la razon del hombre, erigida en autora única y único criterio legítimo de sus creencias, con sus derivados—el protestantismo, y todas sus innumerables variedades, sólo conformes en negar la autoridad de la Iglesia;—el deismo, que niega á Jesucristo y toda religion positiva;— el ateismo, bajo sus varias formas de materialismo, panteismo, positivismo y sus análogas;—el escepticismo dogmático, y el antes definido eclecticismo, con sus naturales derivaciones, el indiferentismo, el latitudinarismo y el nihilismo.

2.° En el órden político, la Soberanía Nacional, ó la de clases determinadas ó grupos indeterminados, ó la del príncipe, erigida en única fuente de la autoridad social, y único juez y regulador de todas las esferas y de todos los movimientos de la vida pública; es decir, la anarquía democrática, ó la oligarquía parlamentaria, ó el absolutismo monárquico, dictatorial ó cesáreo.

3.° En el órden económico: el predominio exclusivo de los intereses materiales, rigiendo la vida entera de la ciencia, de la literatura, de las artes, del Gobierno, de la administracion pública, y engendrando—ora el Individualismo, que al fin para en ser guerra social por la competencia entre productor y productor, entre la produccion y el consumo, y entre el capital y el trabajo;—ora el Socialismo y el Comunismo, que si llegaran á prevalecer, serian la muerte de toda produccion, causada por el sofocamiento de toda actividad individual.

Esto es el Liberalismo. La raiz comun de todas las sectas en que se divide indefinidamente, es el Naturalismo, ó sea la negacion, más ó menos radical y explícita, del órden sobrenatural; y por consiguiente, la expulsion, más ó menos radical y explícita tambien, de las normas divinas en la vida del individuo y de la sociedad.

Y es así que esta es, digo ahora, ni más ni menos, la nota característica de la Revolucion; luego el Liberalismo no es más ni menos que la Revolucion.

Luego el Liberalismo no es, no, una forma política; no es un sistema que tenga por objeto único establecer condiciones determinadas á las relaciones entre el Soberano y los súbditos; no es la monarquía constitucional, ni el régimen parlamentario, ni la república; no es la autocracia, ni la aristocracia, ni la mesocracia, ni la democracia; mejor dicho, puede ser todo eso, y puede no ser nada de eso. El Liberalismo es, pura y simplemente, la Revolucion.»

Tejado, Gabino: El Catolicismo liberal (1875); pp. 165-167

viernes, 28 de septiembre de 2018

El brigadier carlista granadino Manuel Fernández de Prada, Marqués de las Torres de Orán

Nuestros lectores conocen sobradamente la historia del general carlista granadino Carlos Calderón y Vasco, que da nombre a nuestro círculo tradicionalista y a quien nos preciamos de haber sacado del olvido casi total en que se hallaba. Hoy recuperamos la memoria de otro gran militar granadino de la Santa Causa, que fue el último Jefe de la artillería carlista de Navarra y alcanzó, finalizada la Tercera guerra carlista, el grado de Brigadier.

Como en el caso de Calderón, nuestro biografiado de hoy permanecería leal a Carlos VII hasta el final de sus días. Hablamos de D. Manuel María Fernández de Prada y Pareja, III Marqués de las Torres de Orán (1834-1913).


Manuel Fernández de Prada y Pareja (Granada, 1833-1913),
ilustrísima personalidad granadina: fue teniente coronel,
coronel graduado, caballero de la Orden de Alcántara,
gentilhombre de Cámara, etc.
Fotografía proporcionada por Fernán Altuve-Febres.

Manuel María Fernández de Prada y Pareja nació en Granada y fue bautizado el 24 de julio de 1833 en la parroquia de San Justo y Pastor. Era el cuarto hijo del coronel de Caballería Jose Antonio Fernández de Prada Ruiz Canduela, natural de San Antonio de Larán (Perú), y de Maria Ana Pareja y Villarreal, I Marquesa de las Torres de Orán, natural de Medina-Sidonia.

Tomamos del libro de Reynaldo Brea Príncipe heroico y soldados leales (1912) los siguientes apuntes biográficos:

D. Manuel Fernández de Prada y Pareja nació en Granada el año 1834; á los diez y seis años de edad ingresó como Caballero Cadete del Real Cuerpo de Artillería en el Alcázar de Segovia, ascendió á Subteniente alumno en 1853; terminados los estudios reglamentarios fué promovido á Teniente del Cuerpo en 1855 y destinado al primer Regimiento á pie, de guarnición en Barcelona, en donde al año siguiente recibió el bautismo de fuego en las sangrientas jornadas de los días 19, 20 y 21 de Julio, por las cuales se le concedió el grado de Capitán.

En 1859 marchó á la guerra de África con el segundo Regimiento de Artillería Montada; batióse durante aquella gloriosa campaña en el paso del río Azmir y en las batallas de los Castillejos Guad-el- Jelú, Tetuán y Vad Ras, por las cuales obtuvo el grado de Comandante y la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando.

D. Manuel M.ª Fernández de Prada y Pareja,
Marqués de las Torres de Orán (Granada, 1834-1913),
finalizada la guerra carlista, luciendo la faja de Brigadier.
Regresado á España, ingresó el señor Fernández de Prada en la Religiosa y Militar Orden de Alcántara y en la Real Maestranza de Caballería de Granada; ascendió á Capitán del Cuerpo en 1863; asistió á la batalla de Alcolea, por la que se le concedió el empleo de Comandante, y ganó los grados de Teniente Coronel y de Coronel peleando contra los republicanos de Sevilla, Cádiz y Málaga.

Al proclamarse la República en 1873, solicitó su licencia absoluta el señor Fernández de Prada, quien á principios de 1874 ingresó en el Ejército carlista del Norte con el empleo de Coronel; pero habiendo tenido la desgracia (á poco de entrar en campaña) de que el caballo que montaba le despidiese de la silla, los graves y crueles padecimientos que con motivo de esta caída sufrió por largo tiempo, le impidieron tomar parte en las operaciones militares hasta mediados de 1874, por cuya época tomó el mando de la 2.ª Batería Montada, á cuyo frente distinguióse en las acciones de Oteiza, Biurrun y Monte San Juan, ganando la Placa Roja del Mérito Militar.

En 1875 confirióse al Coronel Fernández de Prada el mando de la artillería de la División de Navarra; concurrió á la mayor parte de los hechos de armas que tuvieron lugar en dicha provincia; distinguióse en la línea del Carrascal (cuyo artillado dirigió) en el ataque de Viana, en el cañoneo de Pamplona, en la acción de Santa Bárbara de Mañeru (á fines de Enero de 1876) y en la retirada de Estella, emigrando, al fin, á Francia al concluirse la guerra, figurando entre los jefes que acompañaron hasta el último instante de la campaña á Don Carlos, cuyo augusto señor, poco antes de repasar la frontera, premió sus leales y distinguidos servicios con la faja de Brigadier.

En 1893 se expidió Real Carta de sucesión en el título de Marqués de las Torres de Orán á favor del Brigadier carlista D. Manuel Fernández de Prada, quien fué nombrado, hace ya muchos años, Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Granada.

⚜  ⚜  ⚜  ⚜  ⚜  ⚜

Hasta aquí la biografía redactada por el Barón de Artagan (Reynaldo de Brea). Según el peruano Fernán Altuve-Febres en su artículo Los Lores, Arróspide y Bryce del Perú y su parentesco con los Marqueses de las Torres de Orán, nuestro personaje marchó después de la guerra carlista al Perú y residió en la Hacienda de Larán, que pertenecía a su familia, donde en 1879 vería como unos negros amotinados de las fincas vecinas acababan a hachazos y machetazos con la vida de su hermano Antonio, quien había liberado a sus esclavos 24 años antes y era considerado como un patriarca por sus trabajadores negros, a quienes quería con idolatría. De Manuel diría el peruano Juan de Arona: 

Manuel [Fernández de] Prada, poco menos que transeúnte en la hacienda, fue dejado por muerto con tremendo machetazo en la frente que le infirió la torpe negrada. A este caballero lo había conocido, siendo yo muy niño en Granada, en España, en momentos de partir para la guerra de Africa.​

De acuerdo con Altuve-Febres, tras recuperarse de este infeliz suceso, Manuel Fernández de Prada llegó incluso a tomar nuevamente las armas y ayudó en la resistencia contra la invasión chilena durante la Guerra del Pacífico (1879-1884). Altuve-Febres afirma en su artículo que nuestro biografiado murió en el exilio en 1893. Esto último sabemos que no es cierto, pues nos consta que falleció en Granada en 1913, como podrá dar fe el cementerio de San José de nuestra ciudad, donde está enterrado.

De nuevo en España, en 1893 se le expidió Real Carta de sucesión en el título de Marqués de las Torres de Orán, que heredó de su hermano Antonio, asesinado en el Perú. Asimismo, fue nombrado Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Granada. Ese mismo año lideró en nuestra ciudad el movimiento electoral católico, tal como se menciona en la crónica del cuarto Congreso católico español.

El Marqués de las Torres de Orán falleció en Granada el 9 de agosto de 1913, según figura en la necrología que le dedicó el diario El Correo Español. Hasta el final de su vida mantuvo sus ideales tradicionalistas, y era suscriptor del dicho diario, órgano de la Comunión Tradicionalista.

Sepultura de Manuel María Fernández de Prada y Pareja en el
cementerio San José de Granada (panteón 21 del patio de la Ermita).

Casó con su sobrina Mariana Vasco y Fernández de Prada y fue padre de don Manuel Maria Fernandez de Prada y Vasco, maestrante de Granada y IV Marqués de las Torres de Orán.

Al estallar la Cruzada de Liberación en el verano de 1936, Manuel María Fernández de Prada y Vasco y tres de los siete hijos de éste, Antonio Jesús, José María (ambos abogados) y el menor, Francisco de Asís, que se encontraban en Madrid, fueron aprestados por los rojos por su sola filiación tradicionalista, siendo acusados de pertenecer al Requeté de la capital. El 19 de agosto de 1936, los detenidos, el padre y sus tres hijos murieron gloriosamente por Dios y por España, asesinados por las hordas revolucionarias.

Esta familia de tres generaciones de carlistas que lo dieron todo por la Santa Causa, sin apenas haber recibido reconocimiento por ello, merece nuestras oraciones y nuestro recuerdo.

martes, 25 de septiembre de 2018

El centenario del P. Francisco Suárez, gloria de Granada

El año pasado se cumplían cuatrocientos años de la muerte del Padre Francisco Suárez, insigne filósofo granadino de la Compañía de Jesús, cuyo centenario ha pasado prácticamente inadvertido, no solo en España, sino también en nuestra propia ciudad, para vergüenza de los granadinos y de todos los españoles. Sin embargo, el Doctor Eximius, el ilustre autor de la Defensa de la fe católica contra los errores de la iglesia anglicana (obra traducida del latín al castellano por primera vez por el diario tradicionalista El Siglo Futuro), el que perfeccionó la vasta teoría de San Agustín sobre la cristiana libertad (tan radicalmente opuesta al sentido que han querido darle los llamados liberales y más recientemente ciertos «libertarios» que pretenden tergiversar la figura de nuestro autor), sí recibió un merecido homenaje en nuestra patria chica con motivo de su III centenario. Así lo anunció en su día la revista católica y tradicionalista barcelonesa La Hormiga de Oro:


Francisco Suárez, S. J.
(Granada, 5 de enero 1548-Lisboa, 25 de septiembre 1617)


Informaciones gráficas de actualidad

La ciudad de Granada, la de los floridos soñados vergeles, cuyas bellezas y leyendas han sido cantadas por ilustres escritores e inspirados poetas, va a conmemorar con toda solemnidad la gloriosa fecha del III Centenario de la muerte de su insigne hijo el P. Francisco Suárez, ilustre varón gloria de la Compañía de Jesús. Todos los preparativos hacen presumir que las fiestas del Centenario del P. Suárez, que fué el maestro máximo de su adelantado siglo, serán un homenaje de la ciencia española al esclarecido hijo de Loyola; al sabio teólogo de Granada, que recibió del Sumo Pontífice Paulo V el honorable titulo de Doctor Eximius con que es conocido en las escuelas; que fué llamado gran lumbrera de la lglesia por el Papa Benedicto XIV, y docto en todo género de ciencia por Bossuet.

En la alegre hermosa ciudad, relicario de la Historia y del Arte, al pie mismo del contrafuerte sobre el que se eleva majestuosa la regia Alhambra, hay una casa de mediano aspecto, de otros tiempos y otra edad, en cuya fachada principal está grabada la siguiente inscripción:

Lápida que figura en la fachada de su casa natal.
«En esta casa nació el 5 de Enero de 1548, el Venerable P. Francisco Suárez, insigne comentarista de Aristóteles y Santo Tomás, filósofo de gran renombre, profundo teólogo, jurisconsulto distinguido, defensor tan elocuente de la fe católica, que mereció recibir de la Santa Sede el título de Doctor eminente, gloria de la Iglesia, lumbrera de la Compañía de Jesús, honor de España y uno de los más ilustres hijos de esta ciudad. El Excmo. Ayuntamiento de Granada dedica esta lápida conmemorativa a su más glorioso conciudadano. 1898.» 

Este fué el Doctor eximio que tuvo, por sus grandes talentos, el singular honor de que el Papa Gregorio XIII asistiera una de sus lecciones. Granada, pues, se apresta para solemnizar la gloriosa fecha como tributo merecido homenaje a la memoria de un sabio y un santo que allí vió la luz, celebrando un Congreso Internacional Católico, que promete ser, en todas sus partes, un acontecimiento.

La Hormiga de Oro (Barcelona, 22 de septiembre 1917)

El centenario del Padre Suárez en Granada:
El ministro de Instrucción Pública, Sr. Andrade, descubriendo
la lápida conmemorativa del sabio jesuita en la plaza de las Pasiegas
Fotografía de Manuel Torres Molina (ABC)

sábado, 1 de septiembre de 2018

La falsa cita de Karl Marx sobre el carlismo

Sobradamente conocidas son por todos los tradicionalistas las falsedades y tergiversaciones acerca de la doctrina e historia del carlismo que desde la década de 1970 vienen sosteniendo los integrantes del mal llamado "Partido Carlista" (hoy grupúsculo sin apenas relevancia, gracias a Dios). Desde las filas de la Comunión Tradicionalista, única agrupación que defiende íntegramente el pensamiento carlista bajo la bandera de la legitimidad dinástica que aún encarna, se ha estimado necesario poner de manifiesto tales mentiras más de una vez. No en vano, la misión de Carlos Hugo y los suyos no fue otra que la de desmovilizar las masas carlistas durante la Transición, impidiendo «que se consolidara en España una ultraderecha tradicionalista que hubiera sido un factor añadido de desestabilización de nuestra joven democracia», según reconocen abierta y desvergonzadamente estos falsos carlistas (que, realmente, como quinta columna, han sido quizá los peores enemigos que ha tenido el carlismo).

Karl Marx (1818-1883),
revolucionario burgués alemán que
jamás elogió el carlismo, movimiento
en las antípodas de su pensamiento
socialista y anticristiano, de raíz
cabalista.
En esta mendaz reinterpretación del carlismo, el corifeo carlohuguista José Carlos Clemente (actualmente Josep Carles Clemente), mostrando su nulo rigor historiográfico, ha divulgado durante décadas una cita falsa de Karl Marx en la que supuestamente el ideólogo comunista alemán habría elogiado el carlismo, afirmando que no era «un puro movimiento dinástico y regresivo», sino «un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial».​ La cita íntegra es la siguiente:

«El Carlismo no es un puro movimiento dinástico y regresivo, como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales. Es un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial, plagiado por papanatas que copiaban a la Revolución Francesa. Los carlistas defendían las mejores tradiciones jurídicas españolas, las de los Fueros y las Cortes legítimas que pisotearan el absolutismo centralista del Estado liberal. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales, con sus peculiaridades y tradiciones propias. No existe ningún país en Europa, que no cuente con restos de antiguas poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por el devenir de la Historia. Estos sectores son los que representan la contrarrevolución frente a la revolución que imponen las minorías dueñas del poder. En Francia fueron los bretones y en España, de un modo mucho más voluminoso y nacional, los defensores de Don Carlos. El tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo (las nuevas clases de comerciantes y agiotistas), la aristocracia latifundista y los intelectuales secularizados que en la mayoría de los casos pensaban con cabeza francesa o traducían —embrollando— de Alemania».

Además de Clemente en sus aburridos y repetitivos libros, María Teresa de Borbón Parma, Fermín Pérez-Nievas Borderas y otros militantes del mal llamado Partido Carlista, reproducirían también desde los años 70 una y otra vez este texto supuestamente marxista, a fin de justificar la metamorfosis ideológica que querían imponer al carlismo. Aunque en 2001 Miguel Izu demostró la falsedad de la cita (publicando nuevamente un extenso artículo al respecto en 2013), actualmente sigue siendo aludida por algunos ignorantes o malintencionados, e incluso la pseudoenciclopedia Auñamendi Eusko Entziklopedia la incluye a día de hoy en su entrada sobre Karl Marx.

Realmente la cita apócrifa en cuestión no es que diga nada en lo que no podamos estar de acuerdo los verdaderos carlistas: todo lo contrario. El problema es que Karl Marx jamás escribió tal cosa. Lo cierto es que, como demuestra Izu, la cita mezcla partes de un texto real de Friedrich Engels, publicado en 1849 en la Nueva Gaceta Renana,​ con las opiniones sobre el mismo del tradicionalista Jesús Evaristo Casariego, que fue quien lo tradujo al español y lo publicó en 1961 en el ABC, adjudicando erróneamente su autoría a Marx.​

La cita real de Engels, que en ningún momento teoriza sobre la naturaleza ni la doctrina del carlismo, sino que se limita a definir a los vascos seguidores de Don Carlos como «restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia», es la siguiente:

«No hay ningún país europeo que no posea en cualquier rincón una o varias ruinas de pueblos, residuos de una anterior población contenida y sojuzgada por la nación que más tarde se convirtió en portadora del desarrollo histórico. Esos restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia, como dice Hegel, esos desechos de pueblos, se convierten cada vez, y siguen siéndolo hasta su total exterminación o desnacionalización, en portadores fanáticos de la contrarrevolución, así como toda su existencia en general ya es una protesta contra una gran revolución histórica. Así pasó en Escocia con los gaélicos, soporte de los Estuardo desde 1640 hasta 1745. Así en Francia con los bretones, soporte de los Borbones desde 1792 hasta 1800. Así en España con los vascos, soporte de Don Carlos».

En realidad, como señalaba el propio artículo en ABC de Casariego (en este caso acertadamente), Marx no sentía ninguna simpatía por los contrarrevolucionarios realistas españoles —antecesores directos del carlismo— que aclamaron a Fernando VII en 1814 y 1823 (dos de las ocasiones en que el liberalismo ha sido derrotado con las armas en España), mereciendo ser considerados por Marx como «vil populacho» y «demagogia ignorante». En la doctrina elaborada por él, cualquier avance de la Revolución, aunque sea en su fase liberal, burguesa, ultracapitalista y opresora, se convierte en bueno simplemente porque «supera» a la fase anterior y avanza hacia el socialismo, primero, y el comunismo, después, fin inexorable de la historia humana. Sobre los mismos carlistas, Marx se refirió en sus artículos periodísticos a ellos como «ladrones facciosos», a Don Carlos como «el quijote de los autos de fe» y a los partidarios europeos de Don Carlos como «cretinos». Del anticarlismo de Karl Marx sí hay constancia.

domingo, 26 de agosto de 2018

Don Sixto o el Petróleo

Don Carlos o el Petróleo es el título de un opúsculo del canónigo Vicente Manterola que circuló durante el Sexenio Revolucionario, siendo una expresión que significaba que si Carlos VII no reinaba en España, las consecuencias de la Revolución iban a ser devastadoras. La pérdida de las últimas provincias de Ultramar en 1898 en la época políticamente más estable desde 1833, la anarquía política desde 1898 hasta 1939 y el desmantelamiento de España desde 1975 han terminado por confirmar esta advertencia.


En 1898, en un cúmulo de circunstancias que fácilmente se podrían
haber evitado, España pierde la guerra con Estados Unidos,
y se ve obligada a reconocer la independencia de Cuba, bajo
tutela estadounidense, a entregar las islas Filipinas y las islas de
Puerto Rico y Guaján (Guam) a EEUU, y, en 1899, a vender
los archipiélagos de las Carolinas y las Marianas a Alemania.
La derrota provocará una severa crisis moral que incentivará los
nacionalismos vasco y catalán, que hasta ahora no han desaparecido.


Ahora mismo, la situación en la que nos encontramos nos plantea la misma disyuntiva. La celebración de un referéndum ilegal con Artur Mas y el intento de secesión con Puigdemont, todo ello ante la pasividad de Mariano Rajoy, ha demostrado la debilidad del Estado. La moción de censura ha eliminado cualquier ilusión de que los partidos políticos busquen algo más que poder y, finalmente, la gran avalancha de inmigrantes ilegales, de robos y otras situaciones de delincuencia en todo el período de verano demuestra la incapacidad jurídica y material de las fuerzas del orden de mantener la seguridad en España. La situación delicada ante el separatismo, un feminismo que amenaza con un estado totalitario y un Islam y una emigración masiva que amenazan con destruir todo lo que conocemos, hará que en un futuro más o menos cercano se busque una nueva fórmula política para resolver la situación.


La decisión del gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) de exhumar
los restos mortales del General Francisco Franco ante
la protesta de su familia y violando los convenios internacionales con la Santa Sede
(con la actitud cómplice, no obstante, de la Conferencia Episcopal)
demuestra, viniendo de parte de un gobernante que no ha ganado unas
elecciones, que es la fuerza y no el Derecho lo que rige en España.


Esta búsqueda de una nueva alternativa es bastante más obvia en el extranjero que en España, donde se ha buscado la elección de Trump, del nuevo gobierno italiano anti-inmigración y se ha desarrollado el Brexit como fórmulas transitorias para resolver problemas similares; mientras, poco a poco se va formando una base social, que, al menos en las redes, busca un diagnóstico del problema. Sin embargo, tarde o temprano, esta base deberá darse cuenta que no bastará con remediar una serie de problemas, sino que es necesario remediarlos todos a la vez. En el caso español, los problemas más importantes que encontramos los siguientes:

  • Partidos políticos que no cumplen su supuesta función de representación, antes bien, no son más que lobbies que no atienden sino a sus intereses. Cuando estos partidos están en el gobierno provocan una severa inestabilidad de políticas y programas, sacrifican intereses a largo plazo por los intereses a corto plazo y arriesgan la supervivencia del país a cambio de sus intereses políticos.
  • Nacionalismos separatistas con grandes focos en Cataluña y las Provincias Vascongadas; focos secundarios en Navarra, Valencia, Baleares y Canarias; y minoritarios en Andalucía, Galicia, Asturias y literalmente en todas las demás regiones españolas.
  • Sistema de pensiones y de seguridad social muy débil por su propia estructura y administración; y sistema de gastos públicos gigantesco debido a las excesivas funciones del Estado por el Estado del Bienestar y a la gigantesca burocracia del Estado de las Autonomías.
  • Incapacidad de mantener el orden público. Las fuerzas del orden no son capaces de proteger el derecho a la vivienda por el fenómeno "okupa", el sistema jurídico no es suficientemente duro contra ladrones y criminales, y la legislación actual impide actuar contra la inmigración ilegal masiva que amenaza nuestras fronteras. A su vez, la inmigración masiva puede provocar nuevas amenazas contra la seguridad ciudadana a causa del terrorismo islámico y los altos índices de delincuencia provocados por la población extranjera, amenazando con convertir España en un país con altos índices de ataques terroristas como Inglaterra, Francia o Bélgica o que las ciudades acaben en estado de guerra por la criminalidad extranjera como Alemania o Suecia.
  • Desintegración de todo el tejido social del país y ataques constantes a la propia nacionalidad, favorecidos por las instituciones públicas. Nuestras tradiciones y nuestra identidad llevan siendo amenazadas desde hace cincuenta años por los gobiernos nacionales mediante los procesos de secularización, la ruptura de la unidad religiosa, la destrucción de tradiciones, la aniquilación demográfica del campo y el apoyo al separatismo. Por su parte, los procesos de divorcios, la histeria colectiva provocada por el feminismo y el progresismo en general, el ataque a la familia por parte de la ideología de género y la sustitución demográfica de población autóctona por población extranjera supone un asalto al fundamento y el tejido mismos de la sociedad.


Los recientes asaltos a la valla de Melilla se han perpetrado por
asaltantes que han atacado a la Guardia Civil con ácidos y cal viva.
A pesar de cruzar la frontera ilegalmente y de haber agredido a las
autoridades, se les prestará asistencia pública. El gobierno desatiende
este caso y otros similares contra el orden público, pues considera
prioridad absoluta el traslado de los restos de Franco. 

                                   
El paso previo para la solución de estos problemas exige la eliminación de los elementos que evitan que se solucionen e incluso que los causan y fomentan. Estos elementos son los partidos políticos que rigen el gobierno, elaboraron la Constitución de 1978, la incumplieron, favorecieron el separatismo, desarrollaron el desmantelamiento de España y trajeron el Islam y la inmigración masiva. El primer paso exige la eliminación de estos patógenos, ya la segunda fase exige el diagnóstico y el remedio.

Eliminados los partidos políticos, los siguientes patógenos que deben ser eliminados son la inmigración masiva, el separatismo y la inseguridad ciudadana, y para ello el problema común es la debilidad del Estado. Con un sistema político incapaz de actuar contra los sectores que quieren la destrucción social, de mantener el orden público y el respeto a la ley ni de intervenir tajantemente en un situación de emergencia, nunca se podrá llegar a ninguna parte, por lo cual se debe lograr un mando política y jurídicamente fuerte y estable, y lograr que las fuerzas de seguridad puedan actuar para mantener el orden público mediante una reforma jurídica, o incluso en su deficiencia, la propia población, comenzando en primer lugar por reconocer a la legítima defensa personal, de la propiedad y de terceros. 


El otro gran problema es aparentemente contradictorio al ya citado, que es lo relativo al gasto público. El Estado de las Autonomías y el llamado «Estado del Bienestar» exigen una gran cantidad de financiación que no se pueden afrontar mediante los ingresos ordinarios del Estado, sino que requiere de una gran cantidad de emisión de deuda exterior. Y esto no es problema exclusivamente español. Conectado con el mismo problema, el sistema de pensiones se ha organizado de una forma insostenible a largo plazo, y su mantenimiento está tocando a su fin, con las terribles consecuencias que tendrá para la población. Ambos problemas exigen por un lado un cambio radical en el sistema económico y de asistencia social, y por otro lado, una reducción radical de las funciones del Estado y en consecuencia del gasto público, que preferentemente deberá volver a la sociedad. 

Por último, la destrucción de España exige reconsiderar lo que es España para así poder establecer unas relaciones saludables entre las regiones y el gobierno central, lanzar un golpe de muerte al separatismo, responder a la islamización, recuperar nuestras tradiciones y nuestra identidad colectiva y poder obtener una unidad social decente. 

En resumen, una fórmula política que nos saque de este desastre al que nos vemos avocados requiere de tres cosas: mando político fuerte, descentralización y afirmación colectiva





                                   

La eliminación de la partitocracia y el establecimiento de un mando fuerte exige sustituir el régimen político y constitucional existente desde 1978. Esto nos deja con dos opciones políticas: régimen personal, al estilo las tiranías griegas o similar a la Rusia de Putin, ya sea permanente o transitoria, y una monarquía católica, tradicional, social y representativa, como la plantearon los clásicos carlistas.

La descentralización exige lo que Vázquez de Mella llamara Regionalismo con R mayúscula, es decir, que el Estado devuelva sus competencias naturales a las regiones, las regiones a los municipios, los municipios a las escuelas, organizaciones laborales, etc., y finalmente a las familias y los individuos. Este sistema permitiría reducir las competencias del Estado y sus funciones, dejándolo en este aspecto en una mera función auxiliar, lo que permitiría reducir tanto el gasto público como la burocracia que requiere atender estas funciones tanto a nivel estatal como de las autonomías. 


La necesidad de un equilibrio entre dos cosas tan aparentemente contradictorias como el reforzamiento del Estado y la descentralización del Estado indican que la mejor opción política que nos planteamos es una monarquía tradicional, pues el régimen monárquico hereditario (de GOBIERNO) permite una mayor estabilización política y la capacidad de desarrollar un programa a largo plazo sin temor a que gane otro partido y lo deshaga, y por otro el sistema tradicional de Fueros y Libertades y la aplicación del principio de subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia permite devolver a los cuerpos sociales sus legítimas competencias y descargar al Estado de múltiples funciones. 

De igual manera, el sistema de Cortes orgánicas permite reducir del gasto público el salario de los diputados y del gasto de las elecciones (los procuradores son delegados de los cuerpos intermedios a los que representan, con mandato imperativo, organizándose en ciertas corporaciones, por los que éstas deciden mecanismos de elección, ante estas rinden cuestas y estas se encargan de los gastos, pues de hacerlo el Estado, implicaría un importante riesgo de ser mediatizados por él), así como otros gastos como el sistema bicameral o las Cortes perpetuas. Además, el sistema representativo tradicional, al exigir obligatoriamente la aprobación de la representación política en materias clave, permitiría reducir la emisión de deuda pública y la presión fiscal, al hacerse bilateralmente y de forma responsable por ambos lados. 

Finalmente, un concepto coherente de España exige la recuperación de la tradición nacional, siendo conscientes de aquello que se debe proteger, reaccionado contra el Islam y la inmigración masiva, y luchando por proteger nuestras tradiciones y nuestra sociedad. Esto exige volver al concepto de España Católica, la Hispanidad y la "evangelizadora de la mitad del orbe", restituyendo una ortodoxia pública (conjunto de verdades compartidas y necesarias para la vida en sociedad), el viejo régimen de las Españas y poniendo las bases para restablecer a medio o largo plazo la unidad social mediante la unidad religiosa, recuperar las viejas tradiciones y repoblar nuestros deshabitados pueblos.



S. A. R. Don Sixto Enrique de Borbón,
depositario de los derechos a la Corona de España
como heredero de D. Carlos María Isidro (Carlos V),
a partir del cual se desarrollaron las Guerras Carlistas
y el movimiento que lleva su nombre.


Estas son las consecuencias del ideario abanderado durante casi 200 años por el carlismo español; y se nos antoja como el único remedio para esta situación. La adopción de una solución menos drástica y no rupturista lo único que hará será resolver algunos problemas y mantener otros, atrasando lo inevitable y arriesgándonos a que los pocos problemas que se solucionen vuelvan a aflorar a posteriori. 

Confiar para esta delicada misión a la dinastía isabelina sería repetir el mismo error que Franco cometió hace cincuenta años, pues difícilmente Don Felipe dejará atrás los prejuicios de nuestro tiempo y hará lo que su padre no quiso hacer. Confiar, por el contrario, en la llegada de un partido mesiánico constituiría repetir los errores que llevamos cometiendo nosotros desde hace medio siglo, y, si me apuran, dos siglos, pues un sistema que requiere de un personaje concreto para funcionar bien, no merece conservarse. Y aunque no fuera así, un partido político salvador siempre arriesga a perder las elecciones, y que otros deshagan su trabajo, reduciendo sus opciones de eficacia a solucionar todos los problemas en cuatro u ocho años para luego perder el poder, o arriesgarse a perpetuarse en el poder. 

Si esta solución no se aplica, nuestras posibilidades son las siguientes: que España se convierta en nueva Yugoslavia; la anarquía, provocada por la inestabilidad civil y política y empeorada por una numerosa población inmigrante; luchas sociales y el terrorismo islámico; un Estado semi-totalitario controlado por el feminismo, el lobby LGBT y/o la ideología de género; un Estado totalitario al estilo de Cuba o Venezuela encabezado por Podemos o el PSOE; o una España musulmana, en cuanto la población musulmana supere a la española autóctona, y disponga de fuerza política suficiente para instalar un Estado islámico. Ninguna opción excluye necesariamente a las otras. 

Estas son nuestras posibilidades, cada una peor que la anterior. Si no cortamos el problema que padecemos de raíz y levantamos un sistema político alternativo, abanderado por Don Sixto Enrique de Borbón o su sucesor legítimo, nuestro futuro será tan negro como el petróleo. 

Estas son nuestras alternativas: Don Sixto o el petróleo.

miércoles, 15 de agosto de 2018

La premonitoria carta de la Comunión Tradicionalista al General Franco (1943)

Tal día como hoy, 15 de agosto (solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María) del año 1943, los jefes de la Comunión Tradicionalista remitían al General Franco la carta que reproducimos a continuación, la cual presagiaba los males que sobrevendrían a España cuando el dictador abandonase el poder, tal como había sucedido años antes con Miguel Primo de Rivera.

En esta misiva, los carlistas exigían a Franco que abandonase el ensayo totalitario, volviese al espíritu inicial del Alzamiento y restaurase la monarquía tradicional española, todo ello para evitar que España cayese de nuevo en la falsa "legalidad" democrática del sufragio inorgánico.​ Lamentablemente, el Generalísimo hizo caso omiso. Dos décadas más tarde, Franco anunciaría que restauraba la monarquía, pero no la tradicional española, sino la de los tristes destinos, nombrando como sucesor a un príncipe de la dinastía liberal usurpadora. Quienes no quisieron aprender de la historia, se vieron condenados a repetirla, y sumieron a España en la lamentable situación política, social y moral que padecemos hoy.

La historia nos enseña que el liberalismo es causa y origen de todos los males políticos de España y que, cuando hemos regresado a este nefasto régimen, se ha desatado siempre el odio a la fe, la agitación, el socialismo y el separatismo. Aprendamos de la historia para que no vuelva a malograrse un triunfo sobre los enemigos de Dios y de España, como se malogró la victoria arduamente alcanzada en 1939 a costa de la sangre de tantos patriotas.


EXCELENCIA:
Manuel Fal Conde
(1894-1975),
jefe delegado de la
Comunión Tradicionalista


El 10 de marzo de 1939, en víspera de la terminación de la guerra española, la Comunión Tradicionalista dirigió a V. E. unos escritos políticos en los que se desarrollaban las soluciones derivadas de los principios del derecho público cristiano, defendidos por ella durante más de un siglo con lealtad única en la historia política de España. La discrepancia mantenida por la Comunión con el ensayo totalitario, y su apartamiento del “partido único”, base del sistema, no fueron obstáculo para la heroica contribución de los Requetés a la guerra, ni para el acto de entregar a V. E., en los escritos mencionados, las soluciones tradicionalistas.

Este último acto pudo mostrar a V. E. que la Comunión Tradicionalista no estaba movida por ambiciones personales. El desinterés de que son ejemplo los Requetés nos ha enseñado que constituye un gran servicio a la Patria la conservación de la verdad política desde la oposición, con mérito heroico si es a costa de persecuciones del Poder.

Manuel Senante (1873-1959),
último director de El Siglo Futuro
Recordamos esto al solo efecto de fijar, con la claridad de siempre, el alcance de nuestro acto de hoy. La experiencia, lección de prudentes, está poniendo de manifiesto desde entonces la necesidad de apartarse del camino emprendido, para buscar otro que lleve a soluciones más jurídicas y permanentes; y el peligro de volver, si así no se hace, a un caos liberal. Entre el liberalismo anárquico y el totalitarismo hay una interpretación de la libertad humana, que es el fundamento del derecho público cristiano y de las soluciones políticas defendidas por la Comunión Tradicionalista. En nuestros escritos de 1939 señalábamos que aquél era el momento, terminada la guerra, de iniciar la implantación de un régimen estable. Hoy todavía se está en posibilidad de hacerlo. Pero no queda ya mucho tiempo.

Tomás Domínguez Arévalo,
conde de Rodezno
(1882-1952)
El retraso en la implantación de un régimen de derecho, encierra el peligro de que el malestar ambiente sea explotado por fuerzas subversivas y extrañas. Hay que salvar lo que fue inspiración esencial del Alzamiento de julio de 1936 y que nos unió a cuantos en él tuvimos la gloria de participar. Gracias a la postura mantenida por la Comunión Tradicionalista, la bandera de la oposición al ensayo totalitario está dentro de ese espíritu sagrado del 18 de julio.

Llegamos a V. E. con el mismo ánimo generoso con que lo hicimos en marzo de 1939. Con el mismo respeto y con el mismo patriotismo. Con una autoridad moral que nadie podrá negarnos. Porque la Comunión Tradicionalista no es un grupo más al que se le pueden echar en cara antiguos errores. Tuvo razón en sus críticas y en sus afirmaciones sustantivas, y acertó generalmente en sus decisiones tácticas frente a los acontecimientos.

José María Arauz de Robles
(1898-1977)
Nuestras predicciones y advertencias están confirmadas por la experiencia de estos años. Nos duele el mal de España y el ver en lo que ha parado la inolvidable ilusión nacional de los primeros meses del Alzamiento, cuando el alma colectiva se volvía a encontrar con los símbolos sagrados de la Patria, alzados por nuestros Tercios de Requetés desde el primer momento. En la zona nacional no había ni sombra de Estado. Fue la Sociedad misma, movida por sentimientos profundos y eternos que le daban unidad y vida, la que hizo posible el Movimiento. Hay que tener fe en esta Sociedad y respetar su repugnancia a sistemas que la violentan.

Es innegable que la Sociedad española no acepta el sistema totalitario. Subsiste éste porque se le ha impuesto, pero no podría vivir si aquélla se manifestase libremente. Sus organismos e instituciones no han logrado un funcionamiento eficaz. Todos languidecen y se agotan, y lo más significativo, como síntoma del hastío de las gentes, es que pasan entre la indiferencia general y mueren a manos de su propia condición artificial y de la ficción a que obedecen. No se atribuya este fracaso a la oposición de sus enemigos, sino a la falta de virtualidad interna del sistema.
José Mª Lamamié de Clairac
(1887-1956)

Por otra parte, es un hecho comprobado que los fenómenos políticos y sociales no quedan nunca circunscritos a las fronteras de un país determinado, sino que repercuten inevitablemente de uno en otro, y han de preverse, para un futuro inmediato, las repercusiones que, para nuestro actual sistema, se producirán como consecuencia de la suerte de aquellos otros a cuyo género o inspiración corresponde. La verdad es lo único que puede salvarnos, y será inútil pretender que sigamos por temor a ella con los ojos cerrados a las realidades que se nos imponen.

Una circunstancia feliz diferencia nuestro caso del de otros pueblos. Pero esto es a condición de que seamos leales con nosotros mismos. En otras partes, los movimientos renovadores fueron obra de un partido. En España, no. El Alzamiento español fue auténticamente y totalmente nacional. Después se le ha dado una interpretación de partido. Se pude, por tanto, abandonar esta interpretación partidista, y volver al espíritu inicial del Alzamiento, cuyas esencias mantiene en toda su pureza el Ejército y el Tradicionalismo.

José Luis Zamanillo (1903-1980),
fotografía de cuando era combatiente
del Tercio de Requetés de Navarra
La necesidad y la urgencia de proceder a un cambio de cosas, es evidente. Tan acusado es el clamor unánime de la Nación, que ni nuestro prolongado silencio ha podido evitar que se alcen voces de bienintencionados españoles, no todos autorizados políticamente para discrepar del régimen ni para interpretar el que necesita España. Más que esa instigación nos mueve la apreciación de lo perentorio de la oportunidad presente, a elevar a V. E. este escrito, en uso de derechos de la Ley natural y de principios imprescriptibles, constitutivos de las sociedades y no negados por el derecho español vigente, para que V. E. facilite la solución definitiva a la honda crisis nacional que no puede resolverse con un simple arreglo de gobierno, o con un expediente dilatorio, para prolongar un estado de cosas insostenible.

Antonio Iturmendi (1903-1976)
El actual régimen es de dictadura, porque la dictadura no consiste más que en la concentración de poderes en una mano. El peligro de las dictaduras está siempre en su excesiva duración. Nacen para atender a una necesidad nacional, pero suelen prolongarse más allá de esta necesidad, con lo cual vienen a desembocar en el triunfo rencoroso y con espíritu de revancha de aquellos mismos que creyeron destruir. Los ejemplos los ha vivido esta generación.

SI NO ACEPTA LA CONCEPCIÓN POLÍTICA FUNDADA EN NUESTRO DERECHO TRADICIONAL, ESPAÑA CAERÁ DE NUEVO EN LA FALSA “LEGALIDAD” DEMOCRÁTICA DEL SUFRAGIO INORGÁNICO, A LA QUE AYUDARÁ ADEMÁS EL AMBIENTE EXTERIOR. ESTO SERÍA PARA NOSOTROS UNA GRAN VERGÜENZA Y EL HUNDIMIENTO DE TANTO SACRIFICIO Y DE TANTA ESPERANZA.

José María Valiente (1900-1982),
sucedió a Fal Conde como jefe delegado
de la Comunión Tradicionalista
Los intereses creados en torno al Poder, intentarán ligar la suerte de V. E. a la suya propia. Pero V. E. romperá sin duda esta solidaridad funesta, recordando que tiene como propia e indiscutible la gloria militar, donde está el título originario de su poder, y a la que puede volver siempre para abrir paso con el Ejército y con cuantos se agruparon en torno de éste, a las soluciones que el bien común demanda.

Trata de engañar a V. E. quien quiera hacerle ver este problema únicamente por el prisma de su situación personal y partiendo de ésta como base de cualquier cambio que produzca. Este lenguaje de la adulación no lo empleará jamás el Tradicionalismo.

Agustín González de Amezúa
(1881-1956)
El reconocimiento efectivo y práctico de los derechos de la Nación a recuperar las Instituciones que son su patrimonio político inalienable, es lo único que puede calmar la ansiedad y el desasosiego que sienten los españoles. Este reconocimiento no puede hacerse sino restaurando en su integridad la legalidad monárquica tradicional. LA SIMPLE ELEVACIÓN DE UN PRÍNCIPE AL TRONO NO BASTA. TIENE QUE IR ACOMPAÑADA DE LA RESTAURACIÓN DE AQUELLAS INSTITUCIONES QUE ASEGUREN Y DEFIENDAN SU CONTENIDO. Sin la restauración orgánica de todas estas Instituciones, la misma Monarquía está llamada al fracaso. Las características de estas Instituciones y el sentido general de la restauración orgánica que necesita España, van tratados en un estudio que nos permitimos acompañar a V. E.

Juan Sáenz-Díez (1904-1990),
sería jefe delegado de la
Comunión Tradicionalista
con S.A.R. Don Sixto de Borbón
Esta restauración orgánica de la Monarquía Tradicional no puede ser realizada sin la Comunión Tradicionalista, que es la única Comunión o fuerza política que, por su doctrina fruto de un pensamiento elaborado a lo largo de un siglo de contradicciones, por su limpia historia, por la firmeza de sus caracteres, por la autoridad que le presta su contribución a la guerra, y por su patriótica y nobilísima conducta posterior, tiene capacidad para dar la solución definitiva y española a estas cuestiones fundamentales.

El poder político, rescatado triunfalmente por el Ejército, debe ser entregado a esta gloriosa Comunión para que instaure el orden definitivo y nacional inspirado en el pensamiento Tradicionalista, servido por ella con tan acrisolada fidelidad.

Joaquín Baleztena (1883-1978),
presidente de la Junta Central
Carlista de Guerra de Navarra
Rogamos a V. E. que medite en la necesidad y justicia de esta demanda, con la que no perseguimos sino prestar a nuestro pueblo el último y definitivo servicio de nuestra vida secular.

Jamás agrupación política alguna ha reclamado el Poder con tanta razón. Más de cien años de lealtades, de aciertos, de fidelidad al sentir nacional, y de absoluto desinterés, no son ni comparables, como títulos, a los que han sido motivo tantas veces para que se entregara el gobierno de la Nación a cualquier conjunto heterogéneo y ocasional; y sin embargo, EL CARLISMO, AL QUE SE HA RECURRIDO SIEMPRE Y POR TODOS EN LOS MOMENTOS DE PELIGRO, ES LA ÚNICA COMUNIDAD POLÍTICA QUE NO HA GOBERNADO JAMÁS, PORQUE DESDE HACE MÁS DE UN SIGLO NO SE HA GOBERNADO NUNCA EN ESPAÑOL A ESPAÑA.

Espíritus ruines, tarados por los vicios de nuestra decadencia, podrán interponerse en el designio, planteando pequeños problemas de grupos y distribuciones en esta hora grave y a la vez magnífica. La misión que nosotros atribuimos a V. E. es de una grandeza y trascendencia bastantes para arrebatar un ánimo generoso.

Mauricio de Sivatte (1901-1980),
fue jefe regional de la Comunión
Tradicionalista en Cataluña
La justificación última del acto del Ejército en 1936, estaba en el propósito de devolver a España su legítima libertad nacional, en el cuadro político de sus instituciones tradicionales, y esta justificación desaparecería desde el momento en que se la sometiese a un ensayo de gobierno extraño o se la dejase en situación tal, que hubiese de caer de nuevo en aquel género de vida pública que le acarreó la bárbara esclavitud revolucionaria.

Nos dirigimos al Ejército, en la persona de V. E. que encarna su más alta jerarquía. No somos ni una improvisación, ni unos desconocidos. Con lealtad inquebrantable estuvimos a su lado en las horas difíciles y heroicas, y nos conoce sin duda por el desinterés con que supimos morir en sus filas, sin pedir recompensas a nuestro sacrificio.

Jesús Elizalde Sainz de Robles
(1907-1980)
Por esto mismo, porque cuando era la hora militar supimos estar a sus órdenes sin recabar la menor participación en su misión directiva, tenemos, al llegar el momento de la ordenación política, autoridad para reivindicar la responsabilidad de esa ordenación. Nuestra conducta de entonces es la mejor garantía de nuestro proceder en el futuro. El esfuerzo mismo del Ejército, estará condenado a la más completa esterilidad, si nuestro propósito político no logra la instauración de un orden de cosas que recoja su espíritu y esencias.

Declaramos aquí, finalmente, que este acto de la Comunión Tradicionalista responde no sólo a su sentir unánime, sino al de otros muchos sectores de la vida nacional que no encuentran otro medio de manifestar sus inquietudes, y podemos afirmar que se encuentran plenamente representados en nuestra actuación.

José Martínez Berasain (1886-1960),
vicepresidente de la Junta Central
Carlista de Guerra de Navarra
Esperamos confiadamente que quienes, de un modo más directo, están interesados en el triunfo de la Causa Monárquica, reconocerán como única posible nuestra misión directiva, y se incorporarán sin reservas al plan de Restauración que proponemos, en el que han de quedar resueltos fundamentalmente los problemas esenciales de nuestra vida nacional.

Debemos esperar de V. E., para el que pedimos a Dios las luces necesarias, que recoja toda esta inquietud nacional, convencido que la Providencia puso en sus manos, como gloria máxima, la de facilitar a España la vuelta a sus instituciones políticas tradicionales.

Sevilla y Madrid, 15 de agosto de 1943.

MANUEL FAL CONDE, Manuel Senante Martínez, Conde de Rodezno, José María Arauz de Robles, José María Lamamié de Clairac, José Luis Zamanillo, Antonio Iturmendi, José María Valiente, Agustín González de Amezúa, Juan Sáenz-Díez, Rafael Olazábal Eulate, Joaquín Baleztena, Mauricio de Sivatte, Calixto González Quevedo, Jesús Elizalde, José Martínez Berasain.

Madrid, noviembre 1943.

Santa Cruz, Manuel de (1980): Apuntes y documentos para la historia del tradicionalismo español, tomo 5: pp. 174-180

Categorías del blog

Tradicionalismo granadino (54) Tradicionalismo en nuestro tiempo (38) Carlistas de Granada (25) Comunión Tradicionalista durante el periodo alfonsino (25) Guerra Civil Española (24) Comunión Tradicionalista durante el gobierno de Franco (21) Comunión Tradicionalista durante la Segunda República (21) Requetés (21) Cruzada de Liberación (19) Tercera guerra carlista (15) S.A.R. Don Sixto (13) Historia del carlismo (12) Poemas (12) Prensa tradicionalista (12) Tercio de Requetés Isabel la Católica (12) Mártires de la Tradición (11) Juan Vázquez de Mella (10) Familia Real proscrita (9) Primera guerra carlista (9) Militares carlistas (8) Rafael Gambra (8) El Siglo Futuro (7) Familia Borbón Parma (7) General Carlos Calderón (7) 18 de julio (6) Círculo Fal Conde (6) Guerra Civil en Granada (6) Obispos íntegros (6) Tradicionalismo malagueño (6) Carlos VII (5) Cofradía Nuestra Señora de los Dolores de Granada (5) Doctrina carlista (5) Familia Pérez de Herrasti (5) Guerra de la independencia (5) Guerra realista (5) Toma de Granada (5) Agrupación Escolar Tradicionalista (4) Alzamiento Nacional (4) Carlistas célebres (4) Carlos Hugo de Borbón Parma (4) Fiesta de Cristo Rey (4) Manuel Fal Conde (4) Miguel Ayuso (4) Montejurra (4) Virgen de las Angustias (4) Agencia FARO (3) Arzobispos de Granada (3) Boletín Fal Conde (3) Comunión Tradicionalista (3) Crímenes liberales (3) ETA (3) El Correo Español (3) Francisco Guerrero Vílchez (3) Francisco José Fernández de la Cigoña (3) Javier de Borbón Parma (3) José Miguel Gambra (3) Juan Bertos Ruiz (3) Liturgia católica (3) Partido carlista (3) Víctimas de ETA (3) Víctimas del terrorismo (3) himnos tradicionalistas (3) Andrés Manjón (2) Arvo Jokela (2) Balbino Rubio Robla (2) Carlismo en Hispanoamérica (2) Carlistas de Almería (2) Carlistas de Málaga (2) Conde de Rodezno (2) Contra-revolución (2) Cristóbal Colón (2) Descubrimiento de América (2) Día de la Hispanidad (2) Emilio Ruiz Muñoz (2) Fabio (2) Francisco Elías de Tejada (2) Francisco de Paula Oller (2) G. K. Chesterton (2) General Sanjurjo (2) Gran Capitán (2) Historia de España (2) Jaime III (2) Jaimismo (2) José María Lamamié de Clairac (2) José Sanjurjo (2) Juan Manuel de Prada (2) Juan Marín del Campo (2) Julio Muñoz Chápuli (2) Maestrantes de Granada (2) Manuel Senante (2) Marqués de Villores (2) Partido Integrista (2) Periodistas carlistas (2) Revista Cristiandad (2) Siglo de Oro español (2) Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo (2) A los 175 años del Carlismo (1) Abrazo de Vergara (1) Acción Católica (1) Alejandro Utrilla (1) Andrés Pérez de Herrasti y Pulgar (1) Antonio Aparisi y Guijarro (1) Antonio Iturmendi (1) Antonio Molle Lazo (1) Asociación Víctimas del Terrorismo (1) Balbino Santos Olivera (1) Bandera de Andalucía (1) Batalla de Lepanto (1) Batalla de Montejurra (1) Carlism (1) Carlismo (1) Carlismo en Andalucía (1) Carlismo en Navarra (1) Cayetano de Borbón Parma (1) Cerro Muriano (1) Chafarote (1) Cien Mil Hijos de San Luis (1) Club de tertulia Secondo Venerdi (1) Cofradía Nuestro Padre Jesús del Rescate (1) Conde de Arana (1) Conde de Padul (1) Conrado Reiss (1) Coronel Longo (1) Corpus Christi en Granada (1) Cruzadas (1) Crímenes comunistas (1) Crímenes nazis (1) Dalmacio Iglesias (1) Dinastía carlista (1) Dinastía usurpadora (1) Dionisio Bolívar (1) Don Quijote de la Mancha (1) Edad Media (1) Editorial Católica Española S. A. (1) Editorial Tradicionalista (1) Eduardo Baselga Recarte (1) El Cruzado Español (1) El Pensamiento Navarro (1) El final de una ilusión. Auge y declive del tradicionalismo carlista (1) Emilia Pardo Bazán (1) Emilio Barrera Luyando (1) Enrique VIII de Inglaterra (1) Erasmo de Rotterdam (1) Francisco Javier Mier y Campillo (1) Francisco Navarro Villoslada (1) Francisco Suárez (1) Fray Leopoldo de Alpandeire (1) Friedrich Engels (1) Félix Sardá y Salvany (1) Gabino Tejado (1) General Barrera (1) General Elío (1) Hermandad Sacerdotal San Pío X (1) Historia de Andalucía (1) Historia del Tradicionalismo Español (1) Homilías (1) Ignacio Baleztena Ascárate (1) Isabel la Católica (1) Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti (1) Jaime Balmes (1) Jaime de Carlos Gómez-Rodulfo (1) Jean-Jacques Rousseau (1) Jesuitas (1) Jesús Evaristo Casariego (1) Joaquín Ímaz Martínez (1) Josep Carles Clemente (1) Josep Miralles Climent (1) José Carlos Clemente (1) José Luis Zamanillo (1) José Manuel Baena Martín (1) José María Arauz de Robles (1) José María Valiente (1) José María de Pereda (1) José Meseguer y Costa (1) José Moreno Mazón (1) Juan Antonio Ansaldo (1) Juan Calvino (1) Juan Donoso Cortés (1) Juan María Roma (1) Juan Sáenz-Díez (1) Julio Nombela (1) Karl Marx (1) La Hormiga de Oro (1) La rebeldía carlista. Memoria de una represión silenciada (1) Leonardo Castellani (1) León XIII (1) Liberalismo (1) Literatura (1) Lorenzo Sáenz y Fernández Cortina (1) Los últimos de Filipinas (1) Maite Araluce Letamendia (1) Manifiesto de los Persas (1) Manuel Fernández de Prada (1) Manuel María Fernández de Prada (1) Manuel Polo y Peyrolón (1) Manuel Sola Rodríguez-Bolívar (1) Marcelino Menéndez Pelayo (1) Marián Vayreda (1) Marqués de las Torres de Orán (1) Martin Luther (1) Martín Lutero (1) Masonería (1) Mauricio de Sivatte (1) Melchor Ferrer Dalmau (1) Mercedes Vázquez de Prada (1) Miguel de Cervantes (1) Misa tradicional (1) Misa tridentina (1) Muertos por Dios y por España (1) Obispos de Almería (1) Padre Manjón (1) Papa Pío XII (1) Pedro Calderón de la Barca (1) Pensadores tradicionalistas (1) Programa tradicionalista (1) Protestantes (1) Protestantismo (1) Príncipe heroico y soldados leales (1) Quintillo (1) Ramón María del Valle-Inclán (1) Ramón Nocedal (1) Reforma protestante (1) Revista Montejurra (1) Revolución francesa (1) Reyes Católicos (1) Reynaldo Brea (1) Salvador Morales Marcén (1) San Agustín (1) San Fernando (1) San José (1) San José de Calasanz (1) San Pío X (1) Sanfermines (1) Santiago Apóstol (1) Sitio de Ciudad Rodrigo (1) Sixto Enrique de Borbón (1) Sylvia Baleztena Abarrategui (1) Tercio Nuestra Señora de la Merced (1) Tercio de Requetés Nuestra Señora de las Angustias (1) Tolkien (1) Tomás Domínguez Arévalo (1) Tradicionalismo francés (1) Ulrich Zwingli (1) Ulrico Zuinglio (1) Unidad católica (1) marxismo (1) piloto Lacombe (1) Ángel David Martín Rubio (1) Ángel Ganivet (1) Órgiva (1) Константин Константинович Семенов (1) Русская эмиграция и гражданская война в Испании 1936-1939 гг. (1)

¡Ayúdanos a mantener enhiesta la bandera de la Tradición!