Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY
Animamos a nuestros lectores a publicar comentarios, siempre que lo hagan desde el respeto a nuestra Santa Causa, al Abanderado de la Comunión Tradicionalista, a su Secretaría Política y a la dinastía legítima. Se borrará todo comentario irrespetuoso, derrotista o que no guarde relación alguna con nuestras publicaciones.

domingo, 10 de marzo de 2019

A los mártires carlistas

Himno a los mártires:

Los carlistas, asombro del mundo,
Como bravos supieron luchar
Por librar a la España querida
Del oprobio y baldón liberal.

Y su sangre, semilla fecunda
De carlistas ha sido y será,
Pues la causa que tiene sus mártires
No se pierde ni extingue jamás.

Sus ejemplos valor nos infunden
Y cual ellos sabremos luchar
En el día tal vez no lejano,
Cuando ruja el furioso huracán.

Si nos hiere una bala traidora,
Nada importa, habrá un mártir más;
Si al cuerpo le cubre la tierra,
Tendrá el alma una gloria inmortal.

Niceto (La Verdad, 10 marzo 1904)




Hoy, 10 de marzo de 2019, los tradicionalistas de toda España —y aún de los países hispánicos de Ultramar— honramos a cuantos nos precedieron en la lucha contra el liberalismo, y muy singularmente a todos los que vertieron su sangre por la Santa Causa de la Religión, la Patria y la Legitimidad.

Entre tantos leales que nos vienen a la cabeza, nos acordamos en esta fecha del periodista Francisco Guerrero Vílchez, veterano de la Tercera Guerra Carlista y director del periódico carlista granadino LA VERDAD (1899-1941) y autor de las siguientes líneas, tomadas del libro Homenaje de la Comunión Carlista á los Mártires de la Tradición y del Derecho (1908), que hacemos nuestras:


A vosotros, mártires de la Tradición, cuyos heroicos hechos se encuentran consignados en la Historia, constituyendo una de sus más brillantes páginas; la Patria, por orden de nuestro Augusto Jefe, os consagra el día de hoy.
Francisco Guerrero Vílchez (Granada, 1854-1941)

Sí, vosotros representáis el genuino y caballeresco carácter español: por eso la Patria viste hoy de luto recordando las proezas de sus héroes y el valor de sus mártires.

¡Hoy es día de luto para la España tradicional!

¡Oremos, pues, por esos valientes; oremos por nuestros hermanos!

¡Nobles compañeros que disteis vuestra generosa sangre en defensa de la más santa de las causas y por la verdadera libertad, descansad en vuestras tumbas!

Vuestra empresa, digna es de soldados de la Religión y del Trono.

La patria agradecida a tan sublime abnegación, os dedica el recuerdo que merecéis.

Vuestra sangre será semilla de nuevos entusiasmos y germen de nuevos campeones.

Cuando nosotros reclutas disponibles de nuestro Rey continuemos la obra que hace años emprendisteis, y con la ayuda de Dios el éxito corone nuestros esfuerzos, vuestra será la victoria.

Al dedicaros El Tradicionalista este Homenaje y recuerdo, creo que experimentará siquiera la satisfacción propia del que hace un bien; pues honrando vuestra memoria se cumple con un deber de hermanos y se honra a los valientes que murieron por Dios, su Patria y el Rey.


 Francisco Guerrero Vílchez        
Director de «La Verdad» (Granada).

lunes, 18 de febrero de 2019

El comunismo también es liberal

Dada la confusión conceptual y terminológica que impera actualmente, hay quienes consideran liberalismo y comunismo extremos opuestos. Nada más lejos de la realidad. Aunque los defensores del libre mercado y de una democracia de partidos con bajos impuestos se hayan autoproclamado en nuestros días representantes exclusivos del liberalismo, la ideología o más bien pseudo-religión liberal nacida en el mal llamado Siglo de las luces, con su racionalismo, su enciclopedismo, sus «derechos del hombre y del ciudadano», su militarismo, su guillotina y su reinado del Terror, puede ser también perfectamente reivindicada como propia por la socialdemocracia y hasta por el comunismo, como veremos seguidamente.

Lo que la Iglesia católica entiende por liberalismo quedó definido por el magisterio pontificio hace más de un siglo. En su encíclica Libertas praestantissimum (1888), el Papa León XIII, siguiendo el ejemplo de sus antecesores y basándose en los doctores de la Iglesia y las Sagradas Escrituras, precisaba la condena a esta doctrina, ya definida —ex cathedra e infaliblemente, en opinión de muchos teólogos— en el famoso Syllabus (1864) de Pío IX. La encíclica leonina no hablaba de una economía de bajos impuestos, ni del tamaño que debía tener la administración pública, si bien este mismo Pontífice abordaría la cuestión social en los posteriores documentos magisteriales Rerum Novarum (1891) y Graves de Communi Re (1901). No condenaba tampoco la democracia como forma de elegir a los gobernantes, pero sí como fundamento del poder, pues el poder no viene del hombre, sino de Dios. Sin embargo, actualmente no existe en ningún lugar del planeta la democracia que aceptaba León XIII como legítima, entendiéndose hoy el término, por contra, como sinónimo de liberalismo con sufragio universal.

Habida cuenta que tanto neoliberales como comunistas coinciden en que el origen del poder no es divino, sino humano, y que ambos se definen como demócratas en el sentido liberal, no es difícil entender que unos y otros son liberales. Y es que además de tener una misma progenie que se remonta al reinado de Robespierre, siguen compartiendo una serie de principios, incluida la hipócrita premisa liberal de «libertad para todos» excepto para quienes ellos mismos consideran «enemigos de la libertad». No en vano, la nota característica de los liberales es que siempre pretenden legislar y gobernar exclusivamente para los suyos, como pone de manifiesto, por ejemplo, la manida expresión «unión de los demócratas», como antaño «unión liberal».

Así se entiende mejor que tantísimos corifeos y adalides del neoconservadurismo liberal en nuestros días hubiesen militado activamente en el comunismo en los años 60 y 70 del siglo pasado, pues realmente jamás cambiaron sustancialmente de principios.

En 1932 el genial redactor «Fabio» del diario tradicionalista El Siglo Futuro explicaba en un artículo esta estrecha vinculación a la que nos referimos y hemos considerado de gran interés reproducirlo a continuación.




GENEALOGIA POLITICA

Libertades y dictaduras

La Constitución del comunismo ruso dispone que los soviets tengan Congreso dos veces al año. No se cumple a la letra; esto de promulgar Constituciones para luego no cumplirlas en lo que tienen de incómodo, es de todos los climas revolucionarios.

El séptimo de los Congresos celebrados por los soviets fue en diciembre de 1919. Allí dijo Lenin:

«Nosotros no hemos prometido jamás que nuestra Constitución garantizaría la libertad y la igualdad en general. En cuanto a la libertad hay que concretar a qué clase y a qué fines está reservada; en cuanto a la igualdad, ¿para quién ha de ser sino par a aquellos que trabajan...? Esto es, y no otra cosa, lo afirmado en la Constitución: la dictadura de los trabajadores y de los campesinos reducidos a la extrema pobreza, para suprimir la burguesía.» 

Hasta aquí Lenin. De este exclusivismo que constriñe la libertad comunista a los comunistas, infieren algunos que el comunismo ruso, que es el que anda por todas partes, nada tiene que ver con el liberalismo, ni es liberal. Dos afirmaciones que analizaremos brevísimamente.

¿Nada tiene que ver el comunismo con el liberalismo?... Se afirma esto inmediatamente después de afirmar que dentro del liberalismo caben todas las ideas y todos los partidos, y todos tienen igualmente expedito el camino para el logro de la mayoría que los encumbre al poder... Y no se advierte que, aunque otras relaciones de más profunda trabazón lógica, inquebrantable, no unieran y compenetraran el comunismo con el liberalismo, ya en eso habría sobrada relación.

Sólo por esa libertad liberal de propaganda, que ya puntualizaremos, el liberalismo es la incubadora universal de todos los errores. En ella cabalmente se incubó el comunismo ruso, como se incubaron todos los comunismos y todos los socialismos y todas las anarquías en todas partes.

Sin salir, pues, de las razones que se alegan par a demostrar que el comunismo nada tiene que ver con el liberalismo, tenemos razones suficientes, apodícticas, de todo lo contrario.

Otro hecho lo confirma. El liberalismo económico con su excesivo individualismo, con su excesiva concurrencia libre, con la intromisión de su Estado en la sociedad doméstica y en toda sociedad independiente de él por su naturaleza, con su centralismo despótico, provoca el colectivismo socialista o comunista, y allana el camino a la absoluta negación de toda sociedad que no sea el Estado o la Confederación, omnipotente, infalible, con todos los atributos de la divinidad, pero de una divinidad sin entrañas y absurda.

Tienen mucho que ver con el liberalismo, cuyo Estado es el Estado socialista en embrión y la Confederación comunista, y la fisiocracia anárquica, el socialismo, el comunismo ruso y todos los comunismos y todas las anarquías. Es el germen de todas, económica y políticamente. Por eso dice Pío XI, hablando del socialismo educador, que «es hijo del liberalismo y padre del bolchevismo».

La segunda afirmación, la de que el comunismo no es liberal, tiene algo de sofística.

Ciertamente la libertad soviética es para los soviets, como dice Lenin... Adviértase que la libertad socialista es para los socialistas, y la libertad republicano-socialista es para los republicanos socialistas. Pero la libertad del liberalismo ¿para quién es?...

Es verdad que cuando el liberalismo empieza en una nación católica es capaz de proclamar hasta la unidad católica en su primera Constitución, aunque a renglón seguido proclame todos los principios negadores y destructores de esa unidad. Es verdad que cuando empieza en una nación católica donde no tiene prosélitos, proclama libertad para todos: derechos iguales para la verdad y el error. Pero aun entonces su himno será el que ahora lo es de la República socialista: «Constitución o muerte».

Esta restricción va ensanchando el campo de su exclusivismo hasta que manifiestamente la libertad liberal no es para la Iglesia, no es para las tradiciones del pueblo, es para la revolución que él se ha encargado de sembrar con sus principios.

La libertad liberal es para el liberalismo, fase primera del derecho nuevo; es para el derecho nuevo con toda su genealogía, de que él es padre.

Tenemos, pues, prácticamente, experimentalmente, históricamente, que si la libertad comunista es para los comunistas, y la libertad republicano-socialista es para los republicanos socialistas, la libertad liberal es para los liberales. En el comunismo, la dictadura comunista; en la República socialista, la dictadura republicano-socialista; en el liberalismo, la dictadura liberal que es la primera de todas estas dictaduras del derecho nuevo.

La naturaleza de esta libertad no puede ser más idéntica en todos. Es una sola libertad con diversas fases y manifestaciones diversas en el curso de su lógica y necesaria evolución.

La mejor definición de esta libertad, que sin duda puede genéricamente llamarse liberal, pues esa es su naturaleza desde que empieza en el liberalismo hasta que acaba en la anarquía, la dan los judíos en sus Protocolos: La libertad, dicen, es el derecho de hacer cada uno lo que quiera conforme a la ley; pero la ley la hacemos nosotros...

¿No es esta la libertad comunista? ¿No es esta la libertad socialista?... Pues esa es la libertad liberal.

Y esta es la legalidad de que con tanto respeto ha de hablarse y a la que dicen que ha y que adherirse en razón de poder constituido; la que dispone eso que llaman mayorías liberales, socialistas, comunistas y anarquistas, sin más razón que la fuerza del número, tan fácil de explotar por la ambición y la audacia.

FABIO

El Siglo Futuro (2 de febrero de 1932)

sábado, 5 de enero de 2019

El mal menor, por Juan Vázquez de Mella



La guerra exclusivamente defensiva lo mismo en las luchas guerreras que en las sociales y en las batallas de doctrinas, no es más que una triste necesidad de los débiles. Y cuando no es así, por fuerte que sea el ejército que limita sus empresas a resistir la violencia, no conseguirá otra cosa que pactar con la muerte, transigir con desventaja con el enemigo y abdicar hasta la esperanza de la victoria.

Con esa estrategia del mal menor se puede hacer el recuento de todas las batallas que se han perdido; pero no es posible empezar la lista con una sola que se haya ganado.

Durante todo el siglo décimo nono, no hay en España una sola década en que no haya perdido algo la fortaleza de la fe: Un día cae una almena, otro se ciega un foso, más tarde se derrumba una torre, después se cuartea un muro, y no está toda en el suelo, porque ha habido los soldados de la tradición que acometieron por fuera al adversario. ¿Y todavía habrá quien defienda semejante estrategia, que no es más que la teoría de la derrota? La sabiduría popular la comenzó en uno de sus gráficos apotegmas: «El que pega primero pega dos veces»; pero los católicos españoles repetimos filosóficamente la súplica del general griego: «Pega, pero escucha». Y la Revolución, que no es en sus distintas formas más que la fuerza impía, pega, pero no escucha; y si escucha es para llamarnos ¡provocadores! —como el lobo de la fábula al cordero que bebía más abajo— y después pega otra vez. Y sin embargo no aprendemos. La ley del escarmiento, que rige para los gatos, no rige para los católicos españoles.

Los que pueden vencer, los que vencerán sin duda, si se lo proponen valerosamente, son los que no acataron las instituciones enemigas, ni entraron en su legalidad, ni se resignaron a la estrategia de la sola defensa, sino que tomaron resueltamente la ofensiva; que a la táctica ofensiva se deben las victorias; que por no saber seguirla los católicos, vamos perdiendo cada día un girón de nuestra bandera y un pedazo de nuestra independencia.

Juan Vázquez de Mella

Fuente: Álbum Histórico del Carlismo: 1833-1933-35, pp. 307-308.


A este fantástico texto de Vázquez de Mella, con el que estamos plenamente de acuerdo, solo añadimos lo siguiente: no nos limitemos a arremeter contra el que meramente defiende (aunque ello pueda ser en algún momento necesario), sino lideremos, a campo abierto, el ataque al enemigo, ganando de este modo las simpatías de los que defienden desde la fortaleza, que verán en nosotros, sus salvadores, el mejor ejemplo a seguir y correrán presurosos a abandonar sus puestos para ingresar en nuestras filas. Porque los católicos (católicos verdaderos, entiéndase bien) que se defienden y no atacan, por muy equivocados que estén, no son nuestro enemigo, sino aquellos a quienes precisamente queremos salvar.

miércoles, 2 de enero de 2019

Los tradicionalistas hemos celebrado la Toma de Granada

Como cada año, este 2 de enero los tradicionalistas granadinos hemos celebrado que Granada y España son católicas.

Después del Te Deum en la catedral (con la notable ausencia del arzobispo que no entendemos y una aburrida homilía que no ha hecho alusión a la Toma de Granada), hemos acudido a la Capilla Real, donde reposan los ínclitos Reyes Católicos, por quienes hemos rezado. Ante sus tumbas y luego en la Plaza del Carmen hemos visto tremolar el pendón de nuestra ciudad, mostrando nuestras banderas de España con el Sagrado Corazón de Jesús.

Como siempre, los granadinos han salido por miles a la calle a celebrar la Toma y han vitoreado a la Legión, exhibiendo más que nunca nuestros símbolos nacionales. En la plaza del Carmen y la calle Reyes Católicos no cabía un alfiler. El grupúsculo de renegados y energúmenos a los que inexplicablemente las autoridades reservan un rincón en la plaza, cada vez es más insignificante.

Como nota negativa, nos ha parecido un tanto ridícula la pintoresca comparsa de moros y cristianos (de lo que no hay costumbre en la ciudad) que se ha realizado en esta ocasión, con trajes que parecían de carnaval, después del desfile de la Legión y de la comitiva oficial con el pendón; pensamos que puede tratarse de un intento del Ayuntamiento de quitar solemnidad a la Toma.






El viernes 2 de Enero de 1492, a las 3 de la tarde aparecieron en las almenas de la torre más alta de la Alhambra de Granada, el estandarte de Santiago Apóstol y el pendón real de Castilla. Ante este glorioso espectáculo el coro de la real capilla prorrumpió con el solemne Te Deum y todo el ejército cristiano penetrado de profunda emoción se postró de rodillas en acción de gracias. 

Cuando el rey moro llegó a la presencia de los Reyes Católicos, que esperaban su llegada en la Ermita de San Sebastián, quiso apearse del caballo y besar sus manos en señal de homenaje, pero el Rey Fernando el Católico se apresuró a impedírselo y le abrazó en prueba de su afecto y consideración. 

El rey moro se acercó al cristiano y se procedió a la entrega solemne de las llaves del palacio y fortalezas, diciendo: «Tuyas son ó rey pues que Allah así lo ha dispuesto, usa de tu triunfo con clemencia y moderación». Don Fernando tomó las llaves las puso en manos de la Reina, de la Reina en manos del Príncipe, su hijo y del Príncipe las tomó Don Iñigo de Mendoza, Conde de Tendilla a quien el Rey había nombrado teniente de la Alhambra. 

El Rey moro Boabdil, después del acto de sumisión, pasó a reunirse con su familia que se había adelantado con los efectos más preciosos por el camino de las Alpujarras. Entre tanto el rey moro seguía el camino llegó a un montecillo desde donde se descubría por última vez la ciudad de Granada. Allí detuvo el caballo y al dirigir su mirada postrimera sobre aquellos lugares de su pasada grandeza, su corazón se llenó de dolor y no pudo menos que llorar. Le replicó su madre: «llora, llora como mujer la pérdida de un reino por cuya defensa no has sabido morir como un hombre». 

Al atardecer, los Reyes Católicos dejaron el mando de la ciudad al Conde de Tendilla y volvieron a su campamento de Santa Fe. Tres días más tarde, el 5 de Enero, harían su entrada pública y solemne en Granada.


La rendición de Granada,
por Carlos Luis de Fibera y Fieve, 1890.

jueves, 27 de diciembre de 2018

El médico y periodista católico José Fernández Martínez

José María Fernández Martínez
(Alcudia de Guadix, 1848-Baza, 1928)
Fotografía tomada de Myheritage
Tal día como hoy hace exactamente 80 años, el 27 de diciembre de 1928, fallecía en Baza, confortado con los Santos Sacramentos y la bendición de Su Santidad, don José Fernández Martínez, doctor en Medicina y Cirugía y Terciario franciscano.

Su obra Armonía entre los hechos verdaderos y la verdadera ciencia dictamen sobre la epidemia española de 1885 lo definía como Alumno premiado en oposición con el Accesit, en la asignatura de Patología quirúrgica, con el Premio ordinario en las de Terapéutica, Materia médica, Arte de recetar, Obstetricia, Enfermedades especiales de la mujer y de los niños, Clínica médica, Primer curso, Clínica quirúrgica segundo curso, y Clínica médica, segundo curso, y con el Premio estraordinario del grado de Licenciado en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Granada.

Católico a macha martillo, batalló en las filas del Tradicionalismo integrista sin ceder un ápice en cuanto significó la defensa de la Religión y de las santas tradiciones españolas.

Fundó en Granada y dirigió con gran acierto y competencia un periódico que se llamó El Triunfo y en el que luchó con gran tesón contra el liberalismo, que por aquellas calendas ya empezaba a invadirlo todo y filtrarse en todo.

Con la muerte del señor Fernández Martínez perdió la causa católica un gran adalid, pues aunque anciano, que al morir contaba ochenta años de edad, siempre estuvo en la brecha, dispuesto al sacrificio por la causa de Dios. Su fallecimiento causó general sentimiento entre los que le conocían y trataban, pues a sus excelentes cualidades de cultura y saber unía un carácter afable que le granjeó el respeto de todos.

De haber vivido pocos años más, habría llegado a ver el gran resurgir de la bandera de «Dios, Patria y Rey», con el retorno a la casa común del Tradicionalismo de la Comunión integrista en la que militaba, que se había separado del legitimismo carlista en 1888, si bien mantuvo la ortodoxia en el resto de los principios y desde 1906 actuó en estrecha alianza con la Comunión carlista.

Recibieron el pésame del diario integrista madrileño El Siglo Futuro su esposa doña Dolores Funes Yagüez; y sus hijos María de las Angustias, Torcuato Francisco, Juan y Antonia María. *

El Ayuntamiento de Granada dedicaría una calle a tan insigne médico y periodista, merecimiento que también recibió su compañero de prensa, el veterano carlista don Francisco Guerrero Vílchez, todo un héroe y adalid del tradicionalismo de quien ya hablamos en entradas anteriores.

Calle Periodista José Fernández Martínez en Granada

Como buen católico español, en 1893 se sumó a las protestas generales contra las actuaciones que pretendían romper la centenaria unidad católica de España, enviando al director de El Siglo Futuro, la siguiente carta:

Sr. D. Ramón Nocedal 
    Muy señor mío, de mi mayor consideracion: 
Apresúrome á unir mi protesta á las ya hechas por la construccion y posible apertura del templo protestante en la capital de la nacion. Hechos tales son un reto audazmente lanzado contra Jesucristo y su Iglesia, é implican, más que una ofensa á los sentimientos católicos del pueblo español, una acusacion de complicidad de estos mismos sentimientos contra la soberanía social de Jesucristo. 
    Sí, el pueblo español, que no ha tolerado, tolera, ni tolerará, que se le quite ó niege el calificativo de católico, aun á trueque de dejar cobarde ó traidoramente le hagan girones la bandera del Catolicismo, debe tener esculpidas en su corazon las palabras del inmortal Pio IX, cuando decia: «Llámese á las cosas por su propio nombre.» 
    Y si es católico, si quiere que tal se le llame, y que por tal se le tenga, obre como tal, siempre y en todas partes, en toda ocasion y forma, sin respetos indebidos y sin pueriles temores; y si no lo es, si sus obras lo contradicen, ya porque tolere bajo mentidas hipótesis imposiciones denigrantes, ya porque consienta bajo falaces y ambíguas leyes lo que su conciencia rechaza, lo que á su dignidad se opone, y lo que á su honor mancha, deje en buen hora se lleven el calificativo de católico para otra nacion ú otros hombres de más viriles energías, y que no ya con palabras, sino con obras, et ex tota mente tua, et ex toto corde tuo, et ex tota anima tua, ame á su Dios y lo defienda, ame á su Iglesia santa y por ella dé la vida. 
    Pues el pueblo español, á no ser así, convencido, como dice un adagio vulgar, de que «el hábito no hace al monge,» debe persuadirse, llámese ó no, téngasele ó no por católico, que sólo lo será de hecho, si pelea legítimamente; mas si los oportunismos del dia, los realismos de la época, ó los malquistamientos del siglo le llevan y hacen obrar en derrotero opuesto, ó le conservan, al ménos, en su indisculpable y vergonzosa inaccion, sepa, sin género de duda, que sobre su frente, manchada siempre con la construccion, y ojalá no apertura del templo protestante, y sobre su corazon envilecido con la tolerancia infausta y estemporánea del art. 11 de la Constitucion, llevará grabada aquella sublime sentencia de la Verdad Eterna: Qui non est mecum, contra me est
    Baza, 17 de Enero de 1893. 
        JOSÉ FERNANDEZ MARTINEZ,
            Dr. en Medicina y Cirujía.

* Información tomada en su mayor parte de El Siglo Futuro (31 de diciembre 1928)

lunes, 24 de diciembre de 2018

Nuestra reunión carlista navideña en Baeza (Jaén)

El pasado 22 de diciembre de 2018, sábado de Témporas de Adviento, tuvo lugar en Baeza un acogedor y entrañable encuentro de varios tradicionalistas venidos de las provincias de Jaén, Córdoba, Granada, Málaga y Almería.


Tras una abundante y deliciosa comida navideña en un restaurante céntrico, muy cerca de donde hace unas pocas semanas tuvimos ocasión de escuchar la magnífica conferencia sobre el reinado social de Cristo del Rvdo. D. Javier Utrilla, el presidente del círculo tradicionalista de Granada, Rodrigo Bueno, pronunció el siguiente discurso:

Queridos correligionarios, permitidme unas palabras: 
Muchas gracias, Roberto, por haber organizado este banquete, y muchas gracias a todos los que habéis venido. Esta reunión navideña no es una mera comilona. Estamos aquí porque compartimos una misma fe, la de Jesucristo, y unos mismos principios, los de la tradición española. 
Desde hace décadas vivimos tiempos decadentes. Creo que todos los que estamos en esta mesa incluso hemos nacido en ellos, pero Dios nos ha dado la gracia de no dejarnos arrastrar por la corriente neopagana. Por eso estamos aquí, en la noble ciudad de Baeza, celebrando entre correligionarios la Natividad del Señor. 
Este año se ha cumplido el 40 aniversario de una Constitución atea y antiespañola que se hizo invocando el consenso entre conservadores, socialistas, comunistas y separatistas. Este texto nefasto, que hizo tábula rasa de toda legislación anterior, que echó por tierra nuestra victoria en la Cruzada de Liberación, permitió una infinidad de males, los cuales no han hecho sino empeorar. Y aún hay quien pretende hacernos creer que la causa de los males puede ser la solución a los mismos. 
La situación política que atraviesa nuestra Patria es verdaderamente trágica, pero no debemos perder la esperanza. Tras un larguísimo letargo hay síntomas que indican que la mentalidad de nuestro pueblo puede estar cambiando. Opongámonos con todas nuestras fuerzas al marxismo y al separatismo, pero no olvidemos que quien ha engendrado a ambos es el liberalismo. 
Recientemente hemos visto a algunos liberales contradecirse, parece que ni ellos mismos creen realmente en la doctrina que predican y que llevamos dos siglos padeciendo. ¿Cómo van a creer en la tan cacareada libertad de expresión los que han pedido el cierre de canales de televisión de la extrema izquierda? ¿Cómo van a creer en la democracia parlamentaria y en la libertad de asociación, si reclaman la ilegalización de partidos y asociaciones separatistas? ¿Cómo van a defender la libertad de cultos quienes piden que se cercene esa libertad a los mahometanos? 
Pero pedir estas cosas tan poco liberales (aunque hipócritas) ha dejado de escandalizar a mucha gente, lo cual es buena señal. Aprovechemos el momento. Pongamos de manifiesto las contradicciones del liberalismo y presentemos el pensamiento católico en todo su esplendor; procuremos que la gente entienda que la ideología demoliberal, que trata de seducir con su buenismo aparente, lejos de ser la solución, es la causa de una infinidad de problemas políticos y sociales. Sin liberalismo, jamás habría habido en España izquierdismo, ni separatismo, ni islamismo. 
Los católicos debemos ser los primeros en luchar por el derecho a la vida y contra la ideología que promueve la repugnante sodomía; pero no olvidemos que eso es, en realidad, defender la ley natural, que ni siquiera debería considerarse una «particularidad católica». Es preciso que vayamos más allá y combatamos por el reinado social de Jesucristo, por los derechos de Dios y de la Iglesia en la sociedad. Esos son realmente los principios no negociables para los católicos. 
Toda lucha contra el aborto que no incida en la necesidad imperiosa de recuperar la virtud de la castidad como modelo para toda la sociedad, es una batalla que cojea y que está condenada al fracaso. Deberían cerrarse todos los medios de comunicación con contenido pornográfico, también en Internet. Hay que concienciar sobre la plaga dañina de la pornografía, un mal que está causando estragos y está destrozando familias. Hagamos que los liberales vean sus contradicciones. Digámosles: «tu supuesta libertad de embrutecerte atenta contra mi libertad cierta como padre de familia de proteger a mis hijos de contenido obsceno en Internet». 
Declarémosles también la guerra a los anticonceptivos, pues aunque la mayor parte del clero ya no se atreva a decirlo en los púlpitos, sabemos que es pecado mortal usarlos, incluso dentro del matrimonio. Y por mucho que nos quieran hacer creer lo contrario, está demostrado que a más anticonceptivos, más abortos. Nunca ha habido tantos anticonceptivos como hoy, y nunca ha habido tampoco tantos niños asesinados en el vientre materno. 
Y es que la lucha contra la pornografía es la misma que contra los anticonceptivos, la misma que contra el aborto, la misma que contra la promiscuidad y el concubinato, la misma que contra el aberrosexualismo, y, realmente, la misma que contra el laicismo, pues el laicismo ha apartado a Dios de la sociedad, y desterrando a Dios desaparece la moral. 
Parece que los enemigos de la religión hayan tomado por lema la célebre frase de Dostoievski: «si Dios no existe, todo está permitido». Lo único que no permiten, claro, es que haya católicos que aún queramos regirnos por la ley de Dios. 
Quienes gobiernan en España no hacen más que "salir del paso". No piensan en las siguientes generaciones, sino en las siguientes elecciones; no les interesa nuestro porvenir, sino una posible moción de censura o unos posibles pactos electorales. Tenemos una colosal crisis de natalidad que está dejando a España sin niños y a unos españoles sin futuro, pero eso parece no preocuparles en absoluto. 
Por eso la monarquía tradicional, católica, templada y representativa, lejos de ser una idea desfasada, es hoy más necesaria que nunca. Es imprescindible un rey legítimo de origen y de ejercicio, que reine y gobierne, porque al no tener nada que perder, y nada que ganar –salvo la dicha espiritual y material del pueblo–, puede dedicarse a gobernar para el bien común, rodeándose de hombres sabios, la verdadera aristocracia. 
Queridos amigos: quisiera pediros que mantengamos un ambiente de auténtica camaradería y hermandad en nuestra Comunión. No nos dediquemos a pelearnos y atacarnos gratuitamente entre nosotros en las redes cibernéticas mientras los enemigos de España y de la Civilización Cristiana se afanan por rematar la faena y apagar cualquier rescoldo de españolidad. 
Recordemos las proféticas palabras de Vázquez de Mella: «Pronto habrá, después de un primero de Mayo terrible, un Dos de Mayo más glorioso que el de 1808». Ese 2 de Mayo más glorioso que el de 1808 se plasmó en un 18 de Julio de 1936, al que le siguió un 1º de Abril de 1939. Honremos a nuestros antepasados manteniendo vivo el espíritu del 2 de Mayo y del 18 de Julio, pues Dios sabe si algún día tendremos que imitarles. 
No somos una organización como otra cualquiera, porque nuestros principios son inmortales, y la Comunión Tradicionalista, como el Ave Fénix, es capaz de resurgir de sus cenizas, como ha demostrado varias veces su gloriosa historia. 
Como decía el general Tristany, nuestra gran comunión nacional es el eterno símbolo y personificación perpetua del leal y verdadero pueblo español. Con justicia éramos conocidos como la Guardia Civil de la Iglesia en España. Mantengamos ese espíritu de lealtad y de lucha. 
Es preciso que el león español, encadenado por un sistema extranjero, contrario a su ser, y convertido por él en cordero, levante por fin su abatida cabeza, sacuda fuertemente su melena, rompa sus cadenas y vuelva a marchar, sereno y firme, por la Historia. 
No seamos derrotistas ni nos dejemos engañar por las apariencias. Recordemos que Nuestro Señor nació pobre, desvalido, sin más amparo que el de un pobre carpintero, sin más abrigo que unos toscos pañales, y sin más lecho que un pesebre y un puñado de paja. Y sin embargo, ese Niño era el Creador de todas las cosas y el que vencería a la muerte y al pecado. 
Acudamos al portal de Belén con fe y esperanza. Pidamos al Niño Dios que vuelva a bendecir nuestra Patria y que confunda a esas legiones de Herodes modernos que quieren matarlo; que por odio a la Encarnación promueven el infanticidio; que por odio a la Santísima Virgen María, esclava del Señor, promueven el feminismo; que por odio al Evangelio, promueven el laicismo; y que, por odio a la naturaleza creada, promueven el aberrosexualismo y el reinado social del demonio. ¡No prevalecerán! 
¡GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD!



A continuación tomó la palabra José Luis Santos, joven y entusiasta carlista malagueño, que hizo un canto a la integridad tradicionalista en estos términos:

Queridos y estimados correligionarios todos: 
Tras haber sido partícipes del magnánimo discurso que ha precedido al presente, quisiera resaltar brevemente y con más contundencia en tiempos estos de depravación de principios, la necesidad ineludible e inevitable del integrismo.
En efecto, el integrismo que solo puede ser intrínsecamente carlista, ese santo celo por salvaguardar la pureza y ortodoxia de la inalterable Doctrina; esa noble e incansable lucha en pos de mantener inmaculados e impolutos nuestros sagrados fundamentos; en definitiva, ese bastión contrarrevolucionario inexpugnable e inquebrantable. 
Este recitado integrismo se hace palpable en el dualismo del Altar y del Trono. Por un lado, para la defensa acérrima de la verdadera Tradición, no se puede sino ser íntegramente católico. Este es el factor determinante que confiere identidad a la Tradición. No es posible bajo ningún concepto, pues, transigir sobre la verdad católica, la única verdad que nos alumbra frente a este embustero mundo de tinieblas. Hemos de adherirnos al Catolicismo sin reservas, hacer de nuestra consigna un estandarte completamente intolerante para con el error. Por esta nuestra condición radical, orgullosamente somos enemigos declarados e irreconciliables de esta sociedad deicida surgida y amparada en los preceptos del liberalismo.  
Esta fidelidad a la Religión queda reflejada sobremanera en las palabras del procurador en Cortes por la Iglesia, don Ramón Nocedal y Romea, que con valentía pronunció ante esa caterva de masones y demás enemigos de Dios en el Congreso, lo siguiente: 
«Yo no predico la guerra civil, ni el motín, ni la algarada, pero á esos y á cuantos oigan mi voz, quiero decir que desoyen la Voz venida del Cielo, y desobedecen la Voluntad Soberana que nos manda unirnos en apretado haz, y lanzarnos en falange á reivindicar nuestros derechos conculcados, á defender la Verdad desconocida, á restaurar el Imperio absoluto de nuestra Fe íntegra y pura, y á pelear con los partidos liberales, á quienes no yo, sino León XIII llama imitadores de Lucifer, hasta derribar y hacer astillas el árbol maldito. Queremos la Unidad Católica [que no confesionalismo] con todas sus consecuencias. Tenemos por aborrecible la libertad de conciencia, la libertad de cultos. Queremos luchar contra el liberalismo, el progreso y la civilización moderna.» 
Para el mantenimiento de esta unidad religiosa, para la supervivencia del Orden Social Cristiano, para la restauración del legítimo Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, es imprescindible la figura del Monarca. El restablecimiento total del Altar no se dará sin el del Trono. Hago mía la siguiente declaración que pueden hallar en la hemeroteca de Su Santidad el Papa Pío XII: «Los requetés, los Católicos prácticos. Los que salvaron a España. Cuantos se habían propuesto la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los Derechos y el Honor de Dios y de la Religión. Los llevo muy adentro en mi corazón y los bendigo.» 
Por consiguiente, sin tapujo alguno, puedo afirmar que en España el Catolicismo es el carlismo, y el carlismo es el Catolicismo. Y como es imposible que el carlismo concreto y determinado, y el anti-carlismo determinado y concreto, sean simultáneamente Católicos; de aquí que habiéndose declarado solemnemente que el carlismo es el Catolicismo, haya también que declarar con igual solemnidad que el no carlismo es el anti-Catolicismo. * [VÉASE NOTA MÁS ABAJO]
Magistralmente nos deleita don Juan Vázquez de Mella acerca de la sacralidad de la institución monárquica: «el Rey ha de ser y propiamente es sin duda, Vicario de Cristo en la tierra». Tiene así el divino cometido de representar a Dios en la gobernación de sus dominios, siendo la personificación misma de España. No Soberano de ese innovador y falaz “Reino de España” homogéneo, centralista y jacobino, sino de los Reinos de España, en la diversidad federativa de sus sagrados Fueros. 
Para finalizar, no quisiera olvidar remarcar el evidente deber de todo carlista, haciendo especial énfasis en la juventud: el de ser realmente españoles. Español no es aquel que tenga un color de piel determinado. La españolidad no se circunscribe a una raza. Español es todo aquel que es creyente en una misma y sola Fe (la Verdadera, Santa Católica y Apostólica) y es súbdito de un solo y mismo Rey (el legítimo, Don Enrique V). 
Esta lealtad incumbe que tengamos como réprobo e inadmisible cualquier tipo de accidentalismo, ese peligro que tanto nos acecha y que, como nos enseña la historia y  podemos observar amargamente tanto otrora como a día de hoy, a demasiados ha arrastrado  hasta las feroces garras de la traición más infame. Por el contrario, seamos mártires de la Santa Causa al grito de DIOS, PATRIA, FUEROS y REY. 
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva España Católica!
¡Viva Enrique V!

También se dirigieron a los asistentes Javier, estudiante de Almuñécar, que brindó por nuestros dos reyes, al que corresponde por derecho una corona de oro y el que ciñe una corona de espinas; y Jesús, de Córdoba, con sentidas palabras llenas de amor y preocupación por España, por la que todos los presentes nos mostramos dispuestos a darlo todo en estos sombríos tiempos que corren.


Seguidamente y de manera espontánea nos pusimos todos a cantar tradicionales villancicos y compartimos una agradable tertulia en un ambiente distendido de camaradería.

Tras la comida, todos los reunidos menos Carlos y el delegado de Juventudes Tradicionalistas, Manolo Molinero, que tenían que partir antes, realizamos una visita turística por la hermosa ciudad de Baeza, admirando sus señoriales palacios e iglesias, así como el bello paisaje jiennense con sus campos de olivos, con nuestras boinas puestas y exhibiendo nuestras banderas de España con el Sagrado Corazón y la Cruz de Borgoña, con la que combatieron los numerosos requetés andaluces, a quienes estamos dispuestos a imitar.




* NOTA: José Luis hace esta afirmación porque asegura que en España actualmente no hay ninguna otra agrupación política que defienda íntegramente el reinado social de Jesucristo. [cfr. LO BON CATOLICH, Barcelona 21/6/1883] Los tradicionalistas no equiparamos necesariamente carlismo a catolicismo y viceversa y nos remitimos a las enseñanzas de la Iglesia (ya en el siglo XIX) y a lo afirmado por Carlos VII sobre este particular: se puede ser católico sin ser carlista, pero no se puede ser carlista sin ser católico.  

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