Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY

lunes, 13 de noviembre de 2017

Presentación en Granada del libro «Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo»

El Club de Tertulia Secondo Venerdi y el Círculo carlista General Calderón organizaron en la Casa de Melilla de Granada una animada tertulia con Víctor Ibáñez sobre terrorismo, que tuvo lugar el pasado miércoles, 8 de noviembre.

Con el hilo conductor de las investigaciones desarrolladas en la obra «Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo» (Ediciones Auzolan, 2017) se habló sobre los fundamentos ideológicos del terrorismo etarra, la ofensiva criminal contra los tradicionalistas, la tragedia de los forzados a abandonar su tierra o la resistencia de los partidos foralistas —inspirados por los carlistas— en la Transición.

Hubo asimismo un recuerdo a todos los granadinos víctimas del terrorismo, con una mención particular al inspector José Manuel Baena Martín, asesinado el 11 de enero de 1978 durante el tiroteo mantenido con el Comando etarra que en Pamplona asesinó a finales de noviembre del año anterior al Comandante Joaquín Ímaz Martínez, de ascendencia y firmes simpatías carlistas.

Entre los participantes en la tertulia merece destacarse la presencia de Loreto Díaz Peinado y Dionisio Bolívar, de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que realizaron muy incisivas aportaciones y a los que Víctor Ibáñez rindió un cariñoso reconocimiento por su labor.


El autor del libro, Víctor Ibáñez, acompañado por Rodrigo Bueno (izq.),
y Alejandro Aguilar (der.), presidente del Club de Tertulia Secondo Venerdi.

La tertulia, con tapas incluidas, fue muy agradable y animada.

Varios carlistas granadinos asistieron al acto.

Víctor Ibáñez tuvo ocasión de dedicar
un ejemplar de su libro a Dionisio Bolívar,
de la Asociación de Víctimas del Terrorismo.

martes, 7 de noviembre de 2017

La Batalla de Montejurra (1873)



El día de hoy, y los de mañana y pasado, nos recuerdan los de iguales fechas del año 1873, por haberse librado la primer gran batalla entre el Ejército carlista, mandado por el general Elío, y el liberal, mandado por el general Morlones.

Sabíamos, ciertamente, que el objetivo principal del general Moriones era entrar en Estella por el valle de Azqueta, para lo cual disponía de un numeroso Ejército compuesto de todas las armas, y sabíamos, también, que abrigaba una completa seguridad en el triunfo.

Aunque en el ánimo del general Elío estaba dejar avanzar a nuestros adversarios hasta el mismo valle de Azqueta para librar allí la batalla, es lo cierto que el general Moriones, sea por lo que fuere, no se permitió más que quedar en Luquín, Barbarín y Urbiola, pueblos que ignominiosamente fueron desolados por las fuerzas a sus órdenes. Suponemos, buenamente, que la actitud en que se presentaron nuestros valientes voluntarios desde la madrugada del 7 que comenzó el fuego harían desistir de sus propósitos al citado general. Hizo perfectamente, aun cayendo, como cayó, en el mayor de los ridículos, porque de otro modo el desastre era inevitable.

En los dos primeros días que sostuvimos el fuego incesantemente, jugando principal papel la artillería, hubo que lamentar sensibles y numerosas pérdidas por ambas partes; pero el día tercero, al emprender el enemigo su vergonzosa retirada, cayeron en nuestro poder muchos prisioneros, y tuvimos la satisfacción de que un numeroso pelotón de fuerzas de Caballería se pasara a nuestras filas.

Como dato curioso y del que indudablemente recordarán algunos, jefes hoy, del Real Cuerpo de Artillería, podemos decir con orgullo que a nuestro Augusto Jefe, a quien siempre se le vio en las guerrillas animando con su valor a sus heroicos voluntarios, le conocieron perfectamente y saludaron con no pocos disparos, cayendo una de las granadas (que reventó) a muy pocos metros de distancia; y volviéndose el Rey al brigadier Bérriz, le dijo:

«Mira qué regalo me mandan tus compañeros de arma». 

Un enorme casco del proyectil a que aludimos ordenó el Rey lo recogieran, y mandó hacer en Eibar una purera, que conserva entre los muchos recuerdos que se hallan en el Palacio de Loredán.

I. de G.

El Correo Español (7 de noviembre 1901)

jueves, 12 de octubre de 2017

En el día de la Hispanidad: dos fechas memorables

Recuerdos y esperanzas

¡Tres de agosto y doce de octubre de 1492! Fiesta de la Raza se ha denominado a la conmemoración del glorioso acontencimiento comprendido en estas fechas imperecederas de nuestra Historia.

Los legitimistas, que, lejos de oponernos, nos congratulamos de la exaltación pública de sucesos tradicionales, queremos escribir unas líneas sobre los enunciados desde las columnas de EL CRUZADO ESPAÑOL.

Que este Semanario, amante de las glorias patrias como el que más, ansía dar brillo y esplendor al recuerdo de tan faustas efemérides.


¡Tres de agosto de 1492!... Noche serena y apacible. Dos horas antes de que la aurora despejara las sombras de la noche, cuando aun se veía un firmamento tachonado de rutilantes estrellas, aquel peregrino que en 1484 se acercaba al histórico convento de la Rábida pidiendo hospitalidad y alimento para el niño de seis años que llevaba de la mano —alimento y hospitalidad concedida tan generosamente por el P. Guardián— y que es Almirante general de la flota, pronta a partir en busca de lo ignoto, se dispone a pronunciar las simpáticas y majestuosas palabras In Nómine D. J. Christi, que era, según el P. Coll, «el lema y como el alfa y omega de todas sus acciones».

El astro-rey lanza desde el horizonte sus crenchas de oro por el espacio y hace brillar los cascos embreados de las naves surtas en el puerto de Palos de Moguer. A la izquierda, a unos tres kilómetros, aparece sobre una prominencia el blanco Monasterio, albergue de los humildes hijos de San Francisco, patrocinadores de la magna empresa.

¡Momento solemne!... El sonido de las campanas de cercana iglesia se confunde con el griterío de los ciento treinta hombres que componen la tripulación. El P. Fr. Juan Pérez, erguido y con el brazo en alto, según un célebre escritor, «cortaba el aire con la cruz de sus incesantes bendiciones»; un viento favorable hincha las velas de la Santa María, la Pinta y la Niña, capitaneadas por el genovés y los dos Pinzones. Comienzan los buques a «cabecear, cortan vertiginosamente las rojizas aguas del Tinto, y se pierden en la lejanía...» ¡Allí va España!...

* * *

¡Doce de octubre de 1492!... Son las dos ríe la madrugada. La Pinta hace señal de tierra. Un marinero está en la delantera de la proa desde anochecido oteando el horizonte. Se aclara el nublado cielo, y Juan Rodríguez Bermejo divisa sobre las aguas una mancha blanquecina: era de arena. Alza los ojos y descubre claramente, a la luz de la luna, la línea negra de la costa. Un trueno de bombarda hiere el espacio, y el grito de ¡Tierra! ¡Tierra! detiene los navíos hasta que aclara el día.

Colón, al oír el cañonazo, grita:

— Señor Martín Alonso, habéis fallado tierra.
— Que mis albricias no se pierdan, señor — contestó Pinzón. 

Se descorrió el velo, y apareció a la vista un Nuevo Mundo: un florón que, merced a Isabel, va a tener Iberia de hoy en adelante: sarta de perlas que los Reyes Católicos engarzan a la corona de España y que posteriormente nefastos políticos desgranaron una a una...

***

Esta es la fecha que hoy conmemoramos; fiesta cívica que parece haber relegado a segundo término a esa otra más gloriosa para los españoles, puesto que la Reina del Cielo elige a España su pueblo predilecto, visitándonos en carne mortal y dejando la huella perenne cabe las rientes márgenes del Ebro.

Los defensores de la Bandera de la Fe, de la Patria y la Monanquía nacional consideramos que esos pueblos de allende los mares son nuestros en todas sus manifestaciones: en sus modos, en sus costumbres, en su idioma, en su raza. Tan nuestros que hacemos votos fervientes por que sea un hecho el testamento de la excelsa Reina —América para España— siquiera en la forma y conforme al pensamiento de nuestros augustos Caudillos Don Carlos y Don Jaime de Borbón.

Y cabalmente por ello debiera ésta llamarse la Fiesta de la Tradición española. Y así, recordando fechas y hechos. cuantos españoles se precien de serlo, estudiarían detenidamente lo que fuimos y lo que somos, y harían el decidido propósito de rectificar erró­neas conductas para que España recobrara la fe perdida y la riqueza despilfarrada.

Fe y riqueza que no se hubiesen perdido de no haber vuelto la espalda a la Tradición. Riqueza y fe que no se recobrarán en toda su plenitud, ínterin no se reintegre la sociedad española a la Tradición.

BRUNO RAMOS MARTINEZ


EL CRUZADO ESPAÑOL (11 de octubre de 1929)

sábado, 30 de septiembre de 2017

Una solución tradicionalista: el problema separatista.


Una solución tradicionalista: el problema separatista.


Históricamente, los procesos secesionistas han tenido lugar en épocas de crisis políticas y económicas, en las que hay una tendencia generalizada a buscar una solución a la situación mediante nuevos valores morales y proyectos políticos alternativos. En el caso catalán, esto ha venido de la mano de una crisis económica de escala global, en la que se encuadra con una oleada de nacionalismos que han estallado, entre otros, en Escocia (Reino Unido), Patagonia (Argentina) y California (Estados Unidos), y en particular de la crisis económica y política española, que se ha traducido en una debilidad extrema del Estado, incapaz de asegurar su integridad política ni el cumplimiento de la ley y que ha cedido progresivamente más poder por parte de los gobiernos de turno (PP y PSOE), que a cambio de apoyos para gobernar han aumentado las competencias de los gobiernos controlados por los separatistas, de forma que la debilidad del Estado en Cataluña y su incapacidad para hacer cumplir la ley es una consecuencia lógica de esta cesión de poderes.

A cambio de votos para poder gobernar por no contar con
mayoría absoluta, el PP y el PSOE han aumentado las competencias
de las autonomías catalanas y vascas, controladas por separatistas.

Los separatismos españoles surgieron a principios del siglo XIX. Al principio comenzaron como simples regionalismos, movimientos de reacción contra el centralismo de los gobiernos liberales y de reivindicación de la identidad regional. En un primer momento, los separatistas se limitaban a un puñado de excéntricos burgueses bilbaínos y barceloneses, sin embargo esta situación cambió como resultado del desastre del 98, dentro de España estalló una grave crisis de identidad, pasando España de ser indiscutiblemente una nación a ojos de los españoles, a sufrir un problema de identidad, el famoso problema de España. En este contexto de duda y desorientación, los nacionalismos separatistas, principalmente el vasco y el catalán, alzados como alternativa a una España derrumbada política y moralmente, adquirieron una fuerza inusitada, originándose los problemas vasco y catalán tal y como los conocemos.

La pérdida de las provincias de Ultramar tras el Desastre del 98,
provocada por el escaso interés del Gobierno español en una guerra 
larga, provocó una gravísima crisis de identidad en España, 
favoreciendo la extensión del separatismo.

Durante la etapa final del Franquismo y los años de la Transición es cuando se perfiló la situación nacionalista actual: los nacionalistas, antiguos colaboracionistas y anti-franquistas de última hora, obtuvieron un inmerecido prestigio político dentro de las fuerzas demócratas, que les colocó entre los “vencedores” tras la dictadura, obteniendo una posición de privilegio en el panorama político que les permitiría acceder al control de los gobiernos regionales catalán y vasco, sobre los que han gobernado hasta el presente casi sin interrupción como auténticos feudos políticos, a través de los que han inoculado el independentismo a las masas catalanas y vascas. Los separatistas adquirieron un lugar importante en la redacción de la Constitución del 78 y en los estatutos de autonomía, que cubrirían ciertas demandas suyas, como la posibilidad de una anexión de Navarra a País Vasco, e incluso, en un vano intento de conciliar las aspiraciones de los nacionalistas, la doctrina oficial definiría a España como una nación de naciones, lo que en concordia con el principio de Estado-nación vigente hoy en día, constituye un suicidio político.


Las escuelas públicas y otros organismos de influencia social,
bajo competencia de las Comunidades Autónomas, han permitido a
los separatistas contar con armas de adoctrinamiento de masas de 
primer orden, permitiendo un gran aumento del secesionismo.

Ahora bien, ¿cuál es la forma de dar solución a esta situación? La respuesta a esta pregunta no lo pueden dar los partidos políticos que han sido responsables de la situación catalana actual por su codicia de poder y sus pocos escrúpulos, ni mucho menos en los partidos y movimientos que son favorables al descuartizamiento de España. Tampoco puede encontrarse en partidos “constitucionalistas”, favorables a una actuación en el marco político actual, pues si una minoría puede acceder al poder político e implantar sus ideas a la población, es porque existe un sistema político que da pie a ello, lo que es más grave cuando se supone que ese sistema política implica el gobierno de la mayoría.

En primer lugar, el motivo principal que ha dado lugar a la proliferación de los independentismos en toda la geografía española desde Galicia a Canarias ha sido, como ya se ha visto en la exposición histórica del problema, es el problema de identidad provocado por los gobiernos españoles desde 1833 y el Desastre del 98. Para solucionar el problema de los nacionalismos, es preciso solucionar el problema español, lo que se debe hacer mediante un retorno a los principios tradicionales hispánicos, que fueron los principios generadores de nuestra nación, de nuestra historia y de nuestras glorias, y cuya pérdida ha ido pareja a la decadencia española.


El catolicismo como forjador de España y como causa espiritual 
hispánica, el viejo concepto de Las Españas, y la Monarquía Católica 
como representante de la tradición española, han de volver a ser las 
bases de la identidad hispánica y de la comunidad política española.

En segundo lugar, si se quiere extirpar el nacionalismo, es preciso un sistema político que asegure la integridad de la comunidad política, que no permita la entrega de poder a separatistas como parte de las luchas políticas de los partidos y que no permita que una minoría sediciosa pueda alcanzar el poder. Nosotros los carlistas creemos que el sistema político más conveniente para realizar lo arriba expuesto es una monarquía católica, tradicional, social y representativa, que con el principio monárquico asegure un gobierno estable que no necesite de pactar con separatistas para gobernar con normalidad y que pueda realizar planes de gobierno duraderos que no cambien según el vaivén de los partidos políticos, que con una estricta separación entre la representación y el gobierno, un férreo control de los representantes por parte de los representados y el empleo del mandato imperativo en la representación, asegure una representación auténtica, que impida el acceso al poder a minorías políticas y sediciosas.

La Unidad Católica, una monarquía que reine y gobierne,
la autarquía de los cuerpos intermedios y unas Cortes tradicionales
son los principios de la Monarquía Católica, Tradicional, Social y
Representativa, defendida por los carlistas y encarnada en la dinastía 
proscrita, inaugurada por don Carlos María Isidro de Borbón, Carlos V. 

Sólo de esta forma se podrá dar fin último y definitivo a este problema centenario que son los separatismos españoles, pues aunque se pueda solucionar el problema al margen de la situación actual, éste volverá a resurgir a corto plazo, no dándosele nunca solución definitiva sin que España quede desmembrada.  

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Una solución tradicionalista: las huelgas de taxis del Prat y Barajas

Una solución tradicionalista: las huelgas de taxistas del Prat y Barajas.



Entre la segunda mitad de julio y la primera mitad de agosto hemos asistido a unas jornadas de huelgas de taxistas en diversos puntos de España como respuesta a la competencia ejercida por las internacionales de transporte Cabify y Uber y a la gran permisividad legal por parte del Gobierno liberal. Esto no es cuestión baladí, y mucho menos para los taxistas, que viven en una situación de total injusticia en la que las citadas empresas no pagan impuestos, cobran precios más altos por kilómetro recorrido, y las licencias por la que se rigen sus conductores tienen precios irrisorios en contra de los elevados precios que alcanzan las licencias para taxistas. Esto no es algo por lo que desde el carlismo, más amigo del pequeño propietario que de las grandes empresas internacionales extranjeras, seamos mudos, ciegos y sordos.

Bien es verdad que la doctrina tradicionalista no contempla un punto específico para el mundo del taxi, y que tampoco se lo espera; pero sí que se puede aplicar una situación que desde el carlismo sí que se ha prestado gran atención, y es lo relativo a la doctrina de los cuerpos intermedios, y con mayor atención a los cuerpos de oficio o gremios.

Los gremios son cuerpos intermedios de tipo profesional, y una de sus características es la capacidad de redactar sus ordenanzas, que en la práctica son las leyes por las que se rige su vida laboral, y juzgar todas sus infracciones. Al observador extraño esto le puede sonar un tanto a utópico o irrealizable; sin embargo, a un observador más versado en la cultura política española no se le debería escapar que esta realidad sí que es aplicable, y que incluso en la actualidad sigue existiendo un organismo que funciona con esa lógica y que ha alcanzado gran renombre en la esfera internacional por su gran eficiencia (e incluso que por su gran perfección podría constituirse en el modelo de los cuerpos intermedios una vez producida la Restauración del sistema tradicional): el Tribunal de las Aguas de Valencia.



El Tribunal de las Aguas es el órgano judicial de las Comunidades de Regantes de la Vega de Valencia. La Comunidad de Regantes es una especie de gremio de acequieros, esto es, de regantes y labradores de una acequia. Hay una Comunidad de Regantes por cada una de las ocho acequias de la Vega. Cada Comunidad tiene a su cabeza un síndico, encargado de labores de gobierno. Los ocho síndicos componen el Tribunal de los Acequieros de la Vega de Valencia, que se encarga del gobierno conjunto de las ocho acequias, y juzgan los pleitos en el Tribunal de las Aguas propiamente dicho. Las Comunidades se gobiernan por sus Ordenanzas consuetudinarias, si bien fueron plasmadas por escrito durante la Edad Moderna, y el Tribunal de las Aguas se encarga de juzgar las infracciones.

Los síndicos no cobran por su labor de jueces, pues forma parte de su trabajo de gobierno de las Acequias, y son conocedores de las Ordenanzas a pesar de que no son abogados, pues son las leyes que rigen la vida diaria de los regantes de las Acequias, y todos los regantes las conocen. El juicio tiene lugar todos los jueves en la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia, a partir de las doce, con una puntualidad proverbial, y de forma pública. Todo el juicio es oral, y en lengua valenciana, muy rápido (siendo el tiempo máximo de duración de una semana) y apenas produce gastos, siendo éstos los gastos de desplazamiento de los Guardas para poner una denuncia y del Tribunal si debe desplazarse para realizar una “vista” in situ. La jurisdicción del tribunal de las Aguas, que goza de gran prestigio, se extiende a todas las personas físicas y jurídicas que labran en los territorios de la Vega de Valencia, o cuyas acciones puedan influir al curso del agua, empresas incluidas.

El profesor Víctor Fairén-Guillén, ha sido uno de los que más ha estudiado el proceso jurídico del Tribunal de las Aguas de Valencia, y ha señalado dos hechos: en primer lugar, que el hecho de que los juicios sean públicos ha sido una de las principales fuentes de auctoritas del tribunal, que se ve doblemente obligado a dictar una sentencia justa por obligación moral y por presión popular, y en segundo lugar, que las cuatro grandes ambiciones doctrinales de todos los tribunales del mundo son características propias de este tribunal: concentración (dispone de todo lo necesario en el momento del juicio), rapidez (el tiempo máximo de un juicio es de siete días, si bien se puede extender a tres semanas si un denunciado desoye las tres llamadas a juicio, tras lo que es juzgado por rebelión), economía (el proceso genera unos gastos mínimos) y oralidad (todo el juicio se realiza de forma oral).



Aplicado al caso de los taxistas, se formaría en cada ciudad un gremio de taxistas que podría dividirse en Comunidades o sindicatos, con un síndico a la cabeza, que distribuyan entre los taxistas el territorio en que realizan su labor, de la misma forma en que las Comunidades de Regantes distribuyen el agua entre los acequieros. Estas Comunidades se agruparán en un Cuerpo mayor, el Gremio propiamente dicho, que redacte y haga cumplir las ordenanzas, que deberán incluir el método de cálculo de precios y normas para evitar cualquier tipo de fraude o de maniobra para aumentar el precio o la distancia del viaje realizado. Contará con un Consejo o una Junta de gobierno compuesta por todos los síndicos del gremio, igualmente cabezas de las respectivas juntas de gobierno de sus respectivos sindicatos, y dedicada a labores administrativas, entre ellas, la emisión de las licencias de taxis y la adjudicación de su precio, una cuestión de queja hoy entre los taxistas, y un Tribunal, que de la misma forma que el Tribunal de las Aguas, se reunirá en una Catedral o en una Parroquia de forma conjunta con la Junta de Gobierno, iniciando el Tribunal sus sesiones a toque de campana. Los juicios serán públicos y se realizarán de forma oral. El Tribunal juzgará infracciones a las Ordenanzas realizadas por cualquier persona física o jurídica relacionada con el transporte de personas, incluidas empresas internacionales de transporte (y aquí es dónde interesa a nuestros queridos amigos los taxistas) como Cabify y Uber.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Himno a la Virgen de las Angustias



HIMNO OFICIAL A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS, PATRONA DE GRANADA

CORO 

Oh Virgen de las Angustias,
Reina y Madre de Granada,
que es, a tus plantas postrada,
hoguera de fe y de amor;

En la vida y en la muerte,
protégenos con tu manto,
y nos consiga tu llanto
el amparo del Señor.

ESTRIBILLO 

Hay una Madre de amores
que adora Granada entera;
La Virgen de las Angustias;
La que vive en la Carrera.

PRIMERA ESTROFA 

Desde las costas que el azul baña,
Hasta la sierra, cumbre de España,
donde es la nieve blanco fulgor;
Desde los riscos alpujarreños,
A los alegres campos lojeños,
Madre del alma, Tú eres el sol.

(ESTRIBILLO)

SEGUNDA ESTROFA 

De nuestra Alhambra los ruiseñores,
de nuestras fuentes los surtidores
bajo el bendito cielo andaluz,
cantan el himno de la esperanza
y los favores que de Ti alcanza
toda Granada junto a la Cruz.

(ESTRIBILLO)

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