Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY
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martes, 30 de octubre de 2018

Visita a la casa museo del canónigo D. José Gras y Granollers, apóstol del reinado social de Cristo, en el centenario de su muerte

El pasado domingo se celebraba, según el calendario católico romano tradicional, la fiesta litúrgica de Cristo Rey, instituida por el papa Pío XI en 1925 en su encíclica «Quas Primas». Con motivo de esta magna festividad, varios católicos de Granada y algunos venidos de fuera (la mayoría sin afiliación política alguna, pero todos con el ardiente deseo de que el reinado social de Jesucristo sea restaurado en España), visitamos en el callejón Alberzana, en el pintoresco barrio del Albaicín, la casa provincial de las Hijas de Cristo Rey, instituto que fundara el venerable canónigo del Sacromonte D. José Gras y Granollers (1834-1918), cuyo centenario celebramos.

En esta casa, de construcción morisca y gran valor artístico, falleció D. José Gras hace cien años, y precisamente en la cripta de la iglesia adyacente de San Gregorio Magno, se halla enterrado este catalán y granadino de pro que esperamos ver algún día en los altares. Desde la década de 1993 la casa alberga además un interesantísimo museo sobre su vida y su obra, lamentablemente poco conocido, pero que no debería dejar de visitar nadie que viva en Granada o venga de visita a nuestra ciudad.

Nos abrió las puertas la Rvda. M. María Jesús, religiosa que, según nos contó ella misma, ha tenido que padecer mucho por Cristo, llegando a ser secuestrada en una ocasión por la guerrilla narco-comunista de las FARC cuando desarrollaba su apostolado de la enseñanza en Colombia. La amabilísima madre María Jesús (quien para mi pesar, y sin duda debido a malas influencias en los tiempos que corren, no llevaba hábito) tuvo la bondad de enseñarnos todas las dependencias de la casa y salas del museo, hablándonos con gran cariño del fundador de su orden y apóstol del reinado social de Jesucristo.

Es bastante desconocido en España, incluso en el campo católico tradicional, que D. José Gras fue uno de los precursores más insignes de la realeza de Jesucristo, que sería proclamada (dogmáticamente, según afirmó el Padre Solá) por el papa Pío XI en la citada encíclica «Quas Primas».
Las alusiones a la realeza de Cristo están
presentes hasta en los muebles de la casa.

Animado por el deseo de dar una respuesta contundente a la obra blasfema de Ernest Renant, que negaba la divinidad de Nuestro Señor, D. José Gras —muy afín al tradicionalismo carlista, causa en la que militó durante el Sexenio Revolucionario— dedicó toda su larga vida a propagar ese título tan glorioso de Jesucristo, amén de fundar nada menos que una Congregación de religiosas que llevan el nombre de «Hijas de Cristo Rey», religiosas celosísimas que desde su fundación se dedicaron exclusivamente a la crianza cristiana de niñas, ricas y pobres, y que por doquier derramaron siempre la fragancia confortativa de la realeza de Jesucristo.

Así describiría el propio padre Gras su llegada al Sacro Monte en 1866 y la pasión que le conducía:

“Conducido por la mano de Dios a estos gloriosos sepulcros, apenas llegado al Santuario donde la antigua Ilíberys, guarda las cenizas de sus apóstoles, dirigí mis ojos sobre toda España y vi a nuestro pueblo extrañamente aletargado. Elevé y extendí todavía mi mirada y distinguí a la Europa descreída avanzando armada, para arrancar del pensamiento y del corazón español la fe de Santiago y de Cecilio. Entonces traté de despertar a nuestro heroico pueblo, y organizarlo sagradamente por medio de la Academia y Corte de Cristo para hacer frente a las legiones de blasfemos e incendiarios que se preparaban a arruinar nuestra UNIDAD CATÓLICA...”

Como nos indicaba en 1934 el periodista tradicionalista Chafarote en un artículo de sus notorias Hojas de calendario, el dogma de LA REALEZA DE JESUCRISTO es el dogma más radicalmente antiliberal. El liberalismo es la herejía moderna; y todas las presentes calamidades de España y de todo el mundo no son ni más ni menos que consecuencias naturales o lógicas de esa calamitosa y universal herejía en que está siniestramente anegado el mundo entero. Por aquí se podrá rastrear, por tanto, la principalidad y trascendencia del dogma de la Realeza de Jesucristo, que es la oposición per diametrum al funesto liberalismo. Por aquí se puede rastrear también la gloria que para España redunda, por haber sido el solar de las apostólicas Hijas de Cristo Rey y la cuna de su santo fundador D. José Gras y Granollers, el centenario de cuya muerte solemnizamos cabalmente este año.

Mientras visitábamos las dependencias en las que vivió y murió el apóstol de Cristo Rey, elevamos en diversas ocasiones nuestras preces al Señor, y no pudiendo contener el fervor nos pusimos a cantar todos a viva voz el «Christus vincit», concluyéndolo con un sonoro «¡Viva Cristo Rey!».

Por si hubiéramos tenido poco con la espléndida visita, durante la cual incluso pudimos disfrutar de unas vistas magníficas del Albaicín y la Alhambra desde la azotea de la casa, las Hijas de Cristo Rey nos regalaron a cada uno un ejemplar de «La pasión de un hombre de bien», completa biografía de D. José Gras escrita en 2006 por el Rvdo. D. Juan Sánchez Ocaña.

Transcribimos a continuación algunas notas biográficas de este gran santo, a quien imploramos por la Santa Madre Iglesia y por la salvación y gloria de nuestra Patria, hoy sin ventura.


Notas biográficas del venerable D. José Gras y Granollers

Un caballero de Cristo y su Reinado social
(...)
II
D. José Gras y Granollers

Sus empresas apostólicas han sido de más (...) y de más alientos que las de su egregio antecesor D. Juan de Cueto y Herrera.

Libros que leía D. José Gras durante
su juventud en Agramunt.
Don José Gras y Granollers ha fallecido el día 7 del corriente mes de julio en Granada y en la paz del Señor, a los ochenta y cuatro años, lleno de días (como dirían los libros santos), es decir, de merecimientos y virtudes, y ha dejado en herencia varias instituciones apostólicas, entre las cuales las más principales son la “Academia” y la “Corte de Cristo" y el instituto religioso de las “Hijas de Cristo Rey”.

El amor al Santísimo Sacramento y a María Santísima, el Reinado Social de JESUCRISTO, el apostolado social de la mujer, la restauración de las costumbres cristianas, la santificación de las fiestas y, finalmente, la guerra contra la blasfemia, contra el lujo y contra los malos libros y contra los periódicos malos, fueron los grandes amores de este siervo de Dios, bueno, prudente y fiel. Pero sobre todos estos amores le robaba el corazón más que ninguno el “Reinado social de JESUCRISTO”; razón por la cual grabaríamos hoy, si pudiéramos, con letras de oro en las columnas de EL SIGLO FUTURO el glorioso nombre del Muy Ilustre Señor Doctor DON JOSÉ GRAS Y GRANOLLERS.
Imprenta en la que trabajó en Madrid
D. José Gras, como redactor del diario
tradicionalista «La Regeneración».

El cual allá en el prologo del más popular de todos sus libros y opúsculos de propaganda católica, es decir, en un “Devocionario”, escribía hace ya muchos años estas grandes verdades en las cuales cifraba siempre el insigne sacerdote todas sus apostólicas empresas:

“Cristo nuestro Dios, nuestro Padre y nuestro Redentor “está hoy políticamente destronado en todas las naciones”; y este destronamiento sacrílego, que no sólo entraña el destronamiento virtual de todos los reyes, sino también la abolición de toda autoridad y jerarquía, es la proclamación religiosa, política y social del caos, dogma único de la más lógica y sangrienta de todas las sectas, el “nihilismo”. 
Periódicos en los que
colaboró D. José Gras
“Toda la vida, todo el honor y toda la gloria que el Catolicismo ha hecho germinar en las almas y en los pueblos por espacio de diez y nueve siglos, tienen su origen y fundamento en la soberanía inefable de nuestro Divino Salvador; soberanía cuya restauración social declaran necesaria Nuestro Santísimo Padre León XIII, nuestro Episcopado y los publicistas católicos más eminentes de Europa.” 
“Para atraer el mayor número posible de espíritus a la “profesión práctica”, esto es, a la defensa pública de este dogma, fundamos hace quince años la “Academia y Corte de Cristo”, cuyo lema CRISTO REINA tratamos de convertir en verdad resucitadora de la moribunda sociedad moderna.”

A los treinta y dos años de su edad ganaba el difunto Doctor por oposición su canonjía en la Colegiata del Sacro Monte, en el cual y en más de cincuenta años seguidos ha explicado varias asignaturas. A los dos meses de ser canónigo, conviene a saber, el 15 de Diciembre de 1866, fundaba su bienhechora referida “Academia y Corte de Cristo”, cuyos estatutos fueron aprobados por el grande amigo y gran maestro de EL SIGLO FUTURO, por el Exmo. Sr. D. Bienvenido Monzón, inolvidable Arzobispo de Granada y amigo íntimo de aquellos dos santos que se llaman el Venerable Padre Claret y la Venerable Vizcondesa de Jorbalán.
Cáliz con el que consagraba D. José Gras.

Aquellos grandes amores de que hablábamos arriba son precisamente los amores que el celoso fundador de la “Academia y Corte de Cristo” quiere que arraiguen y acepen (para que luego florezcan y den frutos de bendición) en el corazón de todos los sacerdotes y seglares (hombres, mujeres y niños) que quieran ser académicos y cortesanos de Cristo Rey.

Esta “Academia y Corte de Cristo”, “obra de culto y obra de propaganda” (que tal es y así la llamaba su celosísimo fundador), nació años antes de que se fundase allá en Friburgo la famosa “Obra de San Pablo”, cuyo fin era “elevar a la Prensa a la dignidad de apostolado, y santificar, no solamente a los periodistas, sino también a los impresores y vendedores de periódicos, para que todos juntos, “sicut castrorum acies ordinata”, batallasen por la restauración del Reinado Social de JESUCRISTO”.
Cuadro que representa
a D. José Gras bajando
en burro del Sacromonte.

Por cierto que cuando en Febrero de 1879 (año de la famosa romería de periodistas católicos de todo el mundo al Vaticano) oyeron todos en Roma y de labios del abate Esseira la historia de la mentada “Obra de San Pablo”, pudo decir con razón nuestro egregio canónigo D. José Gras y Granollers que ya hacía tiempo que tiraba también a ese mismo blanco aquí en España la “Academia y Corte de Cristo”. Fue entonces cuando el mismo fundador (véase la colección de la revista “El Bien” habló en ella de EL SIGLO FUTURO, y con palabras de alabanza habló también de los redactores y dependientes de nuestro periódico y de la “Asociación de San José” que entre todos ellos habían formado.

III
Las Hijas de Cristo Rey.

Pero la obra principal y más apostólica del difunto canónigo del Sacro Monte, la que está fundada sobre cimientos más robustos, la que le ha hecho digno de ser contado entre los Patriarcas de Órdenes religiosas, será siempre ese moderno Instituto, cuyo sólo nombre es ya de por sí una alabanza de Nuestro Señor JESUCRISTO; el Instituto de las HIJAS DE CRISTO REY, fundado a 26 de Mayo de 1876 y canónicamente aprobado treinta años más tarde por la Santidad de Pío X.
Escritorio de D. José Gras.

El día del Sagrado Corazón de Jesús, del año de gracia de 1877, tomaron los primeros hábitos de “Hijas de Cristo Rey” las religiosas Sor Inés de Jesús y Sor Carmen del Sagrado Corazón; y en el magnifico discurso que a estas primeras religiosas y a los asistentes les predicaba aquel día memorable nuestro difunto canónigo, palpitaba, como en todos sus pensamientos, palabras y obras el amor más fervoroso y ardiente al Reinado social de JESUCRISTO (I).

El fin de ese Instituto nos lo declara el mismo fundador con las palabras que siguen, las cuales, con ser tan elocuentes, no lo son tanto como lo fueron las del sermón referido:

—“Este Instituto (dice), donde se da enseñanza religiosa, literaria y de labores a niñas ricas y pobres, "tiene también por objeto hacer que Cristo sea predicado en la familia y en la sociedad por la mujer". En todos los tiempos la mujer ha prestado eminentes servicios al Catolicismo; y en los nuestros, en que la indiferencia reina tan desastrosamente entre los hombres, puede prestarlos muy grandes, especialmente como esposa y como madre. En este último concepto, ella es la primera dulcísima predicadora de la soberanía de Cristo ante sus hijos, y la que llena de fragrancia y de luz el oriente o la aurora de la vida.
“Pues bien: formar jóvenes sólidamente instruidas y virtuosas para que un día lleguen a ser madres y apóstoles radiantes, ¿no es, por ventura, una de las obras, más fecundas y propias para desinfectar a la sociedad actual de los miasmas que la infestan?...  
Casullas de D. José Gras.
“Desde el momento que la mujer se hizo pregonera y apóstol de la Resurrección de JESUCRISTO, siempre se ha mostrado hacia la Iglesia llena de la más profunda gratitud. Ella es la primera que baja a las Catacumbas; y si hay que desafiar las iras de los tiranos, Inés, Eulalia, Leocadia y Cecilia no se harán esperar. Si hay que levantar conventos, hospitales o templos católicos, las riquezas de las Paulas, de las Mercedes y de las Franciscas romanas se pondrán a disposición del Vicario de JESUCRISTO. Si una gran nación, con su Rey a la cabeza, cae un día a los pies de San Remigio para confesar a JESUCRISTO y recibir el bautismo, a una mujer, a Clotilde, es a quien se debe tanta gloria. Si hace falta en la Iglesia de Dios un gran santo y un gran doctor que sea el terror y la confusión de la herejía pelagiana, Mónica, el modelo perfecto de la madre cristiana, llorará y suspirará en la presencia de Dios y atravesará los mares en pos del hijo extraviado hasta que logre verlo convertido. Cuando después de siete siglos de lucha, nuestra católica España quiere arrojar de su lado a los sectarios de la Media Luna, una mujer, Isabel de Castilla, enarbola en las torres de Granada el estandarte de la Cruz, y termina gloriosamente la obra de Pelayo. 
“Bajo una irrupción, moralmente más terrible que la musulmana, están hoy los pueblos de Europa, y la mujer ha de concurrir a rechazarla, tomando parte en la cruzada de obras católicas “cruzada restauradora del reinado de Cristo.” 

IV 
Algo de integrismo. 

Lo principal y casi lo primero que se lee en el ESQUEMA O BOSQUEJO DEL PROGRAMA INTEGRISTA son estas palabras:
D. José Gras mantuvo amistad con el
 sacerdote tradicionalista catalán
D. Félix Sardá y Salvany, autor de
la célebre obra El liberalismo es pecado.

“Proclamamos LA SOBERANÍA DE JESUCRISTO, y ante todo y sobre todo le adoramos y acatamos, y anhelamos porque universalmente se cumpla su voluntad en lo público y en lo privado, y así en la tierra como en el cielo. Queremos que su santa doctrina informe todas las cosas, y que leyes, costumbres, actos, instituciones tengan por fundamento la Ley eterna, que en la tierra custodia y enseña la Iglesia de Dios y su Vicario infalible.” 

Cualquiera que sin ser integrista ni saber siquiera qué cosa sea el integrismo, se haya enfrascado en la lectura de los escritos del Doctor Gras y Granollers, creerá ciertamente a ojos cerrados que las palabras anteriores están tomadas al pie de la letra de cualquier libro, de cualquier opúsculo o de cualquier artículo del insigne canónigo del Sacro Monte. Y cualquier integrista que lea de buenas a primeras los escritos del fundador de la “Academia y Corte de Cristo”, los leerá y los saboreará con delectación morosa, y tomará para siempre por espejo, por dechado o por doctrinal de integrismo a este apostólico sacerdote. Tanto se parecen y aun tan iguales son su bandera y la nuestra, su emblema, su divisa, su ejemplar y los del partido integrista.
En las abundantes imágenes
de Cristo Rey, D. José Gras
siempre quiso que se representase a
Nuestro Señor como Divino Niño.

Tres fueron siempre los textos sagrados predilectos del Muy Ilustre Señor D. José Gras y Granollers; los tres campean en el frontispicio de su libro más popular, que es el precioso “Devocionario” de la referida “Academia y Corte de Cristo”, y en los tres se proclama la realeza o soberanía de CRISTO y de la Virgen. El primer texto está tomado del Evangelio de San Juan, y es el versículo 37 del capítulo 18 donde se cuenta que, habiendo preguntado Pilatos a Nuestro Señor si era Rey, respondió nuestro divino Salvador con estas palabras:

—“Así es, como tú lo dices: YO SOY REY. 

El otro texto le forman unas palabras de León XIII, que se leen en la carta que escribió al Arzobispo de Colonia en 26 de Febrero de 1880, y cuyo tenor es como sigue:

—“Que todos, cada cual en su cargo, se afanen por “restaurar el Reino de Cristo, no sólo en los corazones, sino también en toda la sociedad humana”. 

Dormitorio en el que falleció en olor de santidad el padre Gras.
Finalmente, el tercer texto es el versículo onceno del Salmo 44, en donde proféticamente canta el Real Profeta la realeza de la Santísima Virgen Nuestra Señora: “Astitit Regina a dextris tuis in vestitu deaurato”; a tu diestra está la Reina engalanada con vestidura bordada de oro.

Tanto era, como estáis viéndolo, el entrañable amor que al Reinado social de Cristo y de la Virgen profesaba el apostólico fundador de las “Hijas de Cristo” y de su “Academia y Corte”.

¿Será razón que EL SIGLO FUTURO celebre ahora con palabras de mucha alabanza la bendita memoria de este insigne caballero de Cristo y de su Reinado social?

V
Epitafio. 

Si a mí me encomendasen la traza del epitafio para la tumba de nuestro venerable difunto, yo grabaría en la losa sepulcral, y en forma epigráfica, las mismas palabras latinas con que el propio Doctor Gras y Granollers impetraba la bendición apostólica que “permanter”, es decir, muy amorosamente le fue otorgada por la Santidad de León XIII en 15 de Abril del 1880.

Tumba de D. José Gras y de la M. Inés de Jesús,
ante la que rezamos fervorosamente. 
En esas palabras se cifran tanto la “doctrina” fundamental como como las “obras” principales del insigne Canónigo del Sacro Monte, conviene a saber, la confesión, la proclamación, la defensa de todos los derechos divinos de JESUCRISTO y su culto de adoración en todas partes:

DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI 
divina jura defendit 
ejusque adorationis cultum 
in populis fovit.

J. MARÍN DEL CAMPO

Tomado de:

El Siglo Futuro (22 de julio de 1918)
El Siglo Futuro (23 de julio de 1918)

Véase también su biografía en el diario La Cruz (10 de septiembre de 1918).






sábado, 20 de octubre de 2018

Los tradicionalistas de Granada contra la masonería, artífice del separatismo

Hace más de cien años, cuando las logias masónicas estaban inmersas en consumar su traición a España y separar las islas españolas de Ultramar de la Madre Patria, los católicos de Granada (carlistas e integristas sin distinción alguna, además de algunos católicos posibilistas) remitían a las Cortes la siguiente exposición, exigiendo las medidas necesarias para acabar con el separatismo, medidas que incidían en la necesidad imperiosa de prohibir el derecho a la propagación de ideas disolventes y de la asociación para conspirar contra Dios, contra la Patria y contra la Monarquía:

Exposición a las Cortes: 
Los que suscriben, españoles de todas veras y hermanos de los que derraman su sangre defendiendo la integridad de la patria en aquella hermosa Antilla, último y querido resto de nuestra antigua preponderancia en América, llevan su voz al seno de la Representación Nacional y confiados en la hidalguía y en el patrio y nobilísimo amor de los que los han de escuchar, reverentemente exponen: 
Que por la infame labor de algunos hijos bastardos sin entrañas de amor y sin conciencia de Ley divina ni humana se está formando para nuestra patria un porvenir de horrores y desventuras calamitoso y desgraciado, y sin esperanza de remedio como no lo pongan, por un acto de independiente heroísmo, las Cortes que, ante todas las cosas y sobre todos los respetos humanos, deben ser y son españolas.  
Fotografía de una reunión masónica a finales del siglo XIX.
Este porvenir, que ya no es porvenir, puesto que nos va envolviendo de cada vez más, y pronto la tempestad nos rodeará por todos lados desencadenada y furiosa, este cercano porvenir es consecuencia legítima de la propaganda sistemática de ideas impías y disolventes consentidas por las leyes que nos rigen: por aquellas leyes que, si no están escritas con la vehemencia del reo que desea la libertad, no para abrazarse con sus hermanos en vínculos de paz y amor, sino para volverse a unir con el crimen en miserable contubernio. Porque ¿cómo pueden estar esas leyes escritas por manos leales al rey si consienten la propagación de las ideas anarquistas? ni ¿cómo por manos humildes y que se cruzan delante de Dios si favorecen y amparan a la masonería, ni por manos que sepan empuñar el acero ante los peligros de la patria si dan carta de seguridad a las ideas parricidas del filibusterismo?
No se nos llame ahora medrosos y soñadores de peligros inverosímiles, que no venimos del campo del miedo los católicos, como un hombre eminentísimo dijo un día a la Revolución setembrina, porque las pruebas de nuestro aserto están en manos de la justicia española.
La Masonería, amparada de las leyes que nos rigen; galardoneada a veces por sus hazañas antisociales con los puestos encumbrados de la política; sentada, quizás en la silla de la Administración filipina, ha preparado en el secreto de sus logias la tremenda insurrección de Cuba, alentada y sostenida por hordas sin religión y sin honor, y que, como tromba formada por el torbellino de las pasiones más ruines, no tienen conciencia de su maldad ni aún para siquiera arrepentirse de sus devastaciones y exterminios; a sus manos traidora y alevosamente mueren los hijos de España en la espesura de la manigua, sin ver la mayor parte de las veces la mano cobarde del asesino: esa sangre española tan vilmente derramada, clama y pide que, por lo menos, sea declarado hijo bastardo de España el solapado atizador y mantenedor de guerra tan inicua. 
Pero no bastaba a los francmasones promover y apoyar la insurrección cubana. Prevaliéndose de sus misteriosas influencias con las que hipócritamente van minando el orden social, han trabajado en Filipinas para arrojar de allí a las órdenes religiosas, raza de sabios y de santos que son la vida sana de aquellas islas, el sostén de su fe y de su adhesión a España y causa del equilibrio milagroso entre indios y europeos; pero impotentes hasta hoy para tamaña empresa, que es como concluir con el espíritu de España en aquel hermoso archipiélago para acabar después con el cuerpo, han pretendido y pretendiendo están, matar el cuerpo con arma filibustera para que vuele el espíritu. Convictos y confesos están los reos de tamaño crimen: encarcelado el Gran Oriente de la Masonería en aquellas islas; perseguido en España Morayta como presunto conspirador contra la madre Patria; porque han sido tan osados los masones y se creen tan impunes, que muchos no niegan su delito; pero aún corren sueltas y sin grilletes las ideas masónicas en España; sueltas y con derecho a la propagación y a la asociación, que vale tanto como decir libres, libérrimas para conspirar contra Dios, contra la Patria y contra el Rey. 
Libertades que permiten la propaganda antipatriótica y antimonárquica de periódicos antes sectarios que españoles, son libertades liberticidas que no tardarán en llenar de luto y de horror a nuestra pobre patria. 
Por tanto, y a fin de cortar en su raíz la causa de tan graves males, los recurrentes, usando de su derecho, 
SUPLICAN A LAS CORTES 
Que declarando con harta, más razón que en ningún otro tiempo quizás, que la Patria está en peligro, acuerdo mirarlo cara a cara con urgencia y conjurarlo decretando al efecto lo siguiente:  
1.° Se declara ideal, facciosa y traidora a la Patria la Asociación de la Masonería, negando el fuero de españoles a cuantos a ella pertenecen, despojándolos en el acto de lodo empleo o cargo público, y haciendo además una ley contra los traidores a la nación. 
2.° Se suspende la acción de las leyes que permiten en cualquier forma la propaganda anti religiosa y antimonárquica que está destruyendo a nuestra España. 
3.° Que nuestros Gobiernos apoyen, protejan y alienten cuanto la defensa del catolicismo exige para evitar los malos que ahora y a deshora ha preparado siempre, y sigue preparando la Masonería, y cuantos con sus fines perversos, antimonárquicos, y antisociales simpatizan.
Granada 27 de Agosto de 1896.
Marqués de Valdeflores.—Juan Creus.—Conde de Antillón.—Antonio Pérez de Herrasti y Antillón.—Marqués de las Torres de Orán.—Luis de Andrada y Pérez de Vargas.—Conde del Prado.—Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti.—Ramón Hernández Santaló.—Pedro Ortega.—Enrique Pérez Sesmero.—Juan de Dios Vico y Bravo.—José Tripaldi.—Luis Morell y Terry.—Abelardo Gonzales Olid.— Ricardo Garnier.— (Siguen las firmas). 
Fuente: El Aralar (9/9/1896)


Nótese la similitud de estas banderas creadas por separatistas
antiespañoles. Todas ellas comparten el triángulo y la estrella
de cinco puntas, símbolos inequívocamente masónicos. 
Como bien afirmaban nuestros paisanos y correligionarios en esta exposición, que fue presentada a las Cortes por D. Juan Vázquez de Mella y aplaudida en el Congreso antimasónico de Trento, no debe haber derecho alguno a las «libertades liberticidas». Y añadimos nosotros que, como escribió el tradicionalista Leandro Herrero en su obra El gobierno carlista: lo que es en teoría y práctica (1873), por encima de los derechos del hombre está el precepto de que «ningún hombre tiene derecho a degradarse».

Bien haríamos en aprender de esta exposición para acabar hoy con el problema del separatismo en la Península, que amenaza con desmembrar totalmente nuestra amada España para regocijo del sectarismo internacional. Pues tenga hoy más o menos influencia la francmasonería en nuestra Patria, su magna obra, el liberalismo, el destructor de la Civilización cristiana, sigue imperando hoy con más fuerza que nunca, y es la verdadera causa del filibusterismo anti-catalán y anti-vasco (por anti-español). Más de un siglo después, el remedio para salvar a España sigue siendo el mismo. No es ciertamente el conservadurismo, como tampoco el chauvinismo chabacano. La verdadera solución no es otra que la restauración de la unidad católica y la tradición católico-monárquica española, ideales que encarna exclusivamente la Comunión Tradicionalista

miércoles, 3 de octubre de 2018

¿Qué es el liberalismo? Definición precisa de Gabino Tejado

Gabino Tejado Rodríguez
(Badajoz, 1819 - Madrid, 1891)

«Véase, sobre todo, la especie de doctrinas y de hechos, de grupos y de hombres, que desde la Revolucion Francesa acá, se designan constante y universalmente con el apellido de liberales; y si no hemos de burlarnos del lenguaje comun y del sentido comun, hallaremos como hecho evidente que el tal apellido tiene plenamente ganado el derecho á ser estimado por la conciencia pública como calificativo de todas las ideas, de todas las instituciones y de todas las personas que desde aquella época funesta vienen volcando todos los fundamentos sociales, y señaladamente la autoridad y la libertad.

Es vano y pueril, cuando no es maligno y pérfido, querer protestar contra este hecho evidente. Las cosas son lo que son, y las palabras lo que significan en el comun lenguaje, y en el órden de cosas á que han sido constante y universalmente aplicadas.

Pues bien, sinceramente estudiado el lenguaje comun, y el órden de cosas á que ha sido constante y universalmente aplicada la palabra liberalismo, no se expresa con ella sino el conjunto de varias especies pertenecientes á un género comun de sistemas, que, con mayor ó menor intensidad, por vias más ó menos directas, se proponen secularizar la vida humana; es decir, apartar de toda norma de derecho divino la actividad de individuos y sociedades, tomando por criterio único y exclusivo de todo acto moral, privado ó público, la mera razon y la mera voluntad del hombre.

Esto es el liberalismo, considerado en su esencia; y esto es lo que, en el lenguaje comun, significa la palabra. Es decir:—en el órden intelectual, soberanía absoluta de la razon humana;—en el órden moral, soberanía absoluta de la voluntad humana; y estas dos soberanías, produciendo:

1.° En el órden religioso,—el racionalismo; es decir, la razon del hombre, erigida en autora única y único criterio legítimo de sus creencias, con sus derivados—el protestantismo, y todas sus innumerables variedades, sólo conformes en negar la autoridad de la Iglesia;—el deismo, que niega á Jesucristo y toda religion positiva;— el ateismo, bajo sus varias formas de materialismo, panteismo, positivismo y sus análogas;—el escepticismo dogmático, y el antes definido eclecticismo, con sus naturales derivaciones, el indiferentismo, el latitudinarismo y el nihilismo.

2.° En el órden político, la Soberanía Nacional, ó la de clases determinadas ó grupos indeterminados, ó la del príncipe, erigida en única fuente de la autoridad social, y único juez y regulador de todas las esferas y de todos los movimientos de la vida pública; es decir, la anarquía democrática, ó la oligarquía parlamentaria, ó el absolutismo monárquico, dictatorial ó cesáreo.

3.° En el órden económico: el predominio exclusivo de los intereses materiales, rigiendo la vida entera de la ciencia, de la literatura, de las artes, del Gobierno, de la administracion pública, y engendrando—ora el Individualismo, que al fin para en ser guerra social por la competencia entre productor y productor, entre la produccion y el consumo, y entre el capital y el trabajo;—ora el Socialismo y el Comunismo, que si llegaran á prevalecer, serian la muerte de toda produccion, causada por el sofocamiento de toda actividad individual.

Esto es el Liberalismo. La raiz comun de todas las sectas en que se divide indefinidamente, es el Naturalismo, ó sea la negacion, más ó menos radical y explícita, del órden sobrenatural; y por consiguiente, la expulsion, más ó menos radical y explícita tambien, de las normas divinas en la vida del individuo y de la sociedad.

Y es así que esta es, digo ahora, ni más ni menos, la nota característica de la Revolucion; luego el Liberalismo no es más ni menos que la Revolucion.

Luego el Liberalismo no es, no, una forma política; no es un sistema que tenga por objeto único establecer condiciones determinadas á las relaciones entre el Soberano y los súbditos; no es la monarquía constitucional, ni el régimen parlamentario, ni la república; no es la autocracia, ni la aristocracia, ni la mesocracia, ni la democracia; mejor dicho, puede ser todo eso, y puede no ser nada de eso. El Liberalismo es, pura y simplemente, la Revolucion.»

Tejado, Gabino: El Catolicismo liberal (1875); pp. 165-167

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