El pasado 26 de marzo, eósfera de la Fiesta de la Encarnación, toda España recibía una noticia que llevaba esperando, ya sea con expectación o con angustia: Noelia Castillo Ramos, una muchacha de 25 años, había recibido la eutanasia tras un proceso burocrático de dos años que su padre, con ayuda de Abogados Cristianos, llevaba luchando para frenar.
La muchacha sufría un trastorno límite de la personalidad –lo cual entre otras cosas, supone tener ideas suicidas—, había estado viviendo en diversos centros de acogida tras el divorcio de sus padres y haber perdido éstos su custodia, y, para colmo de males, tras haber sido violada en diversas ocasiones: una de ellas en grupo tras lo que, unos pocos días después, intentó suicidarse saltando desde un quinto piso. Afortunadamente fracasó en su intento, pero quedó parapléjica perdiendo movilidad parcial en sus piernas, y sufriendo dolores graves que le llevó, desde 2023, a pedir la eutanasia a la Administración.
Finalmente, en este año ha sido ejecutado el proceso, convertido en un auténtico show morboso dirigido por Sonsoles Ónega y el equipo del programa “Ahora Sonsoles”, en un esperpento que parece sacado de un capítulo de Black Mirror y como muchos no recuerdan desde la búsqueda de Julen Roselló en 2019, -y he oído mencionar a algunos incluso el nombre de Alcásser, imagino que el crimen de 1992. De todo esto hay muchísimas cosas que comentar, pero yo voy a comenzar por un solo punto: los efectos del Reinado Social de Cristo –o mejor dicho, de la falta de él— en nuestra sociedad. Y es que desde la firma de la Constitución del 78 ya han pasado casi 50 años: tiempo más que suficiente para que determinados problemas germinen.
Noelia Castillo Ramos (♰2026). Rogamos una oración por su alma.
Una de las consecuencias más llamativas a nivel a social -pues está en el centro del propio debate de la eutanasia- es el tratamiento del dolor: para el ciudadano promedio, dejar que una persona se quite la vida cuando sufre de grandes dolores o problemas crónicos es un acto de humanidad, de la misma forma en que un animal muy enfermo debe ser “dormido” para aliviarle su sufrimiento, o si encuentras un animal moribundo o con alguna extremidad quebrada de la que no cabe recuperación posible, lo más humanitario es romperle el cuello porque lo contrario supondría dejarle agonizando hasta su muerte. Simplemente, si no hay ningún tipo de “sobrenaturalidad”, el dolor carece del más mínimo sentido, y no hay ningún motivo para alargar los sufrimientos de una persona.
Otro aspecto a mencionar es la debilitación de los lazos familiares como consecuencia del divorcio, la caída de la natalidad y la restricción de la familia de forma casi exclusiva a la familia nuclear. Un compañero de Burgos comentó que la culpa como causa primera es de los padres por su divorcio: eso fue la causa de que Noelia Castillo acabase en manos de la Administración Pública y que su enfermedad mental, si no se produjo en ese momento, sí se debió de agravar. Otro punto a mencionar es que el paso a la Administración se produjo al no contar con ningún familiar que pudiera hacerse cargo de ella: es decir, si sus padres hubiesen tenido más hermanos o ella hubiese tenido primos mayores de edad con los que tuviese buenas relaciones y hubiesen podido hacerse cargo, quizás mucho de esto no habría sucedido. Y esto es aplicable no sólo a Noelia, sino a muchos menores de edad que han terminado tutelados por la Administración del Estado –o las Autonómicas, en su caso— con consecuencias como las menores prostituidas en Baleares. Dicho de otra forma, el reducir la familia a lo nuclear supone perder una red de apoyo social en caso de que por un imprevisto –divorcio o empobrecimiento, como es el caso de Noelia por ambos lados— esa familia nuclear se rompa.
Así mismo, como otra consecuencia no tan importante a priori, es la pérdida del papel social de las órdenes religiosas y de los conventos como red de protección social adicional. Me explico: uno de los bulos que se ha extendido es que Noelia fue violada en un centro de menores por menas; pero en una entrevista ella explicó que la violación múltiple que sufrió fue cuando ya era mayor de edad en una discoteca, y no fue la primera, sino que antes había sido abusada mientras dormía por un exnovio. Esta “mala suerte” puede estar relacionada con un concepto que descubrí en una entrevista del canal Terra Ignota: los psicópatas integrados. Un psicópata no es meramente un asesino, sino una persona sin empatía que utiliza a los demás como peones, y además de ser muy numerosos –creo recordar que 1 de cada 1.000 personas, pero hablo de memoria, así que consideren el dato como algo más bien ilustrativo— pasan fácilmente desapercibidos, y hay dos cosas que les atraen como polillas a la luz: el poder –por eso entre los políticos y altos empresarios hay una concentración superior de psicópatas integrados que en el resto de la sociedad— y las personas vulnerables, incluso las que ya han sufrido a manos de un psicópata integrado. Es decir, si ha tocado sufrir uno, es bastante probable que acabes en manos de otro, y ese creo que fue el caso de Noelia.
Volviendo a lo relativo a los conventos, si Noelia hubiese sido consciente de su vulnerabilidad y además tuviésemos normalizado el convento no como una anormalidad para místicos sino como un espacio seguro para mujeres (que a efectos prácticos es lo que es un convento), Noelia podría haber contado con una red social de protección adicional: al menos de forma temporal hasta que contase con una familia estable que le sirviera de pilar emocional y material. Así mismo, cabe destacar el papel de las parroquias y las cofradías como redes sociales propias creadas dentro del seno de la Iglesia Católica.
Enlace al programa de Terra Ignota sobre psicópatas integrados: Psicópatas integrados: están entre nosotros. Con Iñaki Pinuel y Zabala

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