Traemos hoy una interesante entrevista a Blas Piñar publicada en la revista Montejurra (n.º 43) de agosto de 1964.
Como introducción a la misma, permítasenos decir que el célebre patriota que casi tres años después sacaría la revista Fuerza Nueva, como «revulsivo de la conciencia nacional dormida», luchó durante los años del desarrollismo franquista por mantener vivos los ideales del Alzamiento Nacional y la unidad entre todas las fuerzas del 18 de Julio, en un momento en que habían desaparecido las rencillas del pasado originadas en aquel famoso Decreto de Unificación (rencillas que tan intempestiva y absurdamente pretenden resucitar algunos 70 años después, no sabemos con qué finalidad).
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| Blas Piñar junto a Don Sixto de Borbón durante los años de la Transición. |
En nuestra opinión, el sentir católico y tradicional de España que defendía el notario toledano lo acercaba al tradicionalismo probablemente más que al falangismo. No en vano, nada menos que Manuel Fal Conde dijo en una ocasión que «pensar así, sentir así y expresarse así» —como lo hacía Blas Piñar— era «ser carlista». [1]
Fal Conde (figura harto tergiversada tanto por huguistas como por neotradicionalistas), apoyaría la revista Fuerza Nueva y su ideario. Lo cuenta el mismo Piñar, quien en 1966 visitó a Fal en Sevilla:
“[Fal Conde] estaba operado de tráquea. Le era difícil hablar. Nos entendimos perfectamente a pesar de ello. Le expuse mi proyecto de fundar la revista Fuerza Nueva, y le expliqué lo que sería su ideario. Me brindó su apoyo. Más aún, me prometió, y cumplió su promesa, de hacerme llegar la dirección de mil tradicionalistas, a los que podía escribir en su nombre, a fin de darles cuenta del proyecto y pedirles que se suscribieran. Así lo hice”. [1]
El apoyo iba más allá: la Comunión Tradicionalista de aquellos años lo tuvo frecuentemente en sus actos y fue uno de los oradores estrella en los Montejurras de 1964 y 1967. Como se aprecia en sus memorias, fue además amigo entrañable de carlistas tan señalados como José Luis Zamanillo, Roberto G. Bayod o Rafael Gambra [2], así como de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, abanderado de la Tradición, con quien todavía en 2004 seguía realizando actos conjuntos.
Blas Piñar es una figura que merece ser recordada por el Tradicionalismo español. Muerto Franco, en los multitudinarios 20N de la Plaza de Oriente (donde también hablaron a las multitudes representantes de la Comunión Tradicionalista como José María Codón, Jesús Evaristo Casariego o Juan Sáenz-Díez), algunos sacaron la impresión de que Piñar buscaba lucirse. Creemos que esa impresión es injusta, pues era un hombre que actuaba por convicción y no por interés. José Miguel Orts (q.e.p.d.) comentó en una ocasión a quien esto escribe cómo Piñar había colaborado en el humilde boletín de la AET valenciana llamado Resurgir, que hacían a ciclostil un puñado de estudiantes carlistas.
Blas Piñar no era sólo un patriota amigo del carlismo. Era el mejor orador que ha alumbrado España en los últimos cien años. Hasta aquí la introducción y damos paso a la entrevista en Montejurra (sus apreciaciones sobre Carlos Hugo resultan hoy sorprendentes, mas hay que tener en cuenta que por entonces el príncipe aún no había enseñado la patita).
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| Blas Piñar en un acto de la Comunión Tradicionalista de Valladolid y la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés por los xxv años de paz (1964). Fuente: Montejurra (n.º 40) |
Naturalmente que don Blas Piñar no ha de ser presentado a los lectores. Blas Piñar es figura nacional y que traspasa las fronteras, para constituirse internacionalmente también, en uno de los hombres más genuinamente representativos de la intelectualidad y de la ponlítica española actual. Si diré tan sólo que Blas Piñar merece ser declarado corno el orador de España: es romero genial en tantos lugares donde es necesario hacer afirmaciones españolas, desempolvar olvidos, crear ilusiones de futuro. Piñar está situado ya entre los hombres cumbres de la oratoria española de todos los tiempos. Su palabra sirve siempre a los grandes dogmas nacionales, y su corazón impulsa a este hombre magnifico por las rutas seguras de la más perfecta interpretación de la política constructiva y de unidad.
¿Qué sensación ha experimentado usted al venir a Valladolid para hablar en un acto de auténtica unidad entre todos los excombatientes de la Cruzada?
— Ponerme en contacto directo con los excombatientes españoles constituye para mí un motivo de personal alegría. Cada vez que esta oportunidad se me ofrece, en actos públicos como el celebrado en Valladolid el día en que conmemoramos los veinticinco años de la Victoria, o en reuniones de carácter privado, puedo constatar cómo, no obstante el confusionismo y la desorientación del momento, su espíritu está en pie y un instinto especial y varonil les hace enfocar los problemas vivos de la nación con soltura, gallardía y lealtad hacia los ideales que defendieron hace cinco lustros con las armas en la mano.
¿Cómo entiende usted el significado genuino de estos 25 años de Paz?
— Estimo que los veinticinco anos de paz han sido el fruto de una Cruzada victoriosa, que ha removido el país hasta sus tuétanos, ha llenado de savia vigorosa a los estamentos sociales, y ha conseguido, a pesar de las deserciones de algunos y de las dificultades de todo orden que se han puesto a la marcha ascendente de la nación, una España unida y en orden.
¿Conexión que usted ve entre las ideas de Victoria y Paz en el sentido de nuestra Victoria y de nuestra Paz?
— La conexión entre Victoria y Paz me parece absoluta e irrompible. Cualquier intento de ruptura entre ambas lo estimo frívolo, cobarde o suicida. Si la Paz se desentraña y desenraiza de la Victoria, se esfumará rápidamente, y delante de nosotros mismos.
El matrimonio que se celebró en Valladolid entre Isabel y Fernando, en alguna manera signo de unidad, ¿podría tener alguna semejanza al abrazo unitario de los excombatientes vallisoletanos en el día 1.º de abril con aquel matrimonio que enlazó para siempre a Castilla y Aragón?
— Creo que sí, en alguna manera, al menos. Para mí, el acto que se celebró el uno de abril de 1964 en el Teatro Calderón de Valladolid, a pesar de su falta de eco en la prensa y en los medios de difusión de alcance nacional, es histórico. Por la ciudad que albergó el acto, por la historia política del local, por la fecha que se conmemoraba, por la identidad de pensamiento de los asistentes, por el carácter de las organizaciones que lo patrocinaron y de los hombres que presidieron, y por el entusiasmo indescriptible e inenarrable que respaldó las ideas que allí se expusieron, estimo que la unidad de los excombatientes españoles es mas fuerte ante los peligros que amenazan nuestra paz, que ante el enemigo descubierto que disparaba desde el otro lado de las trincheras.
Las ideas fundamentales del Movimiento, Tradicionalismo y Falagismo, ¿entiende usted que pueden formar un cuerpo de doctrina sustancialmente igual y que asegure la permanencia del 18 de julio?
— Naturalmente. Lo he creído así toda mi vida. Recordará Vd. que en el arto del primero de abril yo convoqué a los españoles en torno a las banderas del 18 de julio, es decir, en torno a la Tradición revolucionaria o a la Revolución tradicionalista.
¿Qué aconseja usted a las nuevas juventudes españolas para que se incorporen plenamente a los ideales del 18 de julio y sepan seguir adelante, perfeccionándolo, lo que nació de la Victoria del 1.º de abril?
— Estudio atento de la realidad española, observación aguda y vigilante de la tiranía comunista que ha sojuzgado a una gran parte del planeta y de la debilidad de los sistemas liberales para combatirla. La solución está en la continuidad del Estado nacido de la Cruzada, purificándole de errores e imperfecciones, que no deben asustarnos, pues son inherentes a toda empresa humana. La mayor imperfección seria asustarnos de nuestras imperfecciones. y, oyendo al enemigo, desmontar con nuestras propias manos lo mucho y bueno hasta ahora construido. La tarea política que incumbe a quienes trabajan o han de trabajar en ella en un futuro próximo, no es la de desmonte y derribo, sino la de continuidad y perfección.
¿Quería decir unas palabras sobre cómo ve usted en el plano político y de realizaciones nacionales a los carlistas, falangistas, alféreces provisionales, marinos voluntarios, excautivos y demás excombatientes de España?
— Creo que son la guardia activa del Movimiento, los centinelas mayores de la lealtad. Su historia y sus heridas, su ardor y su coraje —si la unidad entre ellos se mantiene—, son garantía de que el proceso político español no cerrará en falso la revolución tradicionalista.
¿Qué sugerencia le produce a usted el que los Reyes Católicos se unciesen en matrimonio en Valladolid, muriese en Medina del Campo Isabel la Católica y viviese y muriese de amor en Tordesillas Juana la Loca?
— Que esta tierra tiene un sentido misional hispánico, y que es preciso recorrer y peregrinar por estos lugares para saborear un poco de la mejor España.
¿Cómo ve usted, como figura española, al Duque de Madrid?
— Conocí hace algún tiempo al príncipe Carlos-Hugo. Me ha parecido un hombre serio y alegre, a la vez, preparado, ágil de inteligencia y de palabra, conocedor a fondo de los problemas del país y dotado de una evidente seguridad en sí mismo.
El sentido social del Duque de Madrid, su entrega total a los obreros y clases menos dotadas, ¿no cree usted que es algo fundamental para un Príncipe en el año 1964?
— Cierto, y no solo para un príncipe de 1964, sino también para todos aquellos que desempeñan o han de desempeñar una tarea dirigente en el país. La lección de Don Carlos en las minas de Asturias ha sido ejemplar, en el sentido más amplio de la palabra.
¿Querría decirnos algo sobre viabilidad del concepto de unidad y regionalismo en el pensamiento político tradicionalista español?
— Siempre he estimado que la gran reforma administrativa española prescindiendo de razones históricas que también son de capital importancia, consiste en descentralizar la cabeza gigantesca y absorbente de un poder que mediatiza y demora las soluciones de los problemas y que va emperezando a todos en una resignada y fatigosa gestión de los asuntos, me parece opuesta a la creación de una sociedad con vida, en la que las estructuras menores y subordinadas tienen una esfera natural de jurisdicción y de competencia. Una descentralización de este tipo no solo no está reñida con la unidad, sino que es su auténtica garantía.
Hasta aquí don Blas Piñar. Sus palabras son una siembra que aflorará en cosecha ubérrima. sin duda, en tantos corazones españoles, especialmente en los corazones de esa juventud que se abre ahora a la vida emocional de España y que es el asiento, el pilar de bienandanzas futuras. Otra lección, magistral, de don Blas Piñar, cuya ejecutoria yo la definiría así servir-nobleza-España.
Y firmó en la tierra isabelina de Medina del Campo, a 21 de junio de 1964, en el año de Gracia en que se cumplen los veinticinco años de la Paz y Victoria de España.
ANTONIO MARÍA SOLÍS GARCÍA
Fuente: Montejurra (n.º 43)
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| Excombatientes requetés y falangistas desfilando de la Catedral al Teatro Calderón de Valladolid para asistir a aquel acto político de 1964. |
A continuación, el discurso que Blas Piñar pronunció en Valladolid:
El orador comenzó diciendo que el acto que nos congregaba en el Teatro Calderón, a pesar de la diversidad de uniformes y de la presencia de bellas mujeres, era un acto esencialmente militar. Exalta el importante papel jugado por el Ejército a través de la Historia de España. Dice el orador que fue el Ejército de España quien se opuso al Comunismo y que en torno de este Ejército se embanderó todo un pueblo, un pueblo que se hizo milicia. Sigue analizando el momento crucial de nuestra historia en que todo un pueblo lucha por la defensa de sus ideales, de su idiosincrasia espiritual y que fue así como España tomó las armas. Para España tomar las armas es un modo natural de cumplir su destino. Hace un canto a Onésimo Redondo, a Ramiro Ledesma y a José Antonio y a las Banderas de Castilla, pero, añade que, ¡no lo olvidemos!, también de esta tierra salió el Requeté. Dice cómo mientras en el Alto del León morían los falangistas, en Somosierra morían los requetés. Así, se hizo una unidad con la sangre de los héroes y de los mártires. El orador hace un extraordinario canto a la unidad. En este acto están los de José Antonio y los de Onésimo, los de Vázquez de Mella y Zumatacárregui: los de Yagüe, los de Mola y los de Franco. No solamente celebramos 25 años de paz, celebramos 25 años de victoria, conmemoramos las bodas de plata de la Victoria del heroísmo. Tenemos que actualizar, que aproximar a nosotros, lo que fue nuestra gesta. Ataca duramente a quienes quieren volver a España a viejos moldes, a viejas teorías liberales. El comunismo no tiene miedo a los estados liberales, teme a los estados confesionales y católicos como el nuestro, como ha dicho Franco. Afirma el señor Piñar que queremos una España española, no queremos esclavizarnos a Europa, queremos vivir a lo español. Queremos un Estado al servicio del hombre, una economía al servicio de la política, pedimos una Administración al servicio de una gran política. Expresó cómo la Revolución ha de ser TRADICIONALISTA. Habla de cómo él ve la realidad unitaria de España en una identificación del TRADICIONALISMO y la Revolución. Tiene frases de extraordinaria belleza y cariño para la gloriosísima enseña del Carlismo, la Cruz de San Andrés. El orador dedica palabras emocionadas al Tradicionalismo en un arrebato de elocuencia y fervor: Ese Tradicionalismo que él considera identificado al espíritu de la Revolución, que abandera la Falange.
Las palabras finales del eximio orador fueron éstas:
¡Por Dios, por la Patria y por el Rey! ¡España Una, Grande y Libre! ¡Viva España! ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Viva el Rey!
Las carlistas, que en gran número ocupaban gran parte del Teatro Calderón, estallaron en una ovación delirante. UNICA, que no sólo fue, naturalmente, su ovación, sino la de toda la concurrencia unida verdaderamente en los cimeros ideales españoles que allí se habían expuesto y vitoreado. Finaliza el acto con los himnos de la Infantería, del Carlismo, de Falange Española de las JONS y de España, que fueron cantados por todos entre golpeteos de corazón que quería saltar del pecho al exterior...
Inolvidable jornada españolísima la del 1 de abril en Valladolid, en la que todos los ex-combatientes se abrazaron entrañablemente. Jornada en la que el Carlismo vallisoletano hizo un acto de presencia realmente definitivo.
Fuente: Montejurra (n.º 40)
Notas:
[1] A los 80 años del acto fundacional de La Comedia, por Blas Piñar
[2] Piñar, Blas: Escrito para la Historia (I)

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