jueves, 20 de julio de 2017

El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. III - La muerte de Sanjurjo

LA MUERTE DE SANJURJO 

La muerte trágica del general Sanjurjo se debió a una debilidad del general Mola para con el aviador Ansaldo, quien, por haber salvado el año 32 al general Barrera en su avioneta y haber llevado el día del Movimiento a Pamplona al señor Fal Conde, aterrizando en el campo de Noain después de varias peripecias y algunos peligros, se creía con el derecho de llevar al futuro Jete del Estado Español, general don José Sanjurjo, desde Lisboa.

Juan Antonio Ansaldo Vejarano (1901-1954)

Se habían convenido dos contraseñas, y también en esto está confundido el señor Iribarne en la obra aludida anteriormente; una que tenía por mitad y debía mandar el general Mola, si el Ejército se decidía a iniciar el Movimiento, y era parte de un recordatorio fúnebre de la señora de Carranza, de Cádiz, y otra que tenía el señor Fal Conde, también por mitad con el general Sanjurjo, y ésta era efectivamente un recordatorio del asesinado Canciller de Austria, Dollfuss, que el Rey mismo le había dado al señor Fal, y el envío de cuya mitad significaba que los Requetés empezaban el movimiento, al que luego, por el prestigio del general Sanjurjo, el Ejército se plegaría; pues el general, hijo de capitán carlista, muerto al frente de su escuadrón en la guerra del 72-76, y sobrino del general carlista Joaquín Sacanell, que fuera Secretario de Carlos VII en Venecia, quería siempre mandar requetés.

El señor Fal Conde había contratado los servicios del que pasaba por ser uno de los mejores aviadores europeos, el francés Lacombe, quien poseía varios records, y el bimotor de la entonces esposa Mollisson, en el cual acababa de batir el record de Inglaterra a la Ciudad del Cabo en África.

Los dos, Lacombe con su bimotor y Ansaldo con su avioneta, llegaron al mismo tiempo a Lisboa, aunque a distintos campos de aterrizaje, ya que, el bimotor no podía aterrizar en el reducido y deficiente campo de La Alberca.

(No es todavía llegado el momento de levantar el velo sobre él modo como se solventaron las dificultades surgidas por las reclamaciones del embajador del Gobierno republicano, el mismo que fuera ministro náufrago, según frase de Azaña, precisamente cuando regresaba de Buenos Aires a España para hacerse cargo de una cartera ministerial).

El general Sanjurjo se despide de su esposa y amigos antes de subir a la Puss

En atención a que el bimocor de Lacombe no podía aterrizar en el reducido campo de Noain, cerca de Pamplona, se decidió que lo haría en uno de los aeródromos del sur de Francia, posiblemente en Biarritz, donde estaba todo preparado para los inconvenientes que pudiesen surgir e incluso el guía que debía pasar al general Sanjurjo a través de la frontera franco-española.

Ansaldo, muy conocido de la colonia española, que hacía la contrarrevolución desde las hermosas y frescas playas de Estoril, pudo fácilmente lograr del general Sanjurjo que se confiase a su avioneta, en la que debía amarrarse, ya del primer momento, en un angostísimo sitio.

El entonces Director General de Seguridad en Madrid, Ángel Galarza, se alabó más tarde de haber dañado en alguna forma la avioneta; pero quien presenció la catástrofe aseguraba que, conociendo el pobre campo de aterrizaje de Cascaes y la más pobre avioneta de Ansaldo, aun reconociendo su destreza y capacidad, no necesita agentes extraños para explicarse el desastre ocurrido.

Estado en que quedó la avioneta después del accidente

La avioneta, sea por el estado del campo, sea por el exceso de peso, levantó vuelo con dificultad, de modo que pareció iba a estrellarse contra unos árboles por no ganar altura. Sorteó el obstáculo penosamente, y apenas transpuestos los árboles capotó, desplomándose e incendiándose el depósito de la nafta, sin que le fuera posible a Ansaldo vaciarlo antes por falta de tiempo, aunque hubiese atinado, y sin que le fuese posible al general deshacerse de las correas que lo aprisionaban, pereciendo abrasado entre gritos desgarradores.

Ansaldo tuvo que ser hospitalizado, tal vez más por la conmoción nerviosa y dolor, que por las quemaduras, que fueron leves, por fortuna.

Entretanto el bimotor con el gran Lacombe se morían de asco en un campo de aterrizaje, no lejano, se había torcido la dirección del Movimiento y se había hecho posible una guerra que todavía perdura.


EL REQUETÉ (Buenos Aires, 1 de marzo de 1939)

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El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. I - El plan
El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. II - La defección del General Barrera
El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. III - La muerte de Sanjurjo

martes, 18 de julio de 2017

El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. II - La defección del General Barrera

Como fenómeno extraño es curioso el hecho de que, después de muerto el general Mola, último representante del general Sanjurjo, no existe actualmente en el Gobierno de Burgos y Salamanca ninguno de los hombres que trabajaron eficazmente en la preparación del movimiento. 

No es una excepción el Conde de Rodezno, el hombre más político, es decir, más enemigo de la acción, o sea, el menos carlista, de todos los prohombres carlistas, aunque es de justicia acreditar un tanto en su haber. Pues al resultar por pura casualidad y algo de presunción, presidente de la Junta Suprema Carlista, se empezó el envío de jóvenes del Requeté a Italia, para que se ejercitasen en el conocimiento y manejo de las armas modernas. En cartas, cuyos originales se conservan y se publicarán en su día, llamaba despectivamente musulmanes a quienes conspiraban contra la República y jugaban a los Requetés... [...]

Consecuencia de una acción concertada entre el general Barrera, un representante de la Comunión Tradicionalista y otro de Renovación Española con el señor Mussolini, fue el envío de los jóvenes a Italia. Por cierto que últimamente dieron los periódicos la noticia de haber llegado el hecho a conocimiento de los rojos, quienes probablemente simularon el documento firmado, aunque el fondo es rigurosamente verídico.

El general Emilio Barrera Luyando (1869-1943)

En realidad, el envío de jóvenes se intensificó desde el momento en que empezó a dirigir los destinos de la Comunión Tradicionalista el verdadero forjador de los Requetés y alma de toda la preparación del movimiento, D. Manuel Fal Conde, como documentalmente lo probará la historia, ya que un carlista tuvo la fortuna de encontrar y salvar las notas y documentos originales, de todos los cuales se han sacado copias y fotocopias, que están guardadas en distintas naciones de Europa.

Los jóvenes Requetés, en grupos de treinta, de todas las regiones de España y singularmente de Navarra, se juramentaban, incluso con juramentos execratorios, a guardar el secreto, que fue tan bien guardado, que ni la policía española, ni las familias de los interesados, ni los mismos elementos oficiales italianos, llegaron a develarlo.

Salían por distintas fronteras con motivos diversos, generalmente de trabajo, y llegados a Italia eran recibidos por el que fue más tarde embajador en Buenos Aires, Coronel Longo, y presentados, como peruanos, a los oficiales que debían enseñarles el manejo de las armas, los cuales desconocían el español. La enseñanza duraba un mes aproximadamente, y con algunos que fueron a Libia, al principiar el movimiento, eran unos quinientos los que habían adquirido el conocimiento de las más interesantes armas modernas. [...]

Al libertarse finalmente, después de horas trágico-cómicas, el general Barrera se encontró ante una situación de hecho, en la que otros estaban trillando, lo que él había ayudado a sembrar; pero ya ni el general Barrera tenía parecido con el hombre de 1932, ni les fue difícil contentarle con la Presidencia del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, recientemente restablecido, si no lo fue expresamente para él. Muerto Sanjurjo, era el único Teniente General de actividad contrarrevolucionaria, desde el año 32. [...]

La muerte trágica de Sanjurjo, ocasionada por una debilidad de Mola, ante una pretensión vanidosa del aviador Ansaldo, torció completamente el curso del movimiento.

El que fuera secretario de Mola, señor Iribarne, escribió una seudo-historia plagada de inexactitudes e injusticias. Después, recogida tal obra; pero no por las injusticias que se cometen en el afán de ensalzar la acción del héroe, sino por querellas personales y celos ridículos e injustos de quien no representa en el libro ningún papel en la preparación del movimiento, sencillamente porque no la tuvo; y todo el poder, ni hará desaparecer los documentos que lo comprueban, ni hará enmudecer la historia que lo proclamará paladinamente, a pesar de las pretensiones de los panegiristas áulicos.

lunes, 17 de julio de 2017

El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. I - El plan

Descontado se tiene que todos los fariseos se llevarán las manos a la cabeza, aun sin llenársela de ceniza, y se aprestarán a rasgarse moderadamente sus vestiduras. También será motivo de estupefacción o escándalo lo que se irá refiriendo para cuantos, nacidos para avestruces, creen que en cerrando los ojos a la luz, como aquéllos ocultando sus cabecitas en el hoyo abierto en la arena para no ver al león, ya el peligro no existe. Y gritan ¡escándalo!, ¡escándalo!, cuando hay quien se atreve a proclamar bien alto lo que es sabiduría de clavo pasado, o verdades escuetas de la historia austera.

Aunque principalmente se tratará el problema político de España, como éste se roza con el problema militar y parece que algunos militares, mal aconsejados, han querido convertir el glorioso Movimiento Nacional en una cuartelada o pronunciamiento estilo siglo XIX, desvirtuando su carácter popular, base y fundamento jurídico de su legitimidad, accidentalmente se tratará de los mayúsculos yerros militares; porque las guerras se ganan alcanzando victorias y no repitiendo tontamente las palabras: victoria, invicto, derrota aplastante del enemigo, descalabro tremendo, etcétera, etc. Resulta soberanamente ridículo leer la prensa nacionalista española, convertida en un inmenso botafumeiro por obra y gracia de politiquillos de la más vieja escuela, como Serrano Suñer, que, al remedar los métodos fascistas e hitlerianos, los han dejado tamañitos. Se publicará a su hora una colección de las órdenes emanadas de la Dirección de Prensa y Propaganda de Salamanca, que resulta el monumento máximo de la adulación, del servilismo y de la incomprensión del carácter y psicología españoles.

Dejados de la mano de Dios han olvidado que en el fondo del español está siempre el espíritu de aquellos claros varones que, monárquicos ferventísimos, se dirigían a la Autoridad con las frases sabidas: Nos que somos tanto como vos y juntos más que vos; Rey serás, si ficieres derecho, e si no, non lo serás. Y la figura gigante del Alcalde de Zalamea será siempre el modelo representativo del verdadero carácter español, que se pretende convertir en el rebaño de Panurgo o en autómatas marcando el paso de ganso, sin ideas y sin voluntad propias.

Las necesidades de la guerra imponen muchas obligaciones y restricciones, cierto, ciertísimo; pero lo que jamás imponen es el ridículo, y menos todavía aprovecharlas para hacerse una plataforma y convertir a todos los periódicos en un diario y repetido anuncio gratis. ¡Qué mala debe ser la mercancía cuando necesita tanto bombo! [...]

Aunque se han visto los originales y fotografías de los documentos que se citarán, es inútil pedir, antes de finir la guerra, las tales fotocopias y documentos, celosamente guardados en lugar seguro. [...]

José Sanjurjo Sacanell (1872-1936)

En la preparación del Movimiento que debía acaudillar el glorioso, doble laureado, general Sanjurjo, tuvieron poca intervención los generales que luego, por efecto de las circunstancias, han resultado primeras figuras.

El Movimiento fue preparado por la Comunión Tradicionalista —el viejo Carlismo, luchador de siempre y siempre por los mismos ideales—, en combinación con algunos elementos de Renovación Española, con algunos de José Antonio, quien estaba en la cárcel cuando se enteró, con el conocimiento de Gil Robles a última hora y siempre bajo la jefatura de Sanjurjo. Los representantes de éste fueron, primero, un general que se rajó en Madrid; luego el doble laureado, entonces coronel Varela, y cuando éste no podía ya moverse por pisarle los talones la policía de Azaña, quien lo tenía en el castillo de Santa Catalina en Cádiz al estallar el Movimiento, fue el postrer representante el general Mola, Gobernador Militar de Pamplona.

El general Franco se comprometió a sublevarse en África mucho después que el actual Príncipe-Regente de la Comunión Tradicionalista-Carlista se entrevistase en Lisboa, por orden del difunto Rey Don Alfonso Carlos (q. s. g. h.), con el general Sanjurjo y se conviniesen los postreros detalles del Movimiento que sustancialmente fueron:

Los Requetés cooperarían, desde el primer instante, al Movimiento, si lo iniciaba el Ejército; pero si éste no podía, los Requetés empezarían, siempre mandados por el general Sanjurjo, y para ello, el teniente coronel de E. M. Baselga formó el plan del alzamiento, constituido en principio por dos fuertes grupos de Requetés que aparecerían en la Sierra de Huelva y en la Sierra de Gata, en el sudoeste de España, sobre la frontera de Portugal, por razones obvias y fáciles de comprender.

Eduardo Baselga Recarte (1879-1936)

Al atraer las fuerzas del Gobierno, debían actuar inmediatamente los Requetés navarros y vascos, al par que los catalanes y aragoneses, en un doble movimiento sobre Madrid. El general Sanjurjo no era partidario de la guerra de carreteras, sino que pretendía dar una batalla, pero una verdadera batalla decisiva, tan pronto hubiese reunido los elementos que se hubieran plegado a su nombre glorioso.

Si bien es cierto que él había reservado su pensamiento, no es difícil adivinar que hubiera tenido lugar por el norte de Madrid, y aun es probable que hubiera sido algún Guadalajara, pero glorioso. Desde las estribaciones del Guadarrama por Sigüenza y hasta Medinaceli existe, en dirección a Madrid, un vasto terreno para dar una batalla, o una serie de combates que abrieran las puertas de la Capital por el único camino que se pueden abrir, según lo aprendieron Felipe V y Napoleón.


viernes, 14 de julio de 2017

La Revolución es un bloque


¿La Revolución es un bloque?

Si por ello se entiende que es de una simplicidad, de una indivisibilidad absolutas, sin grietas, sin fallas, sin oposiciones internas y sin contradicciones, claro que la Revolución no es un bloque.

Sus hijos, sus nietos, sus sobrinos y sus resobrinos se devoraron y se devoran todavía vorazmente entre sí.

Los jacobinos "acorralaron" a los girondinos, los thermidorianos a Robespierre, y todos saben la religión de M. Thiers con la Comuna. Los liberales, a su vez, hubieron de ceder el lugar a los radicales, que fueron rápidamente "penetrados" por el socialismo; los mismos socialistas no tardaron en ser desbordados por el comunismo. Se sabe, en fin, cómo, en su régimen interno, las depuraciones se suceden ferozmente entre los comunistas.

¿Cómo puede entonces llamarse bloque a semejante sucesión de conflictos?

La contestación es fácil si se toman el trabajo de observar que estas oposiciones son en principio oposición de personas, o mejor dicho, de clanes, que van a la caza del poder. En lo demás, es decir, en lo esencial, hay continuidad, hay rigurosa progresión. Y si las cosas, en sí mismas, parecen cambiar, el cambio no es más que el desarrollo lógico de un conjunto de principios en los que es preciso reconocer el fiel desarrollo de la Revolución con todas sus consecuencias.

Por esto la Revolución es un bloque, sean cuales fueron o puedan ser las rivalidades sangrientas de aquellos que la sirven. (...)

La Revolución es un bloque, al igual que constituyen un bloque las armas modernas, aunque la infantería sea muy distinta de la aviación, los cuerpos de franco-tiradores muy distintos de las tropas disciplinadas, etc. A pesar de sus diferencias profundas forman un bloque, porque todas ellas contribuyen a un mismo fin. El hecho de que los parachutistas tengan tendencia a arrastrar los "tringlots" de "planqués" tiene una importancia secundaria.

La Revolución forma un bloque porque los liberales y los comunistas pueden reivindicar el mismo padre: Juan Jacques Rousseau..., las mismas máximas fundamentales del ginebrino pueden igualmente alegarse para justificar tanto el liberalismo más anárquico como el totalitarismo más riguroso. (...)

La primera policía, abuela de todas las chekas, gestapo, geupeon, etc., el mundo moderno la vio nacer en Francia...,  y el dulce nombre de Fouquier-Tinville quedará siempre unido a tan memorable acontecimiento.


La delación sistemática considerada como regla de vida entre los ciudadanos, fue también el "divino" Marat quien la puso en práctica.

Lo mismo puede decirse por lo que respecta a la destrucción de ciudades "contrarrevolucionarias": Lyon, Tolon, la "tierra abrasada" de la Vendée, fueron los prenuncios de Budapest y de Hungría.

Y, en cuanto a la liberación de los países vecinos con la ocupación armada que los ataca del modo más sistemático, ¿cómo han de olvidar los rusos que los franceses les dieron el ejemplo en aquella época en casi todos los países de Europa?

También, por lo que se refiere al "terror" concebido como principio de gobierno, ¿no lo inventaron los franceses el nombre y la cosa?

«Es, pues, risible, diremos con el Padre Bruckberger, querer combatir el comunismo conservando al mismo tiempo la tradición, la lógica y el derecho nacidos de la Convención y de la primera república jacobina. No se puede contrarrestar un negro con un gris más o menos sucio, sino en virtud de un blanco más y más puro, más y más resplandeciente, que denuncia y condena tanto al gris como al negro.» (..)

No se puede, ni se podrá plenamente contrarrestar, no se podrá combatir victoriosamente el universalismo revolucionario, más que en nombre del universalismo cristiano.

Por eso no puede haber plena y entera contra-Revolución sin una profesión absoluta y firme de catolicismo.

Al bloque satánico de la Revolución, sólo puede oponerse la piedra divina sobre la que el Señor fundó su Iglesia.



Fragmento extraído del editorial de Verbe, abril de 1957.
Tomado de Revolución y contrarrevoluciónCRISTIANDAD, julio de 1957

miércoles, 28 de junio de 2017

Sabían lo que hacían




En 2016, el ayuntamiento de Madrid dirigido por la podemita Manuela Carmena, a propuesta del Partido Socialista, alegando varias miles de firmas de la plataforma digital Change.org y amparándose en la ley de Memoria Histórica, renombró la plaza Vázquez de Mella como plaza Pedro Zerolo, un político socialista (¡cómo no!) y aún más importante para el Ayuntamiento, sodomita –nos negamos a transigir en la dominación lingüística de lo políticamente correcto y a usar la denominación oficial, usando en cambio el sustantivo que históricamente se ha usado, véase como ejemplo la obra de John Kennedy Toole, La Conjura de los necios, usado tanto por el protagonista, Ignatius Reilly, como por Myrna Minkoff, a quién el pensamiento hegemónico de hoy no dudaría en calificar de “progresista”.

Vázquez de Mella fue el mayor sistematizador de la doctrina carlista de la historia del carlismo, y uno de los mejores oradores de su época; diputado a Cortes, autor de numerosas obras reunidas en una treintena de obras completas, dejó un influyente legado doctrinal que traspasó los simples límites del carlismo y de España, llegando a América. Zerolo, en cambio, era concejal en Madrid, cuya influencia se debía a los contactos con el poder, y no a su capacidad y talento, y es conocido únicamente por defender los “derechos” de un colectivo al que él mismo pertenecía, de los que no destacó en exceso, y limitándose su influencia a las actuaciones de dicho colectivo, sin ningún legado doctrinal.

De nada sirvió que Vázquez de Mella hubiese muerto en 1928, tres años antes de la proclamación de la Segunda República y ocho antes del inicio de la Guerra Civil; de nada sirvieron las quejas de los vecinos de la plaza (a pesar de que muchos de los firmantes probablemente ni siquiera eran de Madrid, pues se trata de una recolección de firmas digital, el ayuntamiento madrileño ni se molestó en consultar a los vecinos); de nada sirvió que Vázquez de Mella hubiese defendido el voto femenino en su concepción de la democracia orgánica o jerárquica antes de que se hiciera realidad en 1931, y con la opinión en contra de numerosos izquierdistas, como la socialista Victoria Kent (en algún foro se comenta que si los izquierdistas se enterasen de esto, les daría un ictus); y de nada sirvió la campaña que intentó llevarse a cabo en la propia plataforma Change.org (en primer lugar, porque fue enseguida eliminada); el nombre de la plaza fue irremediablemente modificado amparándose en la Ley de Memoria Histórica.

Muchos atribuyen este hecho a la ignorancia histórica de la alcaldesa de Madrid y su equipo de gobierno; sin embargo, no se nos debe escapar que la plaza Vázquez de Mella ha sido un recorrido tradicional del irónicamente llamado Día del Orgullo Gay (otros nombres que se han sugerido, como Día del Orgullo Neocapitalista o Día del Complejo Gay, son mucho más apropiados para un espectáculo que más bien provoca vergüenza ajena), por lo que esto debe entenderse más como una estrategia de conquista continua del espacio público por parte de los rosas que les garantice la hegemonía total y haga que sus horteras banderas sean izadas en todos los lugares sin discusión. 

Otro aspecto que no se nos debe escapar es que Carmena pertenece a ese colectivo que gritaba ¡Arderéis como en el 36!, es decir a un grupo que fue derrotado en la Guerra civil, algo que todavía les escuece; Vázquez de Mella es el principal referente de los carlistas, ¿pero quiénes eran los carlistas? Los carlistas eran los que se sublevaron en el 36 y lograron conquistar el Norte de España para el Bando Nacional, que sin ellos jamás hubiese ganado la Guerra, y la añorada y utópica República quema-conventos de los comunistas todavía seguiría en pie. Tampoco es casualidad que en el mismo año en que se aprobó el renombramiento de la plaza Vázquez de Mella (2015), el ayuntamiento de Pamplona, también de izquierdas, le retiró la plaza del Conde de Rodezno en Pamplona, uno de los  principales dirigentes que negoció con el Bando Nacional la entrada de los carlistas navarros en el Alzamiento, si bien es verdad que fue a espaldas de Fal Conde, y que Rodezno era de muy dudosa lealtad, ocupando puestos de importancia durante el gobierno de Franco. 

Pero volvamos a la figura de Vázquez de Mella. Si analizamos todo su pensamiento y todas sus influencias, no es de extrañar que la izquierda sienta repulsión a su figura. Carlista convencido, criticó la teoría de la separación de poderes, uno de las principales bases políticas del liberalismo, y por lo tanto de la izquierda, así como el parlamentarismo, la libertad de cultos, el marxismo... Propugnaba una sociedad firmemente católica, con gremios y sin sindicatos (tal y como los conocemos, al menos), en que fuesen innecesarias las huelgas, y un Estado encabezado por un rey que gobierne y en el que la representación política esté compuesta por corporaciones, no por partidos de masas. Siendo justos, es difícil defender el pensamiento de Mella sin que la izquierda (y la derecha) se quede horrorizada y blanca como la leche del terror. 

De todo a lo que influenció el caso no es muy distinto. El pensamiento de Mella, aunque desvirtualizado, sería usado por la cultura oficial franquista, y sus planteamientos en política nacional marcaron la política exterior franquista. Fuera de nuestras fronteras, Mella influyó notablemente al integralismo lusitano, adscrito primero a la dinastía liberal portuguesa y luego a la miguelista, cuyo planteamiento doctrinal es paralelo al carlista (anti-parlamentarismo, anti-liberalismo, rey gobernante, sociedad católica y cuerpos intermedios), aunque dirigida al caso específico de Portugal, y en la que cabe destacar a Antonio Sardinha y su Teoría de las Cortes Generales, una elaboración sistemática de la doctrina tradicionalista en una sola obra que no tendría paralelo en la propia España hasta tiempos de Elías de Tejada; en América, se destaca a la vertiente brasileña del integralismo lusitano, el patrianovismo, al pensador brasileño Pedro Galvaõ de Sousa, que afirmaba que un Estado corporativo sólo podía tener lugar con una monarquía en el que rey reine y gobierne, o al sacerdote chileno Osvaldo Lira, que decía que había que borrar todo lo escrito por el Concilio Vaticano II, ese que supuso que la Iglesia reconociera la libertad de cultos en aquellos países de mayoría católica, el ecumenismo y la subordinación de la Iglesia a los dictados internacionales.

lunes, 26 de junio de 2017

Obras de Chesterton



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Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), un hombre "dispuesto a escribir un libro a la más mínima provocación", como se definiría a sí mismo en su célebre ensayo Ortodoxia, es hoy uno de los principales referentes de la cultura católica inglesa y contemporánea. Conocido como el "príncipe de las paradojas" pasó de un agnosticismo militante al anglicanismo por influencia de su esposa Frances Blogg, y progresivamente de éste al catolicismo. Escribió cientos de poemas y de artículos, varias novelas largas y cortas, cuentos policíacos, de los cuales los más famosos son los protagonizados por su personaje más emblemático, el Padre Brown, así como ensayos y obras de historiografía, incluyendo varias biografías y una historia universal: el hombre eterno.

Defensor del catolicismo y el mundo medieval a lo largo de toda su obra, fue uno de los principales impulsores del distributismo, una tercera vía entre el socialismo y el capitalismo, y también fue un importante conocedor de la cultura española, entre los que podemos destacar su poema Lepanto dedicada a la batalla de Lepanto y a don Juan de Austria. Por esta gran importancia, dedicamos esta entrada a recopilar toda la obra a la que tenemos acceso en castellano.


Ensayos y recopilaciones de ensayos.

Herejes (1905)

Ortodoxia (1908)

Lo que está mal en el mundo (1911)

Los límites de la cordura: el distributismo y la cuestión social (1933)

El hombre común (1936)

La cólera de las rosas (1910)



Historia y biografías.

Pequeña historia de Inglaterra (1917)

El hombre eterno (1925)

San Francisco de Asís (1923)

Santo Tomás de Aquino (1933)


Cuentos policíacos

El Padre Brown (1911)

La Inocencia del Padre Brown (1914)

La Sabiduría del Padre Brown (1926)

La Incredulidad del Padre Brown (1927)

El Escándalo del Padre Brown (1929)

El Secreto del Padre Brown (1935)

El hombre que sabía demasiado (1922)

El poeta y los lunáticos (1929)

La cruz azul y otros cuentos



Novelas.

El Napoleón de Notting Hill (1904)

El club de los negocios raros (1904)

El hombre que fue jueves (1908)

La taberna errante (1914)

El regreso de don Quijote (1929)

El club de los incomprendidos. Cuatro granujas sin tacha (1930)

Relatos


Poemas y poemarios.

Barbagris en escena (1900)

La reina de las siete espadas (1926)

Lepanto (1927)

La balada del suicidio y otros poemas

Collected Poems (1932) (en inglés)

domingo, 30 de abril de 2017

Lutero pintado por los suyos

Martín Lutero

«Yo no me admiro, ¡oh Lutero!, de que verdaderamente no tengas vergüenza y te atrevas a levantar los ojos ante Dios y ante los hombres, por haber sido tan ligero y voluble que te dejaras llevar por instigación del demonio a tus más insensatas concupiscencias. Tú, fraile de San Agustín, has abusado, en primer lugar, de una virgen sagrada, que en otros tiempos habría expiado su delito con ser sepultada viva, y tú con ser azotado hasta morir. Y lejos de arrepentirte, ¡cosa execrable!, la has tomado públicamente por mujer, contrayendo con ella nupcias incestuosas, y abusando de la pobre y miserable doncella con escándalo del mundo, con reprobación y oprobio de tu nación, con desprecio del santo matrimonio, y con injuria y vilipendio de los votos hechos a Dios. Finalmente, ¡y es lo más execrable!, en vez de sentirte abatido y lleno de sentimiento y de vergüenza por tu incestuoso matrimonio, tú, ¡miserable!, haces alarde de eso, y en vez de implorar el perdón de tus miserables delitos, provocas con tus cartas y escritos a todos los religiosos a que hagan otro tanto.
ENRIQUE VIII DE INGLATERRA
Enrique VIII

«Dios, para castigar el orgullo y la soberbia que descubre en todos los escritos de Lutero, ha retirado de él tu Espíritu, y le ha entregado al espíritu del error y de la mentira, que siempre poseerá a los que siguen sus opiniones mientras que no se retracten de ellas.
CONRADO REISS, SACRAMENTARIO

«Ved cómo se esfuerza Satanás por apoderarse por completo de Lutero. No es raro el verle contradecirse de una página a la otra. Al verle entre los suyos lo creeríais poseído de una falange de demonios.
ZUINGLIO
Zuinglio

«Las gentes de bien no pueden menos de lamentarse del cisma funesto que has introducido en el mundo con tu arrogancia desenfrenada y sediciosa. —Lutero empieza a perder las simpatías de sus discípulos, hasta el punto que muchos de ellos le tratan de hereje, y afirman que, despojado del espíritu del Evangelio, ha sido abandonado a los delirios del espíritu humano.
ERASMO
Erasmo de Róterdam

«Verdaderamente, Lutero es en extremo vicioso. ¡Pluguiese a Dios que se hubiera cuidado de refrenar la intemperancia que trasciende de toda su persona! ¡Pluguiese a Dios que se hubiera parado un poco a reconocer sus vicios! —Lutero no ha hecho cosa que valga. —No conviene entretenerse en seguir sus huellas siendo papista a medias... Vale más fundar una Iglesia enteramente nueva. —Tu escuela —decía Calvino al luterano Westfal— no es más que una hedionda porquera. ¿Lo oyes, perro? ¿Lo oyes, frenético? ¿Lo oyes, bestia?
CALVINO
Juan Calvino

El Correo Español (18 de marzo 1893)

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