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miércoles, 15 de agosto de 2018

La premonitoria carta de la Comunión Tradicionalista al General Franco (1943)

Tal día como hoy, 15 de agosto (solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María) del año 1943, los jefes de la Comunión Tradicionalista remitían al General Franco la carta que reproducimos a continuación, la cual presagiaba los males que sobrevendrían a España cuando el dictador abandonase el poder, tal como había sucedido años antes con Miguel Primo de Rivera.

En esta misiva, los carlistas exigían a Franco que abandonase el ensayo totalitario, volviese al espíritu inicial del Alzamiento y restaurase la monarquía tradicional española, todo ello para evitar que España cayese de nuevo en la falsa "legalidad" democrática del sufragio inorgánico.​ Lamentablemente, el Generalísimo hizo caso omiso. Dos décadas más tarde, Franco anunciaría que restauraba la monarquía, pero no la tradicional española, sino la de los tristes destinos, nombrando como sucesor a un príncipe de la dinastía liberal usurpadora. Quienes no quisieron aprender de la historia, se vieron condenados a repetirla, y sumieron a España en la lamentable situación política, social y moral que padecemos hoy.

La historia nos enseña que el liberalismo es causa y origen de todos los males políticos de España y que, cuando hemos regresado a este nefasto régimen, se ha desatado siempre el odio a la fe, la agitación, el socialismo y el separatismo. Aprendamos de la historia para que no vuelva a malograrse un triunfo sobre los enemigos de Dios y de España, como se malogró la victoria arduamente alcanzada en 1939 a costa de la sangre de tantos patriotas.


EXCELENCIA:
Manuel Fal Conde
(1894-1975),
jefe delegado de la
Comunión Tradicionalista


El 10 de marzo de 1939, en víspera de la terminación de la guerra española, la Comunión Tradicionalista dirigió a V. E. unos escritos políticos en los que se desarrollaban las soluciones derivadas de los principios del derecho público cristiano, defendidos por ella durante más de un siglo con lealtad única en la historia política de España. La discrepancia mantenida por la Comunión con el ensayo totalitario, y su apartamiento del “partido único”, base del sistema, no fueron obstáculo para la heroica contribución de los Requetés a la guerra, ni para el acto de entregar a V. E., en los escritos mencionados, las soluciones tradicionalistas.

Este último acto pudo mostrar a V. E. que la Comunión Tradicionalista no estaba movida por ambiciones personales. El desinterés de que son ejemplo los Requetés nos ha enseñado que constituye un gran servicio a la Patria la conservación de la verdad política desde la oposición, con mérito heroico si es a costa de persecuciones del Poder.

Manuel Senante (1873-1959),
último director de El Siglo Futuro
Recordamos esto al solo efecto de fijar, con la claridad de siempre, el alcance de nuestro acto de hoy. La experiencia, lección de prudentes, está poniendo de manifiesto desde entonces la necesidad de apartarse del camino emprendido, para buscar otro que lleve a soluciones más jurídicas y permanentes; y el peligro de volver, si así no se hace, a un caos liberal. Entre el liberalismo anárquico y el totalitarismo hay una interpretación de la libertad humana, que es el fundamento del derecho público cristiano y de las soluciones políticas defendidas por la Comunión Tradicionalista. En nuestros escritos de 1939 señalábamos que aquél era el momento, terminada la guerra, de iniciar la implantación de un régimen estable. Hoy todavía se está en posibilidad de hacerlo. Pero no queda ya mucho tiempo.

Tomás Domínguez Arévalo,
conde de Rodezno
(1882-1952)
El retraso en la implantación de un régimen de derecho, encierra el peligro de que el malestar ambiente sea explotado por fuerzas subversivas y extrañas. Hay que salvar lo que fue inspiración esencial del Alzamiento de julio de 1936 y que nos unió a cuantos en él tuvimos la gloria de participar. Gracias a la postura mantenida por la Comunión Tradicionalista, la bandera de la oposición al ensayo totalitario está dentro de ese espíritu sagrado del 18 de julio.

Llegamos a V. E. con el mismo ánimo generoso con que lo hicimos en marzo de 1939. Con el mismo respeto y con el mismo patriotismo. Con una autoridad moral que nadie podrá negarnos. Porque la Comunión Tradicionalista no es un grupo más al que se le pueden echar en cara antiguos errores. Tuvo razón en sus críticas y en sus afirmaciones sustantivas, y acertó generalmente en sus decisiones tácticas frente a los acontecimientos.

José María Arauz de Robles
(1898-1977)
Nuestras predicciones y advertencias están confirmadas por la experiencia de estos años. Nos duele el mal de España y el ver en lo que ha parado la inolvidable ilusión nacional de los primeros meses del Alzamiento, cuando el alma colectiva se volvía a encontrar con los símbolos sagrados de la Patria, alzados por nuestros Tercios de Requetés desde el primer momento. En la zona nacional no había ni sombra de Estado. Fue la Sociedad misma, movida por sentimientos profundos y eternos que le daban unidad y vida, la que hizo posible el Movimiento. Hay que tener fe en esta Sociedad y respetar su repugnancia a sistemas que la violentan.

Es innegable que la Sociedad española no acepta el sistema totalitario. Subsiste éste porque se le ha impuesto, pero no podría vivir si aquélla se manifestase libremente. Sus organismos e instituciones no han logrado un funcionamiento eficaz. Todos languidecen y se agotan, y lo más significativo, como síntoma del hastío de las gentes, es que pasan entre la indiferencia general y mueren a manos de su propia condición artificial y de la ficción a que obedecen. No se atribuya este fracaso a la oposición de sus enemigos, sino a la falta de virtualidad interna del sistema.
José Mª Lamamié de Clairac
(1887-1956)

Por otra parte, es un hecho comprobado que los fenómenos políticos y sociales no quedan nunca circunscritos a las fronteras de un país determinado, sino que repercuten inevitablemente de uno en otro, y han de preverse, para un futuro inmediato, las repercusiones que, para nuestro actual sistema, se producirán como consecuencia de la suerte de aquellos otros a cuyo género o inspiración corresponde. La verdad es lo único que puede salvarnos, y será inútil pretender que sigamos por temor a ella con los ojos cerrados a las realidades que se nos imponen.

Una circunstancia feliz diferencia nuestro caso del de otros pueblos. Pero esto es a condición de que seamos leales con nosotros mismos. En otras partes, los movimientos renovadores fueron obra de un partido. En España, no. El Alzamiento español fue auténticamente y totalmente nacional. Después se le ha dado una interpretación de partido. Se pude, por tanto, abandonar esta interpretación partidista, y volver al espíritu inicial del Alzamiento, cuyas esencias mantiene en toda su pureza el Ejército y el Tradicionalismo.

José Luis Zamanillo (1903-1980),
fotografía de cuando era combatiente
del Tercio de Requetés de Navarra
La necesidad y la urgencia de proceder a un cambio de cosas, es evidente. Tan acusado es el clamor unánime de la Nación, que ni nuestro prolongado silencio ha podido evitar que se alcen voces de bienintencionados españoles, no todos autorizados políticamente para discrepar del régimen ni para interpretar el que necesita España. Más que esa instigación nos mueve la apreciación de lo perentorio de la oportunidad presente, a elevar a V. E. este escrito, en uso de derechos de la Ley natural y de principios imprescriptibles, constitutivos de las sociedades y no negados por el derecho español vigente, para que V. E. facilite la solución definitiva a la honda crisis nacional que no puede resolverse con un simple arreglo de gobierno, o con un expediente dilatorio, para prolongar un estado de cosas insostenible.

Antonio Iturmendi (1903-1976)
El actual régimen es de dictadura, porque la dictadura no consiste más que en la concentración de poderes en una mano. El peligro de las dictaduras está siempre en su excesiva duración. Nacen para atender a una necesidad nacional, pero suelen prolongarse más allá de esta necesidad, con lo cual vienen a desembocar en el triunfo rencoroso y con espíritu de revancha de aquellos mismos que creyeron destruir. Los ejemplos los ha vivido esta generación.

SI NO ACEPTA LA CONCEPCIÓN POLÍTICA FUNDADA EN NUESTRO DERECHO TRADICIONAL, ESPAÑA CAERÁ DE NUEVO EN LA FALSA “LEGALIDAD” DEMOCRÁTICA DEL SUFRAGIO INORGÁNICO, A LA QUE AYUDARÁ ADEMÁS EL AMBIENTE EXTERIOR. ESTO SERÍA PARA NOSOTROS UNA GRAN VERGÜENZA Y EL HUNDIMIENTO DE TANTO SACRIFICIO Y DE TANTA ESPERANZA.

José María Valiente (1900-1982),
sucedió a Fal Conde como jefe delegado
de la Comunión Tradicionalista
Los intereses creados en torno al Poder, intentarán ligar la suerte de V. E. a la suya propia. Pero V. E. romperá sin duda esta solidaridad funesta, recordando que tiene como propia e indiscutible la gloria militar, donde está el título originario de su poder, y a la que puede volver siempre para abrir paso con el Ejército y con cuantos se agruparon en torno de éste, a las soluciones que el bien común demanda.

Trata de engañar a V. E. quien quiera hacerle ver este problema únicamente por el prisma de su situación personal y partiendo de ésta como base de cualquier cambio que produzca. Este lenguaje de la adulación no lo empleará jamás el Tradicionalismo.

Agustín González de Amezúa
(1881-1956)
El reconocimiento efectivo y práctico de los derechos de la Nación a recuperar las Instituciones que son su patrimonio político inalienable, es lo único que puede calmar la ansiedad y el desasosiego que sienten los españoles. Este reconocimiento no puede hacerse sino restaurando en su integridad la legalidad monárquica tradicional. LA SIMPLE ELEVACIÓN DE UN PRÍNCIPE AL TRONO NO BASTA. TIENE QUE IR ACOMPAÑADA DE LA RESTAURACIÓN DE AQUELLAS INSTITUCIONES QUE ASEGUREN Y DEFIENDAN SU CONTENIDO. Sin la restauración orgánica de todas estas Instituciones, la misma Monarquía está llamada al fracaso. Las características de estas Instituciones y el sentido general de la restauración orgánica que necesita España, van tratados en un estudio que nos permitimos acompañar a V. E.

Juan Sáenz-Díez (1904-1990),
sería jefe delegado de la
Comunión Tradicionalista
con S.A.R. Don Sixto de Borbón
Esta restauración orgánica de la Monarquía Tradicional no puede ser realizada sin la Comunión Tradicionalista, que es la única Comunión o fuerza política que, por su doctrina fruto de un pensamiento elaborado a lo largo de un siglo de contradicciones, por su limpia historia, por la firmeza de sus caracteres, por la autoridad que le presta su contribución a la guerra, y por su patriótica y nobilísima conducta posterior, tiene capacidad para dar la solución definitiva y española a estas cuestiones fundamentales.

El poder político, rescatado triunfalmente por el Ejército, debe ser entregado a esta gloriosa Comunión para que instaure el orden definitivo y nacional inspirado en el pensamiento Tradicionalista, servido por ella con tan acrisolada fidelidad.

Joaquín Baleztena (1883-1978),
presidente de la Junta Central
Carlista de Guerra de Navarra
Rogamos a V. E. que medite en la necesidad y justicia de esta demanda, con la que no perseguimos sino prestar a nuestro pueblo el último y definitivo servicio de nuestra vida secular.

Jamás agrupación política alguna ha reclamado el Poder con tanta razón. Más de cien años de lealtades, de aciertos, de fidelidad al sentir nacional, y de absoluto desinterés, no son ni comparables, como títulos, a los que han sido motivo tantas veces para que se entregara el gobierno de la Nación a cualquier conjunto heterogéneo y ocasional; y sin embargo, EL CARLISMO, AL QUE SE HA RECURRIDO SIEMPRE Y POR TODOS EN LOS MOMENTOS DE PELIGRO, ES LA ÚNICA COMUNIDAD POLÍTICA QUE NO HA GOBERNADO JAMÁS, PORQUE DESDE HACE MÁS DE UN SIGLO NO SE HA GOBERNADO NUNCA EN ESPAÑOL A ESPAÑA.

Espíritus ruines, tarados por los vicios de nuestra decadencia, podrán interponerse en el designio, planteando pequeños problemas de grupos y distribuciones en esta hora grave y a la vez magnífica. La misión que nosotros atribuimos a V. E. es de una grandeza y trascendencia bastantes para arrebatar un ánimo generoso.

Mauricio de Sivatte (1901-1980),
fue jefe regional de la Comunión
Tradicionalista en Cataluña
La justificación última del acto del Ejército en 1936, estaba en el propósito de devolver a España su legítima libertad nacional, en el cuadro político de sus instituciones tradicionales, y esta justificación desaparecería desde el momento en que se la sometiese a un ensayo de gobierno extraño o se la dejase en situación tal, que hubiese de caer de nuevo en aquel género de vida pública que le acarreó la bárbara esclavitud revolucionaria.

Nos dirigimos al Ejército, en la persona de V. E. que encarna su más alta jerarquía. No somos ni una improvisación, ni unos desconocidos. Con lealtad inquebrantable estuvimos a su lado en las horas difíciles y heroicas, y nos conoce sin duda por el desinterés con que supimos morir en sus filas, sin pedir recompensas a nuestro sacrificio.

Jesús Elizalde Sainz de Robles
(1907-1980)
Por esto mismo, porque cuando era la hora militar supimos estar a sus órdenes sin recabar la menor participación en su misión directiva, tenemos, al llegar el momento de la ordenación política, autoridad para reivindicar la responsabilidad de esa ordenación. Nuestra conducta de entonces es la mejor garantía de nuestro proceder en el futuro. El esfuerzo mismo del Ejército, estará condenado a la más completa esterilidad, si nuestro propósito político no logra la instauración de un orden de cosas que recoja su espíritu y esencias.

Declaramos aquí, finalmente, que este acto de la Comunión Tradicionalista responde no sólo a su sentir unánime, sino al de otros muchos sectores de la vida nacional que no encuentran otro medio de manifestar sus inquietudes, y podemos afirmar que se encuentran plenamente representados en nuestra actuación.

José Martínez Berasain (1886-1960),
vicepresidente de la Junta Central
Carlista de Guerra de Navarra
Esperamos confiadamente que quienes, de un modo más directo, están interesados en el triunfo de la Causa Monárquica, reconocerán como única posible nuestra misión directiva, y se incorporarán sin reservas al plan de Restauración que proponemos, en el que han de quedar resueltos fundamentalmente los problemas esenciales de nuestra vida nacional.

Debemos esperar de V. E., para el que pedimos a Dios las luces necesarias, que recoja toda esta inquietud nacional, convencido que la Providencia puso en sus manos, como gloria máxima, la de facilitar a España la vuelta a sus instituciones políticas tradicionales.

Sevilla y Madrid, 15 de agosto de 1943.

MANUEL FAL CONDE, Manuel Senante Martínez, Conde de Rodezno, José María Arauz de Robles, José María Lamamié de Clairac, José Luis Zamanillo, Antonio Iturmendi, José María Valiente, Agustín González de Amezúa, Juan Sáenz-Díez, Rafael Olazábal Eulate, Joaquín Baleztena, Mauricio de Sivatte, Calixto González Quevedo, Jesús Elizalde, José Martínez Berasain.

Madrid, noviembre 1943.

Santa Cruz, Manuel de (1980): Apuntes y documentos para la historia del tradicionalismo español, tomo 5: pp. 174-180

jueves, 4 de junio de 2015

L Aniversario de Melchor Ferrer - La dirección política de la Comunión Tradicionalista entre 1876 y 1934

Hoy se cumple el 50 aniversario de la muerte de Melchor Ferrer Dalmau, autor de la célebre obra «Historia del Tradicionalismo Español» (pulsar aquí para acceder a una aproximación a la misma por Rafael Gambra). Con motivo de tamaña efeméride, publicamos el siguiente artículo de su autoría aparecido en la revista Tradición en 1934.

La dirección política de la Comunión Tradicionalista desde 1876

Por Melchor Ferrer

Al nuevo Secretario General en España, Don Manuel Fal Conde, digno continuador de los Jefes que la Real Confianza ha dado a nuestra Comunión. 

Melchor Ferrer Dalmau
(Mataró, 1888 – Valencia, 1965)
Puede decirse que el Tradicionalismo Carlista no tomó carta de naturaleza como partido político hasta la Revolución de 1868. Fueron los hechos que empujaron al Carlismo a que interviniera en la vida política de la legalidad. No porque ésta fuera completamente abandonada con anterioridad a la Septembrina, por el Carlismo, pero éste gustaba más de los procedimientos bélicos, creyendo que para fracasar en las gestiones para reformar el Régimen imperante, bastaban las tentativas de Donoso Cortés, de Aparisi y Guijarro y de Cándido Nocedal, y los tanteos de Gabino Tejado y Francisco Navarro Villoslada; pero sin hacerse ilusiones sobre el resultado de estos generosos pero estériles ensayos.

No regateó, sin embargo, el Carlismo su ayuda a estas tentativas, antes bien, acudió con sus elementos y sus hombres. Los diputados carlistas, que lo eran de ideas pero que actuaban sólo como católicos, no faltaron en las Cortes de los últimos años de Isabel II, y los nombres de Muzquiz, Vinader, Fernández de Velasco, etc., dejan bien establecido que no dudaron un momento servir a España, bajo el caudillaje de los Nocedal y los Aparisi.

Consecuencia de ello, la dirección de la Comunión Carlista quedaba de hecho supeditada a las conveniencias y necesidades de la organización militar. Este carácter militar y conspirador lo tenía la Comisión Regia suprema, que entre 1855 y 1860 actuó en la preparación del movimiento que costó la vida al General Ortega, y a pesar de que en ella actuaban paisanos como Pablo Morales, de gloriosa memoria, y sacerdotes y religiosos de la abnegación y prestigio del Padre Maldonado y de que presidieron dicha Comisión Regia Suprema hombres de la autoridad del general Conde de Cleonard, exministro de la Guerra de Isabel II y del Marqués de Serdañola, solamente con muy buena voluntad, podríamos considerarlos como predecesores de los Jefes políticos que fueron nombrados por nuestro Caudillo a partir de 1876.

Después de la abdicación de Juan III, Carlos VII, avizorando un porvenir guerrero, creó las Comisarías Regias de Regiones y Provincias, pero considerando que debía unificarse el mando, concedióle al Capitán general de los Reales Ejércitos, don Ramón Cabrera y Griñó, Conde de Morella, residente en Londres. El Conde de Morella intentó desplegar cierta actividad política en la lucha legal, y alentado por el resultado de las elecciones para las Constituyentes de 1869, dispuso organizar la Campaña electoral en las primeras parciales, pero por falta de preparación y por falta de organización, el Carlismo sufrió un fuerte revés.
Escena de la Tercera Guerra Carlista
(1872-1876)

La tentativa del alzamiento de 1869, aumentó las discrepancias entre el Conde de Fuentes, Presidente del Consejo Real y el Conde de Morella, y si bien éste retiró la dimisión que había presentado, consideró que desde el extranjero era difícil dirigir el partido en su vida legal, naciendo la Junta Central Católico-Monárquica que tanta influencia debía tener en los acontecimientos de aquel período. Pero suscitadas nuevas dificultades, ya sin orden ideológico, entre Carlos VII y el Conde de Morella, el general Cabrera presentó la dimisión, que le fue aceptada después de ser rechazado su proyecto de Constitución parlamentaria.

La Junta Central que presidía el grande de España, Marqués de Villadarias, dirigió con acierto al partido Carlista. El éxito de las elecciones de 1871 se debió a la actividad y propaganda de la Junta. Las elecciones de 1872, si no tan tan favorables, no menos dignas de mención, se debieron, a su celo, y en particular al del Secretario de la Sección Electoral, gloria de nuestro arte, dramático, el gran carlista don Manuel Tamayo y Baus.

Pero la Junta Central también tuvo sus actividades militares y si bien ya las preocupaciones de organización política y los planes electorales figuran constantemente en su orden del día, también los preparativos bélicos son de su incumbencia, y en este terreno la Junta Central mereció bien del Rey y de nuestra Comunión.
Cándido Nocedal y Rodríguez de la Flor
(La Coruña, 1821 – Madrid, 1885)

Terminada la tercera Guerra Civil, Carlos VII se preocupó de reunir nuestras fuerzas quebrantadísimas más en su moral que en su volumen. A este fin, en 1876 fue nombrado Delegado General en España el exministro de Gobernación de Isabel II, y exjefe de la minoría Tradicionalista en 1871, DON CÁNDIDO NOCEDAL Y RODRÍGUEZ DE LA FLOR (1876-1885). Nocedal hallóse ante una labor ímproba. Debía reorganizar el partido cuando ser o llamarse carlista atraía fuertes y despiadadas venganzas. Debía velar por la ideología del partido ante los avances del catolicismo-liberal y los manejos de la mesticería de la Unión Católica, por los que nuestras masas se veían constantemente tentadas por hombres que ellas habían admirado, querido, respetado y seguido, como eran el periodista Valentín Gómez, el Conde de Canga Argüelles, Santiago de Liniers, etc. Porque el peligro para el Carlismo no estaba entonces en el cabrerismo que propugnaban Julio Nombela y José Inocencio Caso, sino en la mesticería Pidalina, condenada por orden lógico y natural, como todo adhesionismo al fracaso y a la desaparición. Triste lección de las tentativas adhesionistas, desde Donoso Cortés hasta Pidal y que no han tenido en cuenta los adhesionistas de hoy.

En el orden político, este período se señala por haberse podido recoger a nuestros elementos dispersos, aún enardecidos por la lucha, pero desalentados por la derrota y la traición. Reapareció la prensa carlista, de la que aun subsisten EL SIGLO FUTURO, que fundó Ramón Nocedal, y EL CORREO CATALÁN, que debemos a Milá de la Roca. Ya en las segundas Cortes de la Restauración, un diputado, el Barón de Sangarren, representa al leal distrito de Azpeitia.
Francisco Navarro Villoslada
(Viana, 1818 – Viana, 1895) 

Fallecido Nocedal, la Jefatura Delegada fue conferida al gran periodista y novelista DON FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA (1885-1887), en cuyo período se ahondaron más las divergencias entre los carlistas y los integristas, cada grupo considerándose más puro que el otro, período en el que la prensa tradicionalista tuvo un gran desarrollo. Desgraciadamente, las luchas intestinas terminaron con la unidad de la Comunión Tradicionalista, de forma que aunque no realizado materialmente existía cisma, que debía reflejarse más tarde en «El Pensasamiento del Duque de Madrid», por don Luis María de Llauder y en el «Manifiesto de Burgos».

En este período al Barón de Sangarren se le unió el diputado por Berga, don Luis María de Lauder.
Una nueva organización fue dada al partido después de la Jefatura de NAVARRO VILLOSLADA, organización más descentralizadora, pero por el carácter de los Delegados, más militar y muy parecida a la que tiene en la actualidad el partido Orleanista francés. En este período (1887-1890), coincidiendo con el viaje de Don Carlos VII a América, España fue dividida en cuatro zonas. La primera que correspondía la Reino de León,
Juan Nepomuceno de Orbe y Mariaca
M. de Valdespina (Ermua, 1817 – 1891)
Principado de Asturias y Reino de Galicia, tuvo por Delegado al Mariscal de Campo de los Reales ejércitos don León MARTÍNEZ DE FORTÚN y ERLES, CONDE DE SAN LEÓN, ayo que había sido del Príncipe de Asturias. La segunda Región correspondía a Andalucia y Extremadura y fue confiada al General de Artillería don Juan María MAESTRE. La tercera correspondía a la antigua Corona de Aragón (Cataluña, Valencia, Baleares y Aragón) y Murcia y Castilla la Nueva, y tenía como Delegado al Teniente General don Francisco CAVERO Y ÁLVAREZ DE TOLEDO, MARQUES DE LACAR, y por último la del Norte, que comprendía las Provincias Vascongadas, el siempre leal Reino de Navarra y Castilla la Vieja, estaba confiada al Teniente General don Juan Nepomuceno de ORBE Y MARIACA, MARQUÉS DE VALDESPINA, Grande de España y exsenador del Reino.

Esta división en Cuatro Zonas en que se mantenía el principio de descentralización. ya que los cuatro Jefes residían respectivamente en Valladolid, Sevilla, Zaragoza y San Sebastián, duró hasta 1890, en que Carlos VII dispuso se reunieran las Cuatro Delegaciones en una sola persona.
Enrique de Aguilera y Gamboa, M. de Cerralbo
(Madrid, 1845 – Madrid, 1922)

Fue elegido entonces para tan alto cargo don Enrique de AGUILERA y GAMBOA, MARQUÉS DE CERRALBO (1890-1899), grande de España, Senador por derecho propio y exdiputado en 1872 de la minoría que no llegó a presentarse en el Parlamento. Cicatrizó Cerralbo las heridas que la escisión integrista habían abierto, organizó la participación en las elecciones primeras que se hicieron con Sufragio Universal presentando en el Congreso una Minoría que no fue igualada hasta 1907, y mantuvo en los sucesivos parlamentos minorías tradicionalistas. Recorrió España entera en viajes de propaganda, y llevó a cabo una organización tan ejemplar, que aun hoy se la recuerda. Pero los trabajos de Conspiración realizados a raiz de la pérdida de las Colonias, fracasaron entonces a consecuencias de la defección del General Weyler, y el Marqués de CERRALBO vióse obligado a dimitir, al mismo tiempo que se expatriaba.
Matías Barrio y Mier
(Verdeña, 1844 – Madrid, 1909)


Carlos VII designó entonces para Delegado a don Matías BARRIO Y MIER (1899-1909). Catedrático de la Universidad Central, diputado por Cervera del Río Pisuerga, cuya representación ostentó ya en 1871. Del período de BARRIO Y MIER, guarda el partido carlista grato recuerdo. Iniciado en tan pésimas circunstancias su gestión de Delegado, tuvo que soportar el momento de indecisión que produjeron los incidentes del movimiento de 1900, cuando Torrents atacaba el Cuartel de la Guardia Civil de Badalona y Grandía se mantenía durante quince días en las montañas de Berga, deseo que don Víctor Pradera, entonces diputado, defendió gallardamente en el Parlamento. Pero con su tacto obtuvo Barrio mucho más: la reconciliación de Cerralbo y Vázquez de Mella con Don Carlos, cuyo hecho tangible fue la candidatura de Mella por Barcelona, y el movimiento de renacimiento del partido que culminó en las elecciones de 1907.

También en aquel período se iniciaron los aplechs carlistas que movilizaron enormes masas y nueva floración de prensa tradicionalista que propagó nuestras doctrinas. Se iniciaron entonces las corrientes de armonía entre Nocedal y Mella, desapareciendo las pugnas entre los dos grupos tradicionalistas.

Fallecido Barrio y Mier en 1909, fue nombrado Delegado el diputado navarro don Bartolomé FELIU Y PÉREZ (1909-1913), y al morir Carlos VII, pocos días después, su sucesor Jaime III le reiteró la confianza.

El movimiento iniciado en el período anterior se aceleró notablemente. Fue nombrado Jefe de los Requetés Españoles el General don Joaquín Llorens y Fernández de Córdoba, Marqués de Córdoba, dándose un caso de organización militar independiente de la política.

En 1913 adoptóse nueva organización creándose la Junta Nacional, cuya presidencia fue conferida al Marqués de CERRALBO (1913-1919), actuando ésta durante el delicado período de la Guerra Europea. Divergencias entre la Junta Nacional y Jaime III fueron causa de que naciera el cisma tradicionalista de Vázquez de Mella. Aquella crisis terminó con la separación del Marqués de Cerralbo, en 1919, siendo nombrado Representante en España por Don Jaime, el ilustre jurisconsulto aragonés, don Pascual COMÍN Y MOYA, con el título de Secretario.

Luis Hernando de Larramendi Ruiz
(Madrid, 1882 – Madrid, 1957)
Pocos meses ostentó el cargo que ejerció desde Zaragoza el señor COMÍN. El prestigio de su personalidad y el que además le daba el recuerdo del gran Bienvenido COMÍN, fue causa de que el partido carlista no zozobrara completamente y que se mantuvieran fieles fuertes núcleos que laboraron por la reorganización. Pero requiriéndose para la ardua labor que se le preparaba al Delegado, un elemento más joven en edad, en el mismo año de 1919, fue designado con el título de SECRETARIO GENERAL el abogado de Madrid, don Luis HERNANDO DE LARRAMENDI (1919-1922), elemento destacado de la antigua Juventud Tradicionalista Madrileña, escritor y orador atildado y profundo.

HERNANDO DE LARRAMENDI comenzó la reorganización con grandes dificultades, pues entre los mismos fieles de Jaime III no había verdadera unidad. Pero en la Junta de Biarritz, pudo presentar la armadura del partido, reconstituida, y su actividad le permitió reunir los elementos disgregados, aunque desgraciadamente el partido no tenía la fuerza de unos años antes. Nuestras minorías parlamentarias quedaron reducidas a unos pocos diputados y senadores. Al cesar la dirección del señor Hernando de Larramendi, éste pudo entregar a su sucesor un partido existente, de mayor o menor volumen, pero con juventudes entusiastas, especialmente en las regiones donde la escisión había hecho menos estragos, Navarra y Cataluña.

José Selva Mergelina, Marqués de Villores
(Villena, 1884 – Valencia, 1932)
En 1922 sustituyó al señor Hernando de Larramendi, el Maestrante de Valencia, don José de SELVA Y MERGELINA, MARQUÉS DE VILLORES (1922-1933) quien dispuso centralizar la dirección desde su residencia en Valencia. Su labor ímproba fue recompensada con el hecho del renacimiento del Partido Carlista en la Región Valenciana, pero las dificultades se le acumularon ante la situación creada por la Dictadura, y luego por el Período Prerrevolucionario que desembocó a la Revolución de 1931. Sin embargo la gran actividad del Marqués de VILLORES, permitió la reorganización del partido en Vizcaya, Guipúzcoa y Rioja y cuando más tarde las circunstancias de la situación política lo impusieron, presidió a la reconciliación de todos los matices del Tradicionalismo, unidos en un solo Programa, en una sola aspiración y bajo la égida del mismo Caudillo.

Mucho a ello contribuyó el gran corazón lleno de bondad del Marqués de Villores, quien falleció en 1932, cuando los propagandistas tradicionalistas con sus campañas habían extendido la vitalidad de nuestra Comunión por todos los ámbitos de España. Beunza, Rodezno, Lamamié de Clairac, Urquijo, Gómez Rojí, Estébanez, Oreja y Oriol, fueron los diputados de aquella heroica minoría que solo puede ser comparada a la de 1869.
Tomás Domínguez Arévalo, C. de Rodezno
(Madrid, 1882 – Villafranca, Navarra, 1952)

Antes de morir, pasó por el duro trance del fallecimiento de Jaime III, y Don Alfonso Carlos I (q. D. g.) le honró, reiterándole la confianza. El estado de salud del Marqués obligó a que se creara la Junta Suprema, y al fallecer el Marqués de Villores, la Junta se encargó de la dirección del Partido, bajo la presidencia del Conde de RODEZNO.

Don Tomás Domínguez Arévalo, Conde de RODEZNO (1932-34), exsenador y exdiputado, diputado de las Constituyentes, escritor pulquérrimo e historiador concienzudo, ha presidido el notable esfuerzo de propaganda y actividad. Las persecuciones que los Gobernantes del Bienio desencadenaron contra el Tradicionalismo, sirvieron para animar la llama, y España fue recorrida por propagandistas tradicionalistas y las organizaciones, especialmente de Boinas Rojas y Margaritas, florecieron por doquier. Andalucía se pronunció por nuestros ideales y en la lucha electoral de 1933, 21 diputados tradicionalistas se sentaban en el Parlamento, acaudillados por el propio Conde de Rodezno y entre ellos, novedad jamás vista, ni tan solo en 1871, cuatro diputados representando Andalucía Carlista. Los señores Martínez, de Pinillos, Palomino, Tejada y el obrero Ginés Martínez Rubio.
Manuel Fal Conde
(Higuera de la Sierra, 1894 – Sevilla, 1975)

Pero los acontecimientos han impuesto nuevas modificaciones que han llevado a la SECRETARIA GENERAL PARA ESPAÑA, hoy restablecida, la figura de don Manuel FAL CONDE. Con tales predecesores y con un historial como el que tiene el señor Fal Conde, mucho cabe esperar para nuestra Comunión.

Crisis dolorosísimas, disensiones entre hermanos, períodos de calma en que nos querían cazar con promesas, persecuciones, desorganizaciones impuestas por el fracaso de intentonas y guerras, régimen parlamentario, dictaduras, períodos revolucionarios, todo ello ha podido influir más o menos en la lozanía del partido, pero en su vida, no. Ni las tentadoras ofertas de Pidal, ni los consejos del Cardenal Sancha, ni minimismos ni adhesiones han interrumpido su existencia. El Tradicionalismo existe a pesar de todo cuanto se ha hecho contra él. Ha visto sus más idolatrados generales, como Cabrera, pasarse al enemigo, ha visto la ingratitud, el abandono imperar en el mundo político español, pero su esencia ha vivido en la lealtad de los humildes, en los Caudillos que no claudican, en su bandera inmaculada. La nobleza se había separado de nosotros, nuestros veteranos formaban el último cuadro de la vida cayendo heridos por la edad, los ambiciosos se acogen a reconocementeras influencias; pero el Partido, la Gran Comunión, persiste, como persistió, después de Vergara, como persistió después de la amnistía que terminó con la guerra de los Matinés, como persistió después del fusilamiento de Ortega, y de la traición de Cabrera, como persistió después de la traición de Dorregaray y del paso de Valcarlos por los últimos soldados leales.

Si el Carlismo no es algo Providencial, si su existencia no ha sido guardada por la Providencia divina para una gran misión, hemos de confesar que su persistencia durante 100 años de sacrificios sin recompensa y de dolores sin cuento, es el mayor absurdo político que se conoce, y que no tiene humana explicación.

A este conjunto de lealtades no igualadas, de sacrificios, de tristezas, de dolores, pero también de esperanzas sin límites, viene hoy a regir el señor FAL CONDE. Conociendo la Comunión Tradicionalista y conociendo el nuevo Secretario todo es de aguardar de su actuación, y por esto, una vez más, la muchedumbre del partido ha estado unida a su Caudillo Don Alfonso Carlos, depositando ambos al unísono, como acordes y unísonos están sus corazones, la confianza en don Manuel Fal Conde para que nos guíe al Sacrificio y al Deber, para por la Gloria y el Triunfo ver restaurada en España la Tradición Real y Foral bajo la protección divina del Sagrado Corazón.

MELCHOR FERRER.
Barcelona, Junio, 1934.


miércoles, 20 de mayo de 2015

Manuel Fal Conde y la unidad católica - XL Aniversario de Fal Conde

Hoy, en el 40 aniversario del fallecimiento de don Manuel Fal Conde, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista entre 1934 y 1955, queremos honrar su memoria reproduciendo un artículo que sobre él escribiera en 1988 para el Boletín Fal Conde (órgano de información y formación del Círculo M. Fal Conde de Granada) otro de los grandes del Tradicionalismo español: Rafael Gambra.

Manuel Fal Conde (Higuera de la Sierra, 1894 - Sevilla, 1975) 

Entre las varias circunstancias históricas que hicieron posible la Cruzada de Liberación y su victorioso desenlace ha de contarse de modo destacado la ascensión a la Jefatura Delegada del Carlismo de don Manuel Fal Conde. Sin él hubiera sido muy difícil la reorganización de la Comunión Tradicionalista hasta poder poner en pie de guerra todo un ejército —el Requeté—, que sería decisivo para aquel Alzamiento y victoria.

Durante el reinado (de jure) de don Jaime se mantuvo sin solución la escisión de los integristas y se creó otra nueva, la mellista. El llamamiento a la Sucesión de don Alfonso Carlos por el fallecimiento en 1931 de su sobrino don Jaime hizo que tanto integristas como mellistas depusieran sus agravios y se reuniesen en torno al anciano monarca, reconstruyendo así la unidad de la Comunión. La religiosidad fervorosa de don Alfonso Carlos, así como su limpio historial que remontaba a la última guerra en que fue general de los ejércitos de su hermano Carlos VII, predisponían hacia él una adhesión sincera y unánime.

Su breve reinado (1931-36) fue inmensamente fecundo para el Carlismo y para España. Sin duda su mayor acierto fue la designación de don Manuel Fal Conde para el puesto de Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista. Era Fal Conde un joven abogado de Sevilla que, procedente del integrismo, se había señalado ya por su celo y entusiasmo por la Causa. Hombre de gran integridad y fervoroso católico, se distinguió además por su entera disponibilidad para entregarse por entero a su cargo. La experiencia demuestra que es mas fácil encontrar quien esté dispuesto a dar su vida en la lucha o en la persecución sangrienta que quien lo esté a entregar todo su tiempo, su vida profesional, su porvenir y el de su familia a un empeño que tan escasas o nulas posibilidades medro ofrecía, como era el caso del Carlismo. Fal se entregó en cuerpo y alma hasta fundir su vida, su casa y su hacienda con la misión recibida.

La gran religiosidad de don Manuel Fal Conde no fue obstáculo —antes al contrario— para comprender la gran lucha —quizá el baño de sangre— en que acabaría la impiedad y la anarquía de aquella 2.ª República española. Consecuente con esta intuición, su primer empeño fue resucitar y organizar la fuerza armada del Carlismo, el Requeté. E inició esta labor por lo que tenía más cerca, pero parecía también más difícil: resucitar de sus cenizas el carlismo de Andalucía e infundirle el espíritu militar del carlismo histórico. La concentración del Requeté de Sevilla en El Quintillo, revistada por el General Cortina, superviviente de la Guerra Carlista, fue como un clarín para que el Requeté de toda España, especialmente el de Navarra, se aprestase a una lucha que se veía ya inevitable y cercana.

Ya en vísperas del Alzamiento fue Fal quien con mayor empeño y firmeza supo negociar con el Ejército las condiciones mínimas de auténtico españolismo bajo las que el Requeté se incorporaría a la lucha. A la inspiración de Fal Conde se debió aquella bella frase ANTE DIOS NUNCA SERÁS HÉROE ANÓNIMO, que fue símbolo de religiosidad de la Cruzada y esperanza sobrenatural de los combatientes. Frase que fue como la réplica católica y española al culto al "Soldado Deseconocido", tan en boga en Europa desde la Gran Guerra.

La aportación del Requeté a la victoria, y de don Manuel Fal a su movilización, nunca fueron reconocidos ni valorados por el General victorioso, que eludió hasta el final los compromisos políticos y morales que con el Carlismo tenía contraídos. Dios los sabe, y la Historia los valorará —los está valorando ya—. De la alegría siempre victoriosa de los combatientes no pudo participar su Jefe Delegado, que sólo conoció amenazas y destierros.

Una vez vencida la guerra, el fino instinto religioso de Fal le avisó de que otro enemigo de la fe más sutil y astuto se perfilaba para una lucha que sólo en los procedimientos pacíficos e insidiosos se diferenciaría del que militarmente acababa de ser vencido. La destrucción de la unidad católica de España, la laicidad de su Estado —la descristianización de nuestra sociedad en definitiva— serían sus objetivos últimos. La herejía "modernista'', vestida ahora de democracia cristiana, de maritenismo y "aggiornamento" se dispondría pronto a dar la batalla insidiosa. Don Manuel Fal Conde no disponía entonces de más armas que la oración y la confianza en la misericordia divina. Él fue, consecuentemente, el gran iniciador de una Cruzada de oraciones y de misas que se ha prolongado a través del Círculo "Fal Conde" de Granada hasta nuestros días.

El gran rompeolas de todas aquellas tendencias "progresistas" del catolicismo liberal habría de ser el concilio convocado que se titularía "Vaticano II". Cuando Fal Conde se dio cuenta del predominio que en el mismo iba obteniendo el ala modernista y presagió los males inmensos que de ello podrían derivarse para la fe y para nuestra patria, convocó un concurso para premiar un libro sobre la unidad católica como fundamento político-social de España. El premio sería dotado por la "Editorial Católica", que él mismo había fundado años atrás. Me cupo el honor de obtener ese premio con un libro que titulé LA UNIDAD RELIGIOSA Y EL DERROTISMO CATÓLICO, libro que fue editado por dicha Editorial Católica con un clarividente prólogo de don Juan Vallet de Goytisolo.

El libro no pudo tener más que un carácter testimonial. Era ya demasiado tarde: la declaración conciliar sobre libertad (o pluralismo) religioso era ya un hecho. Sus desastrosas consecuencias están a la vista de todos y quizá se necesiten generaciones para remediarlas. Don Manuel Fal Conde, ya viejo y enfermo, perdida la voz por una operación de garganta, aceptó los hechos y no dijo nada más. Pero pudo irse de este mundo con la satisfacción de haber reñido el buen combate y haber estado presente hasta en su última batalla.

Rafael GAMBRA
Boletín "FAL CONDE" (órgano de información y formación del Círculo M. Fal Conde)
Granada JUNIO 1988

martes, 20 de mayo de 2014

XXXIX Aniversario de D. Manuel Fal Conde

IN MEMORIAM

Hace 39 años fallecía el insigne Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista en tiempos de la República y la Guerra de Liberación, D. Manuel Fal Conde (Higuera de la Sierra, 1894 - Sevilla, 1975), quien después de contribuir de manera generosa a la triunfo de la Cruzada se opondría a la unificación del Tradicionalismo con la Falange en un partido único totalitario bajo el mando del General Franco, cosa que le valdría el destierro por parte del régimen que debía la victoria en gran parte a él y a los requetés. 

"El partido político -diría Fal Conde- es contrario al verdadero fin del Estado y, de manera especial en España en las presentes circunstancias, es necesaria su desaparición para la salvación de la Patria (...) el régimen del partido oficial acumula los males de la pluralidad de los partidos liberales".

El Boletín Fal Conde, órgano de información y formación del Círculo Fal Conde de Granada, publicaba la siguiente carta póstuma, a modo de homenaje, con motivo del XVII aniversario del fallecimiento este gran caballero cristiano y español.

CARTA A D. MANUEL

Mi querido D. Manuel:


Desde el 20 de Mayo -Mes de María en el que Ella quiso llevarte a gozar del Padre- de 1.975, no he dejado de rezarte ni un sólo día implorando tu ayuda en mis avatares personales y sobre todo y ante todo, en mi cotidiano quehacer Carlista.

Con mi familia nació la idea de fundar el círculo con tu nombre y su Boletín para honrarte, mantener tu recuerdo y lo que tú nos enseñaste doctrinalmente: VIVIR EN CARLISTA.

¡Qué difícil conseguirlo en estos tiempos! Pero te recuerdo en tus varias decenas de cartas, tantas veces releídas, en las que Capitán Araña o Capitán Veneno me llamabas y en tus reprimendas cariñosas siempre instructivas. En aquella noche semipenumbra en la Capilla Real de Granada frente al sepulcro de los Reyes Católicos y con la presencia del Rvd. Padre y yo (Antonio Rojas y Dolores Valero ya están contigo ahí arriba).

D. Manuel Fal Conde (1894 - 1975)
Y te recuerdo en Quintillos, Montserrat y Montejurras, en Cruz 1 de Madrid y en las Bailén y San Roque y Alvareda de Sevilla donde los Requetés te entregamos los pergaminos de todos los Tercios -¡Cuántos de los fotografiados en aquel bonito patio se fueron para siempre de esta vida o mudaron de ideales! ¡Qué pena! Y rememoro mis salidas de agrio tono, junto a Barrau (también gozando de Dios), defendiendo las intrigas contra el Requeté de aquellos puritanos que terminaron casi todos en Estoril.

Pero hoy, en este caos de Sodoma, Gomorra y Babel, mi querido D. Manuel, yo te pido ayuda para que lo poco o mucho que quede de mi vida lo dedique a convencer a los demás de lo que tú hiciste siempre: VIVIR EN CARLISTA; mantener los Principios "sin pactos ni sacrificios del ideal; ser roca berroqueña en la que se estrellen las tempestades del materialismo, la inmoralidad, el agnosticismo, el "si pero no" y las claudicaciones de nuestros hermanos carlistas.

¡Ardua tarea en este caos que tú ya profetizaste! Por eso todos los días te rezo implorando tu ayuda para que el Carlismo vuelva a ser lo que siempre fue; una gran familia defensora del Reinado de Cristo y del Bien Común de las Españas, sin regateos de sacrificios y entregas totales, sin contaminaciones materialistas, modernistas y sin tergiversaciones de la suprema verdad del Carlismo: Dios.

Habría que ser "la estatua misma del honor", "intransigente en la Santa intransigencia", "lección del honor y de la Fé", "heroicidad de renuncias y silencios", "ejemplo de caballero cristiano y patriota sin tacha"... como dijeron de ti la Prensa y los amigos a tu muerte... para conseguir todo ello... pero somos débiles, personalistas, materialistas, de poca fe; ponemos el yo delante del vosotros, el Becerro de Oro frente a Dios, la transigencia y el mal menor frente a lo inmutable y luchamos desilusionados... por todos estos imposibles te rezamos para que nos ilumines, nos guíes, nos quites presunciones y personalismos, nos des ánimos y esperanzas, nos alientes y des fé y fuerzas para hacer comprender a los demás que "los hombres pasan y sólo las ideas permanecen" y "con el deseo de imitarte, que no es el privilegio de los grandes de la tierra ni de los triunfadores ocasionales de aquí abajo; pero es el privilegio de los Santos y los Heroes" aunque esto sólo será posible por el milagro de tu intercesión. Hasta siempre, D. Manuel.

JUAN BERTOS RUIZ
Presidente del Círculo Fal Conde
Granada, Mayo de 1992

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