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lunes, 20 de julio de 2020

Celebración del 18 de Julio en Granada

A pesar de las amenazas veladas de la extrema izquierda local, ante la que no nos dejamos amedrentar ni lo haremos jamás, un año más se ha conmemorado sin incidentes el 18 de Julio en Granada.

Como se había convocado, a las 11 de la mañana varios tradicionalistas nos reunimos en el cementerio de San José, en el patio en el que descansan los muertos por Dios y por la Patria, donde elevamos al Cielo algunos rezos por aquellos héroes de la España nacional.


Tras ello tuvo lugar una ofrenda floral ante la tumba del requeté Ángel Vidal Muñoz, quien, según reza su epitafio, «dio su vida por Dios y la Patria en Sierra Tejonera (Peñarroya) el 8 enero 1939 a los 18 años de edad». 

Para rememorar las razones y el espíritu de la gesta del Alzamiento, Raúl B., vocal y tesorero del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón, hizo entonces lectura de la patriótica carta que el augusto caudillo de la Comunión Tradicionalista, Don Alfonso Carlos de Borbón, dirigió a Manuel Fal Conde el 25 de julio de 1936 agradeciéndole el haber dispuesto que los requetés apoyaran el Movimiento salvador, la cual decía así:

Mi muy querido Fal Conde: Conociendo mi grande cariño para España, podrás figurarte qué grande es mi pena al tener conocimiento de la situación en que se halla nuestra querida Patria. 
Antes de todo, debe salvarse la religión, el país y la Patria. Agradezco en el alma a ti y a nuestros heroicos Requetés por haberse unido a las tropas de España para batir el comunismo, y te doy infinitas gracias, querido Fal, por haber seguido mis indicaciones, ordenando en el momento decisivo que nuestros Requetés apoyen el movimiento salvador. 
En momentos como los actuales no deben mirarse las cuestiones personales de partidos, sino tratar de salvar todos juntos la Religión y la Patria. 
Estoy seguro que en día de hoy el gran Santo peleará a la cabeza de ese ejército de cruzados al grito de «Viva España». 
Nuestra Patria fue siempre el caudillo de la Religión Católica y de las ideas generosas, y acaba de demostrar una vez más su vitalidad y su grande Tradición, levantándose admirablemente contra los enemigos de Dios y de España, que la quieren subyugar ahora. 
Felicito a nuestras provincias carlistas, nuestra Comunión, Tradicionalista-Carlista y nuestros heroicos Requetés, y reconozco los grandes sacrificios de éstos dando su sangre y sus vidas para Dios y nuestra Patria, y te ruego les hagas saber mi profundo agradecimiento, entusiasmo y admiración. 
Que Dios te guarde, querido D. Manuel Fal Conde, y con nuestras más cariñosas memorias quedo de corazón tu afectísimo.   
Alfonso Carlos.

Seguidamente leyó también a los asistentes las instrucciones que dio su sobrino y sucesor, Don Javier de Borbón Parma, para el alzamiento de los requetés:

Obtenidas las prudentes garantías posibles sobre el futuro político, se ha acordado nuestra colaboración, por lo que en plazo brevísimo de contadas horas dispondrá todo lo necesario para que prestemos ahí esa colaboración de modo eficaz, ajustándose a las siguientes normas y supliendo cuanto sea necesario en cada sitio para el mejor éxito: 
1º Estamos a la obediencia del Ejército y aceptaremos cuantos objetivos nos encarguen allí donde sus unidades inicien o secunden el movimiento. 
2º Cuando actuemos encuadrados en unidades militares no se consentirá que vaya otra bandera que la bicolor o ninguna. 
3º Cuando actuemos separados en unidades nuestras, llevaremos nuestra bandera, nuestros símbolos, vivas, organización y jerarquía. 
4º En este caso, cuando ya se esté actuando se consagrarán al Sagrado Corazón de Jesús, y según sea posible harán aquellos actos de piedad o de prácticas de Sacramentos que se pueda. 
5º La orden de actuar la darán los elementos militares con quienes ya está en relación y ellos indicarán el movimiento, y en el caso de que tarde, procurarán estimularles a decidirse. 
6º Si en algún sitio fracasara la empresa, nosotros hemos de quedar actuando, concentrándonos dónde y cómo deben tener prevenido. 
7º Apenas se triunfe, procurarán permanecer en armas en actitud expectante, para en lo posible, esperar orden especial para rendirlas todas a la vez solemnemente ante el nuevo Gobierno.


Después de recitar algunos textos más de la Princesa de Beira y de Carlos VII, cuyo aniversario celebrábamos también ese día, tomó la palabra Rodrigo B., presidente del Círculo, quien dirigió a los asistentes unas sentidas palabras, glosando la esencial aportación carlista a la Cruzada con un texto del escritor José Sanz y Díaz, que concluía diciendo:

Y hoy como ayer, mañana como siempre, los [carlistas] estamos dispuestos a dar mil vidas que tuviéramos por idénticos fervores, por los postulados íntegros de nuestra secular doctrina.

Terminado el acto en el «patio de los caídos» y tras detenernos ante las sepulturas del heroico periodista Francisco Guerrero Vílchez, caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita, del General Calderón, que da nombre a nuestro Círculo, y del General Alejandro Utrilla, instructor de los requetés de Navarra, por quienes rezamos asimismo unas preces y depositamos unas rosas, acudimos a las dependencias de nuestra nueva sede, donde almorzamos en ambiente distendido y de camaradería.



Después de los postres, Raúl impartió su anunciada conferencia sobre «los Requetés y la Cruzada», que fue del agrado de todos. La misma puede verse y escucharse en el siguiente enlace de Youtube:



Hoy como ayer, honramos a los nos precedieron en la lucha por Dios y por España, sin más ambición que la de estar a la altura de su estela.

viernes, 20 de julio de 2018

Santa Misa en Granada por los muertos de la Cruzada de Liberación

Con motivo de la gloriosa efemérides del 18 de Julio, día del Alzamiento Nacional, nuestro Círculo Tradicionalista «General Carlos Calderón» organizó en Granada una santa misa de difuntos por los muertos de la Cruzada de Liberación a la que asistieron varios carlistas de Granada y de otros lugares, además de otros vecinos de nuestra ciudad que quisieron honrar y rezar piadosamente por sus familiares y todos los muertos católicos de aquella terrible a la vez que gloriosa contienda.

El santo sacrificio, celebrado según el rito romano tradicional, fue oficiado por el Rvdo. Sr. D. José Ramón García Gallardo, sacerdote de la Hermandad de San Pío X y Consiliario Nacional de las Juventudes Tradicionalistas, en cuya homilía nos recordó la enorme deuda de gratitud que tenemos contraída todos los españoles de bien con quienes inmolaron sus vidas por Dios y por la Patria.

D. José Ramón nos habló del Purgatorio (dogma de fe, como el del Infierno, que niegan muchos herejes), cuya existencia se anticipaba ya en el Antiguo Testamento, recordándonos la epístola del valiente Judas Macabeo, que hizo una colecta y juntó doce mil dracmas de plata para ofrecer a Dios un sacrificio por los pecados de sus soldados difuntos (2. Machab., XIII, 43-46). Aquella acción —nos dijo— estaba inspirada en la idea de la resurrección y del perdón de los pecados en el fuego purgante, idea que nos confirma Jesucristo en el Evangelio de San Mateo, pues al decir Nuestro Señor que hay pecados que no se perdonan ni en esta vida ni en la otra (San Mateo, XII, 32), nos enseña también que hay pecados que se perdonan en la otra vida, en referencia a la expiación completa de los pecados mortales absueltos y de las culpas veniales, como sabemos por el catecismo de la doctrina católica.

El Consiliario Nacional de las Juventudes Tradicionalistas infirió en la necesidad que tienen de nuestros sacrificios y oraciones las benditas almas del Purgatorio, que esperan que tengamos piedad de ellas. En el caso de los difuntos de la Cruzada de 1936-1939, nos dijo que es nuestro deber de caridad como cristianos acordarnos no solo de nuestros muertos, sino también de los del enemigo. Porque aunque la causa del enemigo —la República marxista— era intrínsecamente perversa, no todos los combatientes del bando rojo —en su mayor parte bautizados y muchos de ellos reclutas— se habrán condenado al Infierno; un buen número de ellos probablemente muriesen en estado de gracia y por tanto aguardan asimismo la misericordia de Dios y nuestra intercesión para librarse de sus sufrimientos.

Finalmente, en su impecable homilía, que tuvo algo de arenga patriótica, D. José Ramón nos exhortó a perpetuar la causa de los que lucharon por Dios y por España en la última Cruzada y a no desanimarnos, recordándonos que si bien en la Iglesia militante cada vez somos menos, las ánimas de la Iglesia purgante son numerosísimas, al igual que las de la Iglesia triunfante, que interceden por nosotros en la Gloria de Dios.


Concluida la misa, varios de los asistentes nos juntamos junto a la puerta de la capilla para hablar de cómo padecieron la guerra nuestras familias y antepasados. Seguidamente, acudimos a un bar cercano, en el que con unas buenas cervezas para reponernos de las altas temperaturas veraniegas, disfrutamos de un partido del Mundial en la agradable compañía de nuestro capellán.

¡Honor y gloria a los muertos de la Cruzada!
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva el Requeté!

jueves, 20 de julio de 2017

El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. III - La muerte de Sanjurjo

LA MUERTE DE SANJURJO 

La muerte trágica del general Sanjurjo se debió a una debilidad del general Mola para con el aviador Ansaldo, quien, por haber salvado el año 32 al general Barrera en su avioneta y haber llevado el día del Movimiento a Pamplona al señor Fal Conde, aterrizando en el campo de Noain después de varias peripecias y algunos peligros, se creía con el derecho de llevar al futuro Jete del Estado Español, general don José Sanjurjo, desde Lisboa.

Juan Antonio Ansaldo Vejarano (1901-1954)

Se habían convenido dos contraseñas, y también en esto está confundido el señor Iribarne en la obra aludida anteriormente; una que tenía por mitad y debía mandar el general Mola, si el Ejército se decidía a iniciar el Movimiento, y era parte de un recordatorio fúnebre de la señora de Carranza, de Cádiz, y otra que tenía el señor Fal Conde, también por mitad con el general Sanjurjo, y ésta era efectivamente un recordatorio del asesinado Canciller de Austria, Dollfuss, que el Rey mismo le había dado al señor Fal, y el envío de cuya mitad significaba que los Requetés empezaban el movimiento, al que luego, por el prestigio del general Sanjurjo, el Ejército se plegaría; pues el general, hijo de capitán carlista, muerto al frente de su escuadrón en la guerra del 72-76, y sobrino del general carlista Joaquín Sacanell, que fuera Secretario de Carlos VII en Venecia, quería siempre mandar requetés.

El señor Fal Conde había contratado los servicios del que pasaba por ser uno de los mejores aviadores europeos, el francés Lacombe, quien poseía varios records, y el bimotor de la entonces esposa Mollisson, en el cual acababa de batir el record de Inglaterra a la Ciudad del Cabo en África.

Los dos, Lacombe con su bimotor y Ansaldo con su avioneta, llegaron al mismo tiempo a Lisboa, aunque a distintos campos de aterrizaje, ya que, el bimotor no podía aterrizar en el reducido y deficiente campo de La Alberca.

(No es todavía llegado el momento de levantar el velo sobre él modo como se solventaron las dificultades surgidas por las reclamaciones del embajador del Gobierno republicano, el mismo que fuera ministro náufrago, según frase de Azaña, precisamente cuando regresaba de Buenos Aires a España para hacerse cargo de una cartera ministerial).

El general Sanjurjo se despide de su esposa y amigos antes de subir a la Puss

En atención a que el bimocor de Lacombe no podía aterrizar en el reducido campo de Noain, cerca de Pamplona, se decidió que lo haría en uno de los aeródromos del sur de Francia, posiblemente en Biarritz, donde estaba todo preparado para los inconvenientes que pudiesen surgir e incluso el guía que debía pasar al general Sanjurjo a través de la frontera franco-española.

Ansaldo, muy conocido de la colonia española, que hacía la contrarrevolución desde las hermosas y frescas playas de Estoril, pudo fácilmente lograr del general Sanjurjo que se confiase a su avioneta, en la que debía amarrarse, ya del primer momento, en un angostísimo sitio.

El entonces Director General de Seguridad en Madrid, Ángel Galarza, se alabó más tarde de haber dañado en alguna forma la avioneta; pero quien presenció la catástrofe aseguraba que, conociendo el pobre campo de aterrizaje de Cascaes y la más pobre avioneta de Ansaldo, aun reconociendo su destreza y capacidad, no necesita agentes extraños para explicarse el desastre ocurrido.

Estado en que quedó la avioneta después del accidente

La avioneta, sea por el estado del campo, sea por el exceso de peso, levantó vuelo con dificultad, de modo que pareció iba a estrellarse contra unos árboles por no ganar altura. Sorteó el obstáculo penosamente, y apenas transpuestos los árboles capotó, desplomándose e incendiándose el depósito de la nafta, sin que le fuera posible a Ansaldo vaciarlo antes por falta de tiempo, aunque hubiese atinado, y sin que le fuese posible al general deshacerse de las correas que lo aprisionaban, pereciendo abrasado entre gritos desgarradores.

Ansaldo tuvo que ser hospitalizado, tal vez más por la conmoción nerviosa y dolor, que por las quemaduras, que fueron leves, por fortuna.

Entretanto el bimotor con el gran Lacombe se morían de asco en un campo de aterrizaje, no lejano, se había torcido la dirección del Movimiento y se había hecho posible una guerra que todavía perdura.


EL REQUETÉ (Buenos Aires, 1 de marzo de 1939)

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El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. I - El plan
El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. II - La defección del General Barrera
El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. III - La muerte de Sanjurjo

martes, 18 de julio de 2017

El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. II - La defección del General Barrera

Como fenómeno extraño es curioso el hecho de que, después de muerto el general Mola, último representante del general Sanjurjo, no existe actualmente en el Gobierno de Burgos y Salamanca ninguno de los hombres que trabajaron eficazmente en la preparación del movimiento. 

No es una excepción el Conde de Rodezno, el hombre más político, es decir, más enemigo de la acción, o sea, el menos carlista, de todos los prohombres carlistas, aunque es de justicia acreditar un tanto en su haber. Pues al resultar por pura casualidad y algo de presunción, presidente de la Junta Suprema Carlista, se empezó el envío de jóvenes del Requeté a Italia, para que se ejercitasen en el conocimiento y manejo de las armas modernas. En cartas, cuyos originales se conservan y se publicarán en su día, llamaba despectivamente musulmanes a quienes conspiraban contra la República y jugaban a los Requetés... [...]

Consecuencia de una acción concertada entre el general Barrera, un representante de la Comunión Tradicionalista y otro de Renovación Española con el señor Mussolini, fue el envío de los jóvenes a Italia. Por cierto que últimamente dieron los periódicos la noticia de haber llegado el hecho a conocimiento de los rojos, quienes probablemente simularon el documento firmado, aunque el fondo es rigurosamente verídico.

El general Emilio Barrera Luyando (1869-1943)

En realidad, el envío de jóvenes se intensificó desde el momento en que empezó a dirigir los destinos de la Comunión Tradicionalista el verdadero forjador de los Requetés y alma de toda la preparación del movimiento, D. Manuel Fal Conde, como documentalmente lo probará la historia, ya que un carlista tuvo la fortuna de encontrar y salvar las notas y documentos originales, de todos los cuales se han sacado copias y fotocopias, que están guardadas en distintas naciones de Europa.

Los jóvenes Requetés, en grupos de treinta, de todas las regiones de España y singularmente de Navarra, se juramentaban, incluso con juramentos execratorios, a guardar el secreto, que fue tan bien guardado, que ni la policía española, ni las familias de los interesados, ni los mismos elementos oficiales italianos, llegaron a develarlo.

Salían por distintas fronteras con motivos diversos, generalmente de trabajo, y llegados a Italia eran recibidos por el que fue más tarde embajador en Buenos Aires, Coronel Longo, y presentados, como peruanos, a los oficiales que debían enseñarles el manejo de las armas, los cuales desconocían el español. La enseñanza duraba un mes aproximadamente, y con algunos que fueron a Libia, al principiar el movimiento, eran unos quinientos los que habían adquirido el conocimiento de las más interesantes armas modernas. [...]

Al libertarse finalmente, después de horas trágico-cómicas, el general Barrera se encontró ante una situación de hecho, en la que otros estaban trillando, lo que él había ayudado a sembrar; pero ya ni el general Barrera tenía parecido con el hombre de 1932, ni les fue difícil contentarle con la Presidencia del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, recientemente restablecido, si no lo fue expresamente para él. Muerto Sanjurjo, era el único Teniente General de actividad contrarrevolucionaria, desde el año 32. [...]

La muerte trágica de Sanjurjo, ocasionada por una debilidad de Mola, ante una pretensión vanidosa del aviador Ansaldo, torció completamente el curso del movimiento.

El que fuera secretario de Mola, señor Iribarne, escribió una seudo-historia plagada de inexactitudes e injusticias. Después, recogida tal obra; pero no por las injusticias que se cometen en el afán de ensalzar la acción del héroe, sino por querellas personales y celos ridículos e injustos de quien no representa en el libro ningún papel en la preparación del movimiento, sencillamente porque no la tuvo; y todo el poder, ni hará desaparecer los documentos que lo comprueban, ni hará enmudecer la historia que lo proclamará paladinamente, a pesar de las pretensiones de los panegiristas áulicos.

lunes, 17 de julio de 2017

El Alzamiento Nacional de 1936 fue obra del Carlismo. I - El plan

Descontado se tiene que todos los fariseos se llevarán las manos a la cabeza, aun sin llenársela de ceniza, y se aprestarán a rasgarse moderadamente sus vestiduras. También será motivo de estupefacción o escándalo lo que se irá refiriendo para cuantos, nacidos para avestruces, creen que en cerrando los ojos a la luz, como aquéllos ocultando sus cabecitas en el hoyo abierto en la arena para no ver al león, ya el peligro no existe. Y gritan ¡escándalo!, ¡escándalo!, cuando hay quien se atreve a proclamar bien alto lo que es sabiduría de clavo pasado, o verdades escuetas de la historia austera.

Aunque principalmente se tratará el problema político de España, como éste se roza con el problema militar y parece que algunos militares, mal aconsejados, han querido convertir el glorioso Movimiento Nacional en una cuartelada o pronunciamiento estilo siglo XIX, desvirtuando su carácter popular, base y fundamento jurídico de su legitimidad, accidentalmente se tratará de los mayúsculos yerros militares; porque las guerras se ganan alcanzando victorias y no repitiendo tontamente las palabras: victoria, invicto, derrota aplastante del enemigo, descalabro tremendo, etcétera, etc. Resulta soberanamente ridículo leer la prensa nacionalista española, convertida en un inmenso botafumeiro por obra y gracia de politiquillos de la más vieja escuela, como Serrano Suñer, que, al remedar los métodos fascistas e hitlerianos, los han dejado tamañitos. Se publicará a su hora una colección de las órdenes emanadas de la Dirección de Prensa y Propaganda de Salamanca, que resulta el monumento máximo de la adulación, del servilismo y de la incomprensión del carácter y psicología españoles.

Dejados de la mano de Dios han olvidado que en el fondo del español está siempre el espíritu de aquellos claros varones que, monárquicos ferventísimos, se dirigían a la Autoridad con las frases sabidas: Nos que somos tanto como vos y juntos más que vos; Rey serás, si ficieres derecho, e si no, non lo serás. Y la figura gigante del Alcalde de Zalamea será siempre el modelo representativo del verdadero carácter español, que se pretende convertir en el rebaño de Panurgo o en autómatas marcando el paso de ganso, sin ideas y sin voluntad propias.

Las necesidades de la guerra imponen muchas obligaciones y restricciones, cierto, ciertísimo; pero lo que jamás imponen es el ridículo, y menos todavía aprovecharlas para hacerse una plataforma y convertir a todos los periódicos en un diario y repetido anuncio gratis. ¡Qué mala debe ser la mercancía cuando necesita tanto bombo! [...]

Aunque se han visto los originales y fotografías de los documentos que se citarán, es inútil pedir, antes de finir la guerra, las tales fotocopias y documentos, celosamente guardados en lugar seguro. [...]

José Sanjurjo Sacanell (1872-1936)

En la preparación del Movimiento que debía acaudillar el glorioso, doble laureado, general Sanjurjo, tuvieron poca intervención los generales que luego, por efecto de las circunstancias, han resultado primeras figuras.

El Movimiento fue preparado por la Comunión Tradicionalista —el viejo Carlismo, luchador de siempre y siempre por los mismos ideales—, en combinación con algunos elementos de Renovación Española, con algunos de José Antonio, quien estaba en la cárcel cuando se enteró, con el conocimiento de Gil Robles a última hora y siempre bajo la jefatura de Sanjurjo. Los representantes de éste fueron, primero, un general que se rajó en Madrid; luego el doble laureado, entonces coronel Varela, y cuando éste no podía ya moverse por pisarle los talones la policía de Azaña, quien lo tenía en el castillo de Santa Catalina en Cádiz al estallar el Movimiento, fue el postrer representante el general Mola, Gobernador Militar de Pamplona.

El general Franco se comprometió a sublevarse en África mucho después que el actual Príncipe-Regente de la Comunión Tradicionalista-Carlista se entrevistase en Lisboa, por orden del difunto Rey Don Alfonso Carlos (q. s. g. h.), con el general Sanjurjo y se conviniesen los postreros detalles del Movimiento que sustancialmente fueron:

Los Requetés cooperarían, desde el primer instante, al Movimiento, si lo iniciaba el Ejército; pero si éste no podía, los Requetés empezarían, siempre mandados por el general Sanjurjo, y para ello, el teniente coronel de E. M. Baselga formó el plan del alzamiento, constituido en principio por dos fuertes grupos de Requetés que aparecerían en la Sierra de Huelva y en la Sierra de Gata, en el sudoeste de España, sobre la frontera de Portugal, por razones obvias y fáciles de comprender.

Eduardo Baselga Recarte (1879-1936)

Al atraer las fuerzas del Gobierno, debían actuar inmediatamente los Requetés navarros y vascos, al par que los catalanes y aragoneses, en un doble movimiento sobre Madrid. El general Sanjurjo no era partidario de la guerra de carreteras, sino que pretendía dar una batalla, pero una verdadera batalla decisiva, tan pronto hubiese reunido los elementos que se hubieran plegado a su nombre glorioso.

Si bien es cierto que él había reservado su pensamiento, no es difícil adivinar que hubiera tenido lugar por el norte de Madrid, y aun es probable que hubiera sido algún Guadalajara, pero glorioso. Desde las estribaciones del Guadarrama por Sigüenza y hasta Medinaceli existe, en dirección a Madrid, un vasto terreno para dar una batalla, o una serie de combates que abrieran las puertas de la Capital por el único camino que se pueden abrir, según lo aprendieron Felipe V y Napoleón.


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