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martes, 25 de junio de 2019

La visita del príncipe Don Jaime a Granada en 1894

Tal día como hoy, un 25 de junio del año 1894, el Príncipe Don Jaime, primogénito de S.M.C. Carlos VII que recorría de incógnito España, llegaba en tren a Granada procedente de Málaga. Así es como relató su acompañante, el guipuzcoano Tirso de Olazábal, la visita a nuestra ciudad del que años después se convertiría en el agusto caudillo de la Comunión Tradicionalista:

El príncipe Don Jaime, sentado en la fuente
del Patio de los Leones durante su visita a
Granada (julio de 1894)

Al acercarnos á Granada, y antes de llegar á la estación de Atarfe, divisamos la histórica Santa Fe, último Real contra el moro, y prueba esplendente de lo que puede la constancia y el entusiasmo por la causa de Dios.

La Santa Fe inició la Reconquista y al concluirse esa gloriosa epopeya se levantó la ciudad de Santa Fe.

La Virgen de las Angustias 

Al llegar á Granada, D. Jaime se hallaba muy desazonado. Molestábame, á mí, además, una fuerte jaqueca. Sin perder momento nos dirigimos al Hotel de Roma, situado en la Alhambra; este hotel es conocido, asimismo, con el nombre de Siete Suelos, que lleva una torre contigua á él.

Muy corto era el número de viajeros que se hospedaban allí aquel día, por cuyo motivo nos atendieron inmediatamente y poco después pudimos acostarnos. En esta habitación estuvo la Emperatriz Eugenia—oí decir al que nos acompañaba:—en esta otra vivió Fortuny—añadió poco después.

Bueno, bueno, mañana nos enteraremos—decía D. Jaime.

Mi jaqueca había tomado tales proporciones que yo no sabía ya por dónde andaba, contentándome con seguir, maquinalmente, al que marchaba por delante. Tal fué nuestra brillante entrada en la ciudad de Boabdil, en la poética Granada.

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En la estación de Granada nos anunciaron la muerte del Presidente Carnot; por cierto que nos costó dar crédito á la noticia.

Comprendo que los anarquistas odien de muerte á los Reyes, Emperadores ó Gobiernos, que luchan por librar á sus Estados de esa terrible plaga,— decía D. Jaime,—pero no se concibe que se ensañen contra el Jefe de una República, en la cual se concede al socialismo, hermano carnal del anarquismo, los honores de uno de tantos partidos militantes. 

Muy atinada me pareció esta observación, pero es lo cierto que los revolucionarios han seguido siempre esa táctica. ¿Quién ó quiénes fueron los que acribillaron á balazos en la calle del Turco el coche en que iba el general Prim? ¿Quién llevó al patíbulo á casi todos los fautores de la sangrienta revolución del 93? Los amigos de la víspera. La frase de Gambetta—ou couper la queue—encierra una gran enseñanza para los que en épocas turbulentas halagan y enardecen las pasiones de la canalla que les sirve de escalera. Suben ellos, pero la escalera queda en pie y por ella aspiran á subir otros muchos.

Pero dejémonos de filosofías; estamos en Granada, en la ciudad del Darro y del Genil, y todo evoca recuerdos de épocas gloriosas, de grandes hazañas acometidas por ilustres guerreros y cantadas por nuestros mejores poetas...

¿Quién no ha oído hablar del poema de Zorrilla?

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Merced á su posición elevada, á los arroyos cuyo constante murmullo mece á los huéspedes del Hotel y á los bosquecillos que á uno y otro lado de la carretera trepan por el angosto valle hasata la torre de Siete Suelos, no se hace sentir allí el calor.

Mi jaqueca no me dejó pensar en las angustias de Boabdil, ni en la poética ciudad que dormía á nuestros pies, bañada por la misteriosa claridad de la luna. En cuanto me acosté se apoderó de mí un sueño reparador.

Desgraciadamente no sucedió lo mismo á mi querido Príncipe. No es cierto, como ha dicho algún periódico, que saliera yo, á altas horas de la noche, á buscar un médico. Sabía Su Alteza que la víspera había pasado una tarde muy angustiosa, y no me llamó hasta la mañana siguiente, á pesar de lo molestadísimo que estuvo. Cuando le vi entrar en mi cuarto, pálido, descompuesto, quejándose de lo mucho que había padecido durante aquellas horas, dije al Príncipe que, teniendo que poner yo á cubierto una grandísima responsabilidad, le suplicaba me dejara ir, sin tardanza, á buscar un facultativo. Accedió S. A. á mi deseo y me dirigí á la próxima casa de un amigo mío muy querido, don Antonio Pérez Herrasti, hermano del Conde de Antillón y de la Marquesa de Flores-Dávila.

Eran poco más de las ocho de la mañana. El portero que se asomo á la cancela del patio y á quien pregunté si podía ver á su amo, me contesto: Voy á ver si puede recibir á usted. Pero en aquel momento oí la voz de mi amigo y le llamé. Corrió á abrirme, manifestándome su asombro y alegría de verme en Granada.

Escucha,—le dije,—luego hablaremos de otras cosas; por ahora lo que quiero es que me guíes á casa de vuestro médico, porque tengo un compañero de viaje que se ha puesto enfermo. 

Al oír estas palabras la mujer de mi amigo, doña Maravillas Barraute y Elío, á quien ocultaban las palmeras y flores del patio, exclamo:

—Ya sé yo quién es tu compañero. 

—¡Qué has de saberlo! 

—¿Quieres que te lo diga? 

—Sí. 

Acercóse entonces, y en voz baja pronunció:

—Don Jaime. 

—¿Qué motivos tienes para sospechar semejante cosa?—la dije admirado.

—Sabía el ardentísimo deseo de ver á España que tenia S. A., y por otra parte ¿quién sino él podía decirte que lo acompañaras á Granada en esta época del año, dejando á toda tu familia? 

Después de este diálogo, tuve que confesar á aquellos excelentes amigos, probados católicos y legitimistas, que, efectivamente, el enfermo era D. Jaime, pero recomendándoles guardaran la mayor reserva. Llego enseguida el médico,—D. Enrique Pérez Andrés— que examino detenidamente al Príncipe, y dijo que mediante un par de días de régimen, sin necesidad de potingues, desaparecería la irritación que tanta molestia le había causado. Observó rigurosa dieta todo aquel día y parte del inmediato. La medicación no pudo ser más sencilla, pues consistió en unos cuantos vasos de horchata de arroz.

Afortunadamente, el doctor dio de alta á S. A. al tercer día y empezamos á admirar las joyas de arte que encierra aquella encantadora ciudad.

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No se equivoco el médico; lo que D. Jaime tenía era una fuerte irritación, que empezó á ceder desde el momento en que, siguiendo las prescripciones facultativas, dejo de tomar bismuto, crema de bismuto, láudano, etc., etc., y se contento con beber agua de arroz en pequeñas dosis, pero á cortos intervalos.

Día y medio estuvo el Príncipe sin comer absolutamente nada; juzgó entonces el médico que S. A. podía empezar á tomar alimentos sólidos y fué tan rápida la convalecencia que el 1.° de Julio le dió de alta.

No llegó aquel á sospechar, ni remotamente, quién era el enfermo.

—¿Cómo va, pollo?—decía todos los días al entrar en la habitación de don Jaime.

—¿Es usted casado o soltero?—preguntó al Príncipe el primer día que le vió.

Con toda mi alma dí gracias á Dios y á Nuestra Señora de las Angustias, á quien encomendé las mías, porque el peligro de complicaciones había desaparecido.

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Libre ya de tan terrible preocupación salí del Hotel, muy de mañana, dejando al Príncipe profundamente dormido, con ánimo de recorrer las inmediaciones de la Alhambra.

Los que nunca llegaron á la ciudad del Darro, se imaginan, que la Alhambra era sólo un soberbio palacio, morada de aquellos poderosos reyes cuya expulsión costo tanta sangre cristiana; pero la Alhambra era más que un palacio, era, como la Alcazaba, un gran recinto fortificado y situado, como ella dentro de la ciudad.

El muro exterior de esta, flanqueado de mil torres, era sumamente extenso y tan sólidamente construido que aún se ven sus restos á larga distancia de la población.

Tenía la Alhambra varias puertas; la de las Granadas, que aún se conserva en buen estado, es la que conduce directamente al Hotel de Roma.

Me dirigí á lo alto de la colina para disfrutar el magnífico panorama de la vega, una de las más fértiles y hermosas de Andalucía. Toda ella está cubierta de viñas, moreras, olivos, naranjos y limoneros, y regada por una infinidad de fuentes y canales. En la parte culminante de la colina hay ahora una escuela. Es uno de los puntos de vista más admirables que conozco, desde allí parece la vega una inmensa alfombra que se extiende hasta las primeras estribaciones de Sierra Nevada. Esta celebrada sierra, la más elevada de la Península, recibe su nombre de las nieves y hielos que perpetuamente coronan sus cimas. Sierra Nevada es el abanico de Granada. Cuando el sol abrasa la llanura, sus brisas, perfumadas por las flores de la vega, convierten á la ciudad, y muy particularmente á la Alhambra, en un verdadero oasis.

Largo rato admiré aquel incomparable cuadro; luego, por un estrecho barranco, bajé á campo traviesa, para volver á subir á las torres Bermejas y al Hotel.

Hallé á D. Jaime muy animado y dispuesto á salir, por lo que poco después bajábamos ambos en coche á la población y nuestra primera visita fué á la parroquia de las Angustias, situada en la carrera del Genil y en donde se venera á la Patrona de los granadinos.

Es un edificio gracioso con dos torres y de mucho gusto.

Son tantos los gloriosos recuerdos que traen á la memoria los preciosos monumentos que aún quedan en pie que no intentaré siquiera hacer de ellos una ligera reseña.

La Alhambra descuella entre todos, por su magnitud, por su elegancia, y por su estado de conservación.

Por la cuesta de Gomeles bajó don Jaime á la playa de donde arranca el paseo del Darro, uno de los más frescos y deliciosos de Granada. Sus contornos ofrecen admirables perspectivas; allí están situados aquellos pintorescos Cármenes, cuyos jardines llegan hasta el río. (1) Su aspecto risueño contrasta, por cierto, con las severas torres de la Alhambra y los vetustos muros del recinto, que sirven de fondo al paisaje. A poca distancia está la encañada por donde sube el camino de los muertos. El Generalife y el Sacro-Monte decoran las dos colinas que se extienden á la mano izquierda de la encañada.

Recorrió el Príncipe la célebre plaza de Bib-Rambla, teatro de las justas y torneos de los caballeros musulmanes, zegríes y abencerrages, y fué á ver el monumento que Granada ha dedicado á Colón.

Muchos son los que se han elevado estos últimos años para perpetuar la gloria de aquel insigne marino, pero dudo que ninguno de ellos aventaje á éste en gracia y elegancia.

Situada en un precioso sillón gótico recibe la Reina de manos de Colón un plano que cae graciosamente desde sus rodillas, revasando el coronamiento del pedestal en que descansa el precioso grupo de bronce.

S. A. se detuvo largo rato á examinarlo y lo pondero muchísimo.


(1) En uno de estos deliciosos Cármenes—quintas, casas de campo, fincas de recreo, torres, cigarrales ó villas—tal vez en la mejor, los Mártires, propiedad del malogrado General nuestro Carlos Calderón (q. e. p. d.) se hospedó el gran Zorrilla cuando la fiesta de su coronación. Coronó al insigne poeta, el hijo de otro poeta no menos insigne, y poeta también él, el actual Duque de Rivas, enviado especialmente para ese objeto por la Augusta Señora que ocupa el Trono del Rey.

En este Carmen, ó hacienda de Calderón, se conserva un cedro del Líbano, plantado por S. Juan de la Cruz.

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Granada debía ser ciudad importante al empezar la era cristiana, puesto que la fundación de su silla episcopal remonta á la época en que los Apóstoles empezaron á predicar la doctrina del Evangelio. Por eso, sin duda, se llama apostólica su Iglesia.

La Catedral se empezó el 15 de Marzo de 1529; se inauguro, sin estar concluida el 17 de Agosto de 1570; se terminó en 1639.

Diego de Siloe, el restaurador de la arquitectura greco-romana en España, fué quien hizo los planos de este soberbio monumento y comenzó á levantarle, sucediéndole su discípulo Maeda y á éste Juan de Orea.

Hay en él magníficas pinturas de Casco, de Bocanegra y otros artistas andaluces, un grupo de la Caridad, obra del célebre escultor florentino Pedro Torrigiano y otras mil maravillas.

La Catedral tiene anejo otro templo, que llaman El Sagrario, construido en el sitio que ocupaba la gran mezquita de los moros; allí fué donde Hernán Pérez de Pulgar, el de las Hazañas, clavó con su daga el «Ave María.»

Aquel héroe está enterrado en un pasadizo obscuro que llaman capilla del Pulgar.

En el sitio que hoy ocupa este papasadizo estaba la puerta de la mezquita.

Los sepulcros de los Reyes Católicos, D. Fernando y Doña Isabel, son otras de las maravillas que encierra la Catedral; aunque no tan notables, son también magníficos los sepulcros de Doña Juana y Don Felipe el Hermoso.

En la Iglesia de San Juan de Dios vimos el templete en que se conservan los restos de aquel gran Santo; por cierto que acababan de encontrarse doce preciosas estatuas, de plata repujada, que representan los doce apostóles y constituyen el adorno principal de la base sobre la cual descansa el templete.

Los frailes ocultaron estas estatuas para librarlas del saqueo y no se sabía á punto fijo do'nde estaban. En esta misma Iglesia hay una de las obras más admirables de Alonso Cano; una cabeza de San Juan Bautista.

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Pero volvamos á la Alhambra que es el monumento que más llamó la atención del Príncipe. Cuentan que su construcción duró cien años.

La Alhambra debía presentar por fuera un carácter de fuerza y una apariencia guerrera; por dentro todo estaba ideado para el reposo, la molicie y el placer.

Don Jaime recorrió aquellos patios embalsamados, aquellos ligeros pórticos, cuyos calados arabescos descansan sobre preciosas columnas de mármol, y miraba después las altísimas murallas del recinto, guarnecidas de amenazadoras almenas y flanqueadas de formidables torres.

¡Qué contraste! ¡Cuan poco fiaban aquellos poderosos monarcas en el amor de sus pueblos! ¡Cuánta zozobra debían causarles las constantes revueltas que agitaban á la ciudad!

Bajó D. Jaime maravillado de lo que había visto durante su visita á aquel encantado palacio.

¿No podríamos retratarnos en una de estas torres? preguntó el Príncipe.

Eran las cinco y media de la tarde y acostumbrado á la pálida luz de nuestras montañas, contesté á Su Alteza que me parecía demasiado tarde; uno de los dos fotógrafos que constantemente trabajan en la Alhambra, se encargó de probar lo contrario.

Aquella noche comió D. Jaime en casa de los señores de Pérez Herrasti y con ellos fué luego á un teatro de verano en que representaba una compañía de zarzuela, no del todo mala; por cierto que el Gobernador Civil vino á colocarse cabalmente frente al palco que ocupábamos y D. Jaime contestó al cortés saludo que el gobernador dirigió á los dueños del palco y á les que con ellos íbamos.


Olazábal, Tirso (1895): Don Jaime en España, pp. 132-146

sábado, 20 de octubre de 2018

Los tradicionalistas de Granada contra la masonería, artífice del separatismo

Hace más de cien años, cuando las logias masónicas estaban inmersas en consumar su traición a España y separar las islas españolas de Ultramar de la Madre Patria, los católicos de Granada (carlistas e integristas sin distinción alguna, además de algunos católicos posibilistas) remitían a las Cortes la siguiente exposición, exigiendo las medidas necesarias para acabar con el separatismo, medidas que incidían en la necesidad imperiosa de prohibir el derecho a la propagación de ideas disolventes y de la asociación para conspirar contra Dios, contra la Patria y contra la Monarquía:

Exposición a las Cortes: 
Los que suscriben, españoles de todas veras y hermanos de los que derraman su sangre defendiendo la integridad de la patria en aquella hermosa Antilla, último y querido resto de nuestra antigua preponderancia en América, llevan su voz al seno de la Representación Nacional y confiados en la hidalguía y en el patrio y nobilísimo amor de los que los han de escuchar, reverentemente exponen: 
Que por la infame labor de algunos hijos bastardos sin entrañas de amor y sin conciencia de Ley divina ni humana se está formando para nuestra patria un porvenir de horrores y desventuras calamitoso y desgraciado, y sin esperanza de remedio como no lo pongan, por un acto de independiente heroísmo, las Cortes que, ante todas las cosas y sobre todos los respetos humanos, deben ser y son españolas.  
Fotografía de una reunión masónica a finales del siglo XIX.
Este porvenir, que ya no es porvenir, puesto que nos va envolviendo de cada vez más, y pronto la tempestad nos rodeará por todos lados desencadenada y furiosa, este cercano porvenir es consecuencia legítima de la propaganda sistemática de ideas impías y disolventes consentidas por las leyes que nos rigen: por aquellas leyes que, si no están escritas con la vehemencia del reo que desea la libertad, no para abrazarse con sus hermanos en vínculos de paz y amor, sino para volverse a unir con el crimen en miserable contubernio. Porque ¿cómo pueden estar esas leyes escritas por manos leales al rey si consienten la propagación de las ideas anarquistas? ni ¿cómo por manos humildes y que se cruzan delante de Dios si favorecen y amparan a la masonería, ni por manos que sepan empuñar el acero ante los peligros de la patria si dan carta de seguridad a las ideas parricidas del filibusterismo?
No se nos llame ahora medrosos y soñadores de peligros inverosímiles, que no venimos del campo del miedo los católicos, como un hombre eminentísimo dijo un día a la Revolución setembrina, porque las pruebas de nuestro aserto están en manos de la justicia española.
La Masonería, amparada de las leyes que nos rigen; galardoneada a veces por sus hazañas antisociales con los puestos encumbrados de la política; sentada, quizás en la silla de la Administración filipina, ha preparado en el secreto de sus logias la tremenda insurrección de Cuba, alentada y sostenida por hordas sin religión y sin honor, y que, como tromba formada por el torbellino de las pasiones más ruines, no tienen conciencia de su maldad ni aún para siquiera arrepentirse de sus devastaciones y exterminios; a sus manos traidora y alevosamente mueren los hijos de España en la espesura de la manigua, sin ver la mayor parte de las veces la mano cobarde del asesino: esa sangre española tan vilmente derramada, clama y pide que, por lo menos, sea declarado hijo bastardo de España el solapado atizador y mantenedor de guerra tan inicua. 
Pero no bastaba a los francmasones promover y apoyar la insurrección cubana. Prevaliéndose de sus misteriosas influencias con las que hipócritamente van minando el orden social, han trabajado en Filipinas para arrojar de allí a las órdenes religiosas, raza de sabios y de santos que son la vida sana de aquellas islas, el sostén de su fe y de su adhesión a España y causa del equilibrio milagroso entre indios y europeos; pero impotentes hasta hoy para tamaña empresa, que es como concluir con el espíritu de España en aquel hermoso archipiélago para acabar después con el cuerpo, han pretendido y pretendiendo están, matar el cuerpo con arma filibustera para que vuele el espíritu. Convictos y confesos están los reos de tamaño crimen: encarcelado el Gran Oriente de la Masonería en aquellas islas; perseguido en España Morayta como presunto conspirador contra la madre Patria; porque han sido tan osados los masones y se creen tan impunes, que muchos no niegan su delito; pero aún corren sueltas y sin grilletes las ideas masónicas en España; sueltas y con derecho a la propagación y a la asociación, que vale tanto como decir libres, libérrimas para conspirar contra Dios, contra la Patria y contra el Rey. 
Libertades que permiten la propaganda antipatriótica y antimonárquica de periódicos antes sectarios que españoles, son libertades liberticidas que no tardarán en llenar de luto y de horror a nuestra pobre patria. 
Por tanto, y a fin de cortar en su raíz la causa de tan graves males, los recurrentes, usando de su derecho, 
SUPLICAN A LAS CORTES 
Que declarando con harta, más razón que en ningún otro tiempo quizás, que la Patria está en peligro, acuerdo mirarlo cara a cara con urgencia y conjurarlo decretando al efecto lo siguiente:  
1.° Se declara ideal, facciosa y traidora a la Patria la Asociación de la Masonería, negando el fuero de españoles a cuantos a ella pertenecen, despojándolos en el acto de lodo empleo o cargo público, y haciendo además una ley contra los traidores a la nación. 
2.° Se suspende la acción de las leyes que permiten en cualquier forma la propaganda anti religiosa y antimonárquica que está destruyendo a nuestra España. 
3.° Que nuestros Gobiernos apoyen, protejan y alienten cuanto la defensa del catolicismo exige para evitar los malos que ahora y a deshora ha preparado siempre, y sigue preparando la Masonería, y cuantos con sus fines perversos, antimonárquicos, y antisociales simpatizan.
Granada 27 de Agosto de 1896.
Marqués de Valdeflores.—Juan Creus.—Conde de Antillón.—Antonio Pérez de Herrasti y Antillón.—Marqués de las Torres de Orán.—Luis de Andrada y Pérez de Vargas.—Conde del Prado.—Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti.—Ramón Hernández Santaló.—Pedro Ortega.—Enrique Pérez Sesmero.—Juan de Dios Vico y Bravo.—José Tripaldi.—Luis Morell y Terry.—Abelardo Gonzales Olid.— Ricardo Garnier.— (Siguen las firmas). 
Fuente: El Aralar (9/9/1896)


Nótese la similitud de estas banderas creadas por separatistas
antiespañoles. Todas ellas comparten el triángulo y la estrella
de cinco puntas, símbolos inequívocamente masónicos. 
Como bien afirmaban nuestros paisanos y correligionarios en esta exposición, que fue presentada a las Cortes por D. Juan Vázquez de Mella y aplaudida en el Congreso antimasónico de Trento, no debe haber derecho alguno a las «libertades liberticidas». Y añadimos nosotros que, como escribió el tradicionalista Leandro Herrero en su obra El gobierno carlista: lo que es en teoría y práctica (1873), por encima de los derechos del hombre está el precepto de que «ningún hombre tiene derecho a degradarse».

Bien haríamos en aprender de esta exposición para acabar hoy con el problema del separatismo en la Península, que amenaza con desmembrar totalmente nuestra amada España para regocijo del sectarismo internacional. Pues tenga hoy más o menos influencia la francmasonería en nuestra Patria, su magna obra, el liberalismo, el destructor de la Civilización cristiana, sigue imperando hoy con más fuerza que nunca, y es la verdadera causa del filibusterismo anti-catalán y anti-vasco (por anti-español). Más de un siglo después, el remedio para salvar a España sigue siendo el mismo. No es ciertamente el conservadurismo, como tampoco el chauvinismo chabacano. La verdadera solución no es otra que la restauración de la unidad católica y la tradición católico-monárquica española, ideales que encarna exclusivamente la Comunión Tradicionalista

miércoles, 6 de junio de 2018

Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti, conde de Padul

Fotografía de D. Isidoro Pérez de Herrasti
tomada de la revista Letmotiv, núm. 2.
Hoy hace exactamente 83 años fallecía en Granada Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti (1866-1935), maestrante de Granada y conde de Padul.

D. Isidoro nació el 1 de septiembre de 1866 en una familia granadina de la nobleza. Fue bautizado el 5 en la Iglesia de San Salvador. Era hijo de Isidoro Pérez de Herrasti y Antillón (1838-1903), Conde de Antillón, y de Josefa Pérez de Herrasti y Vasco (prima tercera de Josefa Vasco Gómez, madre del General Carlos Calderón). Por vía paterna era sobrino tataranieto de Andrés Pérez de Herrasti y Pulgar Viedma (1750-1818), general granadino y benemérito de la Patria que se destacó por la heroica defensa de la plaza de Ciudad Rodrigo durante el asedio francés. Su padre, Isidoro Pérez de Herrasti y Antillón, debía el título de Conde de Antillón a los méritos de su abuelo materno, Isidoro de Antillón y Marzo (1778-1814), que había formado parte de la Junta de Defensa de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, si bien fue adicto a la causa liberal.

D. Isidoro (padre) había formado parte de la Junta carlista de Granada desde el Sexenio Revolucionario, llegando a ser presidente de la misma durante algunos años, aunque en 1888 se uniría a la escisión de Ramón Nocedal. Su hermano, Antonio Pérez de Herrasti y Antillón (1839-1900), permanecería en cambio leal a Don Carlos y fue siempre muy querido por el Duque de Madrid.

Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti casó con Rosario Solís, hija de los marqueses de Valencina. Era asimismo primo hermano del que fuera jefe regional de la Comunión Tradicionalista en Andalucía Oriental durante la II República, D. Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti, y del hermano de éste, el célebre articulista del diario El Siglo Futuro Fernando de Contreras.

A petición del Real Conservatorio "Victoria Eugenia" de Granada, fundado y presidido en 1921 por Isidoro Pérez de Herrasti, al que dedicaría amplios esfuerzos materiales y económicos, en 1924 recibió de Alfonso (XIII) el título de Conde de Padul. Aunque D. Isidoro había militado, al igual que su padre, en el Partido Integrista, y había recibido de D. Alfonso el citado título, su lealtad y entrega por la Causa carlista durante la década de 1930 están fuera de toda duda. No en vano, D. Juan M. Rubio Moscoso (1911-), último superviviente del tercio de Requetés Isabel la Católica de Granada, nos decía que la mayoría de los combatientes de dicho tercio procedían de El Padul, y creemos que mucho tendría que ver en ello la labor de D. Isidoro Pérez de Herrasti.

Entre las generosas obras de caridad de D. Isidoro, podemos citar la instalación en Padul de un hospital para los heridos del pueblo en Melilla en 1921, y la donación de unas escuelas a la villa de Padul el año siguiente.

Por carta de 14 de mayo de 1956, le sucedió en el título de Conde de Padul su sobrino Antonio Pérez de Herrasti y Orellana (Madrid, 1898-1974).*

Fotografía tomada durante la entrega de unas escuelas donadas a la
villa de Padul por los señores de Herrasti (ABC, 01/02/1922)

A la muerte de D. Isidoro, El Siglo Futuro, órgano de la Comunión Tradicionalista, publicaba la siguiente necrológica:

EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR CONDE DE PADUL

En Granada, donde residía, falleció, confortado con los Santos Sacramentos y la bendición de Su Santidad, nuestro ilustre y benemérito amigo el excelentísimo señor don Isidoro Pérez de Herrasti, conde de Padul, de abolengo tradicionalista, caballero intachable y persona de extraordinario relieve social, que prestó siempre grandes servicios a nuestra Causa.

Era sobrino de aquel don Antonio Pérez de Herrasti, que estuvo con su esposa al servicio de Don Carlos, y primo hermano y cuñado de nuestro don Fernando Contreras, a quien tanto se aprecia y se respeta en esta Casa.

La muerte del señor conde de Padul constituye, pues, una pérdida dolorosa para nuestra Comunión política, en la que siempre militó con el desinterés y el entusiasmo de estos próceres, que sólo buscan a Dios y a la Patria en sus acciones y guían su conducta con esas miras tan elevadas.

Al testimoniar a la viuda, doña Rosario Solís; a su cuñado, don Fernando Contreras, y a sus sobrinos, el marqués de Albayda y los señores de Yanguas Messía, la expresión de nuestra más sincera condolencia, suplicamos a los lectores de EL SIGLO FUTURO pidan en sus oraciones por el eterno descanso de este caballero católico, modelo de esposos, aunque es de esperar, pensando cristianamente, que una vida dedicada a servir y confesar a Dios tendrá ya el premio que Él ha reservado a los que se hacen acreedores a recibirlo.

El Siglo Futuro (7 de junio 1935)

ENTIERRO DEL CONDE DE PADUL 
GRANDIOSA MANIFESTACIÓN DE DUELO

GRANADA, 8.— El entierro del conde de Padul ha constituido una imponente manifestación de duelo. Todas las clases sociales de Granada figuraban en el cortejo fúnebre. Destacóse, por un minero, la representación del pueblo de Padul, que tanto debe al finado.

Figuraban en el acto las Escuelas del Ave María, Damas Apostólicas y las que don Isidro fundara en el pueblo indicado, y Clero parroquial con cruz alzada. El cadáver era conducido por los vecinos de Padul y colonos del señor conde.

Presidían el duelo el excelentísimo señor Obispo de Huesca, llegado expresamente de su diócesis; don Gabriel Parrado, en representación del señor Arzobispo de esta Archidiócesis; el deán de la Metropolitana, doctor Cavero; los marqueses de Albayda y Cartagena, vizconde de Santa Clara de Avedillo y el señor Gómez de las Cortinas.

Al llegar el cortejo a la parroquia de San Pedro, en donde está el enterramiento de la familia Herrasti, fué colocado el cadáver en el templo y se le hizo el oficio de sepultura, despidiéndose el duelo. Los restos mortales del conde de Padul fueron subidos al cementerio y recibieron tierra en el panteón de la familia.

Enviamos a la señora viuda nuestro más sentido pésame, que hacemos extensivo al primo del finado, don Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti, jefe regional tradicionalista de Granada.

Rogamos a los lectores de EL SIGLO FUTURO encomienden a Dios nuestro Señor el alma del conde de Padul, que, piadosamente pensando, ya habrá recibido el premio a toda una vida generosa y fecundamente cristiana. ¡Descanse en paz!—

Pedro Amor Maldonado.

El Siglo Futuro (8 de junio 1935)

Escuelas de don Isidoro en El Padul

* Antonio Pérez de Herrasti y Orellana (Madrid, 1898-1974) era hijo de Antonio Pérez de Herrasti  y Perez de Herrasti y de María Concepción Orellana. Fue II Conde de Padul, IV Conde de Antillón, XIII Marqués de Albaida y de la Conquista. Casó con Matilde de Narváez y de Ulloa, hija de los Marqués de Oquendo. Le sucedió su segundo hijo, Ramón Pérez de Herrasti y Narváez (nacido en Madrid el 22 de octubre de 1927), III Conde de Padul, VI Conde de Antillón, Marqués de Albayda y Marqués de la Conquista. Es Caballero Maestrante de Granada y Grande de España. Casó con Begoña Urquijo y Eulate, nacida en 1932.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Don Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti. Jefe Regional de Granada, por Manuel Fal Conde

Reproducimos hoy, en el aniversario de la muerte de nuestro jefe regional, D. Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti —a quien ya dedicamos una reseña biográfica en una entrada de blog anterior— un interesantísimo artículo de D. Manuel Fal Conde publicado en El Pensamiento Navarro en 1970.


DE LAS TIERRAS DEL SUR [XIV]

Don Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti. Jefe Regional de Granada

Escribe Manuel FAL CONDE


Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti
(Granada, 1886 - 1952)
Esta maravillosa longevidad de la Comunión Tradicionalista no se explica, supuesto el designio divino, sin el riesgo del sacrificio. De lindes nacionales allá, [por] la Realeza de la España ideal, fidelísima a unos deberes de legítimo ejercicio y depositaria de un sagrado derecho de los españoles: el derecho a ser gobernados en legitimidad.

A este tierno Infantito, ¡cuán grave profesión de sacrificios le han impuesto sus padres en la presentación al pueblo carlista!

Y dentro de las fronteras, esto es, bajo los poderes monárquicos, republicanos, dictatoriales, por este gran pueblo carlista, milagro de supervivencia secular, secularmente incomprendido. Raras veces en mayoría, constituye en algunas regiones del Norte y Levante fuertes minorías, no tan compactas como debieran; y en el resto de España, núcleos pequeños, muy diversos y significativos los carlistas aislados, esos valientes a quienes no hay quién apee de su burro ni haga callar en una discusión.

Ejemplo, no de estoicismo, que es insensibilidad pagana, sino de fortaleza, que es virtud cardinal hermana de la justicia; es fenómeno singular en el mundo, que ha resistido las más poderosas persecuciones.


LA PROBIDAD POLÍTICA POR ANTONOMASIA

Sea un mérito para los jefes: conservar el fuego entre los hielos de la general indiferencia; la honestidad política frente a tanta picaresca; el freno paternal para los ímpetus juveniles, aunque luego, como el inolvidable jefe de Granada del que vamos a ocuparnos, se presentara a la policía, cuando estaban detenidos los requetés por pintar letreros “subversivos”, para hacerse responsable de los mismos; la sabiduría de la prudencia en autorizar cuándo y quién podía aceptar cargos públicos; platicar amabilidades con fuerzas políticas llamadas afines, pero oportunidad en echar la raya de contención de sus abusos, siempre convencidos de que siempre se nos buscaba para absorbernos.

Y a cada gobernador que iba ocupando la sucursal del centralismo madrileño:

“Señor Gobernardor: vengo en nombre de la Comunión Tradicionalista a ofrecerme a usted para cuanto pueda interesar a España, al orden público, a la paz…”, si bien que haciendo constar nuestra disparidad actual con las orientaciones políticas del Gobierno.

O a cada obispo, acabado de prestar juramento de fidelidad a la Jefatura del Estado:

“En representación de la Comunión Tradicionalista vengo a ofrecerme a usted como católicos fervientes, que aman y sirven la religión y a la Iglesia, sin pretender jamás servirse de ella…”.


BUEN PLANTEL CARLISTA

O este relevante servicio a la Iglesia del fidelísimo jefe regional de Andalucía Oriental, el modelo de caballeros, don Ramón Contreras y Pérez de Herrasti, de la Real Maestranza de Granada, a cuya honrosa memoria va este artículo.

Granada tiene abolengo carlista: por el brazo enjoyado aristócrata, los Condes de Padul, los Marqueses de Casablanca, los Herrasti y otros muchos; y por el brazo en artesanía o en labranza, tanto la campiña como la sierra, y en especial las Alpujarras, contienen canteras vivas de mozos y zagales para las hondas, las lanzas, de la imperecedera esperanza del Rey carlista que cantara Valle Inclán.

En las Alpujarras realizó su mayor recluta el intrépido general Gómez, como si hubiera quedado en sus breñas flotando el alma de don Juan de Austria; y cuando en 1929 Primo de Rivera anunció que se levantaba la veda de elecciones a diputados a Cortes, nuestros jefes hicieron sondeos para presentar un candidato, y me contaba don Fernando Contreras que habían recogido en no pocos pueblos, de bocas de gente anciana, esta peregrina afiliación política: “Yo soy del Rey Don Carlos”, expresión significativa de don Carlos María Isidro, aunque sirvieran, para poder vivir, al cacicato del liberal don Natalio Rivas.

De ese cuño, pero sin concesión ni mínima a los liberales, fue el Tercio de Isabel la Católica.


ÉPOCA DE CONFUSIÓN

La unificación política abrió en España una era de oscurecimiento de ciertas libertades. El aval, el V.º B.º del magisterio de derecho público cristiano, puesto al alzamiento, esa unidad de los espíritus, enfeudó quizá con exceso a la jerarquía eclesiástica. Al menos en copiosa enumeración de casos concretos: la mitificación de nombres y signos; las prerrogativas eclesiásticas de personas o cargos cívicos; la vinculación económica de la Iglesia al Estado.

En ese prevalerse para fines políticos –quede de una vez para siempre a salvo la intención– de personas o cosas sagradas, tuvo un significado prevalentísimo, como señal y cuño de adhesión política, el juramento. Por respeto a esas intenciones, que he dejado marginadas, no reproduzco aquí la fórmula del juramento publicado, preceptuado oficialmente en el boletín del Movimiento.

Se perturbaron las conciencias. Yo pedí dictamen de moralistas a dos doctores de primerísima categoría, como reservándoles sus nombres, porque yo no tenía derecho a ponerles en la picota, como en la que yo estaba, a todos los vientos de iras y malos modos.


UN GRAN CARDENAL Y UN GRAN JEFE CARLISTA

¡Qué página de caballerosidad católica y de grandeza de alma escribió don Ramón Contreras!:

–“Señor Cardenal, se dice que en vista de las discrepancias que sobre el juramento de Falange existían, ha reunido V. Emma. a párrocos y superiores religiosos, y les ha dicho…”.

–“Sí, les he dicho que se puede, mejor dicho, se debe prestar ese juramento, y que se atengan todos a esa norma”. (Este íntegro cardenal de Granada no bailaba en la cuerda de cada personaje visitante).

Don Ramón:

“Pero es que yo he recibido este dictamen de moralistas que dicen lo contrario, y vengo a traérselo”.

Y con la humilde corrección de su limpio linaje, le entregó la cuartilla que el doctor Parrado leyó atentamente:

“El juramento promisorio obliga en conciencia, sea la materia grave o leve, y su incumplimiento es pecado grave de perjurio… obliga a manera de ley particular que el jurante se impone con el testimonio divino… el juramento promisorio, según Santo Tomás, obliga gravemente, y peca mortalmente quien jura sin ánimo de prometer y de cumplir lo prometido…”.

Seguía, tras las citas de los más autorizados moralistas, analizando el juramento oficial de FET de las JONS:

“Es juramento promisorio”. Después de la promesa laudable de defender la Patria y la autoridad legítima, “se ofrecen otras muy especiosas y bastante equívocas, que pueden ser causa de perturbación espiritual. Jurar no tener otro orgullo que el de la Patria in sensu exclusivo es inadmisible. La primera gloria del hombre es Dios. Presenta algunos equívocos, v. gr.: juro mantener sobre todo la idea de unidad en el hombre. El hombre est per se quid unum subsistens sin nuestra defensa. Jurar impasible perseverancia en todas las vicisitudes supone un heroísmo poco común.”

Retuvo el insigne prelado la cuartilla para copiarla y devolverla, y rogó al señor Contreras que volviera a los pocos días.


LA HUMILDAD DE LA SABIDURÍA

Nueva reunión en Palacio de la clerecía granadina:

El sabio y santo prelado:

“Les he vuelto a reunir para leerles un dictamen anónimo de moralista sobre el juramento de Falange y decirles que, ni se puede, ni menos se debe prestar dicho juramento, porque es promisorio y a nadie puede obligarse a prometer sino lo que quiera libremente y porque…” (siguen las razones).

Nunca aquellos celosos párrocos y piadosos religiosos besaron con tanta veneración el pastoral anillo, por pastoral, ni gozaron tanto los consuelos del Espíritu Santo por la unción del Orden Episcopal.

Don Ramón Contreras, siempre amante de la jerarquía eclesiástica, creció mucho en su devoción al sabio y humilde cardenal don Agustín Parrado. Con la mayor reverencia, no exenta de su gracia peculiar, relataba el final de su vida edificante.

Un impresionante hecho ameniza los últimos instantes de la vida, adustos hasta el desabrimiento, que ratifican la conducta recta y ascética de un prelado ejemplar.

Como era propio de su genio, iba preguntando al médico si ya la gravedad de su enfermedad indicaba la oportunidad del Santo Viático o de la Extremaunción. Si ya debía hacerse la recomendación del alma y encargaba a cada capitular su cometido.

Todo ejecutado piadosa y devotamente, quedaron solos en el aposento, su hermana, santa mujer que lo cuidó siempre, y un ancianísimo sacerdote de Palencia, que había sido su párroco cuando el doctor Parrado había empezado su vida sacerdotal.

Entregó entonces a su hermana su rosario de uso ordinario y le dijo que, según su creencia, los cardenales de la Santa Iglesia están ligados con voto de pobreza y que, por eso, no podía dejarle otra cosa que el rosario, porque su modesta hacienda la dejaba al seminario, y a ella la confiaba a la caridad de la diócesis.

¡Imponente final de un príncipe de la Iglesia!


MARAVILLOSO ENCARGO

En el silencio imponente de la alcoba, don Tomás, el viejo párroco, le dice:

“Prométame, señor Cardenal, pedir al Señor cuando esté en su Gloria, llevarme con su eminencia”.

“Así lo haré”.

La voz de la inconsolable hermana:

“¡Agustín, Agustín, que eso lo ha dicho don Tomás. Que yo no he dicho nada”.

Se quedó la cuidadosa Marta tan feliz con su rosario, y tranquila en la caridad de la diócesis.

Pero al día octavo, como en la liturgia de difuntos, don Tomás, que permanecía en Granada durante el novenario, se murió. Dulcemente se murió. Se murió de dolor de ausencia.

¡Ah! del desamor de algunos sacerdotes a sus obispos. Que aprendan.


IGUAL QUE…

La Reina inolvidable Doña María de las Nieves, para la que hubiera habido que inventar, si no lo tuviera nuestro idioma, el calificativo de amable, tuvo toda su vida una doncella guipuzcoana, llevada con ella en la guerra a los 17 años, y que cuando la Señora murió el 15 de Febrero de 1941, a los 89, Petra Echevarría llevaba al servicio de la Señora –unidísima, fidelísima, inseparable– unos setenta años.

El buen Eliseo Calle me escribía contándome cómo la óptima Petra no podía ni alimentarse ni llorar.

A la semana justa se quedó dulcemente muerta. El médico, a preguntas de Eliseo, no supo decir otra cosa que había muerto de pena por la separación.

¡Ah! del desamor de algunos carlistas al principio real.


Fuente: El Pensamiento Navarro, 12 de Mayo de 1970, página 6.

domingo, 23 de julio de 2017

El heroico General Pérez de Herrasti y su ilustre familia, tradicionalistas de Granada

EL GENERAL PÉREZ DE HERRASTI, HÉROE DE CIUDAD RODRIGO

Andrés Pérez de Herrasti y Pulgar
(Granada, 1750 - Barcelona, 1818)
Andrés Víctor José Miguel Pérez de Herrasti Viedma y Aróstegui Pérez del Pulgar Fernández de Córdoba, descendiente de dos de las más ilustres y principales familias de la aristocracia andaluza, nació en Granada el día 6 de marzo de 1750. Por vía paterna, entre sus más remotos antepasados se encontraba Domingo Pérez de Herrasti –perteneciente a la antiquísima casa de Herrasti en Azcoitia (Guipúzcoa)– que fue uno de los caballeros que acompañaron a los Reyes Católicos en la conquista de Granada, obteniendo como premio un señorío en esas tierras: el del pueblo y campos de Baralaira, que recibirían el nuevo nombre de Señorío de Domingo Pérez y que se convertirían en su nuevo hogar.

Por vía materna, descendía también de otro capitán de los Reyes Católicos, el afamado Hernán Pérez del Pulgar, conocido como «el de las Grandes Hazañas». Con estos antecedentes de heroísmo militar y de nobleza, repetidos de una forma u otra generación tras generación, no es extraño que el joven Andrés ingresara en el ejército en el año de 1762, a la temprana edad de doce años, concretamente como cadete del Regimiento Provincial de Granada. Dos años después entró como cadete en el Regimiento de Reales Guardias Españolas, unidad en el seno de la cual pasaría por todos los empleos y grados que consignamos a continuación: Alférez (1776), Alférez de Granaderos (1777), 2.º Teniente de Fusileros (1779), 2.º Teniente de Granaderos (1783), 1.er Teniente de Fusileros (1785), 1.er Teniente de Granaderos (1791), Coronel (1791), Capitán (1793), Brigadier (1795) y Mariscal de Campo (1809). En su hoja de servicios aparece un escueto informe sobre su persona: «Valor, acreditado; aplicación, bastante; capacidad, bastante; conducta, buena; estado, casado. Este oficial está en estado de continuar, es casado, bizarro y a propósito para el mando». Siempre en tan alta estima, Herrasti sirvió en el ejército español durante cincuenta y dos años, hasta su muerte, que le sobrevino en 1818, ostentando el grado de Teniente General y el empleo de Gobernador Civil y Militar de Barcelona –honores concedidos en el año 1814, tras su vuelta del cautiverio en Francia–.

Herrasti participó, además, en las principales campañas y en algunas de las más memorables acciones llevadas a cabo durante los años anteriores a la Guerra de la Independencia. En el año 1775 participó en la expedición que Carlos III envió a Argel en contra de las tropas del emperador de Marruecos y de los piratas que operaban desde ese puerto, operación que terminó en un auténtico desastre para los españoles, con más de mil quinientos muertos y unos tres mil heridos, entre ellos el protagonista de esta semblanza; en el bloqueo y sitio de Gibraltar desde el primero de septiembre de 1779 hasta que se concluyó sin éxito; en el sitio de Orán desde el 28 de mayo de 1791 hasta su evacuación y abandono; en la guerra contra Francia, entrando en el Rosellón con las primeras tropas en abril de 1793 y cayendo prisionero en mayo del año siguiente, durante la precipitada retirada española ante el ataque del general Dugommier; en la Guerra de las Naranjas contra Portugal, tomando parte muy primordial en la ocupación del lugar de Jarde, en la toma de la plaza de Villaviciosa y en otras muchas acciones.

El motín de Aranjuez (1808)

Pero fue la Guerra de la Independencia la que marcó el destino de Herrasti, le convirtió en un personaje para la historia y le ofreció la oportunidad de demostrar su pundonor de militar hasta el límite de sus fuerzas y de su deber. El 17 de marzo de 1808, el por entonces brigadier Pérez de Herrasti, en ese momento destinado al frente del 1.er Batallón del Regimiento de Reales Guardias Españolas –que se encontraba acantonado en Vicálvaro– recibió la orden del coronel del Regimiento, el duque del Infantado –un fiel fernandino y, por lo tanto, enemigo acérrimo de Godoy– de asaltar el palacio del valido en Aranjuez y proceder a su captura. Este episodio provocó la abdicación de Carlos IV y el acceso al trono de Fernando VII aunque, como es bien sabido, el asunto no acabó ahí, sino con Napoleón interviniendo como árbitro del litigio entre el monarca y el heredero. De este modo, atrayendo con artimañas a padre e hijo a territorio francés –con la excusa de celebrar una reunión para solventar el problema de la legalidad de la abdicación de Carlos IV– Napoleón secuestró a la familia real española y desplegó sus tropas por España con el objetivo de lograr un cambio de dinastía –de los Borbones a los Bonaparte–, algo que hacía tiempo que ansiaba el Emperador. Poco tiempo después España se convertía en un campo de batalla sobre el que Francia y Gran Bretaña dirimirían quién iba a ser la primera potencia mundial del siglo XIX. Mientras tanto, el pueblo español luchaba por su rey legítimo, Fernando VII, que regresaría a España en 1814.

El día 2 de mayo, el brigadier Pérez de Herrasti puso a su batallón y demás tropas de la comarca, así como a varios pueblos, sobre las armas para socorrer Madrid, sublevado contra los franceses. El auxilio no se hizo efectivo, ya que desde instancias superiores se recibió la orden de no intervenir en los sucesos de la capital. Desesperado por luchar contra el invasor, Herrasti marchó, con su batallón de Reales Guardias Españolas y el Ejército del Centro al mando del general Castaños, a La Rioja, hallándose en todas las diferentes posiciones que allí se tomaron: socorro de Lodosa, expedición de Autol y apostadero de Ausajo, hasta la batalla de Tudela, librada el 23 de noviembre de 1808, debacle española tras la cual el Ejército del Centro inició una penosa retirada hacia el sur, en busca de nuevas órdenes por parte de la Junta Central –en ese momento también en plena huída y por lo tanto difícil de localizar–. Durante esa retirada, Herrasti tendría ocasión de destacarse en la acción de Tarancón (Cuenca) del 25 de diciembre, en la que rechazó, por dos veces, con trescientos hombres de su batallón, a una fuerza de caballería compuesta por ochocientos Dragones de la Brigada del general Perreimond. El valor y la tenacidad demostrados en este combate le valieron el ascenso a mariscal de campo –aunque quizá este fulgurante ascenso fuera más bien una recompensa por su actuación en favor de Fernando VII en Aranjuez– y el empleo como Comandante General del Cantón de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real). Tras unos pocos meses, ya iniciado el año de 1809, fue llamado a Sevilla –la nueva sede de la Junta Central Gubernativa del Reino– que le destinó, el 15 de marzo de 1809, al Ejército de la Izquierda, que en ese momento se encontraba al mando del teniente general Marqués de la Romana. El lugar donde debía incorporarse a su nuevo empleo era Gijón, ciudad a la que, al estar el centro y el norte peninsular ocupados por los imperiales, solamente podía llegar por mar. El día 19 salió del puerto de Cádiz acompañado por su nuevo edecán, el por entonces teniente Joaquín de Zayas. La travesía transcurrió tranquila hasta que, habiendo ya llegado a aguas del Cabo de Peña el día 20 de mayo, y a menos de una jornada del puerto de Gijón, se cruzaron con un bergantín cuyo capitán les advirtió de que la ciudad asturiana había caído en poder de los franceses. El día 17 de junio de 1809, un desesperado y agotado Herrasti estaba de vuelta en Cádiz, tras treinta días de penosa navegación bajo terribles borrascas, y sin haber podido incorporarse a su destino. Ansioso por entrar en combate, Herrasti solicitó un nuevo destino en el Ejército de Aragón, comandado por el general Blake y, si esto no era posible, al de Extremadura, con el general Gregorio García de la Cuesta al frente. Ninguno de los dos destinos le fue otorgado. Fue enviado de nuevo al Ejército de la Izquierda, ahora al mando del Duque del Parque, con el que combatió en la batalla de Tamames (Salamanca), librada el 18 de octubre de 1809, y que se saldó con una victoria de los españoles. Apenas un par de días después, Herrasti recibió el empleo que le enfrentaría a dos de los más afamados mariscales del Imperio, Masséna y Ney, y que le consagraría como héroe olvidado de la Guerra de la Independencia: gobernador militar de la cercana plaza de Ciudad Rodrigo, convertida en uno de los focos de resistencia más importantes al constituirse como sede de la Junta Superior de Castilla la Vieja, de la cual Herrasti sería presidente.

Rendición de Ciudad Rodrigo tras la heroica defensa española (1810)

El 10 de julio de 1810, tras un asedio de dos meses y medio, Herrasti, un militar que ha de pasar a la historia por su aprecio por la vida humana, supo rendir la plaza de la que era gobernador en el momento preciso, sin faltar en absoluto a su deber como soldado, para así evitar una matanza por parte de los imperiales como represalia. Dos días después de la capitulación, Herrasti marchaba al cautiverio en Francia junto a toda su guarnición.

Como los demás deportados españoles, Herrasti recuperó su libertad en 1814, tras la abdicación de Napoleón. Un decreto del Gobierno Provisional de Luis XVIII dispuso que «para poner fin al flagelo de la guerra y reparar en lo posible sus terribles resultados, todos los prisioneros de guerra serán puestos a disposición de sus potencias respectivas». En un lamentable estado físico y moral, Herrasti aún tuvo que enfrentarse en Madrid al Consejo de Guerra de Purificación, que afortunadamente no encontró en él el más mínimo atisbo de traición a los Borbones y que determinó su limpieza y le recomendó para ser empleado por el rey «en el destino y clase que tenga S.M. a bien». El rey tuvo a bien ascenderle a teniente general el 28 de julio del año 1814 con la antigüedad del día de la rendición de la plaza de Ciudad Rodrigo; es decir, el 10 de julio de 1810. Ese mismo año le llegaría la concesión de la condecoración de la Orden de Lis por parte del restaurado rey francés Luis XVIII «para acreditar su adhesión a la causa de los Borbones» y en 1816 el nombramiento de caballero de la Gran Cruz Laureada de San Fernando, que luce con todos sus atributos en el retrato con uniforme de teniente general que se exhibe en el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo. En el mismo año de su ascenso a teniente general, Herrasti fue destinado a Barcelona como gobernador militar y político, ciudad donde el clima húmedo agravaría su dolencia reumática. Hasta la capital catalana se trasladaría Herrasti con la que era su esposa desde el año 1792 –la también noble María Antonia de Luca y Timmermans– y allí moriría el día 24 de enero de 1818, tras una vida enteramente dedicada al servicio de su Patria y tras emplear sus últimos años en emprender esenciales mejoras urbanísticas en la ciudad de Barcelona, tales como la construcción del primer cementerio extramuros.

Información tomada de: Ramón Laca, Julio de (1967): El General Pérez de Herrasti. Héroe de Ciudad Rodrigo


Escudo de armas de los Pérez de Herrasti

GENEALOGÍA DESCENDENTE DE LA FAMILIA PÉREZ DE HERRASTI

Domingo Pérez de Herrasti, participó en la Toma de Granada. Fue uno de sus descendientes agnados Antonio Pérez de Herrasti y Viedma, señor de Domingo Pérez, que sigue. (Genealogía anterior aquí)

I .- Antonio Perez de Herrasti y Viedma, VII. Regidor perpetuo de Guadix y Alcalá la Real, patrono del Convento de Agustinos de Granada. Casó en Granada el 29 de mayo de 1747 con Angela Pérez del Pulgar y Fernández de Córdoba. Tuvieron por hijos a:

A .- Juan de Dios Pérez de Herrasti y Pulgar, que sigue.
B .- ANDRÉS PÉREZ DE HERRASTI Y PULGAR, héroe de Ciudad Rodrigo. Nació en Granada el 6 de marzo de 1750 y murió en Barcelona el 24 de enero de 1818. Casó el 27 de diciembre de 1792 en Barcelona con María Antonia de Luca y Timmermans (nacida en Rialp el 28 de diciembre de 1756), con la que no consta que tuviese descendencia.

II .- Juan de Dios Pérez de Herrasti y Pérez del Pulgar, Señor de Padul. Fue bautizado el 16 de marzo de 1748. Casó el 14 de junio 1771 con Maria Luisa Henríquez de Navarra y Carreño. Tuvieron por hijo a Antonio Pérez de Herrasti y Enríquez de Navarra, que sigue.

III.- Antonio Pérez de Herrasti y Enríquez de Navarra, Señor del Padul. Nació en Granada en febrero de 1778. Casó con María Josefa Recio-Chacón y Valverde (nacida hacia 1778 en Arjona, Jaén). Tuvieron por hijos a:

A .- Antonio Pérez de Herrasti y Recio-Chacón, que sigue (IV a).
B .- Juan Pérez de Herrasti y Recio-Chacón, que sigue (IV b).
C .- Rita Pérez de Herrasti y Recio-Chacón. Nació el 27 de junio de 1819 en Arjona y falleció el 8 de julio de 1855. Casó el 19 de marzo de 1843 en Granada con Fernando de Contreras y Aranda (1817-?), natural de Martos, caballero de la Orden Militar de Santiago. Tuvieron por hijos a José (1845-?), Francisco (†1881), Isabel (1850-1919) y Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti (†1908) (sigue en V b).

IV a .- Antonio Pérez de Herrasti y Recio-Chacón, Señor del Padul y de Domingo Pérez. Maestrante de Granada. Nació hacia 1806 en Arjona (Jaén) y falleció en 1870. Fue fiscal del Tribunal Supremo de Cuentas del Reino. Casó el 10 de diciembre de 1837 con María del Carmen Fuensanta Antillón y Piles, II Condesa de Antillón, nacida en Palma de Mallorca el 16 de julio de 1811. Tuvieron por hijos a:

A .- Isidoro Pérez de Herrasti y Antillón, que sigue.
B .- Antonio Pérez de Herrasti y Antillón. Nació el 24 de diciembre de 1839 y murió en Granada el 2 de junio de 1900. Siguió la carrera diplomática, sirviendo en distintas embajadas y legaciones. Fue Caballero de la Orden de San Estanislao de Rusia, Oficial de la del Salvador de Grecia y Maestrante de Granada. Tras la Revolución de Septiembre de 1868 se adhirió al carlismo. Llegó a presidir la Junta carlista regional. Casó el 10 de mayo de 1871 en Valcarlos (Navarra) con Maravillas Bachoué de Barraute Elío (†1917), nombrada por Carlos VII tras la muerte de su esposo Condesa de Barraute-Herrasti y dama de honor de Doña Berta. Tras la Tercera guerra carlista, marchó al exilio, y después volvió a su palacio de Granada, junto a la Alhambra, en donde estuvo S. A. el Príncipe D. Jaime. (cfr. El Correo Español, 8/6/1900 y El Correo Español, 6/11/1917)
C .- María de la Esperanza Pérez de Herrasti Antillón. Nació el 30 de noviembre de 1848 en Madrid. Casó el 20 de mayo de 1875 con Manuel de Aguilera y Gamboa, marqués de Flores Dávila (1848-1899) y hermano del Marqués de Cerralbo, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista con Carlos VII y Jaime III. Tuvieron por hijos a María de la Esperanza de Aguilera y Pérez de Herrasti (1876-1939), condesa de Peñalva (casada con Celedonio Febrel y Contreras) y a Manuel de Aguilera y Pérez de Herrasti (1877-1925), conde de Alcudia y Maestrante de Granada.

V a .-  Isidoro Pérez de Herrasti y Antillón, III Conde de Antillón, Señor de Domingo Pérez, de los Campos de Baraila, de Pérez de Herrasti y de Aróstegui. Maestrante de Granada. Nació en Madrid el 31 de julio de 1838 y murió en Granada el 17 de septiembre de 1903. Licenciado en Derecho. Formó parte de la Junta provincial carlista de Granada durante el Sexenio Revolucionario. En 1888 se adhirió al Partido Integrista. Residió en la calle Tablas. Casó el 6 de enero de 1860 en Granada con su prima María Josefa Perez de Herrasti y Vasco. Tuvieron por hijos a:

A .- Antonio Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti (1860-1902), maestrante de Granada (cfr. El Siglo Futuro, 21/1/1902). Casó el 2 de mayo de 1894 con María de la Concepción Orellana-Pizarro Maldonado, marquesa de Albayda (1864-1927). Tuvieron por hijos a María, María del Rosario y Antonio Pérez de Herrasti y Orellana (Madrid, 1898-1974).
B .- María Joaquina Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti (1862). Casó el 24 de septiembre de 1893 en Granada con Antonio Díez de Rivera y Muro, marqués de Casablanca (1857-1930).
C .- María del Carmen Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti (1864 -?).
D .- Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti. Nació en Granada el 1 de septiembre de 1866 y fue bautizado el 5 en la Iglesia de San Salvador. Murió el 6 de junio de 1935. Le fue concedido el titulo de Conde de Padul por Alfonso (XIII) el 16 de julio de 1924. Militó en el Partido Integrista y posteriormente en la Comunión Tradicionalista. Casó con Maria del Rosario Solís y Desmaissiers. Sin descendencia. Le sucedió en el título de Conde de Padul su sobrino Antonio por carta de 14 de mayo 1956.
E .- Josefa Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti.

IV b .- Juan Pérez de Herrasti y Recio-Chacón. Nació hacia 1816. Casó con Joaquína Vasco y Vasco. Murió en Granada el 2 de febrero de 1848. Tuvieron por hijas a María Josefa (Granada, aprox. 1843 - ?), Antonia (1851-1935) (sigue en V c) y Francisca Pérez de Herrasti y Vasco, casada con su primo Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti, que siguen.

V b .- Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti (†1908). Casó el 4 de abril de 1874 en Granada con su prima Francisca Pérez de Herrasti y Vasco (1852-?). Tuvieron por hijos a:

A .- José de Contreras y Pérez de Herrasti, Maestrante de de Granada. Casó con Paz González de Anleó y González del Pino (1881-1967), Dama de la Real Maestranza de Granada. Tuvieron por hijos a Antonia (Granada, 1910 - Sevilla, 1991) y José de Contreras y González Anleo (Jaén, 1917 - Granada, 1993), combatiente Requeté.
B .- Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti (1874-1940), Maestrante de Granada. Fue un destacado articulista del diario tradicionalista El Siglo Futuro. Casó el 26 de noviembre de 1900 en Sevilla con María de Gracia de Solís-Beaumont y Desmaissieres (1876-1952). Tuvieron por hijos a Antonia (†1991), Concepción (†2003) y Matilde de Contreras y Solís-Beaumont.
C .- Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti (Granada, 1886 - Granada, 1952). Fue jefe de la Comunión Tradicionalista en Andalucía Oriental en la década de 1930. Residió en el Palacio de los Condes de Luque —que donó a la Universidad— y posteriormente en la calle Gran Capitán, 14, donde falleció. Casó con Manuela Gómez de las Cortinas y Atienza, con quien tuvo por hijos a Natividad, María Luisa y Ramón de Contreras y Gómez de las Cortinas.
D .- Joaquín de Contreras y Pérez de Herrasti. Fue Archivero de la Real Maestranza de Caballería de Granada. Residió en la calle Puentezuelas, 35.

V c .- Antonia Pérez de Herrasti y Vasco. Nació en Granada el 1 de mayo de 1851 y murió en la misma ciudad el 18 de octubre de 1935. Casó en Granada el 24 de noviembre de 1873 con Luis Andrada-Vanderwilde y Pérez de Vargas (Sevilla, 1844 - San Sebastián, 1932), Teniente de la Real Maestranza de Caballería de Granada. Tuvieron por hijos a:

A .- María del Carmen Andrada-Vanderwilde y Pérez de Herrasti. Nació en Granada el 5 de abril de 1875.
B .- José Luis Andrada-Vanderwilde y Pérez de Herrasti, marqués de Cartagena y Maestrante de Granada. Murió en Granada el 12 de junio de 1961. Casó con Blanca Bachoué de Barraute y Mira-Perceval, con quien tuvo por hijos a Luis Javier, Dolores, Fernando, Antonia, José María, Francisco, Juan, Joaquín y Alfonso Carlos Andrada-Vanderwilde y Bachoué de Barraute.
C .- María de los Dolores Andrada-Vanderwilde y Pérez de Herrasti. Nació en Granada el 20 de marzo de 1879 y murió en la misma ciudad el 13 de abril 1965. Casó con Joaquín Pérez del Pulgar y Campos (Granada, 1870-1957), conde de las Infantas.
D .- Joaquina Andrada-Vanderwilde y Pérez de Herrasti. Nació en Granada en 1891 y murió en la misma ciudad en 1978. Casó con Mariano Gómez de las Cortinas y Atienza (Ronda, 1881 - ?). Tuvieron por hijos a María Antonia, Ramón, Mariano, Blanca y Rafael Gómez de las Cortinas y Andrada-Vanderwilde.

Información obtenida en su mayor parte de Condes de PadulGeneanet y FamilySearch

miércoles, 13 de enero de 2016

José Contreras González-Anleo

José de Contreras y González de Anleo
(Jaén, 1917 – Granada, 1993)
Hace 23 años fallecía D. José Contreras González-Anleo, tradicionalista y caballero de la Real Maestranza de Granada.

De familia de honda raigambre tradicionalista granadina, D. José de Contreras y González-Anleo nació el 20 de marzo de 1917 en la ciudad de Jaén, aunque fue vecino de Granada desde su infancia.

Era hijo de D. José de Contreras y Pérez de Herrasti, Maestrante de Granada, y de D.ª Paz González de Anleo y González del Pino, Dama de la Maestranza de Granada.

Durante la II República, estuvo afiliado a la A.E.T., manteniendo toda su vida sus ideales tradicionalistas. Estudió Bachiller y dos años de Derecho en Granada, sorprendiéndole el Alzamiento en Pamplona, donde se incorporó al mismo el 18 de julio de 1936 como voluntario en el Requeté de Navarra (Tercio de Lácar), actuando toda la guerra con el Requeté.

Alférez provisional de la tercera promoción de Sevilla, pasó al terminar la guerra a la Academia de Infantería de Guadalajara. Posteriormente se retiró del Ejército con el empleo de capitán, para dedicarse a sus actividades de empresario agrícola.

Se casó con la granadina Antonia Gómez de las Cortinas y Andrada-Vanderwilde, también de familia tradicionalista, con quien tuvo cuatro hijos. En 1957 promovió en nuestra ciudad la llamada «Causa Monárquica Unificada» y fue concejal de la Corporación municipal de Granada por el tercio de entidades en 1958.

También fundó el Círculo Balmes, fue miembro de la Acción Católica y Hermano Mayor durante la década de 1950 de la Cofradía Nuestra Señora de los Dolores, formada e integrada por tradicionalistas granadinos del laureado Tercio de Requetés Isabel la Católica.

En 1975 se integró, junto con otros destacados tradicionalistas como José María Valiente, José Luis Zamanillo, Miguel Fagoaga y Antonio de Oriol, en Unidad Nacional Española (U.N.E.), de la que fue presidente provincial y delegado regional de Andalucía Oriental. Dicha organización reconoció a Juan Carlos como rey de una monarquía «tradicional, católica, social y representativa» que el propio Juan Carlos nunca quiso, desmantelando toda reminiscencia de la misma nada más verse al frente de la jefatura del Estado. A pesar de estar errado dinásticamente, D. José siempre defendió, como él decía, «sus viejos postulados inalterables» con la fe, la ilusión y la lealtad de los hombres que fueron a la Cruzada de Liberación.

En la década de 1980 fue miembro de nuestro antecesor Círculo Fal Conde, que presidía el cirujano y excombatiente requeté D. Juan Bertos Ruiz. Junto a los también tradicionalistas y maestrantes de Granada Mariano Gómez de las Cortinas Andrada-Vanderwilde, Alfonso Carlos Andrada-Vanderwilde Barraute, Luis Fernando Dávila Ponce de León Coello de Portugal y Fernando Fernández de Bobadilla Campos, presentó en 1985 una querella criminal contra la película blasfema Je vous salue, Marie, que fue desestimada por el juez al considerarla amparada en la «libertad de expresión».

D. José de Contreras y González-Anleo murió en Granada el 13 de enero de 1993. Dios haya premiado su larga hoja de servicios a la Religión verdadera, España y Granada.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti

Hace 62 años moría cristianamente en la ciudad de los cármenes Don Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti, quien fuera jefe regional de la Comunión Tradicionalista en Granada durante los años 30 del siglo XX. Con motivo del fallecimiento de nuestro insigne y respetado jefe regional, la revista Granada gráfica publicó el siguiente artículo, que reproducimos a continuación.

D. Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti era hijo de Fernando de Contreras y Pérez de Herrasti y de Francisca Pérez de Herrasti y Vasco. Su familia había estado vinculada al tradicionalismo desde la Revolución de 1868, y él mismo había militado en el jaimismo en la década de 1910. Añadimos que además de ser cofundador de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores en 1939, había fundado también la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Rescate en 1926, razón por la que hasta hace pocos años ambas cofradías desfilaban juntas en procesión el Lunes Santo.


GRANADINOS ILUSTRES:
DON RAMON DE CONTRERAS Y PEREZ DE HERRASTI
Semblanza y recuerdo del ilustre prócer
Por Xavier Montes

Don Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti
(Granada, 1886 - Granada, 1952)

Aun recuerda Granada el porte señorial de su figura enjuta y quijotesca. Los años apenas habían logrado doblar en su cuerpo la reciedumbre del espíritu prócer que albergaba. Si el ideal del hombre español fué el caballero, con todas las virtudes que la denominación encierra, nunca podrá buscarse para don Ramón de Contreras apelativo más apropiado, porque fué todo un caballero a lo largo de su vida. Un amor profundo a la humanidad, un hondo sentido religioso y una sencillez exquisita en todos sus actos informaron siempre su paso por el mundo. Nada más lejos de don Ramón que la ostentación afectada que se ampara en privilegios de clase. El hizo de su noble estirpe la carga y cruz de mayores responsabilidades, con la exigencia siempre creciente de un pasado que más obligaba que eximía. Don Ramón de Contreras se dió y debió siempre a la nobleza de su sangre. Su vida ejemplar aportó nuevo lustre a la vieja raigambre de su ilustre prosapia.

Siempre contrastó en él, notablemente, la sencillez de su trato y costumbre, con el alto linaje de su rancia nobleza. El primer dato cierto de la familia Contreras se remonta a 1361, fecha en la que don Juan de Contreras era vecino y regidor perpetuo de la ciudad de Jaén, donde recibió repartimientos allá por el año 1377; procedía este noble hidalgo de los campos de Castilla y tomó parte activa, a las órdenes del rey santo, don Fernando, en la conquista del reino de Jaén. Entre sus descendientes se encuentra don Fernando de Contreras y Torres, que el año 1485 fundó patrimonio en la iglesia de la Santísima Trinidad de la capital jiennense, y que asistió con su hijo Francisco, aportando siete lanzas, a las operaciones y cerco de la ciudad de Granada. En esta línea genealógica se sitúan también don Alonso de Contreras y Espejo, que fué regidor de Martos, y el abuelo de don Ramón de Contreras, don Fernando de Contreras Aranda y Aróstegui, que fué gentilhombre de cámara, maestrante de Granada y caballero de la orden de Santiago. Todos los Contreras fueron alféreces mayores de la ciudad de Jaén.

También los Pérez de Herrasti provienen de alta alcurnia. Originario de Azpeitia (Guipúzcoa), Pérez de Herrasti ostentó el cargo de capitán entre las huestes que conquistaron Granada al mando de los Reyes Católicos: y en esta ciudad obtuvo repartimientos por los méritos contraídos en la lucha. Los Pérez de Herrasti tenían su casa solariega en el número 45 de la Carrera del Darro, junto al actual Museo Arqueológico y a la casa de Hernando de Zafra; y su panteón familiar estaba situado en la próxima iglesia de San Pedro. Entre los ascendientes de don Ramón de Contreras por la línea materna cuentan don Domingo Pérez de Herrasti, fundador de un pueblecito en nuestra provincia que aún lleva su nombre, Domingo Pérez; y don Andrés Pérez de Herrasti y Pérez del Pulgar, que fué defensor de Ciudad Rodrigo contra el francés invasor. Todos los Pérez de Herrasti fueron maestrantes de Granada, caballeros de Santiago y de Calatrava y caballeros veinticuatro de nuestra ciudad.

Blasón de don Ramón de Contreras, con cuatro
cuarteles que corresponden a sus ilustres apellidos:
Contreras, Pérez de Herrasti, Pérez de Herrasti y Vasco.

Don Ramón de Contreras era jefe de los Pérez de Herrasti, segundón de los Contreras y ostentaba el cargo de fiscal de la Real Maestranza de Granada. Fué jefe regional de la Comunión Tradicionalista en Andalucía Oriental y comisario carlista de guerra en nuestra Cruzada, formando parte de la junta granadina de Protección del Tesoro Artístico Nacional, donde realizó una brillante gestión. Unificados el Tradicionalismo y la Falange, don Ramón de Contreras fué en Granada el primer jefe provincial del Movimiento, cargo que declinó al poco tiempo de ostentarlo para dedicarse a las tareas filantrópicas y culturales que han llenado su vida ejemplar. Fundó la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, integrada por los ex combatientes del Requeté granadino, y fué propulsor formidable de nuestra Semana Santa, ostentando hasta su muerte el cargo de Hermano Mayor honorario de la Federación de Cofradías de Granada.

El ilustre prócer granadino, fallecido recientemente, fué un hombre de vasta cultura, escritor ameno y sencillo, notable intérprete del piano y gran conocedor de arte. Era muy amante de la música, de la que poseía grandes conocimientos, y muy entendido en las artes plásticas. Todos estos méritos le valieron el nombramiento de académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias, por libre y unánime elección de sus componentes.

Gran coleccionista de objetos de arte, logró hacer de su domicilio particular un museo de notable valor, formado con el gusto exquisito que era patrimonio personal e inalienable de don Ramón de Contreras. Su desprendimiento y generosidad, patentes en cada uno de sus actos, han contribuido grandemente a aumentar el patrimonio artístico de Granada. Concretamente, el Museo Arqueológico de nuestra ciudad le es deudor de valiosos donativos, entre los que se cuentan un toro ibérico, una gorgona de bronce, unas asas pánicas terminadas en manos artísticamente labradas, varias hachas del periodo del bronce y una colección muy completa de monedas.

Palacio de los Condes de Luque, o de las Columnas, en la calle
Puentezuelas, propiedad de D. Ramón de Contreras y Pérez de
Herrasti, quien lo traspasó a la Universidad de Granada
(actualmente sede de la Facultad de Traducción)

La vida de tan ilustre granadino, dechado de virtudes y espejo de caballeros transcurrió siempre derramando el bien a manos llenas. Su gran amor a la humanidad necesitada se tradujo en cuantiosos donativos hechos a entidades benéficas y particulares. Caridad en silencio, porque siempre se preocupó don Ramón de que, su mano izquierda ignorase lo que hacía la derecha. La práctica de las virtudes evangélicas le valieron entre sus conocidos el dictado de hombre fundamentalmente bueno, ángel sobre la tierra. Su paso por ella estuvo siempre lo más cerca posible de Dios.

Extraído de Granada gráfica: revista mensual. Enero de 1953.

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