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miércoles, 4 de enero de 2023

El periódico carlista La Esperanza, visto por un liberal-demócrata sincero en 1857

En su «revista de la prensa política española» (1857), el periodista granadino José de Castro y Serrano, no podía dejar de hablar de La Esperanza, el primer diario político carlista que existió (con la salvedad de las gacetas de guerra), que por aquel entonces era uno de los más populares y leídos de toda España.  

Sorprende en su descripción la ristra de elogios que dedicó a este periódico, punta de lanza del carlismo, en la revista liberal La América, de tendencia democrática (como se conocía por entonces al ala más izquierda del partido progresista). Y es que el genio del director de La Esperanza, don Pedro de la Hoz, obligaba a todo el que leía sus artículos de primera plana a inclinarse ante su sabiduría, ilustración, sensatez y patriotismo, cualesquiera que fuesen sus ideas. Castro y Serrano decía así:

Pedro de la Hoz
(1800-1865)

La Esperanza (...) ha sido y es en España mas que un diario; ha sido el núcleo y es la organizacion misma del partido monárquico puro; ha sido el catecismo y hoy es el código del mando absolutista. Sin La Esperanza no habria hoy entre nosotros mas que partido despótico, y sabida es la pobre significacion que en nuestros jóvenes oídos tiene ya esa palabra: con La Esperanza hay hoy en España verdadero y temible partido absolutista. Tambien este prodigio es obra de un solo hombre: tales serán su constancia y su talento. 

Un dia, cuando vencidos los carlistas en el campo de Vergara por la política y por las armas; cuando vencedor el bando liberal por la idea y por los hechos con la aquiescencia implícita de los gobiernos despóticos de Europa, se veia desfallecer al partido absolutista aplanado con tantas catástrofes, ese dia, decimos, apareció La Esperanza en el campo del periodismo español, para infundir con su solo nombre aliento entre las huestes dispersas, y para tomar de la tienda de sus propios enemigos, armas con que batirles y disputarles su victoria. 

El título y la ocasion elegida por el hombre no podian ser mas oportunos; y en efecto, desde ese día data la voz propagandista que sin perdonar momento, ni perder coyuntura por exigua que pareciese, resuena en los oidos del bando monárquico, anunciándoles para mañana la hora del triunfo; desde ese dia data la acusación perpetua que se ha lanzado sobre el partido liberal sin hacer otra cosa que poner de relieve la parte viciosa у absurda de su sistema; desde ese dia ha tenido el pais un catecismo abierto que á la vez que enseñaba la doctrina del sistema antiguo, modificaba y suavizaba ese mismo sistema á tenor de los adelantos civilizadores del siglo; desde ese dia, por último, se ha tenido públicamente entre nosotros una cátedra de despotismo ilustrado. Y ese si que producia un daño verdadero á las ideas liberales, que no los periódicos estúpidos cuya tarea estaba circunscrita á lamentarse de la abolicion del santo tribunal; pues esos periódicos solo corrian en manos de quienes se contentaban con ver escrito lo que ya habian pensado y lo que no habian querido dejar de pensar; pero papeles como La Esperanza, que comprenden y aceptan los adelantos de la civilización, que prometen equidad y justicia, orden y sosiego, desahogo y vida en contraposicion á las convulsiones necesarias de toda reinstalación social, esos periódicos son los que encarnan la fé, los que mantienen la esperanza y los que hacen prosélitos hasta entre los descontentadizos del ejército contrario. 

Tal ha sido por espacio de diez y siete años la tarea constante del diario absolutista. Con gran lucidez de espresion, con envidiables dotes de ciencia y con formas tan intencionadas como decorosas, ha hecho partido de lo que era secta, ha hecho razón lo que era ignorancia, ha hecho posible lo que era quimérico y absurdo. Qué mas se le puede pedir á un hombre? ¿Qué mas se le puede pedir á un periódico? La Esperanza ha sido siempre y lo es en el dia un periódico valeroso; jamás ha dejado de contestar á nadie sea cualquiera el apuro en que se le haya puesto: ha sido y lo es hoy un periódico de inconcebible destreza; jamás ha tropezado en ninguno de los mil escollos que cada dia encontraba al paso. El mayor título de gloria que este diario puede esponer á la admiracion de su partido, es que vive aún, despues de haber atravesado solo y entre una turba de enemigos implacables, cerca de veinte años de revolucion contra sus ideas.

La Esperanza ha estado fuera de la ley desde su aparicion; ha defendido lo que en España no se podia defender; ha sembrado lo que estaba prohibido sembrar; ha rehabilitado memorias que nuestras leyes tenian proscritas; y á pesar de todo, hoy es el dia en que con mayores brios esgrime sus armas, sin haber tenido que borrar por fuerza una sola línea de las infinitas que sobre asuntos peligrosos ha publicado. 

No todos los hombres del partido absolutista aceptan, sin embargo, á La Esperanza por director y maestro, pues hay fanáticos ó necios que se figuran harto liberal y ocasionado á disgustos el sistema de gobierno que defiende; pero esos hombres que tan cándidamente creen posible y duradero el advenimiento de un orden de cosas mas oscuro todavia, debieran escuchar la voz de la gran masa de su partido que proclama al periódico como sustentador, organizador y fuerte áncora de su existencia. La Esperanza es el periódico español que se escribe con mas cuidado, y la empresa periodística mas importante de cuantas se han formado hasta ahora.


José de Castro y Serrano: La América (Madrid). 24/10/1857. Pág. 9

viernes, 27 de septiembre de 2019

La imprenta de «La Esperanza», una fuente de conocimiento en la España del siglo XIX

El diario monárquico (carlista) La Esperanza (1844-1874) fue uno de los periódicos españoles más populares y leídos de su época. En su imprenta, a cargo del murciano Antonio Pérez Dubrull y situada en Madrid primero en la calle de Valverde, núm. 6, y luego en la calle del Pez, núm. 6, se editaron, además del periódico, numerosos libros que sirvieron para instruir a sus lectores y reforzar sus convicciones católico-monárquicas. Las siguientes obras, traducidas al castellano por la redacción del periódico, fueron incluidas en la llamada «Biblioteca de La Esperanza»:

* Historia evangélica, confirmada por la judaica y la romana (1852), en dos tomos, del P. Paul Pezron;
*​ Lord Palmerston, la Inglaterra y el Continente (1852), por el conde de Ficquelmont;
* El libro de los Reyes (1852),​ Genio de la monarquía (1852),​ República y monarquía (1852)​ y Derecho hereditario del poder (1852), por Alexandre Weill;
* Economía política cristiana (1852-1853), en cinco tomos, por el vizconde Alban de Villeneuve-Bargemont;

La Biblioteca de la Esperanza también anunció su intención de editar la obra Del Protestantismo y de todas las herejías en su relacion con el socialismo (1853), por Auguste Nicolas, si bien solo nos consta la edición que se hizo de la misma en Barcelona en la imprenta de Pablo Riera.


En la imprenta de A. Pérez Dubrull se publicaron asimismo libros como La realidad de la vida (1858), por Matilde Froment; Coleccion de los artículos de La Esperanza sobre la historia del reinado de Carlos III en España (1858), por Antonio Ferrer del Río; El perfume de Roma (1862), por Louis Veuillot; Vidas de los Mártires del Japon (1862), por Eustaquio María de Nenclares;​ La Revolucion (1863), por Monseñor Segur;​ Conferencias del Rdo. P. Félix, en la Santa Iglesia Metropolitana de Nuestra Señora de París durante la Cuaresma de 1866; El Paladín de Cristo (1865), por José Gras y Granollers;​ La dolorosa Pasion de N. S. Jesucristo, según las meditaciones de Sor Ana Catalina Emmerich (1865);​ o Advocaciones, virtudes y misterios de María Santísima (1866), por el presbítero Felipe Velázquez y Arroyo.​

Otras de las obras impresas en la imprenta de La Esperanza serían de carácter más marcadamente carlista, especialmente durante el Sexenio Revolucionario, como Tres escritos políticos de Pedro de la Hoz publicados en 1844 (1855);​ Biografía de D. Pedro de la Hoz (1866), por José María Carulla;​ La solución española en el Rey y en la Ley (1868) y Las apariencias y la realidad de la fusión dinástica (1869),​ por Antonio Juan de Vildósola; Peticion dirigida a las Cortes Constituyentes en favor de la unidad católica de España (1869), por la Junta Superior de la Asociación de Católicos de España;​ La cuestion dinástica (1869), por Fray Magín Ferrer; Los liberales sin máscara (1869), por Valentín Gómez;​ El Romancero español de Cárlos VII (1869) y El Romancero español de la Reina Margarita (1870).

El diario vendía además en su Administración obras de contenido histórico carlista, como Vida y hechos de Don Tomás Zumalacárregui (1845), por Juan Antonio de Zaratiegui;​ Recuerdos histórico-político-legales sobre la autoridad de los Reyes y Cortes de España, conforme a sus antiguas leyes fundamentales (1845), por el monárquico T. M.; o Historia de la emigracion carlista (1846), por Rafael González de la Cruz.

La imprenta de La Esperanza editó también otras publicaciones periódicas, como La España teatral (1856), el Semanario de los devotos de María (1865-1870) o la revista hispano-americana Altar y Trono (1869-1872).

domingo, 10 de marzo de 2019

A los mártires carlistas

Himno a los mártires:

Los carlistas, asombro del mundo,
Como bravos supieron luchar
Por librar a la España querida
Del oprobio y baldón liberal.

Y su sangre, semilla fecunda
De carlistas ha sido y será,
Pues la causa que tiene sus mártires
No se pierde ni extingue jamás.

Sus ejemplos valor nos infunden
Y cual ellos sabremos luchar
En el día tal vez no lejano,
Cuando ruja el furioso huracán.

Si nos hiere una bala traidora,
Nada importa, habrá un mártir más;
Si al cuerpo le cubre la tierra,
Tendrá el alma una gloria inmortal.

Niceto (La Verdad, 10 marzo 1904)




Hoy, 10 de marzo de 2019, los tradicionalistas de toda España —y aún de los países hispánicos de Ultramar— honramos a cuantos nos precedieron en la lucha contra el liberalismo, y muy singularmente a todos los que vertieron su sangre por la Santa Causa de la Religión, la Patria y la Legitimidad.

Entre tantos leales que nos vienen a la cabeza, nos acordamos en esta fecha del periodista Francisco Guerrero Vílchez, veterano de la Tercera Guerra Carlista y director del periódico carlista granadino LA VERDAD (1899-1941) y autor de las siguientes líneas, tomadas del libro Homenaje de la Comunión Carlista á los Mártires de la Tradición y del Derecho (1908), que hacemos nuestras:


A vosotros, mártires de la Tradición, cuyos heroicos hechos se encuentran consignados en la Historia, constituyendo una de sus más brillantes páginas; la Patria, por orden de nuestro Augusto Jefe, os consagra el día de hoy.
Francisco Guerrero Vílchez (Granada, 1854-1941)

Sí, vosotros representáis el genuino y caballeresco carácter español: por eso la Patria viste hoy de luto recordando las proezas de sus héroes y el valor de sus mártires.

¡Hoy es día de luto para la España tradicional!

¡Oremos, pues, por esos valientes; oremos por nuestros hermanos!

¡Nobles compañeros que disteis vuestra generosa sangre en defensa de la más santa de las causas y por la verdadera libertad, descansad en vuestras tumbas!

Vuestra empresa, digna es de soldados de la Religión y del Trono.

La patria agradecida a tan sublime abnegación, os dedica el recuerdo que merecéis.

Vuestra sangre será semilla de nuevos entusiasmos y germen de nuevos campeones.

Cuando nosotros reclutas disponibles de nuestro Rey continuemos la obra que hace años emprendisteis, y con la ayuda de Dios el éxito corone nuestros esfuerzos, vuestra será la victoria.

Al dedicaros El Tradicionalista este Homenaje y recuerdo, creo que experimentará siquiera la satisfacción propia del que hace un bien; pues honrando vuestra memoria se cumple con un deber de hermanos y se honra a los valientes que murieron por Dios, su Patria y el Rey.


 Francisco Guerrero Vílchez        
Director de «La Verdad» (Granada).

viernes, 17 de febrero de 2017

Miguel Fernández Peñaflor, periodista tradicionalista

Tal día como hoy, el 17 de febrero de 1935, moría el antiguo y benemérito periodista católico, director que fue de El Correo Español, don Miguel Fernández, que firmaba sus trabajos con el pseudónimo de Miguel de Peñaflor.

Nació en Murcia, en 1877, de familia conocida por sus ideas católicas. Se hizo bachiller en el Instituto de Murcia. Su vocación por el periodismo le apartó de la Facultad de Medicina de Valencia, donde estudió dos años con gran brillantez, y marchó a Murcia, dónde se consagró al periodismo, dirigiendo La Semana Católica, y alternando en sus ocupaciones como profesor de Lengua en los Colegios de Segunda enseñanza de Nuestra Señora de las Mercedes y de San Antonio.

Los éxitos de La Semana Católica convirtieron a ésta en diario, con el título de El Correo de la Noche. Allí realizó formidables campañas en favor de sus ideales, campañas que se tradujeron en la fundación de un Círculo Católico de Obreros, del que Peñaflor fue el alma, auxiliado por los profesores del Seminario Conciliar de Murcia, don Antonio Muñera y don José María Molina, y el propietario murciano don Mariano Palarea.

Después, dio multitud de conferencias en Murcia y en los pueblos de la provincia, defendiendo la Causa Tradicionalista, fundando el Círculo Carlista de Murcia y contribuyendo a la organización de la Comunión en aquella región. Su palabra fácil, brillante, elocuentísima, era oída con verdadero entusiasmo, y los murcianos le eligieron concejal de su Ayuntamiento por gran mayoría de votos. Entonces era alcalde de Murcia D. Juan de la Cierva y Peñafiel, quien, al conocer los méritos del señor Fernández, trató en muchas ocasiones de llevarlo a su campo, sin conseguirlo.

Como escritor, es seguramente el que más produjo en el campo católico. pueden contarse por más de treinta mil artículos los que salieron de su pluma. Era el maestro de muchos periodistas que después honraron con sus firmas las columnas de los periódicos católicos de España.

Cuando llegó a Madrid, fue requerido para ocupar puestos de importancia en el periodismo; pero él, que vivió siempre consagrado a la defensa de los ideales católicos, no quiso escribir más que en las publicaciones de sus ideales.

En El Correo Español Peñaflor escribió durante mucho tiempo, alternando con Eneas (Benigno Bolaños), editoriales repletos de doctrina. El marqués de Cerralbo sentía verdadera admiración por el señor Fernández, y lo nombró director del órgano del carlismo. El Correo Español alcanzó en la época en que lo dirigió don Miguel Fernández las mayores tiradas, principalmente durante la guerra europea, en la que superó en número de ejemplares a todos los diarios que se publicaban en Madrid por la tarde.

Vázquez de Mella, muy amigo suyo, quiso que Peñaflor dirigiera la segunda época de El Pensamiento Español fundado por el ilustre escritor don Francisco Navarro Villoslada. Y ese periódico lo dirigió con gran acierto desde su reaparición hasta su muerte.

También escribió mucho en El Universo, en donde sustituyó a don Juan Menéndez Pidal, como subdirector, y los últimos años de su vida dirigió la agencia de información Prensa Asociada.

A los cincuenta y ocho años, y para demostrar que todavía era capaz de mucho, emprendió la carrera de Derecho, que terminó en dos años.

El gran Juan Vázquez de Mella quería y admiraba a Peñaflor como nadie, porque sabía de sus talentos, de sus virtudes y de sus renunciaciones. Los dos grandes hombres. Mella y Peñaflor, se comprendían y estimaban en lo que valían y eran, quizá sin proponérselo, espuela mutua de sus vidas admirables.

Peñaflor, hijo preclarísimo de la luminosa vega murciana, recibió un día el encargo de sus paisanos de llevar a Mella a Murcia, como mantenedor de unos juegos florales.

—Lo que usted quiera— le respondió don Juan a Peñaflor.

Mas llegó la fecha convenida, y Mella dio en la flor de resistirse, más que llevado de la pereza, como creían los miopes, de aquella vida intensa de trabajo interior que dialogaba con su espíritu prócer y fecundísimo.

—No puedo ahora... Estoy enfermo, fatigado...
—Pero, ¿cómo? —le dijo Peñaflor con aquella rudeza de varón de hierro que era su característica— ¿Es posible que usted me deje como informal ante mis paisanos? No, no puede ser. Les he dado palabra que iría usted, y por encima de todo, como sea, entero o en pedazos, en el tren o en una espuerta, usted va a Murcia... ¡Pues no faltaba más!... 

Y Mella, que en estos menesteres era capricho y débil como un niño, fue a Murcia.

Le acompañó Peñaflor, que por el camino le iba diciéndole:

—No crea usted, querido don Juan que con venir a Murcia está todo hecho. Es necesario que usted se supere a sí mismo, que los arrastre, que los ponga de pie en las butacas. De lo contrario, habrá usted fracasado en Murcia, que es tierra de poetas y de oradores insignes.
—Y ¿qué? —le preguntaron a Peñaflor con la curiosidad en carne viva— ¿Qué pasó?
—Pues que antes de los cinco minutos los murcianos estaban de pie, enloquecidos, magnetizados, por la elocuencia maravillosa del gran tribuno.

Tal fue, a grandes rasgos, la vida del insigne periodista católico, Miguel Fernández Peñaflor. Antes de morir, pidió que le administraran los Santos Sacramentos, que recibió con verdadera unción, y en sus últimos momentos, rodeado de su esposa y de sus hijos, no pensaba más que en recomendar a los suyos la defensa de sus cristianos ideales.

Momentos antes de morir, después de rezar fervorosamente el Rosario, sus labios pronunciaron esta frase, que habla con más elocuencia que muchos discursos: «Aprended, hijos míos, a morir cristianamente».

Fuentes:
El Siglo Futuro (17/02/1935)
La Lectura Dominical (23/03/1935)

domingo, 29 de enero de 2017

Historia de la prensa carlista

Hoy, día de San Francisco de Sales, Patrón celestial de los periodistas católicos, queremos acordarnos de todos los periodistas tradicionalistas de los siglos XIX y XX que pusieron sus plumas al servicio de Dios y de la Patria y dedicaron sus mayores esfuerzos y sus propias vidas al Ideal imborrable de la Tradición española, Tradición inmortal que los irreductibles de la Causa tres veces santa, como buenos hijos de la Iglesia y de España, seguimos defendiendo y defenderemos siempre a toda costa. Con su sacrificio en mente, reproducimos un artículo de Claro Abánades sobre la prensa tradicionalista aparecido en El Siglo Futuro en abril de 1935.

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia,
Patrón de los periodistas católicos

PRENSA TRADICIONALISTA

El Liberalismo entró en España en el siglo XVIII. Se le abrieron las fronteras y se introdujo en la política, en el campo, en las ciudades, en los hogares. Llevó la discordia a las familias. Sembró la cizaña en el pueblo. La paz, la fraternidad, el amor a la Patria, el apego a la Religión fueron faltando. España cayó en su mayor postración. Faltaban alientos, porque mató el error el fuego de las esperanzas y el consuelo de la fe. Quedó un grupo de hombres a quien no se le pudo arrancar ni la fe en los destinos de la Patria, ni la esperanza en el triunfo. Malandrines de la moral, renegados de su
Dios, asaltantes de alcázares y templos, saqueadores de honras, echaron, con su baba inmunda, una mancha a la gloriosa historia de un pueblo, que causó envidia y admiración al mundo.

Pero todo pasa ante la Verdad. Despojos, ruinas, escombros, miserias, fango, inmundicias, hojas secas que el viento distribuye por todas partes. Todo pasa. Y lo que no, ya pasará. Los tiempos se suceden. Las lecciones de la Historia muéstranse con singular elocuencia.

Se atacó a la Tradición, y la Tradición, con su vejez, con sus arrugas venerables, levanta su voz, y ostentando su estandarte dice a las generaciones:

—Soy inmortal. No muero nunca, Porque, si muriera, el Progreso caería herido de muerte. Yo sostengo en el rescoldo de la hoguera de las Revoluciones el hálito de vida de los pueblos. Entre el polvo de los castillos, entre las piedras calcinadas de los templos incendiados, entre el estrago de las falsas doctrinas, soy como el Fénix. Sin mi, la Civilización perecería. Sin mi espíritu no habría más que escorias muertas. Anciana soy, como una de las primeras obras de la Creación. Pero soy necesaria, porque soy la única destinada por Dios a dar juventud eterna a la obra de los hombres.

Así habla la Tradición a esta generación, del mismo modo que habló a las anteriores, de la misma manera como hablará a las venideras. Inmutable, seguirá desplegando sus banderas por los siglos de los siglos. Y triunfará y acabará por ser vencedora en las lides de la inteligencia y de la política, de la guerra y de la paz.

Para ello se ha servido de sus hombres, de los que nunca claudicaron entre los halagos del error. Para ello ha tenido en sus filas un ejército de abnegados, de mártires, de sabios y de santos. Para ello se esgrimió la espada. Para ello ha contado con quienes han movido su pluma defendiendo nobles ideales. Espadas sostenidas por manos en las que se reflejaban los latidos de un corazón generoso. Plumas que vertían por sus puntos esencias de verdades salvadoras.

Judíos, liberales, masones, regalistas, herejes, hombres sin Dios, incendiarios de iglesias, desamortizadores, volterianos, todos ellos volcaron sus odios, sus malas pasiones sobre los defensores de la Tradición en España. Pero éstos han sabido defender sus ideales en la plaza, en el Parlamento, en el campo de batalla y con sus denodados campeones de la Prensa. Prueba de ello es este SIGLO FUTURO, en el que se han sostenido batallas difíciles, logrando triunfos que pasarán a la historia, en la que puede figurar, señalado con piedra blanca, el de hoy, en que sale remozado, con todos los adelantos modernos, dispuesto a continuar luchando por Dios, la Patria y el Rey.



Ahí va una relación incompleta de los periódicos tradicionalistas de que tenemos noticia, en los que fueron propugnadas las redentoras doctrinas de nuestra Comunión: El Pensamiento de la Nación, de Madrid, fundado por Balmes en 1845. Su sabio fundador se propuso dar fin al pleito dinástico manteniendo la idea de casar a Doña Isabel con su Augusto primo Don Carlos Luis de Borbón y de Braganza.

La Reconquista, de Madrid. Fue su director Melgar, hacia el año 1868, en la época de la revolución que destronó a Doña Isabel.

El Pensamiento Español. Le dio vida el insigne novelista Navarro Villoslada, que aparecía ya como director del mismo en 1858. Se publicaba todavía, en los primeros meses de la guerra carlista que se inició el 1872, y los comentarios que hacía de las noticias del teatro de operaciones desconcertaban a la Prensa liberal. Este diario tuvo su segunda época en 1919, inspirado por el gran Mella y dirigido por Miguel Peñaflor.

El Padre Cobos, periódico satírico, muy difundido en España y codiciado en el extranjero en los años de su publicación (1854 a 1856). Entre sus redactores figuraron don Cándido Nocedal, Navarro Villoslada y Selgas.

La Regeneración, diario que llegó a dirigir, por el año 1870, don Antonio Aparisi Guijarro.

La Esperanza. Luchador infatigable del Tradicionalismo en los años que precedieron a la revolución septembrina. Fue suspendido, como toda la Prensa carlista, durante la guerra del 72 al 76. Don Pedro de la Hoz [lo fundó] para mantener la fe y el entusiasmo de los que [después de la Primera Guerra Carlista] se conservaron fieles a la Causa, para educar políticamente a la generación nueva y para convencer a los que hablan abrazado las ideas liberales del error que padecieron. Colaboraron Melgar, el conde del Pinar, don Juan Antonio Vildósola y otros cultísimos correligionarios.

La Restauración, periódico en el que Aparisi ostentó en sus artículos su indomable carácter y su amor a la Religión y a los principios que eran firmes cimientos de la sociedad española.

El Pensamiento de Valencia, diario dirigido también por Aparisi, y en el que colaboraron don León Galindo de Vera, el conde de Caltavulturo, don José Royo y «Fernán Caballero».

La Libertad Cristiana, que apareció al ser destronada. Doña Isabel, y en el que mostró las galas de su pluma y su fe en el Tradicionalismo el conde de Orgaz, presidente que fue del Centro parlamentario carlista en 1871 y 1872.

La Perseverancia, fundado en Zaragoza por don Bienvenido Comín hacia 1867.

El Legitimista Español, en el que en los días de la revolución de 1869 sostuvo brillante campaña de propaganda católico-monárquica don Cruz Ochoa y Zabalegui, uno de los mejores oradores en las Cortes de 1869 a 1873.

La Unidad. Diario que se publicaba en Oviedo en 1869, dirigido por don Guillermo Estrada, uno de los prohombres de la Comunión Tradicionalista, que, en la Prensa y en el Parlamento, llenó muchas páginas de su historia.

Altar y Trono. Revista de Madrid, fundada por don Antonio Juan de Vildósola en los años anteriores a la última guerra carlista, y en la que colaboró Melgar.

La Convicción, [fundado en Barcelona por Luis María de Llauder en 1870].

El Cuartel Real, órgano oficial del Carlismo de 1872 a 1876. Lo dirigió don Salvador Morales. Publicaba los partes oficiales de la guerra, principalmente de la campaña del Norte, y las Reales Ordenes y disposiciones de Don Carlos y de su Gobierno.

La Fe, periódico muy leído en toda España, después de la guerra, por ser el diario oficial de la Comunión Católico-monárquica. Fué dirigido por don Vicente de la Hoz y de Liniers y por Vildósola.

El Estandarte Real.— Ilustración político-militar (1889-90). Director, Francisco de Paula Oller. Se publicaba con preciosos fotograbados y dibujos de los mejores artistas.

El Correo Español.— Después de La Fe fue el portavoz del Augusto Caudillo Don Carlos de Borbón y Austria de Este. Sus directores fueron en distintas ocasiones don Luis María de Llauder, don Leandro Herrero, don Juan Vázquez de Mella, don Benigno Bolaños («Eneas»), don Salvador Morales y don Miguel Fernández («Peñaflor»).

EL SIGLO FUTURO.— De su larga historia y de las campañas que se dispone a realizar nada debemos decir. Hoy aparece remozado, y quiera Dios que sea el denodado campeón que pregone el triunfo definitivo de nuestra Causa en plazo brevísimo.

Desde la Restauración a nuestros días han sido muchos los diarios, semanarios y revistas que en distintas poblaciones, han visto la luz para formar en el disciplinado ejército del periodismo tradicionalista.

Recordamos los Siguientes:

El Papelito, de Madrid; El Intransigente, de Zaragoza; El Almogávar Leridano; El Pensamiento Galaico, diario de Santiago; El Amigo del Pueblo, de Barcelona; El Restaurador, de Tortosa; La Cruz, de Madrid, revista;  La Voz de Vizcaya, de Bilbao; Biblioteca Popular Carlista, de Barcelona; El Legitimista Español, de Buenos Aires; El Estandarte Católico, de santiago de Chile; El Centinela, de Burgos; El Pilar, de Zaragoza; El Intransigente, de Madrid; La Hormiga de Oro, de Barcelona, revista ilustrada; El Deber, de Olot: El Vigía de la Torre, de Molina de Aragón; El Criterio Católico, de Barcelona, diario; La Gacetilla, de Madrid; España, de Buenos Aires; Lo Crit de la Patria, Lo Crit d'Espanya y La Carcajada, de Barcelona; La Verdad, de Santander; El Basco, de Bilbao; El Correo de Guipúzcoa, de San Sebastián; El Loredán y La Avanzada, de Barcelona; El Correo de Tortosa; El Centro, de Valencia; La Bandera Española, de Córdoba; El Obrero, de Granada; El Alavés, de Vitoria; El Radical, de Sevilla; La Lucha, de Valencia; El Rigoleto, de Madrid; Ausetania, de Vich; La Bandera Regional, de Barcelona; Lau-Caru, de Bilbao; El Combate, de Jaén; El Libertador, de Úbeda; Laurac-bat y Betit-bat, de Bilbao; El Norte Andaluz, de Jaén; El Correo de la Provincia, de Tarragona; La Comarca Leal, de Vich; El Nuevo Cruzado, de Barcelona; La Lealtad Navarra, de Pamplona; Juventud Carlista, de Madrid.

En 1912 fundó el que esto escribe, en compañía de beneméritos escritores de la Comunión, El Combate, del que no se publicó más que un número porque dificultades legales no lo consintieron. En sustitución apareció un semanario ilustrado que mereció por el Augusto Caudillo de la Tradición ser declarado órgano de nuestras Juventudes. La nueva publicación fue Juventud Tradicionalista. Con ella se consiguieron magníficos éxitos, y gracias a ella y a los que la redactábamos se organizaron grandiosos actos de propaganda en Madrid y en algunas ciudades y pueblos de Castilla. A la sazón había en España, entre otros, los siguientes periódicos, defensores de nuestro Credo:

DIARIOS: El Correo Español, Madrid; El Correo Catalán, Barcelona; Diario de Valencia; El Correo del Norte, San Sebastián; El Correo de Zamora; El Pensamiento Navarro, Pamplona; El Salmantino, Salamanca; El Correo de Galicia, Santiago; El Correo Leridano; El Norte, Gerona; El Principado, Gijón.

BISEMANARIOS: El Restaurador, Vigo.

SEMANARIOS: La Voz de la Tradición, Barcelona; Aurrerá, Bilbao; El Tesón Aragonés, Zaragoza; La Bandera Regional, Barcelona; El Jaimista, Vitoria; El Cruzado, Mondoñedo; El Cruzado de Castilla, Palencia; El Radical, Marchena; La Verdad, Granada; La Defensa, Elche; El Radical, Orense; El Maestrazgo, Castellón; La Reconoquista, Tarragona; El Castell Bergadá, Berga; Ausetania, Vich; El Porvenir, Toledo; La Defensa, Gerona; El Radical, Reus: La Tradición, Tortosa; El Requeté, Coruña; Lealtad Riojana, Haro; Tierra Hidalga, Burgos; El Conquistador, Orihuela.

MENSUAL: Vademécum del Jaimista, Barcelona; España, Buenos Aires.

Esta es, en síntesis, la relación de los luchadores de la Prensa. Periódicos todos de limpia historia, enemigos de campañas innobles, campeones de la verdadera libertad, francos, leales a sus principios, incapaces de venderse al oro liberal. Y como los periódicos, los periodistas.

La Tradición es una cantera inagotable. Sus materiales son de la roca viva de la Verdad y de la Historia, Los artífices, los que trabajan esos materiales, han sido y son los mantenedores de la Justicia, los que han consagrado vigilias y vigilias a mojar su pluma en el sacrificio, sin importarles las persecuciones, multas, cárceles, destierros. Han vivido en pleno ambiente de oposición. No han buscado destinos ni han querido prosperar en un régimen liberal, ni han pretendido sinecuras. La mayor parte murieron como buenos soldados, al pie de su trinchera, como si la pluma fuera el cañón que les defendiera de sus adversarlos.

Balmes, Donoso, Vildósola, Navarro Villoslada, La Hoz, Herrero, Bolaños, los Nocedales, Mella, Melgar, Selgas, Aparisi y Guijarro, «Fernán Caballero», Pereda, Cruz Ochoa, Estrada, Morales, Sánchez Asensio, Botella, «Peñaflor», Yáñez... Esos nombres son bastantes para acreditar la limpia historia del periodismo tradicionalista. Los más murieron pobres. Todos ellos acabaron su vida con la satisfacción del deber cumplido para con su Dios y para con su España.

Dejaron una estela de glorias. Sembraron el campo de la política de buenas semillas. Y el fruto no se hará esperar.

Otros más, muchos más ocupan hoy puestos en las avanzadas de la Prensa católico-monárquica. Sabrán imitar las virtudes y procurarán seguir las enseñanzas de los maestros. Porque «per in secula seculorum» y en el entender de que ¡Dios no muere!, los nuevos cruzados del pensamiento español continuarán manejando sus plumas, a la vez que nuestros grandes oradores convencerán a las multitudes de que ni la Religión ni la Patria se pueden salvar si no nos colocamos todos bajo los pliegues de la redentora bandera de la Tradición.

CLARO ABÁNADES

El Siglo Futuro (22 de abril de 1935)

Don Claro Abánades (1879 - 1974)

Después del artículo de Abánades, las posteriores páginas de El Siglo Futuro describen la trayectoria de los siguientes periódicos tradicionalistas activos en 1935:

El Pensamiento Navarro, de Pamplona; El Pensamiento Alavés, de Vitoria; El Correo Catalán, de Barcelona; La Unión, de Sevilla; La Constancia, de San Sebastián; La Croada, de Barcelona; Frohsdorf, de Barcelona; Lealtad Riojana, de Logroño; El Correo de Tortosa; Diario de Jerez; Eco de Jaén; Tradición, de Santander; Tradición Astur, de Gijón; Mi lectura, de Tolosa; Boletín de orientación tradicionalista; La Independencia, de Almería; Seny, de Manresa; Patria, de Villacarrillo; Ausetania, de Vic; España, de Las Palmas; La Tradición, de Tortosa; a.e.t., de Pamplona; Espanya Federal, de San Feliu de Llobregat; Rubricata, de Olesa de Montserrat; El lunes, de Zaragoza; El Tradicionalista, de Valencia; Joventut, de Valls; Terra Ferma, de Lérida; Boinas Rojas, de Aguilar de la Frontera.

Véase también nuestra relación de periódicos carlistas digitalizados y la obra Apuntes bibliográficos de la Prensa Carlista (1917), de José Navarro Cabanes.

lunes, 23 de mayo de 2016

Cervantes no fue liberal


«Si tu genio inmortal que subyugara
con tu historia sin par al mundo un día
la cabeza, ¡oh CERVANTES! levantara,
y a ESPAÑA contemplara
sin honra, sin decoro ni hidalguía,
presa de horrible confusión y espanto
al sepulcro de nuevo descendiera
vertiendo amargo y abundoso llanto...»
Vicente de Vallivana, oda a Cervantes

Ilustración que muestra a Miguel de Cervantes combatiendo en Lepanto
tomada del diario ABC

El democratismo liberal festeja este año el centenario de Miguel de Cervantes, el autor inmortal del Quijote; de ese libro que es, sin ningún género de duda, el más inapreciable tesoro que posee la literatura castellana; de esa joya nacional cuyo valor, traspasando los límites fronterizos, ha llegado a causar la más grande de las admiraciones a todos los pueblos civilizados. Lo cual no deja de ser la más absurda de las pretensiones, el error más craso y la más descabellada de las ideas. ¿Por qué? Por la sencilla razón que vamos a exponer.

Miguel de Cervantes, franciscano seglar
¿Quién fue Cervantes? Una genuina representación del verdadero pueblo español. Su intachable honradez no hay quien la ponga en duda; su amor a la patria lo demostró en miles y miles de ocasiones, y sobre todo en la nunca bien ponderada batalla que en las aguas de Lepanto cubrió de inmarcesible gloria las armadas españolas; su acrisolada lealtad puede apreciarse en la narración que él mismo nos hace del cautivo del Argel en su inmortal obra, cuyo protagonista es él en persona, aunque lo encubra con los pliegues del misterio; su inquebrantable fe queda patentizada evidentemente en todos los actos de su vida y en particular en el sublime hecho de profesar en la venerable Orden Tercera de nuestro Padre el Santo Patriarca de Asís y de ordenar antes de exhalar el último estertor de la agonía que le enterrasen con el hábito puesto...

¿Qué nos enseñó, no solamente con sus escritos, sino con sus hechos? Que profesáramos un amor grande, un amor inmenso, un amor sin mezcolanza de ningún género a Dios, porque su religión es la que nos enseñaron nuestros padres y la que profesamos convencidos de que es la verdadera; a la Patria, puesto que tenemos la dicha de haber nacido en una nación que, con su manto de gloria, cubrió la faz del sol; y al Rey, porque es estricta obligación de todo buen vasallo, de todo súbdito leal sacrificarse en aras de sus intereses, que son los nuestros propios, de defenderlo donde quiera que la ocasión se nos presenta.

Silueta
Hoy celebra toda España,
de Cervantes centenario,*
unánime y merecida
la ovación que tributamos.
La Patria que honra el talento
merecedora es de aplausos;
más ciencia y menos política
es lo que necesitamos.
Escuelas, y no tabernas;
en vez de caciques, sabios;
y al obrero procurarle,
que tenga pan y trabajo.
Homenajes a porfía
a los que logran ganarlos;
Cervantes nos da el ejemplo
su nombre inmortalizando.
Afán de Rivera

Esta entrada se basa en el artículo «Cervantes no fue liberal»,
publicado en La Verdad, Granada, 8 de mayo de 1905

* El poema original dice: "del Quijote el centenario"

jueves, 17 de diciembre de 2015

CL Aniversario de D. Pedro de la Hoz, pionero del periodismo tradicionalista

Se cumple hoy el 150 aniversario de la muerte de D. Pedro de la Hoz, director que fue del periódico LA ESPERANZA (1844-1874), considerado el principal ariete de la España católica y contrarrevolucionaria, que llevaría por subtítulo periódico monárquico y fue fundado para defender la Santa Religión Católica y la monarquía tradicional una vez acabada la Primera Guerra Carlista.

En LA ESPERANZA, que fue órgano oficioso del carlismo y el diario de mayor circulación en España durante la década de 1850, escribió su director numerosos artículos durante veinte años, sirviendo como ejemplo a seguir para los abundantes y brillantes periódicos y redactores tradicionalistas que aparecerían a partir de la nueva agitación liberal de la Revolución de Septiembre de 1868.

D. Pedro de la Hoz fue además autor de los manifiestos que firmó María Teresa de Braganza, viuda de Carlos V, como la Carta a los españoles de septiembre de 1864, en la que acusaba a quienes «se dicen católicos» de aceptar «como fundamento social el fantasma de la opinión pública».

La siguiente reseña biográfica, que extraemos del artículo que le dedicara José María Carulla con motivo de su muerte, omite la destacada militancia carlista de D. Pedro de la Hoz —un secreto a voces— al estar prohibida la significación legitimista durante el reinado de la llamada Isabel II:

Reseña biográfica de D. Pedro de la Hoz (1800-1865)

El Sr. D. Pedro de la Hoz nació en Espejo, provincia de Córdoba, el día 17 de mayo de 1800. Fueron sus padres D. Vicente, corregidor de varias villas y ciudades, como también caballero maestrante de Ronda, y doña María Tecla de la Torre. Restituidos a los pueblos de Penagas y Anaz, de la provincia de Santander, de donde eran respectivamente naturales, pasó en 1808 al colegio de Escolapios de Villacarriedo, en el cual hizo sus primeros estudios, saliendo de allí para la universidad de Valladolid, en la que cursó jurisprudencia.

Seducido por las ideas liberales que a la sazón reinaban ya en las universidades y academias, abrazolas con inexperiencia, siendo nombrado en su virtud secretario del gobierno político de León, y después de otras provincias. A tener entonces los veinticinco años que la ley exigía, hubiera desempeñado la jefatura política.

Ya en 1822 comprendió la impotencia a que se hallaba reducida la autoridad bajo el régimen parlamentario. Su conversión a las sanas doctrinas fue un hecho poco después, cuando, unido en matrimonio con una hija del valerosísimo general Liniers, muerto en defensa de su Rey, observó, por la lectura de los periódicos extranjeros, la prepotencia que la Revolución había logrado en el imperio vecino.

Desde ella no faltó ni en un ápice a la gloriosa causa de la monarquía. Pareciéndole muy bien al Monarca algunos de sus escritos, fue nombrado, sin saberlo. Director de la Gaceta de Madrid. En 1831 se le designó para la fiscalía general de correos, a cuyo cargo estaban anejos los honores y antigüedades del extinguido Supremo Consejo de Hacienda.

Fallecido Fernando VII, dimitió el cargo, a pesar de las vivas gestiones de casi todos los nuevos ministros para que lo conservase. Previendo que no podrían contener las ideas revolucionarias, aun cuando quisieran, lo renunció, y con él a un porvenir brillante, a trueque de no ponerse en contradicción con sus últimos actos, y deshonrarse políticamente. Pasó después al extranjero, volviendo en 1840, y fijando su residencia en Burgos, donde se dedicó con gran éxito al ejercicio de la noble profesión que tiene por objeto pedir justicia.


Ofreciósele algunos años después la Dirección de LA ESPERANZA, que iba a publicarse desde el 10 de octubre de 1844, y no quiso aceptarla por tener quebrantada la salud; mas al fin juzgó conveniente acceder a las nuevas instancias que le hicieron los co-fundadores del periódico. Este atestigua lo que ha sido su vida posterior.

Director de LA ESPERANZA, consagrose a ella con una fe verdaderamente inextinguible y con un ardor verdaderamente infatigable. Para saber lo que fue el periódico, pueden leerse los elogios que tributaron a LA ESPERANZA los mismos liberales, a pesar de que éstos rara vez hacían justicia a sus adversarios. La Patria, diario al cual LA ESPERANZA combatió con frecuencia enérgicamente, consignó en su número del sábado 16 de diciembre de 1865 las siguientes palabras:

Un periódico se publica en Madrid muy importante, ya por ser el decano de la prensa de la corte, ya por consecuentísimo en la predicación de sus doctrinas, y por hábil hasta lo sumo, al atravesar las mas difíciles circunstancias, sin plegar nunca su bandera. Dirigido por un hombre de gran capacidad y de experiencia consumada, y de espíritu y corazón de buen temple, para no ceder a temores, ni dejarse nunca tentar por halagos, siempre fue y va a su objeto en derechura; y así se ha granjeado legítimo ascendiente y grande respetabilidad entre los que profesan sus opiniones.
Este periódico se llama La Esperanza; D. Pedro de la Hoz es su Director inteligente y dignísimo de todo elogio, por cuya salud elevamos nuestras plegarias al cielo. Con adversarios de esta categoría es honroso medir las armas, según buena ley de caballería, sin que lo cortés quite a lo valiente, y aspirando a la victoria, no con vocerío de palabras, sino a fuerza de sólidas razones.


Calle del Pez n.º 6 de Madrid, lugar en el que tuvo sus oficinas el periódico LA ESPERANZA hasta ser clausurado por Francisco Serrano en enero de 1874.

Mientras infinidad de períódicos, principalmente liberales, dejaron de publicarse, no obstante la protección de todo género que recibían, LA ESPERANZA subsistió robusta y prepotente, a pesar de las recias sacudidas de todo linaje asestadas contra ella. La gloria de tal resultado correspondió entera por riguroso derecho al Sr. D. Pedro de la Hoz, que dirigió el periódico desde su fundación.

Que el Sr. D. Pedro de la Hoz aceptase en 1844 la dirección de LA ESPERANZA, es cosa que no debe maravillarnos. Aunque su salud ya se había entonces grandemente resentido, se hallaba, sin embargo, en el pleno de su energía intelectual, pudiendo, por consiguiente, dedicarse con ahinco a las tareas de su nueva misión, tan importante como delicada. Lo asombroso y digno de loa es que persistiese en dirigirla a los sesenta y cinco años de edad, cuando sus fuerzas se iban extinguiendo por instantes, Algunos do sus amigos, considerando que la enfermedad le tenía sumamente débil, y viendo que Dios le había hecho merced de un hijo, continuador de su preclara inteligencia, de su buen criterio, y de su fe ardorosa, le proponían con frecuencia que la dejase, o al menos que se ciñese a lo puramente preciso para su marcha. Jamás pudieron conseguirle. No satisfecho aun, ocupábase también en recibir a los que venían con el objeto de conocerlo; en responder a los que lo consultaban sobre innumerables asuntos políticos y de diversa índole; en meditar una obra de Religión que por su muerte no pudo publicarse; en dirigir la educación de su familia; en atender, para concluir, a esos héroes cuyo elogio no puede hacerse por falta de palabras bastante expresivas, que, a trueque de conservar inmaculado su honor, sufrieron toda clase de privaciones, renunciando a toda suerte de comodidades.

Alguna vez pensó seriamente en trasladarse al Escorial, a fin de terminar allí sus días, entregado a la meditación de las eternas verdades. No puso en práctica su pensamiento. Además de sus dolencias habituales, impedíanselo su amada familia que no quería desatender, LA ESPERANZA, de que no quería prescindir, y la comunión monárquico religiosa, que no quería por ningún concepto abandonar.

Poco antes de morir trabajaba, si cabe, con más celo y satisfacción que en años anteriores. Es que veía confirmadas sus opiniones políticas de la manera más absoluta. Veía completamente desacreditado el orden de cosas que constantemente impugnó; veía que los hombres de buena fe que lo habían sostenido se agrupaban denodadamente alrededor de su bandera inmaculada; veía en lontananza a los nuevos Constantinos que han de regenerar a nuestra desdichadísima patria; veía, en fin, cercana o inevitable la realización de sus dulces consoladoras esperanzas.

Extraído en su mayor parte del artículo que le dedicó con motivo de su muerte José María Carulla en LA ESPERANZA (18 de diciembre de 1865)

(...) nunca más que hoy ha sido conveniente que permanezca inhiesta la bandera de LA ESPERANZA (...)
(...) Dos cosas, únicamente, son las que debo recomendarte y te recomiendo. Una, la de que perseveres hasta la muerte en la defensa de nuestra Santa Religión; y otra, la de no faltar nunca a las prescripciones del honor. (...)
(...) Como católico sabes no te es permitido sino repeler la fuerza con la fuerza, y eso cuando no está a mano la autoridad para acudir a ella. (...)
De la carta de D. Pedro de la Hoz a su hijo, D. Vicente de la Hoz y de Liniers.


Obras relacionadas:

martes, 15 de septiembre de 2015

Santísima Virgen de las Angustias, patrona de Granada


La Virgen de las Angustias
Excelsa patrona de Granada


Lo que es el cielo con el sol, la concha con la perla, el joyel con el diamante, la rosa con el rocío, la paloma con el ramo de olivo, el árbol con el fruto de bendición, eso es Granada para la Virgen de las Angustias estrella de este reino, luz de nuestra historia, blasón de nuestro solar, vaso de bálsamo en las aflicciones de la vida, báculo en los decaimientos del corazón, nido de nuestros amores, piscina misteriosa de salud, fuente de aguas vivas, ornamento de nuestra región y objeto del cariño de los granadinos.

Sí, más que el azul de nuestro cielo, y la feracidad de nuestras campos, y la templanza de nuestro clima; y la hermosura de nuestra vega, y la belleza de nuestra Sierra Nevada, más que la inspiración de nuestros artistas, y el genio de nuestros literatos, y la honradez de nuestros campesinos, y la grandeza y generosidad de nuestros magnates; más que todo esto, honra a Granada el poseer la imagen de la Virgen de las Angustias, compendio de todas nuestras glorias patrias y honor de nuestro pueblo.

Contemplemos el rostro de dicha imagen, mezcla indefinible de amor maternal, de celestial ternura, de melancolía toda divina, flor inclinada hacia nosotros, recibe los rayos del sol, nos brinda con el lirio de la paz, y cual de una rama exhuberante de vida, está enseñándonos el fruto de sus entrañas virginales, estuvo pendiente de la cruz; en su regazo, como diciéndonos que en este valle de miserias, en este mundo de siglos que se sucede, de generaciones que pasan de tronos que desaparecen, de imperios que se desmoronan, de grandezas que se anonadan, de bellezas que se marchitan, de amores que se olvidan y de ingratitudes que destrozan el corazón, el hombre debe buscar en María un lenitivo a sus dolores, un consuelo en sus tribulaciones, un amparo en sus amarguras, que es Madre de todos, pues todos somos desgraciados; que somos la generación espiritual de aquel Hijo suyo, inocente más que Abel, varón de dolores, ludibrio y escalado de la humanidad; de Aquel que un día se vio desamparado de los hombres y de Dios, de amigos y enemigos, de propios y extraños, de la tierra y del cielo.

Ése es el libro celestial en el que aprendieron resignación y dolor tantos desgraciados que acompañados de la imagen venerada de la Virgen; Ella, la ilustre capitana que dirige el brillante escuadrón de los soldados de Jesús que un día moraron en esta tierra y hoy son ciudadanos de la gloria.

Las virtudes, las ciencias y las artes forman la corona de esta madre Inmaculada, a Eporo de los que sufren y remedio de los que padecen, planta mística que alimentada en nuestro suelo ha embalsamado la atmósfera de piedad, dispensándonos tantos dones de naturaleza y gracia y siendo para nosotros manantial fecundo de inefables consolaciones.

Por eso en el sagrado recinto de su templo siempre se ora, se espera, se pide; allí, en aquel lugar, precioso invernadero que guarda esa mística flor, la paz vuelve a los corazones; allí, en aquel sitio testigo presencial de las bondades de la Señora; la opresión desaparece del espíritu; allí, en la real capilla, mudo centinela de tan rico tesoro, se dispensan mercedes a manos llenas, y casi nunca queda interrumpido el culto a la Virgen, ese culto que es un dogma augusto que la fe nos enseña y la razón persuade, que el sentido común acredita y la conciencia universal atestigua; ese culto que la historia sanciona y los siglos perpetúan, que los sabios defendieron y cantaron los poetas; ese culto, en fin, que inmortalizaron con su inspiración los artistas y sellaron con su sangre los mártires; ese culto que lleva al alma la esperanza, considerando que esa Madre nuestra es también Madre de Dios.

Ojalá, pues, no acabe nunca el fervor y devoción con que la ensalzan a todas horas los hijos de este pueblo; que no desaparezca jamás, sino que aumente la fe y piedad con que la saludan tantas generaciones, pueblo inmenso como las arenas del mar. No termine nunca esa protección que nos ha dispensado siempre la Virgen, acompañándonos en todas nuestras glorias, llenando las secciones todas de nuestro Parnaso, estando en nuestros campos de batalla y tendiéndonos mano cariñosa en los momentos de prueba y aflicción.

Su intercesión poderosa, como de Reina, y bondadosa, como de Madre, no cesará en favor nuestro si la imitamos, ya que ha sido dada a los católicos primeramente por ejemplo, después y para siempre como abogada.

Como la mariposa que ya de flor en flor buscando la miel que la ha de alimentar, así nosotros acerquémonos a esa flor del campo de la Iglesia, saboreemos el fruto de sus virtudes, corramos tras los perfumes de sus ejemplos, y contra el huracán del mundo de la revolución y el viento abrasador de las pasiones, busquemos la sombra de la protección de Nuestra Excelsa Patrona la Virgen de las Angustias.



La Verdad: periódico tradicionalista (Granada, 27 de septiembre de 1925)

martes, 9 de junio de 2015

La Catedral de Córdoba no es una mezquita

Cuando hoy oímos a la «presidenta» de la «Junta de Andalucía», Susana Díaz, hablar con desparpajo y desvergüenza de expropiar a la Iglesia nada menos que una catedral, la indignación de todo español bien nacido y de todo fiel católico es lógica y natural.

Sabido es que no existe para los socialistas más dios que Mammón, por lo que no nos cuesta mucho divisar las razones recaudatorias que se hallan detrás de la iniciativa para expropiar la Catedral. Sin embargo, para comprender como es posible que algunos semi-analfabetos repitan sin rubor las consignas del gobierno socialista de que la Catedral es en realidad una mezquita mahometana, tenemos que volver la vista atrás a los años de confusión posteriores al Concilio Vaticano II, en los que empezó a convertirse en norma —y sigue siéndolo hoy— todo tipo de sacrilegios y de escándalos en las iglesias.

En este proceso de derrumbe de la Iglesia desde dentro nunca faltaron paladines de la Tradición, como don Rafael Gambra, que supieron poner los puntos sobre las íes. Reproducimos abajo el escrito que este gran pensador tradicionalista dirigiera al director de «El Pensamiento Navarro» sobre el anuncio de este mismo periódico (por parte de un colaborador poco ortodoxo) del acto sacrílego que iba a producirse (y finalmente se produjo) en la Catedral de Córdoba.

La expropiación, en caso de llevarse a cabo, será la culminación de un proceso iniciado en los años 60 del que no cabe echar todas las culpas al PSOE, pues en 1974 su influencia en la vida pública española era nula.

La Catedral de Córdoba


¿Profanación sacrílega en la Catedral de Córdoba? 
Carta abierta al director de «El Pensamiento Navarro»

Querido Director:

Días atrás apareció en estas mismas páginas un escrito de don José Cabezudo Astrain dando cuenta de que el próximo 13 de septiembre tendrá lugar un acto religioso musulmán en la catedral de Córdoba. (Sabido es que acostumbra a llamarse a ese templo catedral-mezquita en razón de que, cuando fue conquistada Córdoba por Fernando III e1 Santo en el siglo XIII, se decidió aprovechar la mezquita de la ciudad para elevar en su centro la catedral cristiana a modo de símbolo del triunfo de la Cristiandad sobre el Islam. Pero desde hace setecientos años ese templo es catedral católica.)

El escrito que comentamos presentaba el hecho como algo puramente anecdótico o pintoresco, términos absolutamente inadmisibles para un creyente católico, a menos que la intención de su autor fuera provocar una reacción en el pueblo fiel con el solo anuncio del proyecto.

Ignoro la intención del señor Cabezudo Astrain y, por lo tanto, no puedo juzgar el sentido de su escrito. Ignoro también —puesto que la referencia me viene a través de ese escrito— si la cosa será tal como él la presenta, ya que cabe estuviera mal informado.

Lo que sí sé es que, si el proyecto es tal como ese escrito lo presenta, se tratará pura y simplemente de una profanación sacrílega. Y no variará esta condición el que se arrope el hecho en motivos "ecumenistas" o "pluralistas" o "evolutivos". Tampoco lo variará —antes lo agravará enormemente— el que tal hecho vaya a realizarse con permiso del Obispo de la Diócesis.

Porque profanación de un templo es dedicarlo a fines distintos al culto divino, y esta profanación es sacrílega cuando esa otra finalidad es —sin previa desacralización— adorar a dioses falsos. Los cristianos que nos precedieron en diversas edades, y principalmente en los primeros siglos del cristianismo, dieron su vida en horribles tormentos por negarse a adorar a dioses falsos: y la Iglesia los declaró santos (no "ultras"). Y eso que ellos hubieran tenido la atenuante del miedo invencible.

Permitir que en un templo catedralicio católico se rinda pública adoración a un dios falso es en quienes lo permiten —y aun en quienes de algún modo puedan evitarlo— un acto de prevaricación.

Ruego a usted, por lo mismo, invite al autor de aquel escrito a aclarar a sus lectores qué sentido otorgaba al mismo, expresando públicamente su posición ante el hecho. Y si el hecho es tal como el señor Cabezudo Astrain lo presenta, que el señor Obispo de Córdoba explique de qué manera no será él autor o cómplice de un horrendo sacrilegio agravado con el carácter de escándalo público. Créame siempre su buen amigo y colaborador,

Rafael Gambra
El Pensamiento Navarro (24/08/1974)

martes, 28 de abril de 2015

Prensa carlista histórica digitalizada




HEMEROTECA TRADICIONALISTA

Periódicos carlistas digitalizados hasta la fecha (las fechas indican el periodo digitalizado, no necesariamente coincidente con la vida de los periódicos)
Haga clic en los títulos para acceder a su contenido digital.


Órganos oficiales u oficiosos del Carlismo:

  • La Esperanza (Madrid, 1844-1874)
  • El Correo Español (Madrid, 1890-1921)
  • El Cruzado Español (Madrid, 1929-1932) *
  • El Siglo Futuro (Madrid, 1875-1936) *
  • El Pensamiento Navarro (Pamplona, 1938,1939,1972)


  • Periódicos realistas (pre-carlistas):

  • Prensa realista de la Guerra de la Independencia (1809-1815)
  • El Procurador general del Rey (Madrid, 1822-1823)
  • El Restaurador (Madrid, 1823-1824)

  • Publicaciones carlistas de guerra:

  • El Cabecilla (Madrid, 1882-1890)
  • La Carcajada (Barcelona, 1891-1892)
  • Lo Mestre Titas (Barcelona, 1897-1900)
  • El Fusil (Madrid, 1899-1912)


  • Periódicos carlistas durante el Sexenio Revolucionario:

  • El Pensamiento Español (Madrid, 1860-1874)
  • El Mundo (Madrid, 1874)
  • El Papelito (Madrid, 1868-1871)
  • La Regeneración (Madrid, 1860-1873)
  • El amigo verdadero del pueblo (Segovia, 1868-1870)
  • Altar y Trono: revista hispano-americana (Madrid, 1869-1872)
  • Los Macabeos (Salamanca, 1869)
  • ¡¡España con Honra!! (Salamanca, 1869-1870)
  • El Eco del Bruch (Manresa, 1869-1872)
  • El Leal Maestrazgo (Castellón, 1871)
  • El Rayo (Gerona, 1871-1872)
  • La Convicción (Barcelona, 1871-1873)
  • El Nuevo Pelayo (Barcelona, 1872-1873)
  • La Reconquista (Madrid, 1873)


  • Periódicos tradicionalistas catalanes:

  • El Correo Catalán (Barcelona, 1917, 1919)
  • La Voz Ampurdanesa (Figueras, 1888)
  • Semanario de Figueras (Figueras, 1890) *
  • Lo Crit d'Espanya (Barcelona, 1890)
  • La Comarca Leal (Vich, 1892-1894)
  • El Loredán (Lérida, 1896)
  • L'Almogàver (Lérida, 1908)
  • El Correo Leridano (Lérida, 1908)
  • El Radical (Lérida, 1913)
  • El Estandarte Católico (Tortosa, 1898-1900)
  • La Libertad (Tortosa, 1901-1903)
  • La Tradición (Tortosa, 1911-1919)
  • El Restaurador (Tortosa, 1908-1920)
  • Correo de Tortosa (Tortosa, 1882-1936)
  • El Baluarte (Gerona, 1893-1896)
  • La Bandera Blanca (Gerona, 1901)
  • El Tradicionalista (Gerona, 1904-1909)
  • La Defensa (Gerona, 1910-1911)
  • El Norte (Gerona, 1910-1923)
  • El Eco de Gerona (1923-1928)
  • Boletín mensual de la Juventud Tradicionalista de Gerona (Gerona, 1927-1928)
  • Lealtad (Gerona, 1934)
  • El Radical (Reus, 1912-1913)
  • La Tradició catalana (Olot, 1926-1928)
  • La Atalaya (Tarragona, 1902-1904)
  • La Reconquista (Tarragona, 1907-1924)
  • El Estandarte (Igualada, 1908-1910)
  • Llibertat (Igualada, 1915-1930)
  • L'Amic del Poble (Manresa, 1913-1918)
  • Butlletí del Círculo Tradicionalista (Tarrasa, 1925-1934)
  • Renovació (Tarrasa, 1928-1931)
  • La Fita (Sitges, 1926-1931)
  • Joventut per la Fe i per la Pàtria (Valls, 1919-1936)
  • Terra Ferma (Lérida, 1932,1936)
  • Espanya Federal (San Feliu de Llobregat, 1931-1936)


  • Periódicos tradicionalistas vascos y navarros:

  • El Alavés (Vitoria, 1887-1898)
  • La Lealtad Alavesa (Vitoria, 1907)
  • El Tradicionalista (Pamplona, 1886-1893)
  • La Lealtad Navarra (Pamplona, 1889-1897)
  • El Cántabro (Tolosa, 1893-1897)
  • El Basco (Bilbao, 1886-1897)
  • El Norte (Bilbao, 1906)
  • Tradición Vasca (Bilbao, 1908-1911)
  • ¡Aurrerá! (Bilbao, 1911-1924)
  • El Jaimista (Vitoria, 1911-1912)
  • El Correo de Guipúzcoa (San Sebastián, 1899-1912)
  • El Correo del Norte (San Sebastián, 1901,1912-1916)
  • El Jaimista (Pamplona, 1916)
  • A. E. T. (Pamplona, 1934)
  • El Pensamiento Alavés (Vitoria, 1932-1945) *
  • La Constancia (San Sebastián, 1903-1936) *
  • La Voz de España (San Sebastián, 1936-1937) *


  • Periódicos tradicionalistas valencianos:

  • La Lealtad (Valencia, 1881)
  • El Centro (Valencia, 1886)
  • El Regional (Valencia, 1897)
  • La Plana Católica (Castellón, 1886)
  • El Tradicionalista (Castellón, 1895)
  • El Maestrazgo (Castellón, 1916-1917)
  • Diario de Valencia (Valencia, 1911-1933) *
  • La Margarita (Orihuela, 1893-1894)
  • El Conquistador (Orihuela, 1910-1919)


  • Periódicos tradicionalistas baleares:

  • El Tambor (Palma de Mallorca, 1885-1887)
  • El Suplemento (Palma de Mallorca, 1891-1895)
  • La Tradición (Palma de Mallorca, 1897-1900)
  • El Centinela (Palma de Mallorca, 1887-1891)
  • El Clamor (Palma de Mallorca, 1911)
  • Cruz y Espada (Ciudadela de Menorca, 1910-1913)


  • Periódicos tradicionalistas gallegos:

  • El Pensamiento Galaico (Santiago de Compostela, 1888,1890)
  • El Pensamiento Gallego (Santiago de Compostela, 1896-1897)
  • El Pensamiento de Galicia (Santiago de Compostela, 1900)
  • El Cruzado (Mondoñedo, 1912)
  • Patria (Pontevedra, 1915)


  • Periódicos tradicionalistas del resto de España:

  • La Verdad (Granada, 1899-1941)
  • El Católico (Madrid, 1840-1854)
  • La Fé (Madrid, 1879)
  • La Cruz de la Victoria (Oviedo, 1886) *
  • La Tradición (Salamanca, 1886)
  • El Legitimista (Valdepeñas, 1888-1891)
  • La Cruz de Sobrarbe (Barbastro, 1896-1900)
  • La Voz de Granada (Granada, 1896)
  • La Fidelidad Castellana (Burgos, 1886-1890)
  • La Lealtad (Ciudad Rodrigo, 1897)
  • El Amigo del Pueblo (Segovia, 1896-1898)
  • El Porvenir (Toledo, 1905-1918)
  • El Salmantino (Salamanca, 1907-1919)
  • El Principado (Gijón, 1909-1913)
  • El Correo Extremeño (Cáceres, 1914)
  • Tierra Hidalga (Burgos, 1916-1918)
  • La Campana (Mula, 1932)


  • Publicaciones carlistas semiclandestinas durante el Franquismo:

  • AET: boletín de información de la Comunión Tradicionalista en Cataluña (Barcelona, 1943)
  • AET: órgano de la Secretaría Nacional (Madrid, 1946-1948)
  • Boletín de información de las Juventudes Carlistas de España (1943-1946)
  • Boletín de orientación (1944-1945)
  • Guía (1945)
  • Tiempos críticos (1943-1958, 1968)
  • Por Dios, por la Patria y el Rey (Navarra, 1944, 1945)
  • Guerrilla (Tortosa, 1946, 1948)
  • Requeté (Gerona, 1953)
  • Adelante Requeté (Barcelona, 1945)
  • Requetés (Barcelona, 1947-1949)
  • Boletín oficial de los Requetés de Cataluña (Barcelona, ca. 1948)
  • Boletín de información del Principado (Barcelona, 1950)
  • Pelayos (Barcelona, 1950-1953)
  • Margaritas: cruzada de la mujer carlista (Barcelona, 1955-1957)
  • Centinela (Barcelona, 1958)
  • El Requeté (Barcelona, 1958, 1959)
  • Política y economía (Barcelona, 1959)
  • Boletín nacional del Requeté (Madrid, 1956)
  • Boina Roja (Madrid, 1957)
  • El Tradicionalista (Valencia, 1959)



  • Publicaciones carlistas durante el Juancarlismo:

  • Acción Carlista (Navarra, 1985, 1986)
  • Boletín "Fal Conde" (Granada, 1986, 1987)

  • Véase también: 
    Apuntes bibliográficos de la prensa carlista (José Navarro Cabanes, 1917)

    Notas:

    * El Siglo Futuro estuvo escindido de la Comunión Tradicionalista entre 1888 y 1931, pasando a ser el órgano de la Comunión Tradicionalista a partir de 1932.
    * El Semanario de Figueras y La Cruz de la Victoria se escindieron de la Comunión Tradicionalista junto con El Siglo Futuro en 1888.
    * La Constancia estuvo separado de la Comunión Tradicionalista hasta 1931.
    Diario de Valencia se separó de la Comunión Tradicionalista en 1919.
    El Cruzado Español se separó de la Comunión Tradicionalista en 1932.
    * El Pensamiento Alavés y La Voz de España dejaron de ser estrictamente tradicionalistas a partir del Decreto de Unificación de 1937.

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