Sobradamente conocidas son por todos los tradicionalistas las falsedades y tergiversaciones acerca de la doctrina e historia del carlismo que desde la década de 1970 vienen sosteniendo los integrantes del mal llamado "Partido Carlista" (hoy grupúsculo sin apenas relevancia, gracias a Dios). Desde las filas de la Comunión Tradicionalista, única agrupación que defiende íntegramente el pensamiento carlista bajo la bandera de la legitimidad dinástica que aún encarna, se ha estimado necesario poner de manifiesto tales mentiras más de una vez. No en vano, la misión de Carlos Hugo y los suyos no fue otra que la de desmovilizar las masas carlistas durante la Transición, impidiendo «que se consolidara en España una ultraderecha tradicionalista que hubiera sido un factor añadido de desestabilización de nuestra joven democracia», según reconocen abierta y desvergonzadamente estos falsos carlistas (que, realmente, como quinta columna, han sido quizá los peores enemigos que ha tenido el carlismo).
Karl Marx (1818-1883),
revolucionario burgués alemán que
jamás elogió el carlismo, movimiento
en las antípodas de su pensamiento
socialista y anticristiano, de raíz
cabalista.
En esta mendaz reinterpretación del carlismo, el corifeo carlohuguista José Carlos Clemente (actualmente Josep Carles Clemente), mostrando su nulo rigor historiográfico, ha divulgado durante décadas una cita falsa de Karl Marx en la que supuestamente el ideólogo comunista alemán habría elogiado el carlismo, afirmando que no era «un puro movimiento dinástico y regresivo», sino «un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial». La cita íntegra es la siguiente:
«El Carlismo no es un puro movimiento dinástico y regresivo, como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales. Es un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial, plagiado por papanatas que copiaban a la Revolución Francesa. Los carlistas defendían las mejores tradiciones jurídicas españolas, las de los Fueros y las Cortes legítimas que pisotearan el absolutismo centralista del Estado liberal. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales, con sus peculiaridades y tradiciones propias. No existe ningún país en Europa, que no cuente con restos de antiguas poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por el devenir de la Historia. Estos sectores son los que representan la contrarrevolución frente a la revolución que imponen las minorías dueñas del poder. En Francia fueron los bretones y en España, de un modo mucho más voluminoso y nacional, los defensores de Don Carlos. El tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo (las nuevas clases de comerciantes y agiotistas), la aristocracia latifundista y los intelectuales secularizados que en la mayoría de los casos pensaban con cabeza francesa o traducían —embrollando— de Alemania».
Además de Clemente en sus aburridos y repetitivos libros, María Teresa de Borbón Parma, Fermín Pérez-Nievas Borderas y otros militantes del mal llamado Partido Carlista, reproducirían también desde los años 70 una y otra vez este texto supuestamente marxista, a fin de justificar la metamorfosis ideológica que querían imponer al carlismo. Aunque en 2001 Miguel Izu demostró la falsedad de la cita (publicando nuevamente un extenso artículo al respecto en 2013), actualmente sigue siendo aludida por algunos ignorantes o malintencionados, e incluso la pseudoenciclopedia Auñamendi Eusko Entziklopedia la incluye a día de hoy en su entrada sobre Karl Marx.
Realmente la cita apócrifa en cuestión no es que diga nada en lo que no podamos estar de acuerdo los verdaderos carlistas: todo lo contrario. El problema es que Karl Marx jamás escribió tal cosa. Lo cierto es que, como demuestra Izu, la cita mezcla partes de un texto real de Friedrich Engels, publicado en 1849 en la Nueva Gaceta Renana, con las opiniones sobre el mismo del tradicionalista Jesús Evaristo Casariego, que fue quien lo tradujo al español y lo publicó en 1961 en el ABC, adjudicando erróneamente su autoría a Marx.
La cita real de Engels, que en ningún momento teoriza sobre la naturaleza ni la doctrina del carlismo, sino que se limita a definir a los vascos seguidores de Don Carlos como «restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia», es la siguiente:
«No hay ningún país europeo que no posea en cualquier rincón una o varias ruinas de pueblos, residuos de una anterior población contenida y sojuzgada por la nación que más tarde se convirtió en portadora del desarrollo histórico. Esos restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia, como dice Hegel, esos desechos de pueblos, se convierten cada vez, y siguen siéndolo hasta su total exterminación o desnacionalización, en portadores fanáticos de la contrarrevolución, así como toda su existencia en general ya es una protesta contra una gran revolución histórica. Así pasó en Escocia con los gaélicos, soporte de los Estuardo desde 1640 hasta 1745. Así en Francia con los bretones, soporte de los Borbones desde 1792 hasta 1800. Así en España con los vascos, soporte de Don Carlos».
En realidad, como señalaba el propio artículo en ABC de Casariego (en este caso acertadamente), Marx no sentía ninguna simpatía por los contrarrevolucionarios realistas españoles —antecesores directos del carlismo— que aclamaron a Fernando VII en 1814 y 1823 (dos de las ocasiones en que el liberalismo ha sido derrotado con las armas en España), mereciendo ser considerados por Marx como «vil populacho» y «demagogia ignorante». En la doctrina elaborada por él, cualquier avance de la Revolución, aunque sea en su fase liberal, burguesa, ultracapitalista y opresora, se convierte en bueno simplemente porque «supera» a la fase anterior y avanza hacia el socialismo, primero, y el comunismo, después, fin inexorable de la historia humana. Sobre los mismos carlistas, Marx se refirió en sus artículos periodísticos a ellos como «ladrones facciosos», a Don Carlos como «el quijote de los autos de fe» y a los partidarios europeos de Don Carlos como «cretinos». Del anticarlismo de Karl Marx sí hay constancia.
Por su interés histórico y como muestra de la pujanza del carlismo en nuestra región hace solo algunas décadas, reproducimos la siguiente crónica del viaje que hizo a nuestra región Carlos Hugo, difunto hermano de nuestro augusto caudillo Don Sixto Enrique (q. D. g.), en el año 1962. Tal día como hoy, un 12 de abril, era recibido por nuestro jefe regional, Julio Muñoz Chápuli, y por el secretario regional, Juan Bertos. Ninguna de las personas a las que alude la crónica, tradicionalistas leales, seguirían a Carlos Hugo en sus posteriores y traicioneros desvaríos, ni se sumarían al izquierdista y mal llamado «Partido Carlista», demencial y fracasado invento de principios de los 70 que tan funestas consecuencias tendría para la Santa Causa de la Tradición española.
Fotografía de Carlos Hugo en los astilleros Elcano de Sevilla (1962)
VIAJE DE D. CARLOS POR EL REINO DE GRANADA
El 12 de abril acudieron a Antequera el Jefe Regional D. Julio Muñoz Chápuli y Secretario Regional Sr. Bertos a esperar a S. A. R. Don Carlos de Borbón Parma, que llegó a última hora de la tarde acompañado del Delegado Nacional de Requetés, Jefe Regional y Mandos de Andalucía Occidental.
Recibió en Antequera a un grupo de agricultores, comerciantes e industriales con quienes departió ampliamente y cenó, retirándose después al Albergue de dicha ciudad malagueña.
El día 13 y acompañado, como en todo su viaje por el reino, por los citados Delegado Nacional de Requetés, Jefe y Secretario Regional, recibió a la Junta Provincial de Málaga, en esta Capital, y visitó después la Costa del Sol. A las siete de la tarde visitó detenidamente la Fábrica de caña de azúcar y remolacha Nuestra Señora del Rosario en Salobreña (Granada) acompañado por los apoderados y técnicos, quienes le obsequiaron con un aperitivo en dicha Fábrica. Antes de esta visita fué recibido en el límite de la Provincia por el Jefe Provincial Sr. Rubio y el Delegado del Círculo Mella señor Asís. Siguió después viaje a Granada donde pernoctó.
El día 14 visitó por la mañana al señor Arzobispo Dr. García y García de Castro, recibió después a un grupo de Catedráticos de la Universidad, de Médicos, de Notarios y de Abogados granadinos. Visitó a continuación la Central Lechera (UNIASA) con todo detenimiento, acompañado de Directivos y Técnicos y almorzó con los Jefes de la Comunión en el Albergue de San Francisco (Alhambra).
Por la tarde hizo un rápido recorrido por el recinto de la Alhambra, acompañado por el Presidente del Patronato, Sr. Marín Coete y Museo de Carlos V con su Director Catedrático, Sr. Orozco. Después recibió al Delegado Provincial de Sindicatos, Directores del diario «Patria» y de las dos emisoras de radio; representaciones de los grupos universitarios de Falange; Vieja Guardia, Ingenieros, Margaritas, Requetés y Carlistas granadinos. Finalmente sostuvo un amplio cambio de impresiones con las Juntas: Regional y Provincial, del Círculo Mella, Juventud y AA. EE. TT.
El día 15 por la mañana subió a Sierra Nevada donde oyó la Santa Misa y almorzó con los Profesores Universitarios de las Instalaciones Científicas de la Universidad en el Veleta (que visitó con detenimiento), un grupo de los Universitarios de Montaña y las Autoridades Carlistas.
Seguidamente bajó a Granada, oró ante la Virgen de los Dolores de la Cofradía del Requeté que se venera en San Antón acompañado por el Hermano Mayor y Camareras de la Virgen, y continuó viaje hacia Jaén.
El entusiasmo despertado en todos los Centros Fabriles, personalidades simpatizantes y carlistas podemos calificarlo como sin precedentes, en la brevedad de esta escueta crónica donde hemos prescindido de adjetivos para que sean otros españoles los que los prodiguen. MONTEJURRA, n.º 17 (Pamplona, junio 1962)
Hoy que tanto abunda, por desgracia, la mentira y falsedad sobre la historia de España en general y la del carlismo en particular, queremos traer a la memoria lo que significaba la tradicional romería carlista de Montejurra que organizaba la Comunión Tradicionalista. Desde su inicio acabada la Cruzada de Liberación en 1939 hasta la usurpación izquierdista de la década de los 70, en Montejurra se congregaron cada año decenas de miles de españoles católicos y patriotas para honrar a los combatientes requetés muertos en campaña y a todos los que ofrecieron su vida por Dios y por España.
No fue hasta producirse el nombramiento de Juan Carlos como sucesor de Franco a título de rey en 1969 que se produjo el nefasto y lamentable giro oportunista del príncipe Carlos Hugo (difunto hermano del actual caudillo de la Comunión Tradicionalista) y su camarilla resentida. Curiosamente, se trataba de los mismos elementos que en los 60 habían impulsado la política de colaboración entre la Comunión y el régimen franquista de que da muestra el artículo que reproducimos. Veamos como era Montejurra cuando para todos carlismo y tradicionalismo eran sinónimos.
MISA Y REZO EN MONTEJURRA / CERCA DE 100.000 PERSONAS ASISTIERON A LOS ACTOS 6 de mayo de 1962
El Monasterio de Irache repleto de Boinas Rojas
Desde las siete de la mañana todos los templos de Estella estaban recibiendo oleadas de fieles, llegados la víspera, y de los que en las primeras horas siguieron llegando desde toda España, para oír misa y en su mayoría comulgar, antes de la ascensión a la montaña que se iniciaría a media mañana.
A las nueve y media, en el Monasterio de Irache, próximo a Montejurra y a dos kilómetros de Estella, donde acudieron los que no habían cumplido en los otros templos el precepto dominical, se rezó una misa por los Reyes de la Monarquía Tradicional.
A continuación, en un campo próximo, tuvo lugar un desfile de jóvenes requetés, presenciado desde una tribuna por las Infantas de Borbón-Parma.
Muchas personas habían ya comenzado la subida dé la imponente montaña, entro ellos gran parte de los vallisoletanos, antes de que lo hiciera el grueso de la concentración.
Por un camino serpenteante, que va ascendiendo entre loa carrascales que pueblan las laderas, siguiendo un trozado de amplios meatos en la escalada, cuyos hitos son las XIV estaciones del Vía Crucis, en cada una de las cuales figuran los nombres de un grupo de los sesenta y nueve Tercios. El Requeté de Valladolid tiene su titulación en la XII cruz estacional. Todas estas estaciones, que son sencillos monumentos rematados por una sencilla Cruz, iban siendo coronados de guirnaldas de flores y laureles por manos de excombatientes, camino que a veces se convierte en senda muy enriscada, supone una subida de cinco kilómetros, que, a paso de marcha y dada su gran pendiente, podría hacerse, contando con buenas piernas, en una hora y tres cuartos, y viene a cumplirse en las marchas anuales en que se reúnen los Requetés y Margaritas de todas las regiones en tres horas.
Suele hallarse coronada la cumbre por varios millares de personas hacia las doce de la mañana, pero se avizora desde lo alto el río de boinas rojas, todavía a esa hora, sin interrupción, serpeando desde la gran rampa que apunta a Irache zigzagueando por la importante ladera del Montejurra, hasta la meseta que hacia su mitad se convierte en una aguda y larga espina divergente, y, desde allí trepando en nutrida corriente, que a ratos recibe hileras confluyentes a la columna principal, hasta afluir contra los murallones de roca que rodean la gruta del Cristo situada a pocos metros de la cumbre.
REPRESENTACION DE LA VIEJA GUARDIA
Hacia las doce se encontraban en la explanada de la gruta del Cristo de Montejurra, José María Codón, consejero nacional del Movimiento, procurador en Cortes, delegado nacional de difusión; Miguel Fagoaga, secretarlo nacional de Organizaciones, consejero y jefe regional de Castilla la Vieja y León, en la Comunión Tradicionalista; José Luis Zamanillo, consejero nacional del Movimiento, secretario nacional de la Organización Carlista; José Antonio Pérez España, delegado nacional de A.E.T. (estudiantes tradicionalistas); Ramón Massó, secretario particular del príncipe Carlos de Borbón-Parma, el vallisoletano Redondo, residente en Santander; Angel Zubiaur, de la Junta Regional Navarra; Juan Mena de la Cruz, alcalde de Palencia y procurador en Cortes; Piorno Alonso de la Hoz; jefes regionales de Aragón, Navarra, Valencia y otras muchas regiones.
En ese momento llegaba a la explanada Pablo Arredondo, consejero nacional del Movimiento, inspector nacional de la Vieja Guardia de F.E.T. y de las J.O.N.S., acompañado de los hermanos Nieto Antúnez y Agustín Aznar, Palma de Plata, consejeros nacionales y miembros de la Vieja Guardia, que fueron recibidos por Zamanillo y las demás personalidades antes mencionadas.
En un avión, el príncipe Carlos evolucionó sobre el monte. Sonaron estruendosas ovaciones.
LLEGAN LAS INFANTAS DE BORBON-PARMA
Poco después, llegaron ante la gruta las Infantas de Borbon-Parma, doña María Francisca, doña María Teresa, doña Cecilia y doña María de las Nieves, con el príncipe Lobkowicz, esposo de la primera, siendo el momento motivo de gran conmoción entre la muchedumbre —quizás unas 90.000 personas — que entonaron el himno de Oriamendi.
Las Infantas y el príncipe, por el mismo orden que están enumerados, se colocaron ante el altar, de rodillas, para oír la misa que comenzaba entonces y que ofició el capellán de la Hermandad del Cristo, padre Joaquín Vitiain, ayudado como acólitos, por don Antonio Solís García, de Medina del Campo, y señor Aráuz, de Pamplona. El capellán dio la sagrada comunión a las infantas.
Durante el santo sacrificio se entonaron cánticos de penitencia y al terminar la misa el Himno Eucarístico.
Montejurra en los años 60
INTERVENCION DE ZAMANILLO
Después del acto religioso, concluido con un responso por los caídos, pronunció unas palabras de saludo a las Infantas el miembro de la Junta de Navarra, señor Zubiaur.
A continuación dirigió a los concentrados una vibrante alocución José Luís Zamanlllo, consejero nacional del Movimiento y secretarlo Nacional del Requeté.
Después de elevar gracias a Dios por la celebración del acto en Montejurra manifestó con expresivas
palabras la gratitud a la representación de la Vieja Guardia, que han patentizado así la comunidad de ideales.
Recordó cómo en los Principios constitucionales, que promulgó Franco en mayo de 1958, en sesión plenaria de las Cortes, se recogen los ideales básicos del espíritu del 18 de Julio, que reunió con el Ejército a la Falange y al Requeté en defensa de la unidad religiosa, consustancial a España, los ideales de la Cruzada, que no pueden perderse, y donde se afirma una monarquía tradicional en la arquitectura del Estado.
Esto que aquí vemos en Montejurra no es una alegre romería; es la manifestación del pueblo (...) Nosotros no celebramos unas bodas atenienses, sino que aquí venimos a conmemorar las bodas de sangre de quienes la derramaron empapando el suelo de la Patria.
El orador, que fue interrumpido en varios pasajes por aplausos y aclamaciones, fue larga y acaloradamente aplaudido al final de su alocución y sonaron muchos vivas a España y a la dinastía tradicional.
ADHESIONES DE SOLIS RUIZ, PRIMO DE RIVERA Y GARCIA VALIÑO
A media tarde, en el Colegio de los Escolapios, se reunieron en fraternal comida con los representantes de la Vieja Guardia, sentados a la derecha del consejero nacional y secretario nacional, Zamanillo, las principales personalidades ya mencionadas. Fueron leídos cartas de adhesión, escritas en términos muy expresivos, remitidas por José Solís Ruiz, ministro secretario; García Valiño, capitán general de Madrid; Raimundo Fernández Cuesta y Miguel Primo de Rivera.
Habló el jefe regional, Codón, que hizo un canto a la unidad entre los que combatieron en la Cruzada por los ideales del 18 de Julio, haciendo gran hincapié en la necesidad de la unidad porque, en ello va el porvenir de España.
Habló después Zamanillo, insistiendo en las mismas ideas de unidad. Dedicó encendidos elogios a Miguel Primo de Rivera, que ha querido —dice— enviarnos su adhesión utilizando el título de Marqués de Estella.
Las palabras de Zamanillo alcanzaron resonancias de gran emoción.
Finalmente intervino el camarada Agustín Aznar, quien comenzó declarando: «Yo siempre volvería a Montejurra». Recogiendo las ideas de sus predecesores en el uso de la palabra dijo que la unidad ha de ser mantenida, pese a la acción sinuosa de gentes de mala fe que han querido interferirse en tiempos anteriores disfrazadas con piel de oveja siendo lobos.
Las palabras del camarada Palma de Plata fueron muy aplaudidas y se renovaron las manifestaciones y gritos de afecto y fraterna unión entre todos.
Carlos Hugo representado como el garante de los principios del 18 de Julio
SIGUE VIGENTE LA UNIDAD DEL 18 DE JULIO
Se dice que no hay la firme vinculación deseable entre la sociedad y la Universidad, y a la inversa. No es ocasión de entrar ni salir en la discusión. ni es éste el momento, porque solamente motivan estas lineas de croniquilla los actos de Montejurra cuando acabo de regresar de allí. Pero sí me interesa apuntar que, como siempre que algo de trascendencia brota en Valladolid, la Universidad figura, aunque solamente sea en lo materialmente externo de sus muros. Desde la plaza de los edificios del Rectorado y las Facultades reunidas en el contiguo se dio la salida a los autocares organizados en una caravana que llevaba cerca de doscientos vallisoletanos. Nos uníamos a la concentración de noventa mil —más de cien mil, según personas dignas de todo crédito— boinas rojas y de adheridos e invitados en los actos de Montejurra organizados en memoria de los sesenta y nueve Tercios de Requetés combatientes de la Cruzada.
Del crisol y gremio nutricio universitario surgieron también las Juventudes en que estribó, con el Ejército, el peso de la guerra de Liberación, aglomeradas en torno a los núcleos estudiantiles las no menos heroicas juventudes campesinas e industriales.
La salida era el Día sin Accidentes, que coincidía en el pasado sábado. La excursión hizo honor a ello.
En siete horas, a la caída de la tarde, nos pusimos en Estella; a dos kilómetros de la histórica ciudad navarra se alza la imponente masa del Montejurra.
Es pasmoso pensar que pudieran, a punta de bayoneta, desalojar los carlistas, en guerrillas civiles, a las fuerzas liberales pertrechadas y fortificadas en la cumbre.
Impresiona cómo personas de toda edad y condición, mujeres, niños, ancianos, trepan cada año hasta lo alto —cinco o seis kilómetros de penosa ascensión — para hacer un Vía Crucis y rezar por los caídos.
Pero la fe —se ha dicho— mueve montañas. La misma fe conmueve los montes, por muy soberbia que su masa sea y muy ardua su pendiente, al soportar las pisadas de los miles de peregrinos y sus vítores, ofrendados a los altos ideales que por una España limpia, genuina, inseparable y consustancial con el elemento religioso, con la espiritualidad, resuenan en las laderas, en lo enriscado y fragoroso del bosque de carrascas y en la cumbre, a los cuatro vientos, proclamando a Dios y a la Patria.
Don Carlos Hugo antes de su traición
En Montejurra, un solo corazón y una sola alma animan la espiritualidad de las regiones de España
Allí, al pie del altar, las augustas Infantas; muy cerca, los camaradas representantes de la Vieja Guardia. Por la bóveda azul, templada de algunas nubes, evolucionaba una avioneta basculando las alas en saludo. Aquel campo de amapolas gigantescas, de las boinas rojas, las banderas, las enseñas de los Tercios, volaban en revuelo de conmoción. Desde allí y por todo el reguero que zigzagueaba hasta el pie de la montaña, ondeó una sacudida de emoción como si recorriera el espinazo de toda España que en la muchedumbre estaba representada.
El aviador que pilotaba el aparato era el príncipe don Carlos de Borbón-Parma.
Después del acto religioso y de las palabras con que José Luis Zamanillo recordaba que sigue en pie la unidad en los Principios del 18 de Julio por qué combatieron codo a codo falangistas y requetés, el Montejurra de 1962 quedará de especial significado en estos momentos que el mundo atraviesa y en que España boga reafirmando su total reconstrucción y en la que son remeros los mismos que con la Victoria sacaron a puerto la nave de la Patria. Imperio (Zamora, 8 de mayo de 1962)