Mostrando entradas con la etiqueta Tercera guerra carlista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tercera guerra carlista. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de febrero de 2023

D. Vicente Casanova y Marzol: de soldado carlista a Arzobispo de Granada y Cardenal

Gracias a un correligionario y amigo, hemos sido conocedores de una maravillosa anécdota. Resulta que nada más y nada menos que el Excmo. Sr. D. Vicente Casanova y Marzol, cardenal y arzobispo de Granada en la década de 1920, fue uno de los voluntarios de Carlos VII en la tercera guerra carlista. 

Ahora entendemos mejor que El Siglo Futuro, el diario que fuese ariete de la España católica durante más de medio siglo, contara a este príncipe de la Iglesia entre sus más estrechos amigos y colaboradores...

Curiosamente, la anécdota proviene de un liberal, el granadino (de Albuñol) Natalio Rivas Santiago. Aunque quizá no deba sorprender tanto si se tiene en cuenta que Rivas era amigo de Juan Vázquez de Mella y —según dijo él mismo— le unía a los carlistas «la fe religiosa y el amor a España». He aquí el relato.

Vicente Casanova y Marzol (1854-1930),
Arzobispo de Granada y Cardenal.

De soldado, a Cardenal

Hace muchos años —debió de ser hacia 1904, si la memoria no me es infiel—, en tiempos que me reunía yo a diario, en íntima relación, con el insigne e inolvidable Vázquez Mella, conocí en su casa de la calle de Valverde, 21, a un antiguo capitán carlista, llamado Fernando Galetti, que en la última guerra civil mandó un escuadrón de Caballería de voluntarios de Aragón. 

Su porte distinguido, su aire caballeresco, su sincera honradez y, sobre todo, su singular consecuencia, conquistaron mi simpatía desde el primer momento. Era un ejemplar humano, troquelado en el más puro y auténtico cuño del viejo tradicionalismo español, y representación genuina de los que yo, que nunca fui carlista, he nombrado siempre "caballeros del ideal". Nació tradicionalista y lo fue, sin desmayos ni dudas, hasta su muerte. 

En plena juventud abandonó su casa y se alistó bajo la bandera tradicional —que había de ser su sudario—, al comenzar la última contienda civil en 1872. Terminada la lucha en 1876, cesó como capitán de Caballería en las huestes de Carlos VII, y cuando, desde Cabrera abajo, fueron muchos los combatientes que reconocieron la restauración de la Monarquía, en la persona de Alfonso XII, él pasó la frontera, en compañía de los que no quisieron aceptar el nuevo régimen político. 

De un lado tenía francas las puertas de un porvenir asegurado y próspero, que le brindaba el tranquilo bienestar y el ascenso a las más elevadas jerarquías castrenses; y de otro, la emigración con todas sus amarguras, privaciones e incertidumbres y la cerrazón del horizonte, que sólo mostraba sombras. Y optó, valiente y decidido, por la peregrinación a través de un desierto sin oasis posible, cuyo fin no alcanzaba a ver, dispuesto a sacrificarse por un ideal cuya tierra de promisión contemplaba tan lejana, que estaba persuadido de que en su vida probable, por mucho que Dios la prolongara, no alcanzaría a disfrutarla.

En el extranjero, primero en Francia y después en Bélgica trabajó, con tenacísima voluntad, en negocios mercantiles, logrando adquirir medios decorosos de mantenimiento, que le permitieron normalizar su existencia. Contrajo matrimonio con una dama belga, constituyendo un hogar cristiano y honrado, a cuya sombra creó una familia, educada en el ejemplo de sus padres, que fue modelo de laboriosidad y honradez. 

Pasaron los años; crecieron sus hijos, que a su vez formaron nuevos hogares enlazándose con personas del país, y cuando ya los veía ventajosamente acomodados, y pensaba terminar sus días en apacible tranquilidad, falleció su esposa, dejándole en inconsolable aislamiento. 

Hacía largo tiempo que la frontera española estaba abierta, en virtud de amnistía, para los emigrados carlistas, y buscando el calor de la patria como lenitivo a la triste soledad en que le sumiera su desgracia, Galetti regresó a España y se aposentó en Huécija, pueblo de la provincia de Almería, donde había nacido, y se dedicó a cuidar del modesto patrimonio heredado de sus padres, que durante su dilatado exilio había confiado a manos mercenarias. 

Siempre que lo permitían las labores de su hacienda, pasaba temporadas en Madrid y diariamente concurría a casa de Vázquez Mella, al que tributaba verdadera adoración. De aquellas amenas reuniones, acaso sea yo el único superviviente. El padre Bocos, párroco de San Pedro; el inteligentísimo canónigo de Lérida mosén Antonio Salas; Alvaro Maldonado, y tantos otros que borró la muerte, formábamos la tertulia del elecuentísimo tribuno, Allí, como he dicho, tuve la fortuna de conocer a Fernando Galetti.

Poco tuvimos que tratarnos para contraer una sincera y leal amistad. Yo liberal y él tradicionalista, nos entendíamos perfectamente. Nos ligaba la fe religiosa y el amor a España, que son los vínculos más fuertes que pueden enlazar a dos personas. Contaba él más de cincuenta años de edad; yo no llegaba a los cuarenta, y, sin embargo, nuestra fraternidad era absoluta.

Me producía admiración que aquel hombre, que veía con frecuencia a antiguos compañeros suyos, que por haber acatado el nuevo régimen lucían los entorchados de general, no albergara en su espíritu el más remoto arrepentimiento de su firme y consecuente conducta. Creía, como un iluminado, en el futuro triunfo de la causa tradicionalista, y aunque estaba convencido de que él no gozaría de los beneficios de la victoria, porque la veía muy lejana, su alma alentaba, consolada con saber que llegaría la realización del sueño que fue objetivo de toda su vida. 

Transcurrieron algunos años, durante los cuales nuestra amistad no se eclipsó ni un solo instante, y por razones que no importa consignar, tenía yo que pasar frecuentes temporadas en Almería. Tan pronto como se enteraba de mi estancia en la ciudad mediterránea, abandonaba su tranquila residencia rural y me acompañaba varios días. Ya estaba viejo; rebasaba los setenta años y presentía que su muerte estaba próxima. Pero la esperaba con la resignación del justo. 

Era, a la sazón, Cardenal Arzobispo de Granada don Vicente Casanova, respetable y virtuoso prelado, que disfrutaba de grandes y merecidos respetos. 

En una de nuestras íntimas charlas, me dijo éstas o parecidas palabras: 

«El actual Arzobispo de Granada es un íntimo y fraternal amigo mío. Quiero confiarle, con la debida reserva, que, hasta que terminó la guerra civil, fue uno de los tenientes del escuadrón que yo mandaba. Cuando se incorporó a nuestro Ejército era un joven de dieciocho años, y combatió durante toda la contienda con admirable heroísmo. Concluida que fué, yo marché al extranjero y él se acogió a la amnistía, pero no para aprovechar los beneficios que otros lograron, sino para abrazar la carrera eclesiástica, en la cual, usted ve, sus virtudes y su talento le han elevado a la más alta dignidad. Sospecho que el tiempo, que todo lo desgasta, ha borrado ese episodio de su vida, y que en tierras andaluzas es posible que no haya nadie que le conozca. El Cardenal, seguramente creerá que yo he muerto. He pensado varias veces visitarle, porque le quiero mucho, pero temo, si le veo, que él crea que por darme tono vaya a divulgar que fue un guerrillero; y aunque ello no menoscabaría su decoro, quiero evitarle esa contrariedad. ¿Le parece a usted que hago bien?» 
«No —le contesté—; no debe usted abrigar ese temor. Al Cardenal le sobra talento para comprender que en nada puede empañar su buena fama el que, siendo seglar, luchara con las armas en favor de la causa tradicionalista; pero si conociendo la maldad humana, temiera que injustamente le censurasen por ello, él le conoce a usted y sabe que la caballerosidad de que siempre ha dado usted muestra, corre parejas con la discreción a que está obligado.» 

El ascendiente moral que yo ejercía sobre él; la lógica que apoyaba mis razonamientos, y yo creo que más que nada el ansia que le acuciaba de abrazar a su antiguo compañero, le decidió a emprender el viaje a Granada. 

Cuando regresó de su excursión fue a verme, para referirme la entrevista. Su semblante reflejaba alegría y contento. 

«Llegué —me dijo— al Palacio Arzobispal, sintiendo algún temor. Rogué al familiar que estaba de guardia que entregara a Su Eminencia mi tarjeta, y a los pocos momentos fui recibido. No puedo negarle a usted, que la más profunda emoción conturbaba mi ánimo, pero ésta se tornó en agradabilísima sorpresa, cuando contemplé al venerable Príncipe de la Iglesia de pie en el centro del despacho, en actitud respetuosa, que, llevando su mano a la sien, me saludaba militarmente, añadiendo: «A la orden, mi capitán.» Nos abrazamos derramando lágrimas. «¡ Fernando!» «¡Vicente!», fueron nuestras primeras palabras. La conversación fue larguísima y cordial, rayana en la ternura. 

«Gracias a Dios —me decía— que ha tenido la misericordia de conservarnos. Yo te creía muerto, y en esa suposición he rogado mucho por tu alma. Cuéntame tu vida. Yo también te relataré la mía.» 

Y ambos referimos nuestras andanzas, satisfechos de haber cumplido con los deberes que Dios nos impuso. Quedamos en que repetiría mi visita y, al despedirnos, le manifesté que no revelaría a nadie lo sucedido en tiempos pasados, salvo a un íntimo amigo —pensaba en usted, aunque no menté su nombre—, en cuya reserva confiaba. 

«Te conozco bien, me respondió, y no lo habrás dudado cuando has visto que no te ha recibido el Cardenal, sino el compañero que compartió contigo y a tus órdenes todas las glorias y reveses de la campaña.» 

Yo a nadie hice partícipe de aquella confianza. Después de fallecido el Cardenal, que me honró con su amistad, y con el que jamás me di por enterado, lo conté a algunas personas, y hoy por primera vez lo hago público, porque relatarlo honra la memoria de aquellos dos hombres ejemplares.


Fuente: Rivas Santiago, Natalio (1943). Anécdotas y narraciones de antaño. Editorial Juventud. págs. 111-115.

lunes, 16 de noviembre de 2020

«Los conservadores», artículo escrito en 1875 por los carlistas en armas contra el conservadurismo liberal


Visión satírica del "pronunciamiento de Sagunto".

El conservador es el genio del mal en este mundo; es un monstruo anfibio, sin cola ni cabeza, porque ha abandonado aquella entre los demagogos, y ésta entre los católicos, para concentrar toda su vida en el estómago. Colocado entre los socialistas, que combaten par la verdad lógica derivada de la libre razón, y los católicos, que mueren por la verdad eterna, que es Dios, el conservador, incapaz de morir por nada, pretende defender el justo medio, y se cierne en el aire como el alma de Garibay, sin punto de apoyo donde fijarse. Vive de las desgracias de los que se baten por sus derechos y de los que luchan por sus deberes. No cree en Dios, pero se une á los católicos para indignarse contra los demagogos que lo niegan, y se reúne también á los demagogos para reírse de los católicos, que lo adoran. Dícese católico, y profesa la libertad de cultos; llámase monárquico, y proclama al pueblo rey. Si el católico le arguye en nombre de la Religión, responde que la Religión no tiene nada que ver con la política. Si el patriota saca las consecuencias de la libertad, se declara ante todo conservador del orden. Búrlase de los que defendemos el derecho divino y el divino origen de la autoridad, oponiéndonos el dogma infalible de la soberanía popular; pero al mismo tiempo lanza sus rayos contra los que gritan que el gobierno del pueblo es la república con todas sus consecuencias. Cuando el populacho exaltado pone en peligro su existencia, saluda al sacerdote y acoge á la Iglesia, dándose golpes de pecho para que la demagogia no triunfe. Cuando los católicos triunfan, únese al exaltado populacho, y quema iglesias y degüella frailes. 

El es el mismo que, tratándose de una manifestación contra los demócratas, se alía con los carlistas para iluminar por el Papa; el mismo que en las jornadas de Somorrostro, en que amenazaban los carlistas, reunía á las damas de la aristocracia para que fabricasen hilas para los soldados de la república; el mismo que ahora fabricará balas para aplastar á los republicanos y a los carlistas. No creyendo en Dios ni en el diablo, en la monarquía ni en la república, y uniéndose, ya a los carlistas para batir á los republicanos, ya a los republicanos para batir a los monárquicos, siempre está dispuesto a ser hipócrita en religión y traidor a la libertad, con tal de que el estómago esté satisfecho. Cujus Deus venter est

Es el tipo más siniestro, más odioso, más pérfido, más corrompido en política; pero el más hábil, toda vez que al egoísmo de esos miserables, incapaces de sentir y creer, se llama hoy habilidad. A estos argumentos que nosotros le dirigimos, y a otros que le puedan dirigir los defensores de la democracia, este cobarde, que a falta de armas nobles esgrime siempre su única arma, la mentira, responderá solapadamente que él es católico, pero no fanático; que es liberal, pero no demagogo. Y así seguirá su brillante carrera, prosperando, conservando siempre la fortuna que ha amasado con la sangre del pueblo que le deja vivir en sus entrañas. Y así, esos vampiros continuarán coadyuvando a que en la infeliz España medio pueblo se degüelle con el otro medio, por conservarse ellos en el poder. Y en el poderse mantendrán, pretextando, por un lado, que el tiempo de la monarquía legítima pasó para no volver, y, por otro, que el pueblo no está todavía bien educado para la libertad... ¡Y así lograrán su doble infernal objeto de explotar al pueblo y de corromperle; de matar su virilidad, pudriendo su alma, para mejor dominarle y manejarle! 

¡Oh, no! Eso no será siempre ni por mucho tiempo; no puede ser. Cuando España entera ha enviado lo más llorido de su juventud, lo más sano y honrado de su población, a morir por la santa idea de nuestros padres, y no ha tenido un solo pueblo, una voz sola que haya salido a los campos a aclamar y a derramar su sangre por el hijo de doña Isabel; cuando para desplegar al viento su bandera el alfonsismo ha aguardado al momento en que el carlismo triunfante amenazaba a la revolución impotente, para aprovecharse de un motín y hacer causa común con ella, es que está bien convencido de que solo por sorpresa, en última extremidad, y como remedio desesperado para prolongar la agonía de la desacreditada revolución, puede ser tolerado por la fatigada opinión pública. Su bandera, en efecto, es la misma bandera revolucionaria, reforzada de hipocresía y de maldad. 

Los carlistas de España entera la conocen bien desde ha cuarenta años. Aquello que cayó seis años ha por corrompido y funesto, no puede sostenerse hoy con los mismos hombres e iguales procedimientos. Solo puede servir para aumentar más y más la discordia en el campo enemigo, y bajo este punto de vista nos tenemos que felicitar de lo que está sucediendo estos días. 

Empezamos la guerra cuando reinaba D. Amadeo, y D. Amadeo cayó, y cayó la república, y ha caído la dictadura. Caerá también, y pronto, el hijo de doña Isabel, si por ventura llega a Madrid. Ellos son siempre los mismos hombres, con el mismo ejército y las mismas ideas, y con los mismos procedimientos. 

Nosotros también somos los de siempre, siempre leales, siempre honrados, siempre carlistas hasta morir. Ellos, o nosotros. No hay medio. Hasta aquí hemos dicho: ¡vencer ó morir! Desde hoy, seguros de que el enemigo, cambiando de postura y de careta, revela su impotencia incurable, haremos como los soldados de Fabio, que no juraron morir o vencer, sino volver vencedores, y vencieron en efecto.

El Cuartel Real, Tolosa 5 de enero de 1875

domingo, 20 de octubre de 2019

La emigración: impresiones (por un carlista granadino exiliado en 1876)

LA EMIGRACIÓN

Impresiones
Cuadro: «Emigración carlista»
Por el emigrado José Rodriguez Gil. Orléans 1876. Fuente

Hay amarguras en la vida, crisis terribles que el hombre no podría soportar si Dios no viniese en su ayuda. Decía un compañero mío de destierro: «Oye la historia do un carlista, y verás en ella la de un mártir».

El político que se afilia a un partido, presta su influencia en bien de él, y toma parte en la acción legal solamente a cambio de la prosperidad y de los honores que pueda adquirir: ese hombre no sabe, ni puede tener idea del sacrificio.

Trasladaremos aquí el fin de mis Memorias de campaña, que ellas por sí solas patentizan el dolor que en aquellos momentos sentía.

Vi desvanecerse aquel ejército reunido a costa de tantos sacrificios; los batallones enteros entregarse al enemigo; vi de mi regimiento marchar los cuatro escuadrones enteros a Pamplona; la magnifica artillería, que tanto habíamos deseado, abandonada en el Pirineo, y a los mulos marchando solos en formación, acostumbrados a hacerlo en días más felices; busqué a mis compañeros de regimiento, me uní a ellos, y el 28 de Febrero de 1876 atravesábamos la frontera, no sin haber suspirado por la patria que perdíamos. En la línea vendimos los caballos, llegamos al primer pueblo francés, que es San Juan de Pie de Puerto, donde descansamos de nuestras últimas fatigas, y la segunda noche tomamos las diligencias que salían para Bayona, en cuya población nos presentamos al Prefecto y le pedimos nos internase en Nantes.

En esta inmensa población de 150.000 almas lo pasamos bien; obsequiados por los legitimistas, y respetados por los republicanos a causa del miedo, o mejor dicho, del respeto que el español sabe infundir en todas las naciones donde habita, solamente echábamos de menos la madre patria al oír el lenguaje gabacho, y sentir un frío glacial que helaba nuestros huesos: en la espaciosa ría del Loira andaban buques numerosos, y en sus mástiles ondeaban casi todos los pabellones del mundo: grandes fábricas de fundición, y el arsenal, donde miles de operarios se ocupaban en la construcción de buques, daban una animación extraordinaria a la ciudad. Tiene ésta una catedral gótica de poco mérito; las calles son espaciosas, particularmente la denominada Gran Calle, y la conocida por Notre Dame. También cuenta un jardín de plantas bastante extenso con numerosos invernáculos, y en el centro un laberinto en forma de montaña; unos cuantos lagos con ánades completan el adorno de aquel recreo de niñeras y solaz de soldados, pues en Francia casi no hay paseo; todo el mundo está entregado al trabajo, y el que no trabaja, rinde culto a toda clase de vicios, no dejándole tiempo de pasear. Los sábados, domingos y lunes se encontraban por las calles numerosos y civilizados franceses perdiendo el equilibrio y cayendo a impulsos del Burdeos. ¡Qué ciudadanos más dignos! merecedores son de tener derechos individuales y llamarse pueblo soberano: imagen de ese pueblo son los Gobiernos que tienen. Vivía yo con el físico del batallón de Marquina, que tenía un primo redactor de El Imparcial, y me decía: «Siempre está mi primo alabando a los franceses; ya le diré yo cuando vaya lo que he visto»; y le contesté: «Desengáñate, Manuel, los liberales alaban y alabarán siempre a los franceses a pesar de saber lo que son: de esa nación surgió el liberalismo, es su madre predilecta; lo amamantó con la sangre inocente de los infortunados monarcas Luis XVI y María Antonieta; lo educó en el crimen y en la crápula de Danton, Marat y Robespierre, aquellos ciudadanos tan liberales, que odiaban a los tiranos llevando a la guillotina a todo ciudadano sospechoso de no pensar como ellos, y privándoles hasta de la vida en uso de un derecho sumamente liberal, convirtiendo a París en un lago de sangre: después completó su educación prendiendo al Papa en tiempos de Napoleón I; después... vino Luis Felipe, el rey cochero, y lo dejó tan bien educado que surgió la Commune, y... resplandores siniestros iluminaron las calles de París; entonces los liberales se asustaban y decían: «¿Dónde vamos á parar?» Fue preciso decirles y se les dijo: «No se asusten Vds.; son los resplandores de la libertad que iluminan al mundo: deben estar orgullosos de su obra. ¡Ciudadanos canallas, en vez de hacerle frente al enemigo, se entretenían en su propia destrucción, satisfaciendo sus odios personales y manchando el poder con su ridículo mando!»

Los primeros que presentamos las solicitudes de indulto nos embarcamos el Viernes Santo a bordo del vapor Villa de París. Salimos dos jefes, trece oficiales y ciento veinte soldados; navegamos dos días y dos noches; sufrimos mucho el Sábado de Gloria; descansamos en la isla de Ré, mientras el vapor tomaba agua, y el primer día de Pascua entrábamos en la ría de Burdeos, uno de los mejores puertos de Europa. Esta ciudad, capital de la Gironda, es muy populosa; cuenta 250.000 almas, y tiene notabilidades de primer orden, entre las que descuella el gran puente sobre su ría. El ferrocarril nos trasladó de esta ciudad a Bayona, plaza fuerte de segundo orden, de allí a Irún, y por último a San Sebastián. En este punto permanecimos dos días: San Sebastián tiene buenos edificios, está en una situación deliciosa, recostada sobre el monte Jaizquivel, y lamen sus orillas las agitadas olas del Cantábrico. Provistos de hojas de embarque y pasaportes expedidos por el Brigadier Gobernador, viajamos por cuenta del Estado los jefes en 1.ª, los oficiales en 2.ª, y los soldados en 3.ª; llegamos a nuestras casas después de haber visto mucho, y tomado parte en una campaña que, si bien no proporcionó con su triunfo la paz de España, consiguió por lo menos contener al ejército que so disolvía, merced a las descabelladas teorías predicadas por hombres que hoy figuran como conservadores, y que no tendrían templos donde orar, cementerios donde conservar sus cenizas, ni derecho a los bienes que poseen, porque disuelto el ejército toda autoridad concluía, y quedábamos a merced de la canalla disfrazada de guardia nacional.

CARLOS CRUZ RODRÍGUEZ


Extraído de «La emigración», Biblioteca Popular Carlista; Tomo XXVI, agosto de 1897, páginas 44-48.

domingo, 15 de septiembre de 2019

La 2.ª batalla de Somorrostro (1874) contada por un carlista granadino

Carlos Cruz Rodríguez. Nació en Córdoba
en 1846, pero se crio en Granada, donde,
durante el Sexenio Revolucionario, organizó
juntas carlistas, algunas públicas y otras secretas.
Se ocupó en trabajos militares que, por
entonces, consistían en procurar atraer las
simpatías del Ejército hacia el carlismo.
Tras participar en la Tercera Guerra Carlista,
permanecería siempre leal a la Causa y colaboró
notablemente en la prensa tradicionalista.
Reproducimos hoy una carta inédita, cuya copia ha llegado a nuestro correo y que no nos cabe duda de que captará la atención de todos los interesados en la historia de la Santa Causa. Se trata de la misiva que remitió D. Carlos Cruz Rodríguez (bajo el seudónimo de Climaco) a su padre, Cruz Vidal Écija, desde el Campamento de Somorrostro, el 6 de marzo de 1874.

Es preciso hacer constar que D. Carlos Cruz —un carlista ejemplar lamentablemente olvidado por casi todos, como tantos otros— no era un combatiente como otro cualquiera. Él fue nada menos que el organizador de una partida carlista que se alzó en Granada en el año 1873, cuando el grueso de las fuerzas carlistas luchaban en Cataluña y sobre todo en el Norte. Allí se trasladaría para continuar la campaña. No fue el único granadino que lo hizo: en este cuaderno de bitácora han aparecido en numerosas ocasiones los nombres del Brigadier Carlos Calderón y Vasco, del Coronel Manuel Fernández de Prada o del periodista Francisco Guerrero Vílchez, todos ellos notables carlistas de Granada y combatientes en la tercera carlistada.

La carta original obra en poder del bisnieto de D. Carlos Cruz Rodríguez, colaborador nuestro, quien ha tenido la amabilidad de transcribirla y remitirnos una copia de la misma, que dice así:


Mi querido papá: habiéndole hablado á V. en mis anteriores de asuntos de familia, esta va a ser una historia detallada de la segunda batalla de Somorrostro, en la primera todo se redujo á 1.100 pérdidas por nuestra parte, y 3 ó 4.000 por las de los republicanos; pero esta formará época en el cuadro de las grandes batallas europeas, los campos de S. Juan de Somorrostro destilarán sangre y ofrecerán hierro al caminante que lo atraviese mientras el mundo exista. 
Batalla de Somorrostro 2.ª 
El día 25 de Marzo á las cinco de la mañana y cuando los cañonazos de diana avisaban que el día llegaba, se rompía el fuego por 40 cañones Krup por parte de los republicanos apoyados en Somorrostro, terreno hondo, y han contestado desde nuestras alturas por 14 cañones de montaña y 5 cañones de á 24 reforzados, al poco rato los 30.000 hombres de la república trataban de asaltar nuestros parapetos, y eran bizarramente rechazados por 20.000 voluntarios de Dios, Patria y Rey, que ametrallados por la gran artillería republicana entonaban el aurrerá (andad) á bayoneta calada y les hacían huir á sus guaridas: la línea de batalla se extiende por parte nuestra desde el Montaño, cerro sobre el mar cerca de Portugalete, hasta Sopuerta, formando una herradura dentro de la cual está lo más florido de la República. El Exmo. Sr. General Ollo conde de Somorrostro guardaba con Radica y Bérriz brigadieres al Montaño, Sanfuentes y S. Pedro Abanto, los generales Lizarraga y Cevallos guardaban el centro en las alturas de Alonsótegui y Galdámez, Velasco y Mending con castellanos y alaveses las alturas de Sopuerta, mientras que el intrépido Navarrete guarda la retaguardia en Villaverde y á las inmediaciones de Castro Urdiales, retaguardia del ejército republicano 
El fuego horroroso duró tres días completos en los cuales hubo bajas: carlistas de 2.000 a 2.500 entre muertos y heridos, y el ejército republicano unas 6.000 proximamente, entre ellos Primo de Ribera, por los soldados parados, muerto, y Loma mal herido con dos brigadieres. Después cesó el fuego 3 días para recoger los muertos que en grandes hogueras han sido quemados, en estos días de parlamento han llamado Serrano y Topete á nuestros generales y han pasado algún rato juntos, Serrano le regaló a D. Diego Villadarias una caja de puros; estos parlamentos han durado miércoles, jueves y viernes santo sin tirar, el sábado y hoy domingo hemos seguido reunidos, y hoy á pesar de estar juntos han tirado 900 cañonazos y es poco, pues diariamente hacen 2.000 disparos, la cantinera del 3º de Navarra fue ayer a visitar a Andía que es navarro y la convidó á comer con Topete y Serrano, la cual se estuvo guaseando con ellos mucho: a Calderón lo atiende mucho y hasta un día que le dieron un abrazo, pero si se figura Serrano que con abrazos de patriotismo va a conseguir algo, se equivoca, porque nuestros corazones no respiran más que sangre, venganza y exterminio contra la canalla liberal, Serrano encuentra en cada corazón carlista un muro de bronce que no los vence ni las ametralladoras, ni los cañones Krup, ni los millones. 
El domingo de Ramos á las 3 de la tarde estaban nuestros generales en Sanfuentes sentados en la plaza, cuando llegué á llevar un parte de la munición que existía á mi cargo, entonces los generales Elío y Dorregaray se levantaron y marcharon, y yo detrás á ver lo que Dorregaray disponía que era á quien yo llevaba la nota, en este momento cayó una granada en medio e hirió a Ollo, Radica, el Auditor, el secretario de Ollo y otro coronel, el héroe santo, el desgraciado conde de Somorrostro espiraba en medio de las lágrimas de todos nosotros en S. Salvador del Valle diciendo “ánimo muchachos, ¡viva el rey!”, el miércoles santo espiraba el intrépido Radica, terror de los liberales y honra de España, los otros tres viven aún. 
A Ollo (QPD) le ha reemplazado el gral D. Ramón Argonz que salió con Ollo desde el primer día y es el que ha salvado á la columna Ollo Dorregaray de caer prisioneros cuando los célebres dos ángulos. 
Mi opinión es, según veo y según oigo que se dará otra acción, quizá mañana, tan reñida como la anterior, de la cual, si nos ganan las posiciones, tenemos otras en reserva antes de Bilbao, y si no ganan creo que Serrano vende a la República y á Alfonso, como Judas á Jesucristo y se cala la boina. 
Bilbao sigue bombardeándose por 9 morteros, no quedará piedra sobre piedra. 
Esta carta es la verdad de lo que ha sucedido, el que la lea puede estar satisfecho como si lo viese. 
Climaco






jueves, 13 de diciembre de 2018

Carlos Cruz Rodríguez, combatiente y periodista carlista

Recuperamos hoy la memoria de un gran carlista andaluz que había quedado en el olvido, D. Carlos Cruz Rodríguez, de cuya existencia hemos sabido por medio de su bisnieto, que ha tenido el acierto de ponerse en contacto con nosotros, cosa que desde aquí le agradecemos.

Cordobés de nacimiento, durante el Sexenio Revolucionario D. Carlos Cruz contribuyó a la organización de la Comunión católico-monárquica en Granada, participando en el fallido alzamiento por Carlos VII que tuvo lugar en nuestra patria chica en marzo de 1873, y que él mismo narraría en 1890 (hace casi 3 años lo reprodujimos en nuestro cuaderno de bitácora). Posteriormente combatió en el Norte en las filas de la Legitimidad y, perdida la guerra, marchó al exilio con Don Carlos, hasta que pudo regresar a España.

Durante las décadas siguientes contribuyó abnegadamente a la prensa carlista, siendo corresponsal del diario carlista madrileño El Correo Español en Sevilla, y trabajó como profesor de la Escuela Católica del Sagrado Corazón de Jesús de dicha capital. Estuvo casado con Estelvina Fernández Gamboa, según leemos en el padrón de vecinos de Sevilla.

Desconocemos la fecha en que falleció D. Carlos Cruz Rodríguez, siendo la noticia más reciente que hemos encontrado de él un artículo que escribió en 1916 para la Revista de Morón, aludido en El Correo Español.

En la obra «Bocetos tradicionalistas» (1912), el Barón de Artagan (Reynaldo Brea) dejó escrita la biografía que reproducimos a continuación sobre este tradicionalista de pro que tanto hizo por la Santa Causa en Granada y en toda España.

Carlos Cruz Rodíguez (Córdoba, 1846-¿Sevilla?, ¿?)
(fotografía tomada de La Hormiga de Oro, 30-3-1907)

Nació el dio de 1846 en Córdoba; pero se crió en Granada, donde desde poco después de ser destronada Doña Isabel organizó juntas carlistas, públicas las unas y secretas las otras; se ocupó en trabajos militares que, por entonces, consistían en procurar atraer las simpatías del Ejército hacia el carlismo; y, en fin, á las órdenes de la Junta Provincial católico-monárquica de Granada, dirigiendo la de Belicena (fundada por él), contribuyó en las elecciones políticas á que el jefe carlista don Carlos Calderón fuese proclamado Diputado á Cortes por el distrito de Santa Fé.

El día 1.° de Marzo de 1873 mandó el Sr. Cruz Rodríguez una de las partidas carlistas que salieron de Granada, teniendo que retirarse todas ellas á causa de la activa persecución de que las hizo objeto el General Salamanca, Gobernador Militar de Málaga. En Julio de aquel mismo año marchó al Norte, presentándose en Puente-la-Reina al General carlista D. Nicolás Ollo, quien le destinó á la Brigada de transportes de la División de Navarra, con el empleo de Alferez de Administración Militar; sirviendo en aquel Cuerpo, asistió á la toma de Estella, Viana, Lumbier y Valcarlos, á la acción de Mañeru á la batalla de Montejurra, al combate de Velabieta, al bloqueo de Tolosa, á la conquista de Portugalete y á las memorables batallas de Somorrostro, de San Pedro Abanto y de Abárzuza.

Después sirvió D. Carlos Cruz Rodríguez sucesivamente en el Batallón de Bilbao (con el cual se encontró en la acción de Monte Gárate), en el Regimiento de Caballería de Navarra (en el que estuvo un año á las órdenes del Brigadier Zaratiegui, primeramente, y luego á las del Coronel Plana) y, por último, en el Batallón 2.° de Navarra, asistiendo con él á los combates de Palomeras de Echalar, Tres Mugas y alto del Centinela, llegando á obtener el empleo de Comisario de Guerra. Con Don Carlos de Borbón entró en Francia el día 28 de Febrero de 1876; estuvo emigrado tres meses, y al regresar á España se dedicó á ejercer la carrera de Maestro Superior.

Ha sido colaborador de El Estandarte Real, de la Biblioteca Popular Carlista, de La Carcajada y de El Nuevo Cruzado (publicaciones de Barcelona), de La Bandera Española, de Córdoba, y de El Obrero, de Granada, sufriendo en este último una denuncia el día 11 de Mayo de 1898, por la autoridad militar, á causa de haberse declarado el estado de guerra en toda la Península. Entonces fué reducido á prisión en Sevilla (su habitual residencia) y conducido por la Guardia Civil á Granada, en cuya capital permaneció hasta ser absuelto por el Consejo de Guerra en 1.° de Diciembre de aquel mismo año.

El señor de Cruz Rodríguez, que obtuvo en campaña las medallas de Montejurra, de Vizcaya y de Carlos VII, también se ha distinguido y conquistado lauros como escritor; publicó hace ya unos quince años una Geografía Militar de España, ilustrada con doce mapas; fué corresponsal literario de El Correo Español, de Madrid, desde el año 1898 hasta el de 1908; la Juventud Carlista de Manresa le honró por entonces con el nombramiento de Socio honorario; ha obtenido varios diplomas de premios en certámenes literarios, y en Mayo de 1908 fué agraciado con una Medalla de Oro con el busto de Carlos VII por su escrito titulado Influencia de la mujer en la vida de la Comunión tradicionalista española.

Es nuestro querido amigo el veterano militar é ilustrado escritor D. Carlos Cruz Rodríguez de los tradicionalistas de buena cepa, en él los años no logran amortiguar en lo más mínimo los entusiasmos y la inquebrantable adhesión con que en su juventud se adhirió á la Causa Católico-Monárquica.


Barón de Artagan (1912): Bocetos tradicionalistas (pp. 291-293)

viernes, 28 de septiembre de 2018

El brigadier carlista granadino Manuel Fernández de Prada, Marqués de las Torres de Orán

Nuestros lectores conocen sobradamente la historia del general carlista granadino Carlos Calderón y Vasco, que da nombre a nuestro círculo tradicionalista y a quien nos preciamos de haber sacado del olvido casi total en que se hallaba. Hoy recuperamos la memoria de otro gran militar granadino de la Santa Causa, que fue el último Jefe de la artillería carlista de Navarra y alcanzó, finalizada la Tercera guerra carlista, el grado de Brigadier.

Como en el caso de Calderón, nuestro biografiado de hoy permanecería leal a Carlos VII hasta el final de sus días. Hablamos de D. Manuel María Fernández de Prada y Pareja, III Marqués de las Torres de Orán (1834-1913).


Manuel Fernández de Prada y Pareja (Granada, 1833-1913),
ilustrísima personalidad granadina: fue teniente coronel,
coronel graduado, caballero de la Orden de Alcántara,
gentilhombre de Cámara, etc.
Fotografía proporcionada por Fernán Altuve-Febres.

Manuel María Fernández de Prada y Pareja nació en Granada y fue bautizado el 24 de julio de 1833 en la parroquia de San Justo y Pastor. Era el cuarto hijo del coronel de Caballería Jose Antonio Fernández de Prada Ruiz Canduela, natural de San Antonio de Larán (Perú), y de Maria Ana Pareja y Villarreal, I Marquesa de las Torres de Orán, natural de Medina-Sidonia.

Tomamos del libro de Reynaldo Brea Príncipe heroico y soldados leales (1912) los siguientes apuntes biográficos:

D. Manuel Fernández de Prada y Pareja nació en Granada el año 1834; á los diez y seis años de edad ingresó como Caballero Cadete del Real Cuerpo de Artillería en el Alcázar de Segovia, ascendió á Subteniente alumno en 1853; terminados los estudios reglamentarios fué promovido á Teniente del Cuerpo en 1855 y destinado al primer Regimiento á pie, de guarnición en Barcelona, en donde al año siguiente recibió el bautismo de fuego en las sangrientas jornadas de los días 19, 20 y 21 de Julio, por las cuales se le concedió el grado de Capitán.

En 1859 marchó á la guerra de África con el segundo Regimiento de Artillería Montada; batióse durante aquella gloriosa campaña en el paso del río Azmir y en las batallas de los Castillejos Guad-el- Jelú, Tetuán y Vad Ras, por las cuales obtuvo el grado de Comandante y la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando.

D. Manuel M.ª Fernández de Prada y Pareja,
Marqués de las Torres de Orán (Granada, 1834-1913),
finalizada la guerra carlista, luciendo la faja de Brigadier.
Regresado á España, ingresó el señor Fernández de Prada en la Religiosa y Militar Orden de Alcántara y en la Real Maestranza de Caballería de Granada; ascendió á Capitán del Cuerpo en 1863; asistió á la batalla de Alcolea, por la que se le concedió el empleo de Comandante, y ganó los grados de Teniente Coronel y de Coronel peleando contra los republicanos de Sevilla, Cádiz y Málaga.

Al proclamarse la República en 1873, solicitó su licencia absoluta el señor Fernández de Prada, quien á principios de 1874 ingresó en el Ejército carlista del Norte con el empleo de Coronel; pero habiendo tenido la desgracia (á poco de entrar en campaña) de que el caballo que montaba le despidiese de la silla, los graves y crueles padecimientos que con motivo de esta caída sufrió por largo tiempo, le impidieron tomar parte en las operaciones militares hasta mediados de 1874, por cuya época tomó el mando de la 2.ª Batería Montada, á cuyo frente distinguióse en las acciones de Oteiza, Biurrun y Monte San Juan, ganando la Placa Roja del Mérito Militar.

En 1875 confirióse al Coronel Fernández de Prada el mando de la artillería de la División de Navarra; concurrió á la mayor parte de los hechos de armas que tuvieron lugar en dicha provincia; distinguióse en la línea del Carrascal (cuyo artillado dirigió) en el ataque de Viana, en el cañoneo de Pamplona, en la acción de Santa Bárbara de Mañeru (á fines de Enero de 1876) y en la retirada de Estella, emigrando, al fin, á Francia al concluirse la guerra, figurando entre los jefes que acompañaron hasta el último instante de la campaña á Don Carlos, cuyo augusto señor, poco antes de repasar la frontera, premió sus leales y distinguidos servicios con la faja de Brigadier.

En 1893 se expidió Real Carta de sucesión en el título de Marqués de las Torres de Orán á favor del Brigadier carlista D. Manuel Fernández de Prada, quien fué nombrado, hace ya muchos años, Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Granada.

⚜  ⚜  ⚜  ⚜  ⚜  ⚜

Hasta aquí la biografía redactada por el Barón de Artagan (Reynaldo de Brea). Según el peruano Fernán Altuve-Febres en su artículo Los Lores, Arróspide y Bryce del Perú y su parentesco con los Marqueses de las Torres de Orán, nuestro personaje marchó después de la guerra carlista al Perú y residió en la Hacienda de Larán, que pertenecía a su familia, donde en 1879 vería como unos negros amotinados de las fincas vecinas acababan a hachazos y machetazos con la vida de su hermano Antonio, quien había liberado a sus esclavos 24 años antes y era considerado como un patriarca por sus trabajadores negros, a quienes quería con idolatría. De Manuel diría el peruano Juan de Arona: 

Manuel [Fernández de] Prada, poco menos que transeúnte en la hacienda, fue dejado por muerto con tremendo machetazo en la frente que le infirió la torpe negrada. A este caballero lo había conocido, siendo yo muy niño en Granada, en España, en momentos de partir para la guerra de Africa.​

De acuerdo con Altuve-Febres, tras recuperarse de este infeliz suceso, Manuel Fernández de Prada llegó incluso a tomar nuevamente las armas y ayudó en la resistencia contra la invasión chilena durante la Guerra del Pacífico (1879-1884). Altuve-Febres afirma en su artículo que nuestro biografiado murió en el exilio en 1893. Esto último sabemos que no es cierto, pues nos consta que falleció en Granada en 1913, como podrá dar fe el cementerio de San José de nuestra ciudad, donde está enterrado.

De nuevo en España, en 1893 se le expidió Real Carta de sucesión en el título de Marqués de las Torres de Orán, que heredó de su hermano Antonio, asesinado en el Perú. Asimismo, fue nombrado Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Granada. Ese mismo año lideró en nuestra ciudad el movimiento electoral católico, tal como se menciona en la crónica del cuarto Congreso católico español.

El Marqués de las Torres de Orán falleció en Granada el 9 de agosto de 1913, según figura en la necrología que le dedicó el diario El Correo Español. Hasta el final de su vida mantuvo sus ideales tradicionalistas, y era suscriptor del dicho diario, órgano de la Comunión Tradicionalista.

Sepultura de Manuel María Fernández de Prada y Pareja en el
cementerio San José de Granada (panteón 21 del patio de la Ermita).

Casó con su sobrina Mariana Vasco y Fernández de Prada y fue padre de don Manuel Maria Fernandez de Prada y Vasco, maestrante de Granada y IV Marqués de las Torres de Orán.

Al estallar la Cruzada de Liberación en el verano de 1936, Manuel María Fernández de Prada y Vasco y tres de los siete hijos de éste, Antonio Jesús, José María (ambos abogados) y el menor, Francisco de Asís, que se encontraban en Madrid, fueron aprestados por los rojos por su sola filiación tradicionalista, siendo acusados de pertenecer al Requeté de la capital. El 19 de agosto de 1936, los detenidos, el padre y sus tres hijos murieron gloriosamente por Dios y por España, asesinados por las hordas revolucionarias.

Esta familia de tres generaciones de carlistas que lo dieron todo por la Santa Causa, sin apenas haber recibido reconocimiento por ello, merece nuestras oraciones y nuestro recuerdo.

martes, 7 de noviembre de 2017

La Batalla de Montejurra (1873)



El día de hoy, y los de mañana y pasado, nos recuerdan los de iguales fechas del año 1873, por haberse librado la primer gran batalla entre el Ejército carlista, mandado por el general Elío, y el liberal, mandado por el general Moriones.

Sabíamos, ciertamente, que el objetivo principal del general Moriones era entrar en Estella por el valle de Azqueta, para lo cual disponía de un numeroso Ejército compuesto de todas las armas, y sabíamos, también, que abrigaba una completa seguridad en el triunfo.

Aunque en el ánimo del general Elío estaba dejar avanzar a nuestros adversarios hasta el mismo valle de Azqueta para librar allí la batalla, es lo cierto que el general Moriones, sea por lo que fuere, no se permitió más que quedar en Luquín, Barbarín y Urbiola, pueblos que ignominiosamente fueron desolados por las fuerzas a sus órdenes. Suponemos, buenamente, que la actitud en que se presentaron nuestros valientes voluntarios desde la madrugada del 7 que comenzó el fuego harían desistir de sus propósitos al citado general. Hizo perfectamente, aun cayendo, como cayó, en el mayor de los ridículos, porque de otro modo el desastre era inevitable.

En los dos primeros días que sostuvimos el fuego incesantemente, jugando principal papel la artillería, hubo que lamentar sensibles y numerosas pérdidas por ambas partes; pero el día tercero, al emprender el enemigo su vergonzosa retirada, cayeron en nuestro poder muchos prisioneros, y tuvimos la satisfacción de que un numeroso pelotón de fuerzas de Caballería se pasara a nuestras filas.

Como dato curioso y del que indudablemente recordarán algunos, jefes hoy, del Real Cuerpo de Artillería, podemos decir con orgullo que a nuestro Augusto Jefe, a quien siempre se le vio en las guerrillas animando con su valor a sus heroicos voluntarios, le conocieron perfectamente y saludaron con no pocos disparos, cayendo una de las granadas (que reventó) a muy pocos metros de distancia; y volviéndose el Rey al brigadier Bérriz, le dijo:

«Mira qué regalo me mandan tus compañeros de arma». 

Un enorme casco del proyectil a que aludimos ordenó el Rey lo recogieran, y mandó hacer en Eibar una purera, que conserva entre los muchos recuerdos que se hallan en el Palacio de Loredán.

I. de G.

El Correo Español (7 de noviembre 1901)

miércoles, 23 de marzo de 2016

LXXX Aniversario del Rvdo. Sr. D. Joaquín María de los Reyes García Romero

Rvdo. D. Joaquín María de los Reyes García
(Granada, 1851 - Granada, 1936)
Hace hoy exactamente 80 años fallecía don Joaquín María de los Reyes García-Romero, uno de los más preclaros hijos de Granada.

Murió con 84 años de edad, y puede decirse que su vida estuvo siempre dedicada al estudio y a la caridad. Licenciado en Derecho y doctor en Filosofía y Letras, se ordenó después sacerdote en 1889.

Fue catedrático de los Institutos de Barcelona y de Granada, y luego de la Universidad granadina y del Seminario del Sacro Monte. Dominaba perfectamente el griego, latín, hebreo, francés e italiano. Desempeñó, entre otros cargos, el de rector del Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago.

En la tercera guerra carlista (1872-1876) huyó de Granada, refugiándose en Orán, desde dónde embarcó para Francia a fin de ganar la frontera española y servir en las filas de Don Carlos. Fue profesor de la Academia Militar de Oñate.

Dejó numerosas obras escritas. Fue un constante colaborador de la Prensa católica, y era orador de fácil palabra. En 1917 organizó el homenaje al P. Suárez, y por encargo de la Academia Española pronunció en Madrid un discursó en honor de Lope de Vega.

En los últimos años de su vida, aunque había perdido la vista, seguía sus actividades, y más tarde, ya impedido, inició el movimiento de Acción Católica en Granada, por medio de la Asociación «El Criterio», precursora de la Juventud católica.

Era hermano del jesuíta padre Rafael María de los Reyes. Pudo haber reunido un capital muy importante; pero todos sus ingresos los dedicaba a obras de caridad. La hermosa biblioteca que poseía la donó en vida a la Asociación de Estudiantes Católicos.

Fuentes:
La Vanguardia (Barcelona, 24 de marzo de 1936)
Cervantes Virtual

miércoles, 20 de enero de 2016

La Tercera Guerra Carlista en Granada y Andalucía

(Por el oficial carlista D. Carlos Cruz Rodríguez, 1890)

LA GUERRA CIVIL EN ANDALUCÍA

Farsa se representó en Abril del año 1872 en los campos de Oroquieta, sacrificando al General D. Eustaquio Díaz de Rada, y con él a tantos infelices como fueron prisioneros y deportados a la isla de Cuba; farsa también tuvimos la desgracia de sufrir en Andalucía los que, víctimas de nuestro honor, salimos al campo, cumpliendo nuestra palabra de caballeros.

Desprovisto el partido carlista de hombres de influencia, ocuparon los puestos en Juntas los hombres del partido moderado, que perdían con la derrota de Alcolea sus más ilusorias esperanzas (1).

Este partido, como todos los liberales, hecho a mudanzas rápidas, en que sin sacrificios personales se conseguía el poder, gastaba poco y mentía mucho, para más merecer.

Así vemos que cuando Don Carlos mandaba levantarse en armas a todas las provincias de España, considerando como traidor al que no lo hiciese, en Granada se nos tachaba de traidores, si lo hacíamos; y es que al sublevarnos, perseguían a las Juntas carlistas, y esto no acomodaba.

También era expuesto permanecer con los brazos cruzados; el Rey podía saberlo, y entonces perdían la patente de patriotas.

¿Qué hacer? Sacrifiquemos esta gente que nos está importunando diariamente; y se organizaron tres partidas.

Verdaderamente la formación de partidas carlistas en Andalucía era una locura; porque ni el país es escabroso para organizar un ejército que nace, ni el espíritu de sus habitantes es simpático a la Causa. Pero si estas eran unas verdades que no necesitaban demostración, ¿por qué se nos hacía creer en el levantamiento en día no lejano, evitándonos así el irnos al Norte y conteniéndonos con promesas difíciles de realizar?

Prisioneros carlistas en la Alhambra, Granada (1873)

El 1.° de Marzo de 1873 se levantaban tres partidas en la provincia de Granada.

Una se formó en un cortijo cerca del polvorín del Fargue, a una legua de la capital, que había de operar en tierra de Guadix, país escabroso y con una sola carretera.

Otra se organizó en el paseo de la Bomba, a orillas del Genil, que se dirigía a las Alpujarras, terreno muy quebrado, y que por Sierra Nevada se podía comunicar con la de Guadix.

Y la otra, estratégicamente considerado, debió formarse en Alhama, país escabroso y sin vías de comunicación, y que en caso de apuro podía darse la mano con la de la Alpujarra, por la Sierra de Lújar, o con una que operaba en Vélez-Málaga, por Sierra Tejea.

Esta tuvimos la desgracia de mandarla, por no parecer el jefe destinado al efecto, y nos la hicieron organizar en el peor sitio posible (gracias al Molke que concibió tal proyecto); buscaron la confluencia de una carretera con la única vía férrea que existe en la provincia, y en lugar tan estratégico se nos dio la orden de reunirla.

Las partidas de Guadix y la Alpujarra se sostuvieron diez o doce días; pues aunque contaban con malísimo armamento y ningunas simpatías, el terreno les ayudaba, y solamente sucumbieron al cargar sobre ellas el entonces Brigadier Salamanca, gobernador militar de Málaga, cayendo unos prisioneros y ocultándose otros.

La del Salar de Loja fue sorprendida antes de reunir la gente, como no podía menos de suceder, dada la proximidad de Loja, población grande y muy liberal, y habernos colado entre la carretera y vía férrea.

No siendo nuestro ánimo molestar a nadie, echemos un velo sobre lo pasado y ocupémonos del porvenir.

Andalucía en general es republicana; las clases acomodadas tampoco son simpáticas al carlismo; pero cuando reina la anarquía, todo el que tiene algo busca un salvador, que el desorden no le da lugar a elegir: se acoge al primero que se presenta, y el año 73 no se había presentado más que Don Carlos.

Que había tropa comprometida, es una verdad, y que al desarme de los carabineros se pudo sacar mucho partido, sublevándolos al grito de Don Carlos, no hay que dudarlo; así como pudo formarse una fuerza regular entre alguna tropa y los paisanos.

Cuando hay que acometer grandes empresas, no deben asustar los grandes obstáculos.

Hay países como Navarra y las Vascongadas, Cataluña y el Centro, donde se pueden formar grandes ejércitos; pero como el ejército nacional es mayor, conviene que otras provincias distraigan fuerzas, desmembrándolas del gran centro de acción, y entonces las victorias serán mayores por nuestra parte, trayéndoles graves consecuencias las derrotas al enemigo.

Así es que el fin que se proponía la expedición Lozano debimos nosotros haberlo conseguido, anticipándonos.

Andalucía, aunque llana, no deja de tener defensa, si se la conoce bien, y a su conocimiento añade el jefe que opere un mediano criterio.

Una vez ordenado el levantamiento, debía ya tenerse, no solamente preparado el armamento y estudiado el terreno de operaciones, sino también convenir en la inteligencia de unas fuerzas con otras.

Prisioneros carlistas en las mazmorras de la Alhambra (1873)

Guadix está circundado de numerosos pueblecitos, que hubieran dado raciones suficientes a 1000 hombres, y carece de ferrocarril; la partida de la Alpujarra también contaba con infinidad de pueblos, que aunque pobres, siempre disponen de más recursos que las Vascongadas. La de Alhama, que nunca se debió formar en la venta de Pulgar, contaba con un distrito rico; y todas tres tenían como campo de operaciones la gran cordillera penibética, que en caso apurado les permitía ponerse al amparo del ejército del Centro sin pasar por llano alguno.

La persecución de estas partidas tenía que venir de Málaga, única provincia que contaba con carabineros entonces, pues en Granada no había más que artillería, caballería y nacionales; estos últimos no se movieron, y los otros no podían hacerlo sin infantería.

Ahora bien; el Brigadier Salamanca podía venir por el tren, como efectivamente lo hizo, bajarse en Loja y emprender la marcha por el camino de herradura de Santa Cruz a Alhama; después de una marcha de 7 leguas, se encontraba a los pies de una ciudad fuerte, por su posición, sobre una peña cortada, sirviéndole de foso el río; y aunque entrase sacrificando su gente, todavía teníamos la Sierra Tejea como retirada y como segunda posición; esta defensa daba lugar a concentrarse las partidas que se hallaban sin persecución en la Alpujarra, Guadix y Vélez-Málaga, y establecer una gran defensa, impidiéndonos ser derrotados.

También pudo el Brigadier Salamanca venir por la vereda de Vélez a Alhama; pero no lo haría nunca, pues era mucho más peligroso, a causa de pasar el camino por una hendidura llamada el Barranco del Infierno, donde se hubiera encontrado con muchos diablos que cargasen con sus carabineros.

Noticia de la prensa liberal (05/03/1873)

Después de organizadas, ya era distinto haber bajado a Loja y haber inutilizado la vía férrea para impedir la persecución.

En suma, la Sierra de Loja nos servía admirablemente para cortar el tren y pedir contribución a la ciudad, Sierra Tejea, para comunicarnos con las fuerzas de Málaga, y como punto de defensa de Alhama; por la Sierra de Lujar nos dábamos la mano con la partida de la Alpujarra, y esta a su vez establecía comunicaciones rápidas con las fuerzas de Guadix, por Sierra Nevada.

Estas operaciones, que debieron iniciarse el 1.° de Marzo, hubieran dado magníficos resultados al estallar los cantones en Julio; desarmados los carabineros, marchó la artillería y caballería a Madrid, y entonces quedaba Granada a nuestra disposición, solamente con los cantonales.

Así un movimiento que pudo ser de felices resultados, concluyó por un desastre, que ni siquiera tuvo la virtud de llamar la atención.

CARLOS CRUZ RODRÍGUEZ.

(1) Todos estos hombres están hoy con Cánovas y Sagasta; no podemos, pues, temer les lastime este parrafito. Hablo de Andalucía.

El Estandarte Real (Barcelona, 1890)

lunes, 16 de noviembre de 2015

Don Roberto I de Parma

Tal día como hoy, 16 de noviembre, en 1907, moría S.A.R. D. Roberto, último Duque de Parma reinante, hermano de la Reina D.ª Margarita, combatiente en la Tercera Guerra Carlista, y abuelo del augusto caudillo de la Comunión TradicionalistaD. Sixto Enrique de Borbón. En el Album de Personajes Carlistas (1887), su autor Francisco de Paula Oller publicaba la siguiente reseña biográfica de tan insigne personalidad:


Roberto de Borbón, duque de Parma
(Florencia, 1848 - Lucca, 1907)
Su Alteza Real el Serenísimo Señor Don Roberto, Carlos, Luis, María de Borbón (hijo de Carlos III, Duque de Parma y Plasencia), nació el día 9 de Julio de 1848; y en 19 de Enero de 1854 fue agraciado por Isabel II* con el Collar de la insigne Orden del Toisón de Oro.

Asesinado su padre en 27 de Marzo de 1854, le sucedió en el trono bajo la Regencia de su madre Luisa María Teresa de Borbón, hija del Duque de Berry, Príncipe de Artois. Al proclamarse la guerra de Italia, se presentó el 1.° de Mayo de 1859 a la Duquesa Regente una comisión de oficiales pidiéndola permiso para unirse al ejército de Víctor Manuel. Ante esta actitud de sus tropas juzgó deber suyo la Regente abandonar sus Estados, y después de constituir á sus ministros en Consejo de Regencia salió de Parma el día 2, acompañada de sus hijos, el mayor de los cuales era Doña Margarita hoy esposa de Don Carlos de Borbón.

El mismo día 2 entregaron los ministros de Roberto I el mando a un Gobierno provisional; pero al siguiente tomaron la ofensiva algunas tropas aclamando al Duque niño y a la Regente, disolvieron el Gobierno provisional y repusieron en sus puestos a los antiguos ministros.

La Duquesa Luisa que había ido a Suiza, dejó allí sus hijos y volvió a entrar en Parma para encargarse nuevamente de la Regencia; al tomar posesión de ésta, dio uno manifiesto en el cual mostraba su resolución de no tomar parte en la guerra, y mantenerse neutral a fin de que las potencias beligerantes tuviesen que respetar la independencia de sus Estados.

A los cuatro días de la batalla de Magenta (el 8 de Junio) recibió la Duquesa Regente un parte del Comandante General de Plasencia, quien le decía que había recibido la intimación de abandonar la plaza , y la aconsejaba que, en vista de la actitud de los ejércitos francés y piamontés, se retirase a Viena por Verona y Mantua, respondiendo él entre tanto de su seguridad personal con las fuerzas de su mando.

En vista de esto, llamó la Duquesa Regente a las autoridades, les ordenó que convocaran una Junta de 30 notables del país, la cual Junta se encargara de mantener el orden y decidir la suerte del Ducado; desligó al ejército del juramento de fidelidad que había prestado a su augusto Hijo, y después de dar el día 9 de Junio un manifiesto lleno de nobleza y cariño hacia los Estados que acababa de regir. y que la Revolución le arrebataba, salió de Parma con dirección a Suiza, donde se unió a sus hijos.

Desde 1860 vivió S. A. R. el Duque de Parma lejos de su patria: casó en Roma el día 5 de Abril con la Duquesa María Pía de Borbón, hija de Fernando II de Nápoles y en Enero de 1875 abandonó las dulzuras del hogar doméstico para pelear entre nosotros por la Religión y la legitimidad, ganando la Cruz Roja de 2.ª clase del Mérito Militar en los victoriosos combates de Lumbier.

Concluida la guerra, emigró S. A. R. el Duque de Parma, y consagrado al cuidado de sus hijos, pero ansiando siempre los benditos tiempos de campaña, vive en la actualidad pasando los inviernos en Italia y los veranos en Suiza.


[*] Nota: El Rey legítimo de las Españas, Don Carlos VI, permitía a sus primos los Borbones de Nápoles y de Parma mantener la relación con la usurpadora Isabel y su Gobierno. Encontrándose el Rey en el exilio, las monarquías sufragáneas españolas de la Península Italiana necesitaban el apoyo del Gobierno de facto de España para resistir la invasión piamontesa. De poco les sirvió, pues el apoyo les fue enseguida retirado por la corte usurpadora, en manos de la masonería.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Cronología del Carlismo

Cronología del Carlismo o Tradicionalismo Español desde sus orígenes hasta nuestros días



1814: Fernando VII y su hermano, el Infante Don Carlos, regresan de su cautiverio francés. Tras recibir el Manifiesto de los Persas firmado por 69 diputados a las Cortes Ordinarias, el Rey legítimo de España restaura el Estado Cristiano, suprimido por Napoleón Bonaparte, y anula la Constitución liberal de 1812.

1820: Rafael del Riego, militar perteneciente a la masonería, se alza contra el Rey en Cabezas de San Juan con un ejército destinado a combatir a los rebeldes de América. Esta traición permite que España pierda sus posesiones continentales de Ultramar. Se inicia el Trienio Liberal.

1822: La Guardia Real se subleva contra el llamado gobierno constitucional. Se alzan diversas partidas realistas en Castilla la Vieja, Provincias Vascongadas, Cataluña, Aragón, Murcia, La Mancha y Andalucía. Los realistas toman la Seo de Urgel e instalan una Regencia. Las fuerzas anticonstitucionales se titulan Ejército de la Fe.

1823: El Reino de Francia envía la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis al mando del Duque de Angulema para ayudar a los realistas y liberar a Fernando VII. En esta ocasión, los franceses son recibidos por el pueblo español como libertadores.

1827: Ante las reformas liberales y el no restablecimiento del Tribunal de la Santa Inquisición, los llamados apostólicos de Cataluña, partidarios del Infante Don Carlos, inician la llamada Guerra de los Agraviados o dels Malcontents. Se invoca la necesidad de legitimidad de origen y de ejercicio por parte del monarca.

1830: Fernando VII promulga ilegalmente sin el concurso de las Cortes la Pragmática Sanción para derogar el Auto Acordado de 1713, conocido como Ley Sálica (en realidad semi-sálica), que impedía la sucesión a la corona de su hija, la Infanta Doña Isabel.

1832: Fernando VII cae enfermo y deroga en La Granja la Pragmática Sanción (en realidad, jamás promulgada legalmente). Tras recobrar su salud, anula el decreto derogatorio.

1833: Tras la muerte de Fernando VII, el Infante Don Carlos María Isidro emite el Manifiesto de Abrantes, declarando sus derechos al trono para salvaguardar la Religión y el cumplimiento de la Ley. Será proclamado con el nombre de Carlos V. Se produce el alzamiento de Talavera de la Reina, iniciándose la Guerra de los Siete Años o Primera Guerra Carlista. Bajo la bandera dinástica, voluntarios realistas y anticonstitucionales combatirán a la Revolución liberal para restaurar el Estado Cristiano.

1834: El gobierno cristino firma el Tratado de la Cuádruple Alianza, obteniendo apoyo financiero y militar de Inglaterra, Francia y Portugal.

1835: Muere en el Sitio de Bilbao el General Zumalacárregui, genial organizador del ejército carlista.

1837: La Expedición Real del ejército carlista llega hasta las puertas de Madrid.

1839: Traidores asesinan al Conde de España, leal defensor de Don Carlos. El General Maroto traiciona a Don Carlos y firma el Convenio de Vergara, fusilando a numerosos oficiales carlistas leales. Finaliza la guerra en el norte.

1840: El General Cabrera y sus tropas se retiran a Francia, finalizando la Primera Guerra Carlista.

1844: El Brigadier Antonio de Arjona funda en Madrid el periódico La Esperanza, dirigido por Pedro de la Hoz como órgano oficioso del carlismo hasta la década de 1870.

1845: Carlos V abdica en su hijo, Carlos VI, conde de Montemolín.

1846: Tras fracasar el intento de matrimonio entre la llamada Isabel II y Carlos VI pretendido por Jaime Balmes y Juan Donoso Cortés, los carlistas de Cataluña se alzan nuevamente en armas contra la usurpación bajo el mando del General Cabrera. Se inicia la Guerra de los Matiners.

1847: Benito Tristany es hecho prisionero y fusilado en Solsona.

1849: Finaliza la Guerra de los Matiners o Segunda Guerra Carlista.

1850: La Esperanza es el periódico de mayor circulación en España, puesto que mantendrá durante casi un quinquenio.

1855: Se levantan partidas carlistas en Castilla, Aragón, el Maestrazgo y sobre todo en Cataluña debido al nuevo fracaso de unión matrimonial entre la dinastía carlista y la reinante, y contra los ataques a la Iglesia durante el Bienio Progresista, que impone la libertad de cultos y la desamortización de Madoz.

1859: Estalla la Guerra de África. Numerosos voluntarios carlistas, principalmente de Cataluña, las Provincias Vascongadas y Navarra, se alistan en el Ejército español para combatir a los moros.

1860: Fracasa un alzamiento carlista en San Carlos de la Rápita. El General Ortega es fusilado.

1861: Muere Carlos VI. Recaen en su hermano, Juan III, los derechos a la Corona, a los que renunciará debido a su pensamiento liberal.

1864: Doña María Teresa de Braganza, Princesa de Beira y viuda de Carlos V, publica el manifiesto titulado Carta a los españoles, confeccionado por Pedro de la Hoz y el Dr. José Caixal, obispo de la Seo de Urgel.

1868: La Revolución Septembrina derroca a la llamada Isabel II. Se inicia el Sexenio Revolucionario. Numerosos isabelinos católicos se incorporan a las filas carlistas por su defensa de la Religión y de la Patria. Juan III abdica en su hijo, Carlos VII, duque de Madrid. Don Carlos delega el mando del movimiento en Ramón Cabrera y Griñó, conde de Morella y capitán general de los Reales Ejércitos, que organiza la Junta Central Electoral.

1869: Fracasa el primer alzamiento por Carlos VII. Se levantan partidas en La Mancha, comandadas por Juan de Dios Polo y Vicente Sabariegos; y en León, por Pedro Balanzátegui, que es fusilado en Valcobero. En Montealegre los liberales asesinan a ocho jóvenes carlistas por orden del general Prim. El carlismo se constituye por primera vez como partido político bajo el nombre de Comunión Católico-Monárquica y se presenta a las elecciones constituyentes, obteniendo 20 escaños.Los diputados carlistas como el Cardenal García Puente, el Obispo Monescillo, Ramón Vinader, Guillermo Estrada y el canónigo don Vicente Manterola se destacarán por su defensa legendaria de la Unidad Católica de España. El diputado Cruz de Ochoa aclama a Carlos VII en plena sesión de las Cortes.

1870: Ramón Cabrera presenta su dimisión. Tiene lugar el Congreso Carlista de Vevey (Suiza) en el que se sientan las bases organizativas de la Comunión Católico-Monárquica (también conocida ya en esa época como Partido Carlista, Comunión Carlista, Comunión Legitimista y Comunión Tradicionalista). Francisco Javier Fernández de Henestrosa, marqués de Villadarias, es nombrado Presidente de la Junta Central. Don Alfonso Carlos, hermano de Carlos VII, defiende al Papa en Roma con los Zuavos Pontificios frente a la invasión de Garibaldi.

1871: Los carlistas pasan de 20 a 51 escaños en las Cortes.2 Se inicia la conspiración contra el régimen ante la nueva usurpación de Amadeo de Saboya. Generales del Ejército se comprometen.

1872: Ante la nueva usurpación de Amadeo de Saboya, la Comunión Católico-Monárquica opta por las acciones bélicas. Los generales del Ejército no cumplen su compromiso. Se inicia la Tercera Guerra Carlista. Carlos VII restaura los fueros de Cataluña, Valencia y Aragón, suprimidos por Felipe V tras la Guerra de Sucesión en 1714.

1873: En enero el Infante Don Alfonso Carlos, acompañado de su esposa, Doña María de las Nieves Braganza, entra en España por Cataluña y toma el mando de los carlistas catalanes. Don Alfonso Carlos participará en campañas importantes, como la conquista de Cuenca. En mayo entra en España Carlos VII y se pone al mando de un Ejército regular, mandado por el General Antonio Dorregaray, en el que se distingue el General Nicolás Ollo. Se producen victorias importantes en Eraul, Montejurra y Lamindano.

1875: Tras el Pronunciamiento del General Martínez Campos que pone fin a la Primera República, Ramón Cabrera traiciona a la causa y reconoce al llamado Alfonso XII.

1876: Carlos VII abandona España y finaliza la Tercera Guerra Carlista. Se produce la peregrinación carlista a Roma. Luis María de Llauder funda en Barcelona el diario carlista El Correo Catalán como sucesor de La Convicción.

1878: El Papa León XIII agradece a Carlos VII sus servicios a la Iglesia.

1879: Cándido Nocedal es nombrado Delegado General de Don Carlos.

1885: Muere Cándido Nocedal. Don Carlos asume la dirección del carlismo.

1887: Carlos VII viaja a Hispanoamérica. Se crean cuatro jefaturas regionales dirigidas por Juan María Maestre; León Martínez de Fortún y Erles, conde de San León; Francisco Cavero y Álvarez de Toledo, marqués de Lácar; y Juan Nepomuceno de Orbe y Mariaca, marqués de Valdespina.

1888: Tras la publicación del Manifiesto de Burgos por parte de Ramón Nocedal, se produce la escisión integrista por la ambición personal de Nocedal y la oposición de Don Carlos a la pretensión de restaurar la Inquisición, aunque mantiene el principio de Unidad Católica. La causa carlista pierde numerosos periódicos, entre ellos, El Siglo Futuro, pero mantiene a sus masas. Se funda en Madrid El Correo Español, órgano de prensa de la Comunión Tradicionalista hasta su desaparición en 1921.

1889: Los carlistas crean juntas locales, provinciales, regionales y una central, y organizan festejos civiles y religiosos para celebrar el XIII Centenario de la Unidad Católica de España,​ que constituyen una manifestación y un alarde de las fuerzas y organización de la Comunión Carlista.

1890: Don Carlos nombra a Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista para reorganizarla.

1895: Carlos VII instituye la Fiesta Nacional de los Mártires de la Tradición.

1897: Se da a conocer el Acta de Loredán, que marca el programa del movimiento. Aparece en Pamplona El Pensamiento Navarro, periódico que defenderá el carlismo hasta su desaparición en 1981. En esta fecha se vienen publicando más de 30 periódicos carlistas en España.

1898: Al estallar la Guerra de Cuba y Filipinas contra Estados Unidos, numerosos carlistas se alistan en el Ejército español para combatir a los yankees. Tras la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas debido a la pésima gestión del gobierno liberal, se produce una conspiración carlista contra el gobierno que fracasa debido a la defección del General Weyler.

1899: Cerralbo es sustituido por Matías Barrio Mier.

1900: Se produce el fallido asalto al cuartel de la Guardia Civil en Badalona por medio centenar de carlistas capitaneados por José Torrens, excombatiente en Cuba. Sin autorización de Carlos VII, Salvador Soliva y José Muntadas ordenan el alzamiento algunas partidas carlistas en Cataluña y Valencia. El gobierno suprime durante meses todos los periódicos y círculos carlistas.

1907: La Comunión Tradicionalista participa en la coalición Solidaridad Catalana con la Liga Regionalista, el Partido Integrista y el Partido Republicano Federal. Los carlistas obtienen 14 escaños en el Congreso y 6 en el Senado. Se funda en Barcelona el Requeté como organización juvenil, convirtiéndose después en organización paramilitar para hacer frente a las agresiones de los "jóvenes bárbaros" del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux.

1908: El 25 de julio tiene lugar un multitudinario mitin carlista en Zumárraga (Guipúzcoa), con la asistencia de más de 25.000 personas. El príncipe Don Jaime asiste de incógnito.

1909: Muere Matías Barrio Mier y es sustituido por Bartolomé Feliú. Muere Carlos VII y le sucede su hijo, Jaime III. Los carlistas pasan a llamarse jaimistas. Se produce la Semana Trágica en Barcelona y desaparece la coalición Solidaridad Catalana.

1911: Los jaimistas hacen frente a una ataque lerrouxista durante un aplec tradicionalista en Sant Feliu de Llobregat (Barcelona). El enfrentamiento se salda con un muerto legitimista y cuatro del enemigo. La prensa liberal acusa del suceso a los tradicionalistas. Los lerrouxistas se abstienen de volver a atacar a los tradicionalistas.

1912: Tras la renuncia de Feliú, Don Jaime crea una Junta Suprema bajo la presidencia del Marqués de Cerralbo.

1913: Los restos mortales de Rafael Tristany son repatriados de Lourdes a Barcelona y trasladados de allí a Ardévol (Lérida), su pueblo natal. El jaimismo adquiere una enorme popularidad en la llamada Peregrinación de la Lealtad. Diez mil jaimistas acuden a Lourdes, donde Don Jaime preside el funeral de Rafael Tristany. El traslado de los restos de Tristany da ocasión a imponentes manifestaciones legitimistas en Cataluña.

1914: La Comunión Tradicionalista hace campaña por los Imperios Centrales frente al gobierno aliadófilo para garantizar la neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial. El político tradicionalista más destacado en la campaña es Juan Vázquez de Mella, conocido como el Verbo de la Tradición por su magnífica oratoria. Ese año se editan en España 38 periódicos jaimistas y 9 integristas.

1918: Cerralbo es sustituido al frente de la Junta Suprema por Romualdo Cesáreo Sanz Escartín.

1919: Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, Don Jaime publica un manifiesto contrario a la Prusia protestante y favorable a la Rusia zarista y la Francia borbónica redactado por Francisco Melgar, en el que recrimina a la dirección de la Comunión Tradicionalista su política respecto a la Gran Guerra, apartada de la estricta neutralidad deseada por Don Jaime. Se disuelve la Junta Suprema y se produce la escisión de Mella. Pascual Comín es nombrado Secretario General de la Comunión Legitimista, y después, Luis Hernando de Larramendi. Se crean los Sindicatos Libres en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona.

1921: José de Selva y Mergelina, Marqués de Villores, es nombrado nuevo Secretario General del partido tras la renuncia de Hernando de Larramendi. Deja de publicarse el órgano de prensa del movimiento, El Correo Español.

1923: Los jaimistas de los Sindicatos Libres participan en el golpe de Estado de Primo de Rivera en Barcelona. Don Jaime en un principio ve con buenos ojos la proclamación del Directorio Militar. Muchos jaimistas ingresan en el Somatén primorriverista y algunos ocupan puestos en la dictadura.

1925: Don Jaime se manifiesta hostil a la dictadura de Primo de Rivera por no haber solucionado el problema de Marruecos y la cuestión regionalista. Numerosos jaimistas sufren persecuciones, destierros y cierres de círculos y periódicos.

1931: Tras proclamarse la Segunda República, Don Jaime apoya al gobierno provisional en el mantenimiento del orden y la protección de las iglesias y advierte del peligro comunista, afirmando: «sacrificaría hasta la última gota de mi sangre en la lucha contra el comunismo antihumano, poniéndome al frente de todos los patriotas para oponerme a la implantación de una tiranía de origen extranjero». En dicho manifiesto defiende asimismo la bandera bicolor y el regionalismo, declarándose enemigo del separatismo. Don Jaime fomenta el regreso de los mellistas e integristas a la Comunión Tradicionalista pero fallece poco después. Le sucede su tío, Don Alfonso Carlos. Los mellistas se reintegran en la Comunión.

1932: Se constituye una Junta Suprema bajo la presidencia del Marqués de Villores. A su muerte, el cargo es ocupado por Tomás Domínguez Arévalo, conde de Rodezno. Los integristas regresan a la Comunión Tradicionalista. El diario El Siglo Futuro se convierte en el órgano oficioso del tradicionalismo. Se produce un gran resurgimiento del carlismo en toda España. En octubre el periódico El Cruzado Español se separa de la Comunión Tradicionalista; sus partidarios serán conocidos como cruzadistas y se autodenominan "núcleo de la lealtad".5

1933: La persecución del bienio azañista al tradicionalismo aviva la llama y propagandistas tradicionalistas recorren toda España. Se crean organizaciones de Boinas Rojas y Margaritas. Se forma el centro electoral Tradicionalistas y Renovación Española (TYRE) entre la Comunión Tradicionalista y los contrarrevolucionarios alfonsinos de Antonio Goicoechea y José Calvo Sotelo. Los candidatos tradicionalistas se presentan a las elecciones de noviembre en diversas coaliciones de derechas y obtienen 21 escaños,3 4 de ellos por Andalucía, novedad nunca antes vista.

1934: Manuel Fal Conde es nombrado Secretario General de la Comunión Tradicionalista. En un acto en Potes declarara: «los pueblos tienen derecho a levantarse contra los tiranos». Se inician los preparativos entre carlistas y militares para el Alzamiento Nacional.

1935: Se adopta la Cruz de Borgoña como emblema del Requeté y de la Comunión Tradicionalista. Fal Conde es nombrado Jefe Delegado. En el aplec de Montserrat se concentran 40.000 carlistas y Fal Conde lanza su vibrante frase: «Si la revolución quiere llevarnos a la guerra, habrá guerra».

1936: En diversas provincias, los tradicionalistas se presentan a las elecciones de febrero en las coaliciones anti-izquierdistas del Frente Nacional Contrarrevolucionario y el Frente Catalán de Orden, obteniendo 15 escaños.4 Ante la deriva revolucionaria del gobierno del Frente Popular, el 18 de julio los requetés se alzan contra la República marxista con una parte del Ejército. Se inicia la llamada Cruzada de Liberación y se crea la Junta Nacional Carlista de Guerra. Cien mil combatientes requetés luchan por Dios y por España contra comunistas y separatistas. Masas de carlistas en Cataluña, Madrid, Valencia, Vizcaya y otras regiones quedan en zona roja y son masacradas.

1936: Don Alfonso Carlos muere sin descendencia, nombrando como regente al primo hermano de Don Jaime: Don Javier de Borbón, posterior duque de Parma. Se extingue la principal rama de la dinastía carlista.

1937: El General Franco promulga el Decreto de Unificación entre tradicionalistas y falangistas bajo su propio mando. La dirección de la Comunión Tradicionalista no acata el decreto. El partido único se hace con el control de numerosos periódicos y círculos carlistas. Fal Conde se exilia durante unos meses en Lisboa. Don Javier de Borbón Parma es expulsado de España.

1938: El General Franco nombra tenientes honorarios del Ejército español a los veteranos de las guerras carlistas, que define como «Cruzadas del siglo XIX, precursoras Movimiento Nacional».

1939: El bando nacional gana la guerra. Los requetés desfilan victoriosos.

1940: Comienzan a publicarse los primeros volúmenes de la monumental Historia del Tradicionalismo Español de Melchor Ferrer, Domingo Tejeda y José F. Acedo.

1941: Fal Conde se opone al alistamiento de requetés en la División Azul y es confinado en Menorca.

1942: Atentado de Begoña. Un falangista lanza dos bombas contra un acto carlista al que asistía el General Varela, causando 117 heridos.

1943: Don Carlos Pío de Habsburgo-Lorena y Borbón, archiduque de Austria, publica un manifesto en el que se proclama legítimo heredero del trono de España. Algunos tradicionalistas se separan de la Comunión y lo reconocen como sucesor de Don Alfonso Carlos con el nombre de Carlos VIII. Sus partidarios serán conocidos como carlooctavistas.5

1944: La Gestapo alemana detiene en Francia a Don Javier. El regente de la Comunión Tradicionalista es condenado a muerte y trasladado a Dachau y otros campos de concentración. Será liberado en 1945.

1946: El Conde de Rodezno y otros tradicionalistas, disidentes de la jefatura de Fal Conde e integrados en el llamado Movimiento Nacional, visitan en Estoril al hijo del llamado Alfonso XIII, Don Juan, al que proponen reconocer sus pretendidos derechos a la corona si acepta los principios tradicionalistas y rechaza el liberalismo.

1947: El gobierno promulga la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado. España se declara Estado católico constituido en Reino. Se establece una monarquía electiva. El Jefe del Estado podrá proponer a las Cortes su sucesor a título de rey o regente.

1948: Congreso de la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET). La juventud carlista se reorganiza.

1950: Don Javier jura los fueros de Vizcaya ante el Árbol de Guernica.

1952: Don Javier asume formalmente sus derechos al trono de España ante un Consejo Nacional celebrado en Barcelona durante el Congreso Eucarístico Internacional.

1953: Muere Don Carlos Pío de Habsburgo-Lorena.

1955: En declaraciones al diario Arriba, el General Franco ensalza la figura del llamado Alfonso XIII, elogia a los tradicionalistas integrados en el llamado Movimiento Nacional y humilla a los javieristas, calificándolos de «diminuto grupo de integristas, apartados desde la primera hora del Movimiento, sin eco en la nación» y «seguidores de un príncipe extranjero». Fal Conde cesa como Jefe Delegado. Don Javier nombra una Secretaría Nacional compuesta por José María Valiente, José Luis Zamanillo, Ignacio Hernando de Larramendi y Juan Sáenz-Díez, presidida por el primero. Se inicia la llamada "política de intervención", que trata de influir en el régimen franquista para provocar su evolución hacia una monarquía católica y tradicional.

1957: El príncipe Don Carlos Hugo, hijo primogénito de Don Javier, es presentado a las masas carlistas en la concentración anual de Montejurra en memoria de los muertos requetés. Don Carlos Hugo se declara defensor de los principios del 18 de julio. Los tradicionalistas juanistas, dirigidos por José María Arauz de Robles, se separan formalmente de la Comunión y se reúnen con Don Juan en Estoril.6 Don Juan dice asumir los principios tradicionalistas.

1958: Franco promulga la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento inspirada en buena medida en la doctrina tradicionalista, proclamando el acatamiento a la Ley de Dios según la doctrina de la Iglesia (Declaración II) y la Monarquía tradicional, católica, social y representativa (Declaración VII).7 Don Juan se presenta ante sus partidarios tocado con la boina roja carlista. Mauricio de Sivatte, antiguo jefe regional carlista de Cataluña, se separa de la Comunión y proclama junto a sus seguidores la llamada Regencia Nacional y Carlista de Estella (RENACE). José Luis Zamanillo González-Camino es nombrado Secretario General de la Comunión Tradicionalista.

1960: Cesa el Secretariado Nacional y José María Valiente es nombrado Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista. Se constituyen en diversas ciudades de España los Círculos Culturales Vázquez de Mella como sedes de la Comunión. Llegará a abrirse cerca de 60 círculos. Don Javier nombra a José Arturo Márquez de Prado Delegado Nacional de Requetés.

1961: El Viacrucis de Montejurra de este año supera los cincuenta mil asistentes tradicionalistas, que aclaman a Don Javier y a Don Carlos Hugo, mostrando su rechazo al posible nombramiento como sucesor de Franco del hijo de Don Juan, Juan Alfonso, conocido como Juan Carlos.

1962: Se funda en Madrid la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés, presidida por José Luis Zamanillo. Don Carlos Hugo se entrevista con el General Franco en el palacio de El Pardo y contesta a Franco que ciertamente es necesaria la unidad de los monárquicos, «pero de los monárquicos del 18 de julio».8 En el llamado Contubernio de Múnich, José María Gil Robles, miembro del consejo privado de Don Juan, se reúne con separatistas y socialistas. El PSOE afirma estar dispuesto a aceptar una "monarquía democrática". Carlooctavistas y sivattistas crean las llamadas Juntas de Defensa del Carlismo.9

1963: La dirección de la Comunión Tradicionalista publica un manifiesto en defensa de la Unidad Católica de España ante la intención del ministro de Asuntos Exteriores Fernando Castiella de promulgar una ley de libertad religiosa para agradar a los yankees y la comunidad internacional. Se funda en Murcia el Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT), que pronto se desviará de la doctrina tradicionalista.

1964: La camarilla de Carlos Hugo, dirigida por Ramón Massó, logra expulsar a José Luis Zamanillo de la Comunión Tradicionalista. La Secretaria Nacional de la AET publica un "Esquema Doctrinal" con la intención de cambiar el ideario carlista. Disidentes doctrinales de la Comunión en el MOT y la AET realizan diversas actividades.

1965: Fal Conde trata de evitar una declaración de libertad religiosa del Concilio Vaticano II iniciando una Cruzada de oraciones y de misas y convocando un concurso para premiar un libro sobre la unidad católica como fundamento político-social de España, que gana Rafael Gambra. Los modernistas en el seno de la Iglesia ganan una batalla con la promulgación final de la declaración disciplinar Dignitatis humanae a favor de la libertad de cultos, aunque se reafirma la obligación de individuos y sociedades a abrazar la fe de Cristo.

1965: El Infante Don Sixto, segundo hijo de Don Javier, se alista en el banderín de enganche de la Legión española bajo el nombre de Enrique Aranjuez.

1966: José María Zavala es nombrado Secretario General de la Comunión Tradicionalista y junto con Ramón Massó trata de apartar al Jefe Delegado, José María Valiente.

1966: Francisco López Sanz se ve forzado a dimitir como director de El Pensamiento Navarro y le sucede Javier María Pascual, que da al periódico una nueva orientación ideológica y colabora con Massó y Zavala. El periodista José Carlos Clemente presenta a Carlos Hugo como un príncipe socialista.

1967: Numerosos carlistas de toda España escriben a Don Javier preocupados por la actuación de la Secretaría dirigida por Zavala y auspiciada por Carlos Hugo. Don Javier reconoce que existe «una larga conspiración europea para deshacer el Carlismo con mentiras y calumnias» para beneficiar en España a los «progresistas, rojos y comunistas» y que han sido falsificados documentos a los que se atribuye su autoría. En su mensaje en la concentración de Montejurra, Don Javier confirma la línea política de la Comunión Tradicionalista contraria a los innovadores. En una circular a los jefes regionales, se comunica que las autoridades de la Comunión no dudarán en reprimir, con todo rigor, las actuaciones de quienes colaboren en actitudes de rebeldía con esa línea política, ofensivas para la dignidad del carlismo. Massó presenta su dimisión, junto con los otros integrantes de la Secretaría, salvo José María Zavala y Ángel Romera. Los disidentes de la AET anuncian que se desvinculan del carlismo. Amparo Munilla, Jefa Nacional de las Margaritas, acusa a la Secretaría de estar contacto con los comunistas y de haber abierto e interceptado la correspondencia de Don Javier. Roberto Gonzalo Bayod se opone al desviacionismo de El Pensamiento Navarro y acusa a Ramón Massó y José María Zavala de traidores. La Secretaría logra expulsar a Munilla y Bayod de la Comunión.

1968: Valiente dimite como Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista ante su fracaso en la política de colaboración con el régimen, que ignora a los tradicionalistas. Juan José Palomino es nombrado Presidente de la nueva Junta Suprema. El Centro Zumalacárregui organiza el Segundo Congreso de Estudios Tradicionalistas en Madrid.10 El gobierno expulsa de España a la familia Borbón Parma.

1969: Franco restablece la dinastía usurpadora liberal en la persona de Juan Carlos, que es designado su sucesor a título de rey como "Príncipe de España". Después de la romería de Montejurra, centenares de jóvenes navarros se concentran en Estella y se producen enfrentamientos con las fuerzas de orden público.

1970: La banda terrorista ETA hace estallar una bomba en la imprenta de El Pensamiento Navarro por negarse sus propietarios a cambiar los ideales del periódico y haber expulsado a su anterior director "progresista". El atentado es reivindicado por un grupúsculo marginal autodenominado "Grupos de Acción Carlista" (GAC). En el llamado "Congreso del Pueblo Carlista" reunido en Arbonne (Francia), los carlohuguistas pretenden cambiar toda la doctrina carlista y expulsan a José María Valiente de la organización.

1971: Francisco Puy Muñoz presenta en Santiago de Compostela el libro ¿Qué es el Carlismo?11 El llamado "Congreso del Pueblo Carlista" dirigido por Don Carlos Hugo decide abandonar el calificativo de tradicionalista, empleado como sinónimo de carlista desde hacía cien años, y adquiere la denominación de Partido Carlista como única posible. Los carlohuguistas nombran secretario general a José María Zavala. Algunos destacados tradicionalistas tratan de reagrupar al carlismo entorno a la Hermandad Nacional Monárquica del Maestrazgo, presidida por Ramón Forcadell Prats, para lograr la implantación de la Monarquía del 18 de julio, proyecto que fracasará ante la deriva juancarlista de la Hermandad.

1972: El llamado "Partido Carlista" abandona todo pensamiento carlista y se declara defensor del socialismo autogestionario del dictador yugoslavo Tito. El príncipe Carlos Hugo pierde definitivamente su legitimidad de ejercicio. Los tradicionalistas se han desvinculado del nuevo partido. La mayoría de excombatientes requetés y carlistas de toda España han dejado de acudir a la concentración anual de Montejurra.

1973: En el domicilio madrileño de José Arturo Márquez de Prado la Junta Nacional de Requetés realiza una declaración señalando que asume la tarea de «rehacer la Comunión Tradicionalista» y afirma alzarse contra el príncipe Carlos Hugo por haber «abandonado nuestra bandera». Dicho manifiesto afirmaba asimismo que enarbolando la bandera tradicionalista pretendían «la salvación de las esencias más entrañable de nuestra doctrina social y política, último baluarte desde el cual nos disponemos a librar la postrera batalla contra el marxismo, los totalitarismos de toda laya y el capitalismo anticristiano».

1974: El llamado "Partido Carlista" se suma a la Junta Democrática junto al Partido Comunista de España liderado por Santiago Carrillo, autor de matanzas en masa de miles de carlistas y católicos españoles durante la Guerra Civil.

1975: Don Sixto Enrique de Borbón dirige una carta pública a su hermano acusándolo de haber abandonado los principios carlistas, se erige en Abanderado de la Tradición y se pone al frente de la Comunión Tradicionalista. Valiente funda con algunos tradicionalistas Unión Nacional Española (UNE), que entra en la federación Alianza Popular (AP) hasta 1978 y reconocerá a Don Juan Carlos como rey de una «monarquía católica, tradicional, social y representativa» que Juan Carlos rechazará completamente. Muere el General Franco.

1976: Se reorganiza la Comunión Tradicionalista. Don Sixto de Borbón nombra a Juan Sáenz-Díez Jefe Delegado. Don Sixto preside la concentración anual carlista del Quintillo en Sevilla. Carlos Hugo invita al Viacrucis de Montejurra en memoria de los muertos de la Cruzada a partidos comunistas, socialistas, separatistas y a la banda terrorista ETA. Don Sixto acepta acudir a Montejurra para salvar el carlismo y la memoria de los muertos requetés con José Arturo Márquez de Prado y numerosas personalidades defensoras de la ortodoxia del movimiento, que se hallarán en inferioridad de número frente a huguistas e izquierdistas. Los sucesos de Montejurra se saldan con la muerte de dos izquierdistas en extrañas circunstancias.

1977: Poco antes de morir, Don Javier publica desde París un manifiesto reafirmando la doctrina carlista resumida en su lema "Dios-Patria-Fueros-Rey", en el que señala la incompatibilidad entre carlismo y marxismo o separatismo. Sucede a Don Javier como regente de la Comunión Tradicionalista su hijo Don Sixto, duque de Aranjuez. La Comunión Tradicionalista se constituye legalmente como partido político12 y se opone a la llamada "Transición democrática", realizando durante varios años numerosas campañas propagandísticas en toda España y pronunciando sonados discursos recogidos por la prensa y medios de comunicación. Algunos de los oradores tradicionalistas más destacados serán Jesús Evaristo Casariego y José María Codón.

1978: Militantes de la antigua RENACE fundan Unión Carlista y no reconocen a ningún aspirante al trono. El jefe de las Juventudes Tradicionalistas de Vizcaya, José María Arrizabalaga, es asesinado por ETA con el objetivo de neutralizar al carlismo tradicionalista y como represalia por los Sucesos de Montejurra.

1978: La Comunión Tradicionalista se opone a la peor Constitución liberal de España en toda su historia y pide el No en su referéndum. El llamado "Partido Carlista" de Carlos Hugo pide votar Sí a la Constitución atea y liberal.

1979: La Comunión Tradicionalista se presenta a las elecciones generales en la coalición católica antiliberal Unión Nacional que logra un escaño que ocupa Blas Piñar, con más votos que algunas formaciones separatistas que obtienen numerosos diputados gracias a la Ley Electoral. El llamado "Partido Carlista" no logra representación parlamentaria y sus bases se trasladan a partidos de izquierdas y separatistas. Carlos Hugo renuncia a la presidencia de su fracasado partido, reconoce a Juan Carlos como rey y abandona España.

1981: Desaparece el periódico carlista El Pensamiento Navarro. En su último número denuncia el contexto «demoliberal, con consenso marxistoide y separatista» y destaca la trayectoria heroica del periódico en defensa de la Tradición.

1984: Carlos Cort Pérez-Caballero es designado Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista por Don Sixto.

1986: Se celebra en San Lorenzo de El Escorial el Congreso de la Unidad Carlista. La Comunión Tradicionalista admite la entrada de antiguos sivattistas de Unión Carlista y otros tradicionalistas en la Comunión Tradicionalista Carlista (CTC), nombre que venía usándose por los seguidores de Don Sixto y por los carlistas desde la década de 1930. El llamado "Partido Carlista", agrupación ya marginal, entra en coalición con el Partido Comunista de España y otros grupos de extrema izquierda para fundar Izquierda Unida (IU), coalición de la que es expulsado pocos meses después.

1989: Con motivo del XIV Centenario del III Concilio de Toledo, la revista Iglesia-Mundo publica un número monográfico en defensa de la unidad católica de España con las firmas, entre otros, de los catedráticos José Orlandis, Tomás Marín, Rafael Gambra, Mons. Emilio Silva de Castro, Victorino Rodríguez, Álvaro d'Ors y el obispo de Cuenca José Guerra Campos, bajo la dirección de Miguel Ayuso.

2001: Don Sixto publica un manifiesto llamando al reagrupamiento de los leales, que han ido abandonando su vinculación con la nueva dirección de la CTC, argumentando desviación doctrinal, mala gestión y una reducción de la presencia carlista en las regiones que todavía controlaba a la mínima expresión. Se crea la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto bajo la dirección de Rafael Gambra.

2004: Tras la muerte de Rafael Gambra, Miguel Ayuso asume la jefatura de la Secretaría Política.

2010: José Miguel Gambra es nombrado Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista leal a Don Sixto. Se inscribe legalmente la Candidatura Tradicionalista (CTRAD).


Véase también: Un poco de historia, el carlismo durante Franco.

Notas:

[1] Algunos de los diputados de la minoría carlista fueron el Cardenal García Puente, Arzobispo de Santiago; don Antolín Monescillo, Obispo de Jaén; don Vicente de Manterola, canónigo; el catedrático Guillermo Estrada y los abogados Joaquín María Muzquiz, Cruz Ochoa de Zabalegui, Ramón Vinader y Ramón Ortiz de Zárate.
[2] Los diputados carlistas electos fueron: Rodrigo Ignacio Varona, Ramón Ortiz de Zárate, marqués de Sofraga, Guillermo Verd, José Quinta Zaforteza, Manuel Sureda, marqués de Campo Franco, Jorge de San Simón, Luis María Llauder, Ramón Vinader, conde de Orgaz, Nicolás Pasalodos Ledesma, conde de Canga Argüelles, José Royo y Salvador, Benito Sánchez Freire, Joaquín Hernández, Luciano Puga, Emilio Lázaro, Domingo Miguel Bassols, José Vidal y Llovatera, Luis de Trelles, Narciso Martínez Izquierdo, Ignacio Alcíbar y Zabala, Benigno Rezusta, Manuel Unceta y Murúa, Francisco Gassol y Jové, José Ignacio Dalmau, Juan Civit, Juan Vidal y Carlá, Joaquín María de Sullá, Agustín María Saco, Ramón Somoza Saavedra, conde de Roche, Luis Echevarría, Joaquín María Múzquiz, Cruz Ochoa, Cesáreo Sanz López, Demetrio Iribas, Fernando Felipe Fernández, Guillermo Estrada, Cándido Nocedal, Alejandrino Menéndez de Luarca, Domingo Díaz Caneja, Matías Barrio y Mier, Juan Sánchez del Campo, José María Pereda, Matías Wall, Narciso María Castellví, Julián Otal, Ramón Nocedal, Tomás Vélez Hierro, Diego Musoles, Alejo Novía Salcedo, José Luis de Antuñano, Antonio Juan de Vildósola, Valentín Gómez.
[3] Resultaron electos: José Luis Zamanillo y González-Camino, Gonzalo de Merás y Navía-Ossorio, Luciano de la Calzada, Francisco Estévanez Rodríguez, Marcelino Oreja Elósegui, José Luis de Oriol Urigüen, conde de Rodezno, Javier Martínez de Morentín, Esteban Bilbao y Eguía, Luis Arellano Dihinx, Miguel de Miranda y Mateo, José María Lamamié de Clairac, Javier Ramírez Sinués, Jesús Comín Sagüés, Casimiro de Sangenís Bertrand, Joaquín Bau Nolla, Juan Granell Pascual, Joaquín Manglano y Cucaló de Montull, Romualdo de Toledo y Robles, Ginés Martínez Rubio, José María Hinojosa, Miguel Martínez de Pinillos Sáenz, Juan José Palomino Jiménez, Manuel Senante Martínez (véase aquí).
[4] Componían la minoría tradicionalista: José Luis de Oriol y Urigüen, José María Valiente Soriano, José María Arauz de Robles, Ricardo Oreja Elósegui, Antonio Paguagua Paguagua, conde de Rodezno, Francisco Javier Martínez de Morentín y López, Luis Arellano Dihinx, Jesús Elizalde y Sáinz de Robles, Gonzalo de Merás y Navía-Osorio, Luciano de la Calzada, José María Lamamié de Clairac y de la Colina, Ginés Martínez Rubio, Joaquín Bau Nolla, Jesús Requejo San Román, Jesús Comín Sagués.
[5] El octavismo, movimiento originado en la década de 1930 por el periódico El Cruzado Español, fue impulsado por el jurista militar Jesús de Cora y Lira, junto con Arsenio de Izaga y Bruno Ramos Martínez. En Cataluña, donde vivía Don Carlos Pío, su representante fue el doctor Ramón Gassió Bosch.
[6] El séquito lo componían Rafael Olazábal, Carlos Sanz, Conde de la Florida, Marqués de Albaya, Juan Durán García-Pelayo, Enrique J. Gómez Comes, José María Melis Saera, Conde de Camprodón, Juan Ángel Ortigosa, Benito Fernández Lega, Javier Agudo, Joaquín Dávila Valverde, José María Comín Sagüés, José de Contreras González de Anleo, Carlos Arauz de Robles, Jesús Elizalde, Conde de Melgar, José María Dávila Valverde, Lucas María de Oriol, Marqués de Baides, Luis Arellano, Tomás Perosanz, Luis Villamor, J. Manuel de Oráa, Bernardo de Salazar, Marqués de Grijalba, Fermín Erice, párroco de Añorbe (Navarra), Luis Alonso Fernández, Eduardo Ortega Gómez, Alejandro de la Cruz Requena, José Argudo Sánchez, José María Aguilar, Miguel Miranda Mateo, Conde de Ríocavado, Jesús Ruiz Manzanos, José María Ochoa, Constancio López Barco (presbítero), Narciso San Baldomero, Eduardo Aguirre, Ignacio de Olazábal, José María Arauz de Robles y Eloy Ruiz Aramburu.
[7] Véase "El Tradicionalismo y la Ley Fundamental del Estado", por Miguel Fagoaga, aquí.
[8] Acompañaron a Carlos Hugo el catedrático Álvaro d'Ors, el marqués de Albaicín y Ramón Massó.
[9] Fueron promovidas por Joaquín García de la Concha.
[10] Entre otros, presentan ponencias Francisco Elías de Tejada, Francisco Canals Vidal, Carlos Ibáñez Quintana, Francisco Puy Muñoz y Juan Casañas Balsells.
[11] Edición cuidada por el presentador junto a Francisco Elías de Tejada y Rafael Gambra, con la colaboración de Carlos Abraira López, Enrique Alonso Yagué, Tomás Barreiro Rodríguez, Jorge Beneito de Mora, Jesús Evaristo Casariego, Jaime Calderilla y García del Villar, Luis Cortés Echanove, Carlos Esteve Montagut, Félix Fernández Murga, Emilio Fernández Pintado, Pedro Paulo de Figueiredo, Pedro Galvao de Sousa, Joaquín García de la Concha, José Iturmendi Morales, Félix Adolfo Lamas, Vicente Marrero Suárez, Ernesto Miramón, Diego Reyna de la Muela, Balbino Rubio Robla, Alberto Ruiz de Galarreta, Luis Ruiz Hernández, José Luis Santaló y Rodríguez Viguri, Emilio Serrano Villafañe, Carlos Alberto Soares, Eduardo Trigo de Yarto, Alfonso Treviño de Villalaín, Jesús Valdés Menéndez-Valdés, Ramón Villalón de Cuartas y Gustavo Villapalos Salas.
[12] La nueva junta estaba constituida por Juan Saenz Díez, Ignacio Laviada, Juan Antonio de Olazábal, José María Fal Macías, Raimundo de Miguel, Angel Onrubia, José Arturo Márquez de Prado, Domingo Fal Macías, Antonio Garzón, José Antonio Cabrero, Ignacio Toca, Guillermo Padura, Cruz María Baleztena, Federico Ferrando y José Cabrero Abascal.

OFICIALES DESTACADOS DE LOS EJÉRCITOS CARLISTAS

De la Primera y Segunda Guerra Carlista: Infante Sebastían Gabriel de Borbón y de Braganza, Tomás de Zumalacárregui y de Imaz, Ramón Cabrera y Griñó, Miguel Gómez y Damas, Conde de España, José Jara, Juan Romagosa, Vicente de la Hoz, Conde de Villemur, Juan B. de Balmaseda, Juan B. Zubiri, Manuel de Staricó, Lorenzo Menarquez, Conde de Alcudia, José Aznares, José de Uranga, Conde de Negrí, Juan Antonio Guergué, Conde de Casa-Eguía, Manuel de Medina-Verdes y Cabañas, José Miralles (a) El Serrador, Jerónimo Merino, Marqués de Valde-Espina, Bruno de Villarreal, Domingo Forcadell, Francisco García, Manuel Carnicer, José María de Sagastibeza, Isidro Díaz de Robles, Luis Llagostera, Manuel María González, José de Lespinasse, Vicente González Moreno, Joaquín de Montenegro, Antero Dancausa, Ramón O'Callaghán y Tarragó, José Joaquín de Llorens, Santos de Ladrón de Cegama, Fernando López Aguado, Miguel de Lacy, José de Arias Teijeiro, Prudencio de Sopelana, Marqués de Bóveda, José Borges, Joaquín Quílez, Juan Bautista Erro, José Álvarez de Toledo, Francisco Benito Eraso, Antonio Tallada, José de Sureda, Francisco Tadeo Carlomade, José María de Villavicencio, Barón de Rhaden, Miguel de Otal, Conde de Orgaz, Luis García de la Puente, Melchor de Silvestre, Bartolomé Guibelalde, Basilio Antonio García, Pablo Sanz, Ignacio Brujo, Carlos Pérez de las Vacas, Santigo Villalobos, Martín Luis de Echevarría, Bartolomé Porredón Ros de Eroles, Juan Caballería, Juan Pertegaz, Barón de Herves, Pedro L. de Guimarest, Francisco Romero Palomeque, Conde de Sechi, Rafael Salas Planademunt, José Maña Puig, Fray Felipe López Catalá, Marqués de Villafranca y de Medina-Sidonia, Francisco de Ulibarri, José de San Juan, Teodoro Carmona, José María de Arroyo, José Sacanell, Epifanio Carrión, Euleterio Carrión, Francisco de Iturralde, Joaquín de Alzáa, Francisco de Alzáa, Juan Manuel de Sarasa, Blas María Royo de León, Juan de Goiry, Francisco Ramón Morales, José María de Arévalo, Fernando de Zabala, Luis Eyaralar, Joaquín de Montagut y de Doménech, Marcelino Gonfaus (a.) Marsal.

[Del Alzamiento de San Carlos de la Rápita: Jaime Ortega y Olleta, Joaquín Elío, Francisco Cavero, Mariano Boixaderas, Cristóbal Raga]

De la Tercera Guerra Carlista: Rafael Tristany, Francisco Savalls y Masot, Juan Castells y Rosell, Cayetano de Freixa, Joaquín de Freixa, Juan Francesch y Serret, José B. Moore, José Ponze de León, Isidro de Iparraguirre, José de Zubiri, Antonio Lizárraga, Elío Mogrovejo, Marco de Bello, Antonio Dorregaray, Nicolás Ollo, José de Suelves y de Montagut, Teodoro Rada (a.) Radica, Ignacio Wilhs, Jerónimo Galcerán, Doming Massachs, Benito Font-Cuberta, Pascual Cucala Mir,  Luis de Mas, Joaquín Sacanell,  Manuel Vilageliu, Juan Camps Segalés, Isidro Pamies (Cercós),  Juan Pérez Nájera, Antonio de Suelves y de Ustariz Marqués de Tamarit, Antonio de Arjona, Leoncio González de Granda, Juan de Zaratiegui, Barón de Sangarrén, Antonio de Brea, Mariano Torres de Navarra, Joaquín Elío y Ezpeleta, Romualdo Martínez de Viñalet, Felipe Sabater, Joaquín Llorens, Torcuato Mendiry, Antonio Díez de Mogrovejo, José García Albarrán, José Pérula, Marqués de Grañina, Juan María Maestre, Marqués de Segarra, Amador del Billar, Marqués de Campmany, Ignacio Plana, Alejandro Reyero, Emilio Martínez Vallejos, Cesáreo Sanz, Carlos de Yargas, José de Oriol, Javier Rodríguez de Vera, Julián García Gutiérrez, Marqués de Vallecerrato, José Martínez Tenaquero, Marqués de las Hormazas, Juan Polo, León Martínez de Fortún, Fernando Carnevali, Fernando Adelantado, Vicente Alcalá del Olmo, Francisco de Alemany, José de Alemany, Rafael Álvarez, N. Álvarez del Manzano, N. Álvarez Sobrino, N. Amilibia, Castor de Andéchaga, N. Angosto, Federico Anrich, José Aperregui, Severino Arellano, Alejandro Argüelles, Antonio de Arjona, Emilio de Arjona, Prudencio Ayastuy, N. Baró, N. Barrado, Esteban Barrasa, Alfonso Barraute, José María Berenguer, Bartolomé Benavides, Elicio de Berriz, Juan Ignacio de Berriz, Cipriano Blanco, N. Bock, Marqués de Bondad-Real, Carlos Calderón Vasco, Antonio Camacho, Raimundo Camón, Marqués de Capmany, Fulgencio Carasa, Fernando Canevali, N. Caso, N. Castro, Francisco Cavero, Enrique Chacón, Benito Cherri, Amado Claver, N. Cortázar, Carlos Costa, Manuel de la Cruz, José Curto, Félix Díaz Aguado, Hermenegildo Díaz de Cevallos, Vicente Díaz de Cevallos, N. Díaz de Cevallos, Eustaquio Díaz de Rada, Ramón Domingo, N. Doñamayor, José María Dorda, Martín L. de Echévarri,  N. Elío, Miguel Equiazu, N. Escribano, Venancio Eyaralar, José Feliu, Santiago Fernández, N. Fernández Charrier, José Fernández de Córdoba, José Ferrón, ...

Eusebio Rodríguez Román, Román Sáenz de Inestrillas, Vicente de Albalat, Francisco de Albalat, Juan de Herrera, Marcelino Ortiz de Zárate, Félix Díaz Aguado, Juan de Sureda, Tomás de Sureda, Fernando de Oraá y Cologan, José de Berriz y de Ochoa, José Pérez de Guzmán y Herrera, Manuel Marco y Rodríguez, Ramón Argonz, Marqués de las Torres de Orán, Rodrigo de Medina y Esquivel, Pascual Gamundi, Rafael Álvarez y Cacho, Domingo de Egaña, Ángel Casimiro Villalain, Ramón Nolla Martí, Andrés Madrazo, José Garín y Vargas, Francisco Tallada y Forcadell, Manuel de la Cruz, Tomás Vivas, Joaquín Ferrer, Francisco Roca, Manuel Ibars y López, Conde de Coma de Prat, Conde de Caltavuturo, Joaquín Zaforteza y Crespí de Valldaura, Francisco Hernando, Inocencio de Dorronsoro y Zuarda, Juan Nepomuceno de Orbe y Mariaca Marqués de Valde-Espina,  José María de Orbe y Gaytán de Ayala, Cándido de Orbe y Gaytán de Ayala, José Díez de la Cortina y Cerrato, José Díez de la Cortina y de Olaeta, Alejandro Díez de la Cortina, Manuel de Oraá, Marcelino de Oraá, Antonio Oliver, José Oliver, Isidoro de Iparraguirre, Álvaro de Maldonado, Simón de Montoya y Ortigosa, José M. G. de Solana, Juan de Parada, José A. de Wenetz, Juan Baró Oromí, Regino Mergeliza de Vera, Joaquín Pallés, Gerardo Martínez de Velasco, Pedro Vidal, José Ramos y González, Enrique Sacanell, Justo Sanjurjo, Joaquín Aranda, Andrés de Ormaeche, Pedro Balanzategui Altuna, Juan José de Aizpurúa, Martín Luciano de Echevarri, Miguel Lozano Herrera, Hermenegildo Díez de Ceballos, Castor de Andechaga y Toral, Vicente Sabariegos Sánchez, Joaquín Llavanera Sola, José Ruiz de Larramendi, Matías de Val, Manuel Salvador Palacios, José de Lerga, Fernando Ordoñez, Federico Anrich Santa-María, Pablo Montañes Berdol, Luis de Pagés Caballero, Mario del Villar Castropol, Joaquín de Montagut Villalta, Marcelino Martínez de Junqueras, Ramón M. de San Juan, Jerónimo García, Fernando Vázquez, Juan Gener de Campmajo, Esteban Herrero García, Manuel Plana, Francisc Tomás Chinchilla, Domingo Calvo Peguero, Leonardo Garrido López, José de Respaldiza, Carlos Cruz Rodríguez, Conde de Ayamans, Conde de Fuentes, Conde del Pinar, Diego Fernández Hinestrosa, Manuel de Saavedra, Florentino Polo Peyrolón, José Fernández de Hinestrosa, Salvador Elío.


PRESIDENTES DE CÍRCULOS CARLISTAS EN 1913: 1, D. Damián Abad, Almería; 2, D. Daniel Serres, Mora de Ebro; 3, D. Antonio Andrada, Casar de Cáceres; 4, D. Antonio de Venetz, Tortosa (Tarragona); 5, D. Esteban Aceitero, Alcalá de Henares; 6, don Vicente Elchavarri, Azcoitia; 7, señor Marqués de Tola de Paytán, Bilbao; 8, don Juan María Roma, Barcelona; 9, D. José María Arrilucea, Orduña (Vizcaya); 10, D. Miguel Escursell, Sarriá (Barcelona); 11, D. Francisco J. Muncunill, Berga; 12, D. Ramón Morlanes, Villarroya de la Sierra (Zaragoza); 13. D. Serafín Zúñiga, .Mendigorría (Navarra); 14, D. Francisco de P. Gérbau, Palafrugell; 15, D. Gregorio Ormaechea, Ermua (Guipúzcoa); 16, D. Federico Manjo, Llardecans (Lérida); 17, D. Mateo Ferrer, Felanitx (Mallorca); 18, D. Laureano Alonso, Zamora; 19, don Juan Pablo Huerta, Haro (Rioja); 20, D. Jesús Dermit Aranco, Asua (Vizcaya); 21, D. Jesús Felipe Arenzana, Calahorra (Rioja); 22, D. Andrés Gómez, Alquería Jumilla (Murcia); 23, D. Antonio Gallarreta, Somorrostro (Vizcaya); 24, D. Elías Buruaga, Ochandiano (Vizcaya); 25, don Antonio Pagoaga, Eibar (Guipúzcoa); 26. D. Pedro Clemente Marín, Teruel (Aragón); 27, D. Francisco Llarando Rodón, Reus (Tarragona); 28, D. Justo Sanz Fernández, Segovia; 29. D. Vicente Martínez Palazón, Linares; 30, D. José María Lumbreras, Bolueta (Begoña); 31, D. Diego Tarascón, Casas de Juan Núñez (Albacete); 32, D. Francisco María Ayestarán, Sestao (Vizcaya); 33, D. Joaquín Zubiaga, Motrico (Guipúzcoa); 34, D. Miguel Sasiambarrena, Zumárraga; 35, D. Lorenzo Bolinaga, Mondragón; 36, D. Martín Satristegui, Puente la Reina (Navarra); 37, D. José Viñes Casado, Villanueva y Geltrú; 38, D. Juan Roca, Gironella (Barcelona); 39, D. Fermín Roca Coma, Manresa; 40, D. Lorenzo Marticorena, Pamplona; 41. D. Dionisio Martínez, Estella; 42, D. Juan Camprodón, Manlleu; 43, D. Luis Pujol Casas, Vich (Barcelona); 44, D. Emiliano Moscosa, La Coruña; 45, D. José Anambarrena, Rentería (Guipúzcoa); 46, D. José Tormo Crú, Huesca; 47, D. Vicente Vilaz, Manises (Valencia); 48, D. Domiciano Merino, Carrión de los Condes (Palencia); 49, don Isidoro Gómez, Labastida (Alava); 50, D. Cástor San Pedro, Laguardia (Alava); 51, D. Juan Antonio Echevarría, Villafranca (Guipúzcoa); 52, D. Juan Beta, Paterna (Valencia); 53, D. Felipe González, Cuzcurrita Río Tirón (Rioja); 54, don Tomás Lambarri, Sopuerta (Vizcaya); 55, D. Isidoro Zabaleta, Bargota (Navarra); 56, D. Salustiano Valencia, San Martín de Unz (Navarra); 57, D. Agustín Echavarri, Coria (Cáceres); 58, D. José Broch Juan, Villarreal (Castellón); 59, D. Francisco Abad, Bóveda; 60, D. Bartolomé Sala, Campos (Baleares); 61, D. Ramón G. Talavera, Casatejada (Cáceres); 62, D. Vicente Calduch, Pedralba (Valencia); 63, D. Francisco Mases, Borjas Blancas (Lérida); 64, D. Modesto Urquía, Abanto y Ciérvana; 65, D. Antonio Colomer Ibáñez, Onteniente (Valencia); 66, D. Felipe Martel Cabrera, Las Palmas (Canarias); 67, D. José María Sierra, Santander; 68, don D. Martin de Elorduy. Gijón; 69, D. Rudesindo D. Boizán, Noreña (Oviedo); 70, D. Pedro Gual y Gual, Palma de Mallorca; 71, D. José María Micó, Muro (Alicante); 72, D. Ramón Llantada, Baracaldo (Vizcaya); 73, D. Juan Zufiaurre Irujo, Tafalla (Navarra); 74, D. Sandalio Manso, Albaida (Valencia); 75, D. Daniel Navarro, Logroño; 76, D. Pedro de Polo, Gerona; 77, D. Gregorio Moreno, Calatayud; 78, D. Epifanio Urquizabaso, Guernica; 79, D. Marcos de Unamunzaga, Durango; 80, D. Joaquín Carceller, Forcall (Castellón); 81, D. Joaquín del Portillo, Tecla (Murcia); 82, D. Damián Cusó, San Feliu de Llobregat; 83, D. José Muñezcan, Vitoria; 84, D. Ramón Beitia, Irún; 85, D. Francisco Sanz, Villatuerta (Navarra); 86, D. Juan Jané y Andreu, Bafin (Tarragona); 87, D. Benito Onraita, Oñate (Guipúzcoa); 88, D. Francisco Zubeldia y Pedro Caballero, Tolosa; 89, D. Adrián Querejeta, Elorrio; 90, D. Montserrat Vallet, Gracia (Barcelona); 91, D. Ramón Parés Vilasán, Tarrasa, y 92, D. Jorge Arnedo, Caudete (Albacete). El Correo Español (07/01/1913)


ALGUNOS POLÍTICOS CARLISTAS HISTÓRICOS DESTACADOS:

EXCMO. SR. DUQUE DE SOLFERINO. Senador del Reino por derecho propio y Jefe Regional de Cataluña.
EXCMO. SR. MARQUES DE SAN MARTIN. Diputado a Cortes por Aoiz en varias legislaturas y Jefe Regional de Castilla la Nueva y Extremadura.
EXCMO. SR. MARQUES DE VILLADARIAS. Presidente de la Junta Central Católico-Monárquica en el período revolucionario.
EXCMO. SR. MARQUES DE BELLET. Del Consejo Regional Carlista de Valencia.
EXCMO. SR. MARQUES DE CASTRILLO. Delegado de Carlos VII en las provincias de Málaga, Granada, Almería y Jaén.
EXCMO. SR. MARQUES DE VALDEFLORES. Presidente de la Junta Provincial de Córdoba.
EXCMO. SR. MARQUES DE LA ROCA. Senador carlista por Tarragona en las Cortes de 1870.
EXCMO. MARQUES DE VESSOLLA. Senador por Navarra en varias legislaturas, y había sido Ayudante de Ordenes de D. Alfonso Carlos.
EXCMO. SR. CONDE DE BELASCOIN. Vicepresidente del Centro Militar Carlista de Madrid.
EXCMO. SR. CONDE DE CASASOLA. Diputado a Cortes por La Guardia.
EXCMO. SR. CONDE DE MONTENEGRO. Senador por Las Baleares en 1871 y 1872.
EXCMO. SR. CONDE DE SOL. Senador del Reino en 1871 y 1872.
SR. CONDE DE DOÑA MARINA. Director de «La Verdad» de Santander; de «El Basco» de Bilbao y Vicepresidente de la Junta Regional de Castilla la Nueva.
EXCMO. BARON DE ALBI. Gentil-hombre de Carlos VII y del Consejo Regional de Cataluña.
EXCMO. SR. CONDE ROCHE. Jefe Regional del Reino de Murcia, y Diputado a Cortes por dicha capital de 1871 a 1873.
EXCMO. SR. CONDE DEL CASTILLO DE PINEYRO. Diputado a Cortes por Tudela en 1907 y 1910.
EXCMO. SR. CONDE DE VALDELLANO. Vicepresidente de la primera Juventud Jaimista de Madrid y de la Junta de la Casa de los Tradicionalistas de la Corte.
ILTRE. SR. DON CESAREO SANZ Y LOPEZ. Diputado a Cortes por Pamplona de 1871 a 1873, Vocal del Tribunal Supremo de Guerra y Marina de Carlos VII.
SR. D. RAFAEL DE LLANZA. Diputado a Cortes por Villafranca en 1871.
SR. D. BARTOLOME FELIU. Diputado a Cortes por Tafalla, y Delegado de Carlos VII en España.
SR. D. JOAQUIN DE CORS GUINART. Senador por Gerona en las Cortes Constituyentes.
SR. D. JOAQUIN OLIVAS ZAFONT. Diputado a Cortes por Olot, en 1869.
SR. D. RAMON SOMOZA SAAVEDRA. Diputado a Cortes por Sarriá (Lugo) en 1871.
SR. D. JUAN JOSE ARECHAGA LANDA. Senador carlista por Vizcaya en 1871.
SR. D. ANTONIO VASQUEZ MERGELIZA. Jefe provincial por Ciudad-Real y Director de «El Manchego».
SR. D. NARCISO DE CASTELLVI DE VILLALONGA. Diputado a Cortes por Vendrell en 1871.
SR. D. JOSE MARIA DE AMPUERO. Senador del Reino por Guipúzcoa en 1907.
SR. D. VALENTIN NOGUERUELA. Diputado general provincial por Haro en 1907.
SR. D. MANUEL BONMATI DE CENDRA. Senador por Gerona en 1907.
SR. D. EMILIO SICARS DE PALAU. Senador por Barcelona en 1907.
SR. D. EPIFANIO FORTUNY, BARON DE ESPONELLA. Senador por Lérida en 1907.
SR. D. RAMON DE VALLS Y DE BARNOLA. De las Juntas Regional y Provincial de Barcelona y del Consejo de Redacción de «El Correo Catalán».
SR. D. JOSE ERASMO DE JANER. Jefe Regional de los carlistas catalanes y cofundador de «El Correo Catalán».
SR. D. LORENZO M. ALIER CASSI. Diputado a Cortes por Cervera en 1907 y Secretario de la Junta Regional de Cataluña.
SR. D. MIGUEL JUNYENT ROVIRA. Diputado a Cortes por Vich en 1907. Director de «El Correo Catalán», Jefe Regional con Jaime III y Concejal de Barcelona.
SR. D. MARIANO BORDAS FLAQUER. Diputado a Cortes por Berga en 1907 y Concejal de Barcelona en 1922.
SR. D. SALVADOR ANGLADA. Concejal de Barcelona y miembro en la Junta Regional en 1932 y 1933.
SR. D. JUAN BTA. VIRA CABALL. Concejal de Barcelona y miembro de la Junta Regional de Cataluña.
SR. D. TOMAS CAYLA. Jefe Provincial de Tarragona, Director de «Joventut», Jefe de la minoría carlista del Ayuntamiento de Valls y posteriormente Jefe Regional de Cataluña en 1936 asesinado por los rojos.
SR. D. PEDRO ROMA CARPI. Secretario de la Junta Regional, Presidente de la Juventud y del Círculo carlista de Barcelona.
SR. D. TOMAS DE CENDRA. Vicepresidente de la Junta provincial de Gerona y vocal de la Regional de Cataluña en 1919.
SR. D. JOAQUIN DE SOLA MORALES. Diputado provincial carlista por Olot-Puigcerdá, de la Junta provincial de Gerona y Regional de Cataluña.
SR. BARON DE VILAGAYA. Vicepresidente de la Junta Regional de Cataluña y del Consejo de «El Correo Catalán».
SR. D. LUIS PERICAS MORROS. Diputado provincial por Vich-Granollers varias veces y miembro de las Juntas Regional de Cataluña y Provincial de Barcelona.
SR. D. LUIS ARGEMI DE MARTI. Vicepresidente de la Junta Regional de Cataluña, Senador del Reino y Diputado provincial por Barcelona.
SR. D. NARCISO BATLLE Y BARO. Diputado a Cortes por Barcelona en varias legislaturas y miembro de la Junta Regional de Cataluña.
SR. D. JOSE MARIA DE SITJAR. Presidente de la Junta Provincial Carlista de Barcelona en 1907.
SR. D. RAMON RIERA. Concejal carlista del Ayuntamiento de Barcelona.
SR. D. BARTOLOME TRIAS. Diputado a Cortes por Vich en diferentes legislaturas, Presidente de la Juventud Tradicionalista de Barcelona y Gerente de «El Correo Catalán».
SR. D. JOAQUIN GOMIS CORNET. Jefe carlista del Distrito de Manresa, de la minoría Carlista del Ayuntamiento de aquella ciudad. y del Consejo de Administración de «El Correo Catalán» y de la Junta Regional del 1930 al 1934.
SR. D. PIO DE VALLS Y DE FELIU. Diputado provincial carlista por el distrito de Arenys-Mataró durante muchos años.
SR. D. JOSE MARIA VILAHUR. Jefe provincial de Gerona y Diputado provincial por Gerona en distintas elecciones.
SR. D. TOMAS PINYOL. Jefe provincial carlista de Lérida y diputado provincial por Lérida-Borjas Blancas.
SR. D. MANUEL PUIGREFAGUT. Diputado provincial por Vich-Granollers y Jefe carlista del Distrito de Vich.
SR. D. JUAN LAVAQUIAL. Vicepresidente de la Junta provincial de Lérida y Concejal del Ayuntamiento de la capital.
SR. D. JOAQUIN AVELLA. Jefe provincial carlista de Lérida y Diputado provincial por Valls-Montblanch durante muchos años.
SR. D. JUAN SOLER Y ROIG. Concejal del Ayuntamiento de Barcelona, vicepresidente de la Junta provincial de la misma y autor de algunas obras carlistas.
SR. D. JESUS CONDOMINES. Secretario de la Junta Provincial carlista de Barcelona y concejal carlista de la capital.
SR. D. VICTOR J. OLESA. Diputado provincial por Tortosa-Roquetas y Presidente de la Junta Provincial carlista de Tarragona durante muchos años.
SR. D. SALVADOR MORALES. Aposentador del Cuartel de Carlos VII y periodista católico-monárquico.
SR. D. CIRIACO NAVARRO VILLOSLADA. Miembro de la histórica Junta de Vevey y Director durante mucho tiempo del diario de Madrid «El Pensamiento Español».
SR. D. JULIAN DE OTAL. Diputado a Cortes por Alcañiz.
EXCMO. SR. D. CELESTINO DE ALCOCER. Diputado a Cortes por Vitoria y Laguardia, y Jefe Regional de Castilla la Vieja.
SR. D. CAYETANO BUHIGAS MONTRABA. Diputado provincial varias veces por Vich-Berga.
EXCMO. SR. D. MIQUEL DE DORRANSORO. Diputado General de Guipúzcoa.
SR. D. ANTONIO JUAN DE VJLDOSOLA. Diputado a Cortes por Bilbao de 1869 a 1873.
SR. D. IGNACIO DALMAU Y DE BAGUER. Diputado a Cortes por Seo de Urgel de 1871 a 1873.
SR. D. RAFAEL DIAZ AGUADO SALABERRY. Presidente de la Juventud Carlista de Madrid. Diputado a Cortes por Tolosa en 1807 y 1810 y Presidente del Círculo Tradicionalista de Madrid.
EXCMO. SR. D. MANUEL DE SUREDA Y DE BOXADORS. Diputado a Cortes por Palma de Mallorca y Comisario Regio de Carlos VII por las Baleares.
EXCMO. SR. D. PEDRO LLOSAS Y BADIA. Diputado a Cortes por Olot en distintas legislaturas.
EXCMO. SR. LUIS DE TRELLES. Diputado a Cortes por Vilademuls (Gerona) de 1871 a 1873.
EXCMO. SR. D. BENIGNO DE REZUSTA. Senador del Reino de 1893 a 1895 por la provincia de Guipúzcoa.
SR. D. BIENVENJDO COMIN. Del Consejo Provincial de París 1869, secretario de Carlos VII y miembro de la Junta de Vevey en 1870.
SR. D. PASCUAL COMIN. Jefe Regional de los carlistas de Aragón con Don Carlos y con Don Jaime.
SR. D. RODRIGO IGNACIO DE VARONA. Diputado a Cortes por Alava de 1871 a 1873.
SR. D. FRANCISCO DE P. OLLER. Notabilísimo escritor carlista, fundador de la primera Biblioteca Tradicionalista y de varios semanarios carlistas y representante de D. Carlos, D. Jaime y D. Alfonso Carlos en la República Argentina.
SR. D. CARLOS FERNANDEZ DE HINESTROSA. Gentil-hombre de D. Jaime de Borbón.
SR. D. AGUSTIN CRESPI DE VALLDAURA. Presidente del Centro Parlamentario carlista en 1871 y 1872.
SR. D. LEON CARBONERO SOL Y MERAS. Notable escritor carlista.
SR. D. MANUEL CARBONERO SOL Y MERAS. Periodista y Vicepresidente del Circulo Tradicionalista de Madrid.
SR. D. JUAN VIDAL DE LLOBATERA. Diputado a Cortes por Torroella de Montgrí y Auditor de Guerra de los carlistas.
SR. D. MANUEL DE BOFARULL Y DE PALAU. Diputado a Cortes por Vilademuls en 1907 y Senador por Gerona en 1912.
SR. D. RAMON ORTIZ DE ZARATE. Diputado a Cortes por Vitoria desde 1868 a 1871.
SR. D. RAMON ORTIZ DE ZARATE (sobrino del anterior). Director de «El Correo del Norte». Diputado provincial de Alava y fundador del diario «El Alavés».
SR. D. JOAQUIN LLACH. Presidente de la Junta provincial de Gerona y vocal de la Regional en 1919.
SR. D. DALMACIO IGLESIAS. Diputado a Cortes por Gerona y fundador de «La Voz de la Tradición».
SR. D. JUAN L. MARTIN MENGOD. Primer Director del «Diario de Valencia», Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Valencia y culto publicista.
SR. D. JOSE DE ESPAÑA Y DE ORTEU. Presidente, durante muchos años de la Junta Provincial carlista de Barcelona y del Círculo Tradicionalista de la capital.
SR. D. DOMINGO VALLS. Presidente de la Junta Provincial de Lérida y vocal de la Regional en 1919.
SR. D. JOAQUIN MARIA DE SULLA. Diputado a Cortes carlista por Tremp en las Cortes de Don Amadeo.
EXCMO. SR. MARQUES DE DOU. D. Luis Fernando de Alós era Diputado a Cortes por Tortosa en el reinado de Isabel II. Toda su vida estuvo adherido a la Causa Católico-Tradicionalista. Perteneció a la Junta Regional carlista de Cataluña, al Consejo de Redacción y Administración de «El Correo Catalán» durante muchos años; gran amigo del Sr. Llauder y muy querido de Don Carlos VII.
SR. D. ALBERTO DE URRIES. Hijo de los Marqueses de Ayerbe, a la muerte de Fernando VII abrazó la causa carlista, tomando parte en cuantos trabajos de conspiración y organización fueron menester, captándose el odio y la persecución de los liberales, que se cebaron en él. En 1868. en Zaragoza, con Comín, el General Maco, el Conde de Robles, Serrano Franquini. se pusieron al frente del movimiento carlista de Aragón.
SR. D. JOSE SORRIBES Y RUIZ. PBRO. El Doctor Sorribes, Capellán Real del Monasterio de El Escorial, cuando el destronamiento de Doña Isabel emigró a Francia, donde trabajó en favor de la Causa Carlista. desempeñando delicadas comisiones. Culto escritor, sus artículos en «El Correo Catalán» hicieron célebre el pseudónimo de «Un Ermitaño».
SR. D. FELICIANO DE OCAÑA MANZANARES. Entusiasta conspirador y favorecedor de la Causa Carlista en la Tercera Guerra. Presidente de la Junta Tradicionalista del distrito de La Latina de Madrid.
SR. D. JOSE GALINDO Y VIDIELLA. Presidente de la Diputación carlista de Aragón. en 1875.
SR. D. MARTIN GAYTAN DE AYALA. Gentil-hombre de D. Jaime de Borbón.
SR. D. ARTERO DE SAMANIEGO. Secretario de D. Jaime III.
SR. D. JESUS L. DE GRIMAREST. Presidente de la Junta Provincial Tradicionalista de Sevilla en 1871 a 1873.
SR. D. ANTONIO QUERALT. Presidente del Circulo Carlista de Tortosa en los azarosos tiempos de conspiración que precedieron a la Tercera Guerra.
SR. D. RAMON DE SALVADOR. Presidente de la Diputación Carlista del Maestrazgo en 1875.
SR. D. JOSE ZAFORTEZA Y MUSOLES. Fue Presidente de la Juventud Carlista de Palma de Mallorca.
SR. D. JOSE QUINT ZAFORTEZA Y TOGORES. Diputado a Cortes por Manacor en 1871 y 1873.
SR. D. JUAN VIDAL CARLA. PBRO. Diputado a Cortes por Sort (Lérida) cuando las Constituyentes.
SR. D. PASCUAL DE ISASI ISASMENDI. Diputado a Cortes carlista por Bilbao en 1869.
SR. D. JOAQUIN HERNANDEZ RODRIGUEZ. Diputado a Cortes carlista por Ordenes en 1871.
SR. D. GUSTAVO SANCHEZ MARQUEZ. Escritor tradicionalista y Administrador-Gerente de «El Correo Español» durante muchos años.
SR. D. JUAN B. FALCO. Fundador de la «Biblioteca Popular Carlista». Jefe redactor de «El Correo Catalán» y corresponsal colaborador de la prensa carlista en Barcelona.
SR. D. FERNANDO FELIPE FERNANDEZ. PBRO. Diputado a Cortes carlista por Orense en las Cortes Constituyentes.
SR. D. GUILLERMO VERD. Diputado a Cortes carlista por Inca (Baleares) en 1871.

(Listado superior extraído del Álbum histórico del Carlismo: 1833-1933-35)

MÁS CARLISTAS DEL SIGLO XX:

Inocencio Iglesias Urdain, combatiente requeté laureado con 13 años de edad; Celestino García Verde (†1938), tradicionalista muerto de enfermedad durante la Cruzada; Fernando Quintillá Bayle (ca.1898-1965), linotipista de El Correo Catalán y abanderado de requetés; Esteban Ezcurra Arraiza (1888-1964), alcalde de Echauri y comandante jefe de requetés de Navarra durante la Cruzada; José Roca Fábregas (†1966), administrador de la Hoja del Lunes (†1966); Buenaventura Roca Fábregas (†1958); Juan Roca Fábregas (†1959); Antonio Roca Fábregas; Lorenzo Díez Villanueva (†1958), médico y medalla de la Vieja Guardia y de las Aspas de Borgoña; Ramón Gassió Bosch, médico y miembro de la Asociación de la Prensa; Francisco Guarner, diputado provincial; Pedro Roma Campi (ca.1887-1970), teniente alcalde del Ayuntamiento de Barcelona y miembro de la Junta Regional de la C.T. en Cataluña; Salvador Anglada Llongueras (1878-1936), miembro de la Junta Regional de la C.T. en CataluñaJosé María Marqués Sabater (1877-1956) miembro de la Junta Regional de la C.T. en Cataluña; Juan Bautista Viza Caball (1884-1979), miembro de la Junta Regional de la C.T. en Cataluña; Agustín Rubió; Carlos Massagué; Santiago Garrigó; Romero Gimeno; Juan Molleda; José María Roger; José Bernabé Oliva;

Francisco Baygual, presidente del consejo de administración del Fomento de la Prensa Tradicionalista S.A.; José María Baygual; Claudio Colomer Marqués (1921-2015), director de El Correo Catalán; José María Comalrena de Sobregrau;


Manuel Piorno Martín de los Ríos (†1971), jefe regional de la Comunión Tradicionalista en la región leonesa durante la década de 1960; Antonio María Solís García, consejero nacional de la Comunión Tradicionalista durante la década de 1960; 

Categorías del blog

Tradicionalismo granadino (65) Tradicionalismo en nuestro tiempo (50) Carlistas de Granada (36) Comunión Tradicionalista durante el periodo alfonsino (28) Guerra Civil Española (27) Comunión Tradicionalista durante la Segunda República (25) Requetés (25) Cruzada de Liberación (23) Comunión Tradicionalista durante el gobierno de Franco (20) Tercera guerra carlista (20) Historia del carlismo (17) Mártires de la Tradición (17) El Siglo Futuro (15) Prensa tradicionalista (15) S.A.R. Don Sixto (15) Poemas (14) Juan Vázquez de Mella (13) Tercio de Requetés Isabel la Católica (13) Doctrina carlista (12) Primera guerra carlista (10) 18 de julio (9) Familia Real proscrita (9) General Carlos Calderón (9) Guerra de la independencia (8) La Verdad (8) Militares carlistas (8) Rafael Gambra (8) Cofradía Nuestra Señora de los Dolores de Granada (7) Familia Borbón Parma (7) Familia Pérez de Herrasti (7) Guerra Civil en Granada (7) Carlos Cruz Rodríguez (6) Carlos VII (6) Círculo Fal Conde (6) Guerra realista (6) Obispos íntegros (6) Toma de Granada (6) Tradicionalismo malagueño (6) Virgen de las Angustias (6) Alzamiento Nacional (5) Comunión Tradicionalista (5) El Correo Español (5) Fascismo (5) Fiesta de Cristo Rey (5) José Luis Vázquez Dodero (5) Montejurra (5) Unidad católica (5) himnos tradicionalistas (5) Agrupación Escolar Tradicionalista (4) Arzobispos de Granada (4) Carlismo en Andalucía (4) Carlistas célebres (4) Francisco Guerrero Vílchez (4) Juan Marín del Campo (4) Manuel Fal Conde (4) Miguel Ayuso (4) Agencia FARO (3) Benito Mussolini (3) Boletín Fal Conde (3) Carlismo en Hispanoamérica (3) Carlistas de Almería (3) Carlos Hugo de Borbón Parma (3) Crímenes liberales (3) Dios Patria y Rey (3) ETA (3) Fabio (3) Francisco José Fernández de la Cigoña (3) Gabino Tejado (3) General No importa (3) Historia de España (3) Jaime III (3) Javier de Borbón Parma (3) José Miguel Gambra (3) Juan Bertos Ruiz (3) Julio Muñoz Chápuli (3) Liturgia católica (3) Partido Integrista (3) Partido carlista (3) Periodistas carlistas (3) Sixto Enrique de Borbón (3) Víctimas de ETA (3) Víctimas del terrorismo (3) Abadía del Sacromonte (2) Andrés Manjón (2) Balbino Rubio Robla (2) Carlistas de Málaga (2) Catecismo católico (2) Cofradía Nuestro Padre Jesús del Rescate (2) Conde de Rodezno (2) Contra-revolución (2) Corpus Christi en Granada (2) Cristóbal Colón (2) Descubrimiento de América (2) Dos de mayo (2) Día de la Hispanidad (2) El Catolicismo liberal (2) Emilio Ruiz Muñoz (2) Estado y Nación (2) Francisco Elías de Tejada (2) Francisco de Paula Oller (2) G. K. Chesterton (2) General Sanjurjo (2) Gran Capitán (2) Integristas de Granada (2) Isabel la Católica (2) Jaimismo (2) José Gras y Granollers (2) José María Lamamié de Clairac (2) José Sanjurjo (2) Juan Creus y Manso (2) Juan Manuel de Prada (2) La Esperanza (2) León XIII (2) Liberalismo (2) Literatura (2) Maestrantes de Granada (2) Manuel María Fernández de Prada (2) Manuel Senante (2) Marqués de Villores (2) Masonería (2) Melchor Ferrer Dalmau (2) Monarquía tradicional (2) Nación española (2) Revista Cristiandad (2) Revista Montejurra (2) Reyes Católicos (2) San Fernando (2) Siglo de Oro español (2) Tradicionalismo francés (2) Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo (2) A los 175 años del Carlismo (1) Abrazo de Vergara (1) Academia y Corte de Cristo (1) Acción Católica (1) Adolf Hitler (1) Al-Andalus (1) Alejandro Utrilla (1) Alféreces provisionales (1) Alphonse Kannengieser (1) Andrés Pérez de Herrasti y Pulgar (1) Antonio Aparisi y Guijarro (1) Antonio Blanes Zayas (1) Antonio Iturmendi (1) Antonio Molle Lazo (1) Antonio Pérez Dubrull (1) Asociación Víctimas del Terrorismo (1) Balbino Santos Olivera (1) Bandera de Andalucía (1) Batalla de Lepanto (1) Batalla de Montejurra (1) Batalla de Somorrostro (1) Biblioteca Popular Carlista (1) Blas Piñar (1) Cantos a España (1) Cardenal Cisneros (1) Carlismo (1) Carlismo en Granadam¡ (1) Carlismo en Jaén (1) Carlismo en Navarra (1) Carlistas de Córdoba (1) Carlos Calderón (1) Catolicismo liberal (1) Cayetano de Borbón Parma (1) Cerro Muriano (1) Chafarote (1) Cien Mil Hijos de San Luis (1) Club de tertulia Secondo Venerdi (1) Comunismo (1) Comunión Tradicionalista Carlista (1) Conde de Arana (1) Conde de Padul (1) Conrado Reiss (1) Conservadurismo liberal (1) Coronavirus (1) Coronel Longo (1) Cruzadas (1) Crímenes comunistas (1) Crímenes nazis (1) Dalmacio Iglesias (1) Devociones (1) Dinastía carlista (1) Dinastía usurpadora (1) Dionisio Bolívar (1) Don Quijote de la Mancha (1) Edad Media (1) Editorial Católica Española S. A. (1) Editorial Tradicionalista (1) Eduardo Baselga Recarte (1) Efemérides carlistas; Luis Infante; (1) El Cruzado Español (1) El Pensamiento Navarro (1) Emigración carlista (1) Emilia Pardo Bazán (1) Emilio Barrera Luyando (1) Engelbert Dollfuss (1) Enrique VIII de Inglaterra (1) Eoin O'Duffy (1) Erasmo de Rotterdam (1) Expulsión de los moriscos (1) Felipe VI (1) Fernando III el Santo (1) Francisco Javier Mier y Campillo (1) Francisco Javier Simonet (1) Francisco Navarro Villoslada (1) Francisco Suárez (1) François Hotman (1) Fraternidad de San Josafat (1) Fray Leopoldo de Alpandeire (1) Fray Luis de Granada (1) Friedrich Engels (1) Fructuoso Pérez (1) Fueros (1) Félix Sardá y Salvany (1) Gabia Chica (1) General (1) General Barrera (1) General Elío (1) Generales carlistas (1) Guerra de Ucrania (1) Hacienda Jesús del Valle (1) Hermandad Sacerdotal San Pío X (1) Hijas de Cristo Rey (1) Historia de Andalucía (1) Historia del Tradicionalismo Español (1) Historia del liberalismo (1) Homilías (1) Ignacio Baleztena Ascárate (1) Isabel II (1) Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti (1) Jaime Balmes (1) Jaime de Carlos Gómez-Rodulfo (1) Javier de Quinto (1) Jean-Jacques Rousseau (1) Jesuitas (1) Jesús Evaristo Casariego (1) Joaquín Ímaz Martínez (1) Josefismo (1) Josep Carles Clemente (1) José Carlos Clemente (1) José Luis Rubio Willen (1) José Luis Zamanillo (1) José Manuel Baena Martín (1) José María Arauz de Robles (1) José María Ruano (1) José María Valiente (1) José María de Arévalo (1) José María de Pereda (1) José Meseguer y Costa (1) José Millán Astray (1) José Moreno Mazón (1) José de Castro y Serrano (1) Juan Antonio Ansaldo (1) Juan Calvino (1) Juan Donoso Cortés (1) Juan José Vivas-Pérez (1) Juan María Roma (1) Juan Sáenz-Díez (1) Judaísmo (1) Judíos y católicos en Austria-Hungría (1) Julio Nombela (1) Karl Marx (1) La Hormiga de Oro (1) Legión Española (1) Leonardo Castellani (1) Leopoldo Eguilaz Yanguas (1) Lorenzo Ros (1) Lorenzo Sáenz y Fernández Cortina (1) Los últimos de Filipinas (1) Macarena Olona (1) Maite Araluce Letamendia (1) Manifiesto de los Persas (1) Manto de la Virgen de las Angustias (1) Manuel Fernández de Prada (1) Manuel Polo y Peyrolón (1) Manuel Sola Rodríguez-Bolívar (1) Marcelino Menéndez Pelayo (1) Marián Vayreda (1) Marqués de las Torres de Orán (1) Martin Luther (1) Martín Lutero (1) María del Pilar Bertos Herrera (1) Mauricio de Sivatte (1) Miguel de Cervantes (1) Misa tradicional (1) Misa tridentina (1) Montejurra 76 (1) Mozárabes (1) Muertos por Dios y por España (1) Mártires de La Garrofa (1) Médicos de Granada (1) Natalio Rivas Santiago (1) Navidad (1) Nos que valemos tanto como vos y todos juntos más que vos (1) Obispos de Almería (1) Oliveira Salazar (1) Oswald Mosley (1) Padre Manjón (1) Papa Pío XII (1) Pedro Calderón de la Barca (1) Pedro Sánchez Eguzquiza (1) Pensadores tradicionalistas (1) Periodista José Fernández Martínez (1) Periódico El Triunfo (1) Programa tradicionalista (1) Protestantes (1) Protestantismo (1) Príncipe heroico y soldados leales (1) Quintillo (1) Ramón María del Valle-Inclán (1) Ramón Nocedal (1) Rebelión de las Alpujarras (1) Reforma protestante (1) Revolución francesa (1) Reyes de Aragón (1) Reynaldo Brea (1) Romerías (1) Rufino Peinado (1) Sagrado Corazón de Jesús (1) Salvador Morales Marcén (1) San Agustín (1) San José (1) San José de Calasanz (1) San Pío X (1) Sanfermines (1) Santiago Apóstol (1) Sebastian Brunner (1) Separatismo (1) Sitio de Ciudad Rodrigo (1) Sodomía (1) Sucesos de Montejurra (1) Sylvia Baleztena Abarrategui (1) Terciarios franciscanos (1) Tercio Nuestra Señora de la Merced (1) Tercio de Navarra (1) Tercio de Requetés Nuestra Señora de las Angustias (1) Tirso de Olazábal (1) Tolkien (1) Tomás Domínguez Arévalo (1) Ulrich Zwingli (1) Ulrico Zuinglio (1) Vicente Casanova y Marzol (1) Viena (1) Vox (1) Wiener Kirchenzeitung (1) mal menor (1) marxismo (1) piloto Lacombe (1) reseñas de libros (1) Ángel David Martín Rubio (1) Ángel Ganivet (1) Órgiva (1)