Mostrando entradas con la etiqueta Militares carlistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Militares carlistas. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de junio de 2015

170.º Aniversario del nacimiento de D. Carlos Calderón y Vasco

Hoy hace 170 años nacía en Granada el titular de nuestro humilde Círculo Tradicionalista, el Brigadier y posteriormente General D. Carlos Calderón y Vasco, de quien a pesar de sus humanos defectos tomamos el nombre por ser paisano nuestro, por sus virtudes militares, por su entrega al ideal tradicionalista que defendemos y por su gran cercanía al más grande Caudillo y Abanderado de nuestra Causa tres veces santa.

Don Carlos Calderón y Vasco nació en Granada el 13 de junio de 1845. Hijo de una familia aristocrática y rica, renunció al bienestar para ofrecer su fortuna y servicios a Carlos VII a raíz de la revolución septembrina. Diputado a Cortes por Granada por el partido carlista, en 1872 dimitió el cargo para dedicarse por entero a la guerra, consiguiendo empréstitos y armas para el Ejército de Don Carlos. Comenzada la guerra, peleó primero a las órdenes del General Ollo, y se distinguió en las acciones de Monreal, Eraul, Oñate, Azpeitia, Puente la Reina, Lecumberri, Dicastillo, etc., etc., ascendiendo a Brigadier en la batalla de Lácar. En febrero de 1876 fue tal su valor y tal el derroche de heroísmo en la acción de Montejurra, que los Generales Primo de Rivera y Cortijo devolvieron su espada al Brigadier Calderón y a su Ayudante, quedando prisioneros bajo palabra de honor. Terminada la guerra pasó a Francia para ponerse nuevamente a las órdenes de su Rey, el cual le ascendió a Mariscal de Campo por su comportamiento brillante en la batalla de Montejurra. Vestía el hábito de Caballero de Alcántara y estaba en posesión de tres Cruces rojas del Mérito Militar. Fiel a su Bandera y a su Rey murió en el destierro, en París, en noviembre de 1891.

Esto es lo que escribía de Calderón D. Carlos VII en sus memorias poco antes de la guerra, en 1870:


Carlos Calderón y Vasco 

(Granada, 1845 - París, 1891)
«Carlos Calderón y Vasco era oficial del Ejército. Estuvo de Ayudante del Duque de Osuna en Petersburgo y se me presentó en París con varios compañeros suyos. Le nombré Oficial de Órdenes con empleo de capitán. Me ha servido bien, con mucho celo y buen deseo. Tendrá ahora veinticinco años, y cuando se siente un poco, creo que valdrá. Tieñe corazón y bastante buen criterio; es valiente y decidido. Algo corredor y muy alborotado. Ha hecho sacrificios pecuniarios por la Causa y está dispuesto a hacer más. Tiene un buen fondo, pero ha sido mal educado. No le han inculcado principio alguno; pero defiende los nuestros con entusiasmo. (...) A mí me quiere de veras. Nunca adula; si peca, será por el lado contrario. Le he enviado a muchas comisiones y las desempeñó todas bien. Tiene la noble ambición de la Ordenanza; es muy pundonoroso y desea llegar a ser algo, pero mereciéndolo. Le gusta discutir y en la discusión da a conocer que no carece de talento, pero un talento natural, al cual falta el pulimento. A veces pasa horas enteras con Aparisi y dice que piensa idénticamente como él, lo que no deja de sorprender a los que le conocen y saben lo calavera que es; pero buen calavera. Tiene buenos modales de sociedad y era uno de los elegantes de París. Espero, dentro de unos años, escribir otra vez sobre Calderón y decir de él cosas grandes, pues le creo capaz de ellas. «En el campo de batalla, los calaveras se distinguen ordinariamente.» Esto me lo decía mi tío, el sesudo y moral Duque de Módena.»

Memorias y diario de Carlos VII

Si quiere contribuir con un donativo para conservar la tumba del general Calderón, puede realizar una transferencia por PayPal a circulogeneralcalderon@gmail.com o bien una transferencia o ingreso bancario al siguiente número de cuenta corriente:

                                          Banco ING
                                          IBAN: ES09 1465 0120 31 2009412098
                                          BIC: INGDESMMXXX

Si dispone de una cuenta PayPal, por favor acceda directamente a paypal.com (enviar dinero > enviar dinero a amigos o familiares > circulogeneralcalderon@gmail.com) ya que el pago a través del botón DONAR de PayPal tiene una comisión de casi el 5%.    
No obstante, si no dispone de una cuenta PayPal, puede hacer clic en el siguiente botón para hacer una donación utilizando su tarjeta de crédito o débito:

                        

viernes, 6 de febrero de 2015

¡Conservemos la tumba del General Calderón!

A poco más de un mes de la celebración señera de los carlistas, la Festividad de los Mártires de la Tradición, desde el Círculo General Carlos Calderón realizamos un llamamiento a todos los correligionarios para que cooperen con nosotros por salvar la tumba del ilustre titular de nuestro humilde círculo.

Repasemos su biografía:

Don Carlos Calderón y Vasco (Granada, 1845 — París, 1891), de quien hemos hablado en otras ocasiones (cf. CXXIII Aniversario de Carlos Calderón y VascoEl general carlista granadino Don Carlos Calderón y VascoCarlos Calderón y Vasco, general carlista granadino) fue un militar que tras el estallido de la Revolución de Septiembre de 1868 se presentó en París para ofrecer su espada a Don Carlos VII, que lo nombra Capitán. Durante la III Guerra Carlista llegó a ser Brigadier y acabada la misma, por su lealtad y servicios prestados, el Duque de Madrid —gran amigo suyo hasta el final de sus días— lo ascendió a General de División.

El nombre de Calderón sonó mucho en la guerra y sus cargas a la bayoneta fueron célebres. Oroquieta, Monreal, Oñate, Eraul, Lecumberri, Estella y Dicastillo podrían hablar del heroísmo de don Carlos Calderón.

En febrero de 1876 se le encargó la defensa de Montejurra y al mando solamente de tres batallones, un escuadrón y una batería, logró poner su enardecido entusiasmo a la mayor altura de la gloria militar. Al ser tomada Estella por los liberales, el General Primo de Rivera, como recompensa al valor demostrado por Calderón, le devolvió su espada, haciéndolo prisionero bajo palabra de honor.

Quizá debido a este gesto de caballerosidad por parte del enemigo, algunos revoltosos navarros empezaron a circular el rumor de que Calderón los había traicionado, habiendo vendido Montejurra al enemigo por cinco mil duros, suma que él se gastaba en la menor de las fiestas que con frecuencia ofrecía. Esta disparatada calumnia no hizo nunca la menor mella en el ánimo de Carlos VII, que le conservó hasta la muerte grandísimo afecto, conviniendo los dos que, mientras vivieran, pasarían juntos todos los años el día de San Carlos, patrón de ambos.

Prueba de la dedicación y entrega no sólo militar, sino también pecuniaria, de Carlos Calderón a la Sagrada Causa de la Tradición —que jamás abandonó— son las palabras del rey legítimo en 1870:

«Tiene corazón y bastante buen criterio; es valiente y decidido. [...] Ha hecho sacrificios pecuniarios por la Causa y está dispuesto a hacer más.»

Antiguo Colegio Calderón
colegioreginamundi.com
Como curiosidad, puede citarse el personaje de las Sonatas de Valle-Inclán, el Marqués de Bradomín, todo un Don Juan inspirado en la figura del General Calderón.

Para la ciudad de Granada la familia Calderón fue una gran benefactora. El padre de D. Carlos Calderón y Vasco, D. Carlos Manuel Calderón y Molina, construyó el carmen de los Mártires; y su señora madre, D.ª Josefa Vasco Gómez, se entregó por completo a la caridad cristiana que le valió recibir el título de Marquesa de la Caridad por Carlos VII en 1874. Muestra del ejercicio de esta virtud teologal por parte de la familia Calderón es el Colegio que donaron a la ciudad de Granada para la enseñanza de los pobres: el Colegio Calderón, hoy Regina Mundi, cuyo edificio original se encontraba en la calle Recogidas.

Acabada la guerra, Carlos Calderón se dedicó a sus importantes negocios en el extranjero y llegó a ser director de la Compañía Transatlántica y de los ferrocarriles mexicanos.

Su muerte le sorprendió en París la madrugada del 9 de noviembre de 1891, tras haber celebrado una fiesta en honor de los Grandes Duques Vladimiro. Los restos mortales de nuestro General fueron trasladados a Granada desde la capital de Francia y recibió cristiana sepultura en la finca Jesús del Valle, antiguo convento jesuita propiedad de la familia Calderón.

La tumba

En dicha hacienda-convento permanecieron enterrados los huesos del General Calderón hasta 1980, cuando la familia tuvo que venderla. Actualmente, el antiguo convento de la Compañía de Jesús (una víctima más de la terrible desamortización de Mendizábal), que adquirió la familia del General Calderón, se encuentra en estado ruinoso. El buen criterio y piedad de los bisnietos de Concepción Calderón y Vasco, hermana de Carlos Calderón, motivó el traslado de los restos mortales de sus mayores, entre ellos el General Calderón, al Cementerio San José de Granada.

Uno de los familiares de estirpe carlista granadina nos ha relatado una anécdota de su traslado:

«Recuerdo escucharle a alguno de mis tíos que estuvieron allí presentes que el uniforme militar del general Calderón se encontraba impecable, que la boina roja se encontraba en perfecto estado y que el sepulturero se extrañó de lo bien conservado que estaba todo. Realismo mágico granaíno.»

No obstante, la sobrina-bisnieta titular de la tumba del General ha fallecido hace pocos años y las tasas han dejado de pagarse, por lo que cualquier momento podrían perderse los derechos a que los restos continúen sepultados en su actual ubicación.

El Cementerio de Granada, gestionado impropiamente por una empresa privada, Emucesa, que pone a disposición de los musulmanes un gran terreno separado para el enterramiento de estos, siempre bajo suelo y separado de aquellos que no son seguidores de Mahoma, como mandan las leyes de su falso profeta y en virtud de la ley socialista de 1992, que otorga este privilegio sólo a judíos y mahometanos y no a los católicos (ley conservada, como es lógico por los posteriores gobiernos conservadores del Partido Popular), no tiene ningún reparo en exhumar los cadáveres de los difuntos cristianos y depositarlos en una fosa común a la mínima que sus familiares se descuidan en el pago de las tasas, obteniendo así más espacio para nuevos "clientes". Prueba de ello son los innumerables avisos de exhumación inminente que pueden verse en las tumbas al visitar el cementerio.

Para que se conserve la tumba del General Calderón y evitar que sus restos acaben en una fosa común, es preciso pagar las tasas atrasadas desde hace 11 años, que ascienden a 341 euros. Pero los integrantes del Círculo General Calderón no nos conformamos con eso y queremos dotarle además de una lápida de la que actualmente carece y cuyo valor asciende a no menos de 2000 euros.

Por todo ello, realizamos un llamamiento a nuestros amigos y correligionarios para que realicen una contribución económica, en las medidas de sus posibilidades, honrando así la memoria de aquel que tan valiente y lealmente luchara por la bandera de Dios, la Patria y el Rey, como reza nuestro sagrado lema.

Para hacer un donativo a tan noble fin, puede realizar una transferencia por PayPal a circulogeneralcalderon@gmail.com o bien una transferencia o ingreso bancario al siguiente número de cuenta corriente:

                                          Banco ING
                                          IBAN: ES09 1465 0120 31 2009412098
                                          BIC: INGDESMMXXX

Si dispone de una cuenta PayPal, por favor acceda directamente a paypal.com (enviar dinero > enviar dinero a amigos o familiares > circulogeneralcalderon@gmail.com) ya que el pago a través del botón DONAR de PayPal tiene una comisión de casi el 5%.    
No obstante, si no dispone de una cuenta PayPal, puede hacer clic en el siguiente botón para hacer una donación utilizando su tarjeta de crédito o débito:
                        
* [Actualizado 14/04/2015] Muchas gracias a todos los que han donado. Llevamos recaudados 735 €. 


REQUIESCAT IN PACE


* El lector que desee cerciorarse de la veracidad de los hechos que exponemos, puede dirigirse por teléfono al Cementerio San José de Granada en el 958 221 864 (www.emucesa.es).

domingo, 9 de noviembre de 2014

CXXIII ANIVERSARIO DE CARLOS CALDERÓN Y VASCO

Con motivo del aniversario de la muerte del célebre brigadier y general titular de nuestro granadino Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón, reproducimos diferentes noticias sobre su muerte aparecidas en la prensa a principios de 1892:

DON CARLOS CALDERÓN Y VASCO

«El general Calderón, el bravo militar que empezó su vida de soldado siendo un niño, batiéndose de alférez de Coraceros del Príncipe, a las órdenes del general Zabala, contra Prim, y que sabedor luego la revolución Setembrina se presentó a D. Carlos en París para ponerse por completo a sus órdenes, ha desaparecido de entre nosotros en el poco tiempo que ha necesitado una enfermedad aguda y traidora para matarle.

»Aun los enemigos de nuestras ideas proclaman muy a las claras las brillantes dotes del caballero y del soldado.

»Los oficiales del batallón de Cazadores de Segorbe, que cayeron prisioneros en la toma de Portugalete, pregonaron luego en su campo el trato caballeroso y exquisito que les dio el entonces Teniente coronel del 2.º batallón de Navarra, guardador de los prisioneros liberales.

»Lo mismo cuando se batía bizarramente en el campo de batalla, como ahora que dirigía los negocios de empresas importantísimas, siempre ha colocado muy alto su nombre, y es por eso intachable su reputación.»
(La Tradición).

«Ni en la prosperidad ni en la desgracia perdió nunca su buen nombre de perfecto caballero, cuya cualidad le ha sido reconocida siempre por amigos y enemigos, habiendo observado en todas ocasiones una conducta irreprochable, gozando de fama merecida, por su valor acreditado, por su honradez a toda prueba y por su inquebrantable constancia.

»Don Carlos Calderón ha bajado al sepulcro en la capital de Fancia, donde se encontraba últimamente, siendo honrado y respetado por cuantos le conocieron y trataron, y dejando un nombre exento de toda mancha y un vacío inmenso en el seno de su familia y en el vasto círculo de sus amigos y relaciones.»
(El Noticiero universal).


«Vedle ya fuera del mundo de los vivos, pero en cambio deja tras de sí la estela refulgente de su gloria al noble partido en que militó, aunque llenando de amarga pena el corazón de sus numerosos amigos. Porque los tenía buenos y en todas partes: desde el egregio Príncipe, a quien consagrara su fortuna, su porvenir y el peso de su potente espada, hasta sus compañeros de armas y sus amados voluntarios. Deja detrás de sí una envidiable memoria, porque valía tanto que hasta sus mismos contrarios le querían:… y hemos sabido también que hasta en el regio Alcázar de la Plaza de Oriente se han lamentado de la prematura muerte del sin par caballero, del lealísimo soldado de la legitimidad.

»Y es que en Calderón todo atraía; hasta su figura era arrogante y simpática: alto, moreno, de grandes ojos negros, de fisonomía dulce y franca, sin por ello dejar de ser enérgica a las veces, era del tipo árabe más puro, descrito en las leyendas de la Reconquista. De un corazón que no le cabía en el pecho, de una generosidad sin límites y de un valor rayano en la temeridad, ¿qué mucho que despertara cariño y afecciones por todas partes?

»La nostalgia de la paz no pudo, sin embargo, concluir con su genio emprendedor y activo. Se dedicó a empresas y negocios, cruzó los mares, y en América, lo mismo que en Navarra y en Madrid, era siempre el franco amigo y el camarada de todos. Hasta el mismo D. Alfonso XII apreciaba en su justo valor y respetaba la consecuencia política y la caballerosa lealtad de Carlos Calderón.»
(El Estandarte Real).

«Guardaba las tradiciones y los afectos de su familia como un culto; por eso fue carlista, por eso continuó con el actual marqués de Comillas la amistad que al mismo profesó su padre, decidido protector de aquel hombre laborioso e inteligente que se llamó D. Antonio López.

»Había que reconocer íntimamente a D. Carlos Calderón para saber lo que valía aquel corazón de oro, aquel tipo de caballero sin miedo y sin tacha, que llevó a los negocios un espíritu de rectitud y de nobleza que era uno de sus principales atractivos.

»Con él ha desaparecido uno de los tipos caballerescos que el inmortal D. Pedro Calderón de la Barca pintaba.

»Sobre su tumba puede ponerse este epitafio: Aquí yace un caballero español. »

(El Heraldo de Madrid).

martes, 24 de junio de 2014

Recordando a Don Tomás Zumalacárregui



Tal día como hoy, en 1835, caía el más grande caudillo carlista de todos los tiempos: el general Don Tomás Antonio de Zumalacárregui e Imaz, apodado el tigre de las Améscoas. Mucho se ha escrito sobre este paladín vascongado, cuyas virtudes y genio militar eran tan admiradas por sus amigos como temidas por sus enemigos.

Rasgos personales de Zumalacárregui

Don Tomás Zumalacárregui era de estatura de cinco pies y dos pulgadas: tenía la espalda un poco ancha y algo torcida. De ordinario no llevaba la cabeza muy erguida, y antes por el contrario, cuando caminaba a pie, marchaba con la vista fija en el suelo, como si le fuese ocupado de una profunda meditación. 

Sus ojos eran claros y castaños; el mirar penetrante, profundo como el águila; su tez clara, la nariz regular, el cabello castaño oscuro y áspero; en sus últimos años principiaba ya a encanecerse, y lo llevaba por lo común muy corto. La patilla unida al bigote favorecía en extremo a su fisonomía, mostrándola tan singular como belicosa.: nunca se veía en sus acciones ni públicas ni privadas, cosa que desmintiese aquel aire de imperio con que la naturaleza le había dotado. 


Zumalacárregui hablaba poco y no reía mucho: escuchaba con particular atención a cuantos le dirigían la palabra, y cuando daba audiencia, era tan enemigo de dejar negocios pendientes y de hacer esperar a las personas (especialmente desgraciadas), que se olvidaba hasta de comer. Jamás sentó a la mesa hasta no haber oído al último de los que deseaban hablarle. Así, con frecuencia sucedía que la comida dispuesta para el mediodía, le aguardaba todavía por la noche: esto acontecía todas las veces que pasaba veinte y cuatro horas en un pueblo. 

Sin embargo de haber residido en las principales capitales de España ocupando el lugar brillante que pertenece al jefe principal de un regimiento, Zumalacárregui frecuentaba poco la sociedad. De él puede decirse, lo que Voltaire escribe de Carlos XII de Suecia, «que este retraimiento era efecto de que todo entero se entregaba a los trabajos de la guerra.»

Mas no se crea por esto que, cuando llegaba el caso, no sabía conducirse con aquella galantería tan propia de la oficialidad española: al contrario, era sumamente atento y urbano, y por lo mismo que no hacía alarde de ello, resaltaban más aun sus obsequios. Profesaba un odio implacable al juego y a la mentira. Su mayor diversión era la caza, siendo tal su pasión por ésta, que dedicaba siempre a ella todo el tiempo que le dejaban libre sus obligaciones. De este ejercicio le provino, sin duda, aquella soltura y agilidad de miembros que se le notaba, pues algunas veces, especialmente en invierno, hacía a pie jornadas enteras. 

El carácter de Zumalacárregui se resentía con facilidad de su temperamento bilioso, y como el gran Condé llevaba a mal se le contradijese. No obstante, tan pronto como era fácil en calmarse: los testimonios que podríamos citar, aumentarían considerablemente este volumen. Arrogante con los soberbios mientras daban muestras de altivez, se abatía hasta ponerse a su nivel, con los modestos para infundirles el vigor que parecía habían perdido. Celoso por la religión de sus abuelos, estaba muy lejos del fanatismo y de la hipocresía. Trataba a todos según la moral de su conducta y ni aún los eclesiásticos si estaban faltos de virtudes, hallaban en él consideraciones particulares. 

Los talentos y la calidad de las personas eran tenidos en grande aprecio por Zumalacárregui. Como su afán le conducía a ser el primer autor de sus disposiciones, nada hay que extrañar que fuese el artillero que daba fuego al cañón, el ingeniero que hacía los reconocimientos, el polvorista que pintaba los mixtos, y hasta el cabo, sargento, capitán o coronel en sus funciones respectivas; los más minuciosos detalles le llamaban la atención.

Jamás expidió una orden u oficio por escrito sin entregarlo por su propia mano y examinar antes la inteligencia o capacidad del conductor, obligándole a repetir, palabra por palabra, lo mismo que acababa de decir. Con tal observador ningún hombre de mérito podía estar largo tiempo confundido, ningún criminal impune, ningún adulador bajo otro disfraz. Al contrario de lo que generalmente sucede, Zumalacárregui conforme crecía en gloria y reputación, iba deponiendo la gravedad de su aspecto; y no sólo al último soldado sino al mendigo más miserable, se mostraba a toda hora accesible. La generosidad era en él una virtud innata, y la energía la cualidad más sublime de su carácter.

(Vida y hechos de D.Tomás Zumalacárregui, por el General carlista D. Juan Antonio Zaratiegui, capítulo VIII, páginas 392-395.)


Zumalacárregui en Huarte Araquil

Una lluviosa mañana de octubre de 1833 salió de Pamplona un oficial de elevada talla, envuelto en holgado capote militar. Este oficial que al pasar frente a los centinelas recató el rostro con el embozo del capote, no bien se halló a distancia de la muralla, marchó con aire resuelto camino de Irurzun, y como a un tiro de cañón de la plaza, montó en un caballo que allí encontró preparado, dirigiéndose a todo galope hacia el pueblo de Huarte Araquil, en el que se hallaban reunidas algunas fuerzas realistas. 

Descendió, una vez llegado al pueblo, frente a una casa de buena apariencia, y penetró en ella no sin que su presencia excitara la curiosidad de los transeúntes. Todos se preguntaban quién sería aquel personaje de imponente figura y rostro severo, en cuyo uniforme se veían brillar las divisas de coronel. Empero, la ansiedad general no tardó en verse satisfecha, y el nombre de Zumalacárregui comenzó a dejarse oir en todas las bocas. Este apellido era entonces poco conocido aún, pero las cualidades y antecedentes que se atribuían al que lo llevaba, satisficieron a los más entusiastas por la causa de Don Carlos. No es pues de extrañar, que el personaje recién llegado al pueblo fuera acogido con respeto por las fuerzas en él reunidas, y cuyo mando iba a tomar; pero lo que desde luego admira, es que un jefe sin arraigo y sin renombre, comience por dirigir a sus soldados arengas como ésta:

 
Zumalacárregui en Huarte-Araquil
           «Desde mañana es imposible daros los dos reales de prest como se ha hecho hasta hoy. La escasez que tenemos de fondos no permite hacer por vosotros todo aquello que quisiéramos. Los únicos recursos con que contamos para proseguir la guerra, son los que ofrece el país, y éstos, la mayor parte se han consumido ya. Por lo tanto, os hago saber que en lo sucesivo no se os dará de paga más que un real de vellón diario en vez de los dos que os tenían prometidos, y en esta misma proporción se satisfará el sueldo a todas las otras clases. Si después del arreglo que procuraremos introducir y de nuestras diligencias, adquiriésemos mayores fondos, debéis esperar que se os aumentará la paga; mas por ahora es preciso renunciar a los dos reales diarios.»



El que así se expresó, demostraba tener gran corazón, y los soldados que le oyeron en silencio y aceptaron tales condiciones, necesariamente tenían que ser soldados modelos.

(La vida militar en España, cuadros y dibujos de Cusachs, texto de Barado, pág. 221.)

Zumalacárregui en Elizondo

Entrevista de Don Carlos con Zumalacárregui

La primera entrevista de Don Carlos con Zumalacárregui fue muy tierna y debió halagar extraordinariamente el amor propio del general. 

Al considerar el Príncipe que este hombre, sólo con la fuerza de su genio había sabido aunar elementos opuestos y heterogéneos, sobreponerse a rivalidades mezquinas y desbaratar a la cabeza de noveles soldados a cuerpos enteros de tropas veteranas aguerridas, eclipsando la gloria de hábiles y entendidos capitanes, no pudo dominar su emoción y se arrojó en brazos del bizarro caudillo, manifestándole de la manera más cordial, lo altamente satisfecho que se hallaba de su comportamiento, pericia y denuedo.
 


(Galería militarcontemporánea, tomo 2.º, pág. 70. – Madrid 1846.)


Zumalacárregui herido

El sol hacía sentir muy fuertemente su acción, se incomodaba bastante al general, a quien se colocó en una cama de sofá, cubriéndola con un toldo blanco. Llevaban la cama doce granaderos, e iban de reserva veinte y ocho para relevarse de trecho en trecho. Una tristeza sombría y profunda se hallaba retratada en la fisonomía de los que acompañaban al general, y en cuantos sabían la fatal nueva, pero procuraban reprimir esta expresión de dolor. 

Zumalacárregui herido

Los habitantes de los pueblos, impelidos de una solicitud tierna y cariñosa, acudían en tropel a enterarse del estado del caudillo guipuzcoano; alguno de aquellos soldados, acostumbrados a desafiar la muerte con frente serena y ánimo esforzado en cien combates, dejaban correr furtivamente algunas lágrimas y contestaban con un movimiento de cabeza a cuantas preguntas se les dirigían.

(Galería militarcontemporánea, tomo 2.º, págs.. 75-76. – Madrid 1846.)


Iglesia de Nuestra Señora de Begoña y casa en que fue herido Zumalacárregui

Para que nuestros lectores puedan tener una cabal idea de tan memorable sitio, acompañamos la vista de la célebre casa denominada de Quintana, en cuyo balcón del centro recibió Zumalacárregui la herida.

Iglesia de Nuestra Señora de Begoña y casa en que fue herido Zumalacárregui

Dicha casa, inmediata a la iglesia de Begoña, se comunicaba con ésta por medio de un camino cubierto que en la misma vista se demuestra y por el cual fue retirado Zumalacárregui después de herido.

Mucho lamentaron su pérdida aquellos heroicos voluntarios que tantas veces guió Zumalacárregui a la victoria. Este último grabado representa una emboscada de las fuerzas carlistas al mando de Zumalacárregui contra un destacamento enemigo.

Emboscada carlista

Extraído de la revista El Estandarte Real (1891)


jueves, 10 de abril de 2014

El General Guergué

Modelo de caballeros legitimistas y hombre de honor ante todo, el General Guergué supo sellar con su vida el compromiso inconmovible de lealtad a la Causa de la Legitimidad, víctima de los aleves manejos del traidor Maroto.

Juan Antonio Guergé y Yaniz según retrato conservado en el Puy de Estella.
Don Juan Antonio de Guergué y Yániz, miembro de una ilustre familia de infanzones navarros, nació en Aguilar de Codés (Navarra), el 26 de junio de 1789. Su nombre habría de estar vinculado también a la población navarra de Legaria, y a su palacio de cabo de armería, pues el 12 de agosto de 1827 contrae allí matrimonio con doña Francisca de Paula Hita y Murilles, hija de don Alejandro Hita, el palaciano de Legaria. Allí viviría durante los años de paz, y al quedar viudo, contrajo segundas nupcias con la hermana de su primera esposa, doña Ramona Hita.

Ingresó como cadete en el Ejército en 1809, participó en la Guerra de la Independencia y se distinguió, en 1810, en las acciones de Tarazona (Zaragoza) y Arnedillo (Rioja). Hizo la campaña realista en 1822, como teniente, y ocupó Estella el 14 de octubre de ese año. Ascendido a coronel, entró en las filas carlistas en 1833 a las órdenes de Zumalacárregui.

En agosto de 1835 ascendió a brigadier y se le confió el mando de una expedición que, con el Batallón de Guías de Navarra, habría de recorrer el Alto Aragón y Cataluña. Es la famosa Expedición de Guergué. La poesía popular habría de inmortalizar la figura legendaria del general carlista galopando hacia Huesca.
El General Guergué,
cuando fue a la guerra,
montado en su corcel
hace temblar la tierra
De boina airosa, él
saluda a su bandera;
de boina roja, él
saluda en su corcel.
Las fuerzas expedicionarias las constituían inicialmente 2.433 voluntarios, más los jefes y oficiales y el Escuadrón de Caballería de la Legitimidad, mandado por el aragonés don Miguel Lordán. Desde Navarra penetró Guergué en Aragón el 8 de agosto de 1835 y, tras interceptar en la Jacetania al correo de Francia, con comunicaciones diplomáticas del embajador cristino en París, Duque de Frías, se presentó ante los muros de Huesca el 16, recién acabadas las fiestas de San Lorenzo, hijo y patrono de Huesca, que se celebran solemnemente el 10 de agosto y días posteriores.

Entró la Expedición en la ciudad altoaragonesa sin hallar resistencia –la guarnición había huido a Barbastro– y fue solemnemente recibida por el Cabildo Catedralicio y el Ayuntamiento de Huesca en corporación, celebrándose una Misa de campaña en la plaza de la Catedral. Una de las primeras disposiciones de Guergué en la capital altoaragonesa fue la devolución de las alhajas eclesiásticas, que habían sido incautadas por una disposición del Gobierno; nombró Comandante General de la provincia al teniente coronel Alonso de Santocildes y publicó un bando de carácter conciliador, dando garantías de seguridad a los miembros de la Milicia Urbana que se entregaran y depusiesen las armas; en una proclama hacia un llamamiento a los aragoneses pidiendo que ingresaran voluntarios en las filas carlistas, al propio tiempo que denunciaba los crímenes cristinos de Zaragoza y Barcelona.

El 17 de agosto salía Guergué de Huesca, dejando a Santocildes de guarnición en la ciudad, que pronto habría de abandonar también ante la inminente llegada del brigadier Gurrea con fuerzas enemigas. Tampoco halló oposición Guergué para entrar en Barbastro, donde incluso logró reclutar un batallón de voluntarios. Prosiguió la expedición hacia Cataluña, topando en Roda de Isábena (Huesca) con una columna liberal procedente de Benasque, que fue completamente derrotada.

A finales de agosto la Expedición de Guergué entró en tierras catalanas y, tras diversas acciones, volvió al Alto Aragón el 22 de noviembre. Al cruzar el Cinca, dispersó Guergué a la caballería cristina y entró de nuevo en Barbastro. Continuó la marcha hacia Huesca, acompañado por el Obispo barbastrense, D. Jaime Fort y Puig, y en Angües tuvo un encuentro con la columna francesa del coronel Conrad, que fue dispersada. Sin entrar en la capital altoaragonesa, prosiguió su camino y llegó a Navarra a fines de noviembre, dando por finalizada la expedición.

Fusilamientos de Estella en 1839
Posteriormente, el General Maroto reduciría a prisión en Estella a Guergué, al no prestarse éste a las componendas que habrían de conducir a la traición de Vergara. En la ciudad navarra de Estella sería fusilado don Juan Antonio Guergué y Yániz junto con otros generales leales a Carlos V, por orden de Rafael Maroto, el 18 de febrero de 1839. Frente a las manipulaciones entreguistas, frente a las artimañas aleves y traidoras de Maroto, el ilustre General Guergué supo sellar su inquebrantable lealtad al Rey y a la Causa de la Legitimidad con su propia vida.

El Conde de Santa Waldeska
Boletín "Fal Conde". Granada. Abril de 1987

viernes, 22 de noviembre de 2013

El general carlista granadino Don Carlos Calderón y Vasco

DON CARLOS CALDERON EN MONTEJURRA, cuadro al oleo por E. Esteban

Este precioso cuadro al óleo del notable pintor D. E. Estevan, cuya fotografía proporcionó a la revista El Estandarte Real el General D. Antonio Brea, constituye un glorioso recuerdo de la campaña de 1872-76.

El hecho a que se refiere es el siguiente:

El 17 de Febrero de 1876 se vio atacado el Brigadier Calderón por dos divisiones en la parte de la Solana y una brigada en la de Esquinza; para hacerlas frente sólo contaba con los batallones 1º y 12º de Navarra y algunas compañías alavesas; no obstante, sostuvo todo el día un rudo combate en el que hizo 400 bajas al enemigo; aquella noche atacó a éste a la cabeza de dos compañías, desalojándole de Arellano y haciéndole numerosos prisioneros. Reanudada la acción al día siguiente, viose el Brigadier Calderón atacado por tres puntos a la vez; pero el Coronel Barón de Sangarrén en unas zanjas; el 1º de Navarra sobre Monverde y Calderón con el 12º en el bosque de Arellano, hicieron retroceder cinco veces al enemigo con otras tantas cargas a la bayoneta, hasta que al verse completamente rodeados y abrumados por tantas fuerzas, y fatigada ya la gente de Calderón, mientras que el enemigo era reforzado con ocho batallones al mando del General Tassara, empezaron los carlistas a despeñarse huyendo hacia Estella.

Siguió, a pesar de todo, batiéndose el Brigadier Calderón ordenando otra nueva carga (en la que cayó herido su jefe de Estado Mayor D. Ricardo Suarep) y se retiró ordenadamente al fuerte aprovechando el desorden que acababa de introducir en los batallones liberales. Cesó el fuego, pero rehechos al fin los enemigos al cabo de una hora, se lanzaron por varios puntos sobre el fuerte, defendiéndolo bravamente por espacio de media hora los pocos voluntarios que en él habían quedado, pero viéndose desbordados y acosados por todas partes, se apoderó de ellos el pánico y huyeron hacia Estella, dejando solo con su Ayudante Sr. Henestrosa al Brigadier Calderón, quien, aunque ya había sido herido, no quiso abandonar el fuerte, cayendo éste así, huérfano de defensores en poder de las tropas liberales, al frente de las cuales felicitaron los Generales enemigos Primo de Rivera y Cortijo al Brigadier D. Carlos Calderón, por la heroica defensa que había hecho, devolviéndole la espada, así como a su Ayudante, y dejándoles prisioneros bajo su palabra.

Don Carlos de Borbón premió el brillante comportamiento de Calderón con la faja de Mariscal de campo.

Pocos han tenido ocasiones como nuestro infortunado amigo, de hacer simpático y respetable el nombre español fuera de nuestras fronteras, y pocos se han dedicado a esta tarea con éxito aproximado, pues la nota saliente de su personalidad era el más acendrado patriotismo.

Este sentimiento puede decirse que fue el que exclusivamente le trajo a nuestro campo y creó entre Carlos VII y él una indestructible intimidad que por igual honra a ambos.

Cosmopolita por su educación y por sus hábitos, pero español rancio por su corazón, tenía la evidencia de que sólo la Monarquía representada por Don Carlos podía, y eso en poquísimo tiempo, sacar a España del lugar secundario a que está relegada y elevarla rápidamente a potencia de primer orden.

¿Don Carlos podía efectuar ese milagro? Calderón estaba seguro de ello, y esa certeza le bastaba para ofrecer a Don Carlos su vida, sin alambicar ni sus principios ni sus derechos por más que fuera respetuoso y defensor de los unos y de los otros.

En el destierro fue Calderón acaso el más asíduo visitante de su Rey proscripto, a quien iba a ver a lo menos una vez cada año, a París, a Londres, a Frohsdorf, a Venecia, a donde quiera que estuviese, causando siempre sus visitas singular regocijo a Don Carlos que estimaba en alto grado todas sus condiciones personales, la nobleza de su carácter afable y abierto, su bravura como soldado, su exquisita cortesía como hombre de mundo, su actividad infatigable como trabajador y su fidelidad a toda prueba como carlista.

Llórale hoy, no sólo como General, sino como amigo muy querido y probablemente los primeros sufragios que se habrán celebrado por el ilustre difunto, serán los que don Carlos ordenó en el momento de saber su muerte inesperada, dando la coincidencia providencial de que la primera Misa dicha por su alma en Venecia, se celebró precisamente el día 10, fiesta de San Andrés Avelino, protector de los cristianos en las muertes repentinas.

La noche antes de su muerte, el General Calderón obsequió, en su casa en París, con regio banquete y recepción a SS. AA. II. el Gran duque y la Gran Duquesa Wladimiro, al Gran Duque Alejo y a los Duques de Leuchtemberg... y a las pocas horas de retirarse a descansar, una angina de pecho acabó en breves instantes con su preciada existencia.

Los funerales han sido espléndidas manifestaciones de duelo y generales simpatías.

En las exequias de París presidieron el Duque de la Unión de Cuba y el Conde de Adanero, en representación de la familia, el General Mergeliza de Vera, en representación de Don Carlos, y el Sr. Angulo, en representación de la Compañía Trasatlántica, de la que era Director así como de los caminos de hierro mejicanos nuestro entendido y bizarro general. Entre la concurrencia, tan numerosa como brillante, figuraron el Gran Duque Wladimiro, los Duques de Leuchtemberg, de Almenara Alta, de Lerma, de Fernán Núñez, de Montellano, de Tamames y de Croig; los Marqueses de la Torrecilla, de la Mina, de la Romana, de Casa-Riera y de Salamanca, los Príncipes Orloff y Troubeskoi; los Condes de Bressón, de Lambertye, de Pradire, de Peralada, de Estrada, de Santovenia y de Torres de Luzón y el barón de Rothschild.

En los funerales de Madrid, la concurrencia fue tan numerosa que no cabía en la extensa nave de la Iglesia de Santa María. Allí estuvieron brillantemente representados todos los partidos políticos, el clero, la aristocracia, la banca, las letras, las artes y las industrias, sin faltar tampoco generales, jefes y oficiales del ejército, algunos de uniforme, y entre ellos el que le hizo prisionero en Montejurra, el General Primo de Rivera, al lado de nuestro Jefe Delegado el Marqués de Cerralbo, a quien acompañaban D. Pablo Morales y el General Brea (hermano, más que amigo, de Calderón), el Dipudado por Tolosa don Benigno Rezusta, los Condes de Balazote y de Casasola, el Sr. Herrero, en representación de El Correo Español, e innumerables correligionarios nuestros, entre ellos muchos voluntarios de los batallones guías del Rey y 2º de Navarra.

Todas las clases sociales, altas y bajas, han rendido el último homenaje de cariño y de respeto al cumplido caballero.

¡Descanse en paz el General Calderón!

Extraído de la revista El Estandarte Real. Diciembre de 1891.

miércoles, 16 de julio de 2008

Grandes militares carlistas: S.A.R Don Cayetano de Borbón Parma y Braganza

CAYETANO DE BORBÓN PARMA


Fotografía de D. Cayetano de Borbón Parma
dedicada a Joaquín Baleztena
(tomada del blog Premín de Iruña)
Cayetano María José Pío de Borbón Parma y Braganza (Villa Pianore, Lucca, Toscana, Italia, 3 de junio de 1905 - Mandelieu, Cannes, Francia, 9 de marzo de 1958) era hijo del duque Roberto I de Parma y hermano de don Javier de Borbón Parma, candidato al trono de España de la rama carlista. Su madre fue María Antonia, Infanta de Portugal. Sus abuelos maternos eran Miguel I de Portugal y Adelaida de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg.

Cayetano fue el último hijo de del duque de Parma don Roberto, fue bautizado en la villa de Pianore, residencia del duque Roberto, su padrino fue el papa Pío X, que años mas tarde seria declarado santo por la iglesia católica, el papa Pío era amigo personal del duque Roberto, y mando a su secretario personal, el cardenal Brisleti, para que le representara.

A los 2 años el príncipe Cayetano quedó huérfano. Recibió una educación de príncipe cristiano haciéndose cargo de su educación en Paris su hermano mayor Sixto. Estudió en numerosos países como Francia, Italia, Luxemburgo, etc.

Contrajo matrimonio con la princesa Margarita von Thurn und Taxis, hija de Alexander von Thurn und Taxisel duque di Castel Duino, el 29 de abril de 1931. El día 22 de mayo de 1932 nacía su única hija la princesa Margarita de Borbón-Parma.

Al carecer de descendientes el pretendiente carlista don Jaime III, miembros de la comunión católico-monárquica que representaba al carlismo, pensó en don Cayetano para que fuera sucesor de don Jaime, pero el príncipe Cayetano rehusó ocupar el puesto de su primo. Algunos políticos y pensadores tradicionalistas de la época pensaron que el tenía todas las cualidades para ser rey de España.

El 12 de enero de 1937 habiéndose iniciado la guerra civil española, y con el permiso de su hermano Javier, que ocupaba el cargo de regente de la comunión tradicionalista, se alistó como requeté en el tercio de Navarra, bajo el seudónimo de Gaetan de Lavardín.

El 7 de abril al tercio de Navarra se le encomienda la difícil tarea de desalojar al enemigo del monte Sebigain, punto clave para abril el camino hacia Bilbao. El tercio se distingue por su valor en dicha operación, que resultó un éxito, proponiéndosele para la medalla militar colectiva. Tras esta operación el requeté Gaetan de Lavardín es ascendido a alférez por meritos de guerra.

El 9 de Mayo estando el tercio de Navarra en el frente de Bizcargui una granada hiere gravemente en el cuello a su alteza, siendo trasladado de urgencia al hospital Alfonso Carlos, la gravedad de sus heridas hizo que se tuviera que revelar su verdadera identidad. Durante su convalecencia tuvo numerosas visitas de grandes personajes como su hermana la emperatriz Zita o Otto de Habsburgo emperador de Austria y sobrino suyo. Estando en el hospital recibió la visita del coronel Rada que le ascendió al rango de teniente por meritos de guerra. Debido a la situación política no le fue permitido a don Cayetano volver al tercio cruzando la frontera con Francia el 10 de agosto de 1937.

Al estallar la segunda guerra mundial se puso del lado de los aliados, al igual que hizo su hermano don Javier y su hermano Félix (gran duque de Luxemburgo). En 1943 intentó alistarse en un batallón de austriacos que servían en el ejército estadounidense, pero fue rechazado por su origen francés. Fue profesor en el campamento Ritchie en el que se formaban a jóvenes judío-alemanes para realizar operaciones especiales en territorio alemán.

El 8 de marzo de 1958, cuando iba a visitar a su hermano Luis, sufrió un grave accidente de coche cerca de Cannes en la costa azul. Ese mismo día pidió a su hermano que le enterraran con la boina roja de los requetés. El día 9 de marzo murió en el hospital habiendo recibido los últimos sacramentos. Fue enterrado el 10 de marzo, día de los mártires de la tradición.

domingo, 6 de julio de 2008

GRANDES MILITARES CARLISTAS: S.A.R Don Sebastián de Borbón y Braganza

INFANTE DON SEBASTIAN. (1811-1875)

Sebastián Gabriel de Borbón y de Braganza nació en Brasil en 1811. Su madre, la princesa de Beira enviudó a los dos años. Su formación fue muy amplia y variada para lo que se acostumbraba en la corte española a donde llegó acompañando a su madre y a su tía, la primera esposa del Infante Don Carlos. Su curiosidad e inquietud cultural le llevaron a experimentar diversas disciplinas como la escritura, la pintura o la litografía. Formó una magnífica biblioteca, un gran gabinete de física y reunió una extensa colección de pintura. Llegó a publicar dos periódicos en su propia imprenta, El Lagarto y La Mariposa.

Hablaba con soltura cinco idiomas, reunió una tertulia intelectual a su alrededor y ejerció de mecenas entre los artistas de Madrid.

A la muerte de Fernando VII emigró a Roma y se unió a las tropas de Don Carlos a finales de 1835. Participó en el segundo sitio de Bilbao y tras el fracaso de Luchana, el Pretendiente le nombró general en jefe del ejército del Norte. Se enfrentó a los generales liberales Espartero y Sarsfield.

Tras reorganizar el ejército, contribuyó decisivamente en la victoria de Oriamendi, donde tras una durísima marcha de sus tropas, llegó a tiempo para destrozar a la Legión Auxiliar Británica en las cercanías de San Sebastián.


El Infante Don Sebastián y su Estado Mayor

En mayo de aquel mismo 1837 Don Carlos le confirió el mando militar de la Expedición Real. Recorrió Aragón, el Maestrazgo y Castilla, después de llegar a las puertas de Madrid. El fracaso de esta expedición, aunque se debiera más a razones políticas que militares, es decir, de responsabilidad del propio Infante, le relegó de su mando del ejército carlista.

La Expecición Real cruzando el río Ebro

Continuó junto al Pretendiente hasta abandonar la península, tras el abrazo de Bergara. Se instaló en la corte de Nápoles, hasta que veinte años después regresó a España acogiéndose a la amnistía que Isabel II concedió a los carlistas.

Cuando la reina partía hacia el exilio a causa de la revolución de 1868, el Infante, junto a los militares carlistas Elío y Pérula, se ofrecieron en San Sebastián, para luchar contra los revolucionarios. Volvió al exilio y dedicó sus últimos años a tratar de conciliar las dos dinastías, la carlista y la recién destronada de Isabel II. Murió en Pau a causa de una pulmonía en 1875, en plena Segunda Guerra Carlista.

Fuente: Museo Zumalakarregi

Categorías del blog

Tradicionalismo granadino (65) Tradicionalismo en nuestro tiempo (50) Carlistas de Granada (36) Comunión Tradicionalista durante el periodo alfonsino (28) Guerra Civil Española (27) Comunión Tradicionalista durante la Segunda República (25) Requetés (25) Cruzada de Liberación (23) Comunión Tradicionalista durante el gobierno de Franco (20) Tercera guerra carlista (20) Historia del carlismo (17) Mártires de la Tradición (17) El Siglo Futuro (15) Prensa tradicionalista (15) S.A.R. Don Sixto (15) Poemas (14) Juan Vázquez de Mella (13) Tercio de Requetés Isabel la Católica (13) Doctrina carlista (12) Primera guerra carlista (10) 18 de julio (9) Familia Real proscrita (9) General Carlos Calderón (9) Guerra de la independencia (8) La Verdad (8) Militares carlistas (8) Rafael Gambra (8) Cofradía Nuestra Señora de los Dolores de Granada (7) Familia Borbón Parma (7) Familia Pérez de Herrasti (7) Guerra Civil en Granada (7) Carlos Cruz Rodríguez (6) Carlos VII (6) Círculo Fal Conde (6) Guerra realista (6) Obispos íntegros (6) Toma de Granada (6) Tradicionalismo malagueño (6) Virgen de las Angustias (6) Alzamiento Nacional (5) Comunión Tradicionalista (5) El Correo Español (5) Fascismo (5) Fiesta de Cristo Rey (5) José Luis Vázquez Dodero (5) Montejurra (5) Unidad católica (5) himnos tradicionalistas (5) Agrupación Escolar Tradicionalista (4) Arzobispos de Granada (4) Carlismo en Andalucía (4) Carlistas célebres (4) Francisco Guerrero Vílchez (4) Juan Marín del Campo (4) Manuel Fal Conde (4) Miguel Ayuso (4) Agencia FARO (3) Benito Mussolini (3) Boletín Fal Conde (3) Carlismo en Hispanoamérica (3) Carlistas de Almería (3) Carlos Hugo de Borbón Parma (3) Crímenes liberales (3) Dios Patria y Rey (3) ETA (3) Fabio (3) Francisco José Fernández de la Cigoña (3) Gabino Tejado (3) General No importa (3) Historia de España (3) Jaime III (3) Javier de Borbón Parma (3) José Miguel Gambra (3) Juan Bertos Ruiz (3) Julio Muñoz Chápuli (3) Liturgia católica (3) Partido Integrista (3) Partido carlista (3) Periodistas carlistas (3) Sixto Enrique de Borbón (3) Víctimas de ETA (3) Víctimas del terrorismo (3) Abadía del Sacromonte (2) Andrés Manjón (2) Balbino Rubio Robla (2) Carlistas de Málaga (2) Catecismo católico (2) Cofradía Nuestro Padre Jesús del Rescate (2) Conde de Rodezno (2) Contra-revolución (2) Corpus Christi en Granada (2) Cristóbal Colón (2) Descubrimiento de América (2) Dos de mayo (2) Día de la Hispanidad (2) El Catolicismo liberal (2) Emilio Ruiz Muñoz (2) Estado y Nación (2) Francisco Elías de Tejada (2) Francisco de Paula Oller (2) G. K. Chesterton (2) General Sanjurjo (2) Gran Capitán (2) Integristas de Granada (2) Isabel la Católica (2) Jaimismo (2) José Gras y Granollers (2) José María Lamamié de Clairac (2) José Sanjurjo (2) Juan Creus y Manso (2) Juan Manuel de Prada (2) La Esperanza (2) León XIII (2) Liberalismo (2) Literatura (2) Maestrantes de Granada (2) Manuel María Fernández de Prada (2) Manuel Senante (2) Marqués de Villores (2) Masonería (2) Melchor Ferrer Dalmau (2) Monarquía tradicional (2) Nación española (2) Revista Cristiandad (2) Revista Montejurra (2) Reyes Católicos (2) San Fernando (2) Siglo de Oro español (2) Tradicionalismo francés (2) Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo (2) A los 175 años del Carlismo (1) Abrazo de Vergara (1) Academia y Corte de Cristo (1) Acción Católica (1) Adolf Hitler (1) Al-Andalus (1) Alejandro Utrilla (1) Alféreces provisionales (1) Alphonse Kannengieser (1) Andrés Pérez de Herrasti y Pulgar (1) Antonio Aparisi y Guijarro (1) Antonio Blanes Zayas (1) Antonio Iturmendi (1) Antonio Molle Lazo (1) Antonio Pérez Dubrull (1) Asociación Víctimas del Terrorismo (1) Balbino Santos Olivera (1) Bandera de Andalucía (1) Batalla de Lepanto (1) Batalla de Montejurra (1) Batalla de Somorrostro (1) Biblioteca Popular Carlista (1) Blas Piñar (1) Cantos a España (1) Cardenal Cisneros (1) Carlismo (1) Carlismo en Granadam¡ (1) Carlismo en Jaén (1) Carlismo en Navarra (1) Carlistas de Córdoba (1) Carlos Calderón (1) Catolicismo liberal (1) Cayetano de Borbón Parma (1) Cerro Muriano (1) Chafarote (1) Cien Mil Hijos de San Luis (1) Club de tertulia Secondo Venerdi (1) Comunismo (1) Comunión Tradicionalista Carlista (1) Conde de Arana (1) Conde de Padul (1) Conrado Reiss (1) Conservadurismo liberal (1) Coronavirus (1) Coronel Longo (1) Cruzadas (1) Crímenes comunistas (1) Crímenes nazis (1) Dalmacio Iglesias (1) Devociones (1) Dinastía carlista (1) Dinastía usurpadora (1) Dionisio Bolívar (1) Don Quijote de la Mancha (1) Edad Media (1) Editorial Católica Española S. A. (1) Editorial Tradicionalista (1) Eduardo Baselga Recarte (1) Efemérides carlistas; Luis Infante; (1) El Cruzado Español (1) El Pensamiento Navarro (1) Emigración carlista (1) Emilia Pardo Bazán (1) Emilio Barrera Luyando (1) Engelbert Dollfuss (1) Enrique VIII de Inglaterra (1) Eoin O'Duffy (1) Erasmo de Rotterdam (1) Expulsión de los moriscos (1) Felipe VI (1) Fernando III el Santo (1) Francisco Javier Mier y Campillo (1) Francisco Javier Simonet (1) Francisco Navarro Villoslada (1) Francisco Suárez (1) François Hotman (1) Fraternidad de San Josafat (1) Fray Leopoldo de Alpandeire (1) Fray Luis de Granada (1) Friedrich Engels (1) Fructuoso Pérez (1) Fueros (1) Félix Sardá y Salvany (1) Gabia Chica (1) General (1) General Barrera (1) General Elío (1) Generales carlistas (1) Guerra de Ucrania (1) Hacienda Jesús del Valle (1) Hermandad Sacerdotal San Pío X (1) Hijas de Cristo Rey (1) Historia de Andalucía (1) Historia del Tradicionalismo Español (1) Historia del liberalismo (1) Homilías (1) Ignacio Baleztena Ascárate (1) Isabel II (1) Isidoro Pérez de Herrasti y Pérez de Herrasti (1) Jaime Balmes (1) Jaime de Carlos Gómez-Rodulfo (1) Javier de Quinto (1) Jean-Jacques Rousseau (1) Jesuitas (1) Jesús Evaristo Casariego (1) Joaquín Ímaz Martínez (1) Josefismo (1) Josep Carles Clemente (1) José Carlos Clemente (1) José Luis Rubio Willen (1) José Luis Zamanillo (1) José Manuel Baena Martín (1) José María Arauz de Robles (1) José María Ruano (1) José María Valiente (1) José María de Arévalo (1) José María de Pereda (1) José Meseguer y Costa (1) José Millán Astray (1) José Moreno Mazón (1) José de Castro y Serrano (1) Juan Antonio Ansaldo (1) Juan Calvino (1) Juan Donoso Cortés (1) Juan José Vivas-Pérez (1) Juan María Roma (1) Juan Sáenz-Díez (1) Judaísmo (1) Judíos y católicos en Austria-Hungría (1) Julio Nombela (1) Karl Marx (1) La Hormiga de Oro (1) Legión Española (1) Leonardo Castellani (1) Leopoldo Eguilaz Yanguas (1) Lorenzo Ros (1) Lorenzo Sáenz y Fernández Cortina (1) Los últimos de Filipinas (1) Macarena Olona (1) Maite Araluce Letamendia (1) Manifiesto de los Persas (1) Manto de la Virgen de las Angustias (1) Manuel Fernández de Prada (1) Manuel Polo y Peyrolón (1) Manuel Sola Rodríguez-Bolívar (1) Marcelino Menéndez Pelayo (1) Marián Vayreda (1) Marqués de las Torres de Orán (1) Martin Luther (1) Martín Lutero (1) María del Pilar Bertos Herrera (1) Mauricio de Sivatte (1) Miguel de Cervantes (1) Misa tradicional (1) Misa tridentina (1) Montejurra 76 (1) Mozárabes (1) Muertos por Dios y por España (1) Mártires de La Garrofa (1) Médicos de Granada (1) Natalio Rivas Santiago (1) Navidad (1) Nos que valemos tanto como vos y todos juntos más que vos (1) Obispos de Almería (1) Oliveira Salazar (1) Oswald Mosley (1) Padre Manjón (1) Papa Pío XII (1) Pedro Calderón de la Barca (1) Pedro Sánchez Eguzquiza (1) Pensadores tradicionalistas (1) Periodista José Fernández Martínez (1) Periódico El Triunfo (1) Programa tradicionalista (1) Protestantes (1) Protestantismo (1) Príncipe heroico y soldados leales (1) Quintillo (1) Ramón María del Valle-Inclán (1) Ramón Nocedal (1) Rebelión de las Alpujarras (1) Reforma protestante (1) Revolución francesa (1) Reyes de Aragón (1) Reynaldo Brea (1) Romerías (1) Rufino Peinado (1) Sagrado Corazón de Jesús (1) Salvador Morales Marcén (1) San Agustín (1) San José (1) San José de Calasanz (1) San Pío X (1) Sanfermines (1) Santiago Apóstol (1) Sebastian Brunner (1) Separatismo (1) Sitio de Ciudad Rodrigo (1) Sodomía (1) Sucesos de Montejurra (1) Sylvia Baleztena Abarrategui (1) Terciarios franciscanos (1) Tercio Nuestra Señora de la Merced (1) Tercio de Navarra (1) Tercio de Requetés Nuestra Señora de las Angustias (1) Tirso de Olazábal (1) Tolkien (1) Tomás Domínguez Arévalo (1) Ulrich Zwingli (1) Ulrico Zuinglio (1) Vicente Casanova y Marzol (1) Viena (1) Vox (1) Wiener Kirchenzeitung (1) mal menor (1) marxismo (1) piloto Lacombe (1) reseñas de libros (1) Ángel David Martín Rubio (1) Ángel Ganivet (1) Órgiva (1)