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jueves, 13 de febrero de 2025

Romería a la abadía del Sacromonte, pasando por la hacienda Jesús del Valle

El pasado domingo 9 de febrero el carlismo granadino se citó nuevamente, esta vez para marchar hasta la abadía del Sacromonte, enclave de la España latente, como la llamaba en este mismo cuaderno de bitácora el profesor Manuel Fernández Espinosa diez años ha. No en vano, la abadía contó con canónigos tan afines al tradicionalismo y queridos por todos los católicos españoles como el Padre Gras, fundador de la Academia y Corte de Cristo, o el inolvidable Padre Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María, cuyos métodos didácticos se siguen estudiando hoy por la comunidad educativa.

La jornada empezó frente a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Cenes de la Vega; de allí nos dirigimos hasta nuestro primer destino: la hacienda Jesús del Valle. Recordemos que dicha hacienda perteneció a la familia del General carlista Carlos Calderón y anteriormente a los jesuitas... En la capilla del antiguo convento es donde estuvo enterrado originalmente el cruzado de la Santa Causa y leal amigo del Rey legítimo Carlos VII que da nombre a nuestro círculo, tras haber sido trasladados sus restos desde París, donde había fallecido en el exilio.

Los allí presentes contemplamos con desolación el estado ruinoso de la hacienda, algo que no debería dejar indiferente a nadie de los que tenemos conciencia por el patrimonio histórico.

El caminar fue ameno. Entre charlas y vítores no nos olvidamos de rezar el Santo Rosario, y, tras nuestro paso por un pequeño tramo del Camino de Santiago mozárabe, llegamos a la Abadía del Sacromonte, donde tuvimos la oportunidad de asistir a la Santa Misa.


























martes, 9 de noviembre de 2021

Un rasgo de hidalguía de Carlos Calderón

por Natalio Rivas Santiago (1865-1958)

Nunca he sido carlista; pero siempre, rindiendo culto a la justicia, he afirmado que el partido tradicionalista español ha sido en nuestra Historia un modelo de constancia y consecuencia que no ha tenido parigual.

Arranca su actuación política en la muerte de Fernando VII, y, tras un siglo de lucha sin descanso, ha sufrido la derrota en tres guerras civiles, y, sin embargo de ello, ha subsistido sin decaer su espíritu ni rendirse su voluntad. Multitud de familias, lo mismo las más ilustres que las más modestas y humildes, han ido legando a sus descendientes el culto a las ideas, constituyendo su apretada comunión una falange que nunca ha claudicado.

A pesar de separarme de sus componentes la más radical diferencia política, he contado en dicha agrupación con muchísimos amigos, lo que me ha ofrecido ocasión de conocer de cerca su manera de ser. No he tratado uno solo que no fuera un cumplido caballero y que en todos sus actos no resplandeciera la más noble hidalguía. La imparcialidad me impone reconocerlo.

Pues bien: en los días venturosos, y ya tan remotos, de mi juventud, presencié un episodio que quiero rememorar como demostración viva de cuanto llevo dicho. Creo que de los que actuaron en él, acaso sea yo el único superviviente.

El año 1892 es sabido que se celebró en toda España con inusitada solemnidad el cuarto centenario del descubrimiento de América. Entre los muchos actos que habían de tener lugar figuraba el viaje a Granada de S. M. la Reina Regente, Doña María Cristina, acompañada del Rey niño Don Alfonso XIII, ambos de inolvidable y grata memoria.

El estar sepultada en la referida capital la gloriosa Reina Católica, alma del descubrimiento, prestaba singular importancia a las fiestas del centenario. Además, allí la Soberana descubriría el magnífico monumento dedicado a conmemorar la visita de Cristóbal Colón a su augusta protectora, esculpido por el inmortal artista Mariano Benlliure.

El anuncio de la visita de los Reyes produjo en Granada enorme contento. Yo recuerdo todos los detalles porque acababa de ser elegido diputado provincial, y lo mismo la Diputación que el Ayuntamiento tuvieron que ocuparse de preparar el más lucido recibimiento a los augustos huéspedes.

Hubo que pensar, ante todo, en qué edificio había de alojarse la Corte. Todos deseábamos que fuese el mejor. Después de discutir cuál sería el más idóneo para el caso, el entonces alcalde, don Manuel Tejeiro, indicó que ninguno podía aventajar al Carmen, llamado de Los Mártires, situado en la Alhambra, con vistas a la vega y a Sierra Nevada, donde hubo de estar aposentado el gran poeta don José Zorrilla cuando fue coronado. A todos nos pareció de perlas la iniciativa; pero inmediatamente alguien hizo notar que siendo tan hermosa mansión de la propiedad de don Carlos Calderón y Vasco éste no la cedería, precisamente, por ser los Reyes los que habían de ocuparla.

Calderón no vivía en Granada. Su residencia permanente era París. Carlista de abolengo, había sido jefe de la escolta personal de Don Carlos VII durante la última contienda civil, y se creía que, adversario irreconciliable de la Monarquía reinante, se negaría a ceder su casa —que nadie habitaba— para que fuera alojamiento de los Soberanos.

Se discutió sobre aquella dificultad, y el alcalde tomó, muy resuelto, la responsabilidad de hacer la petición en nombre de la ciudad.

Dirigió un extenso y expresivo telegrama al opulento prócer carlista, y éste contestó con otro cuyo texto no recuerdo, pero sí la esencia de su contenido. En él hago memoria que decía que para los Reyes de España, que no lo eran más que de hecho, no cedería su casa, pero que para la ilustre dama que ocupaba el trono, no como Reina, pero sí como augusta señora, tenía la más alta satisfacción de ofrecerla.

A mí no me sorprendió, porque, como he dicho antes, conocía yo muy bien la hidalguía que caracterizaba todos los actos de los tradicionalistas.

No hay que decir que los elogios que se prodigaron a Calderón fueron tan justos como unánimes.

Y entonces, para preparar de la manera más digna y espléndida el aposento de las personas reales, rivalizaron en celo todas las señoras granadinas, lo mismo las de estirpe aristocrática que las adineradas de la clase media, llevando a Los Mártires tapices, cuadros, mármoles, esmaltes y muebles de época riquísimos y artísticos y cuanto creyeron que había de embellecer la regia mansión. Y no es preciso consignar que en la elección y colocación de tantas preciosidades presidieron el gusto y la elegancia, que son patrimonio de las damas de mi amada tierra.

Y, desgraciadamente, fueron estériles tan lujosos preparativos, porque la desgracia quiso que el Rey niño enfermara en Huelva y tuvieran, por prescripción facultativa, que trasladarlo a Madrid.

Pero el gesto caballeroso de don Carlos Calderón quedó como honroso recuerdo en la memoria de todos.


Rivas, Natalio: Retazos de historia: páginas de mi archivo y apuntes para mis memorias (sexta parte del anecdotario histórico contemporáneo), Editora Nacional, Madrid, 1952.

miércoles, 20 de enero de 2021

Valores tradicionales: Crónica de una saga de maestros

Hemos recibido el interesante libro «Valores tradicionales: Crónica de una saga de maestros» (Penguin Random House, 2020, 449 págs.), por Carlos Font Guerrero, recientemente a la venta en papel y en formato digital. Su autor, maestro jubilado, ha tenido la amabilidad de regalarnos dos ejemplares, uno de ellos para uso y disfrute de los integrantes del Círculo Tradicionalista de Granada «General Carlos Calderón». 

Aunque su título no permita intuirlo, buena parte de la obra se dedica a narrar con todo detalle y en más de cien páginas (del capítulo 20 al 35) las andanzas carlistas del cordobés de nacimiento y granadino de adopción Carlos Cruz Rodríguez, bisabuelo del autor. Y lo hace de forma en parte novelada, pero bien documentada, con muchos textos originales y un rigor histórico que suele echarse en falta en no pocos historiadores que tocan el tema de la Santa Causa. Estas páginas darían perfectamente para un libro aparte, pero Carlos Font ha estimado oportuno incluirlas junto con la historia de sus otros ascendientes, íntimamente ligada a la de España y sus guerras intestinas, desde la de 1833-1840 hasta la de 1936-1939. 

A través de los textos que dejó escritos –y que se reproducen en el libro–, Font ha podido recrear la actuación política y militar de su bisabuelo, que es la parte que más nos interesa. Carlos Cruz estudiaba magisterio en Granada cuando sobrevino a España la desastrosa revolución de Septiembre de 1868, cuyos excesos permitieron el resurgir del carlismo. Él mismo cuenta cómo constituyó la Junta carlista de Belicena y cómo en 1872 colaboró al triunfo de la candidatura como diputado a Cortes por Santa Fe de su correligionario y amigo Carlos Calderón y Vasco, de quien tanto hemos hablado en otras ocasiones. Al igual que Calderón, Cruz tomó parte poco después en la tercera guerra carlista; en 1873 acaudilló incluso una de las tres partidas carlistas que se alzaron en la provincia de Granada y, tras esta peripecia tan poco conocida, marchó al Norte, combatiendo a las órdenes del General Ollo y padeciendo después la emigración. 

La lectura de este libro, especialmente de los fragmentos autobiográficos de Carlos Cruz Rodríguez, nos ha recordado mucho a otro titulado «Recuerdos de un carlista andaluz (un cruzado de la causa)» (1982) sobre los hechos no menos heroicos en esa misma guerra del alcalaíno Rufino Peinado, a cuyos descendientes tuvimos también ocasión de conocer hace cosa de año y medio. 

Como única nota negativa –sin desmerecer por ello el conjunto– hemos de advertir que en su epílogo Font hace un alegato en favor de la democracia liberal y pinta las guerras carlistas y la Cruzada de Liberación (que él no llama así, evidentemente) como luchas fratricidas causantes del retraso de España. Pero este análisis, que está en plena consonancia con la historiografía oficial, se olvida de Napoleón, de Bolívar, de Riego, de la acción de las logias masónicas, de las matanzas de frailes, de las desamortizaciones, de las quemas de iglesias, de los incesantes pronunciamientos liberales, de los cantonalistas, de los filibusteros, de los yankees, de Abd el-Krim, de la Semana Trágica, del terrorismo anarquista, de las huelgas violentas, de los separatismos, de la injerencia de Stalin en nuestra patria y de un largo etcétera en que nada tuvo que ver el carlismo, salvo por el hecho de querer poner remedio a todo ello. 

Y es que los carlistas, que amamos profundamente a España, la hemos deseado ver en todo momento próspera y en paz, alejada de las convulsiones que a la larga acarrea siempre el sistema demoliberal, pues éste, al negar la autoridad de Dios sobre la sociedad entera, elimina todo principio de orden y autoridad. Y aunque las nuevas pedagogías no incidan en ello, las consecuencias de esta pérdida de autoridad las sienten como nadie los maestros. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Carlos Calderón Vasco: Un carácter generoso

Tal día como hoy, en 1891, moría el valiente y patriota general carlista, caballero del Ideal, de quien quisimos que nuestro humilde círculo tradicionalista tomase el nombre.


Un carácter generoso 
«Con la muerte de tu hermano pierdo un amigo fiel, un servidor heroico, un compañero leal de los buenos como de los malos días, cuya nobleza de alma he podido apreciar en más de veinte años de trato continuo, y España pierde uno de los caracteres generosos, activos y emprendedores de que está tan necesitada.» 

Tal escribió Carlos VII a la Duquesa de la Unión de Cuba, en carta fechada en Venecia el 11 de noviembre de 1891, refiriéndose a don Carlos Calderón y Vasco, fallecido unos días antes. ¡Bien merecía los augustos elogios!

Nació en Granada el 13 de junio de 1845 en el seno de aristocrática familia. Renunciando a una brillante posición, ofreció en París sus servicios al Rey legítimo a raíz de la revolución de septiembre, quedando a las órdenes inmediatas de aquél con el empleo de Capitán.

Fue elegido diputado a Cortes en 1872; pero, al informarse del próximo alzamiento carlista, dimitió el cargo y trabajó activamente en la realización de empréstitos y adquisición de armas. El día 20 de septiembre del mismo año repasó la frontera a las órdenes del general Ollo, y poco después se distinguió por su arrojada bravura en Azpeitia, Monreal, Oñate, Eraul, Lecumberri, Estella, Dicastillo y Puente-la-Reina. En esta última acción ascendió a Teniente Coronel; ganó la faja de Brigadier en Lácar, en la que tomó tres veces a la bayoneta Monte-Esquinza, y conquistó el empleo de Mariscal de Campo en Montejurra.

Terminada la campaña fue a la emigración, llevando en su pecho tres cruces rojas del Mérito Militar, y siempre fiel a su Bandera y a su Abanderado entregó su alma a Dios en la capital de Francia [el 9 de noviembre de 1891].

El Cruzado Español (Madrid, 8 de noviembre de 1929)

Carlos Calderón de niño, fotografía cedida a este
cuaderno de bitácora por el Sr. Marqués de Jaureguizar

martes, 12 de abril de 2016

La tumba del General Carlos Calderón y Vasco ha sido salvada

Gracias a nuestra campaña en pro de la salvación de la tumba del General carlista don Carlos Calderón y Vasco, podemos anunciar que la familia finalmente ha pagado la deuda de más de 10 años que tenía la sepultura.

Nos congratulamos de haber contribuido a evitar que el cuerpo momificado del que fuera diputado a Cortes electo por Granada y Brigadier de la campaña de 1872-1876 haya sido cremado y echado a una fosa común, como es la práctica habitual en caso de impago del vergonzosamente secularizado y privatizado cementerio de Granada.

Esperamos que los huesos y la boina —que se conserva intacta— de nuestro General vencedor en Eraúl sigan durmiendo el sueño de los justos en espera de la resurrección de la carne. Las donaciones recibidas serán empleadas para proporcionar una lápida digna a la tumba, en la que actualmente no figura ni su nombre.

Hasta la fecha hemos recibido 735 € [801 € (actualización 28/8/2019)]. Una lápida de mármol correspondiente al tamaño de la bóveda cuesta más de 2.000 euros. Cualquier nueva donación para este noble fin, desde 1 euro, es bien recibida y agradecida:

Para hacer un donativo puede realizar una transferencia por PayPal a circulogeneralcalderon@gmail.com o bien una transferencia o ingreso bancario al siguiente número de cuenta corriente:

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* Muchas gracias a todos los que han donado. Llevamos recaudados 735 €. 

sábado, 13 de junio de 2015

170.º Aniversario del nacimiento de D. Carlos Calderón y Vasco

Hoy hace 170 años nacía en Granada el titular de nuestro humilde Círculo Tradicionalista, el Brigadier y posteriormente General D. Carlos Calderón y Vasco, de quien a pesar de sus humanos defectos tomamos el nombre por ser paisano nuestro, por sus virtudes militares, por su entrega al ideal tradicionalista que defendemos y por su gran cercanía al más grande Caudillo y Abanderado de nuestra Causa tres veces santa.

Don Carlos Calderón y Vasco nació en Granada el 13 de junio de 1845. Hijo de una familia aristocrática y rica, renunció al bienestar para ofrecer su fortuna y servicios a Carlos VII a raíz de la revolución septembrina. Diputado a Cortes por Granada por el partido carlista, en 1872 dimitió el cargo para dedicarse por entero a la guerra, consiguiendo empréstitos y armas para el Ejército de Don Carlos. Comenzada la guerra, peleó primero a las órdenes del General Ollo, y se distinguió en las acciones de Monreal, Eraul, Oñate, Azpeitia, Puente la Reina, Lecumberri, Dicastillo, etc., etc., ascendiendo a Brigadier en la batalla de Lácar. En febrero de 1876 fue tal su valor y tal el derroche de heroísmo en la acción de Montejurra, que los Generales Primo de Rivera y Cortijo devolvieron su espada al Brigadier Calderón y a su Ayudante, quedando prisioneros bajo palabra de honor. Terminada la guerra pasó a Francia para ponerse nuevamente a las órdenes de su Rey, el cual le ascendió a Mariscal de Campo por su comportamiento brillante en la batalla de Montejurra. Vestía el hábito de Caballero de Alcántara y estaba en posesión de tres Cruces rojas del Mérito Militar. Fiel a su Bandera y a su Rey murió en el destierro, en París, en noviembre de 1891.

Esto es lo que escribía de Calderón D. Carlos VII en sus memorias poco antes de la guerra, en 1870:


Carlos Calderón y Vasco 

(Granada, 1845 - París, 1891)
«Carlos Calderón y Vasco era oficial del Ejército. Estuvo de Ayudante del Duque de Osuna en Petersburgo y se me presentó en París con varios compañeros suyos. Le nombré Oficial de Órdenes con empleo de capitán. Me ha servido bien, con mucho celo y buen deseo. Tendrá ahora veinticinco años, y cuando se siente un poco, creo que valdrá. Tieñe corazón y bastante buen criterio; es valiente y decidido. Algo corredor y muy alborotado. Ha hecho sacrificios pecuniarios por la Causa y está dispuesto a hacer más. Tiene un buen fondo, pero ha sido mal educado. No le han inculcado principio alguno; pero defiende los nuestros con entusiasmo. (...) A mí me quiere de veras. Nunca adula; si peca, será por el lado contrario. Le he enviado a muchas comisiones y las desempeñó todas bien. Tiene la noble ambición de la Ordenanza; es muy pundonoroso y desea llegar a ser algo, pero mereciéndolo. Le gusta discutir y en la discusión da a conocer que no carece de talento, pero un talento natural, al cual falta el pulimento. A veces pasa horas enteras con Aparisi y dice que piensa idénticamente como él, lo que no deja de sorprender a los que le conocen y saben lo calavera que es; pero buen calavera. Tiene buenos modales de sociedad y era uno de los elegantes de París. Espero, dentro de unos años, escribir otra vez sobre Calderón y decir de él cosas grandes, pues le creo capaz de ellas. «En el campo de batalla, los calaveras se distinguen ordinariamente.» Esto me lo decía mi tío, el sesudo y moral Duque de Módena.»

Memorias y diario de Carlos VII

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viernes, 6 de febrero de 2015

¡Conservemos la tumba del General Calderón!

A poco más de un mes de la celebración señera de los carlistas, la Festividad de los Mártires de la Tradición, desde el Círculo General Carlos Calderón realizamos un llamamiento a todos los correligionarios para que cooperen con nosotros por salvar la tumba del ilustre titular de nuestro humilde círculo.

Repasemos su biografía:

Don Carlos Calderón y Vasco (Granada, 1845 — París, 1891), de quien hemos hablado en otras ocasiones (cf. CXXIII Aniversario de Carlos Calderón y VascoEl general carlista granadino Don Carlos Calderón y VascoCarlos Calderón y Vasco, general carlista granadino) fue un militar que tras el estallido de la Revolución de Septiembre de 1868 se presentó en París para ofrecer su espada a Don Carlos VII, que lo nombra Capitán. Durante la III Guerra Carlista llegó a ser Brigadier y acabada la misma, por su lealtad y servicios prestados, el Duque de Madrid —gran amigo suyo hasta el final de sus días— lo ascendió a General de División.

El nombre de Calderón sonó mucho en la guerra y sus cargas a la bayoneta fueron célebres. Oroquieta, Monreal, Oñate, Eraul, Lecumberri, Estella y Dicastillo podrían hablar del heroísmo de don Carlos Calderón.

En febrero de 1876 se le encargó la defensa de Montejurra y al mando solamente de tres batallones, un escuadrón y una batería, logró poner su enardecido entusiasmo a la mayor altura de la gloria militar. Al ser tomada Estella por los liberales, el General Primo de Rivera, como recompensa al valor demostrado por Calderón, le devolvió su espada, haciéndolo prisionero bajo palabra de honor.

Quizá debido a este gesto de caballerosidad por parte del enemigo, algunos revoltosos navarros empezaron a circular el rumor de que Calderón los había traicionado, habiendo vendido Montejurra al enemigo por cinco mil duros, suma que él se gastaba en la menor de las fiestas que con frecuencia ofrecía. Esta disparatada calumnia no hizo nunca la menor mella en el ánimo de Carlos VII, que le conservó hasta la muerte grandísimo afecto, conviniendo los dos que, mientras vivieran, pasarían juntos todos los años el día de San Carlos, patrón de ambos.

Prueba de la dedicación y entrega no sólo militar, sino también pecuniaria, de Carlos Calderón a la Sagrada Causa de la Tradición —que jamás abandonó— son las palabras del rey legítimo en 1870:

«Tiene corazón y bastante buen criterio; es valiente y decidido. [...] Ha hecho sacrificios pecuniarios por la Causa y está dispuesto a hacer más.»

Antiguo Colegio Calderón
colegioreginamundi.com
Como curiosidad, puede citarse el personaje de las Sonatas de Valle-Inclán, el Marqués de Bradomín, todo un Don Juan inspirado en la figura del General Calderón.

Para la ciudad de Granada la familia Calderón fue una gran benefactora. El padre de D. Carlos Calderón y Vasco, D. Carlos Manuel Calderón y Molina, construyó el carmen de los Mártires; y su señora madre, D.ª Josefa Vasco Gómez, se entregó por completo a la caridad cristiana que le valió recibir el título de Marquesa de la Caridad por Carlos VII en 1874. Muestra del ejercicio de esta virtud teologal por parte de la familia Calderón es el Colegio que donaron a la ciudad de Granada para la enseñanza de los pobres: el Colegio Calderón, hoy Regina Mundi, cuyo edificio original se encontraba en la calle Recogidas.

Acabada la guerra, Carlos Calderón se dedicó a sus importantes negocios en el extranjero y llegó a ser director de la Compañía Transatlántica y de los ferrocarriles mexicanos.

Su muerte le sorprendió en París la madrugada del 9 de noviembre de 1891, tras haber celebrado una fiesta en honor de los Grandes Duques Vladimiro. Los restos mortales de nuestro General fueron trasladados a Granada desde la capital de Francia y recibió cristiana sepultura en la finca Jesús del Valle, antiguo convento jesuita propiedad de la familia Calderón.

La tumba

En dicha hacienda-convento permanecieron enterrados los huesos del General Calderón hasta 1980, cuando la familia tuvo que venderla. Actualmente, el antiguo convento de la Compañía de Jesús (una víctima más de la terrible desamortización de Mendizábal), que adquirió la familia del General Calderón, se encuentra en estado ruinoso. El buen criterio y piedad de los bisnietos de Concepción Calderón y Vasco, hermana de Carlos Calderón, motivó el traslado de los restos mortales de sus mayores, entre ellos el General Calderón, al Cementerio San José de Granada.

Uno de los familiares de estirpe carlista granadina nos ha relatado una anécdota de su traslado:

«Recuerdo escucharle a alguno de mis tíos que estuvieron allí presentes que el uniforme militar del general Calderón se encontraba impecable, que la boina roja se encontraba en perfecto estado y que el sepulturero se extrañó de lo bien conservado que estaba todo. Realismo mágico granaíno.»

No obstante, la sobrina-bisnieta titular de la tumba del General ha fallecido hace pocos años y las tasas han dejado de pagarse, por lo que cualquier momento podrían perderse los derechos a que los restos continúen sepultados en su actual ubicación.

El Cementerio de Granada, gestionado impropiamente por una empresa privada, Emucesa, que pone a disposición de los musulmanes un gran terreno separado para el enterramiento de estos, siempre bajo suelo y separado de aquellos que no son seguidores de Mahoma, como mandan las leyes de su falso profeta y en virtud de la ley socialista de 1992, que otorga este privilegio sólo a judíos y mahometanos y no a los católicos (ley conservada, como es lógico por los posteriores gobiernos conservadores del Partido Popular), no tiene ningún reparo en exhumar los cadáveres de los difuntos cristianos y depositarlos en una fosa común a la mínima que sus familiares se descuidan en el pago de las tasas, obteniendo así más espacio para nuevos "clientes". Prueba de ello son los innumerables avisos de exhumación inminente que pueden verse en las tumbas al visitar el cementerio.

Para que se conserve la tumba del General Calderón y evitar que sus restos acaben en una fosa común, es preciso pagar las tasas atrasadas desde hace 11 años, que ascienden a 341 euros. Pero los integrantes del Círculo General Calderón no nos conformamos con eso y queremos dotarle además de una lápida de la que actualmente carece y cuyo valor asciende a no menos de 2000 euros.

Por todo ello, realizamos un llamamiento a nuestros amigos y correligionarios para que realicen una contribución económica, en las medidas de sus posibilidades, honrando así la memoria de aquel que tan valiente y lealmente luchara por la bandera de Dios, la Patria y el Rey, como reza nuestro sagrado lema.

Para hacer un donativo a tan noble fin, puede realizar una transferencia por PayPal a circulogeneralcalderon@gmail.com o bien una transferencia o ingreso bancario al siguiente número de cuenta corriente:

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                                          IBAN: ES09 1465 0120 31 2009412098
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* [Actualizado 14/04/2015] Muchas gracias a todos los que han donado. Llevamos recaudados 735 €. 


REQUIESCAT IN PACE


* El lector que desee cerciorarse de la veracidad de los hechos que exponemos, puede dirigirse por teléfono al Cementerio San José de Granada en el 958 221 864 (www.emucesa.es).

domingo, 9 de noviembre de 2014

CXXIII ANIVERSARIO DE CARLOS CALDERÓN Y VASCO

Con motivo del aniversario de la muerte del célebre brigadier y general titular de nuestro granadino Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón, reproducimos diferentes noticias sobre su muerte aparecidas en la prensa a principios de 1892:

DON CARLOS CALDERÓN Y VASCO

«El general Calderón, el bravo militar que empezó su vida de soldado siendo un niño, batiéndose de alférez de Coraceros del Príncipe, a las órdenes del general Zabala, contra Prim, y que sabedor luego la revolución Setembrina se presentó a D. Carlos en París para ponerse por completo a sus órdenes, ha desaparecido de entre nosotros en el poco tiempo que ha necesitado una enfermedad aguda y traidora para matarle.

»Aun los enemigos de nuestras ideas proclaman muy a las claras las brillantes dotes del caballero y del soldado.

»Los oficiales del batallón de Cazadores de Segorbe, que cayeron prisioneros en la toma de Portugalete, pregonaron luego en su campo el trato caballeroso y exquisito que les dio el entonces Teniente coronel del 2.º batallón de Navarra, guardador de los prisioneros liberales.

»Lo mismo cuando se batía bizarramente en el campo de batalla, como ahora que dirigía los negocios de empresas importantísimas, siempre ha colocado muy alto su nombre, y es por eso intachable su reputación.»
(La Tradición).

«Ni en la prosperidad ni en la desgracia perdió nunca su buen nombre de perfecto caballero, cuya cualidad le ha sido reconocida siempre por amigos y enemigos, habiendo observado en todas ocasiones una conducta irreprochable, gozando de fama merecida, por su valor acreditado, por su honradez a toda prueba y por su inquebrantable constancia.

»Don Carlos Calderón ha bajado al sepulcro en la capital de Fancia, donde se encontraba últimamente, siendo honrado y respetado por cuantos le conocieron y trataron, y dejando un nombre exento de toda mancha y un vacío inmenso en el seno de su familia y en el vasto círculo de sus amigos y relaciones.»
(El Noticiero universal).


«Vedle ya fuera del mundo de los vivos, pero en cambio deja tras de sí la estela refulgente de su gloria al noble partido en que militó, aunque llenando de amarga pena el corazón de sus numerosos amigos. Porque los tenía buenos y en todas partes: desde el egregio Príncipe, a quien consagrara su fortuna, su porvenir y el peso de su potente espada, hasta sus compañeros de armas y sus amados voluntarios. Deja detrás de sí una envidiable memoria, porque valía tanto que hasta sus mismos contrarios le querían:… y hemos sabido también que hasta en el regio Alcázar de la Plaza de Oriente se han lamentado de la prematura muerte del sin par caballero, del lealísimo soldado de la legitimidad.

»Y es que en Calderón todo atraía; hasta su figura era arrogante y simpática: alto, moreno, de grandes ojos negros, de fisonomía dulce y franca, sin por ello dejar de ser enérgica a las veces, era del tipo árabe más puro, descrito en las leyendas de la Reconquista. De un corazón que no le cabía en el pecho, de una generosidad sin límites y de un valor rayano en la temeridad, ¿qué mucho que despertara cariño y afecciones por todas partes?

»La nostalgia de la paz no pudo, sin embargo, concluir con su genio emprendedor y activo. Se dedicó a empresas y negocios, cruzó los mares, y en América, lo mismo que en Navarra y en Madrid, era siempre el franco amigo y el camarada de todos. Hasta el mismo D. Alfonso XII apreciaba en su justo valor y respetaba la consecuencia política y la caballerosa lealtad de Carlos Calderón.»
(El Estandarte Real).

«Guardaba las tradiciones y los afectos de su familia como un culto; por eso fue carlista, por eso continuó con el actual marqués de Comillas la amistad que al mismo profesó su padre, decidido protector de aquel hombre laborioso e inteligente que se llamó D. Antonio López.

»Había que reconocer íntimamente a D. Carlos Calderón para saber lo que valía aquel corazón de oro, aquel tipo de caballero sin miedo y sin tacha, que llevó a los negocios un espíritu de rectitud y de nobleza que era uno de sus principales atractivos.

»Con él ha desaparecido uno de los tipos caballerescos que el inmortal D. Pedro Calderón de la Barca pintaba.

»Sobre su tumba puede ponerse este epitafio: Aquí yace un caballero español. »

(El Heraldo de Madrid).

viernes, 22 de noviembre de 2013

El general carlista granadino Don Carlos Calderón y Vasco

DON CARLOS CALDERON EN MONTEJURRA, cuadro al oleo por E. Esteban

Este precioso cuadro al óleo del notable pintor D. E. Estevan, cuya fotografía proporcionó a la revista El Estandarte Real el General D. Antonio Brea, constituye un glorioso recuerdo de la campaña de 1872-76.

El hecho a que se refiere es el siguiente:

El 17 de Febrero de 1876 se vio atacado el Brigadier Calderón por dos divisiones en la parte de la Solana y una brigada en la de Esquinza; para hacerlas frente sólo contaba con los batallones 1º y 12º de Navarra y algunas compañías alavesas; no obstante, sostuvo todo el día un rudo combate en el que hizo 400 bajas al enemigo; aquella noche atacó a éste a la cabeza de dos compañías, desalojándole de Arellano y haciéndole numerosos prisioneros. Reanudada la acción al día siguiente, viose el Brigadier Calderón atacado por tres puntos a la vez; pero el Coronel Barón de Sangarrén en unas zanjas; el 1º de Navarra sobre Monverde y Calderón con el 12º en el bosque de Arellano, hicieron retroceder cinco veces al enemigo con otras tantas cargas a la bayoneta, hasta que al verse completamente rodeados y abrumados por tantas fuerzas, y fatigada ya la gente de Calderón, mientras que el enemigo era reforzado con ocho batallones al mando del General Tassara, empezaron los carlistas a despeñarse huyendo hacia Estella.

Siguió, a pesar de todo, batiéndose el Brigadier Calderón ordenando otra nueva carga (en la que cayó herido su jefe de Estado Mayor D. Ricardo Suarep) y se retiró ordenadamente al fuerte aprovechando el desorden que acababa de introducir en los batallones liberales. Cesó el fuego, pero rehechos al fin los enemigos al cabo de una hora, se lanzaron por varios puntos sobre el fuerte, defendiéndolo bravamente por espacio de media hora los pocos voluntarios que en él habían quedado, pero viéndose desbordados y acosados por todas partes, se apoderó de ellos el pánico y huyeron hacia Estella, dejando solo con su Ayudante Sr. Henestrosa al Brigadier Calderón, quien, aunque ya había sido herido, no quiso abandonar el fuerte, cayendo éste así, huérfano de defensores en poder de las tropas liberales, al frente de las cuales felicitaron los Generales enemigos Primo de Rivera y Cortijo al Brigadier D. Carlos Calderón, por la heroica defensa que había hecho, devolviéndole la espada, así como a su Ayudante, y dejándoles prisioneros bajo su palabra.

Don Carlos de Borbón premió el brillante comportamiento de Calderón con la faja de Mariscal de campo.

Pocos han tenido ocasiones como nuestro infortunado amigo, de hacer simpático y respetable el nombre español fuera de nuestras fronteras, y pocos se han dedicado a esta tarea con éxito aproximado, pues la nota saliente de su personalidad era el más acendrado patriotismo.

Este sentimiento puede decirse que fue el que exclusivamente le trajo a nuestro campo y creó entre Carlos VII y él una indestructible intimidad que por igual honra a ambos.

Cosmopolita por su educación y por sus hábitos, pero español rancio por su corazón, tenía la evidencia de que sólo la Monarquía representada por Don Carlos podía, y eso en poquísimo tiempo, sacar a España del lugar secundario a que está relegada y elevarla rápidamente a potencia de primer orden.

¿Don Carlos podía efectuar ese milagro? Calderón estaba seguro de ello, y esa certeza le bastaba para ofrecer a Don Carlos su vida, sin alambicar ni sus principios ni sus derechos por más que fuera respetuoso y defensor de los unos y de los otros.

En el destierro fue Calderón acaso el más asíduo visitante de su Rey proscripto, a quien iba a ver a lo menos una vez cada año, a París, a Londres, a Frohsdorf, a Venecia, a donde quiera que estuviese, causando siempre sus visitas singular regocijo a Don Carlos que estimaba en alto grado todas sus condiciones personales, la nobleza de su carácter afable y abierto, su bravura como soldado, su exquisita cortesía como hombre de mundo, su actividad infatigable como trabajador y su fidelidad a toda prueba como carlista.

Llórale hoy, no sólo como General, sino como amigo muy querido y probablemente los primeros sufragios que se habrán celebrado por el ilustre difunto, serán los que don Carlos ordenó en el momento de saber su muerte inesperada, dando la coincidencia providencial de que la primera Misa dicha por su alma en Venecia, se celebró precisamente el día 10, fiesta de San Andrés Avelino, protector de los cristianos en las muertes repentinas.

La noche antes de su muerte, el General Calderón obsequió, en su casa en París, con regio banquete y recepción a SS. AA. II. el Gran duque y la Gran Duquesa Wladimiro, al Gran Duque Alejo y a los Duques de Leuchtemberg... y a las pocas horas de retirarse a descansar, una angina de pecho acabó en breves instantes con su preciada existencia.

Los funerales han sido espléndidas manifestaciones de duelo y generales simpatías.

En las exequias de París presidieron el Duque de la Unión de Cuba y el Conde de Adanero, en representación de la familia, el General Mergeliza de Vera, en representación de Don Carlos, y el Sr. Angulo, en representación de la Compañía Trasatlántica, de la que era Director así como de los caminos de hierro mejicanos nuestro entendido y bizarro general. Entre la concurrencia, tan numerosa como brillante, figuraron el Gran Duque Wladimiro, los Duques de Leuchtemberg, de Almenara Alta, de Lerma, de Fernán Núñez, de Montellano, de Tamames y de Croig; los Marqueses de la Torrecilla, de la Mina, de la Romana, de Casa-Riera y de Salamanca, los Príncipes Orloff y Troubeskoi; los Condes de Bressón, de Lambertye, de Pradire, de Peralada, de Estrada, de Santovenia y de Torres de Luzón y el barón de Rothschild.

En los funerales de Madrid, la concurrencia fue tan numerosa que no cabía en la extensa nave de la Iglesia de Santa María. Allí estuvieron brillantemente representados todos los partidos políticos, el clero, la aristocracia, la banca, las letras, las artes y las industrias, sin faltar tampoco generales, jefes y oficiales del ejército, algunos de uniforme, y entre ellos el que le hizo prisionero en Montejurra, el General Primo de Rivera, al lado de nuestro Jefe Delegado el Marqués de Cerralbo, a quien acompañaban D. Pablo Morales y el General Brea (hermano, más que amigo, de Calderón), el Dipudado por Tolosa don Benigno Rezusta, los Condes de Balazote y de Casasola, el Sr. Herrero, en representación de El Correo Español, e innumerables correligionarios nuestros, entre ellos muchos voluntarios de los batallones guías del Rey y 2º de Navarra.

Todas las clases sociales, altas y bajas, han rendido el último homenaje de cariño y de respeto al cumplido caballero.

¡Descanse en paz el General Calderón!

Extraído de la revista El Estandarte Real. Diciembre de 1891.

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