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jueves, 11 de junio de 2020

El Corpus y la Tradición


Ha llegado la época bella y encantadora de esta tierra andaluza sin par, en Granada se torna en espléndido tapiz de luz y de flores, como acuarela de brillantes colores que hubiera sido trazada por pinceles de ángeles. En este marco de intensa poesía, se encuadra la hermosa tradición de sus populares fiestas del Corpus, en la que flota la magnífica misión de la Reconquista, evocadora de las grandezas de su pasado histórico.

Corpus y tradición, parecen ser y, son, la savia vivificante del alma granadina.

Así es que al aproximarse estas fiestas, Granada se conmueve hondamente, desbordándose todo el entusiasmo, toda la alegría, todo el bullicio y la animación que transitoriamente agita la entraña popular de las poblaciones que conmemoran las fiestas típicas señaladas y arraigadas por la Tradición.

Aquí es el Corpus, la fiesta granadina por excelencia; la que unas y otras generaciones solemnizan con especial predilección desde que fué instituida por los ínclitos Reyes Católicos, de tal manera arraigada, que Granada dejaría de ser lo que es, si desapareciera.

Este día grande del año, que es uno de los tres que relucen más que el sol, es el que por Tradición reluce para Granada más que miríadas de soles de la mayor magnitud. Y los vergeles granadinos contribuyen a ello prestando sus fragancias y la gama de sus aterciopelados colores; los ruiseñores de sus floridos cármenes, sus más tiernas endechas; el murmurio de sus ríos, la sinfonía retozona del constante rodar de sus aguas espumosas, el cielo su azul intenso y bello, y su Sierra gigantesca el tul blanquísimo de sus nieves. Y para que reluzca aun más, con celestiales resplandores, está el entusiasmo fervoroso de la católica Granada, que rinde sus corazones en amor intenso por la devoción al Santísimo Sacramento.

Vamos, pues, granadinos, a solemnizar nuestra gran fiesta, la que nos legaron los magníficos Reyes de la Reconquista por respeto a la Tradición; por mandato imperioso de un sacratísimo deber; por satisfacción de nuestra fe católica que nos impulsa al amor más. encendido y fervoroso al Santísimo Sacramento; y sintiendo el orgullo de nuestras creencias, doblemos la rodilla al paso de la Divina Custodia, y elevemos en tanto al cielo, con el perfumador y blanquecino vapor del incienso y el simpático y rústico aroma de las juncias y los mastranzos que tapizan las calles del tránsito, las más fervorosas plegarias en honor de Jesús Sacramentado; y... ¡cantemos!... cantemos al Amor de los amores, proclamando el reinado de Cristo en estos tiempos en que los enemigos de la Religión braman contra la Iglesia y forcejean por derrocar el Altar, y agradezcamos al Señor el beneficio de sus infinitas misericordias, manifestadas en la protección que dispensa a nuestro glorioso ejército y heroicas milicias en los campos de batalla, y en la exuberancia de nuestras vegas, que muestran la magnitud de excelentes cosechas y abundantes frutos.

Lorenzo Ros

LA VERDAD, periódico tradicionalista (mayo de 1937)

miércoles, 18 de julio de 2018

Carta abierta de la jefatura regional de la Comunión Tradicionalista de Andalucía Oriental (1962)

Hoy, 18 de julio, día en que conmemoramos el 82 aniversario del Alzamiento Nacional, presentamos la carta abierta de los carlistas granadinos que, veinticinco años después de aquel glorioso día, seguían afirmando el espíritu del 18 de Julio y se oponían al ilegítimo nombramiento de Juan Carlos como futuro rey de España, traición al espíritu de la Cruzada que se consumaría finalmente en 1969 y sería el origen de buena parte de los males que padece España hoy:


CARTA ABIERTA

El clima de apatía política de España durante los últimos años —consecuencia lógica de la bonanza que disfrutamos—, va desapareciendo ante las declaraciones de la Jefatura del Estado sobre la forma natural de sucesión y desarrollo del Movimiento Nacional: la Monarquía Tradicional, Católica, Social y Representativa que concreta lo que es realmente entraña del pueblo español.

Junto con el legítimo afán surge la inquietud; no por el sistema, sino por la posible persona que encarnará la más alta Magistratura. Sin embargo, por la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado se han puesto las condiciones mínimas suficientes para que el problema sea, más que de persona, de condiciones objetivas, que den auténtico contenido a la prolongación del Movimiento Nacional.

La Comunión Tradicionalista está presente siempre en los momentos decisivos de la Patria; de una manera especial lo estuvo en la preparación del 18 de Julio, con sus Tercios de Requetés, que fueron cantera de héroes y mártires durante la Cruzada. También lo ha estado, aunque apartada de las responsabilidades inmediatas de la Política, una vez alcanzada la Victoria, pues el Estado ha dado contenido a su actuación política, interpretando a los pensadores tradicionalistas e incorporando a su actividad instituciones tradicionales.

Una vez proclamada la Monarquía Tradicional, Católica, Social y Representativa, corresponde a la Comunión Tradicionalista una principal tarea para llevarla a feliz término, llegado que sea su momento. No podemos estar dispuestos a que la bandera que se alzó en la Cruzada sea esgrimida por cualquier grupo arribista que, por mero compromiso y como de pasada, acepte los principios de la España de hoy para hacerse con el Poder. Queremos hacer vivir y sentir a todos los españoles los principios determinantes del 18 de Julio, como los sentimos nosotros, que es como lo sintieron nuestros mártires y pensadores. Enraizados con nuestra fe y nuestras convicciones católicas y patrióticas.

Conscientes de que eludir esta responsabilidad significaría desatender los designios de la Autoridad superior, traicionar el 18 de Julio y faltar a la cita que, una vez más, la Historia nos pide, creemos llegado el momento de la acción, ya que los tiempos próximos pueden ser tan graves para la paz, como lo fueron los que precedieron a la Cruzada, si España cayera en manos y propósitos que han demostrado ya su grave ineptitud.

Y como en aquella preparación del 18 de Julio, solicitamos hoy para la paz la intervención de todos los españoles conscientes de su responsabilidad, para que nos asistan en esta tarea nacional, sin que ello signifique afiliación política. Hacemos este llamamiento, a unos por el legítimo egoísmo de asegurarse la realidad de paz y orden que hoy se disfruta, y a los más, a la actual generación que siente la inquietud de los tiempos, y la necesidad de clarificar ideas, para que nos acompañe en la formación de los nuevos hombres que han de sentir auténticamente los ideales tradicionalistas y tomar en sus manos la responsabilidad del acontecer político, en el más noble sentido de rectoría de los destinos de la Patria.

Granada, marzo de 1962

jueves, 12 de abril de 2018

La visita de Carlos Hugo de Borbón a la región de Granada (antes de su traición)

Por su interés histórico y como muestra de la pujanza del carlismo en nuestra región hace solo algunas décadas, reproducimos la siguiente crónica del viaje que hizo a nuestra región Carlos Hugo, difunto hermano de nuestro augusto caudillo Don Sixto Enrique (q. D. g.), en el año 1962. Tal día como hoy, un 12 de abril, era recibido por nuestro jefe regional, Julio Muñoz Chápuli, y por el secretario regional, Juan Bertos. Ninguna de las personas a las que alude la crónica, tradicionalistas leales, seguirían a Carlos Hugo en sus posteriores y traicioneros desvaríos, ni se sumarían al izquierdista y mal llamado «Partido Carlista», demencial y fracasado invento de principios de los 70 que tan funestas consecuencias tendría para la Santa Causa de la Tradición española.

Fotografía de Carlos Hugo en los astilleros Elcano de Sevilla (1962)

VIAJE DE D. CARLOS POR EL REINO DE GRANADA

El 12 de abril acudieron a Antequera el Jefe Regional D. Julio Muñoz Chápuli y Secretario Regional Sr. Bertos a esperar a S. A. R. Don Carlos de Borbón Parma, que llegó a última hora de la tarde acompañado del Delegado Nacional de Requetés, Jefe Regional y Mandos de Andalucía Occidental.

Recibió en Antequera a un grupo de agricultores, comerciantes e industriales con quienes departió ampliamente y cenó, retirándose después al Albergue de dicha ciudad malagueña.

El día 13 y acompañado, como en todo su viaje por el reino, por los citados Delegado Nacional de Requetés, Jefe y Secretario Regional, recibió a la Junta Provincial de Málaga, en esta Capital, y visitó después la Costa del Sol. A las siete de la tarde visitó detenidamente la Fábrica de caña de azúcar y remolacha Nuestra Señora del Rosario en Salobreña (Granada) acompañado por los apoderados y técnicos, quienes le obsequiaron con un aperitivo en dicha Fábrica. Antes de esta visita fué recibido en el límite de la Provincia por el Jefe Provincial Sr. Rubio y el Delegado del Círculo Mella señor Asís. Siguió después viaje a Granada donde pernoctó.

El día 14 visitó por la mañana al señor Arzobispo Dr. García y García de Castro, recibió después a un grupo de Catedráticos de la Universidad, de Médicos, de Notarios y de Abogados granadinos. Visitó a continuación la Central Lechera (UNIASA) con todo detenimiento, acompañado de Directivos y Técnicos y almorzó con los Jefes de la Comunión en el Albergue de San Francisco (Alhambra).

Por la tarde hizo un rápido recorrido por el recinto de la Alhambra, acompañado por el Presidente del Patronato, Sr. Marín Coete y Museo de Carlos V con su Director Catedrático, Sr. Orozco. Después recibió al Delegado Provincial de Sindicatos, Directores del diario «Patria» y de las dos emisoras de radio; representaciones de los grupos universitarios de Falange; Vieja Guardia, Ingenieros, Margaritas, Requetés y Carlistas granadinos. Finalmente sostuvo un amplio cambio de impresiones con las Juntas: Regional y Provincial, del Círculo Mella, Juventud y AA. EE. TT.

El día 15 por la mañana subió a Sierra Nevada donde oyó la Santa Misa y almorzó con los Profesores Universitarios de las Instalaciones Científicas de la Universidad en el Veleta (que visitó con detenimiento), un grupo de los Universitarios de Montaña y las Autoridades Carlistas.

Seguidamente bajó a Granada, oró ante la Virgen de los Dolores de la Cofradía del Requeté que se venera en San Antón acompañado por el Hermano Mayor y Camareras de la Virgen, y continuó viaje hacia Jaén.

El entusiasmo despertado en todos los Centros Fabriles, personalidades simpatizantes y carlistas podemos calificarlo como sin precedentes, en la brevedad de esta escueta crónica donde hemos prescindido de adjetivos para que sean otros españoles los que los prodiguen.

MONTEJURRA, n.º 17 (Pamplona, junio 1962)

viernes, 9 de septiembre de 2016

El combate doctrinal del carlismo en los últimos tiempos

[A partir de la década de 1970] el tradicionalismo carlista hubo de enfrentarse a otro tipo de problemas (...) Como consecuencia del desarrollo económico de los años sesenta, la sociedad agraria tradicional acabó disgregándose; y la modernización social llevó a la secularización cultural y a la progresiva deslegitimización de la tradición católica, que fue erosionada de manera radical. A ello se unieron las repercusiones del Concilio Vaticano II, que fueron igualmente determinantes. Su contenido doctrinal —nuevo concepto de Iglesia y del papel de los laicos, nueva forma de ver la relación del catolicismo con la modernidad, declaración de libertad religiosa, etc.— deslegitimó la teología política tradicional. Como señaló el tradicionalista Miguel Ayuso:

«solamente a la crisis de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX no ha podido resistir el carlismo, porque no le afecta solo accidentalmente, sino que toca esencialmente a su soporte, que es la cosmovisión de la cristiandad».

El profesor Miguel Ayuso Torres

En ese contexto, se desarrollaron las obras de los últimos doctrinarios del tradicionalismo carlista: Rafael Gambra Ciudad y Francisco Elías de Tejada. El «socialismo autogestionario» [del mal llamado Partido Carlista] careció de doctrinarios; fue tan sólo una veleidad oportunista, que rompía, de hecho, con la trayectoria histórica del legitimismo español.

El pensamiento de Rafael Gambra fue fundamentalmente tomista, si bien estuvo influido por Henri Bergson y por la reacción antirracionalista y antipositivista representada por Albert Camus y Antoine de Saint-Exupéry, Gustave Thibon, etc. Desde sus primeros escritos se mostró adverso al falangismo, y sobre todo, a las tendencias democristianas, que asociaba con el modernismo. Igualmente, rechazó el nacionalismo integral de Charles Maurras, por su tendencia secular; a su modo de ver, era «un tradicionalismo de izquierdas».

Su enemigo fundamental fue, sin embargo, el progresivo aggiornamento de la Iglesia católica, cristalizado en el contenido del Vaticano II; y que concluiría en las leyes de libertad religiosa del franquismo. Contra ello, publicó su libro La unidad religiosa y el derrotismo católico, en defensa de la unidad católica y la confesionalidad del Estado español. Su doctrina política era básicamente una renovación de los supuestos de Vázquez de Mella. Gambra concibe la vida humana, no como autorrealización o liberación de trabas, sino como entrega o compromiso e intercambio con algo superior que se asimila espiritualmente. Ligado a esto se encuentra la concepción de la sociedad como una organización en el espacio y en el tiempo. La sociedad es una proyección de las potencialidades humanas, incluida la individualidad; y que tiene igualmente una fundamentación religiosa, ya que sus orígenes se encuentran en unas creencias y en una cosmovisión colectivas. Si el hombre es un compuesto de alma y cuerpo llamado por la gracia al orden sobrenatural y, por otra parte, la sociedad emerge como eclosión de la misma naturaleza humana, también la de un poder en alguna manera santo y sagrado, es decir, elevado sobre el orden puramente natural de las convenciones o de la técnica de los hombres.

Rafael Gambra Ciudad (Madrid, 1920-2004)

A partir de tales planteamientos, Gambra defiende una concepción organicista de la sociedad y el régimen monárquico tradicional y federativo. El principio representativo se encuentra encarnado en la corporación. El proceso federativo consiste en la progresiva superposición y espiritualización de los vínculos unitarios, contrapunto del Estado liberal o de la nación sacralizada de los fascismos y de los separatismos nacionalistas. El federalismo es, según Gambra, algo radicado en la misma historia de España, porque en su seno perviven y coexisten  en su superposición mutua regiones de carácter étnico, como la vasca; gegráficas, como la riojana; políticas, como la aragonesa o la Navarra. El vínculo superior que las une es la catolicidad y la Monarquía. A partir de tales supuestos, Gambra criticó, en su obra Tradición o mimetismo, el centralismo franquista, lo mismo que su aceptación de los principios laicistas y tecnocráticos, sintetizados en su reconocimiento de la libertad religiosa.

(...)

La tradición política española se manifiesta, para Elías de Tejada, en dos cuestiones fundamentales: la concepción católica de la vida y la Monarquía federativa de «las Españas». En su opinión, la causa diferenciadora de las comunidades políticas no la constituye ningún factor físico, ni la raza, ni la lengua, ni la cultura, ni el espíritu, ni motivos psicológicos; esta causa diferenciadora radica en la tradición y en la nación. Las comunidades políticas tienen una finalidad que cumplir en la historia. Por nación se entiende aquella nota característica de un pueblo a lo largo de un periodo de la Historia. La tradición es el sustrato que cada uno de esos períodos deja, el alma de las gentes forjadas en el fraguar de esas empresas colectivas.

Francisco Elías de Tejada y Spínola (Madrid, 1917-1978)

Para Elías de Tejada, la tradición política española se forja durante la Edad Media, con la Reconquista, y alcanza su punto culminante en el reinado de Felipe II. España se forja en el catolicismo y considera esencial a esa identidad el «federalismo histórico»:

«el federalismo de nuestra tradicional monarquía orgánica, hija de la historia y de las necesidades nacionales, españolísima y foral, magnífica y patriota; es la organización clásica de los fueros». 

(...) Así, pues, los tres conceptos principales de la tradición española son la religión católica, cuya traducción política se plasma en la unidad católica; la Monarquía federativa y misionera; y los fueros, «conjunto de normas peculiares por las que se rige cada uno de los pueblos españoles basados en la concepción del hombre como ser concreto histórico».


* Tomado de El Régimen de Franco: 5. La crisis del tradicionalismo carlista: Rafael Gambra, Francisco Elías de Tejada, por Pedro Carlos González Cuevas, en  Historia del pensamiento político español. Del Renacimiento a nuestros días, pp. 453-456 (varios autores, 2016). El libro en conjunto no es nada favorable al Tradicionalismo, lo que añade mérito al testimonio que arriba reproducimos, en el sentido de reconocer el verdadero Carlismo y sus más importantes (que no únicos) pensadores de la segunda mitad del siglo XX, aunque los llame «doctrinarios» y quiera hacerlos «los últimos».

sábado, 14 de mayo de 2016

Carta de Roberto G. Bayod por la Monarquía del 18 de julio (1966)

Contra los hechos consumados

Roberto G. Bayod Pallarés
(Belmonte de San José, 1919-2002)
Sr. Director de SP:

Me congratulo por el acertado y valiente enfoque que está tomando su prestigiosa Revista en el candente problema del futuro político de la Patria. Su carta, publicada en el número del 15 de mayo, pone en claro, incluso para los tontos —para los demás ya lo estaba—, su editorial del 1.º de mayo.

La Monarquía debe ser tarea de todos los españoles no cegados por sectarismos y rencores de la guerra. La Monarquía debe ser popular y social, como lo fue el 18 de julio. Esta fecha que divide la Historia contemporánea no surgió para restaurar estructuras que anarquizaron la vida española ni para reponer una dinastía que abandonó el trono; sino para crear una nueva España, basada precisamente en la España Tradicional, en la "eterna metafísica de España", como diría José Antonio. Mal se pudo alzar el pueblo español y el ejército en un 18 de julio para restaurar una dinastía que no intervenía en el Alzamiento. Yo asemejaría el 18 de julio a Covadonga y a San Juan de la Peña, cuyos baluartes no fueron para reponer a las dinastías visigodas que abandonaron la península y el trono, sino para instaurar nuevas fórmulas de gobierno, basadas en las entrañas del pueblo ibérico.

En líneas generales estoy de acuerdo con Vd. y con Domingo-Arnáu en cuanto a la Regencia. Ahora bien (...) sería conveniente el que la Regencia se estableciera vitaliciamente en la persona del Caudillo, sin perder éste ninguna de sus actuales prerrogativas y derechos. En este caso la Regencia podría prorrogarse por algún tiempo más, en el supuesto de que no se hubiera terminado con la institucionalización de todos los organismos y en la preparación del idóneo príncipe que fuere destinado como el más idóneo para encarnar la Monarquía del 18 de julio, podría tomar parte activa en el gobierno de la Nación, aún durante la Regencia vitalicia del Caudillo, y con el fin de un más perfecto entrenamiento en la difícil tarea de gobernar al pueblo español.

No se pueden dar hechos consumados al pueblo más independiente del globo y de más ansias de participar en la función pública, y mucho menos en una cuestión de tantísima importancia. Es preciso una igualdad de oportunidades entre todos los posibles príncipes que puedan identificar y personificar el 18 de julio, como ya insinuaba usted en "Una mirada al futuro". Se necesita continuidad en la tarea creadora del 18 de julio, sin perjuicio de rectificar errores padecidos hasta la fecha, y de perfeccionar instituciones creadas aprovechando la experiencia de varios lustros y conservando también cuanto de bueno se ha establecido. Hay que evitar, a toda costa, que un nuevo 14 de abril —por autoabandono de la Monarquía—, nos de un nuevo 16 de febrero y éste otro 18 de julio para tener que rescatar la Patria a base de un nuevo millón de muertos. No queremos más muertos, y por lo tanto, no queremos más dinastías ni instituciones o fórmulas que nos puedan llevar a los malos caminos. No podemos pretender que el final del Movimiento sea una República coronada, que a eso equivale la Monarquía que propugna "ABC", y para que esto no suceda es preciso e imprescindible que el príncipe que sea propuesto para rey para la Post-Regencia reúna unos requisitos mínimos de idoneidad y de capacidad.

Parece, a primera vista, que estas condiciones son una utopía, que ese Príncipe sea "un mirlo blanco", que sea un imposible. Pero no olvidemos que si la Providencia nos deparó un Caudillo para la cruzada y para la paz, también ha podido prepararnos un príncipe que sea continuador de la obra iniciada en un 18 de julio. Ese príncipe existe y es obra de todos los españoles y muy especialmente de las dos fuerzas político-militares que forjaron el Movimiento y su doctrina. No se puede prescindir del pueblo español, pero muchísimo menos de falangistas y de requetés que juntamente con el pueblo hecho ejército nos liberaron de una República sucesora de una Monarquía liberal con reyes liberales.

Forjemos la España nueva, mantengamos el espíritu del 18 de julio, el Movimiento sucederá al Movimiento a base de que se halle el príncipe apropiado para ser continuador de la tarea iniciada, y para ello es imprescindible el que sienta en sus entrañas el 18 de julio. Esa no es la Monarquía del "ABC", ni es ese su príncipe.

Sr. Director, adelante con su labor.-

Roberto G. Bayod Pallarés.
Princesa, núm. 18. Zaragoza

SP, 1966

* Nota: Debe entenderse esta carta de don Roberto Bayod a SP en su contexto. La estrategia de José María Valiente, extremada por Carlos Hugo, de "suceder" al régimen de Franco se reveló (aparte de su discutible ortodoxia) como un fracaso completo, que comprometió y dividió al Carlismo y movió a muchos de sus notables (no a todos) a hacer concesiones retóricas que, vistas hoy, resultan increíbles. La cita a J.A. Primo de Rivera, por ejemplo, podría haberse juzgado necesaria para atraer la atención de SP. Quienes conocieron personalmente a Bayod dan hoy fe de su ortodoxia tradicionalista.

domingo, 1 de mayo de 2016

Montejurra de ayer y de mañana

por Rafael Gambra

Montejurra es uno de los más hermosos símbolos de la historia patria. Es el monte que domina a Estella, la que fue corte de la Legitimidad en las dos guerras carlistas y la posición-clave para la defensa de esa plaza. En sus laderas se cavaron las primeras trincheras de la historia militar (cuyos vestigios aún se conservan), y en ellas murieron cientos de los nuestros confesando al Rey y a la fe de sus antepasados. En su base, el monasterio románico de Irache fue el gran hospital de sangre de los carlistas donde innumerables heridos recibieron el cuidado maternal de aquella reina ya legendaria que fue Doña Margarita. De aquí que Montejurra haya podido ser llamada la Montaña Santa de la Tradición, y convertida en símbolo de la más generosa y espiritual de las resistencias.

Después de nuestra Cruzada de Liberación se erigió un pequeño altar cubierto en su cima, y un vía-crucis en el camino de ascensión con los Tercios de Requetés que en esa guerra aportaron su esfuerzo y su sangre a una ilusionada empresa común.

Durante mi permanencia en Pamplona (1944-55) cada primer domingo de mayo subía al Monte no más que un reducido grupo de leales, en su mayoría familiares de quienes perdieron su vida en aquellos Tercios. Recuerdo la invitación que anualmente me hacia don Joaquín Vitrián, Capellán de la Hermandad del Vía-Crucis de Montejurra y profesor conmigo en el Instituto Príncipe de Viana, para concurrir a aquella pequeña y entrañable romería penitencial.

Decenas de miles de carlistas en Montejurra (1966)
Fue a partir de ese último año cuando la romería casi familiar se transformó en gran concentración carlista con concurso de todas las regiones de España, hasta alcanzar gigantescas proporciones. Contribuyeron a esto dos circunstancias: de un lado que la paz espiritual de los quince años anteriores empezaba a mostrar fisuras: aires nuevos de europeísmo y de olvido de los motivos de 1936 empezaban a circular: la sangre leal presentía algo, volvía a hervir. De otro, que el Carlismo parecía salir de un interregno de divisiones y desaliento para ver a su cabeza la figura de un rey que —¡al fin!— se decidía a serlo. Dos años más tarde el heredero de ese ya casi anciano rey se presentaba ante la multitud reunida en Montejurra y abría con su presencia y su gesto un ancho campo a la esperanza. En la concentración de ese año parecía haberse liquidado la escisión que, por lo menos en cuatro fracciones, venía sufriendo el Carlismo.

A partir de ese momento la concentración política y la romería penitencial seguirían en aumento numérico. Sin embargo, en los años inmediatos Montejurra tuvo un tono domésticamente gubernamental. Se había nombrado Jefe-Delegado a don José María Valiente, de origen y mentalidad bastante extraños al Carlismo, y se trató entonces de ganar una oposición convocada para rey. Perdida ésta, el Sr. Valiente se sumó, como podía esperarse, al opositor triunfante. No hizo más que volver a su casa, y eso siempre está bien en un casado.

Este momento coincide, más o menos, con el Concilio y con la «apertura» europeística de España. A partir de entonces, lo que allí se dice y se oye es difícil de describir y aún más de creer. No difiere mucho de lo que oímos en algunos púlpitos o de lo que leemos en «Mundo Obrero». Santiago Carrillo y el Partido Comunista han enviado sus congratulaciones, y seguramente ni ellos mismos salen de su asombro.

La nube, sin embargo, pasará. Con la ayuda de Dios y por la intercesión de nuestros mártires. Porque, ¿a quién pertenece Montejurra? Sin duda a aquellos que yacen en sus trincheras o se conmemoran en sus cruces. Por ellos se va a aquel sitio, y ellos no mantuvieron, ciertamente, posturas confusas, traidoras ni vacilantes.


Rafael Gambra Ciudad
El Pensamiento Navarro (02/05/1971)

viernes, 12 de febrero de 2016

El Montejurra carlista antes de la usurpación izquierdista

Hoy que tanto abunda, por desgracia, la mentira y falsedad sobre la historia de España en general y la del carlismo en particular, queremos traer a la memoria lo que significaba la tradicional romería carlista de Montejurra que organizaba la Comunión Tradicionalista. Desde su inicio acabada la Cruzada de Liberación en 1939 hasta la usurpación izquierdista de la década de los 70, en Montejurra se congregaron cada año decenas de miles de españoles católicos y patriotas para honrar a los combatientes requetés muertos en campaña y a todos los que ofrecieron su vida por Dios y por España.

No fue hasta producirse el nombramiento de Juan Carlos como sucesor de Franco a título de rey en 1969 que se produjo el nefasto y lamentable giro oportunista del príncipe Carlos Hugo (difunto hermano del actual caudillo de la Comunión Tradicionalista) y su camarilla resentida. Curiosamente, se trataba de los mismos elementos que en los 60 habían impulsado la política de colaboración entre la Comunión y el régimen franquista de que da muestra el artículo que reproducimos. Veamos como era Montejurra cuando para todos carlismo y tradicionalismo eran sinónimos.

MISA Y REZO EN MONTEJURRA / CERCA DE 100.000 PERSONAS ASISTIERON A LOS ACTOS

6 de mayo de 1962


El Monasterio de Irache repleto de Boinas Rojas
Desde las siete de la mañana todos los templos de Estella estaban recibiendo oleadas de fieles, llegados la víspera, y de los que en las primeras horas siguieron llegando desde toda España, para oír misa y en su mayoría comulgar, antes de la ascensión a la montaña que se iniciaría a media mañana.

A las nueve y media, en el Monasterio de Irache, próximo a Montejurra y a dos kilómetros de Estella, donde acudieron los que no habían cumplido en los otros templos el precepto dominical, se rezó una misa por los Reyes de la Monarquía Tradicional.

A continuación, en un campo próximo, tuvo lugar un desfile de jóvenes requetés, presenciado desde una tribuna por las Infantas de Borbón-Parma.

Muchas personas habían ya comenzado la subida dé la imponente montaña, entro ellos gran parte de los vallisoletanos, antes de que lo hiciera el grueso de la concentración.

Por un camino serpenteante, que va ascendiendo entre loa carrascales que pueblan las laderas, siguiendo un trozado de amplios meatos en la escalada, cuyos hitos son las XIV estaciones del Vía Crucis, en cada una de las cuales figuran los nombres de un grupo de los sesenta y nueve Tercios. El Requeté de Valladolid tiene su titulación en la XII cruz estacional. Todas estas estaciones, que son sencillos monumentos rematados por una sencilla Cruz, iban siendo coronados de guirnaldas de flores y laureles por manos de excombatientes, camino que a veces se convierte en senda muy enriscada, supone una subida de cinco kilómetros, que, a paso de marcha y dada su gran pendiente, podría hacerse, contando con buenas piernas, en una hora y tres cuartos, y viene a cumplirse en las marchas anuales en que se reúnen los Requetés y Margaritas de todas las regiones en tres horas.

Suele hallarse coronada la cumbre por varios millares de personas hacia las doce de la mañana, pero se avizora desde lo alto el río de boinas rojas, todavía a esa hora, sin interrupción, serpeando desde la gran rampa que apunta a Irache zigzagueando por la importante ladera del Montejurra, hasta la meseta que hacia su mitad se convierte en una aguda y larga espina divergente, y, desde allí trepando en nutrida corriente, que a ratos recibe hileras confluyentes a la columna principal, hasta afluir contra los murallones de roca que rodean la gruta del Cristo situada a pocos metros de la cumbre.

REPRESENTACION DE LA VIEJA GUARDIA

Hacia las doce se encontraban en la explanada de la gruta del Cristo de Montejurra, José María Codón, consejero nacional del Movimiento, procurador en Cortes, delegado nacional de difusión; Miguel Fagoaga, secretarlo nacional de Organizaciones, consejero y jefe regional de Castilla la Vieja y León, en la Comunión Tradicionalista; José Luis Zamanillo, consejero nacional del Movimiento, secretario nacional de la Organización Carlista; José Antonio Pérez España, delegado nacional de A.E.T. (estudiantes tradicionalistas); Ramón Massó, secretario particular del príncipe Carlos de Borbón-Parma, el vallisoletano Redondo, residente en Santander; Angel Zubiaur, de la Junta Regional Navarra; Juan Mena de la Cruz, alcalde de Palencia y procurador en Cortes; Piorno Alonso de la Hoz; jefes regionales de Aragón, Navarra, Valencia y otras muchas regiones.

En ese momento llegaba a la explanada Pablo Arredondo, consejero nacional del Movimiento, inspector nacional de la Vieja Guardia de F.E.T. y de las J.O.N.S., acompañado de los hermanos Nieto Antúnez y Agustín Aznar, Palma de Plata, consejeros nacionales y miembros de la Vieja Guardia, que fueron recibidos por Zamanillo y las demás personalidades antes mencionadas.

En un avión, el príncipe Carlos evolucionó sobre el monte. Sonaron estruendosas ovaciones.

LLEGAN LAS INFANTAS DE BORBON-PARMA

Poco después, llegaron ante la gruta las Infantas de Borbon-Parma, doña María Francisca, doña María Teresa, doña Cecilia y doña María de las Nieves, con el príncipe Lobkowicz, esposo de la primera, siendo el momento motivo de gran conmoción entre la muchedumbre —quizás unas 90.000 personas — que entonaron el himno de Oriamendi.

Las Infantas y el príncipe, por el mismo orden que están enumerados, se colocaron ante el altar, de rodillas, para oír la misa que comenzaba entonces y que ofició el capellán de la Hermandad del Cristo, padre Joaquín Vitiain, ayudado como acólitos, por don Antonio Solís García, de Medina del Campo, y señor Aráuz, de Pamplona. El capellán dio la sagrada comunión a las infantas.

Durante el santo sacrificio se entonaron cánticos de penitencia y al terminar la misa el Himno Eucarístico.

Montejurra en los años 60

INTERVENCION DE ZAMANILLO

Después del acto religioso, concluido con un responso por los caídos, pronunció unas palabras de saludo a las Infantas el miembro de la Junta de Navarra, señor Zubiaur.

A continuación dirigió a los concentrados una vibrante alocución José Luís Zamanlllo, consejero nacional del Movimiento y secretarlo Nacional del Requeté.

Después de elevar gracias a Dios por la celebración del acto en Montejurra manifestó con expresivas
palabras la gratitud a la representación de la Vieja Guardia, que han patentizado así la comunidad de ideales.

Recordó cómo en los Principios constitucionales, que promulgó Franco en mayo de 1958, en sesión plenaria de las Cortes, se recogen los ideales básicos del espíritu del 18 de Julio, que reunió con el Ejército a la Falange y al Requeté en defensa de la unidad religiosa, consustancial a España, los ideales de la Cruzada, que no pueden perderse, y donde se afirma una monarquía tradicional en la arquitectura del Estado.

Esto que aquí vemos en Montejurra no es una alegre romería; es la manifestación del pueblo (...) Nosotros no celebramos unas bodas atenienses, sino que aquí venimos a conmemorar las bodas de sangre de quienes la derramaron empapando el suelo de la Patria. 

El orador, que fue interrumpido en varios pasajes por aplausos y aclamaciones, fue larga y acaloradamente aplaudido al final de su alocución y sonaron muchos vivas a España y a la dinastía tradicional.

ADHESIONES DE SOLIS RUIZ, PRIMO DE RIVERA Y GARCIA VALIÑO

A media tarde, en el Colegio de los Escolapios, se reunieron en fraternal comida con los representantes de la Vieja Guardia, sentados a la derecha del consejero nacional y secretario nacional, Zamanillo, las principales personalidades ya mencionadas. Fueron leídos cartas de adhesión, escritas en términos muy expresivos, remitidas por José Solís Ruiz, ministro secretario; García Valiño, capitán general de Madrid; Raimundo Fernández Cuesta y Miguel Primo de Rivera.

Habló el jefe regional, Codón, que hizo un canto a la unidad entre los que combatieron en la Cruzada por los ideales del 18 de Julio, haciendo gran hincapié en la necesidad de la unidad porque, en ello va el porvenir de España.

Habló después Zamanillo, insistiendo en las mismas ideas de unidad. Dedicó encendidos elogios a Miguel Primo de Rivera, que ha querido —dice— enviarnos su adhesión utilizando el título de Marqués de Estella.

Las palabras de Zamanillo alcanzaron resonancias de gran emoción.

Finalmente intervino el camarada Agustín Aznar, quien comenzó declarando: «Yo siempre volvería a Montejurra». Recogiendo las ideas de sus predecesores en el uso de la palabra dijo que la unidad ha de ser mantenida, pese a la acción sinuosa de gentes de mala fe que han querido interferirse en tiempos anteriores disfrazadas con piel de oveja siendo lobos.

Las palabras del camarada Palma de Plata fueron muy aplaudidas y se renovaron las manifestaciones y gritos de afecto y fraterna unión entre todos.

Carlos Hugo representado como el garante de los principios del 18 de Julio

SIGUE VIGENTE LA UNIDAD DEL 18 DE JULIO

Se dice que no hay la firme vinculación deseable entre la sociedad y la Universidad, y a la inversa. No es ocasión de entrar ni salir en la discusión. ni es éste el momento, porque solamente motivan estas lineas de croniquilla los actos de Montejurra cuando acabo de regresar de allí. Pero sí me interesa apuntar que, como siempre que algo de trascendencia brota en Valladolid, la Universidad figura, aunque solamente sea en lo materialmente externo de sus muros. Desde la plaza de los edificios del Rectorado y las Facultades reunidas en el contiguo se dio la salida a los autocares organizados en una caravana que llevaba cerca de doscientos vallisoletanos. Nos uníamos a la concentración de noventa mil —más de cien mil, según personas dignas de todo crédito— boinas rojas y de adheridos e invitados en los actos de Montejurra organizados en memoria de los sesenta y nueve Tercios de Requetés combatientes de la Cruzada.

Del crisol y gremio nutricio universitario surgieron también las Juventudes en que estribó, con el Ejército, el peso de la guerra de Liberación, aglomeradas en torno a los núcleos estudiantiles las no menos heroicas juventudes campesinas e industriales.

La salida era el Día sin Accidentes, que coincidía en el pasado sábado. La excursión hizo honor a ello.

En siete horas, a la caída de la tarde, nos pusimos en Estella; a dos kilómetros de la histórica ciudad navarra se alza la imponente masa del Montejurra.

Es pasmoso pensar que pudieran, a punta de bayoneta, desalojar los carlistas, en guerrillas civiles, a las fuerzas liberales pertrechadas y fortificadas en la cumbre.

Impresiona cómo personas de toda edad y condición, mujeres, niños, ancianos, trepan cada año hasta lo alto —cinco o seis kilómetros de penosa ascensión — para hacer un Vía Crucis y rezar por los caídos.

Pero la fe —se ha dicho— mueve montañas. La misma fe conmueve los montes, por muy soberbia que su masa sea y muy ardua su pendiente, al soportar las pisadas de los miles de peregrinos y sus vítores, ofrendados a los altos ideales que por una España limpia, genuina, inseparable y consustancial con el elemento religioso, con la espiritualidad, resuenan en las laderas, en lo enriscado y fragoroso del bosque de carrascas y en la cumbre, a los cuatro vientos, proclamando a Dios y a la Patria.
Don Carlos Hugo antes de su traición

En Montejurra, un solo corazón y una sola alma animan la espiritualidad de las regiones de España

Allí, al pie del altar, las augustas Infantas; muy cerca, los camaradas representantes de la Vieja Guardia. Por la bóveda azul, templada de algunas nubes, evolucionaba una avioneta basculando las alas en saludo. Aquel campo de amapolas gigantescas, de las boinas rojas, las banderas, las enseñas de los Tercios, volaban en revuelo de conmoción. Desde allí y por todo el reguero que zigzagueaba hasta el pie de la montaña, ondeó una sacudida de emoción como si recorriera el espinazo de toda España que en la muchedumbre estaba representada.

El aviador que pilotaba el aparato era el príncipe don Carlos de Borbón-Parma.

Después del acto religioso y de las palabras con que José Luis Zamanillo recordaba que sigue en pie la unidad en los Principios del 18 de Julio por qué combatieron codo a codo falangistas y requetés, el Montejurra de 1962 quedará de especial significado en estos momentos que el mundo atraviesa y en que España boga reafirmando su total reconstrucción y en la que son remeros los mismos que con la Victoria sacaron a puerto la nave de la Patria.

Imperio (Zamora, 8 de mayo de 1962)



miércoles, 13 de enero de 2016

José Contreras González-Anleo

José de Contreras y González de Anleo
(Jaén, 1917 – Granada, 1993)
Hace 23 años fallecía D. José Contreras González-Anleo, tradicionalista y caballero de la Real Maestranza de Granada.

De familia de honda raigambre tradicionalista granadina, D. José de Contreras y González-Anleo nació el 20 de marzo de 1917 en la ciudad de Jaén, aunque fue vecino de Granada desde su infancia.

Era hijo de D. José de Contreras y Pérez de Herrasti, Maestrante de Granada, y de D.ª Paz González de Anleo y González del Pino, Dama de la Maestranza de Granada.

Durante la II República, estuvo afiliado a la A.E.T., manteniendo toda su vida sus ideales tradicionalistas. Estudió Bachiller y dos años de Derecho en Granada, sorprendiéndole el Alzamiento en Pamplona, donde se incorporó al mismo el 18 de julio de 1936 como voluntario en el Requeté de Navarra (Tercio de Lácar), actuando toda la guerra con el Requeté.

Alférez provisional de la tercera promoción de Sevilla, pasó al terminar la guerra a la Academia de Infantería de Guadalajara. Posteriormente se retiró del Ejército con el empleo de capitán, para dedicarse a sus actividades de empresario agrícola.

Se casó con la granadina Antonia Gómez de las Cortinas y Andrada-Vanderwilde, también de familia tradicionalista, con quien tuvo cuatro hijos. En 1957 promovió en nuestra ciudad la llamada «Causa Monárquica Unificada» y fue concejal de la Corporación municipal de Granada por el tercio de entidades en 1958.

También fundó el Círculo Balmes, fue miembro de la Acción Católica y Hermano Mayor durante la década de 1950 de la Cofradía Nuestra Señora de los Dolores, formada e integrada por tradicionalistas granadinos del laureado Tercio de Requetés Isabel la Católica.

En 1975 se integró, junto con otros destacados tradicionalistas como José María Valiente, José Luis Zamanillo, Miguel Fagoaga y Antonio de Oriol, en Unidad Nacional Española (U.N.E.), de la que fue presidente provincial y delegado regional de Andalucía Oriental. Dicha organización reconoció a Juan Carlos como rey de una monarquía «tradicional, católica, social y representativa» que el propio Juan Carlos nunca quiso, desmantelando toda reminiscencia de la misma nada más verse al frente de la jefatura del Estado. A pesar de estar errado dinásticamente, D. José siempre defendió, como él decía, «sus viejos postulados inalterables» con la fe, la ilusión y la lealtad de los hombres que fueron a la Cruzada de Liberación.

En la década de 1980 fue miembro de nuestro antecesor Círculo Fal Conde, que presidía el cirujano y excombatiente requeté D. Juan Bertos Ruiz. Junto a los también tradicionalistas y maestrantes de Granada Mariano Gómez de las Cortinas Andrada-Vanderwilde, Alfonso Carlos Andrada-Vanderwilde Barraute, Luis Fernando Dávila Ponce de León Coello de Portugal y Fernando Fernández de Bobadilla Campos, presentó en 1985 una querella criminal contra la película blasfema Je vous salue, Marie, que fue desestimada por el juez al considerarla amparada en la «libertad de expresión».

D. José de Contreras y González-Anleo murió en Granada el 13 de enero de 1993. Dios haya premiado su larga hoja de servicios a la Religión verdadera, España y Granada.

sábado, 19 de diciembre de 2015

La llegada a Granada de S.A.R. Don Javier de Borbón Parma

Tal día como hoy, un 19 de diciembre de 1937, en plena Cruzada de Liberación, llegaba a Granada el augusto caudillo de la Comunión Tradicionalista, S.A.R. el príncipe Don Javier de Borbón Parma (padre del actual abanderado de la Comunión Tradicionalista, Don Sixto Enrique). Fue precisamente en nuestra ciudad donde Su Alteza recibió la orden del General Franco de abandonar España, mostrando así el Generalísimo su particular «agradecimiento» a los requetés. Así es como narraba el acontecimiento el día siguiente la prensa local:

Conforme estaba anunciado, ayer tarde llegó a nuestra ciudad el príncipe don Francisco Javier de Borbón Parma. Una compacta muchedumbre que había salido a recibirlo en automóvil al kilómetro 464 de la carretera de Málaga a Granada, empalme con la de Moraleda de Zafayona, prorrumpió en aplausos y vítores a la llegada del príncipe, a quien le fueron presentadas a su llegada varias personalidades granadinas. Venían con el augusto viajero desde la ciudad vecina don Antonio Garzón, el marqués de Valdespino, don Diego Zuleta, don Rafael y don Jaime Olazábal, don Juan Palomino y los señores Arrué y Pries.
El príncipe, después de agradecer vivamente el entusiasmo de los presentes, en atención a las numerosas señoras que en plena carretera habían acudido a esperarle —no obstante lo desapacible de la temperatura—, dispuso que se continuara la marcha a Granada, donde seguirían las presentaciones, y la dilatada caravana se puso en marcha, siguiendo al coche de Su Alteza. A la entrada de los pueblos del tránsito, numerosas personas, a pesar de no saberse con anticipación el momento preciso de la llegada del príncipe, se agolpaban para contemplar el desfile de la comitiva y correspondían con entusiasmo a las canciones religiosas y patrióticas de las numerosísimas «margaritas» que figuraban en el cortejo.
Don Javier (1889-1977): Abanderado de la
Comunión Tradicionalista como Regente (1936-1952)
y Rey legítimo de España (1952-1977)
El príncipe se dirigió al palacio de doña Francisca Pérez de Herrasti, donde tenía preparado alojamiento. Don Javier, después de ser recibido por la distinguida familia de don Ramón Contreras Pérez de Herrasti, conversó brevemente con doña Dolores Valero, don Alberto Gómez Matarín y don José Gómez Morales, con los cuales se mostró encantadísimo de la cordial acogida que se le había tributado, y al hablar con el citado sacerdote, señor Gómez Matarín, le manifestó que por parte de la Prensa extranjera enemiga de nuestra causa se propala que uno de los propósitos de los defensores de la España auténtica, es restablecer la Inquisición.
Acto seguido comenzó un interminable desfile de personas que estrecharon la mano que el príncipe les ofrecía con llaneza sin igual, entre las cuales figuraban, como nota pintoresca, numerosos «pelayos». Durante el desfile, que duró largo rato, porque el príncipe don Javier conversó afabilísimamente con la mayoría de las personas que acudieron a saludarlo, numerosos boinas rojas daban guardia en el amplio zaguán y en la señorial escalera de los señores Pérez de Herrasti, y la banda dirigida por don Julio Vidal (*) interpretó trozos de zarzuelas españolas. Terminado este homenaje de gran parte de los granadinos al príncipe, éste se retiró a las habitaciones que le estaban destinadas.
A la hora de la cena se sentaron a la mesa con el príncipe don Javier, a más de la familia del señor Contreras Pérez de Herrasti, los señores antes citados como acompañantes de S. A. en su viaje a Granada, y doña Dolores Valero de Rojas, doña María Zabala, don Tomás López Luque, don José Gómez Morales, don Joaquín Dávila e hijo, don Antonio Rojas, don Rafael Moreno González Anleo, don Ramón Garzón, don Julio Muñoz Chápuli y don Julio Vidal. 
Hoy asistirá el príncipe don Javier a la misa de comunión que mensualmente se celebra en la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias, a las nueve, para impetrar del Altísimo la salvación de España. Después marchará a la Capilla Real y al Monasterio de San Jerónimo. 
A las once y media de la mañana dará comienzo en el palacio de doña Francisca Pérez de Herrasti, Puentezuelas 35 y 37, la recepción de todas aquellas personas que deseen saludar al príncipe, quien después del almuerzo partirá para la Alhambra y el Generalife y a continuación visitará el estudio del ilustre pintor don Gabriel Morcillo. A la caída de la tarde será obsequiado con un té en el carmen-estudio de don José Maria Rodríguez Acosta.


Extraído de Hoja oficial del lunes (20/12/1937)


(*) Juan Vidal murió en 1962. Dio todo a la Causa. Era recordado por su gracia chispeante, sus enardecidas canciones y Salves a la Virgen, en el frente avanzando, a la bayoneta calada contra los rojillos. Fue leal hasta en su lecho del dolor, cuando le proponían no buenos amigos que, como ellos, traicionara a la Causa legítima (véase la revista Montejurra, n.º 23).

lunes, 23 de noviembre de 2015

Balbino Rubio Robla: IN MEMORIAM

III Aniversario de Balbino Rubio Robla (1925-2012).









Nació en Murias de Paredes (León) el 26 de septiembre de 1925.

Abogado y profesor de Derecho natural y Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada, fue presidente del Círculo Vázquez de Mella de esta ciudad durante la década de 1960, destacándose por su activa militancia política y su férrea oposición a la ilegítima sucesión al Trono por parte de Juan Carlos.

Posteriormente impartió en la Universidad Complutense de Madrid, siendo director del Colegio Mayor Universitario San Francisco Javier a principios de los 70. Participó en los seminarios del Centro de Estudios General Zumalacárregui que dieron lugar al libro «¿Qué es el Carlismo?» (1971) y en las I Jornadas Hispánicas de Derecho Natural convocadas por el profesor Elías de Tejada en 1972, al término de las cuales se fundó la Asociación de Iusnaturalistas Hispánicos «Felipe II», de la que es heredera el Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II.

Falleció en Granada el 23 de noviembre de 2012. El Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón ruega una oración por su alma.

R. I. P.

martes, 29 de septiembre de 2015

Don Joaquín Dávila Ponce de León y Valverde.

Don Joaquín Dávila Ponce de León Valverde (Granada, 1908 - Granada, 1962) pertenecía a una ilustre familia tradicionalista granadina. Fue dirigente provincial de la Comunión Tradicionalista y uno de los fundadores del Tercio de Requetés de Isabel la Católica de Granada, del que fue capitán durante la Cruzada de Liberación de 1936.

La propia residencia personal de don Joaquín era la sede del Requeté antes de la guerra, siendo don Joaquín uno de los primeros objetivos de las turbas marxistas tras el 18 de julio, que llegaron a personarse ante su domicilio y, bajo la acusación de que había realizado disparos contra obreros, fue inmediatamente detenido. En torno a esta sede se agruparon los heroicos miembros del Requeté granadino, siendo dirigente de la Comunión en Granada don Ramón Contreras y Pérez de Herrasti.

Sede del Requeté antes de la guerra y domicilio de
don Joaquín Dávila en Granada (calle San Matías 26)

Don Joaquín actuó en el Tercio en diversos frentes granadinos en acciones destacadas, por cuyas acciones recibió diversas condecoraciones de la campaña.

Era también miembro de la Hermandad de Alféreces Provisionales. Sus dotes de organización le llevaron a desempeñar durante largo período cargos destacados en la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores y perteneció a la Real Maestranza de Caballería de Granada.


Información parcialmente obtenida de Hoja oficial del lunes (01/10/1962)

viernes, 28 de agosto de 2015

Antonio Garzón Marín (1905 - 1981)

Hace 34 años moría D. Antonio Garzón Marín, quien fuera jefe de la Comunión Tradicionalista en Andalucía Oriental en los años 60 y 70.

Nació en Linares en 1905 y se casó con doña María Auxiliadora Valdenebro Muñoz, de cuya unión nacieron ocho hijos.

Había sido jefe provincial de la Comunión Tradicionalista y candidato tradicionalista a Cortes por Jaén en 1936. Fue miembro de la presidencia colegiada de la Junta Nacional de la Comunión Tradicionalista-Carlista y nombrado jefe de la Comunión en Andalucía Oriental por S.M.C. don Javier en 1967, [1] cargo que desempeñó en los difíciles años 70.

Formó parte de la junta de gobierno provisional de la Comunión Tradicionalista reorganizada y constituida legalmente en 1977, que acordó como primera medida el envío de un telegrama de adhesión a S.A.R. don Sixto Enrique de Borbón Parma. [2]

Caballero de la Real Orden Militar de Montesa, agricultor y ganadero, fue hombre de profundas calidades humanas, tenaz siempre en la lucha por sus ideales.

A la edad de setenta y seis años entregó su alma a Dios en Sevilla, donde vivía desde los años cuarenta.

Su acendrado amor a Dios y a España supo de dificultades e ingratitudes que sobrellevó con espíritu cristiano.

R. I. P.

ABC de Sevilla (1/9/1981)

[1] Véase nota de prensa aquí.
[2] Véase nota de prensa aquí.

martes, 4 de agosto de 2015

La estancia en Granada de Rafael Gambra

Mi lejana estancia en Granada
por Rafael Gambra (1983)

Puesto que tengo ya nietos, permítaseme ejercer uno de los derechos universalmente reconocidos a los abuelos de todos los tiempos: evocar algún recuerdo de su primera y ya lejana juventud.

En este caso, de mi única estancia en la hermosa ciudad de Granada, allá donde más cabe compadecer al ciego. Hace ya cuarenta y cinco años, y sólo duró dos meses, por más que en ellos cursé, en cierto modo, toda una carrera. Pretendo evocar con ello un momento de ilusión y de heroísmo en la vida española en el que nos cupo esperar una recuperación de la fe, de la tradición y de las glorias que creímos perdidas.

Se iniciaban ya los meses invernales de 1938; contaba yo dieciocho años. Venía a la sazón —boina roja, cazadora caqui y macuto a la espalda— de pasar varios meses y muchos fríos en el Alto del León, con el Tercio navarro de Abárzuza, y acudía a los cursos de Alférez Provisional de Infantería que se realizaban, desde tiempo atrás, en esa ciudad.

A mi llegada a Granada me enteré de que no lo hacía a la templada Andalucía que yo conocí en la plana de Sevilla y de Morón, sino a una ciudad de invierno frío, cuyas heladoras amanecidas habría de sufrir cada día en las interminables operaciones ficticias por el cerro de la Perdiz, a orillas del Darro, traspasados los jardines de la Alhambra, blancos de escarcha, o en el Llano de la Cartuja baja, frente a la dorada Sierra Elvira. También aprendí que para ser admitido en la Academia era necesario llevar maleta, utensilio que, en guerra, considerábamos tan inaceptable como llevar paraguas. Nos lo enseñaba enseguida una cancioncilla con que nos recibían los cadetes veteranos ya de un mes:

Pobre Pirulo, que llegas a Granada,
Sin la maleta, no serás oficial.
Aunque tú traigas catorce laureadas
Si no traes maleta te suspenderán... 

Llano de la Perdiz en Granada, donde se divisa el monasterio Jesús del Valle,
 lugar en el que fue enterrado el general Carlos Calderón y Vasco

Mandaba aquella improvisada Academia de la Cartuja Alta un coronel mutilado y de avanzada edad —el coronel Izquierdo—, cascarrabias y gritón, pero que era al final un padre para tanto muchacho —casi niños— que pasaban por su mando, camino muchos de ellos, de un bello morir. Los instructores de operaciones eran alemanes. Después de cuarenta años viendo películas de boches siniestros, torpes y malvados, chocará oír que, a pesar de su dureza en el ejercicio, los cadetes los queríamos porque eran buenos con nosotros. Recuerdo a un capitán Feita (¿se escribiría así?) al que debían haber explicado que la única exclamación era ¡caramba! Se enfurecía a menudo si el despliegue no resultaba a su gusto, y resultaba cómico oírle gritar en el colmo de la indignación ¡¡caramba!!

No tenía yo en Granada parientes ni amigos. Se me brindó, sin embargo, un verdadero hogar para los pocos días en que disfrutamos de fiesta o de permiso. Por un azar conocí pocos meses antes —estando ya en el frente— una pequeña revista carlista titulada LA VERDAD que se publicaba hacía muchos años precisamente en Granada. Era su fundador y director don Francisco Guerrero Vílchez, antiguo capitán de Carlos VII, que exhibía en la revista, bajo el lema DIOS-PATRIA-REY, el título de «Caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita». La revista no era más que dos hojas de tamaño grande, creo que quincenal, y publicaba por el Corpus un número extraordinario con ilustraciones y mucha publicidad local. En esas páginas habían aparecido mis primeras colaboraciones, tan ingenuas como podría esperarse de los diecisiete años de edad.

Al poco de mi llegada rendí visita a mi director literario. Contaba a la sazón don Francisco ochenta y muchos años, pero me acogió con ánimo paternal y conté en su casa con un refugio seguro y cariñoso. Incluso me dijo que parecía mentira que «un intelectual como yo» tuviera que ir por el mundo con un macuto y buscando quien le cosiera y lavara la ropa. Creo que murió poco después de la Victoria. Muerte feliz y oportuna que culminaba en triunfo toda una vida de lucha por la Causa.

LA VERDAD fue, después de la derrota en la última Guerra Carlista, uno de los islotes de carlismo que pervivieron contra toda adversidad hasta alcanzar el renacer carlista del Alzamiento Nacional. Haga Dios que otros islotes que hoy perviven en esta hora triste de España lleguen a conocer parecida reviviscencia.


Rafael Gambra Ciudad
Boletín "Fal Conde",
Granada, febrero de 1983

domingo, 26 de julio de 2015

Julio Muñoz Chápuli

Julio Muñoz-Chápuli Ciria
(Valladolid, 1906 - Granada, 1975)
D. Julio Muñoz Chápuli, nacido en Valladolid el 4 de enero de 1906, fue jefe regional de la Comunión Tradicionalista en Andalucía Oriental por nombramiento de D. Manuel Fal Conde (en representación de D. Javier) durante la década de 1950 y principios de los 60. Durante este período se dio una cierta cooperación entre la comunión y el régimen del General Franco nacido del 18 de julio, cuyo objeto era influir en el mismo para provocar su evolución hacia una monarquía tradicional, católica, social y representativa.

D. Julio era propietario en Granada de una empresa de transportes, agente de aduanas y consignatario para los transportes por tranvías eléctricos y cable aéreo, cuya sede se encontraba en la calle San Antón, n.º 37. Como tal, fue jefe provincial del Sindicato de Transportes, siendo elegido en 1954 concejal de la Corporación municipal de Granada por el tercio sindical.

En 1937 había formado parte de los tradicionalistas que recibieron en Granada al príncipe Don Javier, regente a la sazón de la Comunión Tradicionalista y augusto padre de nuestro actual caudillo, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón.

El 23 de mayo de 1963, como jefe regional de la Comunión Tradicionalista en Andalucía Oriental y miembro, por tanto, de la Junta Nacional de la Comunión Tradicionalista, firmó un manifiesto en defensa de la Unidad Católica en nombre de quien ya era reconocido como S.M.C. el Rey D. Javier.

Como anécdota puede contarse que, siendo aficionado del Granada Club de Fútbol, en 1956 puso gratuitamente a disposición del club camiones de su propiedad para hacer menos costosas las obras de construcción del antiguo estadio de Los Cármenes (véase nota de prensa aquí).

D. Julio también fue miembro de la Junta Diocesana de Acción Católica en Granada, muy preocupado por la formación social y política de los católicos, y cofrade de la Hermandad de la Aurora. Falleció en Granada el 26 de agosto de 1975.

Nuestro amigo D. Ángel Montes, que conoció a D. Julio en persona y se alistó al Requeté en su presencia, lo recuerda con gran afecto y afirma que «fue el prototipo de hombre santo, por sus cualidades humanas y religiosas».


D. Julio Muñoz Chápuli junto al alcalde D. Manuel Sola y el resto de la corporación municipal en 1955
(imagen tomada del siguiente enlace de la página web del Ayuntamiento de Granada)

Nuevamente D. Julio con el alcalde y otros miembros de la Corporación municipal de Granada
(imagen tomada del siguiente enlace de la página web del Ayuntamiento de Granada)

lunes, 22 de junio de 2015

¿Por qué fue carlista Francisco Elías de Tejada?

El antiguo catedrático en las universidades de Salamanca, Sevilla y Madrid, viajero por todos los campos de la cultura y la geografía, y autor de más de un centenar de publicaciones en diecisiete idiomas, contestaba:

- Porque en el mapa político de España en 1936 el Requeté era la sola encarnación completa de la savia patria: el único movimiento que enarbolaba la bandera de las edades de oro de nuestros pueblos: las aspas rojas de sangre sobre el blanco teológico de la verdad católica. El Requeté era a secas España y yo soy español.
- Porque la amenaza europea y protestante contra las Españas sigue en pie: ejemplo, la vergonzosa actitud de las Europas "yankees" contra el hermano Portugal. Porque 1936 no fue más que un eslabón más en la larguísima cadena de nuestras luchas defendiendo la Cristiandad contra Europa: Pavía, Mühlberg, la Invencible, Nordlingen, Rocroy, el reparto de Utrecht, la ayuda inglesa al separatismo americano, el filibusterismo anglosajón del 98, la ayuda franco-inglesa a Negrín... Porque mientras las Españas sean el postrer reducto de la Cristiandad, los carlistas estaremos montando la guardia contra sus seculares enemigos.

Francisco Elías de Tejada
(Madrid, 1917 - Madrid, 1978)

Por qué fui al Requeté y por qué voy a Quintillo (1961)
Ver obras de Francisco Elías de Tejada

miércoles, 20 de mayo de 2015

Manuel Fal Conde y la unidad católica - XL Aniversario de Fal Conde

Hoy, en el 40 aniversario del fallecimiento de don Manuel Fal Conde, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista entre 1934 y 1955, queremos honrar su memoria reproduciendo un artículo que sobre él escribiera en 1988 para el Boletín Fal Conde (órgano de información y formación del Círculo M. Fal Conde de Granada) otro de los grandes del Tradicionalismo español: Rafael Gambra.

Manuel Fal Conde (Higuera de la Sierra, 1894 - Sevilla, 1975) 

Entre las varias circunstancias históricas que hicieron posible la Cruzada de Liberación y su victorioso desenlace ha de contarse de modo destacado la ascensión a la Jefatura Delegada del Carlismo de don Manuel Fal Conde. Sin él hubiera sido muy difícil la reorganización de la Comunión Tradicionalista hasta poder poner en pie de guerra todo un ejército —el Requeté—, que sería decisivo para aquel Alzamiento y victoria.

Durante el reinado (de jure) de don Jaime se mantuvo sin solución la escisión de los integristas y se creó otra nueva, la mellista. El llamamiento a la Sucesión de don Alfonso Carlos por el fallecimiento en 1931 de su sobrino don Jaime hizo que tanto integristas como mellistas depusieran sus agravios y se reuniesen en torno al anciano monarca, reconstruyendo así la unidad de la Comunión. La religiosidad fervorosa de don Alfonso Carlos, así como su limpio historial que remontaba a la última guerra en que fue general de los ejércitos de su hermano Carlos VII, predisponían hacia él una adhesión sincera y unánime.

Su breve reinado (1931-36) fue inmensamente fecundo para el Carlismo y para España. Sin duda su mayor acierto fue la designación de don Manuel Fal Conde para el puesto de Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista. Era Fal Conde un joven abogado de Sevilla que, procedente del integrismo, se había señalado ya por su celo y entusiasmo por la Causa. Hombre de gran integridad y fervoroso católico, se distinguió además por su entera disponibilidad para entregarse por entero a su cargo. La experiencia demuestra que es mas fácil encontrar quien esté dispuesto a dar su vida en la lucha o en la persecución sangrienta que quien lo esté a entregar todo su tiempo, su vida profesional, su porvenir y el de su familia a un empeño que tan escasas o nulas posibilidades medro ofrecía, como era el caso del Carlismo. Fal se entregó en cuerpo y alma hasta fundir su vida, su casa y su hacienda con la misión recibida.

La gran religiosidad de don Manuel Fal Conde no fue obstáculo —antes al contrario— para comprender la gran lucha —quizá el baño de sangre— en que acabaría la impiedad y la anarquía de aquella 2.ª República española. Consecuente con esta intuición, su primer empeño fue resucitar y organizar la fuerza armada del Carlismo, el Requeté. E inició esta labor por lo que tenía más cerca, pero parecía también más difícil: resucitar de sus cenizas el carlismo de Andalucía e infundirle el espíritu militar del carlismo histórico. La concentración del Requeté de Sevilla en El Quintillo, revistada por el General Cortina, superviviente de la Guerra Carlista, fue como un clarín para que el Requeté de toda España, especialmente el de Navarra, se aprestase a una lucha que se veía ya inevitable y cercana.

Ya en vísperas del Alzamiento fue Fal quien con mayor empeño y firmeza supo negociar con el Ejército las condiciones mínimas de auténtico españolismo bajo las que el Requeté se incorporaría a la lucha. A la inspiración de Fal Conde se debió aquella bella frase ANTE DIOS NUNCA SERÁS HÉROE ANÓNIMO, que fue símbolo de religiosidad de la Cruzada y esperanza sobrenatural de los combatientes. Frase que fue como la réplica católica y española al culto al "Soldado Deseconocido", tan en boga en Europa desde la Gran Guerra.

La aportación del Requeté a la victoria, y de don Manuel Fal a su movilización, nunca fueron reconocidos ni valorados por el General victorioso, que eludió hasta el final los compromisos políticos y morales que con el Carlismo tenía contraídos. Dios los sabe, y la Historia los valorará —los está valorando ya—. De la alegría siempre victoriosa de los combatientes no pudo participar su Jefe Delegado, que sólo conoció amenazas y destierros.

Una vez vencida la guerra, el fino instinto religioso de Fal le avisó de que otro enemigo de la fe más sutil y astuto se perfilaba para una lucha que sólo en los procedimientos pacíficos e insidiosos se diferenciaría del que militarmente acababa de ser vencido. La destrucción de la unidad católica de España, la laicidad de su Estado —la descristianización de nuestra sociedad en definitiva— serían sus objetivos últimos. La herejía "modernista'', vestida ahora de democracia cristiana, de maritenismo y "aggiornamento" se dispondría pronto a dar la batalla insidiosa. Don Manuel Fal Conde no disponía entonces de más armas que la oración y la confianza en la misericordia divina. Él fue, consecuentemente, el gran iniciador de una Cruzada de oraciones y de misas que se ha prolongado a través del Círculo "Fal Conde" de Granada hasta nuestros días.

El gran rompeolas de todas aquellas tendencias "progresistas" del catolicismo liberal habría de ser el concilio convocado que se titularía "Vaticano II". Cuando Fal Conde se dio cuenta del predominio que en el mismo iba obteniendo el ala modernista y presagió los males inmensos que de ello podrían derivarse para la fe y para nuestra patria, convocó un concurso para premiar un libro sobre la unidad católica como fundamento político-social de España. El premio sería dotado por la "Editorial Católica", que él mismo había fundado años atrás. Me cupo el honor de obtener ese premio con un libro que titulé LA UNIDAD RELIGIOSA Y EL DERROTISMO CATÓLICO, libro que fue editado por dicha Editorial Católica con un clarividente prólogo de don Juan Vallet de Goytisolo.

El libro no pudo tener más que un carácter testimonial. Era ya demasiado tarde: la declaración conciliar sobre libertad (o pluralismo) religioso era ya un hecho. Sus desastrosas consecuencias están a la vista de todos y quizá se necesiten generaciones para remediarlas. Don Manuel Fal Conde, ya viejo y enfermo, perdida la voz por una operación de garganta, aceptó los hechos y no dijo nada más. Pero pudo irse de este mundo con la satisfacción de haber reñido el buen combate y haber estado presente hasta en su última batalla.

Rafael GAMBRA
Boletín "FAL CONDE" (órgano de información y formación del Círculo M. Fal Conde)
Granada JUNIO 1988

jueves, 7 de mayo de 2015

Los carlistas contra Juan Carlos en Granada y la multa a D. Balbino Rubio

Traemos hoy a la memoria los sucesos acaecidos en Granada hace más de medio siglo, en 1964, cuando la Comunión Tradicionalista trataba aún de influir en la evolución del Régimen nacido del 18 de Julio (a costa del sacrificio de los requetés y del pueblo español) que desde 1947 se definía como católico y monárquico y cuya sucesión a la Jefatura del Estado aún no había sido establecida de manera definitiva en la nefasta dinastía liberal. Basten los hechos aquí relatados, que tuvieron como protagonista al presidente del Círculo Vázquez de Mella de Granada, don Balbino Rubio Robla, multado con 60.000 pesetas, para demostrar que el Régimen tenía ya entonces mucho más de liberal que de verdaderamente católico y monárquico, a pesar de los infructuosos intentos de cambiar este rumbo por parte de los tradicionalistas.

Reproducimos primero, por su interés histórico, un fragmento del reciente libro de Manuel Martorell (sin entrar a valorar las erróneas opiniones de este autor sobre lo que es y ha sido el carlismo o tradicionalismo español) para a continuación reproducir algunos fragmentos del recurso presentado por nuestro predecesor Círculo Vázquez de Mella de Granada a la injusta multa:

El 13 de mayo de 1964 fueron detenidos y procesados por propaganda ilegal varios requetés que habían realizado pintadas por las calles de Sevilla. Las páginas de Montejurra reproducen las fotografías con la inscripción ¡Viva el Rey Javier! como prueba del delito. Se les pedía 6 años de cárcel y 500.000 pesetas de multa. Tras quedar en libertad con fianza de 100.000 pesetas, el 11 de junio el juez anulaba el procesamiento.

Pintadas reproducidas por la revista Montejurra que fueron
motivo de varias detenciones y procesamientos judiciales.
En Granada se multó nada menos que con 60.000 pesetas a Balbino Rubio Robla, presidente del Círculo Vázquez de Mella, por “atentar contra el orden público” tras haber criticado una recepción oficial a Juan Carlos. Balbino había difundido una carta abierta contra su “enojosa y provocativa” visita y la “parcial actuación de las de las autoridades hacia los derechos al trono de Juan de Borbón Battemberg”, ya que el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento había cumplimentado al primogénito de Don Juan en el vestíbulo del hotel donde se alojaba, además de cursar una invitación oficial el 23 de junio con motivo de la onomástica de su padre. El escrito de protesta de Balbino Rubio fue distribuido en Granada por los carlistas, que también realizaron pintadas por la ciudad.
Un oficial del Ejército y dos abogados fueron detenidos, según un comunicado difundido por el Requeté de Granada: “Mal camino para conseguir la unidad, solidaridad y colaboración que pide el Caudillo para poder enfrentarnos con otros 25 años de paz. ¿Es que quieren otro 14 de abril?”, se preguntaba el comunicado.

Las «Ediciones Requeté» publicaron el recurso que el Círculo Vázquez de Mella de Granada difundió profusamente contra la arbitraria multa impuesta por el Gobernador Civil a don Balbino Rubio Robla, Presidente del Círculo Vázquez de Mella, por repartir una carta dirigida a «Carlistas, Falangistas y excombatientes» sobre cuáles deberían ser las cualidades del futuro Rey para suceder a Franco en la Jefatura del Estado y según la Ley de Sucesión. El citado Gobernador Civil, Eduardo Cañizares Navarro, es tildado de contrario al Régimen y al 18 de Julio.

El escrito lo firman D. Julio Muñoz Chápuli, Jefe Regional de la C.T.; D. Juan Bertos Ruiz, Delegado Provincial de Excombatientes Requetés y D. Alfonso Labella Caballero, de la Directiva del Círculo Cultural Vázquez de Mella. Se hacen las siguientes críticas en contra del Gobernador Civil:

«La Comunión Tradicionalista, para demostrar la firmeza de sus convicciones, estimaba que sí era oportuno hacer públicos los principios que inspiran sus santos ideales de amor a la Patria y al Glorioso Movimiento Nacional.»
«A pesar de los reiterados ofrecimientos para servir en puesto del movimiento y las seguridades de integración dadas al Jefe Provincial, no ha habido un solo caso de pedir colaboración a ningún miembro de procedencia Tradicionalista para ningún puesto político o de acción pública.» 
«Organiza actos a favor de D. Juan de Borbón y Battenberg, que no es adicto a los Principios del Movimiento.»
«Reiteradamente se viene evitando todo acto de celebración o exaltación del 18 de Julio en esta Provincia.»
«Granada fue una de las pocas provincias españolas donde no se organizó ningún acto de protesta y condenación al pacto de Múnich. Ni en el aniversario de la muerte de José Antonio, ni el 18 de julio, se ha acudido oficialmente a la Cruz de los Caídos, que está en un estado de total abandono, creciendo libremente la hierba por todo el monumento, incluso en la losa de inscripción. Tampoco se ha celebrado acto oficial o exposición para destacar las realizaciones en los veinticinco Años de Paz.»
«Ha pasado este 18 de Julio sin más ceremonia oficial que la recepción en Capitanía, como un acto preceptivo, pero sin que por la parte civil se haya aprovechado esa fecha para mostrar al pueblo la importancia del aniversario o las realizaciones del Régimen. Y así se ha dado el caso, que únicamente la Comunión Tradicionalista, a quien este gobernador la acusa de alterar la unidad de la Patria y se la encuadra dentro de la Ley de Orden Público, el pasado 18 de Julio celebró un Tedéum de acción de gracias en el XXVIII Aniversario del Alzamiento, y una Misa en sufragio de todos los mártires de la Cruzada con gran asistencia de público en el templo de San Antón.»
«Consideramos deprimente para el Estado Español logrado con la Victoria, que en un periodo institucional, cuando los carlistas y el sano pueblo español están dando muestras de adhesión y manifiesto deseo de continuidad de la excelsa persona que encarna hoy el Estado y el Movimiento, todas las autoridades provinciales estén esperando en el hall de un hotel para cumplimentarle al primogénito de D. Juan de Borbon Battenberg, que no es precisamente por lo conocido hasta el día, un representante del espíritu del 18 de Julio.»

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