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jueves, 10 de marzo de 2022

A los mártires de la Tradición

Un año más, los integrantes del Círculo Tradicionalista de Granada «General Calderón» hemos celebrado la fiesta de los mártires de la Tradición, instituida por Don Carlos VII. 

Hoy, 10 de marzo, fecha ineludible para todo carlista, hemos acudido al cementerio municipal de San José para honrar a los que ofrecieron sus vidas por nuestra sacrosanta Religión y nuestra amadísima Patria, la inmortal España.

Ante la tumba del requeté Ángel Vidal Muñoz, muerto en campaña durante la Cruzada de Liberación a los 18 años de edad, nuestro correligionario Javier A. ha depositado una vela encendida. Después de un momento de duelo y tras el rezo de un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por el eterno descanso de los mártires de la Santa Causa, hemos leído el siguiente poema de Pedro Sánchez Eguzquiza:



A los mártires 

Musa cristiana, dulce compañera
de mi existencia que el pesar consume,
deja oír tu armonía placentera
y no permitas que el dolor me abrume.
Préstame tus acentos soberanos
para que eleve canto resonante
en honor de los mártires hispanos
que, en lid horrisonante,
por Dios y por el Rey y por la Patria
la sangre de su pecho derramaron
é infamias infinitas repararon. 

Del seno oscuro de nación extraña
se extendieron mefíticos errores
que invadieron á España
incubando miserias y dolores.
Hombres funestos de ambición impía,
cegados por sacrílego delirio,
por diabólica vía
la nave de la patria condujeron
y en bárbaro martirio
sus hijos más notables perecieron.
Corrió sangre inocente
al pie de los altares;
levantó la impiedad su altiva frente
derrocando las leyes seculares
que á España hicieron colosal y fuerte
y en toda su extensión reinó la muerte.
Muerte en almas, y muerte en corazones;
muerte moral de las inteligencias;
muerte de las antiguas tradiciones,
muerte de las virtudes y las ciencias;
muerte en el llano, muerte en la montaña;
muerte en pueblos, aldeas y ciudades,
muerte del cenobita con vil saña:
muertes sin fin; sin fin de iniquidades.

Por salvar los principios homicidas
que á la patria arrastraban á la tumba,
en hórrida balumba,
sacrificaron sin piedad las vidas,
que eran á un tiempo su sostén y ornato;
perdieron las colonias;
con fiero desacato
inundaron los templos
con el lodo de torpes ceremonias;
las sagradas riquezas
legado de otras épocas mejores,
las áureas bellezas
que produjeron ínclitos mayores
de nuestra raza prez y justa gloria,
redujeron á míseras cenizas;
y do estendía el arte sus fulgores,
do la virtud intrépida victoria
conseguía del vicio y la flaqueza;
do místico plantel de puros lirios
exhalaba perfumes celestiales,
de la naturaleza
triunfando y' de sus lúbricos delirios,
ángeles pareciendo y no mortales,
horrenda asolación tendió sus alas
y el vicio se adornó con torpes galas. 

Un río de ambición y podredumbre
en que flotaban sórdidas maldades
cubrió los horizontes españoles.
Inmensa muchedumbre
de crímenes, traiciones, falsedades
el infierno abortó, ahogar buscando
en su licor abyecto y nauseabundo
á España, cuya fe iluminó al mundo.
Y creyeron gozosas las naciones
que España fenecía
entre las convulsiones
y espantosa agonía
que la agitaron con terrible espanto;
y el averno llenóse de alegría
al ver á su enemiga en tal quebranto,
y el ángel tutelar de las Españas,
cubierto el rostro de tristeza suma,
batió sus alas de nevada pluma,
y del suelo amasado con hazañas
huyó con rapidísima presteza
sumiéndose del cielo en la grandeza. 

¡Finis Hispaniæ! parecía escrito
con rojos caracteres en las nubes,
pero al soplo bendito
del Criador que mora entre querubes,
de la española tierra
brotaron en legiones
héroes incontables
que el llano, la ciudad y la alta sierra
ilustraron con bélicas acciones,
y rescataron con su sangre pura
á la patria con actos de heroísmo
salvándola piadosos del abismo. 

¿Quién, mártires sagrados
cantar pudiera con potente acento
los hechos esforzados,
el cristiano ardimiento,
el desprecio de bienes terrenales,
la audacia y el denuedo temerarios
que mostrasteis en luchas desiguales
pasmando á vuestros mismos adversarios?
En la impía centuria
que amontonó las ruinas por do quiera
con satánica furia,
sólo vosotros con fulgente lumbre
brilláis como del sol la roja esfera;
sólo vosotros renováis la gloria
de aquella raza que formó la urdimbre
de nuestra patria, extraordinaria historia. 

¡Qué cuadro de heroísmo nos presentan!
Quién de prosapia noble,
abandona su espléndida morada
do brillantes se ostentan
en armonía doble
las glorias de la ciencia y de la espada,
y ni las continuadas privaciones
de vivir en movibles campamentos;
ni la falta del lujo y atenciones
que siempre rodearon su existencia
ni los combates árdidos, cruentos
en que, soldados rasos, toman parte
con pasmosa bravura y competencia;
ni el ostracismo largo
donde, fieles siguiendo á su estandarte,
comen el pan amargo
que les ofrecen extranjeras gentes
amenguan su entusiasmo de creyentes

Quién de amada familia rodeado
expone con viveza
de la patria los males;
toma luego las armas del soldado
é imitando sus hijos su entereza
el hogar, entre gritos maternales,
unidos y resueltos abandonan
y en tremebundas lides
elocuentes pregonan
su valor de cristianos adalides. 

Junto al cadáver del amado esposo
yace llorando, inconsolable madre
sin que su corazón halle reposo;
y al ver aproximarse al hijo triste,
enjugando su llanto
le dice: «Las pisadas de tu padre,
de quien honor y vida recibiste,
sigue, hijo mío; sin pavor ni espanto;
por nuestra Patria y Religión pelea.
No temas á la muerte
ni la mísera suerte
que me aguarda. De Dios cumplida sea
la voluntad, que allá en el cielo
será recompensado nuestro duelo.» 

Y jóvenes y ancianos
y hasta niños, doncellas y mujeres
tan heróicas proezas realizan
que pasmaran á griegos y espartanos
á quienes las historias eternizan.
Ilustres soberanos,
con pobre solio y sin igual corona
renuevan las hazañas de Pelayo,
y en la abyección que á España desmorona
luchan sin tregua, luchan sin desmayo
seguidos de entusiastas servidores,
de sabios y guerreros
que ora con los fulgores
de su pasmosa ciencia;
ora con los severos
acentos de su vívida elocuencia;
ante la ,juventud que los admira;
ante el público absorto y suspendido
de sus mágicos labios;
ante la plebe ciega que delira
vomitando satánicos agravios;
en los campos sangrientos de batalla,
á la impiedad triunfante
y al vicio dominante
se oponen con valor fuerte muralla.

Y mueren sonrientes,
ora besando santo escapulario
mientras estallan bombas estridentes
que sin cesar envía su adversario;
ora envueltos en mísera pobreza
por no reconocer el despotismo,
continuando con férrea entereza
á su bandera inmaculada fieles;
ya de rudo ostracismo
apurando las hieles;
ya de mundana gloria
menospreciando el brillo,
siempre obedientes á la ley cristiana,
siempre leales á su gran caudillo. 

¡Y cuántos son los mártires insignes!
¡Cuantos héroes surgen en tu seno
querida é infelice patria mía!
¿Quién los podrá contar? ¿Quién las hazañas
á nuestra edad indiferente extrañas,
que realizan con valor sereno
cantara con insólita armonía?
Entonces del sepulcro do te asientas
surgirías, oh España desdichada;
entonces por completo renovada
lavarías las múltiples afrentas
que extranjeras naciones
y de hijos desgraciados las traiciones
te arrojaron con torpe vilipendio,
mancillando tu gloria refulgente
y á tus plantas abriendo abismo hirviente. 

¡Oh mártires sagrados! desde el cielo
donde gozáis la bienaventuranza,
después de vuestras luchas en el suelo,
á España proteged con mano fuerte.
De la sima do ciega se avalanza,
de la región oscura, de la muerte
donde la arrastra, bárbara locura,
apartadla piadosos;
y á vuestros esforzados descendientes,
reliquias de la raza más bravía,
á cuantos van en pos de la bandera
que defendisteis con tesón valientes,
enviad una chispa de la hoguera
que vuestro ser abrasa,
inspiradles aquel viril denuedo
aquel valor sin tasa
con que. firme la mano, el pecho ledo,
combatisteis las turbas liberales
que inundaron á Espata en duros males. 

Y tú, Rey Caballero
de la impiedad acérrimo adversario,
creyente fiel, magnánimo guerrero,
en grandiosas empresas temerario,
tú que sufriste la amargura intensa
de morir tras larguísimo destierro
sin salvar á la patria que se hunde;
hoy que has hallado eterna recompensa,
bélico ardor en nuestro pecho infunde
y suplica al Señor llegue la hora
de que, siguiendo tus heroicas huellas,
aniquilemos la horda destructora
que á nuestra patria destrozar pretende.
De tu hijo y sucesor haz que sigamos
las órdenes resueltas que acatamos,
y á la impiedad que por do quier se extiende
sin encontrar en su carrera valla,
venceremos en ardida batalla. 

Marzo de 1910.

(Cantos a la Tradición, por Pedro Sanchez Eguzquiza)

jueves, 2 de mayo de 2019

Al 2 de Mayo. (Romance)

El león español vence y humilla
al águila napoleónica de la Francia liberal.

¡Qué imborrable la memoria
del grandioso 2 de Mayo,
blasón de la antigua España
y afrenta de los tiranos!

Codicia fue del francés
el noble solar hispano,
y ya en su torpe ambición
creyó tener subyugados
a los valerosos hijos
del gran Apóstol Santiago.

¡Pronto pregonó la Historia
la fecha del desengaño!
¡España a los españoles!
El pueblo entero clamando
como una tromba de fuego,
como huracán desatado,
con su fiereza inaudita,
heridos y ensangrentados,
con las garras, cual leones,
y de españoles, con ánimos
acomete al invasor,
y cual gigante acosado
presenta su noble pecho
a la muerte resignado,
sacrificando sus vidas
de la muerte en holocausto.

Loor a vuestra memoria,
mártires del amor patrio,
y ensanchemos nuestros pechos
en el día 2 de Mayo.

MANUEL FRANCO RUIZ

Granada, 27 Abril 1919

La Verdad (Granada, 28 de abril de 1919)

viernes, 1 de junio de 2018

Un himno tradicionalista compuesto por las Juventudes Carlistas (1909)


Carga de lanceros carlistas, cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau

HIMNO TRADICIONALISTA 

                                        Lema: «¡Viva España!»

               CORO 

Españoles, venid y ensayemos
en la paz, la entusiasta canción
que mañana en la lid cantaremos
al compás del clarín y el cañón.
¡Paso de ataque! ¡Aire marcial!
¡Viva la España tradicional!

                    I

¡¡Gloria, gloria á la España que un día
coronó de laureles su sien
en Numancia, Lepanto y Pavía,
Zaragoza, Gerona y Bailén!!
¡¡Gloria al pueblo que, fiel á su historia,
derrotando á la grey liberal,
á su Patria dió días de gloria,
y á su Causa una vida inmortal!!
Españoles, venid..., etc.

                    II

Nuestros padres en recia pelea
defendieron de España el honor,
y supieron morir por su idea
como muere el soldado español.
La leyenda inmortal de sus hechos
nos enseña con honra á vivir,
y la sangre que manan sus pechos
á luchar y vencer ó morir.
Españoles, venid..., etc.

                    III

Al calor que la sangre recibe
de su historia, en el alma ha de arder
el amor que en sus tumbas aun vive
á la Iglesia, la Patria y el Rey;
y al compás de armonía guerrera,
por España, juremos aquí,
pelear por la misma bandera
que les vimos besar al morir.
Españoles, venid..., etc.

                    IV

Su programa será nuestro emblema;
sus palabras serán nuestra ley,
sus creencias serán nuestro lema,
su caudillo será nuestro Rey.
Y si el Rey, á luchar por España,
como á ellos, nos manda salir,
nuestra orden será en la campaña
su consigna: «vencer ó morir».

                    ---

Españoles, venid y ensayemos
en la paz, la entusiasta canción
que mañana en la lid cantaremos
al compás del clarín y el cañón.
¡Paso de ataque!
¡Aire marcial!
¡¡Viva la España tradicional!!

                                  BERMEJO

El Correo Español (8 de julio de 1909)

lunes, 25 de julio de 2016

¡¡Santiago y cierra España!!



















Camina Santiago Apóstol
predicando la fe santa...

Camina Santiago Apóstol
por las veredas cristianas
y su corazón entrega
abrasado en sus palabras.

Por el Redentor divino
emprende la gran Cruzada
y va tejiendo oraciones
como rosas perfumadas
que en los pechos, apagados
a la fe, dan su fragancia
e infunde vida y eleva
hacia un cielo de esperanzas,
rendidos ante el milagro
que brota de sus plegarias.

¡Así camina el Apóstol
predicando la fe santa!...

El Salvador de los hombres
su estela de luz le traza
para que por ella el mundo
hacia su Amor le llevara.
Y Santiago peregrino,
en cabalgadura blanca,
con estandarte radioso
y con redentora espada,
difunde la fe de Cristo
por los ámbitos de España.

⚜ ⚜ ⚜

A su paso un bello día
y a la mágica sonata
que el viento canta al mecerse
del Ebro en la linfa clara,
junto a su fértil orilla,
bañada de nieve y nácar,
sobre el Pilar sacrosanto
que los ángeles labraran,
surgió la Virgen María
para encender la Cruzada
que emprendiera el Santo Apóstol
con estas dulces palabras ;

¡Por los siglos de los siglos
España será cristiana!

⚜ ⚜ ⚜

Vuelve, Santiago, tus ojos
hacia esta tierra adorada...
Sigue predicando a Cristo
e inúndanos en tu gracia.
Nosotros vamos contigo,
tras el fulgor de tu espada,
dando al viento la Bandera
que conservamos sin mancha;

esta Bandera bendita,
emblema de la esperanza,
que entre sus pliegues sagrados
luce el lema de tu España;
esta Bandera invencible
que el Caudillo de tu Raza
en estas horas de angustia
coa heroísmo levanta;
esa Bandera que mira
con patrióticas nostalgias
el Príncipe valeroso
por el que ansía la Causa;

esa Bandera sublime
que fue gloriosa mortaja
de los valientes soldados
de Montejurra y de Lácar;
a que entre nimbos de gloría
y con cantos de batalla
alzó el REY con sus legiones
por su DIOS y por su PATRIA.

Vamos contigo a la lucha,
dispuestos en cuerpo y alma
a seguir tus derroteros
pensando sólo en España...

⚜ ⚜ ⚜

Ayúdanos en la empresa,
y atiende nuestras plegarias
encendiendo a los que llevan
la luz de la fe apagada
por rencores, egoísmos
y predicaciones falsas,
con las palabras que un día.
entre las espumas blancas,
en las márgenes del Ebro
la Virgen dio a tu Cruzada.

Diles muy quedo, muy quedo,
para dejarles grabadas
por siempre en sus corazones,
aquellas dulces palabras:

¡Por los siglos de los siglos
España será cristiana!


JOSÉ LUIS VALVERDE

lunes, 23 de mayo de 2016

Cervantes no fue liberal


«Si tu genio inmortal que subyugara
con tu historia sin par al mundo un día
la cabeza, ¡oh CERVANTES! levantara,
y a ESPAÑA contemplara
sin honra, sin decoro ni hidalguía,
presa de horrible confusión y espanto
al sepulcro de nuevo descendiera
vertiendo amargo y abundoso llanto...»
Vicente de Vallivana, oda a Cervantes

Ilustración que muestra a Miguel de Cervantes combatiendo en Lepanto
tomada del diario ABC

El democratismo liberal festeja este año el centenario de Miguel de Cervantes, el autor inmortal del Quijote; de ese libro que es, sin ningún género de duda, el más inapreciable tesoro que posee la literatura castellana; de esa joya nacional cuyo valor, traspasando los límites fronterizos, ha llegado a causar la más grande de las admiraciones a todos los pueblos civilizados. Lo cual no deja de ser la más absurda de las pretensiones, el error más craso y la más descabellada de las ideas. ¿Por qué? Por la sencilla razón que vamos a exponer.

Miguel de Cervantes, franciscano seglar
¿Quién fue Cervantes? Una genuina representación del verdadero pueblo español. Su intachable honradez no hay quien la ponga en duda; su amor a la patria lo demostró en miles y miles de ocasiones, y sobre todo en la nunca bien ponderada batalla que en las aguas de Lepanto cubrió de inmarcesible gloria las armadas españolas; su acrisolada lealtad puede apreciarse en la narración que él mismo nos hace del cautivo del Argel en su inmortal obra, cuyo protagonista es él en persona, aunque lo encubra con los pliegues del misterio; su inquebrantable fe queda patentizada evidentemente en todos los actos de su vida y en particular en el sublime hecho de profesar en la venerable Orden Tercera de nuestro Padre el Santo Patriarca de Asís y de ordenar antes de exhalar el último estertor de la agonía que le enterrasen con el hábito puesto...

¿Qué nos enseñó, no solamente con sus escritos, sino con sus hechos? Que profesáramos un amor grande, un amor inmenso, un amor sin mezcolanza de ningún género a Dios, porque su religión es la que nos enseñaron nuestros padres y la que profesamos convencidos de que es la verdadera; a la Patria, puesto que tenemos la dicha de haber nacido en una nación que, con su manto de gloria, cubrió la faz del sol; y al Rey, porque es estricta obligación de todo buen vasallo, de todo súbdito leal sacrificarse en aras de sus intereses, que son los nuestros propios, de defenderlo donde quiera que la ocasión se nos presenta.

Silueta
Hoy celebra toda España,
de Cervantes centenario,*
unánime y merecida
la ovación que tributamos.
La Patria que honra el talento
merecedora es de aplausos;
más ciencia y menos política
es lo que necesitamos.
Escuelas, y no tabernas;
en vez de caciques, sabios;
y al obrero procurarle,
que tenga pan y trabajo.
Homenajes a porfía
a los que logran ganarlos;
Cervantes nos da el ejemplo
su nombre inmortalizando.
Afán de Rivera

Esta entrada se basa en el artículo «Cervantes no fue liberal»,
publicado en La Verdad, Granada, 8 de mayo de 1905

* El poema original dice: "del Quijote el centenario"

sábado, 21 de mayo de 2016

Crónica de la romería a Santa María del Espino del Círculo Tradicionalista de Granada


Hablar del mes de mayo
crónica de Antonio M.ª (21 de mayo de 2016)

Hablar del mes de mayo, significa hablar del mes de María Santísima. El Señor de los Ejércitos desea que nosotros, sus hijos, no desdeñemos esta oportunidad de perseverar en el Misterio de su Amor a través del trato con su Madre —nuestra Madre—.
Romilla

Por este motivo, un puñado de correligionarios carlistas del Círculo General Calderón de Granada nos reunimos ayer en romería para honrar a la Señora y hacerle muestra de nuestro filial cariño. En reducido grupo —como a nosotros nos gusta—, piadosamente, con sabor de intimidad.

Significa “desencadenarnos”, escapar urgentemente de esa vorágine de falsedad y esclavitud en que los nuevos tiempos nos han metido: una sociedad de esclavos que necesita esclavos. Significa “encuentro”, encuentro con la verdad y el don de la vida palpable en la Creación —el campo— donde sus nobles moradores viven en plenitud con la misma, genitores de fructuosos campos que crecen entre las alegrías y sinsabores cotidianos, bajo el sol abrasante, la escarcha y demás inclemencias del cielo.

El círculo tradicionalista granadino, el mismo que ya iniciara su andadura romera en su visita a la Virgen de los Labradores de Quéntar, eligió esta vez el Monasterio de MM Capuchinas de la Virgen del Espino de Chauchina, conocida coloquialmente por los lugareños como Virgen del Pincho. ¡Qué mejor manera de llegar a Cristo que a través de su propia Madre, con la humildad de un niño, caminando de su mano por esos caminos de Dios! “Quodcumque dixerit vobis, fácite” (Jn 2,5), “Haced lo que él os diga”.

Iniciamos nuestro peregrinar desde la pequeña localidad de Romilla, atravesando barbechos y alamedas, entre surcos desyerbados y secaderos de tabaco. Rostros curtidos nos saludan, con los almocafres espejeantes en alto, como banderilleros de la nada; con curiosidad y cariño, observando nuestros pasos cansados y orantes… quizá recordándonos que nuestra cosecha también llegará algún día. «Vosotros sois de los míos, mi abuelo fue requeté», nos dice un honrado agricultor.

Continuamos, caminamos, rezando el santo rosario, y soñamos con la Vieja Patria que ha de reverdecer, salmodiando añejos y encendidos himnos de Guerra y de Paz; las banderas en alto, con el Sacratísimo Corazón del Señor bordado, haciendo latir los mismos vientos que nos alientan.

Hemos llegado al Santuario: sencillo, humilde y recogido —como le gusta a la Señora—. Nuestros cuerpos, tardos y acansinados reposan sobre miradas encendidas, candentes hacia nuestra Madre Celestial, y hacia Jesús sacramentado, expuesto, con su cuerpo amoroso sobre el altar, toda su alma, grandeza, realeza y divinidad presentes, tal como estuvo en Belén, entre los doctores del Templo, en Caná, en el Tabor y en el Calvario. Casualmente las Hermanas Capuchinas estaban en oración, escondida pero audible para los presentes mediante megafonía. De forma casi clarividente, como si conocieran de nuestra presencia en el lugar, pronunciaron unas preces suplicando la salvación de España por intercesión de nuestro Patrón, Santiago Apóstol, y de nuestro padre San José. ¡Nada pudo salir mejor!

Luego tocó regresar. Ya borrachos de Cristo y del amor envolvente de nuestra Madre, aún no nos habíamos ido, y ya queríamos volver. Los boinas rojas se marchan, paso firme y esperanzado. Como amapolas, matizando la hermosura de los campos, porque de los suelos de las Españas lo mejor absorben.


Letrillas para el mes de María

Dulcísima Virgen,
del cielo delicia,
la flor que te ofrezco
recibe propicia.

Benéfico hiere
lumínico rayo
del sol que engalana
las flores de mayo.

Los prados semejan
amenos jardines
sembrados de rosas
y suaves jazmines.

Y apenas se abren,
y el cáliz asoma,
regala el ambiente
balsámica aroma.

Así en su manera,
brotando en el suelo,
al dueño bendicen
que habita en el cielo.

¡Oh cándidas flores
de troncos lozanos!
Servidme de ofrenda,
venid a mis manos.

Mostrad ahora juntas
mayor lozanía,
que va a recibiros
la Virgen María.

Y el alma y vosotras,
yo pobre aunque soy,
con todas mis ansias
rendido le doy.

Mi afecto sencillo
recibe, Señora,
mi frente en el polvo
te ensalza y te adora.

Piadoso tu oído
mis voces atienda,
y admita amoroso
tu seno mi ofrenda.

Tu rostro divino
mi vista descubra,
y en tanto, oh felice,
tu manto me cubra.

jueves, 10 de marzo de 2016

A LOS HEROICOS MÁRTIRES DE LA BANDERA TRADICIONAL

A los Mártires de la Comunión Católico-Monárquica

A vosotros, mártires de la Tradición cuyos heroicos hechos se encuentran consignados en la Historia constituyendo una de sus más brillantes páginas, la patria por orden de nuestro Augusto Jefe, os consagró el día de hoy.

Sí, vosotros representáis el genuino y caballeresco carácter español: por eso la patria viste hoy de luto recordando las proezas de sus héroes y el valor de sus mártires. ¡Sí, hoy es día de luto para España! ¡Oremos, pues por esos valientes; oremos por nuestros hermanos!

¡Nobles compañeros que disteis vuestra generosa sangre en defensa de la más santa de las causas y por la verdadera libertad, descansad en vuestras tumbas! Vuestra empresa digna es de soldados de la Religión y del trono. La patria agradecida a tan sublime abnegación os dedica el recuerdo que merecéis. Vuestra sangre será semilla de nuevos entusiasmos y germen de nuevos campeones.

Y nosotros los carlistas granadinos, reclutas disponibles de nuestro Rey, cuando lo disponga, seguiremos la obra que hace años emprendisteis, y con la ayuda de Dios el éxito coronará nuestros esfuerzos, nuestra será la victoria, para castigo de los verdugos de la patria.


HIMNO.

Al clamor de la Patria afligida
Raza de héroes, del polvo salid;
Que a besar vuestra sangre vertida
Hoy acuden los hijos del Cid.

Con la Cruz por bandera y escudo,
Por corona el sangriento laurel
Aun mostráis, en el pecho desnudo
La honda huella del hierro cruel.

Sin desmayo en la lucha homicida,
Del deber escuchando la voz,
Ofrecisteis la sangre y la vida
Por el Rey, por la Patria y por Dios.

Sobre el fúnebre mármol que os cierra
Ruge herido el hispano león;
Y se abate, cubriendo la tierra
Vuestro, ayer, invencible pendón.

Hoy con paso tardío y doliente
Vuestra tumba el guerrero al pisar
De su llanto, en la amarga corriente
Sus laureles arroja quizás.

Vuestra sangre fecunda la Historia
Como fuente inmortal de virtud;
Y reciben su beso de gloria
Las cenizas que ampara la Cruz.




LA VERDAD (Granada, 10/03/1902)

martes, 8 de diciembre de 2015

Romería a la Virgen de los Labradores con motivo de la fiesta de la Inmaculada Concepción


Soneto

¿Veis el jazmín en la enramada umbría,
la fragante azucena inmaculada,
y la preciosa perla nacarada
que oculta entre la concha su hermosura?

¿Veis la nieve que cubre tersa y pura
la cima inaccesible, nunca hollada,
y la paloma cándida y nevada,
y el armiño de nítida blancura?

Pues no existe tan pura ni tan bella
criatura entre todos los mortales
cual la santa y castísima Doncella

que exenta de las manchas terrenales
tuvo de la impureza sin la huella
a Dios en sus entrañas virginales.

PILAR DE CABIA
La Verdad (8/12/1910)

Nuestra romería la Virgen de los Labradores

Con motivo de la festividad de la Inmaculada Concepción de María, varios tradicionalistas y simpatizantes del Círculo Tradicionalista de Granada «General Carlos Calderón» hemos querido honrar a la Purísima en una romería a la Virgen de los Labradores de Quéntar.

Durante el camino hemos rezado tres rosarios, deleitándonos con el hermoso paisaje de la zona. A medida que nos acercábamos a la imagen de la Virgen, hemos leído con gran interés las devotas frases en azulejos e inscripciones que en su día dejaron los romeros y que nos hablan de la España piadosa que queremos recuperar. A los pies de la imagen de Nuestra Señora, encuadrada en la Cruz redentora del Salvador y ante un sol de cara que aparecía fulgurante entre las nubes a medida que aumentaban nuestras preces, hemos rezado una letanía y pedido a la Purísima que interceda por nosotros y por nuestra maltrecha España.

¡Viva la inmaculada Madre de Dios!








lunes, 7 de diciembre de 2015

Nuestro voto

El veinte próximo..., ¡elecciones!...
No está mal, qué caramba, no está mal,
aunque yo, por muchísimas razones,
no creo en el sufragio universal.

Hombre dado a las grandes emociones,
no me alegra la gaita electoral.
A mi sólo me alegran los cañones
a los acordes de la Marcha Real.

Afanosos de lauros y conquistas,
nuestros padres, los ínclitos carlistas,
votaron, sí, señor; pero con «be»;

porque sabían que el honor de España
depende, muchas veces, de una hazaña
que tenga por contera un puntapié.

SAGITARIO
El Siglo Futuro (4/11/1933)

Desde el Círculo Tradicionalista de Granada General Carlos Calderón, siguiendo el ejemplo de nuestros correligionarios de Albacete del Círculo Marqués de Villores —cuyo vistoso cartel reproducimos abajo— pedimos la abstención para la farsa electoral del próximo 20 de diciembre.

¡NO A LA DEMOCRACIA LIBERAL!


miércoles, 2 de diciembre de 2015

V Centenario del Gran Capitán

El«Gran Capitán» durante la batalla de Ceriñola frente al cuerpo sin vida del francés Luis de Armagnac

BIOGRAFÍA

Con los mejores auspicios diose a conocer en la Corte de Castilla Gonzalo de Córdoba, puesto que atendiendo a las dotes de gentileza, habilidad, patriotismo y bravura de que ya había dado pruebas, mereció en temprana edad el dictado de Príncipe de los Caballeros. Inauguró sus campañas en la lucha que sostenía la Reina Católica, contra las pretensiones de Alfonso V de Portugal. En la batalla de Albuera sostuvo el honor de las armas castellanas arrostrando los mayores peligros, y en la conquista de Granada fue igualmente uno de los que mas se distinguieron, no solo en el campo de la lucha sino también en los tratos que mediaron para estipular las bases de capitulación. Pero donde le estaba reservada su gloria militar era en las guerras que en Italia sostenía Fernando el Católico contra Carlos VIII de Francia y su sucesor Luis XII.

Al frente del ejército de Aragón, acudió allí nuestro heroico capitán y en unión del almirante Requesens, rindió las plazas de Santa Agata, Seminara y Monópoli; penetró en Cefalonia, Tarento, Ruvo, Ceriñola, Seminara de la cual habían vuelto a apoderarse los franceses, y de Nápoles; les derrotó en el rio Garellano y obtuvo la rendición de Gaeta, con lo cual puso término a la guerra franco-aragonesa. La fama del afortunado vencedor, a quien desde estos triunfos podemos ya distinguir con el sobre nombre de Gran capitán, hizose universal; todo el mundo citaba las proezas por él llevadas a cabo y ensalzaba su valor.

Hasta el mismo Luis XII hubo de invitarle a comer para oir de sus labios la narración de los hechos, y traspasando los limites del entusiasmo, le envió un rico presente. Por el contrario el rey don Fernando, el mas beneficiado en aquella campaña, dejó sin recompensa tan relevantes servicios, efecto de la poca simpatía que entre ambos existía por la diferencia de caracteres, y que la envidia de otros procuró extremar harta el punto de que le tratara con el mayor desdén y le pidiera cuenta de las sumas invertidas en atenciones de la guerra.

A la vista de estos y otros ultrajes, adoptó Gonzalo la resolución de abandonar la arte, y lleno de amargura se retiró a la villa de Loja, que el rey le donó, en unión de su esposa María Manrique y de su amada hija Elvira. Próximo ya a morir, pasó a Granada con el fin de encontrar alivio a sus achaques, y a los sesenta y dos años de edad sucumbió en esta ciudad.

El Castellano (02/12/1904)

Estatua del Gran Capitán en Córdoba

















CANTO AL GRAN CAPITÁN

¡Caudillo, levanta la faz imperiosa
de bravo titán;
remueve ese polvo que guarda tu fosa
y sal, como lava de inmenso volcán!

El haz de los siglos tu paso resista
y taña sus viejas trompetas el viento,
cual si hoy retornaras de alguna conquista
que diera a tu nombre mayor valimiento.

Levanta, caudillo;
ya el sol de tu España no tiene aquel brillo
que antaño le daba
el oro que tanto por ella abundaba.

Mas quedan en alto los brazos nervudos,
los brazos que un día
con gran valentía
doblaron los bronces de extraños escudos
y queda la entraña
que esconde la sangre viril de tu España

Levanta, gigante; tus ojos fulminen
y viento tu acero
mil caras plebeyas a un tiempo se inclinen
y digan mil voces en son placentero:

–¡Victoria, guerrero!

Y al firme rendaje
del fuerte caballo que en rudas batallas
rugió de coraje
y no lo atajaron ni cercas ni vallas,
garridas matronas
enlacen coronas
y ramos de flores;
y el beso de alguna doncella sensible
te de, como ofrenda, sus dulces rumores
con una esperanza de amor imposible.

Y esparzan sus sones alegres campanas
brindando un grandioso concierto a la tierra,
y vibren e inunden regiones lejanas
los cantos que digan tus triunfos de guerra.

Cuadro de José de Madrazo sobre el asalto del
«Gran Capitán» en Montefrío





















–Al héroe que en lucha fue raudo ciclón,
que siempre al contrario deshizo los planes,
brindemos las notas de nuestra canción
como un estruendoso bramar de huracanes.

Miradle, cercadle con gran frenesí;
su labio parece que dice: ¡Vencí!

Y en alto la espada, terror de los viles,
como un buen manojo de rayos de sol,
moviendo el penacho de plumas gentiles
va encima del ágil caballo español.

************************************

¡Victoria, victoria, valiente coloso
que a reyes tiranos quitaste los fueros
y siempre a tu patria volviste gozoso
al frente de rudos y fieles guerreros;
entre un torbellino de picas y espadas
y nobles banderas por fuerza ganadas
y flores fragantes y tronos deshechos
y fuertes corazas mostrando en los pechos
de los vencedores,
sus manchas de sangre, de polvo y sudores!

¡Oh genio que fuiste forjado en la lid,
retoño del genio sublime del Cid!

Si llega a tu lecho de muerte el murmullo
del pueblo, que canta tu gloria y su orgullo,
buscando la cima de honor y de fama,
buscando la cumbre
donde hecha fiel llama
por siempre tu propia grandeza te alumbre,
¡oh, Gran Capitán,
levanta, levanta la faz imperiosa
cual bravo titán,
remueve ese polvo que guarda tu fosa
y sal, como lava de inmenso volcán!

FRANCISCO ARÉVALO

Diario de Córdoba (02/12/1915)

miércoles, 7 de octubre de 2015

La batalla de Lepanto: la más grande ocasión que vieron los siglos


Por Rafael Gambra (7 de octubre 1971)

Cúmplese este 7 de octubre el cuarto centenario de la Victoría de Lepanto. En la hora que vivimos, sombría cual ninguna para la Cristiandad y para la conciencia nacional española, ningún contrapunto puede ofrecerse más estimulante que la evocación de esta fecha. Porque en ella culmina la gloria mayor de nuestra patria y la más alta plenitud de la Católica Cristiandad.

Mediado el siglo XVI la unidad interna de la Cristiandad empieza a cuartearse por la escisión protestante en la Europa Central, y, al mismo tiempo, los turcos —la última y más temible oleada de islamismo— acentuaba su presión en el Mediterráneo y en el corazón mismo de Hungría, a las puertas de una Europa escindida.

La batalla de Lepanto por Paolo Veronese
¿Qué habría sucedido si una postrera resistencia de la Cristiandad no hubiera conjurado el peligro deteniendo el lento avance otomano hacia Occidente? ¿Si un Pontífice en aquella coyuntura o el emperador en nombre de la Catolicidad se hubiera dirigido a Solimán el Magnífico para ofrecerle la paz basada en la "libertad religiosa" y la garantía de una "no resistencia armada" por tratarse de "motivos religiosos"?

La alternativa de aquella encrucijada histórica no hubiera sido otra que la de que hoy fuéramos musulmanes toda Europa, y América cuya colonización se estaba iniciando. O lo que es lo mismo: el definitivo triunfo del Islam y la completa extinción de la fe de Cristo sobre el Planeta. Hubo, sin embargo, un santo Pontífice que dedicó todo su empeño a la creación de una Liga Santa. Hubo un rey —el más occidental de Europa y, por lo mismo. el menos directamente amenazado— que comprendió la necesidad del común esfuerzo y lo secundó con su inmenso poderío. Hubo también un homo missus a Deo cui nomen erat Joannes. Hubo, en fin, un Dios en los Cielos reforzando con su providencia los designios humanos dignos de ella, y una Madre amantísima de los cristianos que, por su patente amparo en aquel trance, sería honrada en su fiesta del Santo Rosario y alabada como Auxilium Christianorum.

De esta gran conjunción nació Lepanto: obra portentosa de la santidad de un Papa, de la prudencia de un Rey, de la intrepidez de un General, de la fe de todo mi ejército, de la providencia de Dios... "Nunca los mares vieron en su seno, ni volverá a presenciar el mundo, conflicto tan obstinado ni mortandad más horrible, ni corazones de hombres tan animosos y esforzados." Y de la extraordinaria victoria —"la más alta ocasión que vieron los siglos"— resultó la definitiva ruina del poderío naval turco y la más cercana esperanza de alcanzar una Cristiandad unida y gloriosa en torno a la fe que le dio vida. Es la ocasión en que Hernando de Acuña puede dedicar a la Majestad de Felipe II el famoso soneto:

Ya se acerca, Señor, o ya es llegada 
la edad gloriosa en que promete el cielo: 
una grey y un pastor sólo en el suelo, 
por suerte a vuestros tiempos reservada.
Ya tan alto principio en tal jornada 
os muestra el fin de vuestro santo celo, 
y anuncia al mundo, para más consuelo, 
un Monarca, un Imperio y una Espada.
Ya el orbe de la tierra siente en parte 
y espera en toda vuestra Monarquía, 
conquistada por Vos en justa guerra, 
que a quien ha dado Cristo su estandarte, 
dará el segundo más dichoso día 
en que vencido el mar, venza la tierra. 

La victoria de Lepanto tocó las entrañas del pueblo español en momentos dichosos en que su fe, su fervor y su esperanza —en compenetración con su monarca— formaban un solo canto a la gloria del Señor. El feliz suceso fue musa de nuestros mejores poetas. Es el canto magnífico que Fernando de Acuña dedica a le gran victoria:

En sonando los clarines
de las soberbias armadas,
una de la gran Turquía
y otra de la noble España...
El valiente Juan de Austria,
teniendo en entrambas manos
un crucifijo y su espada,
anima d'esta manera:
Muramos por la fe, ganemos fama,
al arma, guerra, guerra! ...
Escurecióse el sol, tembló la tierra,
embistiéronse las galeras,
tiñeron de sangre el agua,
que a la pólvora y al plomo
no resiste fuerza humana... 

Han pasado cuatro siglos y, con ellos, muchos y muy extraños eventos: Quizá ninguna época pueda contraponerse con tantos acentos tan dramáticos a "aquella edad de prestigios y maravillas" como la inmensa crisis moral y religiosa que vivimos en el presente.

¿Dónde está ya aquella esperanza cierta en "la edad gloriosa" que promete el cielo? ¿Dónde ''nuestra Monarquía a quien ha dado Cristo su estandarte"? ¿Dónde la comunión de fe y de empresas que alcanzara sobrehumanas victorias? ¿Dónde la España que era a la vez cruz, enseña y arma?

A cuatro siglos de San Pío V y de la Liga Santa, de todo un ejército que recibe del Santo Pontífice la Sagrada Comunión y la bula de Cruzada, se reniega públicamente, en el mismo seno de la Iglesia, de lo que despectivamente se llama Era Constantiniana —dieciocho siglos de historia de la Cristiandad— cuyo ápice fue Lepanto. Una doctrina sospechosa, resabio del protestantismo, y germen de toda disolución —el maritenismo— sustituye en la Iglesia a los grandes sistemas clásico-cristianos de la Escolástica. Se abjura de la tradición de Trento, se luteraniza el culto, se elimina la piedad mariana, el latín, el gregoriano... Se niega el principio religioso como fundamento del orden civil, se afirma la "indiscriminación" y el "pluralismo" religiosos, se desautoriza la armonía del Pontificado y el Imperio (Iglesia-Estado), se ultraja a cuantos lucharon y murieron por la Fe, se proclama la laicidad y la democracia universal como únicos cimientos políticos y morales... Y un pontificado se abre con el acto —de inverosímil simbolismo— de devolver al Turco la enseña gloriosa de Lepanto, en Roma depositada por los cruzados vencedores.

¿Hemos llegado en esta extrema mutación histórica —con este vacuo "humanismo"— a la vaticinada herejía de los últimos tiempos en los que el hombre "se adorará a sí mismo"?

Mas por encima de los hombres, de sus mudanzas y apostasías, está el Cielo, el Señor de los Ejércitos y la Madre amantísima de los cristianos —Auxilium Christianorum—, recursos supremos. Allá viven, con todos los mártires de le Fe, los héroes de Lepanto, intercediendo por nuestra unidad y nuestra esperanza.

Símbolo sobrenatural de cuanto ellos representan es el Santo Rosario como devoción popular y como advocación mariana. Nacido el Rosario de una aparición de la Virgen al español Santo Domingo de Guzmán, fue a su rezo en las solemnes rogativas públicas que presidió San Pío V a lo que en su tiempo se atribuyó la victoria de Lepanto. Y por lo mismo el día 7 de octubre quedó consagrado el por el santo Pontífice como fiesta litúrgica de Nuestra Señora del Rosario o de las Victorias.

Y —obsérvese bien— en todas las apariciones de María en los últimos tiempos, desde Lourdes y la Salette hasta Fátima —únicos lazos milagrosos con el Más Allá— ha sido elemento común el recuerdo insistente del Santo Rosario como áncora de salvación para una humanidad desviada, en camino vertiginoso de perdición. Devoción de las Victorias, símbolo de Lepanto, el Rosario será para siempre para nosotros —católicos y españoles— la confirmación divina de nuestra Fe y de lo mejor de nuestra historia.

Rafael Gambra Ciudad
El Pensamiento Navarro (10/10/1971)

lunes, 21 de septiembre de 2015

¡Ruja el infierno, brame Satán! ¡La fe de España no morirá!


El siguiente himno, compuesto por el Dr. Sardá y Salvany, al parecer, con motivo de la peregrinación española a Roma de 1876 promovida por la Comunión Católico-Monárquica, gozó de gran popularidad entre los carlistas y católicos españoles de finales del siglo XIX y principios del XX.

Protestación de Fe

Firme la voz, serena la mirada,
del mundo en faz, cantemos nuestra fe:
De Cristo Dios la Iglesia es nuestra Madre,
de Roma el Rey cautivo es nuestro Padre:
¡Antes morir que separarnos de él!
Del pueblo hispano, noble y leal
aqueste el grito siempre será:
¡Ruja el infierno, brame Satán!
¡La fe de España no morirá!

En una antología de canciones de Argentina encontramos una segunda estrofa y la partitura del himno, que reproducimos. Aprovechamos para animar a quien sepa tocar el piano o cantar, a grabar la canción y enviárnosla:

Bandera alzada de Cristo en pos,
Castilla invicta siempre siguió;
y gran pujanza, sin par valor,
a los leales la fe inspiró.
Sanchos y Alfonsos y el bravo Cid
con la morisma entran en lid,
luchemos, dicen, hasta morir
¡La fe triunfante debe salir!




sábado, 1 de agosto de 2015

Himno a la bandera del Requeté



Es roja y gualda nuestra bandera,
su lema dice: "Dios, Patria y Rey". 

Con sus guerreros la vida entera 
luchar valientes es nuestra ley.

Miradla, Bravos: Esos colores
que nos hechizan de sangre y sol
y el lema augusto son los amores
del invencible pueblo Español

Ella fulgura con luz de gloria
por los laureles que conquistó,
lema y colores son una historia
que otra más grande no escribió.

A los combates con ella iremos,
llenos de empuje, valor y fe
y un día y otro celebraremos
triunfos y glorias del Requeté.

Bandera insigne, Bandera santa,
Bandera que eres la Tradición
de un pueblo noble, que lucha y canta
y es de siglos la admiración.

Marcha adelante siempre triunfando
de cerca iremos todos en pos,
que es nuestra gloria morir luchando
por nuestra Patria, por nuestro Dios.

El Requeté (Buenos Aires, 1 de enero de 1939)

martes, 7 de julio de 2015

Encuentro del Círculo Tradicionalista de Granada General Carlos Calderón

El pasado domingo, 5 de julio, varios miembros y amigos del Círculo Tradicionalista de Granada General Carlos Calderón nos reunimos fraternalmente para planificar actividades para el próximo curso 2015-2016 y rendir homenaje a los muertos de la Santa Causa de la Tradición, por la que, siguiendo el ejemplo de su entrega y dedicación —en muchos casos hasta el cadalso— nos proponemos no desfallecer.

A las 11 de la mañana tenía lugar en la capilla María Reina, situada en la placeta Gutierre de Cetina, el Santo Sacrificio de la Misa por el inmemorial rito romano tradicional; la misma misa que oyeron con devoción nuestros abuelos, los requetés en campaña, los mártires de la Unidad Católica, los cruzados en peregrinación a Tierra Santa y millones de nuestros antepasados.

La solemnidad y belleza de la liturgia tridentina la convierten en una de las joyas más preciadas de la Iglesia, razón por la que es y ha sido combatida por los enemigos de Dios durante siglos, como el heresiarca Lutero, que dijo: «destruyamos la misa, y destruiremos a la Iglesia».

Instantánea tomada durante la Consagración

En su homilía, el sacerdote, Rvdo. Sr. D. Luis María Canale, nos habló del puente que supone la Santa Religión Católica, única verdadera, que al cruzarlo nos traslada de la muerte a la vida, del pecado que nos aparta de Dios a la Gloria eterna de su compañía. No en vano, el vocablo pontífice, que significa constructor de puentes, ejemplifica cuál es la labor de la Iglesia, a cuya cabeza reinaron durante siglos santos Papas que nos legaron el Magisterio infalible al que debemos obediencia. D. Luis María nos habló también de la devoción a la Santísima Virgen y de la importancia de la Sagrada Eucaristía, pues está escrito: Qui manducat meam carnem, et bibit meum sanguinem, habet vitam æternam: et ego resuscitabo eum in novissimo die (Joan. VI, 55).

Acabada la misa, nos dirigimos a un bar cercano del Zaidín, barrio famoso por su buen tapeo, en cuya agradable terraza procedimos a almorzar en compañía de D. Luis María, que bendijo la mesa y nos deleitó con su conversación sabia, al tiempo que cercana y jovial. La cerveza fría y el buen cobijo de las sombrillas nos ayudaron a sobrellevar las altas temperaturas de estos días.

La conversación fue fructífera, pues sirvió para concretar y planificar el acto del próximo 2 de enero —día de la Toma de Granada— además de diversas actividades que incluyen charlas de formación y catequesis, que la Hermandad de San Pío X se ha ofrecido generosamente a impartir.


Comida de hermandad

Trascurridas unas horas, acudimos —tal y como habíamos planeado— al cementerio municipal de San José con el fin de rezar por los muertos tradicionalistas que nos precedieron en la lucha y por todos aquellos que se inmolaron por Dios y por España, debido a la proximidad de la fecha gloriosa del 18 de julio.

D. Luis María rezó un responso ante la Santa Cruz de los muertos de la Cruzada de 1936, que concluyó con las palabras: «Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis» y culminamos con el canto del Oriamendi, precedido por los versos del poeta tradicionalista burgalés y voluntario requeté Martín Garrido Hernando:

Lo demandó el honor y obedecieron, 
lo requirió el deber y lo acataron; 
con su sangre la empresa rubricaron 
con su esfuerzo la Patria redimieron.  
Fueron grandes y fuertes, porque fueron 
fieles al juramento que empeñaron. 
Por eso como púgiles lucharon, 
por eso como mártires murieron.  
Inmolarse por Dios fue su destino, 
salvar a España su pasión entera, 
servir al Rey su vocación y sino.  
¡No supieron querer a otra Bandera! 
¡No supieron andar otro camino! 
¡No supieron morir de otra manera!

Frente a la Cruz de los muertos por Dios y por España

A continuación, fuimos a orar ante las tumbas de algunos de los carlistas granadinos más destacados, empezando por el ilustre General que da nombre a nuestro círculo, D. Carlos Calderón y Vasco.




Ante la tumba del General Carlos Calderón y Vasco
Ante la tumba del periodista Francisco Guerrero Vílchez, caballero de la Orden de la
Legitimidad Proscrita, fundador y director del periódico La Verdad, un auténtico héroe
que mantuvo viva la llama del tradicionalismo en Granada durante los 60 años que mediaron
entre la Tercera Guerra Carlista y la Cruzada de Liberación, siendo combatiente en ambas.

Panteón de los Herrasti (familia tradicionalista) en el que está
enterrado el que fuera jefe de la Comunión Tradicionalista en
Andalucía Oriental, Ramón de Contreras y Pérez de Herrasti
Ante la tumba del combatiente requeté Juan Bertos, defensor de Dios y
de España, como reza su epitafio, y presidente del Círculo Fal Conde de
Granada, del que somos herederos, que estuvo activo hasta la década de 1990.

Después de rezar piadosamente por nuestros muertos, nos acercamos a la Alhambra, visitando el majestuoso palacio renacentista del Emperador Carlos V y apreciando la hermosa vista panorámica del Albaicín junto a la Torre de la Vela, dando por concluido nuestro encuentro.


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