martes, 25 de septiembre de 2018

El centenario del P. Francisco Suárez, gloria de Granada

El año pasado se cumplían cuatrocientos años de la muerte del Padre Francisco Suárez, insigne filósofo granadino de la Compañía de Jesús, cuyo centenario ha pasado prácticamente inadvertido, no solo en España, sino también en nuestra propia ciudad, para vergüenza de los granadinos y de todos los españoles. Sin embargo, el Doctor Eximius, el ilustre autor de la Defensa de la fe católica contra los errores de la iglesia anglicana (obra traducida del latín al castellano por primera vez por el diario tradicionalista El Siglo Futuro), el que perfeccionó la vasta teoría de San Agustín sobre la cristiana libertad (tan radicalmente opuesta al sentido que han querido darle los llamados liberales y más recientemente ciertos «libertarios» que pretenden tergiversar la figura de nuestro autor), sí recibió un merecido homenaje en nuestra patria chica con motivo de su III centenario. Así lo anunció en su día la revista católica y tradicionalista barcelonesa La Hormiga de Oro:


Francisco Suárez, S. J.
(Granada, 5 de enero 1548-Lisboa, 25 de septiembre 1617)


Informaciones gráficas de actualidad

La ciudad de Granada, la de los floridos soñados vergeles, cuyas bellezas y leyendas han sido cantadas por ilustres escritores e inspirados poetas, va a conmemorar con toda solemnidad la gloriosa fecha del III Centenario de la muerte de su insigne hijo el P. Francisco Suárez, ilustre varón gloria de la Compañía de Jesús. Todos los preparativos hacen presumir que las fiestas del Centenario del P. Suárez, que fué el maestro máximo de su adelantado siglo, serán un homenaje de la ciencia española al esclarecido hijo de Loyola; al sabio teólogo de Granada, que recibió del Sumo Pontífice Paulo V el honorable titulo de Doctor Eximius con que es conocido en las escuelas; que fué llamado gran lumbrera de la lglesia por el Papa Benedicto XIV, y docto en todo género de ciencia por Bossuet.

En la alegre hermosa ciudad, relicario de la Historia y del Arte, al pie mismo del contrafuerte sobre el que se eleva majestuosa la regia Alhambra, hay una casa de mediano aspecto, de otros tiempos y otra edad, en cuya fachada principal está grabada la siguiente inscripción:

Lápida que figura en la fachada de su casa natal.
«En esta casa nació el 5 de Enero de 1548, el Venerable P. Francisco Suárez, insigne comentarista de Aristóteles y Santo Tomás, filósofo de gran renombre, profundo teólogo, jurisconsulto distinguido, defensor tan elocuente de la fe católica, que mereció recibir de la Santa Sede el título de Doctor eminente, gloria de la Iglesia, lumbrera de la Compañía de Jesús, honor de España y uno de los más ilustres hijos de esta ciudad. El Excmo. Ayuntamiento de Granada dedica esta lápida conmemorativa a su más glorioso conciudadano. 1898.» 

Este fué el Doctor eximio que tuvo, por sus grandes talentos, el singular honor de que el Papa Gregorio XIII asistiera una de sus lecciones. Granada, pues, se apresta para solemnizar la gloriosa fecha como tributo merecido homenaje a la memoria de un sabio y un santo que allí vió la luz, celebrando un Congreso Internacional Católico, que promete ser, en todas sus partes, un acontecimiento.

La Hormiga de Oro (Barcelona, 22 de septiembre 1917)

El centenario del Padre Suárez en Granada:
El ministro de Instrucción Pública, Sr. Andrade, descubriendo
la lápida conmemorativa del sabio jesuita en la plaza de las Pasiegas
Fotografía de Manuel Torres Molina (ABC)

sábado, 1 de septiembre de 2018

La falsa cita de Karl Marx sobre el carlismo

Sobradamente conocidas son por todos los tradicionalistas las falsedades y tergiversaciones acerca de la doctrina e historia del carlismo que desde la década de 1970 vienen sosteniendo los integrantes del mal llamado "Partido Carlista" (hoy grupúsculo sin apenas relevancia, gracias a Dios). Desde las filas de la Comunión Tradicionalista, única agrupación que defiende íntegramente el pensamiento carlista bajo la bandera de la legitimidad dinástica que aún encarna, se ha estimado necesario poner de manifiesto tales mentiras más de una vez. No en vano, la misión de Carlos Hugo y los suyos no fue otra que la de desmovilizar las masas carlistas durante la Transición, impidiendo «que se consolidara en España una ultraderecha tradicionalista que hubiera sido un factor añadido de desestabilización de nuestra joven democracia», según reconocen abierta y desvergonzadamente estos falsos carlistas (que, realmente, como quinta columna, han sido quizá los peores enemigos que ha tenido el carlismo).

Karl Marx (1818-1883),
revolucionario burgués alemán que
jamás elogió el carlismo, movimiento
en las antípodas de su pensamiento
socialista y anticristiano, de raíz
cabalista.
En esta mendaz reinterpretación del carlismo, el corifeo carlohuguista José Carlos Clemente (actualmente Josep Carles Clemente), mostrando su nulo rigor historiográfico, ha divulgado durante décadas una cita falsa de Karl Marx en la que supuestamente el ideólogo comunista alemán habría elogiado el carlismo, afirmando que no era «un puro movimiento dinástico y regresivo», sino «un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial».​ La cita íntegra es la siguiente:

«El Carlismo no es un puro movimiento dinástico y regresivo, como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales. Es un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial, plagiado por papanatas que copiaban a la Revolución Francesa. Los carlistas defendían las mejores tradiciones jurídicas españolas, las de los Fueros y las Cortes legítimas que pisotearan el absolutismo centralista del Estado liberal. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales, con sus peculiaridades y tradiciones propias. No existe ningún país en Europa, que no cuente con restos de antiguas poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por el devenir de la Historia. Estos sectores son los que representan la contrarrevolución frente a la revolución que imponen las minorías dueñas del poder. En Francia fueron los bretones y en España, de un modo mucho más voluminoso y nacional, los defensores de Don Carlos. El tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo (las nuevas clases de comerciantes y agiotistas), la aristocracia latifundista y los intelectuales secularizados que en la mayoría de los casos pensaban con cabeza francesa o traducían —embrollando— de Alemania».

Además de Clemente en sus aburridos y repetitivos libros, María Teresa de Borbón Parma, Fermín Pérez-Nievas Borderas y otros militantes del mal llamado Partido Carlista, reproducirían también desde los años 70 una y otra vez este texto supuestamente marxista, a fin de justificar la metamorfosis ideológica que querían imponer al carlismo. Aunque en 2001 Miguel Izu demostró la falsedad de la cita (publicando nuevamente un extenso artículo al respecto en 2013), actualmente sigue siendo aludida por algunos ignorantes o malintencionados, e incluso la pseudoenciclopedia Auñamendi Eusko Entziklopedia la incluye a día de hoy en su entrada sobre Karl Marx.

Realmente la cita apócrifa en cuestión no es que diga nada en lo que no podamos estar de acuerdo los verdaderos carlistas: todo lo contrario. El problema es que Karl Marx jamás escribió tal cosa. Lo cierto es que, como demuestra Izu, la cita mezcla partes de un texto real de Friedrich Engels, publicado en 1849 en la Nueva Gaceta Renana,​ con las opiniones sobre el mismo del tradicionalista Jesús Evaristo Casariego, que fue quien lo tradujo al español y lo publicó en 1961 en el ABC, adjudicando erróneamente su autoría a Marx.​

La cita real de Engels, que en ningún momento teoriza sobre la naturaleza ni la doctrina del carlismo, sino que se limita a definir a los vascos seguidores de Don Carlos como «restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia», es la siguiente:

«No hay ningún país europeo que no posea en cualquier rincón una o varias ruinas de pueblos, residuos de una anterior población contenida y sojuzgada por la nación que más tarde se convirtió en portadora del desarrollo histórico. Esos restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia, como dice Hegel, esos desechos de pueblos, se convierten cada vez, y siguen siéndolo hasta su total exterminación o desnacionalización, en portadores fanáticos de la contrarrevolución, así como toda su existencia en general ya es una protesta contra una gran revolución histórica. Así pasó en Escocia con los gaélicos, soporte de los Estuardo desde 1640 hasta 1745. Así en Francia con los bretones, soporte de los Borbones desde 1792 hasta 1800. Así en España con los vascos, soporte de Don Carlos».

En realidad, como señalaba el propio artículo en ABC de Casariego (en este caso acertadamente), Marx no sentía ninguna simpatía por los contrarrevolucionarios realistas españoles —antecesores directos del carlismo— que aclamaron a Fernando VII en 1814 y 1823 (dos de las ocasiones en que el liberalismo ha sido derrotado con las armas en España), mereciendo ser considerados por Marx como «vil populacho» y «demagogia ignorante». En la doctrina elaborada por él, cualquier avance de la Revolución, aunque sea en su fase liberal, burguesa, ultracapitalista y opresora, se convierte en bueno simplemente porque «supera» a la fase anterior y avanza hacia el socialismo, primero, y el comunismo, después, fin inexorable de la historia humana. Sobre los mismos carlistas, Marx se refirió en sus artículos periodísticos a ellos como «ladrones facciosos», a Don Carlos como «el quijote de los autos de fe» y a los partidarios europeos de Don Carlos como «cretinos». Del anticarlismo de Karl Marx sí hay constancia.

domingo, 26 de agosto de 2018

Don Sixto o el Petróleo

Don Carlos o el Petróleo es el título de un opúsculo del canónigo Vicente Manterola que circuló durante el Sexenio Revolucionario, siendo una expresión que significaba que si Carlos VII no reinaba en España, las consecuencias de la Revolución iban a ser devastadoras. La pérdida de las últimas provincias de Ultramar en 1898 en la época políticamente más estable desde 1833, la anarquía política desde 1898 hasta 1939 y el desmantelamiento de España desde 1975 han terminado por confirmar esta advertencia.


En 1898, en un cúmulo de circunstancias que fácilmente se podrían
haber evitado, España pierde la guerra con Estados Unidos,
y se ve obligada a reconocer la independencia de Cuba, bajo
tutela estadounidense, a entregar las islas Filipinas y las islas de
Puerto Rico y Guaján (Guam) a EEUU, y, en 1899, a vender
los archipiélagos de las Carolinas y las Marianas a Alemania.
La derrota provocará una severa crisis moral que incentivará los
nacionalismos vasco y catalán, que hasta ahora no han desaparecido.


Ahora mismo, la situación en la que nos encontramos nos plantea la misma disyuntiva. La celebración de un referéndum ilegal con Artur Mas y el intento de secesión con Puigdemont, todo ello ante la pasividad de Mariano Rajoy, ha demostrado la debilidad del Estado. La moción de censura ha eliminado cualquier ilusión de que los partidos políticos busquen algo más que poder y, finalmente, la gran avalancha de inmigrantes ilegales, de robos y otras situaciones de delincuencia en todo el período de verano demuestra la incapacidad jurídica y material de las fuerzas del orden de mantener la seguridad en España. La situación delicada ante el separatismo, un feminismo que amenaza con un estado totalitario y un Islam y una emigración masiva que amenazan con destruir todo lo que conocemos, hará que en un futuro más o menos cercano se busque una nueva fórmula política para resolver la situación.


La decisión del gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) de exhumar
los restos mortales del General Francisco Franco ante
la protesta de su familia y violando los convenios internacionales con la Santa Sede
(con la actitud cómplice, no obstante, de la Conferencia Episcopal)
demuestra, viniendo de parte de un gobernante que no ha ganado unas
elecciones, que es la fuerza y no el Derecho lo que rige en España.


Esta búsqueda de una nueva alternativa es bastante más obvia en el extranjero que en España, donde se ha buscado la elección de Trump, del nuevo gobierno italiano anti-inmigración y se ha desarrollado el Brexit como fórmulas transitorias para resolver problemas similares; mientras, poco a poco se va formando una base social, que, al menos en las redes, busca un diagnóstico del problema. Sin embargo, tarde o temprano, esta base deberá darse cuenta que no bastará con remediar una serie de problemas, sino que es necesario remediarlos todos a la vez. En el caso español, los problemas más importantes que encontramos los siguientes:

  • Partidos políticos que no cumplen su supuesta función de representación, antes bien, no son más que lobbies que no atienden sino a sus intereses. Cuando estos partidos están en el gobierno provocan una severa inestabilidad de políticas y programas, sacrifican intereses a largo plazo por los intereses a corto plazo y arriesgan la supervivencia del país a cambio de sus intereses políticos.
  • Nacionalismos separatistas con grandes focos en Cataluña y las Provincias Vascongadas; focos secundarios en Navarra, Valencia, Baleares y Canarias; y minoritarios en Andalucía, Galicia, Asturias y literalmente en todas las demás regiones españolas.
  • Sistema de pensiones y de seguridad social muy débil por su propia estructura y administración; y sistema de gastos públicos gigantesco debido a las excesivas funciones del Estado por el Estado del Bienestar y a la gigantesca burocracia del Estado de las Autonomías.
  • Incapacidad de mantener el orden público. Las fuerzas del orden no son capaces de proteger el derecho a la vivienda por el fenómeno "okupa", el sistema jurídico no es suficientemente duro contra ladrones y criminales, y la legislación actual impide actuar contra la inmigración ilegal masiva que amenaza nuestras fronteras. A su vez, la inmigración masiva puede provocar nuevas amenazas contra la seguridad ciudadana a causa del terrorismo islámico y los altos índices de delincuencia provocados por la población extranjera, amenazando con convertir España en un país con altos índices de ataques terroristas como Inglaterra, Francia o Bélgica o que las ciudades acaben en estado de guerra por la criminalidad extranjera como Alemania o Suecia.
  • Desintegración de todo el tejido social del país y ataques constantes a la propia nacionalidad, favorecidos por las instituciones públicas. Nuestras tradiciones y nuestra identidad llevan siendo amenazadas desde hace cincuenta años por los gobiernos nacionales mediante los procesos de secularización, la ruptura de la unidad religiosa, la destrucción de tradiciones, la aniquilación demográfica del campo y el apoyo al separatismo. Por su parte, los procesos de divorcios, la histeria colectiva provocada por el feminismo y el progresismo en general, el ataque a la familia por parte de la ideología de género y la sustitución demográfica de población autóctona por población extranjera supone un asalto al fundamento y el tejido mismos de la sociedad.


Los recientes asaltos a la valla de Melilla se han perpetrado por
asaltantes que han atacado a la Guardia Civil con ácidos y cal viva.
A pesar de cruzar la frontera ilegalmente y de haber agredido a las
autoridades, se les prestará asistencia pública. El gobierno desatiende
este caso y otros similares contra el orden público, pues considera
prioridad absoluta el traslado de los restos de Franco. 

                                   
El paso previo para la solución de estos problemas exige la eliminación de los elementos que evitan que se solucionen e incluso que los causan y fomentan. Estos elementos son los partidos políticos que rigen el gobierno, elaboraron la Constitución de 1978, la incumplieron, favorecieron el separatismo, desarrollaron el desmantelamiento de España y trajeron el Islam y la inmigración masiva. El primer paso exige la eliminación de estos patógenos, ya la segunda fase exige el diagnóstico y el remedio.

Eliminados los partidos políticos, los siguientes patógenos que deben ser eliminados son la inmigración masiva, el separatismo y la inseguridad ciudadana, y para ello el problema común es la debilidad del Estado. Con un sistema político incapaz de actuar contra los sectores que quieren la destrucción social, de mantener el orden público y el respeto a la ley ni de intervenir tajantemente en un situación de emergencia, nunca se podrá llegar a ninguna parte, por lo cual se debe lograr un mando política y jurídicamente fuerte y estable, y lograr que las fuerzas de seguridad puedan actuar para mantener el orden público mediante una reforma jurídica, o incluso en su deficiencia, la propia población, comenzando en primer lugar por reconocer a la legítima defensa personal, de la propiedad y de terceros. 


El otro gran problema es aparentemente contradictorio al ya citado, que es lo relativo al gasto público. El Estado de las Autonomías y el llamado «Estado del Bienestar» exigen una gran cantidad de financiación que no se pueden afrontar mediante los ingresos ordinarios del Estado, sino que requiere de una gran cantidad de emisión de deuda exterior. Y esto no es problema exclusivamente español. Conectado con el mismo problema, el sistema de pensiones se ha organizado de una forma insostenible a largo plazo, y su mantenimiento está tocando a su fin, con las terribles consecuencias que tendrá para la población. Ambos problemas exigen por un lado un cambio radical en el sistema económico y de asistencia social, y por otro lado, una reducción radical de las funciones del Estado y en consecuencia del gasto público, que preferentemente deberá volver a la sociedad. 

Por último, la destrucción de España exige reconsiderar lo que es España para así poder establecer unas relaciones saludables entre las regiones y el gobierno central, lanzar un golpe de muerte al separatismo, responder a la islamización, recuperar nuestras tradiciones y nuestra identidad colectiva y poder obtener una unidad social decente. 

En resumen, una fórmula política que nos saque de este desastre al que nos vemos avocados requiere de tres cosas: mando político fuerte, descentralización y afirmación colectiva





                                   

La eliminación de la partitocracia y el establecimiento de un mando fuerte exige sustituir el régimen político y constitucional existente desde 1978. Esto nos deja con dos opciones políticas: régimen personal, al estilo las tiranías griegas o similar a la Rusia de Putin, ya sea permanente o transitoria, y una monarquía católica, tradicional, social y representativa, como la plantearon los clásicos carlistas.

La descentralización exige lo que Vázquez de Mella llamara Regionalismo con R mayúscula, es decir, que el Estado devuelva sus competencias naturales a las regiones, las regiones a los municipios, los municipios a las escuelas, organizaciones laborales, etc., y finalmente a las familias y los individuos. Este sistema permitiría reducir las competencias del Estado y sus funciones, dejándolo en este aspecto en una mera función auxiliar, lo que permitiría reducir tanto el gasto público como la burocracia que requiere atender estas funciones tanto a nivel estatal como de las autonomías. 


La necesidad de un equilibrio entre dos cosas tan aparentemente contradictorias como el reforzamiento del Estado y la descentralización del Estado indican que la mejor opción política que nos planteamos es una monarquía tradicional, pues el régimen monárquico hereditario (de GOBIERNO) permite una mayor estabilización política y la capacidad de desarrollar un programa a largo plazo sin temor a que gane otro partido y lo deshaga, y por otro el sistema tradicional de Fueros y Libertades y la aplicación del principio de subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia permite devolver a los cuerpos sociales sus legítimas competencias y descargar al Estado de múltiples funciones. 

De igual manera, el sistema de Cortes orgánicas permite reducir del gasto público el salario de los diputados y del gasto de las elecciones (los procuradores son delegados de los cuerpos intermedios a los que representan, con mandato imperativo, organizándose en ciertas corporaciones, por los que éstas deciden mecanismos de elección, ante estas rinden cuestas y estas se encargan de los gastos, pues de hacerlo el Estado, implicaría un importante riesgo de ser mediatizados por él), así como otros gastos como el sistema bicameral o las Cortes perpetuas. Además, el sistema representativo tradicional, al exigir obligatoriamente la aprobación de la representación política en materias clave, permitiría reducir la emisión de deuda pública y la presión fiscal, al hacerse bilateralmente y de forma responsable por ambos lados. 

Finalmente, un concepto coherente de España exige la recuperación de la tradición nacional, siendo conscientes de aquello que se debe proteger, reaccionado contra el Islam y la inmigración masiva, y luchando por proteger nuestras tradiciones y nuestra sociedad. Esto exige volver al concepto de España Católica, la Hispanidad y la "evangelizadora de la mitad del orbe", restituyendo una ortodoxia pública (conjunto de verdades compartidas y necesarias para la vida en sociedad), el viejo régimen de las Españas y poniendo las bases para restablecer a medio o largo plazo la unidad social mediante la unidad religiosa, recuperar las viejas tradiciones y repoblar nuestros deshabitados pueblos.



S. A. R. Don Sixto Enrique de Borbón,
depositario de los derechos a la Corona de España
como heredero de D. Carlos María Isidro (Carlos V),
a partir del cual se desarrollaron las Guerras Carlistas
y el movimiento que lleva su nombre.


Estas son las consecuencias del ideario abanderado durante casi 200 años por el carlismo español; y se nos antoja como el único remedio para esta situación. La adopción de una solución menos drástica y no rupturista lo único que hará será resolver algunos problemas y mantener otros, atrasando lo inevitable y arriesgándonos a que los pocos problemas que se solucionen vuelvan a aflorar a posteriori. 

Confiar para esta delicada misión a la dinastía isabelina sería repetir el mismo error que Franco cometió hace cincuenta años, pues difícilmente Don Felipe dejará atrás los prejuicios de nuestro tiempo y hará lo que su padre no quiso hacer. Confiar, por el contrario, en la llegada de un partido mesiánico constituiría repetir los errores que llevamos cometiendo nosotros desde hace medio siglo, y, si me apuran, dos siglos, pues un sistema que requiere de un personaje concreto para funcionar bien, no merece conservarse. Y aunque no fuera así, un partido político salvador siempre arriesga a perder las elecciones, y que otros deshagan su trabajo, reduciendo sus opciones de eficacia a solucionar todos los problemas en cuatro u ocho años para luego perder el poder, o arriesgarse a perpetuarse en el poder. 

Si esta solución no se aplica, nuestras posibilidades son las siguientes: que España se convierta en nueva Yugoslavia; la anarquía, provocada por la inestabilidad civil y política y empeorada por una numerosa población inmigrante; luchas sociales y el terrorismo islámico; un Estado semi-totalitario controlado por el feminismo, el lobby LGBT y/o la ideología de género; un Estado totalitario al estilo de Cuba o Venezuela encabezado por Podemos o el PSOE; o una España musulmana, en cuanto la población musulmana supere a la española autóctona, y disponga de fuerza política suficiente para instalar un Estado islámico. Ninguna opción excluye necesariamente a las otras. 

Estas son nuestras posibilidades, cada una peor que la anterior. Si no cortamos el problema que padecemos de raíz y levantamos un sistema político alternativo, abanderado por Don Sixto Enrique de Borbón o su sucesor legítimo, nuestro futuro será tan negro como el petróleo. 

Estas son nuestras alternativas: Don Sixto o el petróleo.

miércoles, 15 de agosto de 2018

La premonitoria carta de la Comunión Tradicionalista al General Franco (1943)

Tal día como hoy, 15 de agosto (solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María) del año 1943, los jefes de la Comunión Tradicionalista remitían al General Franco la carta que reproducimos a continuación, la cual presagiaba los males que sobrevendrían a España cuando el dictador abandonase el poder, tal como había sucedido años antes con Miguel Primo de Rivera.

En esta misiva, los carlistas exigían a Franco que abandonase el ensayo totalitario, volviese al espíritu inicial del Alzamiento y restaurase la monarquía tradicional española, todo ello para evitar que España cayese de nuevo en la falsa "legalidad" democrática del sufragio inorgánico.​ Lamentablemente, el Generalísimo hizo caso omiso. Dos décadas más tarde, Franco anunciaría que restauraba la monarquía, pero no la tradicional española, sino la de los tristes destinos, nombrando como sucesor a un príncipe de la dinastía liberal usurpadora. Quienes no quisieron aprender de la historia, se vieron condenados a repetirla, y sumieron a España en la lamentable situación política, social y moral que padecemos hoy.

La historia nos enseña que el liberalismo es causa y origen de todos los males políticos de España y que, cuando hemos regresado a este nefasto régimen, se ha desatado siempre el odio a la fe, la agitación, el socialismo y el separatismo. Aprendamos de la historia para que no vuelva a malograrse un triunfo sobre los enemigos de Dios y de España, como se malogró la victoria arduamente alcanzada en 1939 a costa de la sangre de tantos patriotas.


EXCELENCIA:
Manuel Fal Conde
(1894-1975),
jefe delegado de la
Comunión Tradicionalista


El 10 de marzo de 1939, en víspera de la terminación de la guerra española, la Comunión Tradicionalista dirigió a V. E. unos escritos políticos en los que se desarrollaban las soluciones derivadas de los principios del derecho público cristiano, defendidos por ella durante más de un siglo con lealtad única en la historia política de España. La discrepancia mantenida por la Comunión con el ensayo totalitario, y su apartamiento del “partido único”, base del sistema, no fueron obstáculo para la heroica contribución de los Requetés a la guerra, ni para el acto de entregar a V. E., en los escritos mencionados, las soluciones tradicionalistas.

Este último acto pudo mostrar a V. E. que la Comunión Tradicionalista no estaba movida por ambiciones personales. El desinterés de que son ejemplo los Requetés nos ha enseñado que constituye un gran servicio a la Patria la conservación de la verdad política desde la oposición, con mérito heroico si es a costa de persecuciones del Poder.

Manuel Senante (1873-1959),
último director de El Siglo Futuro
Recordamos esto al solo efecto de fijar, con la claridad de siempre, el alcance de nuestro acto de hoy. La experiencia, lección de prudentes, está poniendo de manifiesto desde entonces la necesidad de apartarse del camino emprendido, para buscar otro que lleve a soluciones más jurídicas y permanentes; y el peligro de volver, si así no se hace, a un caos liberal. Entre el liberalismo anárquico y el totalitarismo hay una interpretación de la libertad humana, que es el fundamento del derecho público cristiano y de las soluciones políticas defendidas por la Comunión Tradicionalista. En nuestros escritos de 1939 señalábamos que aquél era el momento, terminada la guerra, de iniciar la implantación de un régimen estable. Hoy todavía se está en posibilidad de hacerlo. Pero no queda ya mucho tiempo.

Tomás Domínguez Arévalo,
conde de Rodezno
(1882-1952)
El retraso en la implantación de un régimen de derecho, encierra el peligro de que el malestar ambiente sea explotado por fuerzas subversivas y extrañas. Hay que salvar lo que fue inspiración esencial del Alzamiento de julio de 1936 y que nos unió a cuantos en él tuvimos la gloria de participar. Gracias a la postura mantenida por la Comunión Tradicionalista, la bandera de la oposición al ensayo totalitario está dentro de ese espíritu sagrado del 18 de julio.

Llegamos a V. E. con el mismo ánimo generoso con que lo hicimos en marzo de 1939. Con el mismo respeto y con el mismo patriotismo. Con una autoridad moral que nadie podrá negarnos. Porque la Comunión Tradicionalista no es un grupo más al que se le pueden echar en cara antiguos errores. Tuvo razón en sus críticas y en sus afirmaciones sustantivas, y acertó generalmente en sus decisiones tácticas frente a los acontecimientos.

José María Arauz de Robles
(1898-1977)
Nuestras predicciones y advertencias están confirmadas por la experiencia de estos años. Nos duele el mal de España y el ver en lo que ha parado la inolvidable ilusión nacional de los primeros meses del Alzamiento, cuando el alma colectiva se volvía a encontrar con los símbolos sagrados de la Patria, alzados por nuestros Tercios de Requetés desde el primer momento. En la zona nacional no había ni sombra de Estado. Fue la Sociedad misma, movida por sentimientos profundos y eternos que le daban unidad y vida, la que hizo posible el Movimiento. Hay que tener fe en esta Sociedad y respetar su repugnancia a sistemas que la violentan.

Es innegable que la Sociedad española no acepta el sistema totalitario. Subsiste éste porque se le ha impuesto, pero no podría vivir si aquélla se manifestase libremente. Sus organismos e instituciones no han logrado un funcionamiento eficaz. Todos languidecen y se agotan, y lo más significativo, como síntoma del hastío de las gentes, es que pasan entre la indiferencia general y mueren a manos de su propia condición artificial y de la ficción a que obedecen. No se atribuya este fracaso a la oposición de sus enemigos, sino a la falta de virtualidad interna del sistema.
José Mª Lamamié de Clairac
(1887-1956)

Por otra parte, es un hecho comprobado que los fenómenos políticos y sociales no quedan nunca circunscritos a las fronteras de un país determinado, sino que repercuten inevitablemente de uno en otro, y han de preverse, para un futuro inmediato, las repercusiones que, para nuestro actual sistema, se producirán como consecuencia de la suerte de aquellos otros a cuyo género o inspiración corresponde. La verdad es lo único que puede salvarnos, y será inútil pretender que sigamos por temor a ella con los ojos cerrados a las realidades que se nos imponen.

Una circunstancia feliz diferencia nuestro caso del de otros pueblos. Pero esto es a condición de que seamos leales con nosotros mismos. En otras partes, los movimientos renovadores fueron obra de un partido. En España, no. El Alzamiento español fue auténticamente y totalmente nacional. Después se le ha dado una interpretación de partido. Se pude, por tanto, abandonar esta interpretación partidista, y volver al espíritu inicial del Alzamiento, cuyas esencias mantiene en toda su pureza el Ejército y el Tradicionalismo.

José Luis Zamanillo (1903-1980),
fotografía de cuando era combatiente
del Tercio de Requetés de Navarra
La necesidad y la urgencia de proceder a un cambio de cosas, es evidente. Tan acusado es el clamor unánime de la Nación, que ni nuestro prolongado silencio ha podido evitar que se alcen voces de bienintencionados españoles, no todos autorizados políticamente para discrepar del régimen ni para interpretar el que necesita España. Más que esa instigación nos mueve la apreciación de lo perentorio de la oportunidad presente, a elevar a V. E. este escrito, en uso de derechos de la Ley natural y de principios imprescriptibles, constitutivos de las sociedades y no negados por el derecho español vigente, para que V. E. facilite la solución definitiva a la honda crisis nacional que no puede resolverse con un simple arreglo de gobierno, o con un expediente dilatorio, para prolongar un estado de cosas insostenible.

Antonio Iturmendi (1903-1976)
El actual régimen es de dictadura, porque la dictadura no consiste más que en la concentración de poderes en una mano. El peligro de las dictaduras está siempre en su excesiva duración. Nacen para atender a una necesidad nacional, pero suelen prolongarse más allá de esta necesidad, con lo cual vienen a desembocar en el triunfo rencoroso y con espíritu de revancha de aquellos mismos que creyeron destruir. Los ejemplos los ha vivido esta generación.

SI NO ACEPTA LA CONCEPCIÓN POLÍTICA FUNDADA EN NUESTRO DERECHO TRADICIONAL, ESPAÑA CAERÁ DE NUEVO EN LA FALSA “LEGALIDAD” DEMOCRÁTICA DEL SUFRAGIO INORGÁNICO, A LA QUE AYUDARÁ ADEMÁS EL AMBIENTE EXTERIOR. ESTO SERÍA PARA NOSOTROS UNA GRAN VERGÜENZA Y EL HUNDIMIENTO DE TANTO SACRIFICIO Y DE TANTA ESPERANZA.

José María Valiente (1900-1982),
sucedió a Fal Conde como jefe delegado
de la Comunión Tradicionalista
Los intereses creados en torno al Poder, intentarán ligar la suerte de V. E. a la suya propia. Pero V. E. romperá sin duda esta solidaridad funesta, recordando que tiene como propia e indiscutible la gloria militar, donde está el título originario de su poder, y a la que puede volver siempre para abrir paso con el Ejército y con cuantos se agruparon en torno de éste, a las soluciones que el bien común demanda.

Trata de engañar a V. E. quien quiera hacerle ver este problema únicamente por el prisma de su situación personal y partiendo de ésta como base de cualquier cambio que produzca. Este lenguaje de la adulación no lo empleará jamás el Tradicionalismo.

Agustín González de Amezúa
(1881-1956)
El reconocimiento efectivo y práctico de los derechos de la Nación a recuperar las Instituciones que son su patrimonio político inalienable, es lo único que puede calmar la ansiedad y el desasosiego que sienten los españoles. Este reconocimiento no puede hacerse sino restaurando en su integridad la legalidad monárquica tradicional. LA SIMPLE ELEVACIÓN DE UN PRÍNCIPE AL TRONO NO BASTA. TIENE QUE IR ACOMPAÑADA DE LA RESTAURACIÓN DE AQUELLAS INSTITUCIONES QUE ASEGUREN Y DEFIENDAN SU CONTENIDO. Sin la restauración orgánica de todas estas Instituciones, la misma Monarquía está llamada al fracaso. Las características de estas Instituciones y el sentido general de la restauración orgánica que necesita España, van tratados en un estudio que nos permitimos acompañar a V. E.

Juan Sáenz-Díez (1904-1990),
sería jefe delegado de la
Comunión Tradicionalista
con S.A.R. Don Sixto de Borbón
Esta restauración orgánica de la Monarquía Tradicional no puede ser realizada sin la Comunión Tradicionalista, que es la única Comunión o fuerza política que, por su doctrina fruto de un pensamiento elaborado a lo largo de un siglo de contradicciones, por su limpia historia, por la firmeza de sus caracteres, por la autoridad que le presta su contribución a la guerra, y por su patriótica y nobilísima conducta posterior, tiene capacidad para dar la solución definitiva y española a estas cuestiones fundamentales.

El poder político, rescatado triunfalmente por el Ejército, debe ser entregado a esta gloriosa Comunión para que instaure el orden definitivo y nacional inspirado en el pensamiento Tradicionalista, servido por ella con tan acrisolada fidelidad.

Joaquín Baleztena (1883-1978),
presidente de la Junta Central
Carlista de Guerra de Navarra
Rogamos a V. E. que medite en la necesidad y justicia de esta demanda, con la que no perseguimos sino prestar a nuestro pueblo el último y definitivo servicio de nuestra vida secular.

Jamás agrupación política alguna ha reclamado el Poder con tanta razón. Más de cien años de lealtades, de aciertos, de fidelidad al sentir nacional, y de absoluto desinterés, no son ni comparables, como títulos, a los que han sido motivo tantas veces para que se entregara el gobierno de la Nación a cualquier conjunto heterogéneo y ocasional; y sin embargo, EL CARLISMO, AL QUE SE HA RECURRIDO SIEMPRE Y POR TODOS EN LOS MOMENTOS DE PELIGRO, ES LA ÚNICA COMUNIDAD POLÍTICA QUE NO HA GOBERNADO JAMÁS, PORQUE DESDE HACE MÁS DE UN SIGLO NO SE HA GOBERNADO NUNCA EN ESPAÑOL A ESPAÑA.

Espíritus ruines, tarados por los vicios de nuestra decadencia, podrán interponerse en el designio, planteando pequeños problemas de grupos y distribuciones en esta hora grave y a la vez magnífica. La misión que nosotros atribuimos a V. E. es de una grandeza y trascendencia bastantes para arrebatar un ánimo generoso.

Mauricio de Sivatte (1901-1980),
fue jefe regional de la Comunión
Tradicionalista en Cataluña
La justificación última del acto del Ejército en 1936, estaba en el propósito de devolver a España su legítima libertad nacional, en el cuadro político de sus instituciones tradicionales, y esta justificación desaparecería desde el momento en que se la sometiese a un ensayo de gobierno extraño o se la dejase en situación tal, que hubiese de caer de nuevo en aquel género de vida pública que le acarreó la bárbara esclavitud revolucionaria.

Nos dirigimos al Ejército, en la persona de V. E. que encarna su más alta jerarquía. No somos ni una improvisación, ni unos desconocidos. Con lealtad inquebrantable estuvimos a su lado en las horas difíciles y heroicas, y nos conoce sin duda por el desinterés con que supimos morir en sus filas, sin pedir recompensas a nuestro sacrificio.

Jesús Elizalde Sainz de Robles
(1907-1980)
Por esto mismo, porque cuando era la hora militar supimos estar a sus órdenes sin recabar la menor participación en su misión directiva, tenemos, al llegar el momento de la ordenación política, autoridad para reivindicar la responsabilidad de esa ordenación. Nuestra conducta de entonces es la mejor garantía de nuestro proceder en el futuro. El esfuerzo mismo del Ejército, estará condenado a la más completa esterilidad, si nuestro propósito político no logra la instauración de un orden de cosas que recoja su espíritu y esencias.

Declaramos aquí, finalmente, que este acto de la Comunión Tradicionalista responde no sólo a su sentir unánime, sino al de otros muchos sectores de la vida nacional que no encuentran otro medio de manifestar sus inquietudes, y podemos afirmar que se encuentran plenamente representados en nuestra actuación.

José Martínez Berasain (1886-1960),
vicepresidente de la Junta Central
Carlista de Guerra de Navarra
Esperamos confiadamente que quienes, de un modo más directo, están interesados en el triunfo de la Causa Monárquica, reconocerán como única posible nuestra misión directiva, y se incorporarán sin reservas al plan de Restauración que proponemos, en el que han de quedar resueltos fundamentalmente los problemas esenciales de nuestra vida nacional.

Debemos esperar de V. E., para el que pedimos a Dios las luces necesarias, que recoja toda esta inquietud nacional, convencido que la Providencia puso en sus manos, como gloria máxima, la de facilitar a España la vuelta a sus instituciones políticas tradicionales.

Sevilla y Madrid, 15 de agosto de 1943.

MANUEL FAL CONDE, Manuel Senante Martínez, Conde de Rodezno, José María Arauz de Robles, José María Lamamié de Clairac, José Luis Zamanillo, Antonio Iturmendi, José María Valiente, Agustín González de Amezúa, Juan Sáenz-Díez, Rafael Olazábal Eulate, Joaquín Baleztena, Mauricio de Sivatte, Calixto González Quevedo, Jesús Elizalde, José Martínez Berasain.

Madrid, noviembre 1943.

Santa Cruz, Manuel de (1980): Apuntes y documentos para la historia del tradicionalismo español, tomo 5: pp. 174-180

viernes, 10 de agosto de 2018

Homenaje a Antonio Molle Lazo en el 82.º aniversario de su glorioso martirio

Varios tradicionalistas andaluces hemos homenajeado hoy en Jerez a Antonio Molle Lazo, requeté del Tercio Nuestra Señora de la Merced muerto heroica y martirialmente por Dios y por España tal día como hoy en 1936. En la capilla en la que reposan sus huesos hemos rezado la siguiente oración:

¡Oh Jesús amabilísimo! que habéis dicho: Aquél que me confesare en la tierra yo lo confesaré delante de Mi Padre Celestial; glorificad pues, el alma bendita de ANTONIO, que no se avergonzó de confesar vuestro Santo Nombre en medio de los más atroces tormentos, y concedednos a nosotros, por sus méritos e intercesión, la gracia que ahora necesitamos. Os lo pedimos para la mayor honra y gloria de la Santísima Trinidad y extensión de vuestro reino aquí en la tierra. Amén.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Gloria a la Santísima Trinidad.


BIOGRAFÍA DEL MÁRTIR

Antonio Molle Lazo nació en Arcos de la Frontera el día 2 de abril de 1915, de una familia modesta de gran abolengo carlista; a los cinco meses esta familia se trasladó a vivir a Jerez de la Frontera, a cuya población queda vinculada su biografía. En ella estudió en el Colegio del Buen Pastor de los Hermanos de La Salle, y desde aquella época ya hay numerosos testimonios de su piedad y de su bondad natural. La primera colocación que tuvo al salir del colegio fue de meritorio en la estación del ferrocarril de Jerez; poco después, una ley reservó las plazas vacantes para los hijos de los empleados de la compañía y le cerró el paso. Se fue entonces de escribiente a una bodega de vinos. La crisis económica de aquellos años democráticos y republicanos arruinaba los negocios, y esto le obligó a peregrinar por varios despachos y a compartir con su padre el puesto de taquillero de un cine. Lo que se dice, una familia capitalista... Después de su martirio su cadáver fue trasladado a la iglesia del Carmen de Jerez, y en ella descansan sus restos.


A pesar de las dificultades económicas que padeció siempre, fue colaborador habitual y esforzado de todas las campañas piadosas que se desarrollaban, especialmente de las eucarísticas. Rezaba diariamente el Santo Rosario y en sus conversaciones daba constantemente testimonio de su fe.

Se afilió a las Juventudes Tradicionalistas en 1931, a los dieciséis años; junto con su padre, también carlista, luchaba contra los marxistas que dominaban en los sindicatos y desde ellos les asediaban en sus modestos empleos. Fue un artista en cuestión de pintadas, colocación de pasquines y reparto de octavillas (especialidad que ejercía, además, en los pueblos de la provincia de Sevilla), y siempre entre amenazas, silbidos, pedradas y golpes. Una vez fue cogido en plena faena y fue llevado a pie y esposado, entre insultos, a la cárcel de Jerez, donde estuvo mes y medio; coincidió allí con su hermano Carlos, también detenido por luchar contra los socialistas que querían asaltar el convento de Santo Domingo.


El 18 de julio los tres hermanos, Carlos, Antonio y Manuel Molle Lazo, se presentaron al comandante Arizón, salvador de Jerez que les dedicó a la ocupación de edificios públicos y des arme y detención de elementos socialistas. Asegurada la situación, corrieron por los pueblos de la provincia de Cádiz para decidir su incorporación al Alzamiento. Antonio Molle estuvo en Ubrique y en Sanlúcar, y luego en Sevilla en la liquidación de la resistencia roja en las zonas de San Marcos, El Pumarejo, San Julián y Triana. Volvió de Sevilla a Jerez con la bandera roja y gualda, proclamada ya inequívocamente como bandera de la España Nacional, y formó con sus antiguos compañeros el Tercio de Nuestra Señora de la Merced, patrona de su ciudad. Salió este Tercio de Requetés a cubrir el flanco de las fuerzas legionarias que avanzaban sobre Madrid. Molle quedó con quince requetés y quince guardias civiles en Peñaflor, donde los rojos habían cometido durante los primeros días varios asesinatos y desmanes.

El 10 de agosto estaban aquellos requetés oyendo una Misa por el general Sanjurjo en el convento de las Hermanas de la Cruz cuando les avisaron que una muchedumbre de rojos armados estaba entrando en el pueblo. Molle y otros se hicieron fuertes en una casa; pero agotadas pronto sus municiones, decidieron replegarse por unos corrales al encuentro de sus compañeros. Se retrasó Molle por ayudar a escapar a una señora y cayó prisionero. Estaba de uniforme y ya sin armas. Un tropel de milicianos le sacó a la calle con las manos en alto, y a empellones le llevaron al comienzo de la carretera de Lora.


En medio de un tremendo griterío le instaban a que vitoreara al comunismo y él sólo lo hacía a España y a Cristo Rey; después le exigieron que blasfemase a lo cual contestó con vítores a Cristo Rey. Fracasadas estas exigencias se reanudaron, reforzadas primero con el corte de una oreja, luego de la otra, de la nariz, del cuero cabelludo, del vaciamiento de un ojo y de la contusión de otro. El respondía con ayes y suspiros de dolor y con gritos de ¡viva Cristo Rey! que contrastaban con las blasfemias de sus verdugos. Finalmente, le remataron a tiros y a cuchilladas.

Santa Cruz, Manuel de (1979): Apuntes y documentos para la historia del tradicionalismo español, tomo I, pp. 171-172



martes, 24 de julio de 2018

Reseña: Hispania-Spania, el nacimiento de España; de Santiago Cantera


Hispania-Spania. El nacimiento de España.
Conciencia hispana en el Reino Visigodo de Toledo.
Actas Editorial (Madrid, 2014). 563 pp.  
Santiago Cantera Montenegro es el abad de la comunidad benedictina de la Basílica del Valle de los Caídos. Probablemente lo recordarán como el abad que ha ofrecido tanta resistencia contra la decisión del gobierno de Pedro Sánchez de exhumar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos. También es un personaje que ha defendido la doctrina tradicional del Reinado Social de Cristo frente al olvido de las jerarquías.

Como autor ha colaborado en las revistas Razón española y VERBO, sobre temas relacionados con España, en lo relativo a su historia y su tradición, sobre el monacato cristiano y su papel en la construcción de la Cristiandad.

Hispania-Spania. El nacimiento de España se presenta como una continuación del clásico El concepto de España en la Edad Media de José Antonio Maravall, ampliando el límite cronológico de la invasión islámica a fechas anteriores.

Esta obra nace con el propósito de revisar y redescubrir la historia de España remontándose a sus propios orígenes, para lo cual retoma la tesis tradicional de la época visigoda, y en particular el III Concilio de Toledo, como fundador de facto de España como nación. Sólo redescubriendo sus orígenes, cree Cantera que España podrá retomar su tradición, entender su historia, redefinir su presente y crear un futuro.

Roma unifica España mediante su lengua, su derecho, sus calzadas y sus milicias. Junto a Roma llega el cristianismo, con el que España da a Roma al emperador Teodosio, quién hará oficial en el Imperio el credo de Nicea. Las invasiones germánicas provocan la disgregación del Imperio, pero la Iglesia Católica hace que éste conserve una cierta unidad. El Reino de Toledo supondrá la primera experiencia de gobierno único e independiente sobre toda la Península con la unificación llevada por Leovigildo, Recaredo con el III Concilio de Toledo establece la unidad católica de España y Roncesvinto establece la unidad jurídica o civil con el Liber Iudiciorum, base jurídica de los reinos cristianos medievales.

El III Concilio de Toledo establece la unidad católica de España mediante la unión por la misma fe y en el mismo reino. La unificación religiosa establece tanto el mismo credo como la misma liturgia, debido a la interrelación entre la lex credendi y la lex orandi, establecida esta última en el IV Concilio de Toledo, presidido por San Isidoro de Sevilla.

A partir del III Concilio, la fe católica se vuelve una condición indispensable para el monarca visigodo. En el VIII Concilio, Recesvinto, afirmaba que la observaba con los fieles, invitaba a ella a los infieles que quisieran salvarse, gobernaba en ella a sus súbditos, amonestaba a sus propias gentes a que la observasen y la anunciaba a pueblos ajenos.

Con el Reino Visigodo, se establece una gran etapa de esplendor religioso, teológico y cultural que en las posteriores generaciones se convertirá en un modelo de referencia. La invasión islámica del 711 destruye por completo el mundo visigodo, adquiriendo los hispano-godos conciencia de la Pérdida de España. El deseo de restaurar la unidad religiosa y política, el Reino Visigodo, de los que los reinos cristianos se sienten herederos, el denominado neogoticismo, se convertirá en el motor principal de la Reconquista junto al ideal de Cruzada. El neogoticismo llega a su cumbre en 1492, con la pretensión de los Reyes Católicos de restaurar la unidad goda.

El concepto de España en la época visigoda distingue entre un concepto de orden político, el reino o las provincias de España y Galia, el Reino Visigodo, y un concepto puramente geográfico, el referido a España propiamente dicha. España en la época se escribe mediante las grafías Hispania e Spania, sin embargo, también es muy común el uso de esta palabra en plural: Hispaniae/Spaniae, las Españas.

La monarquía visigoda encuentra su capital en la urbs regia, sede de la monarquía y de su aparato administrativo. En éste, destaca el Oficio Palatino, una administración central con varias ramificaciones a la cabeza cada una de un Comes. Junto a ella, existía el Aula Regia Senatus, una asamblea compuesta por los principales nobles y eclesiásticos del reino que debía asesorar al Rey en los asuntos políticos, legislativos y jurídicos más importantes. La urbs regia se establece en Toledo, que también se transforma en la Primada de las Españas, y allí se reunirá el Concilio General de la Iglesia Hispánica, con preferencia en la Basílica de Santa Leocadia.

El concepto de las Españas (Spaniae, Spaniarum, Spanias, Spaniis, Spaniam) surge en época romana para designar al conjunto de provincias romanas establecidas en Hispania, y sólo unificada mediante la Archidiocesis hispaniarum. España se encuentra dividida en época visigoda en Conventus o Provincias, cada una de las cuales se encuentra en cabezada por un dux, un comandante militar con funciones administrativas y judicales. La provincia, que en época romana se dividía en conventus (convertida ahora en sinónimo de provincia), se divide en época visigoda en pars o regio.

La división administrativa de Hispania sufriría numerosas modificaciones a lo largo de la historia de Roma, sin embargo, cuando pasa al dominio godo, sus provincias son las siguientes: Baellica, capital entre Corduba e Hispalis, Lusitania, con capital en Emerita Augusta, Tarraconensis, con capital en Cartago Nova (la ciudad era también Primada de las Españas, pero ésta se traslada a Toledo cuando Cartago es conquistada por los bizantinos), Tarraconensis, con capital en Tarraco, y Gaellica, con capital en Bracata Augusta. A estas provincias se añade la provincia Galliae, también conocida como la Septimania o la Narbonense, el territorio en Galia que sigue en manos del Reino Visigodo a la caída del Reino de Tolosa.

Santiago Cantera señala el gran vigor que conserva la vida provincial, lo que se observa en la gran diversidad de costumbres y ritos religiosos, que incluso deberá ser sometidos a legislación por el Concilio de Toledo para evitar la disgregación o los cismas, conservando la uniformidad del reino. En otros casos, sin embargo, se aceptarán. Cantera dice de la vida provincial: el Concilio XIV refleja a un mismo tiempo (...) un claro sentido de España, y de la unidad del reino visigodo, así como un claro sentido de la vida propia de las provincias en el seno de la comunión hispánica superior, juntamente con un claro de universalismo católico en torno a una misma fe, al Papa de Roma y a los Concilios Ecuménicos.

El concepto de España se entiende con los conceptos de gens, patria, populus y regnum. La Gens designa a una colectividad que comparte un mismo origen, siendo sinónimo de pueblo, nación, raza o estirpe. La Patria es el territorio común que habitan godos e hispano-romanos, aplicándose tanto a España como al reino visigodo de España y Galia. El Populus es el pueblo que habita el territorio hispano o parte de él, y que se encuentra bajo la autoridad del rey godo. El Regnum es la entidad política sometida al gobierno del rey, así como la autoridad y ejercicio del poder real. Estos conceptos suelen ir unidos al genitivo gothorum (de los godos), al haber interiorizado las clases cultas hispanas la monarquía goda como propia, de forma que incluso los hispano-romanos se integran a sí mismos dentro del adjetivo godo, que pasa a englobar a todo el pueblo hispano.

Hago aquí una pausa para una breve reflexión. Por lo que se desprende de la definición de los conceptos arriba expuestos y por el uso en los discursos recopilados en la colección canónica Hispana, de la que nos da testimonio el libro, hay una asimilación entre este concepto de Patria con el antiguo concepto romano de res publica, la cosa pública, que no se menciona explícitamente en en este libro.

En los discursos recopilados en la Hispana, los intentos de magnicidio, usurpación del trono, sedición o rebelión contra la autoridad real son asimilados a atentados contra la patria o la gens, algo que se entiende tanto atentados contra el poder político, como en cuanto atentados contra la tranquilidad pública o contra el interés de la sociedad, identificado aquí con la estabilidad del poder regio. La res publica es un concepto que se refiere al poder o la sociedad política como a los intereses comunes que hacen que un conjunto determinado de personas se agrupen en una comunidad.

Cabe relacionar ésto con el artículo relativamente reciente de Antonio Ullate Fabo en VERBO, la hispanidad a la luz del bien común, en la que hacía un breve repaso a la historia de la nación española, en cuanto lo que hace la nación es una ordenación hacia un fin, que es el bien común. Subrayemos aquí lo de común. La res publica es la organización social cuyo fin es tratar todo lo que es común a sus miembros, y el bien común es el conjunto de bienes que son comunes a sus integrantes. La Patria, en un sentido atemporal, más que la tierra de los padres, es la tierra común, aún siendo común a varias generaciones, y la nación o gens es el conjunto de personas con las que se tiene un origen o un interés común, La Patria y la Gens son inseparables del Regnum, la autoridad política, tanto como representantes de la comunidad, como en cuanto la entidad política tiene como finalidad el bien común de sus súbditos, el Populus. Incluso la Tradición, que Elías de Tejada establece como aquello que forma una nación, es definida por Ullate Fabo como el bien común acumulado.

Con esta obra, Santiago Cantera consigue que te apasiones de una época que se tiende a olvidar con facilidad, por considerarse una etapa breve y sacudida por las guerras civiles. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: estamos hablando de una etapa que, desde la batalla de Voillé (509) hasta la invasión islámica (711), tiene la misma extensión cronológica que el reinado de los Austrias, o incluso un poco más. La unificación política de España y la unidad religiosa, son de hecho fenómenos tempranos, que no llegan más que a la segunda mitad del primer siglo de existencia del reino visigodo.

Fue una época muy compleja y de gran esplendor, en la que los visigodos entraron en contacto con Bizancio, llegando incluso a tener noticias de las invasiones islámicas en Oriente. En lo cultural, la Iglesia hispana alcanzó un esplendor sin parangón con respecto al resto de la Cristiandad contemporánea, y la colección canónica Hispana obtuvo una gran influencia posterior. Se desarrollan la Liturgia Hispana, llamada mozárabe o visigótica, y la teología cristológica y mariana. También caben destacar las grandes crónicas historiográficas, que con la colección hispana, el liber iudiciorum  y los yacimientos arqueológicos constituye la principal fuente de información del período.

El yacimiento del Tesoro de Guadarrázar o el hecho de que los arcos de herradura, atribuidos a los musulmanes, tienen origen visigodo, también nos indica el esplendor artístico que debió gozar la época, y de hecho nos ayuda a entender la catástrofe que supuso en la práctica la invasión islámica, pues quebró por completo todo ese esplendor. Como Chesterton dijo, una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, y finalmente la inestabilidad política del reino godo, supuso la llamada a España a los mahometanos por el bando witizano, y así la cadena goda se rompió en mil pedazos. Por último, cabe recordar que tras la Reconquista quedaron castillos y mezquitas islámicas, como la Catedral de Córdoba o la Alhambra de Granada, o incluso sinagogas judías, pero no se olviden que no quedan basílicas visigodas.

Volviendo a la reseña, creo que el mayor éxito de Santiago Cantera supone rescatar y dar definición científica a una tesis muy tradicional, como es la del período visigodo como origen nacional de España. Creo que es un acierto buscar el modelo en el que debemos buscar nuestro futuro en la época visigoda: como se ha visto la etapa visigoda supone un modelo político de unidad y convivencia entre una vida regional activa y un reino unido y fuerte, una definición o una teoría de lo que es la Patria, la naturaleza de la unidad católica, el monarca guardando la religión como el último de sus súbditos, el gobierno conforme al Evangelio, la protección y fomento de la moral religiosa, la búsqueda de la unidad religiosa total y la predicación a otros pueblos; y finalmente, como no, un modelo de esplendor cultural.

Una última mención que merece Cantera es la relativa al carlismo. Desconozco que el monje benedictino sea o no carlista, aunque es probable que no lo sea, como mucho simpatizante, pero es de agradecer el reconocimiento del carlismo como heredero directo de la Tradición española, así como las referencias a Elías de Tejada en cuanto al concepto de Las Españas y a Miguel Ayuso en el mismo y en lo relativo a la unidad católica.

Personalmente, recomiendo bastante este libro, y considero que tras su lectura también sería recomendable leer el Concepto de España en la Edad Media, como continuación lógica, aunque no tradicionalista de éste, e incluso de ser posible interesarse más por algunas lecturas del período visigótico, cosa que yo mismo haré en cuanto pueda.

viernes, 20 de julio de 2018

Santa Misa en Granada por los muertos de la Cruzada de Liberación

Con motivo de la gloriosa efemérides del 18 de Julio, día del Alzamiento Nacional, nuestro Círculo Tradicionalista «General Carlos Calderón» organizó en Granada una santa misa de difuntos por los muertos de la Cruzada de Liberación a la que asistieron varios carlistas de Granada y de otros lugares, además de otros vecinos de nuestra ciudad que quisieron honrar y rezar piadosamente por sus familiares y todos los muertos católicos de aquella terrible a la vez que gloriosa contienda.

El santo sacrificio, celebrado según el rito romano tradicional, fue oficiado por el Rvdo. Sr. D. José Ramón García Gallardo, sacerdote de la Hermandad de San Pío X y Consiliario Nacional de las Juventudes Tradicionalistas, en cuya homilía nos recordó la enorme deuda de gratitud que tenemos contraída todos los españoles de bien con quienes inmolaron sus vidas por Dios y por la Patria.

D. José Ramón nos habló del Purgatorio (dogma de fe, como el del Infierno, que niegan muchos herejes), cuya existencia se anticipaba ya en el Antiguo Testamento, recordándonos la epístola del valiente Judas Macabeo, que hizo una colecta y juntó doce mil dracmas de plata para ofrecer a Dios un sacrificio por los pecados de sus soldados difuntos (2. Machab., XIII, 43-46). Aquella acción —nos dijo— estaba inspirada en la idea de la resurrección y del perdón de los pecados en el fuego purgante, idea que nos confirma Jesucristo en el Evangelio de San Mateo, pues al decir Nuestro Señor que hay pecados que no se perdonan ni en esta vida ni en la otra (San Mateo, XII, 32), nos enseña también que hay pecados que se perdonan en la otra vida, en referencia a la expiación completa de los pecados mortales absueltos y de las culpas veniales, como sabemos por el catecismo de la doctrina católica.

El Consiliario Nacional de las Juventudes Tradicionalistas infirió en la necesidad que tienen de nuestros sacrificios y oraciones las benditas almas del Purgatorio, que esperan que tengamos piedad de ellas. En el caso de los difuntos de la Cruzada de 1936-1939, nos dijo que es nuestro deber de caridad como cristianos acordarnos no solo de nuestros muertos, sino también de los del enemigo. Porque aunque la causa del enemigo —la República marxista— era intrínsecamente perversa, no todos los combatientes del bando rojo —en su mayor parte bautizados y muchos de ellos reclutas— se habrán condenado al Infierno; un buen número de ellos probablemente muriesen en estado de gracia y por tanto aguardan asimismo la misericordia de Dios y nuestra intercesión para librarse de sus sufrimientos.

Finalmente, en su impecable homilía, que tuvo algo de arenga patriótica, D. José Ramón nos exhortó a perpetuar la causa de los que lucharon por Dios y por España en la última Cruzada y a no desanimarnos, recordándonos que si bien en la Iglesia militante cada vez somos menos, las ánimas de la Iglesia purgante son numerosísimas, al igual que las de la Iglesia triunfante, que interceden por nosotros en la Gloria de Dios.


Concluida la misa, varios de los asistentes nos juntamos junto a la puerta de la capilla para hablar de cómo padecieron la guerra nuestras familias y antepasados. Seguidamente, acudimos a un bar cercano, en el que con unas buenas cervezas para reponernos de las altas temperaturas veraniegas, disfrutamos de un partido del Mundial en la agradable compañía de nuestro capellán.

¡Honor y gloria a los muertos de la Cruzada!
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva el Requeté!

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